oOo

Su cabeza le dolía. No le dolía horrores, pero dolía.

Lo primero que vió fue un techo blanco. Por un momento se preguntó si estaba muerto, pero era una idea absurda. Con cuidado, miró alrrededor.

Las paredes también eran de color blanco, pero no lo molestaba, era tranquilizante. La habitación era grante y había dos hileras de cinco camas. Ahí se dió cuenta de que estaba en una cama, y que había alguien en la cama de al lado.

Usando las manos de apoyo, se sentó y trató de ver mejor a la persona que tenía a un lado. No los separaba mucha distancia, pero acababa de despertar en una habitación bien iluminada y aun se le hacía un poco difícil enfocar la vista. Luego de unos segundos lo logró.

Era Marceline.

Lo miraba preocupada, él lo sabía y se sintió un poco mal. No le gustaba que Marceline se preocupara. Todos los años de amistad con ella, tenía que aguantar esa miraba preocupada cuando le decá que se iba por unos días con Jake para arreglar uno que otro asunto en otros reinos. Esa mirada que para él era un "No te vayas", Marceline no se lo decía, pero él sabía que era así, porque la conocía. Estaba seguro que si Marceline no hubiera tenido tantas responsabilidades, que si no fuera la Reina de los Vampiros, se hubiera ofrecido a ir con él. Y él no hubiera tenido problema alguno, porque la cuidaría y defendería, con su vida si era necesario.

Miedo. Le daba miedo saber que daría su vida por ella, no porque no quisiera, al contrario. Él siempre estaba dispuesto a dar la vida por alguien inocente, alguien que no mereciera morir, porque era su deber. Pero con Marceline no lo sentía como un deber... Muchas veces se imaginó a Marceline en un escenario así, a punto de morir, y no importaba como ni cuando, en cada escenario él daba su vida por ella sin titubear. No porque debía, no, lo hacía porque quería y porque prefería estar muerto a dejar que Marceline muriera.

Era muy complicado. Dejó de imaginar ese tipo de cosas porque siempre se le hacía un nudo en la garganta al imaginar a Marcy a punto de morir. Siempre se dijo que era un instinto eso de salvar a la gente y eso era lo que no entendía, ese sentimiento protector hacía Marceline... sentía que era algo natural, pero también sentía que debía sentir eso con la Dulce Princesa, no con Marceline, y eso de alguna forma lo hacía sentir culpable.

Culpable porque en esos meses que compartió con la Dulce Princesa, se dió cuenta de que prefería pasar su tiempo con Marceline, se dió cuenta de que prefería ver películas con ella, caminar con ella, compartir con ella. Era mucho más fácil hablar de cualquier cosa con Marceline, ella siempre de daba su opinión y defendía sus ideas, se interesaba por lo que hacía y peleaba si tenía que defender su punto, eran unos duelos verbales bastante largos y divertidos, con los toques sarcásticos por parte de él, y la ironía por parte de Marceline. Y cuando hablaba de algo, cualquier cosa, con la Dulce Princesa, ella siempre le decía que mientras a él lo hiciera feliz, estaba bien. Y eso estaba bien para él, porque la Dulce Princesa quería su felicidad, pero era su tono el que lo molestaba, siempre lo decía aburrida, no se interesaba de verdad y así fue que descubrió que solo lo decía para cambiar el tema. Nunca le volvía a preguntar sobre sus proyectos y aventuras, siempre le preguntaba si conoció a alguien importante, o inteligente, o interesante y sinceramente... ¿Eso qué?. Ese fue otro de los problemas que tenía con la Dulce Princesa, él siempre la apoyaba y le prestaba atención a todos sus proyectos, a todos los experimentos, ¡Incluso le daba ideas! Algunas eran algo extremas e incluso tontas, pero almenos se interesaba y lo intentaba.

-¿Estas bien?-. Esa era la voz de Marcy. Se sonrojó un poco al perderse en ese tipo de pensamientos con Marceline ahí.

