Hola. Felices fiestas. No pude actualizar por ese motivo asi que subiré 3 caps. Bss.

Capítulo 10

- Ya está hecho – renegaba McGonagall cruzándose de brazos.

- ¿Segura? – La dama miró a Dumbledore retadora, elevando una ceja

- ¿Crees que no distinguiría cuando una pareja acaba de hacer el amor?

- Minerva, sabes a lo que me refiero. ¿Pudiste sentirlo?

- peor, pudo verlo – decía la dama sonrojándose – La verdad fue hermoso – y se levantó de hombros – aún sigo siendo una romántica idealista. – Albus sonrió - ¡Pero eso no quita que hemos cometido un error!

- Minerva, no puedo discutir contigo al respecto, porque en cierto sentido tienes razón.

- ¡¿En cierto sentido?! Hay una probabilidad que ellos pierdan sus habilidades al tener relaciones. – Se quejó la dama.

- Pretendías seguir impidiéndoles que se demostraran su amor.

- El mundo mágico está en juego, el elegido está bajo su protección y tú permites que todo se eche por la borda por un acto de amor.

- No hay una seguridad acerca de que el entregarse físicamente pudiera deteriorar sus poderes, puede ser lo contrario.

- Los escritos son claros al respecto, hemos leído que algunos poderes desaparecían al entregarse el protector al deseo carnal.

- pero los escritos nunca refieren a que dos protectores se entreguen mutuamente – Rebatía el director.

- igualmente fue un riesgo imprudente e innecesario. ¡Sólo tienen diecisiete años! Son jóvenes, podrían haber esperado.

- ¿Tú pudiste? – pregunto irreverente Dumbledore.

- ¡Albus! – Gritó Minerva – Yo no era la protectora. – Y se marchó de la dirección dejando al director con una sonrisa en sus labios.

Pero luego se puso serio, aunque no iba a ceder frente a Minerva, sabía que tenía razón, arriesgarse a perder a los protectores era tan alocado como permitir que Harry fuese solo a batirse a duelo contra Voldemort.

Continuó leyendo los escritos que habían encontrado, ya los hechos venideros le harían ver si estaba equivocado o no.

En la madriguera todo había regresado a la normalidad, Hermione estaba en el baño tomando la poción para evitar quedar embarazada, sin saber que Ron había utilizado un hechizo para el mismo fin.

Cuando terminó de beber el líquido dibujó una mueca de disgusto, en ese preciso momento Molly ingresó sin golpear al sanitario.

- ¡Oh! Lo siento Herm… - Entonces reparó en la pequeña botella que ella sostenía en sus manos y que inútilmente intentó esconder – ione. – Concluyó y cerró la puerta quedando apoyada en la misma.

¿Qué debía hacer? ¿Comportarse como si nada hubiese visto? ¿Hablar con ellos? Por lo menos habían sabido tomar precauciones. ¡Pero en qué estaba pensando! ¡Debería estar enojada, ofendida! Y sin embargo se alegraba, en cierta ilógica forma de saber que había sucedido.

Bajó a toda velocidad la escalera.

- ¡Ginny! – La pelirroja se asomó desde la cocina.

- ¿Si mamá?

-Ya regreso, por favor, ocúpate junto a Hermione del almuerzo. No demoro demasiado – Y desapareció dentro de una llamarada verde.

Apareció en la oficina de Dumbledore.

- ¡Lo hicieron! – Anunció con la respiración agitada.

- Lo sé Molly – Respondió serenamente Albus.

- ¿Y ahora? – Sonaba ansiosa.

- Hay que esperar, pero ya que has venido se me ocurre una idea. – Y sin más le planteó su propuesta.

Ginny y Hermione preparaban la comida, la verdad que era todo un desafío, más para la castaña que no estaba acostumbrada a cocinar para más de tres personas, pero Ginny la asesoraba y por supuesto salieron del paso airosamente.

Cuando Molly regresó los muchachos estaban colocando la mesa y fijó su mirada en Ron. Estaba igual. ¿Qué esperaba? ¿Qué estuviera más alto, más ancho, más hombre? Su hijo había crecido hacia un tiempo y estar íntimamente con Hermione no iba a cambiarlo.

