Capítulo diez: Explosión.


Hermione titubeó frente al espejo una vez más y se pasó una mano por el pelo. Eran las nueve de la noche, Draco estaría saliendo de su turno en media hora más y, según lo que esperaba, estaría en su casa veinte minutos después de eso.

Si venía.

Luego de su proposición él la había mirado de una forma que jamás nadie la había mirado antes. Hambriento. Anhelante. Luego había agitado la cabeza, dado una respuesta vaga y entrado de vuelta al café sin apenas darle tiempo para despedirse de forma apropiada.

Veremos. ¿Qué significada eso en el misterioso mundo de Draco Malfoy? ¿Vendría? ¿Vería si vendría? ¿Le consultaría a su -trago amargo- nueva/vieja novia Cassie si vendría?

Volvió a acomodar su cabello, intentando que la melena enmarañada que solía tener se quedara en su lugar y salió del baño. Tenía cincuenta minutos, entre que saliera y llegara a su casa, para esperar. Cincuenta minutos para pensar en que iba a hacer cuando él llegara. En que iban a hacer. Juntos.

Se dejó caer en el sillón suspirando. Primero que nada tenían que hablar, mucho, sobre que quería él, realmente lo que esperaba Draco de ella. Por supuesto que no era tonta y sabía perfectamente que su conversación previa había sido más una entre novios que entre amigos sin ningún tipo de interés romántico entre ellos. Draco, en su bizarra manera de decir las cosas, le había dejado en claro que estaba decepcionada de ella porque esperaba más, quería más. La cosa era si aun quería más de ella o lo había estropeado por completo. Volvió a suspirar y, con un movimiento lacónico, prendió la televisión frente a ella, esperando y mirando ansiosamente el reloj cada diez minutos.

21:10...21:20...21:30...Ningún programa lo suficientemente decente como para llamar su atención y aplacar el nudo del estómago que ya tenía a esas alturas... 21:40...21:50...22:00... Bueno, diez minutos se atrasa cualquiera ¿no?...22:10...22:20...22:30... Quizás hay congestión en las calles o tuvo que quedarse más tiempo en el turno, quizás el café estaba lleno o...22:40...22:50...23:00... tomó el móvil y buscó el teléfono de Draco, mirando su nombre escrito en la pantalla, dudando si marcar o no... 23:10...23:20...23:30.

Esperó media hora más en la ropa que había escogido para recibirlo. Luego, con el cuerpo pesado y el corazón en la mano, caminó a su habitación y se puso pijama, lavándose los dientes y acostándose sobre la cama, sintiendo la amarga sensación del rechazo recorrerla por completo.

Había perdido.

Cerró los ojos e intentó dormir, negándose a dejar que el nudo que le apretaba la garganta se transformara en sollozos. Cada acción tiene consecuencias, cada elección que hacemos define lo que sucederá después, y ella había decido, deliberadamente, hacer lo que hizo. Así que no se merecía llorar por él, no tenía derecho a sufrir por la decisión de Draco, una que sus propias acciones lo había hecho tomar.

Dejó que el silencio la envolviera y esperó a que el sueño se hiciera presente, sin mucho resultado, y la dejara descansar de su remordimiento, aunque fuera por un par de horas. Pero el sonido del timbre irrumpiendo cada rincón de su departamento la sacó de su sopor de golpe. Se levantó de un salto, trastabillando en el proceso y se encamino con rapidez hacia la puerta, abriéndola sin siquiera confirmar quien era la persona al otro lado.

Draco la miró de pies a cabeza antes de sonreírle de medio lado, enigmáticamente.

- Pensé que no ibas a venir.- Murmuró ella.

- Yo también, pero ya ves... ¿Puedo entrar?

Ella se movió lo suficiente como para dejar que pasara por la puerta, pero no tanto como para que no la golpeara el olor del muchacho al deslizarse frente a ella. Draco observó su alrededor con curiosidad pero quedándose quieto, de pie, pareciendo perdido, sin saber dónde ir. Hermione cerró la puerta y, con una ademán rápido, se paró frente a él.

- ¿Quieres algo?

- No gracias.- Respondió secamente.

- ¿Nos sentamos?

