Disclaimer: nada de lo que reconozcáis me pertenece. Que más quisiera yo.
CAPÍTULO 10 - PRIMERA CITA
- Quiero una cita.
La frase apenas fue audible, ahogada por el silbido del viento de diciembre entre los árboles, pero la chica se detuvo como petrificada a pocos metros de la entrada trasera de la casa.
- Sólo una tarde. Dame unas horas y te demostraré que yo soy la mejor opción.
Hermione se giró y le miró. Ron la observaba con los ojos llorosos por el viento, la nariz colorada y una mirada tan intensa que hizo que se estremeciera.
Supo que estaba perdida. Nunca había podido negarse a nada que él le pidiera. Ni a hacerle los deberes, ni a ir a ver un entrenamiento de Quidditch ni a incumplir una norma del colegio.
Pero esta vez era peor. Esta vez se saltaría sus propias reglas.
Hermione no tuvo que decidir qué hacer. Sus pies giraron solos y la condujeron hacia Ron. Se detuvo a medio metro de él. Empezaba a sentir como una extraña seguridad se apoderaba de ella, quizá porque sabía que ella tenía la última palabra y sabía cual iba a ser.
- ¿Por qué quieres una cita? - escrutó a su amigo con la mirada - Nosotros ya nos besamos. Varias veces.
Ron titubeó un instante pero no se amedrentó.
- No me basta con eso. Quiero más. - y en un susurró, añadió - Lo quiero todo.
La chica le miró, sorprendida por la seguridad con que de repente le hablaba él. ¿Qué estaba pasando? Quizá soplara viento del sur, quizá esa noche hubiera luna llena, quizá fuera por el magnetismo que tendía a atraerlos como imanes. Fuera lo que fuera no se reconocía, ni lo reconocía a él. Pero se sentía bien.
- Crees que no me puedo comportar como un novio pero sí puedo hacerlo y quiero demostrártelo.
Los ojos castaños de Hermione se enfrentaron a los azules de él en un desafío silencioso.
- Yo ya tengo novio.
- Lo sé. Pero si me dejas te demostraré que yo también puedo hacerlo. Puedo ser igual de bueno que él: me mantendré al margen y respetaré que quieras estudiar...
- Tu no harías eso. Nunca lo has hecho.
Ron sonrió.
- No, probablemente no. Pero te prometo que lo intentaré si es lo que quieres.
Hermione dio un paso más hacia él, sosteniéndole la mirada, hasta que estuvieron a medio metro escaso el uno del otro.
- No quiero que seas como él, Ron. - susurró - Quiero que seas tú.
Sus ojos brillaban pero de una forma diferente a como lo había hecho en su dormitorio, aquella tarde de domingo que ahora parecía tan lejana. Sin pronunciar una sola palabra más y sin dejar de mirarle a los ojos, se sentó a horcajadas sobre la escoba que flotaba junto a ellos desde hacía un rato, aunque se abstuvo de separar los pies del suelo.
- ¿Qué haces? - Ron parecía sorprendido.
- Darte tu tarde.
- ¿Ahora?
Al chico de repente la voz empezaba a temblarle.
- ¿Por qué no? Aún faltan horas para que lleguen tus padres.
- No...tu...no... tienes pánico a volar.
- Pero voy con uno de los mejores voladores del colegio. ¿Qué puede pasarme?
Ron no supo si fue por la mirada de seguridad de ella o porque se dio cuenta de que era su última oportunidad y tenía que aprovecharla pero de repente se sintió capaz de todo. Realmente él era mejor que Krum e iba a demostrárselo.
Se sentó delante de ella y se estremeció al sentir sus brazos alrededor de la cintura.
- ¿A dónde desea ir, señorita?
- Sorpréndeme.
Y fue su aliento cálido sobre su oreja lo último que sintió antes de tomar impulso y alzar el vuelo bajo el cielo gris de aquel 24 de diciembre.