-Estoy bien, un poco confundido. ¿Y tu?-. Ahora que ya estaba un poco más en "la realidad" se dió cuenta de que Marceline estaba sentada en una camilla de hospital, al igual que él, pero él ya estaba acostumbrado a despertar con algo roto y no le agradaba mucho la idea de que Marceline pudiera estar lastimada.

-Estoy bien. Mi cabeza me duele un poco, pero nada más-.

-Ey, a mi también me duele la cabeza-. Frunció el ceño. Eso era raro.

-Que raro...-. Él sonrió. Y Marceline lo notó.

-¿Que es tan divertido? Oh, claro, olvidaba lo mucho que te alegra despertar en una enfermería-. Dijo Marceline con una pequeña sonrisa en el rostro. Y él se sintió bien, sintió que tono en el mundo volvió a la normalidad.

-Al parecer alguien se levantó de buen humor-. No pudo evitar hacer la observación. Desde que llegaron a ese lugar, Marceline lo ignoraba. De repente Marceline dejó de sonreir, se puso seria y su mirada se tornó un poco triste. Él se sintió idiota, sintió que había echo algo mal.

-Finn yo...-. Estaba haciendo lo de el susurro de nuevo. Supuso que lo que diría era importante, así que escuchó con atención.

-Lo siento-. Casi se cae de su cama. Casi. Marceline nunca había sido tan directa disculpandose con él, porque si, ellos eran los mejores amigos, pero eso no impedía que a veces pelearan. Y llegó a la conclución de que Marceline estaba exajerando. Estaba bien que se sintiera un poco mal por ignorarlo, pero él entendió desde el principio que ella debería haber tenido motivos. Por eso no le dijo nada, por eso decidió esperar a que llegaran a casa para preguntar.

-Marcy...-. Lo dijo para llamar su atención y funcionó, Marceline levantó la cabeza y lo miró arrepentida. ¿Acaso había actuado tan mal para que Marceline estuviera tan afectada? Que él supiera, no había dado señales de estar molesto con ella.

-Marcy, ceresita, escuchame-. Marceline se sonrojó. Él sabía que, aunque lo negara, a ella no le molestaba que le dijera ceresita. Era algo de ellos, algo que nadie más sabía. Él le decía ceresita cuando ella estaba realmente molesta por algo o cuando trataba de darle los ánimos que solo él sabía que necesitaba. La miró a los ojos, ya no había tanto arrepentimiento, ahora solo había verguenza y eso era una buena noticia. Le sonrió.

-No te sientas mal. Sé que lo hiciste por algo, no estoy molesto si eso es lo que te preocupa-. Marceline sonrió, y él tamibén. En ese momento se dió cuenta de cuánto la había extrañado. No a Marceline, no a la Reina de los Vampiros, no. Extrañaba a Marcy, a su ceresita.

Su sonrisa se borró. ¿Desde cuando era SU ceresita?. ¿Desde cuando la había empezado a llamar ceresita?. Bueno, de eso si se acordaba, pero lo frustrante de la situación era: ¿Porque había empezado a usar más de lo que debía ese apodo empalagoso y cursi? No pudo evitar pensar en la Dulce Princesa... Por todos los... ¡Nisiquiera con ella había inventado algo tan cursi!.

-Finn... No te acostumbres, pero... Eres la mejor persona que he conocido-. Y de la nada, Marceline saltó de su cama y con sus delicados brazos rodeó firmemente su cuello. Era un abrazo lleno de tranquilidad, o almenos él lo sentía así. Ellos estaban bien, Marceline no había tenido intención de ofenderlo ni de lastimarlo. Habían recuperado la comodidad entre ellos, la confianza de decirce las cosas sin importar esa electricidad que los recorría cada vez que se tocaban o miraban. O al menos así se sentía él. Y tan predecible como siempre, no pudo hacer otra cosa que corresponder el abrazo. La extrañaba, un maldito día y la extrañó tanto...

-Entonces, ¿Todo bien... Ceresita?- No podía evitarlo. La última palabra la dijo en un tono burlón. Marceline se separó de él y le dió un golpe en en brazo. Se lo sujetó con toda la intención de parecer dramático, pero la risa lo traicionó. Marceline acabó esbosando una pequeña sonrisa también.

