Capítulo 9: Adiós y hasta pronto

"Azrael" la voz de Noel era un susurro esperanzado.

Azrael sintió que algo dentro de él se removía al verla, inocente y frágil, parada frente a él. Caminó lentamente hasta quedar parado frente a ella, mirándola desde su altura como a una niña pequeña.

"Noel" su voz era también un murmullo. Percibió la inquietud de ambos de levantar la voz, como si un sonido brusco pudiera romper en pedazos ese instante.

Tomando un delicado mechón del cabello de la mujer en su mano, como casi se había vuelto un hábito, le dijo: "Es el momento".

"Lo sé" respondió ella.

Azrael podía sentir el cabalgar precipitado de su corazón y la alteración de su respiración al mirarlo. Él conocía lo suficientemente bien su mente como para saber lo que Noel sentía cada vez que lo miraba, como el temor y la fascinación se mezclaban de un modo reverencial en su cuerpo. Algo cálido inundó su propio pecho, algo tibio que era nuevo y que Azrael había aprendido a asociar siempre con la presencia de Noel y con el recuerdo de su contacto.

Al ver que él no emitía sonido, Noel se atrevió a preguntar lo obvio: "Vas a llevarme contigo, ¿verdad?".

Vio un ínfimo movimiento de las cejas de Azrael, como si estuviera conflictuado. Pero desapareció demasiado pronto como para que ella pudiera clasificarlo.

"¿Confías en mi?" preguntó él.

"Con mi vida" le respondió Noel sin titubear un segundo.

Una leve sonrisa se dibujó en el rostro tieso de Azrael al ver la entrega de Noel. Luego le tomó las manos delicadas entre las suyas y le dijo suavemente: "Entonces necesito que vayas con Basil"

El terror se apoderó del rostro de Noel. "¡No!" gritó horrorizada. "¡Basil quiere matarme! ¡Es tu enemigo!"

"El mundo no es blanco y negro como tu lo percibes, Noel" exclamó Azrael con toda la dulzura que pudo infligir a su voz. "La idea de que esto es una lucha entre el bien y el mal es ingenua. No puedes saber quién es quién en esta historia. Que Basil y yo hayamos elegido bandos distintos no dice más que eso: que pensamos distinto. No lo hace menos honorable o menos leal que yo".

"Pero él quiere matarme" respondió Noel compungida.

"Basil sólo cumple órdenes, como yo también lo he hecho toda mi existencia" explicó Azrael. "La única diferencia es que obedecemos a distintos amos. Pero yo también he matado cuando se me ha indicado, y tu lo sabes".

Al ver que Noel no decía nada, Azrael continuó.

"He hablado con Basil y he hecho un trato. Me ha prometido que te llevará con él a su mundo y ante su amo. Pero lo más importante es que ha prometido protegerte. Eres un objeto de gran valor, Noel, y el hecho de que vayas voluntariamente con ellos cambia su perspectiva de las cosas. No es necesario matarte cuando estás dispuesta a colaborar con ellos"

"¿Y lo estoy?" preguntó ella dubitativa

"Si, lo estás" dijo Azrael con firmeza.

Azrael leyó en la mente de Noel que ella comprendía, pero que había mucho más detrás de su desesperación que sólo el miedo a la muerte o a Basil.

"Lo que tu temes es mi ausencia" dijo Azrael. No era una pregunta.

Noel asintió lentamente con la cabeza.

"Debo irme" volvió a decir él.

"¿Por qué?" susurró Noel, las lágrimas comenzando a nublarle la vista. "Dijiste que me llevarías contigo, que ibas a protegerme. ¿Por qué vas a dejarme con el enemigo ahora?".

"Mis órdenes cambiaron" le respondió Azrael.

Los ojos anegados de lágrimas de Noel lo miraron inquisitivos.

"Mi amo ya no quiere que te lleve a nuestro mundo" le explicó Azrael lo más suavemente posible.

"¿Qué es lo que desea entonces?" dijo ella.

"Me ordenó que acabe con tu vida".

El silencio se hizo denso entre ellos. Noel bajó los ojos a sus pies, como si su cabeza pesara demasiado de repente. Azrael sintió como las manos de ella temblaban entre las suyas, sin saber si era por el frescor del anochecer o el temor en sus venas.

"Pensé que estabas programado para cumplir tus órdenes" dijo ella seriamente, volviendo su mirada hacia él.

"Así es" respondió.

"Entonces, ¿no vas a matarme?" Noel separó sus manos de las suyas y se plantó frente a él como invitándolo a terminar con el trabajo.

"No" dijo Azrael con seguridad

"Pensé que no tenías elección"

"Yo también lo pensé" confesó Azrael. "Pero no puedo cumplir con esta orden. Simplemente no puedo".

"¿Qué pasará entonces?" quiso saber ella, dando un par de pasos hacia él hasta que sus pechos casi se tocaron.

"Ahora debo dejarte con Basil para protegerte" respondió él acariciando dócilmente su cabello. "Y debo marcharme para afrontar las consecuencias de mi decisión".

"¿Cuáles consecuencias serán?" quiso saber Noel.

"No lo sé. Esto no tiene precedentes. Nunca nadie ha desafiado a su amo" respondió Azrael.

"¿Van a lastimarte?"

Azrael no quería contestarle, pero sintió que no tenía opción. "Probablemente".

"Pero vas a sobrevivir, ¿verdad?"