Pero cuando ambos se acercaron pudo notar un brillo particular en sus ojos y sonrisas cómplices que acompañaban a ese particular fulgor.

- ¡Muy buen trabajo! – Los felicitó cuando se sentó en la mesa estando todo servido – Me parece que ya no deberé cocinar yo todos los días.

- Sería bueno que descansaras un poco más, ahora que nosotras estamos… - Comenzó a decir Hermione pero Ginny, detrás de Molly negaba con la cabeza en señal desesperada, entonces la castaña detuvo su discurso acabándolo abruptamente – gracias Molly.

La dama sonrió, por supuesto que nunca delegaría más tareas que las necesarias a sus hijos, pero al menos estaba segura que si ella faltara podrían arreglárselas solos.

Pronto llegaron los gemelos, Charly y más tarde Percy.

- ¿Tu padre? – Preguntaba preocupada la dama.

- Aquí estoy – Contestaba Arthur entrando por la puerta de entrada. Todos los miraban sorprendidos. – El ministerio me ha ofrecido un nuevo auto.

Todos gritaron y saltaron de la alegría, nuevamente tenían un trasporte para manejarse por el pueblo y de esa manera no llamar demasiado la atención.

- ¿Nos enseñaras a conducir? – preguntaba Ron ansioso.

- Por supuesto, a los cuatro. – Declaraba el hombre feliz - ¿Si es que las chicas quieren?

- ¡Claro! – Contestaron ambas al unísono, y Arthur le guiñó el ojo a Molly, el plan funcionaba.

- Por suerte ya comenzó mi descanso de fin de año, así que mañana mismo podremos comenzar con las lecciones. Pero deberemos hacerlo por tandas, primero Ron y Hermione y luego Harry y Ginny.

- ¿Por qué Ron siempre primero? – Se quejó infantilmente la pelirroja.

- Te cedo nuestro lugar Ginny, así podremos manejar al atardecer– Miró a Hermione – Será más divertido. - Agregó aunque lo que realmente pensó era que iba a ser más romántico.

Todos estaban felices, al día siguiente se levantaron temprano y Ginny no dejaba de preguntarle a su padre cuando comenzarían las lecciones.

Arthur, ya cansado del constante acoso de su hija menor, se levantó e invitó a Molly a unirse al pequeño grupo.

Eso les dio otra oportunidad a Ron y Hermione de estar solos por un tiempo, que aprovecharon oportunamente recostados en el sillón de la sala.

- Creo que me haré adicta a ti – Decía Hermione cuando pudo desprenderse del posesivo abrazo y ferviente beso del pelirrojo.

- ¿Aún no lo eres? Yo ya lo soy de ti. – Y se recostó sobre ella.

-¡Ron! Nos pueden descubrir, una cosa es que tu madre suponga que tuvimos relaciones y otra que nos encuentren en pleno acto.

- Creí que te había gustado el acto – Se burlaba él besándole el cuello.

- No, no me gustó – Él elevó el rostro para mirarla sorprendido – Me encantó Ronald.

- ¡Vamos a mi cuarto! – Se irguió tirando de ella

- ¡No sabemos cuanto tardarán!

- Has dicho el nombre clave y en esta oportunidad, he hablado yo con Harry – Elevó ambas cejas sonriendo pícaramente.

- Entonces ¿Qué esperamos? – Y antes que él pudiera reaccionar lo abrazó desequilibrándolo y besándolo apasionadamente.

Él comenzó a reír, la alzó como a una bolsa colocando su vientre sobre uno de sus hombros, sosteniéndola de las piernas.

- ¡Rápido! – Y comenzó a correr a su habitación.

- ¡Ron! – Se reía Hermione sosteniéndose con los brazos de su espalda para no caer. El pelirrojo mordió su glúteo por encima del pantalón de jean. - ¡Auch! Eso dolió – Pero ella no paraba de reír.