A Hermione le costaba creer que sólo media hora antes hubiese estado decidida a no ceder a lo que cada vez era más evidente que sentía por Ron y que ahora estuviera volando en su escoba abrazada a él. Merlín, si ella tenía miedo, pánico a volar. Las clases de vuelo de primer curso fueron la primera y última asignatura en la que había aprobado por los pelos.
Pero no había mentido: en ese momento estaba segura de que nada podía pasarle mientras estuviera con él.
La escoba viró y ella se abrazó a Ron con más fuerza, sintiendo el abdomen de él tensarse bajo las yemas de sus dedos.
Se había sorprendido a sí misma porque no pensaba que pudiera ser capaz de aceptar aquella cita, ni sabía de dónde había sacado la seguridad con la que, de repente, había empezado a hablar hasta rozar el flirteo. Pero ahora mismo le daba igual porque en ese momento, sobrevolando los campos nevados se sentía más feliz de lo que lo había sido en muchos, muchos meses.
Ya habría tiempo para arrepentirse y estaba segura de que lo haría, pero ahora pensaba disfrutar del momento.
Harry se afanaba en limpiar los restos de harina y de masa de la encimera mientras Ginny había subido a darse una ducha. Se había ofrecido para recoger la cocina porque necesitaba ocupar su mente en algo hasta la hora de la cena.
Aunque lo intentaba, no podía dejar de pensar en lo que Ginny le había dicho sobre Corner. No había pensado en qué quería que le respondiese ella cuando le preguntó si él era el culpable de lo ocurrido pero lo que estaba claro es que ahora no se sentía especialmente feliz. Claro que tampoco lo hubiera sido si ella le hubiera echado la culpa... Además, ¿qué significaba el que ella "necesitara tiempo para asumirlo"? ¿Estaba deprimida o solamente quería pasar unas navidades tranquilas?
Harry redobló la energía con la que estaba intentando despegar un trozo de bizcocho que se había pegado a la bandeja, como si intentara descargar su frustración de esa forma.
Sobre su cabeza oyó el sonido del agua y nuevas imágenes de Ginny volvieron a dibujarse en su cabeza. Esta vez ya no estaba Michael ni se sentía culpable. Sólo podía pensar en que ella estaba sobre él, desnuda, en la bañera y que Ron y Hermione habían desaparecido hacía rato.
Harry sacudió la cabeza. ¿Desde cuando se había convertido en un pervertido? ¿Cuando había empezado a considerar que una sesión de repostería podía ser erótica?
Pero Ginny era realmente preciosa, con aquel cuerpo torneado, la piel bronceada y pecosa, la sonrisa traviesa y los ojos brillantes.
Harry se estaba volviendo loco: le remordía la culpabilidad por pensar en ella y traicionar a Ron, quería protegerla y abrazarla como un hermano mayor, necesitaba tenerla cerca y hablar con ella como a una amiga.
Pero deseaba tocarla, acariciarla, besarla; como un hombre a una mujer.
Harry metió todos los platos en el fregadero; estaba tan alterado por todos los pensamientos que le cruzaban la mente en ese momento que se olvidó de que ya era mayor de edad y podía usar magia. Así que cogió un estropajo y jabón y se puso a frotar los platos con ímpetu.
Empezaba a pensar que estaba enfermo. ¿Cómo, cuando había llegado a obsesionarse a ese punto? ¿Cuando había empezado a ser incapaz de poder mirarla a Ginny sin estremecerse?
Abrió el grifo del fregadero al máximo y dejó que el agua se escurriera entre sus dedos quitando los restos de jabón. Ni siquiera se dio cuenta de que estaba caliente y empezaba a quemarse las manos. El vapor empezó a inundar la cocina mientras Harry seguía centrado en sus pensamientos.
Cuando estaba cerca de ella, estaba abobado y sólo podía pensar en besarla. Cuando no la tenía delante, su mente le jugaba malas pasadas y se la imaginaba de mil formas diferentes. Ginny sonriéndole, Ginny acariciándole, Ginny besándole hasta quitarle el sentido, sin los ojos de cuarenta personas escrutándoles.
