Una nueva etapa

Semana 33: viernes por la mañana

Ya habían pasado casi dos semanas desde los últimos acontecimientos en la discoteca. Y Regina no había tenido noticias de Emma sino por SMS o a través de su tío Marco cuando Regina se había dirigido a la tienda al viernes siguiente.

Ese viernes no se escapaba a la regla. Regina se dirigió a la tienda de flores para comprar una rosa y aprovechó para preguntar noticias sobre la rubia.

«Pienso que estará de vuelta el lunes. ¡Ya no puedo impedirle que venga a trabajar!» dijo divertido el anciano haciendo sonreír a Regina a su vez.

«Es vedad que es bastante testaruda…»

«¡Eso es decir poco!»

Tras intercambiar unas últimas palabras, se dieron un corto abrazo y Regina dejó el sitio deseándole que tuviera un buen día.

Cuando Regina atravesó la puerta de la tienda, Regina sintió una punzada en el corazón, no era igual a cuando Emma no estaba con ella….comenzaba a darse cuenta, la ausencia de Emma la entristecía enormemente, sentía su falta.

Al llegar al cementerio, a pesar de las semanas y los progresos que había podido hacer hasta el presente, Regina sintió su corazón encogerse ante la idea de avanzar hasta la tumba de su difunto marido.

Como cada semana, no dijo nada durante los primeros instantes a no ser un «Buenos días, Daniel…» mientras depositaba su rosa cerca del retrato del añorado, con lágrimas en los ojos.

Se quedó en silencio, su mirada fija en la tumba de su esposo antes de decidirse a hablarle un momento.

Al cabo de media hora, Regina se despidió y dejó el sitio. Mientras recorría el sendero, vio a lo lejos a un hombre que de igual forma se retiraba. Se había dado cuenta de su presencia antes, pero no le había prestado atención. Lo vio abandonar la tumba de la persona que visitaba, la mirada embargada por las lágrimas, así como ella.

En la salida del cementerio, caminaron lado a lado, se lanzaron una pequeña sonrisa educada antes de que el hombre entablara la conversación.

«Imagino que la persona que ha perdido cuenta mucho para usted…» dijo él intrigando a Regina que no pudo esconder su asombro «No es la primera vez que la veo…» dijo con una expresión triste antes de mirar al suelo mientras continuaba caminando.

«En efecto…» terminó por decir Regina «Imagino que es lo mismo en su caso…»

«Sí. Mi mujer…» dijo mirándola de nuevo con expresión de cachorro perdido «¿Y usted?»

«Mi esposo…»

Ambos enarbolaban la misma cara de funeral mientras miraban hacia delante. La situación era siempre delicada. Se sabía la pena que representaba, pero nunca se sabía expresarlo sin arriesgarse a herir a la persona o herirse a sí mismo.

«No quisiera parecer indiscreto, pero…¿hace cuánto tiempo que murió?»

«Va a ser un año dentro de poco»

«El umbral del primer año es el más difícil, créame…pero digamos que después…aunque la herida nunca se cierra totalmente…es más…no sé cómo explicarlo…»

«Veo lo que quiere decir…¿y su mujer?»

«Oh…Marianne nos ha dejado hace dos años…vengo de vez en cuando a su tumba, pero lo hago cada vez menos…»

«¿Ha dicho "nos"?»

«Sí…Tengo un hijo, Roland. Tiene cuatro años…»

«¡Oh, pobre niño! En fin, no quiero insinuar que es infeliz a su lado. Pero una madre no se reemplaza nunca…»

«No hay problema, se lo aseguro…Y además, tiene razón»

La conversación aún parecía extraña, pero por un lado, le hacía bien a Regina hablar de su amor perdido con una persona que desgraciadamente había vivido lo mismo.

«Lo siento, pero no me he presentado, me llamo Robin»

«Y yo Regina»

«Encantado» dijo él estrechando amablemente la mano «Si quiere…todos los miércoles voy a unas reuniones que me ayudan a llevar mi duelo. Es algo parecido a alcohólicos anónimos. Nos vemos y hablamos de lo vivido. Honestamente al comienzo yo era reticente, no me veía hablando con desconocidos sobre mis desgracias…pero después me lancé y me di cuenta de que me venía muy bien…porque podía hablar del dolor que sentía sin ser juzgado, sino más bien comprendido…

«Veo a lo que se refiere….»

