¡Hola!, sí, sé que no tengo perdón pero bueno aquí os dejo lo que no es el final de esta historia pero sí de su primera parte Muchísimas gracias por todos los comentarios y nos volveremos a ver en la segunda parte que será mucho más laaaaaaaaaaaaarga y donde se resolverán muchas cosas y...¡No me mateeeeeeeeiiis!

Este capi se lo dedico a todos los que han seguido esta primera parte y siempre se han molestado en dejar un comment 3

Y a mi marida, que llevaba esperando este capi muuuucho tiempo (PD: Ya tengo escrito los caps de la continuación, los subiré en unos momentos.)


Capítulo
11
FINAL

Suspiré. Mis manos acariciaron el frío suelo mientras que mis ojos analizaban confundidos aquella estancia, una especie de agujero negro, sin salida, completamente a oscuras. Traté de levantarme pero una repentina luz cegadora me hizo volver a sentarme. No vestía las malogradas ropas con las que había estado retenida sino algo más cómodo, una especie de vestido.

Entonces, una extraña puerta de madera blanca apareció ante mi y yo sentí la tentación de ir hacia ella, esta vez no había cadenas que me retuviesen el paso. Era completamente libre de levantarme y cruzarla, así, sin más, pero, había algo en mi que me decía que esa no era la decisión correcta.

Y yo estaba completamente confundida.


El escritor arrugó el vaso de plástico y lo lanzó a la papelera, haciendo una especie de triple que en cualquier otra circunstancia, para él, habría sido momento para celebrar eufóricamente, quizá suene una estupidez, sí, pero eso era algo que hacía su vida más amena y llevadera, a parte de Kate.

Kate.

Quien en estos momentos se hallaba luchando por su vida en el interior de un quirófano. Y él ni siquiera era capaz de mirar a su padre a la cara, principalmente, porque sabía que, indirectamente, era culpa suya.

Si la hubiese entendido en Washington.

Si no hubiese sido tan capullo con ella.

Si no hubiese empezado a investigar

Si, simplemente, hubiese estado ahí.

—Richard, Richard —Martha lo sacó de su regañina mental, negado con la cabeza. —No es culpa tuya.
—Yo no he...
—¿Tu no has?, Richard, soy tu madre y sé perfectamente lo que está pasando por tu cabeza...En estos momentos te estás montando una de tus películas. Que si es culpa mía, que si no hubiese echo esto no hubiese pasado...—Dijo Martha, con extrema paciencia, interrumpiendo el reproche de su hijo con la mirada—Tu no la has secuestrado, tu no mataste a su madre ni tampoco la disparaste, la culpa la tienen los malnacidos que le han echo esto, no tú hijo, tu la amabas y no tienes la culpa de ello.
—No la amaba, madre, la amo...—Dijo el escritor y bajó la mirada hasta sus pies.
—Y por eso debes ser fuerte, Richard, por ella, Katherine es una mujer muy fuerte, estoy segura de que saldrá de esta...Y deja de culparte, hijo, tú estabas roto y no pudiste hacer otra cosa...Pero cuando todo esto se solucione quiero que ambos pongáis los puntos sobre las ies a este asunto, ¿Entendido?, es hora de que seáis felices...—Martha acarició con ternura la mejilla de su madre, sintiendo como alguna que otra lágrima rodaba por sus mejillas hasta perderse en sus pantalones.

Escuché unas voces a lo lejos. Algo distorsionadas, lo suficiente como para no poder entender lo que decían. Parecían desesperadas y a lo lejos se podía oír un extraño pitido que se repetía una y otra vez, sin descanso.

Caminé hasta la puerta, más bien algo me arrastró hasta ella, mis manos acariciaron el pomo y mi cuerpo convulsionó, una enorme sacudida me golpeó por completo, haciéndome volver a caer.


Cuatro horas de reloj era el tiempo que llevaba ahí, caminando de un lado a otro mientras arrugaba vasos de papel para después tirarlos a la papelera. Toda una burla al medio ambiente y a la vez, lo único que conseguía tranquilizarle.

Suspiró, dejó el vaso que acababa de coger sobre la mesa y volvió a la sala de espera. Miró, durante unos segundos a todos los que estaban allí sentados. Ryan y Espo se habían ido hace unas horas a seguir investigando en la comisaría, con la promesa de que cualquier novedad no dudarían en compartirla y al revés.

Jenny, quien ahora abrazaba a Lanie, presa del llanto y la desesperación junto a Alexis y su madre.

Y, finalmente Jim.

El único que parecía no haber derramado una sola lágrima pero que tampoco había levantado la vista del suelo. Era imposible comprender lo mal que lo estaría pasando aquel hombre. No les había bastado con arrebatarle a su mujer sino que ahora estaba a punto de perder a su hija.

En es mismo instante alguien traspasó la sala de espera a toda velocidad y se plantó ahí delante, sintiéndose como un extraño ante la mirada escrutadora de todos los allí presentes.—¿Es verdad?
—Pronunció casi sin aliento. Al escritor le corroyeron los celos durante unos segundos hasta que consiguió tranquilizarse. ¿Qué hacía él ahí?
—Yo...Josh...
—¿Tú?, ¡Es por tu culpa!

El escritor fue incapaz de debatir aquello. Simplemente agachó la mirada y salió de allí.
—Vete—Le ordenó Martha.
—¿Quién es usted para decir...
—¡Ha dicho que te vayas a si que hazlo, si no quieres que yo te eche a patadas!—Interrumpió Lanie, dando un suave empujón al doctor


Las oscuridad temblaba y la puerta había desaparecido. Tenía miedo. Quería salir de allí.

Otra sacudida.

Grité de dolor mientras que las lágrimas se perdían en mi rostro.


Castle observó como Josh daba una patada a una papelera y acto seguido desaparecía por la puerta.
El médico tenía razón.
—Es culpa mía...

Masculló y salió de allí lo más rápido que pudo.

El frío neoyorquino le azotó de golpe. Cerró los ojos y dejó que sus lágrimas le rozaran por sus mejillas. Necesitaba aquello. Necesitaba llorar y por eso cuando Lanie intentó ir tras él Martha la detuvo.


(3 semanas después)

Richard Castle dejó el portatil sobre su escritorio, frustrado, incapaz de escribir palabra alguna se puso la chaqueta y salió hacia el hospital.

Una vez allí, se bajó del taxi. Subió a la habitación 147 y miró a la mujer de su vida. Su cuerpo completamente pálido ante él. Miles de máquinas la rodeaban...Aquella imagen le rompió el corazón.

Se acercó a ella y de nuevo, besó su frente y se dejó caer sobre el sillón. Había estado cinco años pegado a ella y no tenía pensado dejarla ir, no esta vez.

FIN