- No...- Se pasó una mano por el pelo, en un gesto lleno de incomodidad y suspiró.- Mira la verdad es que esto...- Hizo un gesto apuntándose primero a él y luego a Hermione con la mano, dando a entender que hablaba de ellos dos.- No va a funcionar... Digo, ya ves...

- No, no veo.- La muchacha se cruzó de brazos. Esto no era lo que esperaba de su encuentro, en lo absoluto.

- Mira...

Posó su mirada directamente en los ojos de la muchacha. Mirada que ya no tenía la frialdad ni el desprecio que horas antes, sino que le transmitía temor, dolor y sobre todo una sensación de despedida que provocó que un escalofrío recorriera la nuca de Hermione.

- Soy un perdedor.- Comenzó él, acallando con un gesto la replica que vio venir en los labios de la chica.- Lo soy y lo sabes... No tengo nada, absolutamente nada y no es justo que tú tengas que cargar conmigo.

- ¿De qué me estás hablando, por Merlín?

- De que tienes más que buenas razones para alejarte de mí y que ya no voy a dejar que te sigas mezclando con mi mierda.- Draco desvió la mirada.- No te lo mereces. No voy a permitir que el peso de mis errores te afecte.

Hermione sintió como si le hubieran pegado un puñetazo en el estómago.

- No me vengas con esa basura Draco Malfoy.- Le espetó, apretando los puños.- Si crees que me voy a derrumbar solo porque tienes un pasado "complejo", es que no me has aprendido a conocer en lo más mínimo.

- No creo que vayas a derrumbarte Hermione, solo que no voy a dar pie a que algo pueda pasarte.

- Nada va a pasarme.

- ¿Cómo lo nada que le pasó Neville anoche?

- ¿Cómo te enteraste?

Él levantó una ceja con burla.

- De acuerdo...No me importa.

- Claro que te importa... Por mucho que finjas no extrañar a tus amigos, no valorar su opinión, lo haces. Quieres que ellos te quieran más que nada en el mundo.

- No...te quiero a ti.- Exclamó de pronto enrojeciendo violentamente, sin pensar realmente lo que estaba diciendo, solo dejando que sus sentimientos se expresaran libremente.- Te quiero, con todo lo que traes a cuesta... A ti.

Draco dio un paso hacia atrás, luciendo shockeado.

- No puedes quererme.

- Te equivocas.- La muchacha sintió como si una pieza faltante en el puzzle que era su cerebro y corazón por fin encontraba su lugar.- No te amo, no puedo hacerlo en tan poco tiempo pero...- Acortó la distancia que Draco había puesto entre ellos.- A no ser que haya otra chica que te interese más que yo, quiero tener la oportunidad de poder hacerlo.

Él volvió a alejarse, huyendo de la presencia de la chica, y acercándose de espaldas a la puerta. Buscando con la mano el pomo.

- No.- Exclamó, pálido.- Realmente no puedes...

- No puedes saber esas cosas por mi Draco.- Le rebatió ella, dándose cuenta que si lo dejaba salir por esa puerta era muy probable que no lo volviera a ver.

- Todo esto fue un error, desde el principio.- Suspiró él.- No eres para mí.

- ¡Déjame tratar!

- Adiós Hermione.

Y antes de que ella pudiera hacer nada salió por la puerta como alma que lleva el diablo y ella lo sintió bajar las escaleras con rapidez. Sin preocuparse por el hecho de que estaba en pijama y descalza salió tras él, sin querer pensar que no tenía sentido perseguir a alguien que tenía las piernas muchísimo más largas que ella y estaba acostumbrado a huir. De todos modos consiguió llegar hasta el rellano del edificio, justo para verlo desaparecer en la oscuridad de la noche.

Con furia pegó una patada contra el piso, dañándose en el proceso en pie desnudo e, intentando que ese dolor aplacara en que sentía en su pecho. Draco era como una especia de animal herido, uno tremendamente testarudo y con un complejo de inferioridad del tamaño de Hogwarts. Además de ser escurridizo como una serpiente y completamente llevado por sus ideas.

Y, pese a todo, era exactamente lo que ella quería.

Si crees por un segundo que esto me va a detenerme... Que equivocado que estás Malfoy.