«Tome…» dijo él hurgando en su cartera antes de tenderle una pequeña tarjeta «Es en esta dirección. Venga si quiere, por supuesto no es una obligación. Si el corazón se lo dice, la próxima reunión se hará el miércoles a las seis»

«Muy bien, me lo pensaré. Gracias»

«De nada. Que pase un buen día, Regina»

«Usted también, Robin»

Se separaron para dirigirse cada uno a su coche y Regina esperó un momento antes de arrancar. Sentada tras el volante, miraba ese pequeño trozo de papel impreso y se preguntaba si sería una buena idea.

Semana 34: lunes al mediodía

Cuando Regina iba a entrar en la tienda, fue acogida por la sonrisa de una bella rubia que se había apoyado en la puerta de la entrada.

«¡Miren quién está aquí!»

«¡Emma!»

«¡Hola!»

Regina casi le saltó al cuello para estrecharla contra ella y Emma le devolvió el agarre con una sonrisa.

«¡Qué bien volver a verte…!» susurró Regina cerrando los ojos, provocando una nueva sonrisa a la rubia.

«Yo también estoy contenta de verte…»

Se separaron sonriendo antes de dirigirse a dar su paseo habitual e ir a comer algo.

«Entonces, dime…¿cómo te encuentras?» preguntó la morena a su amiga

«Bah, estoy bien…me he recuperado como puedes ver. El sábado me quitaron los puntos y tu cuñado me ha dicho que he tenido suerte, tendré una hermosa, pero discreta cicatriz» explicó enseñándole su mandíbula a la morena, deteniéndose para ello.

«Ah, sí…» dijo Regina mientras observaba la herida ahora ya cerrada «Te ha ido bien…»

«Lo ves…Bueno, ¿y tú? ¿Cómo te encuentras?»

«Bien…te confieso de todas maneras que me he aburrido sin ti…»

«¡No me asombra! ¡Soy un chiste andante!»

Regina rio ligeramente y Emma amaba verla hacerlo. Cada vez que la veía sonreír o reír, Emma se decía que ganaba una batalla. Una batalla más en la curación del corazón de Regina.

Cuando compraron sus almuerzos, pasta para variar, fueron a sentarse en su banco y en ese momento Regina pensó que debía hablarle de sus inquietudes a su amiga.

«Emma…»

«¿Hum?» respondió mientras comía

«He conocido a una persona el viernes en el cementerio y…me habló de un grupo de apoyo»

«¿Apoyo de qué? ¿Para afrontar el duelo?»

«Sí»

«Oh…¿y has ido?»

«Aún no…se reúnen los miércoles solamente, pero estoy dudando de si ir o no»

«¿Por qué?»

«Bueno…no lo sé…aunque sé que esas personas han pasado por lo mismo que yo…no sé…siguen siendo desconocidos igualmente…»

Emma escuchaba atentamente a la morena e hizo una pausa en su comida, dejó su plato de pasta a su lado y se giró hacia la morena, cogió a su vez su comida y la dejó a un lado bajo los ojos asombrados de Regina antes de cogerle las manos.

«Regina, ¿acaso lamentas haberte acercado a mí para aprender a conocerme?» preguntó amablemente Emma

«No, en absoluto» respondió Regina sin una brizna de vacilación «¿Por qué me preguntas eso?» dijo ella lanzando una rápida mirada a sus manos unidas.

«Con ellos es lo mismo. Yo era una desconocida para ti. Y sin embargo, viniste a mí»

«No, no es lo mismo…yo nunca te he hablado realmente de Daniel…»

«Lo sé…pero si hoy te lo pidiera, ¿lo harías?»

«¿Honestamente? No lo sé, Emma…»

«¿Qué te lo impediría?»

«No es un tema del que desee hablarte…si me acerqué a ti fue porque tú no me mirabas como lo hacía todo el mundo…como si yo fuera la persona por la que más había que sentir lástima en la tierra…»

«¿Y tú crees que esas personas te mirarán de esa manera?»

«No…»

«Entonces…esas personas han pasado por el mismo dolor que tú…aunque solo sea para escucharlos…quizás eso también podría ayudarte…»

«Sí, quizás…»

«Atiende a lo que te aconsejo, pero al final serás tú quien decida, al menos inténtalo una vez. Y si no te conviene, muy bien, pero al menos habrás visto de lo que se trata»

«Sí…lo pensaré»

«Bien. Y quizás deberías hablarlo con el Dr. Hooper, él quizás podría darte una opinión mejor que la mía sobre el tema…» propuso Emma con una sonrisa sincera que hizo sonreír a su vez a Regina.

Definitivamente, Regina había hecho bien al hablarle a Emma. Ciertamente era una amiga, una verdadera amiga, que se preocupaba del bienestar de los demás antes de ocuparse del suyo propio.