- ¿Harry?
Ginny entrando en la cocina envuelta sólo en una minúscula toalla.
Tardó unos segundos en darse cuenta de que no se lo estaba imaginando. Se quitó las gafas y les pasó la manga del jersey por los cristales empañados y miró hacia la entrada de la cocina. Las mejillas se le encendieron como farolillos al ver a la chica tan... destapada.
Rápidamente desvió la mirada hacia los platos sucios.
- Me he quedado sin agua caliente - explicó la chica a su espalda - Venía a ver cual era el problema.
- Lo siento - él seguía sin atreverse a girarse - No me acordé de que te estabas duchando y abrí el grifo para fregar los platos.
La chica rió.
- No es culpa tuya. Son las cañerías de esta casa. Lo sorprendente es que salga agua de la ducha y no haya que ir hasta el pozo para traerla. No hace falta que estés de espaldas, no hay nada que ver - dijo finalmente.
Harry se giró lentamente. Seguir evitando mirarla hubiera sido como declarar abiertamente que eso le ponía a cien.
Ella estaba allí, bajo el marco de la puerta, sonriendo divertida ante su nerviosismo. Tenía el pelo mojado, la piel perlada con gotas de agua y los ojos más brillantes que nunca.
Al chico estuvo a punto de darle un infarto cuando ella comenzó a caminar hacia él e inconscientemente dio un paso atrás, tropezando con la encimera. Ginny se quedó a escasos centímetros de él. ¿Qué pretendía hacer? ¿Iba a besarle allí, medio desnuda y donde cualquiera de la familia podía entrar y sorprenderles?
- ¿Me dejas un momento? – dijo ella señalando la puerta que estaba bajo el fregadero.
Él asintió y se echó a un lado, dejando que ella se agachara junto a sus piernas. Al hacerlo la toalla se le subió un poco y dejó al descubierto la mayor parte de sus muslos.
Ginny estuvo un rato revolviendo en el hueco y finalmente se levantó.
- Ya está. He apretado un poco la llave del agua para que no haya problemas. Será mejor que suba otra vez y me quite todo este jabón.
Y sonriéndole otra vez de aquella forma que invariablemente le hacía estremecerse, salió de la cocina.
Harry suspiró y dejó que su peso recayera sobre la encimera. Las piernas le temblaban aún por la impresión. Realmente había pensado que le iba a besar y él se iba a morir de gusto allí mismo. En parte mejor que no lo hubiera hecho, porque ella estaba tan sexy que no sabía si hubiera podido contenerse dentro de los límites de lo socialmente considerado como "un beso casto".
Pero por otro lado, al no hacerlo lo había dejado con una sensación de desasosiego y un pequeño problema en la entrepierna.
Finalmente él también iba a tener que darse una ducha.
Hacía un rato ya que Hermione no miraba por dónde estaban volando. Había alcanzado un estado de relajación total, con la frente apoyada en la espalda de Ron, los ojos cerrados y las manos entrelazadas por delante de la cintura de él. En un principio lo había hecho como protección, parar no impresionarse por la altura. Ahora había descubierto que le gustaba sentir el aire sobre su rostro, la sensación de velocidad y, sobre todo, su calor, la suavidad del jersey que su madre le había tejido las navidades anteriores - ella también llevaba puesto el suyo - y su olor.
Casi se sorprendió al darse cuenta de que perdían altura y sólo cuando aterrizaron suavemente sobre el suelo mullido se atrevió a abrir los ojos. Estaban en un pinar no muy extenso, cerca de la entrada de una pequeña aldea de casas pequeñas y blancas. Hermione podía distinguir el olor a mar y el sonido de las olas al romper contra un acantilado.
- Ya llegamos - dijo Ron innecesariamente.
Ella le miró, algo turbada aún por el viaje.