Con eso en la mente, subió de vuelta a su hogar y, luego de limpiarse el pie y ponerse una venda en la pequeña herida que se había abierto en la planta, se acostó en su cama, dispuesta a recuperar fuerzas para, al día siguiente, planear la estrategia de ataque que convencería a Draco de olvidar todo lo que le había dicho hoy y comenzar de nuevo su relación, en lo posible, desde un nuevo enfoque.

La mañana siguiente la chica se despertó por el ruido constante de, lo que sospechó en su semi inconsciencia, era una lechuza trayéndole una carta. Con un bostezo en los labios se levantó de la cama y caminó hacia la ventana desde donde venía el sonido, sorprendiéndose al abrir la ventana y encontrarse no solo con una, sino con, a lo menos, quince lechuzas esperando a que les abriera. Con un gesto sorprendido las dejó pasar y dejar sus cartas sobre la mesa, junto con El Profeta de esa mañana.

Buscó chucherías de lechuza en uno de los cajones de la cocina y les acarició ausentemente la cabeza mientras ojeaba por encima las cartas. Pero su mirada se detuvo, de pronto, en la nueva horda de lechuzas que entraba por su ventana trayendo ahora, no solo cartas, sino que un par de vociferadores que, en el minuto que cayeron frente a ella, comenzaron a agitarse, impaciente por que los abriera. Tomó uno en un gesto tentativo y lo rasgo por el costado, inmediatamente una voz, absolutamente desconocida, comenzó a gritarle.

- ¡ERES UNA VERGÜENZA PARA LOS MAGOS! ¿CÓMO PUEDES OLVIDAR A TODOS LOS CAÍDOS EN LA GUERRA?

De pronto, el segundo vociferador comenzó a gritar, mezclándose las voces de un modo insoportable.

- ...MI HIJO MURIÓ A MANOS DE ESOS ASESINOS...

- -...ESTO ES UNA OFENSA IMPERDONABLE...

Una tercera carta roja se posó frente a ella, dejada por una asustada lechuza que, inmediatamente, alzó el vuelo.

- ...HIJA DE PUTA INCOSECUENTE...

- -...IMPERDONABLE...

- ...ESCORIA HUMANA...

Hermione se tapó los oídos y corrió a su habitación en búsqueda de su varita, luego volvió hacia donde un coro de vociferadores le gritaba las cosas más ofensivas que hubiera escuchado en su vida y, con un movimiento rápido, los hizo callar y luego los quemó. A su vez, cuando hubo terminado con esa tarea, cerró la ventana con fuera y le echó encima un hechizo que impidiera que más lechuzas entraran a su departamento. Rápidamente vio como una montón de ellas se aglomeraban en el vidrio.

Luego de eso corrió hacia las cartas y comenzó a abrirlas una por una, intentando entender el motivo de esta ola de odio hacia su persona. Le bastó leer dos líneas para comprender que algún medio de comunicación se había enterado de su relación con Draco y lo había publicado, al parecer de forma colorida y con lujo de detalle. Tomó el profeta entre sus manos y lo hojeó rápido, notando que no era ahí donde había salido. Las ventanas se seguían llenando de lechuzas cuando decidió tomar su celular y llamar a la única persona que no se sorprendería con la noticia y la podría ayudar.

- Contesta...- Comentó con impaciencia, mientras veía las aves en su ventana. Para su suerte, luego de dos tonos la voz de Kat sonó, bastante despierta para la hora que era, al otro lado de la línea.

- Ya viste Corazón de bruja ¿no?- Le espetó sin siquiera saludar la morena.

- No, pero puedo imaginar lo que dice.

- ¿Tan mal está allá?- Hermione miró de refilón las hordas de lechuzas fuera de su ventana y asintió, sin ser consciente de que su amiga no podría verla.

- ¿Puedo irme para allá?- Preguntó, con un hilo de voz, notando, por primera vez desde que despertó, lo que estaba sucediendo.

- Vente por la Flu.

Agradeciendo la decisión de conectar su departamento -muggle- con la red flu, la castaña se cambió de ropa lo más veloz posible, sin siquiera tener tiempo de lavarse los dientes o peinarse, y justo en el momento que una de sus ventanas se rompía y dejaba pasar a todas las lechuzas, se transportó a la casa de Kat.

Ella la recibió en el living de su casa con una sonrisa triste y luciendo igual de bien que siempre.