-Todo bien... Dragón-. Dijo Marceline haciendo más grande su sonrisa. Él se sonrojó. Se lo merecía.

-Esta bien, estamos a mano-. Dijo alzando ambas manos en señal de rencidión. Marceline volvió a sonreir y se fue a su cama.

Dragón... Hace mucho que Marcy no le decía así. Recordo que ese mismo día, cuando se lo dijo por primera vez, no pudo evitar quedarse pensando si le estaba diciendo que era feo o algo así... Sonrió cuando recordó como Marceline había estallado en carcajadas cuando le preguntó que estaba insinuando. No tuvo que preguntar porqué se reía, él sabía que Marcy lo conocía, sabía que interpretó su mirada molesta y ofendida, más no le molestaba, él hubiera echo lo mismo, es más, aún se sentía un poco ridículo recordandolo. Pero ese sentimiento no duraba mucho cuando recordaba lo que Marcy le dijo después.

Le dijo que los dragónes eran dioses o guardianes y que eran un poderoso enemigo. Le dijo que eran poseedores de una gran sabiduría, que eran extremadamente buenos para la lucha y que cualquier desición que tomaran era importante, porque podría implicar la muerte o el nacimiento de personas, civilizaciónes, e incluso del odren universal. Le dijo que normalmente los dragónes custodiaban algo sagrado y que ella había decubierto qué era lo que él custodiaba... Le dijo que él era el dragón que se custodiaba a él mismo, que en su interior estaba lo sagrado de la puresa, solo que como era un héroe no lo podía ver. Él se confundió y ella le dijo que todo héroe se enfrentaba a un dragón, y que él era ambos... Le dijo que para alcanzar a ver todo lo que valía, debía vencerse a si mismo, que debía vencer sus dudas y sus complejos Y Finn desde ese instante supo que Marceline no era una simple amiga, que ella no iba a ser una persona pasajera en su vida, no si él podía evitarlo... Supo que ella era la única (Aparte de Jake) en la que podía confiar, supo que ella podía ver más allá de un niño caprichoso y egoísta, que ella pudo ver eso que nadie más lograba ver. Y luego de un tiempo supo que él hizo exactamente lo mismo, que había logrado ver más allá de un monstruo, de un ser peligroso, de una reina altanera y arrogante, él pudo ver más allá... Y no cambiaría lo que descubrió por nada, porque ese era su tesoro... Marcy también le dijo que los dragónes custodiaban tesoros, que normalmente eran cosas sagradas, y aunque ella le dijo que se custodiaba a él mismo, él también supo que de alguna forma los custodiaba a ambos.

También le dijo que aparte de sabios, los dragónes eran amables y siempre estaban dispuestos a ayudar. Le dijo que incluso en algunas familias reales, el dragón fue utilizado como emblema durante siglos.

Dejó salir un suspiro imperceptible cuando recodró todas esas cosas que Marceline le dijo. La respetaba y admiraba como no lo hacía con nadie, para él, Marcy era sabia, sabía lo que hacía y no dudaba que siempre ocultaba sus actos nobles tras una mascara de maldad. Estaba seguro, él había visto más allá de su rostro y su temperamento, él había visto su alma. Si, estaba casi seguro de que Marceline era la excepción a toda regla, era un vampiro y sin embargo era ella era cálida, buena, tenía sentimientos y por lo tanto, alma.

Aunque también sabía que la ocultaba. Su teoría iba en contra de la naturaleza, de todo, pero aún así él podía ver el alma de Marcy... Sin embargo ella se empeñaba en ocultarla. Y no pudo evitar sentirse mal. ¿Acaso Marceline no confiaba lo suficiente en él? Compartían muchas cosas, muchas experiencias y secretos... Confiaba en ella y ella muchas veces le había dicho que confiaba en él... Entonces le creía.