- ¿Estás bien? - preguntó, preocupado - ¿Te has mareado?
Lo estaba, pero no por el hecho de volar.
- Estoy bien - dijo, esforzándose por esbozar una sonrisa.
- ¿Segura?
-Si.
- Entonces vamos.
Cogió la escoba con una mano y el brazo de ella con la otra y se dirigió hacia la entrada de la aldea.
Pronto se vieron serpenteando por callejones estrechos e irregulares, con escaleras empinadas y casas tan asimétricamente construidas como si alguien las hubiera lanzado desde el aire y las hubiera dejado en la posición en que habían caído.
Ron parecía estar buscando algo o alguien y Hermione hubiera pensado que se había olvidado de que ella estaba allí si no fuera porque la tenía firmemente agarrada por el antebrazo.
- ¿Dónde estamos Ron?
- Schhh... un momento. Debería estar por aquí...
- ¿Qué es lo que debería estar? ¿Dónde estamos?
Hermione se empezaba a impacientar, y no porque le molestara que él no le diera explicaciones. Era porque le ponía nerviosa que le agarrara el brazo, aunque fuera a través del jersey.
- Estamos en Sundown Hill.
- ¿Qué hay aquí?
- Schhh... No seas impaciente, Hermione.
Por encima de los tejados de las casas se distinguía el cielo gris claro de una tarde despejada de diciembre, cruzado por unas cuantas gaviotas.
- ¡Aquí está!
- ¿Qué...?
No tuvo tiempo a hacer su pregunta. Antes de darse cuenta estaban en una pequeña y oscura taberna. Allí solo se encontraban el camarero, limpiando unas jarras con aire taciturno y un anciano leyendo "el Profeta" en una mesa del fondo del local. Aquel lugar le recordaba a "Cabeza de Puerco" y pensó que no era el sitio más apropiado para una primera cita.
Inmediatamente se reprendió por haber pensado en aquello como una cita. Después de todo, estaba con Ron y siempre habían sido amigos.
- Hola - saludó Ron al camarero, que no le hizo mucho caso y siguió secando las jarras, impasible - Perdone...
- ¿Es que no ves que estoy ocupado, chico? - dijo con malas pulgas.
De repente una voz se elevó desde el fondo del local.
- ¡Por Merlín!- dijo el viejo del periódico levantándose hacia ellos, sorprendido - ¡Que me aspen si este chico no es un Weasley!
Ron le miró un poco turbado y Hermione se sorprendió al ver que la cara del anciano reflejaba verdadera emoción.
- Hola, señor Tuck. ¿Como está?
El anciano abrió los ojos como platos.
- ¿Ronald? ¿Eres el pequeño Ronald? - le escrutó por unos instantes, reparando en sus ojos azules - ¡Sí, eres Ronald!
Ron no pudo añadir nada más antes de desaparecer entre los brazos de aquel hombre.
- ¡Qué alegría verte hijo! ¡Como has crecido! ¿Cómo están tus padres? ¿Y tus hermanos? Oh, todavía me acuerdo de esos pillos de los gemelos...¡Pero me alegro tanto de verte! ¿Por qué no vienes a tomar el té a casa? A Martha le va a hacer tanta ilusión... ¿Está un poco débil, sabes?
Ron parecía abrumado y no porque se sintiera incómodo. Hermione distinguió algo mucho más profundo en su mirada.
- Verá, señor Tuck, hoy... no puedo - dijo, haciendo un gesto con la cabeza hacia ella - pero le prometo que pronto volveré a verles.
El anciano reparó en la chica por primera vez y sus labios dibujaron una "o" de muda comprensión.
- ¡Entiendo! - dijo finalmente al tiempo que asentía con energía - Pero podéis venir los dos...
A Hermione se le partió el corazón. Aquel hombre parecía apreciar realmente a Ron.
- Señor Tuck – el pelirrojo le cogió las manos cariñosamente - de verdad, le prometo que volveré muy pronto y pasaré todo el día con ustedes. Pero hoy quiero enseñarle a mi amiga la colina.