«Gracias Emma…»

«De nada» respondió ella soltando las manos de la morena para volver a comer.

¿Y sinceramente? Regina ya sentía la ausencia de ese contacto, pero aún ignoraba por qué.

Semana 34: miércoles al mediodía

«Tienes razón Emma, esta tarde voy a ir a la reunión»

«¿De verdad?» preguntó cerrando la tienda, ya que ese día Marco no estaba trabajando con ella.

«Sí. Lo he pensado mucho y creo que no pierdo nada por echar un vistazo a ver cómo es»

«¡Está muy bien! Estoy contenta por ti. ¿Quieres que te acompañe?»

«No, muy amable. Mis hermanas también me lo ha propuesto, pero creo que debo ir sola»

«De acuerdo…estoy orgullosa de ti, Regina. De verdad»

«Gracias»

Regina se sentía bien. Estaba algo ansiosa por ver cómo se desarrollaban las reuniones y el hecho de que sus hermanas y Emma estuvieran completamente con ella significaba mucho. Tenía la verdadera impresión de estar rodeada de gente que se preocupaba por ella, y eso le daba la sensación de ser alguien, de alguna manera, privilegiado.

Semana 34: miércoles por la tarde

Regina llegó a la dirección indicada, se trataba de un salón para fiestas situada al lado de una Iglesia. Vio algunos coches estacionar alrededor de ella, lo que le confirmo que la reunión era allí de verdad.

Salió entonces de su coche y siguió al pequeño grupo de personas que se dirigían al interior de la sala.

Una vez dentro, vio que había sido puesta una pequeña mesa con el café y dulces y que algunas personas se servían mientras charlaban.

«¡Regina!» escuchó, y se giró entonces

«¿Robin, verdad?»

«Sí, eso es. Estoy contento de que haya decidido unirse a nosotros»

«Sí…me he dicho que no perdía nada por venir y echar un vistazo…»

«¡Es verdad! Venga, le voy a responsable al responsable de la reunión»

Él alargó la mano para incitar a la morena a caminar y tras algunos pasos, se detuvo cuando Robin comenzó a hablar.

«¡Pastor! Esta es Regina, la mujer de la que le hablé hace un momento»

«Regina, encantado. Soy el Pastor Brown»

«Igualmente» dijo ella estrechándole la mano sonriéndole amigablemente, sonrisa que él le devolvió

«Robin se ha permitido explicarme un poco su situación. Debe saber que aquí no está obligada a nada. Si quiere tomar la palabra, será un placer, si no, nadie la obligará. ¿De acuerdo?»

«Entendido, gracias»

«De nada. Bien, vamos a sentarnos, podemos comenzar»

Regina dejó al anciano de piel apagada y siguió a Robin que le indicó que podía sentarse donde lo deseara, que se trataba de un grupo libre y abierto, que ninguna presión debía pesarle en los hombros.

Durante la reunión, Regina observó en silencio. Escuchaba atentamente a cada persona que hablaba, su nombre, su edad, lo que hacía en la vida y finalmente, la razón por la que estaba ahí. Muchos estaban ahí para hablar de la pérdida de un cónyuge, otros de sus padres o de sus hermanos y hermanas, y una pareja estaba ahí para hablar de la pérdida de su pequeña hijita de seis años que había fallecido a causa de un accidente de tráfico junto a su madrina.

Al finalizar la reunión, el corazón de todos parecía encogido, y paradójicamente, eso, el haberse desahogado les hacia un gran bien. Aunque hablar de lo sucedido volvía las cosas más reales, les daba también un deseo de avanzar.

«Entonces, Regina, ¿cómo se siente?» preguntó Robin cuando la reunión hubo acabado y la gente comenzaba, poco a poco, a marcharse.

«Ha sido demasiado intenso. Se siente la pena de esas personas y…solo se tiene deseo de alentarlos a avanzar, de desearles lo mejor ya que lo peor lo han conocido ya»

«Es eso…¿y le ha gustado o prefiere dejarlo?»

«Bueno, creo que volveré la semana que viene»

«Entendido. En ese caso, nos vemos el miércoles que viene»

«Sí, hasta la semana próxima»

Se sonrieron educadamente antes de que Regina se retirara y se encaminara hacia su coche y volviera a su casa.