- Muéstramelo.- Le pidió Hermione, luego de saludarla con un beso en la mejilla y agradecerle su hospitalidad.

- ¿Desayunaste?- Como respuesta Hermione encarnó las cejas y apuntó a su elección de vestuario, su ropa arrugada del día anterior y su cabello enmarañado.- Ok, no... Vamos a la cocina y te cocino algo mientras lees.

Ambas muchachas entraron a la cocina, agradeciendo en sus mentes a la poco presente familia de Kat y, mientras ella comenzaba a preparar unos huevos, Hermione se sentó y comenzó a leer el periódico frente a ella, pasando el trago amargo con una taza de té.

La portada era una foto de ellos, Draco y sí misma, charlando en el café el día de ayer. Draco se abrazaba el cuerpo con los brazos y la miraba serio, ella por su parte tenía las manos cruzadas sobre la mesa y el torso completamente girado hacia él. Su cara, desafiante, se acercaba a la del rubio y le murmuraba algo, luego se alejaba y ambos se miraban a los ojos de una forma tan cargada de deseo que la hizo enrojecer. Bajo esta se podía leer el titular del diario: ¿Amor o venganza? Las nuevas (¡Y peligrosas!) andadas de nuestra heroína.

La muchacha entornó los ojos ante la mala calidad periodística de dicho titular y hojeó la revista hasta llegar al artículo de su interés.

La peculiar y dañina relación que tiene de cabeza a Hermione Granger

De buena fuente hemos podido comprobar cómo, nuevamente, la vida amorosa de la salvadora favorita del mundo mágico se pone "patas arriba" al iniciar una relación tormentosa con, nada más ni nada menos, que el ex mortífago Draco Malfoy. A ambos muchachos se los ha visto interactuar por el mundo muggle, pasando de dulcemente enamorados a tortuosamente separados. Pero...¿Sabrá nuestra heroína que su "chico mal" tiene un pasado ligado a la delincuencia y drogas muggles?

Luego de eso le seguía un artículo donde se relataba como ellos se habían reencontrado en el mundo muggle, de formas poco claras, y habían comenzado una relación amorosa llena de arrebatos de pasión y violencia. Todo esto adornado con las fotos de la noche anterior, Draco entrando a su departamento y luego saliendo apurado, con ella, en pijama, a sus talones. La periodista, Caroline Nash por supuesto, hablaba en ese punto de cómo terminaría esta historia, sin dejar de insinuar una posible -e inminente- recaída del rubio y de que, seguramente, esto era solo una estratagema de la castaña para vengarse de Ron Weasley al iniciar una relación con uno de sus peores enemigos. Para cerrar, instaba a todo conocido de la castaña a ayudarla a recapacitar y volver a ser la dulce muchacha que fue un pilar fundamental para poder vivir en la sociedad que vivimos ahora y a ella misma a recapacitar y dejar todo resentimiento atrás en post de una sociedad mágica mejor. Sin olvidar, por supuesto, un anexo con toda la historia de Draco y un cuadro informativo de el daño que provocaban las drogas muggles en el organismo.

- ¡Jodida mentirosa!- Exclamó la castaña al terminar de leer, arrojado el periódico sobre la mesa.

- ¿Acaso todo es mentira?- Ante el silencio de la castañan, Kat puso un plato de tostadas con huevos revueltos sobre la mesa y se sentó frente a Hermione.- O sea yo tenía razón...

- ¿Ah?- La castaña la miró confusa mientras tomaba un trozo de pan.

- En un comienzo ¿Recuerdas?- Comentó ella, mirándola seria.- Te pregunté si era un adicto al crack o algo así... Tenía razón.

Hermione suspiró y se preparó mentalmente para la avalancha de reproches que se le venían encima. Pese a eso miró a su amiga a los ojos y le comentó, sin ninguna esperanza:

- Déjame explicarte.-

- De acuerdo.

- ¿Ah?

- Que de acuerdo.- Repitió la morena.- Eres mi amiga... Pero además eres la bruja más inteligente que conozco y no te imagino tirando tu vida por la borda solo por estar embobada por un tipo, así que explícame que tanto tiene que vale la pena que te la juegues por él.