Al entrar en su cuarto ella notó que ya estaba arreglado

- Tenía todo fríamente calculado – Bromeó él y la abrazó acariciándola apasionadamente.

- No hay nada de frío en esto – Contestaba ella perdiéndose en esas sensaciones que la enloquecían.

- Entiendo que estamos en invierno, pero esta ropa me es molesta – declaró Ron y con un simple movimiento de varita trasformó el suéter, jean y demás prendas en un corto solero de finas tiras estampado de claros colores.

- Esto es muy injusto – Declaraba ella mirándolo y tomó su varita dejándolo desnudo completamente. Él se sorprendió.

- No se vale, yo al menos no te desnudé.

- ¿Seguro? – Le decía la castaña y tomó la mano de él llevándola entre sus piernas haciéndole ver que estaba sin ropa interior debajo del fino vestido. Ron tragó saliva, y se mordió el labio inferior.

Hermione no le dio tiempo a reaccionar, lo giró tomándolo de los hombros dejándolo de espaldas a la cama y empujó de él arrojándolo sobre la misma. Y sin más subió a horcajadas sobre Ron.

- Espera, te puedes lasti… ¡Oh! – lanzó un jadeo al sentir como su virilidad que ya estaba totalmente despierta penetraba en el interior de su amada, ella imitó sus gemidos y comenzó a moverse lentamente sobre él.

Hermione sentían como la fricción era mucho mayor al día anterior debido a que en esa oportunidad ella estaba lubricada debido a las caricias previas y aún a pesar de ser la primera vez apenas notó la invasión; debía reconocer que Ron fue extremadamente gentil y generoso con ella, y había disfrutado como nunca, pero intuía que si bien la experiencia había sido satisfactoria para él esta lo era más, y los gemidos que salían de su boca se lo corroboraban.

Ron estaba extasiado, sentía el calor abrasador envolver su masculinidad y la posición permitía que él entrara más plenamente en ella; lo de ayer había sido sublime, de seguro la experiencia más gratificante que jamás hubo sentido, pero esto era aún más intenso, el día anterior el intentó ser delicado, incluso trató de no penetrarla totalmente para no lastimarla, aunque en cierto punto perdió el control y por un instante sólo pudo disfrutar de las sensaciones que lo invadía, pero hoy era ella la que llevaba el control, ella lo poseía, y él se entregaba a ese sentimiento que lo enloquecía.

Abrió los ojos para notar los de ella, fijos en él, las pupilas dilatadas y brillosas, sonriente y triunfante, como disfrutando del placer que le estaba brindando, porque su primera vez fue extraordinaria pero ahora lo era aún más.

Era más intenso, más físico, más corporal.

Sintió que se mareaba, que la sangre ya no fluía en su cerebro sino que se concentraba en aquella parte que ahora tomaba control de sus emociones y llevando las manos a la cadera femenina comenzó a moverlas con mayor velocidad.

Hermione podía sentir como la excitación de Ron estaba por llegar a su punto más álgido, no solo su mente lo deducía su cuerpo lo notaba, se sentía plenamente llena, completamente colmada y enteramente feliz.

Sus manos que hasta ese momento se apoyaban en su pecho subió a los hombros para poder ayudar en ese frenético movimiento, podía ver como Ron subía su pelvis provocando aún mayor penetración y estaba por experimentar la misma explosión que ya conocía, pero fue él quien estalló dentro de ella, pudo sentir su esencia invadirla cual lava ardiente.

- ¡Hermione! – jadeó Ron aún manteniendo el movimiento y ella sin darse cuenta clavó sus uñas en los hombros masculinos experimentando un orgasmo aún más pleno de los que había vivido el día anterior.

Dejó caer su cuerpo sobre el de él, estaba agitada, sudorosa pero sobre todo feliz. Elevó su rostro hasta dejarlo a la altura del de él y se miraron sin decir nada.

Ambos comprendían que estaban ingresando a un nuevo mundo repleto de sensaciones nuevas y satisfactorias, que lo de ayer era apenas la punta de un inmenso iceberg y sin mediar sonido alguno, ambos, tácitamente, se decidieron, a explorarlo intensamente. Fue Ron quien rompió el silencio.