El hombre le dio unas palmaditas cariñosas en la mejilla.
- Bien. No quiero interferir en vuestros planes. ¿Pero te tomo la palabra eh? Vuelve pronto y trae a esta amiga - enfatizó esta última palabra - tan guapa que tienes. Tengo guardados un par de álbumes de fotos que seguro que le gustaría ver.
El anciano les sonrió y se dirigió hacia la salida de la taberna.
- ¡Da recuerdos a tus padres y deséales una feliz Navidad! Verás cuando le cuente a Martha...
Hermione escrutó a Ron, que estaba ruborizado y evitaba su mirada.
- ¿Así que uno de los chicos de Arthur eh? - el camarero tenía un gesto mucho más afable - Ya no recordaba veros por aquí. Siento lo de antes, pensé que erais turistas. La verdad, estamos un poco cansados de ellos... Vienen pensando que esto es un lugar paradisíaco lleno de playas con palmeras y hoteles y cuando ven que no hay nada, protestan como si nosotros les hubiéramos pedido que vinieran. ¿Qué queréis tomar?
- ¿Seguís haciendo esos bocadillos especiales?
- Claro - dijo el hombre, orgulloso.
- Pues un par de esos y dos cervezas de mantequilla. Y pónmelo todo en una bolsa, por favor.
Después de pagar y despedirse del camarero volvieron a salir en la calle. Llevaban tanto rato en la penumbra que casi les deslumbró la luz que se reflejaba en las fachadas blancas.
Hermione miró a Ron, que caminaba delante de ella sin volverse. Había evitado mirarla aunque en un par de ocasiones ella había podido ver que estaba muy colorado.
Las casas empezaron a estar más separadas a medida que ascendían por una suave colina, hasta que casi desaparecieron. Allí arriba el viento soplaba con fuerza y sólo se veía una casa alta y torcida, medio derruida y rodeada de pinos. La explanada terminaba en un acantilado no muy alto y abajo se podía ver una playa pequeña y el mar. Hacía mucho tiempo que la chica no lo veía.
Ron se sentó debajo de un árbol que estaba relativamente cerca del borde del acantilado y Hermione le siguió. El tronco era grueso y les protegía del viento, ofreciendo un agradable refugio.
El chico seguía en silencio y ella le observó. Tenía la vista fija al frente, ligeramente melancólica y no se atrevió a decir nada por no interrumpir sus pensamientos. Fue él quien habló.
- Lo siento - dijo mirándola por primera vez y haciendo un esfuerzo por sonreír - Quería que fuera una tarde especial y está siendo un desastre. Debería haber pensado a dónde te llevaría antes de pedirte una cita... Debes pensar que soy idiota.
- ¿Dónde estamos?
- Ya te lo dije. En Sundown Hill. Es un pequeño pueblo de magos, aunque llevan una vida bastante aislada del mundo mágico, la verdad.
- ¿Pero... por qué estamos aquí?
- No lo sé - admitió el chico - Cuando dijiste que decidiera yo a dónde ir dejé que me guiara el instinto y la escoba voló prácticamente sola hasta aquí. No sé en qué estaba pensando, la verdad...
- Pero ese señor te conocía.
El chico suspiró e hizo que ella se girara un poco hasta que la casa en ruinas estuvo en su campo de visión.
- Mis abuelos paternos vivían aquí - dijo él, tragando saliva - en esta casa. Se llama la Guarida.
- Pero es... es igual que...
- Sí - asintió él – Mi padre dibujó los planos de cómo quería que fuera "la casa perfecta" en la que él y mi madre vivirían cuando se casaran. Y resultó que cuando acabó el dibujo de lo que sería "la Madriguera", era casi exactamente igual que esta. Después de todo él fue muy feliz aquí. Todos lo fuimos.