Así que Hermione, aliviada, comenzó a relatarle todo lo que había sucedido desde que se reencontraron hasta ahora. No guardándose nada, ni siquiera las cosas que consideraba absolutamente privadas del rubio. Si la quería hacer entender necesitaba que Kat viera a Draco tal y como lo veía ella. Un buen hombre que había tomado malas decisiones y buscaba el modo de redimirse. Así que habló, sin que a ninguna de las dos les importara que se hiciera tarde para ir a clases, sobre lo que sentía y lo que creía que él sentía por ella. Le habló de su pasado, de su presente y de las inseguridades que proyectaba él con respecto a su futuro. Y sobre todo, le habló de la noche recién pasada y de cómo no pensaba darse por vencida, ni siquiera por este revés que se le había presentado.

Kat la escuchó en silencio, sorbiendo de su taza de café de vez en cuando y asintiendo cuando el relato lo ameritaba. Y cuando este terminó se la quedó mirando en silencio, para luego ponerse de pie y posar una mano en el hombro de la chica.

- Eres valiente Hermione Granger.- Le dijo, con un tono suave, como si recién se hubiera dado cuenta de eso, como una epifanía.- Digo... Siempre he sabido que eres valiente, pero realmente eres... O sea, tienes huevos... Muchos... Y yo no voy a dejar de estar a tu lado porque confío en que sabes lo que estás haciendo y, sospecho, vas a necesitar a alguien de tu lado.

- Yo...- Pese a que intentó que no ocurriera, su voz se quebró. Se le había olvidado lo agradable que era que alguien te respaldara, poder apoyarte en alguien para seguir adelante.- Gracias.

- Bien.

Ambas muchachas se miraron a los ojos en un silencio cargado. Pero, luego de unos momentos, Kat comenzó a sonreír y una carcajada involuntaria escapo de sus labios.

- ¡Oh Dios! esto de los sentimientos es incómodo.

- Oh si...- Comentó Hermione, sonriendo también y poniéndose de pie.

- Entonces suficiente- Kat pasó un brazo sobre los hombros de la chica y la guió fuera de la cocina.- Creo que es tiempo de cambiarte de ropa e irnos a clases.

- Kat...- La muchacha la miró seria nuevamente.- Gracias, en serio... Cuando necesites hablar con alguien... Bueno... Sabes que puedes contar conmigo ¿no?

- Sentimientos.- Suspiró la morena con teatralidad y apretó el agarre en los hombros de la morena.- Lo sé boba, pero no hay nada que contar...

Hermione se dejó guiar, con el estómago apretado al pensar en lo que se le esperaba apenas pusiera un pie en la universidad. Agitó la cabeza, como queriendo sacar esos pensamientos de su mente y subió la cabeza, no pensaba dejarse amedrentar por la opinión que la gente tuviera sobre ella. Seguiría con su vida normal, porque nadie, absolutamente nadie, tenía el derecho a decirle que hacer y cómo hacer las cosas.

Dos horas después se dio cuenta que pensar las cosas era muy diferente a hacerlas. La entrada del establecimiento estaba repleto de periodistas que, apenas las vieron aparecer las rodearon, apenas dejándoles espacio para pasar, bombardeándola de preguntas que no se molestó en responder y sintiéndose apoyada por la larga figura de Kat a su lado.

Adentro las cosas no mejoraron mucho. Nadie le dirigió directamente la palabra (al parecer el anonimato de las cartas permitía decir las cosas con muchísima mayor libertad que el cara a cara) pero podía sentir las miradas de reproche en su nuca en todo momento, ya sea de sus compañeros, o de los profesores de las clases que alcanzó a asistir, por lo menos a medio día un mensaje de ánimo de Neville le sirvió para seguir ignorando con la frente en alto cualquier cosa que se le viniera encima. De todos modos logró pasar invicta de maldiciones o gritos molestos el resto del día, soportando de vez en cuando algún murmullo a media voz y los gestos amargos y ya a las cinco de la tarde se vio libre para, con temor, volver a su departamento y ver el estado en el que la invasión de misivas lo había dejado.

Despidiéndose de Kat con un abrazo y escabulléndose por la salida trasera de la universidad, logró aparecerse en el sector habilitado para eso, a las afueras de su edificio solo para encontrarse con Caroline Nash en persona, junto a uno de sus fotógrafos, esperándola con una sonrisa.