¿Pero entonces qué pasaba? ¿Por qué ella se ocultaba a sabiendas que él la veía como realmente era? Y es que a veces eso lo enfurecía... ¡Incluso le gustaba esa parte de ella! Y ella no hacía más que ocultarla y negarla. A veces sentía que Marcy era cobarde... ¿Pero por qué? Es decir... ¿A que podría tenerle miedo? ¿A ser querida? No, él la quería y ella jamás mostró signos de estar molesta cuando se lo decía. ¿Entonces qué era? ¿Que tenía de malo que se mostrara como realmente era? Porque sabía que eso era parte de Marceline.

Un ruido lo distrajo. Miró en dirección a Marceline y vió como ésta se acomodaba para tapar con una sabana sus pies, se había dormido. Y sonrió, sonrió porque solo Marceline podía ser tan intimidante, cálida, tierna, deseable, peligrosa y apacible a la vez.

Y se sintió tranquilo, porque Jake debía estar con Arco Iris en alguna de sus citas, sabiendo que él estaba bien. Porque la Dulce Princesa debía estar trabajando en otro experimento, porque Bemmo debía estar cargandose mientras dormía, porque Marceline estaba a su lado y porque todo estaba bien... Con esos pensamientos se dejó llevar por el cansancio, sinitiendo como Morfeo lo tentaba y él cedía, porque en esos momentos todo parecía estar bien.

oOo

Despertó y sintió que había dormido siglos.

El cuarto que según Marceline era una enfermería seguía perfectamente iluminado, pero él sabía que era de noche. Miró a Marcy, que seguía dormida. Habían hablado en la mañana, casi entrando la tarde según su reloj de mano, y según éste mismo, ahora era casi media noche.

Sintió como su estómago despertaba y lanzaba un feroz gruñido. Con que ese travieso era el que lo había despertado... Aunque más bien era el hambre, pero por el momento daba igual.

Se bajó de su camilla y sintió un escalofrío cuando sus pies desnudos tocaron el frío suelo de mármol. Solo en ese momento se dió cuenta de que no tenía sus zapatos, ni su espada. Se llevó las manos automaticamente a su cabeza y solo dejo que su rostro se relajara cuando sintió el cálido contacto de la tela del gorro en su cabeza.

Bueno, descalzo sería más sigiloso... Su plan era encontrar algo de comida, y algo rojo para Marceline. Lo más silencioso que pudo, caminó rumbo a la puerta de salida que no había visto hasta ese momento y luego salió agradeciendo que la puerta no rechinara.

Iba caminando por un pasillo tranquilamente pensando en si él fuera una cocina ¿En donde estaría?.

Pero el ruido de unos pasos lejanos lo alertó. Miró en todas las direcciónes y se dió cuenta de que más adelante había otros dos pasillos, uno que doblaba a la izquierda y el otro hacia la derecha, y que los pasos preovenían de alguno de esos dos.

También vió, sintiendose un poco desesperado, que el camino que tenía que recorrer para volver a la enfermería era muy largo. Los pasos se escuchaban cerca, y correr no era una opción, correr sería delatarse. Tomó una bocanada de aire y, sorprendiendose a si mismo, hizo lo que mejor le pareció.

Siguió caminando.

No supo porqué. Seguían en casa de Marceline, lo supo por el pasillo y por los cuadros que los adornaban, supuso que por eso caminó, porque en casa de Marcy no debía haber algun peligro... Pero existía esa posibilidad de que si lo hubiera. Se dió el tiempo para quedar ligeramente sorprendido de que Marcy tuviera una enfermería en su casa, pero no prestó atención por mucho tiempo. Pronto, puso alerta a sus sentidos y se preparó mentalmente para un combate cuerpo a cuerpo. Los pasos estaban cerca, sin embago sus pasos no se escuchaban así que la otra persona o el otro ser no podía saber de su presencia.

Iban a chocar. Lo sabía y esa era su intención. Chocando lo sorprendería y aturdiría por el tiempo suficiente para que él pudiera examinar si era un enemigo o no. Solo unos pasos mas...

Tan solo unos cuantos...