La chica no dijo nada. No era habitual ver a Ron tan hablador y menos sobre su familia. Le gustaba oir ese tipo de historias.
- Cuando éramos pequeños veníamos a pasar las vacaciones aquí y otras veces venía yo solo. Me encantaba estar aquí y adoraba a mis abuelos. Para mi este siempre fue un lugar mágico... en el sentido menos literal de la palabra - añadió con una leve sonrisa - Estuve años sin volver después de que ellos... Bueno, el caso es que ahora vengo con cierta frecuencia, siempre que me apetece estar un rato a solas. Aunque siempre vengo directamente a la colina y no me había encontrado aún con nadie del pueblo.
Ron sonrió para quitarle gravedad al momento pero ella tenía el estómago encogido.
- ¿Por qué me has traído Ron?
El chico la miró gravemente y se sostuvieron la mirada unos instantes. Finalmente él se encogió de hombros y volvió la vista al frente.
- Ya te dije que fue un poco inconscientemente. Pero supongo que porque es un sitio muy especial para mi y quería compartirlo contigo.
Hermione no dijo nada: tenía un nudo en la garganta. No era frecuente ver a Ron abriendo su corazón, pero nunca hasta ahora lo había sentido tan intensamente como en ese momento.
- ¿Nunca habías venido con nadie que no fuera de tu familia?
Él la miró, entre ofendido y sorprendido.
- No, claro que no. Ya te dije que este sitio es especial – antes de que la chica tuviera tiempo de analizar lo que eso significaba, volvió a sonreír y añadió - Ahora me doy cuenta de que no fue una buena idea traerte. Pero ya que estamos aquí vas a probar los mejores bocadillos de carne de toda Inglaterra.
Le alcanzó un paquete del tamaño de un brazo y una cerveza.
- ¡Ron! No podemos comernos esto... Tu madre nos matará si no probamos la cena.
El chico, que ya había dado un enorme mordisco al suyo, dejó de masticar y la miró sorprendido.
- ¿Cena? - preguntó con la boca llena - ¿Quien bdijo nada de no brobar la cena?
Hermione no pudo evitarlo y se echó a reír. Siempre se olvidaba de la voracidad de su amigo. Así que abrió su bocadillo y le dio un mordisco.
- Mmm... Si que ebstá bueno... Ebstá realmente delicioso.
Ron sonrió complacido.
Pronto se olvidaron de que eran un chico y una chica teniendo su primera cita y volvieron a ser buenos amigos. Hablaron de Hogwarts y de todo lo que les había pasado las últimas semanas durante las que no se habían dirigido la palabra. Todo, menos lo que ninguno de los dos quería mencionar y, al mismo tiempo, más ansiaban aclarar.
Volvieron a ser amigos salvo por los momentos en los que el viento daba una tregua y permitía que se sintieran cerca, que notaran el calor y el olor del cuerpo del otro junto a ellos.
- ¿Se puede bajar a la playa?- preguntó la chica en un determinado momento, cuando el sol estaba ya bajo.
- ¡Claro! Tú mandas.
Descendieron por un lateral de la colina, por un camino escarpado que Ron parecía conocer muy bien. Pronto estuvieron sobre la arena húmeda y fría. El viento soplaba con fuerza, las olas rompían violentamente contra el acantilado y aún había restos de nieve en algunos rincones. Y sin embargo, a pesar del frío y de que el aire les estaba llenando de arena, Hermione no recordaba haber estado en un sitio tan bonito como aquel.
- Es precioso - dijo, más para sí misma que para nadie mientras miraba a su alrededor.
Ron la miró, un poco abrumado pero pronto sonrió.
- Pues espera a que se ponga el sol. Desde aquí se ve el mejor atardecer de toda la costa.
- ¿No eres un poco subjetivo? - ella le miró, sonriendo y él rió y se encogió de hombros.
Empezaron a caminar por la playa, cerca de la orilla y pronto Hermione tuvo que reconocer que una vez más, Ron no se equivocaba. La imagen del sol desapareciendo en el horizonte y reflejándose en el mar era abrumadora.