- ¡La mujer del momento!- Exclamó la periodista al verla, acercándose con rapidez a ella.

Hermione, sin responder intentó hacerle el quite, pero esta la tomó del brazo y la empujó hacia sí misma.

- Espera, solo queremos hacerte unas preguntas.

Hermione miró con desprecio la mano que agarraba su codo.

- Suéltame.- Siseó con frialdad.

- Es un segundo querida.- Le respondió ella, con una sonrisa falsa en los labios.

- ¡Que me sueltes!- Exclamo Hermione, tirando su brazo con fuerza y soltándose del agarre de la otra mujer, trastabillando hacia atrás y empujándola en el intertanto.

- ¡No es necesario ponerse agresiva!

Ante eso, la castaña solo miró a la periodista de mala manera y volvió a emprender el camino hacia su casa, volviendo a ser interrumpida por Caroline.

- Son solo un par de preguntas Hermione, para que puedas explicarnos que pretendes con tus juntas con el señor Malfoy...

- Lo que yo pretenda es algo que no tiene porqué importarte, y si me disculpas.

Con un poco más de fuerza de la que pretendía volvió a empujar a la periodista y se apuró a entrar al rellano de su edificio, mirando hacia atrás solo para ver a Caroline en el suelo y lo que, seguramente, sería la portada de Corazón de bruja al día siguiente. Ya lo visualizaba El día de furia de Hermione y la imagen de ella empujando a Caroline Nash repitiéndose una y otra vez... Quizás podría enmarcarla.

Subió a su departamento por el ascensor y apenas salió pudo visualizar, con sorpresa, como dos aurores venían saliendo de este. Furiosa, se acercó a ellos.

- ¡Esto es invasión a la propiedad privada.- Exclamó violentamente.

- Lo sentimos señorita Granger.- Le respondió uno de ellos con rudeza.- Pero necesitábamos con urgencia poner un hechizo para desviar la enorme cantidad de lechuzas posadas frente a su ventana... Estaban llamando demasiado la atención de los muggles.

- Oh... ¿Eso significa que ya no seguirán viniendo.

- No. Han sido desviadas al ministerio, aun no está claro a cual departamento.- Contesto el mismo auror, con hastío.- Si desea recuperar su correo no tiene más que ir y pedirlo.

Hermione suspiró con alivio.

- Bueno...- El otro auror se rascó la nuca, incómodo.- Nosotros nos retiramos entonces...

- ¡Que tengan un buen día!- Y sin preocuparse por si estaba siendo descortés, la muchacha pasó entre ellos, entró a su hogar y les cerró la puerta en la cara. Con la clara intensión de jamás ir por esas cartas.

Con una sonrisa, la castaña se dio media vuelta para enfrentar su departamento. En ese momento la sonrisa se congeló en su rostro. Había mierda de lechuza por todos lados, un vidrio roto y un montón considerable de cartas repartidas por la mesa de centro y el comedor. La chica volvió a suspirar, esta vez con pesar, y se arremangó la blusa. Al parecer su día infernal estaba lejos de terminarse.

Pero justo en el momento que tomaba su varita, dispuesta a limpiar, escuchó el móvil sonar desde su bolso. Con paso rápido fue a buscarlo y rodó los ojos al ver el nombre de Ginny escrito en él. Ya se estaban demorando demasiado en reaccionar.

- Aló.

- ¿¡Qué coño estás haciendo!?

- Que rico hablar contigo Gin, tanto tiempo.- Respondió con sorna. ¿Es que nadie tenía una pregunta más original?

- Que Gin ni un carajo...Explícame, por favor, que mierda tienes en la cabeza como para haberte metido en este lio.- La increpó la pelirroja.

- La verdad, lo que tenga o no en la cabeza, es cosa mía.

- Vamos Hermione...- Ginny se oía como si estuviera haciendo un esfuerzo sobrehumano por controlar su temperamento.- Esto es demasiado bajo para ti.

- ¿Demasiado...?- La castaña hizo una mueca de confusión, aunque nadie pudiera verla.- No tengo idea de que me estás hablando.