Azrael se quedó en silencio durante varios segundos antes de encontrar el coraje para responder: "No lo sé".

"¡No!" el grito de Noel fue casi un aullido desgarrador. Tomándolo por la camisa se estrujó contra su pecho mientras comenzaba a sollozar. "¡No! ¡No vayas! Ven conmigo, por favor".

"No puedo" le contestó. Casi podía sentir en su cuerpo el dolor de ella.

"¿Por qué?"

"Porque tu tenías razón" dijo Azrael solemnemente al tiempo que la tomaba por los hombros. "Porque no soy más que un esclavo. Y aunque siempre me consideré casi un dios, lo cierto es que soy simplemente un prisionero. Y debo volver ante mi amo con la cabeza gacha y afrontar las consecuencias de mi elección".

"No lo hagas" le rogó ella. "No puedo soportar el pensar en que puedan lastimarte. Por favor, mátame. Cumple con tus órdenes. Prefiero morir a pensar en que alguien te haga daño por mi culpa".

Azrael sonrió tristemente. La calidez que Noel siempre le producía pareció intensificarse en su interior como un fuego. Nunca nadie había proclamado ningún tipo de afecto hacia él, ningún tipo de emoción excepto el temor máximo. El hecho de que esta frágil mujer humana estuviera dispuesta a dar su vida para protegerlo se sentía deliciosamente tibio y extraño.

"Jamás podría lastimarte. Prefiero afrontar cualquier consecuencia siempre que eso suponga que estarás a salvo. No puedo explicar por qué, pero es así. He jurado protegerte, aún de mi mismo. Y estoy dispuesto a cumplir mi promesa hasta el final".

Las lágrimas de Noel se deslizaban por sus mejillas dejando un rastro húmedo sobre su rostro. Azrael tomó una en su dedo y se la llevó a la boca, deleitándose en su dulce sabor. Lo consolaba saber que al menos se llevaba consigo el recuerdo de su pecaminoso aroma y del penetrante sabor de su piel, intensificado por los recuerdos imperecederos de su intimidad. Aunque perdiera la vida en el próximo instante o estuviera condenado a vagar en la oscuridad por toda la eternidad, nada podría borrar o menguar las poderosas memorias que Noel había labrado en su mente.

"Debo marcharme" dijo Azrael finalmente.

"Dime que volveré a verte" demandó ella.

"No puedo prometerte eso" respondió él. Supo que Noel hubiera preferido que le mintiera, pero no estaba en él hacerlo.

"Entonces, sólo te pido una cosa antes de que te marches"

"Si está en mi poder dártelo, dalo por hecho" declaró Azrael.

"Quiero que me prometas que me buscarás si puedes" le pidió Noel.

Azrael sonrió tristemente. "Te prometo que si queda en mi cuerpo algo de vida voy a dedicarlo a encontrarte. Aunque sea lo último que haga"

Alzando la mano, acarició lentamente el contorno de su rostro y luego la suave curva de su cuello. Quería memorizarla, en su mente, en sus ojos, en su tacto y en su olfato, para llevarse ese recuerdo como el único faro capaz de guiarlo en la oscuridad de lo que estaba a punto de afrontar.

La belleza frágil de la mujer frente a él le hizo recordar por qué valía la pena marcharse y hacer frente a lo que viniera con tal de mantenerla con vida.

"Antes de irme yo también tengo una petición que hacer" dijo Azrael.

"Te ofrecí mi vida para que la tomaras. No creo que haya nada que puedas pedirme ahora que no esté dispuesta a darte" respondió ella.

"Déjame saborearte por última vez" pidió él inclinando la cabeza hacia ella.

"No digas por última vez" le recriminó ella, las lágrimas corriendo libremente por su rostro. "Di hasta la próxima oportunidad".

Levantando su rostro hacia la belleza del de Azrael, Noel unió sus labios con los suyos en un beso apasionado, pero cargado de premoniciones. No había demandas, ni desesperación ni ansias en el modo en que se besaron. Era un adiós o, tal vez, un hasta pronto.

Azrael la tomó suavemente entre sus brazos y Noel abrió sus labios para permitir que la lengua de él le invadiera la boca. Pudo sentir el modo en que el cuerpo de Azrael se tensaba en éxtasis, de esa manera que Noel ya reconocía como natural cada vez que él se encontraba con el sabor adictivo que ella implicaba para él.

Y de alguna manera, supo que había mucho más que simplemente eso en la forma en que la acariciaba. Azrael había elegido ir en contra de su naturaleza y de su razón de ser por ella. Estaba contradiciendo todo lo que significaba ser él mismo y lo que había regido su milenaria existencia. No era necesario que le declarara amor eterno. No podía haber nada más intenso que la elección que acababa de hacer.

Finalmente, y tal vez demasiado pronto, Azrael liberó sus labios de los suyos y dejó que sus brazos la abandonaran también. Noel pensó que sus piernas no podrían sostenerla, pero encontró fuerzas en sí para mantenerse erguida mientras él la estuviera mirando. Quería ser fuerte para Azrael, quería que la viera entera mientras caminaba hacia lo que bien podría ser su propia muerte.

"Adiós Noel" dijo Azrael alejándose de ella.

"Hasta pronto" lo corrigió Noel suavemente.

Y entonces él se marchó. Y Noel permitió que las rodillas se le aflojaran y cayó bruscamente al suelo frío de la azotea mientras su cuerpo se convulsionaba presa del llanto.