Una vez en casa, recibió un mensaje de Emma que la hizo sonreír como siempre

«¡Hola! Espero que la reunión haya ido bien. Besos»

Y su sonrisa se abrió aún más, y decidió responderle

«Buenas tarde a ti también, sí, ha ido muy bien, te contaré mañana. Besos»

Y casi inmediatamente, recibió una respuesta de la rubia

«¡Perfecto! ¡Hasta mañana!»

Semana 36: miércoles al mediodía

Dos semanas habían pasado, y Regina había ido a las reuniones cada miércoles. Ese día, pensaba volver.

«Entonces, ¿vas a ir hoy también?» preguntó Emma que se estaba comiendo su perrito a dos carrillos, divirtiendo a la morena que tenía la impresión de que Emma no comía desde hacía días.

«Sí. Pero no sé si hablaré…creo que aún no estoy lista»

«Tómate tu tiempo. ¡Pero está muy bien que quieras seguir volviendo, es algo bueno!»

«Sí…Y por cierto, tú…¿lista para pasar la semana con Neal?»

«¡Sí, señora!»

«¿Se queda hasta el domingo, no?»

«¡Sí! Me va a venir muy bien volver a verlo»

«No lo dudo…y entonces…no vas a trabajar lo que queda se semana, ¿verdad?»

«No, me cojo mis vacaciones…no tenemos ocasión de vernos muy a menudo, así que…Pero mañana estará aquí a mediodía antes de ir a buscarlo a la estación»

«Has hecho bien. ¿Qué has previsto hacer con él?»

«Oh, pues no lo sé…estoy pensando en viajar con él…»

«¿Viajar? ¿A dónde?»

«Bueno, él siempre ha soñado con ir a Nueva York…así que he pensado que podríamos salir el viernes por la mañana, pasar una noche allí y volver el sábado por la tarde…»

«¡Es una excelente idea!»

«¿Lo crees?»

«¡Si, por supuesto! Estoy segura de que le va a encantar»

«¡Gracias…bueno, entonces haré eso!»

«Me lo contarás todo»

«¡Prometido! ¿Nos vemos esta tarde en tu casa para hablar de la reunión?»

«Sí, pero no vengas antes de las ocho»

«Ok, ¿paso por un chino antes de ir?»

«¡Sí, sueño con un buen salteado de pollo!»

«Ok, ¡te llevaré eso sin falta!»

Semana 36: miércoles por la tarde

Por tercera vez, Regina se dirigió a la reunión. Había escuchado atentamente, como cada día, después cuando un hombre hubo acabado de contar la pérdida de su hermano gemelo y se hubo sentado, el Pastor Brown tomó la palabra.

«Bien…Gracias por compartir con nosotros, Juan. ¿Algún otro?» Y en ese momento Regina se armó de todo su valor y alzó la mano «Sí, Regina, te escuchamos»

La morena inspiró profundamente y se puso de pie antes de recorrer rápidamente con la mirada a todas las personas que la miraban.

«Buenas tardes, soy Regina»

«Buenas tarde, Regina» dijeron en coro lo que le provocó una extraña sensación, pero no le prestó atención.

«Tengo 34 años, poseo una empresa junto con mi hermana y desde hace un año…soy viuda»

Lo ha dicho en voz alta, Regina acabada de hacerlo por primera vez. Le provocó un ligero mareo, pero se repuso y continuó

«Daniel, mi esposo, era un hombre maravilloso» dijo ella con una melancólica sonrisa que hizo sonreír a las otras personas igualmente «él…él era un marido cariñoso. Se anticipaba al menor de mis deseos…un desayuno en la cama, un baño caliente después de un largo día de trabajo…me llevaba regularmente un ramo de rosas al despacho…era divertido, amable…todo el mundo lo quería. Era el hombre de mi vida. Era él con quien me veía haciendo mi vida desde que tenía 17 años…me veía casándome con él, fundando una familia…y daría todo lo que tengo por volver a ver su sonrisa aunque solo sea una vez más…lo echo de menos, es verdad…pero hoy estoy feliz de poder contar con mi familia, mis amigos…» dijo ella pensando en Emma y en ella solamente, haciéndola sonreír «ellos son los que me mantiene en pie. Ya no estaría aquí sin ellos. Pero a partir de ahora voy a poder vivir por mí, porque siento la necesidad…quiero poder vivir de nuevo, sencillamente. Y pienso que…poco a poco…lo lograré»

Se sentó y las personas que se encontraban a su alrededor se pusieron a aplaudir suavemente para animarla, ya que era la primera vez que tomaba la palabra y mientras Regina sonreía, sintió cómo un peso se elevaba de sus hombros.