- Estuvimos hablando con los chicos.- Comenzó a explicarle Ginny y, ante esa primera frase, Hermione supo que no le iba a gustar la explicación.- Y bueno... Es obvio sabes.

Hermione sintió como la indignación iba subiendo por su cuerpo a modo de un calor infernal que se apoderaba de ella y le enrojecía las mejillas. Ellos pensaban que esto era una estúpida venganza en su contra por haberla engañado. Que era tan imbécil y básica como para liarse con alguien sólo porque quería hacerlos sentir mal. Siendo ella ahora la que intentaba controlar su genio, le espetó a la otra chica, con un susurró.

- ¿Realmente...Pero REALMENTE piensan que esto es por ustedes?

- ¿Sino por qué?

- Porque tengo una vida que va más allá de lo que cualquiera de ustedes, por muy amigos míos que sean.

- O sea...- Cayó un silencio pesado, en el cual solo se oía la respiración de Ginny al otro lado de la línea.- ¡Oh Merlín! Sabes todo lo que él...

- Mira, ahórratelo ¿quieres?- La castaña se sobó la sien con el pulgar, cerrando los ojos.- Todo lo que tengas que decirme ya lo sé.

- El tema es que no te creo...- La voz de Ginny sonó fría al otro lado del teléfono.- Creo que en algún punto en este tiempo te ganó el despecho y pensaste en la forma más imbécil de dañar a mi hermano y te salió el tiro por la culata.

- ¿Y por qué no se los conté antes?

- ¡Qué sé yo! Ya no eres la Hermione que conozco así que no me puedo adelantar a tus sentimientos.

- Qué así sea entonces.

Sin pensarlo, Hermione cortó la comunicación y tiró el teléfono lejos. Sentía como su cuerpo temblaba de ira, y un poco de pena. Ahora todo el mundo pensaba pestes de ella y el responsable de ello ni siquiera quería verla. Se había quedado sin pan ni pedazo y ya no podía salir de esta. Haciendo tripas corazón comenzó a limpiar, ignorando las cartas sobre la mesa, sobre todo cuando reconoció la caótica letra de Ron en una de ellas. Por lo menos, cuando al fin logró que su casa volviera a verse habitable estaba tan cansada que no demoró más de cinco minutos en caer rendida sobre su cama, sin importarle no haber hecho nada para su reunión de estudio de mañana.

El día siguiente fue una copia del anterior. Kat como su escudo protector, el eterno cuchicheo que se oía por los pasillos y paraba de golpe cuando ella aparecía, la portada de El Profeta, luciendo exactamente como ella pensó que se vería y lo cual logró que se ganara una risotada por parte de Neville (quien la llamó a primera hora, en el momento exacto de verla) y una citación extraordinaria de Krystoff para quedarse luego de la reunión del grupo. La cual fue uno de los momentos más incómodos por los que la chica había tenido que pasar en estos últimos dos días, con todos tratándola de forma más formal de lo habitual y evitando hacer contacto visual. Qué mal habla de la sociedad que la vida amorosa de una niña de 21 años provoque tal caos fue el pensamiento de Hermione durante lo que duró la reunión. Por suerte, esta duró menos de lo habitual y antes de lo pensado estaba parada ante la oficina de su jefe, tocando la puerta.

- Señorita Granger.- Le comentó apenas ella pasó por la puerta, con una expresión cautelosa.- Adelante.

- Gracias.- Respondió ella, sentándose en la silla que él le indicaba.

- No quiero andar con rodeos.- Comenzó Krystoff, antes de que ella pudiera decir algo.- Así que quiero decirle que, pese a que preferiría que usted no saliera a cada momento en el periódico por su vida amorosa, eso no afecta su estadía en este grupo... Usted es un aporta y nos alegra tenerla.

La muchacha sintió como se deshacía un peso en su estómago que ni siquiera sabía que estaba ahí. Cerró los ojos unos momentos y, cuando los abrió, vio como el hombre se ponía de pie y se acercaba a su silla mirándola, por primera vez, con una sonrisa en los labios.

- Eres una gran trabajadora Hermione.- Le comentó, poniéndose frente a ella y subiendo una mano hasta su mejilla.- No dejes que eso se pierda en nimiedades...-La mano se deslizó desde su pómulo hasta su mejilla, ante la mirada atónita de la chica.- Si te lo propones, puedes llegar muy lejos...Solo debes saber juntarte con la gente indicada.