- Háblame de tus abuelos - le pidió y Ron la miró un poco sorprendido.
- No quiero aburrirte - dijo, negando con la cabeza.
- Por favor.
El chico se encogió de hombros.
- No hay mucho que contar. Eran personas bastante humildes que vivieron casi toda su vida en este pueblo, casi desde que salieron de Hogwarts. Y eran muy cariñosos con todo el mundo, especialmente con sus nietos. A mi abuelo le encantaba pescar, aunque no se le daba muy bien y nos pasábamos tardes enteras sentados en aquellas rocas - señaló hacia el final de la playa - esperando que picara algún pez. Y mi abuela era una gran cocinera. Fue la que enseñó a mi madre todo lo que sabe de cocina.
- Tenía entendido que tu abuelo pertenecía a una familia muy poderosa.
- Y así era - dijo el chico, orgulloso - Antes de que le repudiaran por casarse con mi abuela.
Hermione frenó en seco y se quedó mirándole, sorprendida. El chico rió ante su cara de sorpresa.
- ¿No lo sabías? Mi abuela era hija de muggles- dijo sonriendo - Se conocieron en el colegio y se enamoraron, pero obviamente a la familia de mi abuelo no les sentó nada bien. Por aquel entonces aún no existían los fanatismos anti-sangresucia que hay ahora, pero no había ofensa mayor para una familia de cierto estatus que no respetar la pureza de la sangre. Así que mi abuelo renunció a su familia y a su dinero, se fugaron y se casaron en secreto. Luego vinieron a vivir aquí, tuvieron cinco hijos... y el resto ya lo sabes.
La chica tenía la misma cara que si le hubieran pegado un puñetazo en el estómago.
- Yo...yo...No sabía nada de esto.
- Bueno... - Ron se sonrojó - En casa no hablamos mucho de ellos porque nos da mucha pena. Todos los echamos terriblemente de menos. Por eso tardé en volver aquí y por eso nadie se ha ocupado de arreglar la casa en todos estos años. A todos nos trae demasiados recuerdos.
- Pero son recuerdos felices ¿no?.
- Sí. Pero dolorosos.
Reanudaron la marcha en silencio y fue ella quien habló.
- ¿Cuando... hace cuanto... cuando murieron?- preguntó con timidez.
- Cuando yo tenía once años. Unos meses antes de entrar en el colegio.
- ¿Los dos?
Ron asintió.
- Mi abuela se puso enferma y murió pocos días después. Mi abuelo cayó en una terrible depresión, no se podía ni mover de la cama... Murió una semana después que ella y el médico dijo que había sido de pena.
- Eso es muy triste - dijo ella, desolada.
El chico se encogió de hombros.
- Lo es. Pero en cierto modo también es gratificante. Pensar que se querían tanto, aún después de estar cincuenta y siete años juntos, que no pudieron vivir el uno sin el otro.
Hermione no pudo decir nada. Sentía ganas de llorar pero al mismo tiempo, se sentía bien. Desde luego si Ron había querido darle un golpe bajo y hacerla dudar de sus convicciones, había escogido la mejor forma de hacerlo.
En silencio, le cogió de la mano y sintió que él se estremecía con el contacto. La miró, un poco turbado pero no dijo nada y siguieron caminando. Aquel fue el contacto más íntimo que tenían desde que se conocían, mucho más que cualquier beso. Sobraban las palabras.
- Creo que deberíamos irnos - dijo él con la voz ahogada, un rato después- Pronto será la hora de la cena. ¿Quieres que nos desaparezcamos?
Ella le miró a los ojos.
- No. Quiero volar.
El camino de vuelta le pareció muchísimo mas corto, probablemente porque quería que aquella tarde no terminara nunca. Se sorprendió al ver las casas iluminadas bajo ellos y notar que empezaban a perder altura.