- esto fue mucho más impetuoso – declaraba aún sin poder regular su respiración – creo que aún nos queda mucho más por experimentar. – Ella sonrió.

- veo que no necesitarás de mucho para lograr la legeremancia, ya lees mi mente sin dominarla – Y ambos rieron al darse cuenta que coincidían sus pensamientos.- Lo de ayer fue fantástico, pero lo de hoy espectacular.

- Y será aún mejor – auguraba él - ¿Me dices de dónde salió ese salvajismo? – Le indicó mirando sus hombros rasguñados

- Lo siento…

- No te atrevas, lastímame todo lo que quieras, siempre y cuando me ames. – Hermione se ruborizó. - Además mira - Le indicó Ron haciendo que ella eleve la mirada y la fije en los hombros rasguñados, las heridas comenzaban a sanarse y al poco tiempo desaparecieron.

- ¿Todas las marcas desaparecen?

- Algunas no, muchas hechas con magia se mantienen, pero en menor medida. - Pero luego quedó mudo al notar que a Hermione no le interesaban realmente los detalles técnicos de las características de su capacidad regenerativa, más bien estaba experimentando con ellas y en ese momento se encontraba besando su cuello y luego comenzó a apretar los labios fuertemente en él hasta lograr que gritara de dolor pero a la vez sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo.

Hermione se incorporó, su mirada era entre inocente y pervertida y luego mordió su labio inferior al ver como la sensual herida desaparecía.

- ¡merlín! - Decía - Eres maravilloso.

- No sólo yo - Respondía el pelirrojo virando y quedando sobre ella, comenzó a besar su cuello y ella reía pensando en la marca que le iba a imprimir, pero sin embargo el continuó bajando sus labios a sus senos y luego a lamer sus pezones que ya estaban duros como rocas debido a la excitación y cuando ella estaba totalmente distraida se aferró con sus labios al monte de uno de sus pechos.

- ¡Ron! - jadeo Hermione sintiendo un impresionante placer recorrer su cuerpo. Pero luego gritó cuando la presión se hizo más intensa sin dejar sin embargo de sentir esa placentera sensación.

Él la miró, con sus ojos oscuros por el deseo y entre ambos observaron como la marca desaparecía.

- No por ello nos debemos convertir en masoquistas - reía la castaña acariciando su busto - La verdad es que duele.

- Lo siento - respondía Ron besando y acariciando la zona suavemente - No lo haré más.

- ¡Por favor! Como un sabio dijo alguna vez lastímame todo lo que quieras, siempre y cuando me ames - Y ambos se echaron a reir.

Volvieron a hacer el amor, apasionadamente, descubriendo que había mucho por descubrir en ese nuevo mundo maravilloso en el que se hallaban inmersos.

Ron acariciaba la espalda de ella y ella su pecho, ambos se miraban y parecía que no debían hablarse esa postura se les hacía muy cómoda.

- Podría estar así toda la vida.

- Igual yo. - Respondía Ron sonriendo.

– Pero debemos levantarnos, vamos abajo, pueden venir en cualquier momento. – declaró la castaña desprendiendo la unión.

Él la imitó y con un movimiento de varita ella volvió a estar vestida. Pero cuando Hermione intentó vestirlo no lo logró. Trató varias veces de aparecer la ropa de Ron pero parecía no pasar nada. Se desesperó, y comenzó a ponerse nerviosa.

- Tranquilízate, de seguro aún estás exaltada.

- ¿Seguro? ¿Y por qué tu no?

- Yo domino esto desde hace mucho tiempo, tú apenas comienzas. Ni siquiera hemos tenido reales clases de tus aptitudes, las estás realizando sin preparación alguna.

- Puede ser – Decía no muy segura la castaña.– Lo intentaré nuevamente – declaró y al hacerlo el pelirrojo apareció vestido tal cual lo estaba anteriormente.

- ¿Lo has notado? No debías preocuparte. Yo sé muy bien lo que sucedió – Hermione lo miró interrogante esperando la explicación – Te fascina tanto mi cuerpo que no quieres verme más vestido y querías apreciar mi perfecta desnudez. – Bromeó.