Y sintió como chocaba con algo duro como roca. Más pequeño que él, pero duro. Se sorprendió al darse cuanta quién era, al principio éste quedó aturdido por el choque y su semblante siempre serio se contorcionó en una mueca de miedo e incredulidad, pero luego su miraba volvió a tornarse fría, llena de desprecio, y recobrando la compostura volvió a mirarlo con aire superior. Él ni se inmutó, ya estaba acostumbrado a sus tratos. En nungún momento bajó el mentón y supo que eso lo enfureció, pero no estaba dispuesto a doblegarse ni a prestarle atención. Si le tenía un mínimo de concideración y de respeto, era solo por una cosa.

Porque era el papá de Marceline.

-Humano...-. Como detestaba que usara ese tono con él. Sin embargo él mantuvo su semblante serio. Si había aprendido algo durante esos años de peleas y enfrentando bestias y enemigos era que nunca mostraras interés ni debilidad alguna. Y había aprendido bien.

-Señor...- Y pudo ver la irritación en los ojos de aquel hombre, y comprendió la razón. Lo había tratado como su igual, no estaba siendo grotesco ni mal educado, pero ese tipo de verdad consideraba que él era inferior y debía doblegarse. Eso lo enfurecía de una manera que no podía describir, pero concentraba la ira en mantenerse con el mentón en alto y la voz firme.

-¿Que haces aquí?-. Escupió las palabras con desprecio y él no supo si reir o si mirarlo con compación, como un pequeño niño que no entendía que uno más uno es dos. Él sabía que aquel hombre sabía que estaba ahí desde que llegó, pero estaba cegado por el desprecio, y no controlaba su boca, haciendo preguntas estúpidas y permitiendose hablarle con ese tono de voz. Notó como a los 2 segundos de pronunciar aquellas palabras, el hombre recuperó la postura y le dedicó una mirada de desprecio.

-¿Donde esta Marceline?-. Astuto... Usaba la unica cosa (O en este caso, persona), que tenían en común para distraerlo de su reciente conducta tan poco apropiada, de un señor de tan álta sociedad para con un humano. Nótese el sarcasmo.

-No le digas-. Esa voz retumbó en su mente y no le permitió pensar en nada más, incluso sin darse cuenta había bajado la guardia en contra del padre de Marcy y ahora estaba mirandolo como si le hubiera echo algún cumplido, osea, toalmente estupefacto.

-Recuperate de inmediato-. Le dijo la voz autoritaria que esta vez si reocnoció. Era Lu, ¿Como pudo olvidarla?. Se dió cuenta que el padre de Marcy lo miraba extraño, así que se recompuso, se puso serio y lo miro como si no hubiese pasado nada. Por el contrario, ahora aquel señor lo miraba con el ceño fruncido, total signo de desconfianza.

-No te asustes, no puede hacerte daño. Ahora, no le digas donde esta tu amiga y dale una buena excusa para justificar tu deslíz anterior-. Estaba a punto de preguntarle si era totalmente necesario. No tenía justificación, no era que no quisiera hacerlo, pero era pésimo para mentir y también para obedecer ordenes. Pero recordó las palabras de Rox, esas que decían que las criaturas se encariñaban y te ayudaban, esos ignificaba que Lu le decía que hiciera esas cosas para ayudarlo de alguna forma y con eso bastaba, luego le preguntaría porqué lo estaba ayudando, pues como ella misma había dicho, el padre de Marceline no podía hacerle daño.

-¿Porque tendría que saber yo en donde esta Marceline? En todo caso, es usted el que debería saberlo-. Eso era verdad, después de todo era su padre. Él sabía en donde estaba, pero viendolo desde un punto de vista diferente, no tendría que saberlo. Es más, nisiquiera tendría que estar en su casa, ayudandola a pasar unas pruebas para confirmar si ella era alguna clase de super vampiro.

Pero al diablo. Ahí estaba.

Y sonrió para sus adentros al ver la cara de frustación de aquel hombre al saberse vencido.

El siguiente movimiento que hizo fue... Bueno, digamos que supo que el padre de Marcy lo odiaría más y que probablemente se pusiera a gritar de pura frustración una vez que él no pudiera escucharlo.