«Gracias Regina por haberlo compartido con nosotros. Eso será todo por esta tarde, amigos, hasta la semana que viene. Vayan con Dios»

Se levantaron y Regina los imitó. Miró la hora en su reloj y vio que eran las siete y media. Le llevaba diez minutos volver a casa, así que podía permitirse tomar un café antes.

«Y bien Regina…puede estar orgullosa de usted»

«Ah, Robin…gracias» dijo ella una vez que se hubo girado hacia él, con una taza en sus manos mientras el hombre se servía una a su vez.

«La he encontrado muy valiente, de verdad»

«Gracias…confieso que…no sé aún cómo lo he logrado…»

«La esperanza Regina. La esperanza de un día mejor. Es lo que nos hace avanzar a todos los que estamos aquí…»

«En efecto, eso parece…»

«Me preguntaba…¿le apetecería que fuéramos a tomar un copa los dos? Con toda la buena intención, por supuesto…»

«Sí, ¿por qué no?»

«¿De verdad? Super, ¿le doy mi tarjeta y nos mantenemos en contacto? Tengo que llegar a casa a arropar a mi hijo»

«De acuerdo»

Él le dio su tarjeta y Regina le dio las gracias. Él se marchó y Regina hizo lo mismo.

Llegó a su casa a las 19:55, estacionó su coche y cuando llegó a la puerta de entrada vio a Emma llegar a su vez.

«¡Hey!» dijo la rubia sonriendo

«Hola…» respondió, divertida, la morena, esperando que su amiga llegara hasta ella para entrar.

Más tarde, cuando acababan de terminar de cenar, fueron a descansar en el salón de la morena, con una copa de vino en la mano, sentadas en grandes cojines frente al fuego de la chimenea.

Regina le había contado a Emma su tarde y esta se había alegrado de sus progresos.

«Me gusta verte sonreír. Es un placer» dijo Emma observando tiernamente a la morena, lo que la hizo enrojecerse, pero ella no estaba segura a causa de la poca luz de la sala.

«Sin embargo, no he vuelto a sonreír de nuevo desde que voy a las reuniones…sino más bien desde que te conocí….» soltó Regina desviando la mirada hacia la chimenea para esquivar los ojos de la rubia, pues ella había dejado escapar esas palabras sin poder controlarlas.

«Ah…¿ah sí?» dijo Emma riendo provocando una nueva sonrisa en el rostro de la morena.

«Sí…parece que tu sentido del humor totalmente pueril me ha vencido…»

«¡Dices eso, pero sé que hoy en día no puedes pasar de él! ¡Confiesa!»

«¡De acuerdo, de acuerdo! ¡Me riendo!»

«¡Ajá!»

Se echaron a reír de nuevo antes de que cada una se llevara la copa a los labios y desviaran sus miradas hacia el crepitar del fuego en la madera.

«Hace una semana hizo el año…»

«Lo sé…» dijo simplemente Emma, posando una mano en la de su amiga que no desviaba los ojos de ellas.

«Creo que estoy preparada para pasar a otra cosa» dijo Regina, sin apartar los ojos de sus manos unidas.

«¿Quieres decir conocer a alguien?» dijo Emma con voz prudente

«Sí…en fin…pasar página…» dijo ella desviando la mirada y Emma tuvo miedo de comprender, así que retiró su mano, lo que captó de nuevo la mirada de Regina sobre ella.

¿Acaso Regina podía estar haciendo alusión a ella? Emma se hacía la pregunta, y por una razón desconocida, Regina también. ¿Acaso el vino hacía que su cabeza diera vueltas? En todo caso lo que ella quería era acercarse a Emma, y seguía ignorando por qué.

Regina bebió un nuevo sorbo, de hecho casi media copa, para reunir el valor e iba a tomar la palabra cuando Emma se le adelantó

«¿Ya has conocido a alguien?» preguntó la rubia intentando esconder lo mejor que podía la sonrisa que quería aparecer en sus labios.

«De hecho sí…» respondió Regina clavando su mirada en la de la rubia, y esta habría jurado que los ojos de Regina estaban más oscuros que de costumbre.

«Ah sí…» dijo Emma comenzando a acercarse muy lentamente para no asustar a Regina, pues estaba segura de que esta iba a confesarle unos sentimientos que no hubiera creído posibles un día «¿Y quién es la persona afortunada…?»

«Robin. Se llama Robin» respondió Regina y esa respuesta frenó en seco a Emma en su avance.


A ver, era lógico que apareciera Robin para que Regina se cuestionara de verdad sus sentimientos. Ya veremos qué pasa, no se coman las uñas.