Aterrizaron en el jardín trasero, detrás del gallinero y el contacto con el suelo devolvió a Hermione a la realidad. No se podía creer que sólo tres horas antes hubieran estado en ese mismo sitio, discutiendo.
Se bajaron de la escoba y se miraron durante unos instantes, buscando algo que decir. Ella quería darle las gracias porque, a pesar de que no había sido un cita convencional, había pasado la mejor tarde de su vida. Pero no sabía como expresarle todo lo que aquel día había significado para ella.
Ron también parecía estar buscando algo que decir.
- Hermione yo..
Ella le interrumpió, poniendo un dedo sobre los fríos labios del chico. No sabía que decir pero le daba la sensación de que cualquier palabra lo estropearía todo. Le miró fijamente y él, una vez más, le sostuvo la mirada. Notó sus labios temblar ligeramente bajo la yema de su dedo y deseó besarle, de una forma diferente a como lo había hecho en otras ocasiones. Si sólo se pusiera de puntillas...
- ¡Ah! Estáis aq...
Harry se quedó estático en la puerta al ver a sus amigos allí, tan cerca y mirándose de aquella forma. Se dio cuenta de que había interrumpido algo delicado.
- ¿Qué hacíais? - preguntó frunciendo el ceño - Bueno, creo que no quiero saberlo.
Ambos se sonrojaron violentamente.
- Nada - dijeron al unísono.
El chico les miró pero no añadió nada.
- Tus padres acaban de llegar, Ron. Hay que poner la mesa.
Harry se quedó esperando en la puerta hasta que los otros entraron delante de él.
- Y será mejor que os limpiéis la arena de la ropa antes de que os vean los gemelos si queréis pasar una noche en paz.
Subieron a sus respectivas habitaciones, sumidos en un profundo silencio y después de limpiarse bajaron a la cocina. Hermione no había tenido demasiadas citas hasta entonces pero sabía lo suficiente para darse cuenta de cuando las cosas funcionaban y cuando no, y aquella había sido una tarde perfecta.
Y también sabía que después de una cita perfecta, siempre había un beso de despedida y Ron se lo debía.
Aquí la esperada cita. La verdad, no sabía muy bien en qué iba a consistir y me fue saliendo todo solo. Al menos, a mi me derritiría algo así... Para estar improvisado no está tan mal... ¿no? Bueno, ya me daréis vuestra opinión y si pensáis que deberían volver a visitar a los señores Tuck.
El capítulo fue prácticamente entero Ron y Hermione. Cuando no sale Harry se queja la mitad de la gente y cuando sale, se queja la otra mitad. No se muy bien donde está el equilibrio
En el próximo capítulo se verán las consecuencias de la cita y qué decide Hermione así que no os lo perdáis.
Muchísimas gracias a todos, flipo con la cantidad de rr que está teniendo el fic. Gracias en especial a:
Ro Black, NanitaPotter, krazygirl140, Miss-Ginger, Mely Weasley, karola, Ceciss, -Argentinita-, vale!!, SMaris, Mokonayamileth, ana, raiza weasley-granger, Azkaban, Lil Granger, Patty, flor de invierno, IxchelMalfoy, RommyCR, saralpp, foaby, prexiozapottyweasley, Diluz, Gilraen Vardamir, giuly, Susie, LucyMalfoy, Drkta, lanawood, JackSparrow, Muzzytonks, karo, Pinnieweasley, Joslin Weasley, laurus cullen weasley, Quid Morgan, viloka potter, Linc, DesyWeasley, victoria krum, ParisHilton, Pivitafinnigan, NekaneRadcliffe, ilovedanyrupert, Fanel Girl, Fer Cornamenta, Dark Candy, MakaRonHer, R.W, Klauhermy, Miriammm, Mr.Burns, Ladymor, Tiarosaline, marta1220 y LilythWH.
Gracias a todos otra vez! Y espero que hayáis recibido las respuestas a los rr
Muchos besos
o0o Luxx o0o