La mano de Krystoff se quedó un momento más apoyada de la barbilla de la chica, obligándola a levantar la mirada y fijarse en su sonrisa enigmática. Hermione intentó no echar la cabeza hacia atrás, como le pedía todo su cuerpo, y quedarse quieta. Krystoff se alejó de ella dándole la espalda y volviendo a su lugar. Cuando volvió a mirarla, su vieja expresión seria la cual destilaba superioridad, había vuelto a su rostro.

- Ahora si me disculpa...- Comentó, haciendo un gesto vago hacia la puerta.

- Yo...err...- Hermione se levantó con torpeza y comenzó a caminar hacia la puerta.- Si por supuesto...Y, bueno... Nos vemos el jueves señor.

Salió lo más rápido que pudo de la oficina, preguntándose que había sido todo eso y sintiendo como le picaba la mejilla de un modo muy desagradable. Con paso deprisa pasó frente a la secretaria de Krystoff y se encaminó a alguna zona donde pudiera desaparecerse a su hogar. Cuando estaba a punto de llegar y poder, al fin, refugiarse en su departamento y comer algo, el ruido del celular la sobresalto y, aun más, cuando vio que era el nombre de Draco el que figuraba en la pantalla. Con un dedo tembloroso pulsó el botón para contestar y lo acercó a su oído.

- Hola...

- Hola.- La voz del rubio se oía vacilante.- Pansy me contó el jaleo que se armó oir allá y yo...Bueno.- Su voz sonaba como si no hubiera querido llamarla, pero el impulso fuera más fuerte.- Quería saber cómo estabas.

- Bien.- Respondió ella más ansiosa de lo que le hubiera gustado.- Las cosas no están tan mal como las pinta el diario...

- Me alegro...- Hermione esperó, mordiéndose una uña, a que él siguiera hablando.- Buen derechazo el que le diste a esa periodista.- Comentó luego de unos segundos, más relajado.- Se lo merecía.

Hermione rió con alivio.

- Si, definitivamente...- De pronto se dio cuenta que, si la estaban acosando a ella, lo más probable es que también hubieran ido a por él.- ¿Y tú, no ha ido nadie al café?

- Extrañamente aún no.- Le respondió.- Pero asumo que no me durará mucho el anonimato, siendo que se consiguieron mi vida completa para publicar.

- Draco, siento haberte metido en este lío...- Comenzó ella, para luego añadir con amargura.- Creo que lo peor que te pudo haber pasado es servirme ese Whisky en el café y no echarme a patadas...

- No seas tonta, yo...

De pronto, interrumpiendo a Draco, un ruido ensordecedor se oyó por el otro lado de la línea y la comunicación se cortó.

- ¿Draco?- Preguntó Hermione, comenzando a preocuparse.- ¿Aló? ¿Draco?

Pero ya no había nadie ahí.

Mirando su teléfono con angustia, volvió a marcar al rubio, pero su móvil sonaba apagado. Así que, sin dudarlo, se apareció en el callejón tras el café, siendo recibida por una oleada de humo. Con los ojos llorosos intentó abrirse camino entre la niebla negra hasta, donde sabía, se encontraba la calle.

- ¡Señorita!- Sintió, antes que ver, como un oficial de policía la tomaba del brazo y la sacaba de ahí.- ¿¡Como llegó...!?

Aun sin poder abrir bien los ojos, se dejó arrastrar fuera del alcance del humo y se sentó al otro lado de la vereda, intentando controlar el temblor de su cuerpo y el grito que amenazaba salir por su garganta cuando, ya pudiendo enfocar su mirada, se dio cuenta que frente a ella se alzaba The Red Sofa Coffee shop, envuelto en llamas.


Ok, capítulo NO revisado.. De hecho ni siquiera tiene una segunda leída, porque no tengo beta y mi magíster es lo más parecido al infierno que se me pudo haber ocurrido hacer (y lo amo 3). Así que me disculpo por cualquier falta ortográfica o de sintaxis que puedan encontrar(de hecho, si me la hacen saber sería lo mejor! así la corrijo).

Saludos a todas y ojalá les haya gustado este capítulo :).