Porque con todo el descaro del mundo alzó una mano y la colocó en el hombro de aquel confundido hombre, y luego le dio un suave empujón, haciendo que se deslizara a un lado. Y luego se fue, pero hasta él notó que no solo caminó y desapareció de la vista del hombre que parecía querer matarlo con los ojos... No, para hasta su mismísima sorpresa, luego de apartarlo como si fuera un simple objeto que estorbaba, miró al frente con la barbilla en alto, ignorando al ofendido señor Abadeer, y empezó a caminar con una fluida elegancia que no sabía de donde le había salido. Y caminó hacia donde suponía que estaban las cocinas como todo un aristócrata se pasearía por los jardínes de su casa en un lindo día de verano. Y llegó a la cocina...

Y se asustó.

Porque tenía 18 años y no era una perita en dulce. Porque decía groserías y maldecía, pero nunca había sido egoísta ni grosero. Solo con quienes se lo buscaban de verdad, con quienes lo merecían, y puede que el padre de Marcy lo mereciera... pero no entendía. Siempre lo había aguantado, había aguantado su arrogancia y sus sutiles insultos escondidos detrás de las sugerentes fraces. ¿Porque ahora se había dejado llevar? Bueno, esa pregunta no era tan difícil, entre el miedo de ser descubierto y la presión de crear una respuesta audaz que matara dos pájaron de un tiro, simplemente se dejo llevar.

Era la otra pregunta la que lo hacía querer dejar de pensar. Era el miedo de la respuesta. Y es que (siempre y cuando se lo buscaran) cuando se molestaba y era grosero siempre tenía que tomar dos caminos, porque su cerebro le susurraba cosas que no alcanzaba a comprender, porque siempre eran opacadas por los furiosos latidos de su corazón. Y siempre obedecía a su corazón, gritaba como su corazón lo hacía, y desenvainaba su espada dispuesto a pelear y golpear, así como su corazón golpeaba su pecho ante la adrenalina que una nueva pelea suponía.

Pero esta vez no.

Esta vez su cerebro tomó el control. Él tomó el control y dijo las palabras exactas, mientras calculaba todo, todo. Supo las expreciones que el padre de Marceline pondría, y supo que hacer para que se enojara. Y se controló, porque sabía que debía hacerlo, porque sabía que de haber empujado un poco más fuerte se habría desatado una batalla digna de un público selecto. Había calculado la distancia que tendría que tomar, el numero de pisadas que tendría que dar y acertó en todo. Pero los movimientos dignos de la más importante persona en el mundo habían salido solitos, naturales, como si siempre hubieran estado ahí.

Y a su mente volvió la pregunta del millón.

¿Que diablos había pasado? y por supuesto... ¿Quien diablos era aquel que había echo eso? Porque no se reconocía, no se imaginaba actuando así. Y si no hubiera estado plenamente conciente de sus actos, hubiera creído que era un sueño. Porque si... Estaba plenamente conciente de sus actos y eso solo lograba que se sientiera más confundido.

oOo

Okey, lo lamento:c

Espero y no me odien, de verdad, no saben cuanto estuve deseando poder hacer un capitulo largo, pero debido al tiempo que he tenido y al separamiento con mi historia, se me hace más dificil escribir.

Y por si fuera poco, tengo exámenes todas las semanas y ahora se vienen los mensuales y estoy frustrada y... Ustedes comprenderán, espero.

GRACIAS A TODOS LOS REVIEWS*-*

En serio, si no hubiera sido por sus lindos y alentadores reviews, posiblemente me hubiera rendido sin siquiera intentarlo:c

Lamento mucho no poder contestarles, el capitulo iba a ser más largo, pero paré de escribir en ese punto porque es tarde y me parece que tienen mucho que asimilar, con todo eso de un Ceresitas y Dragónes :D No es que sea importante, pero lo remarco porque hasta a mi me pareció bastante tierno, casi rosando lo extremadamente cursi, los apodos que se pusieron++

Creo que es todo, chaito:*

No se olviden de dejar un Review:D