- Definitivamente diste en el punto exacto – Continuó con la broma la chica.

- tal vez sea yo el que la próxima vez te mantenga desnuda ante mis ojos, eres perfecta.

- Mentira, mi cabello es abultado, mis senos pequeños, mi contorno no es precisamente como les gusta a los muchachos. – Ron la miraba anonadado, como si estuviese describiendo a otra persona totalmente ajena a ella misma.

- ¿estás ciega? ¿Acaso no te miras nunca al espejo? – Y sin más la tomó de los hombros, girándola, y dejándola de espaldas contra su pecho y frente al espejo de su cómoda - ¡Mírate! Eres hermosa, tu cuerpo es magnífico, tus curvas maravillosas, tus senos ¡Ufffffff! – resopló – Eres perfecta.

Hermione no pudo evitar sonrojarse ella no veía ninguna de esas virtudes que Ron le refería.

- Tú lo dices porque no quieres que me sienta mal ante tu perfección.

- ¿Yo perfecto? – Ron negaba con la cabeza – Estoy lleno de pecas, mi cabello es de un naranja rabioso, camino encorvado, soy un poco chueco y de seguro mi masculinidad…

- ¡Cállate! – Lo interrumpió la castaña – Tu capacidad sexual y tu potencia no está en cuestión aquí, ni tampoco ninguno de los defectos que acabas de nombrar, eres gallardo al caminar, tu cabello es de un color envidiado por muchos, ojalá nuestros hijos lo hereden, tus pecas son sensuales, me perdería un día entero intentando contarlas, eres perfecto.

Ambos se abrasaron, por supuesto que ninguno observaba en el otro los defectos, porque ante los ojos del amor no existían, eran pequeños e insignificantes, para notarlos.

Bajaron y mientras ella leía un libro él se recostó sobre sus piernas mirando el techo.

-¿En que piensas?

- En nada – pero Ron estaba preocupado por la imposibilidad de Hermione de deshacer su hechizo, luego sacó esas ideas de su mente - ¿Cocinamos algo para cuando regresen?

- Me parece una fantástica idea.

Cuando los demás llegaron los encontraron en la cocina riendo y jugando, mientras la comida se terminaba de preparar, la mesa ya estaba lista y ellos se besaban en la cocina, mientras que jugaban a darse de comer en la boca unos bocadillos que había preparado.

Arthur carraspeó y ambos se separaron sonrojándose.

- ¿Prepararon el almuerzo?

- Si – Sonreía Hermione – No sabía que Ron fuera tan buen cocinero

- Tú también lo eres – respondía él al halago. Arthur y Molly se miraron sonrientes, les recordaban tanto a ellos.

- Bueno, luego de almorzar les enseñaré a ustedes.

- ¡Pero ni sueñen que yo iré! – Gritaba Molly – casi muero de un infarto cuando Ginny tomó el volante. – y sentándose en la mesa comenzaron a relatarle como cada uno de sus amigos aprendió a manejar, riendo de los momentos graciosos que exasperaban a Ginny y enrojecían a Harry.

Por la tarde llegó su turno, ambos estaban emocionados, ya que el aprender a manejar un automóvil les daba una sensación de libertad extra. Y además toda la expectativa de que era un carro mágico.

El primero en probar fue Ron, lo hizo bastante bien por ser la primera vez, siguió los pasos de su padre con precisión y se lució al momento de ponerlo a volar.

Hermione aprendió aún mejor y más rápido que Ron pero cuando el coche se elevó le costó un poco más, de repente unas escobas pasaron surcando el cielo a escasos centímetros de ellos y sin darse cuenta viró bruscamente el volante, haciendo que Ron que se hallaba observando quienes había cometido tamaña falta de precaución cayera del coche.

- ¡Ron! – gritó ella soltando el volante el cual tomó Arthur.

- ¡Ayúdalo Hermione! – decía el padre del chico que se hallaba colgando, sosteniéndose del picaporte que comenzaba a ceder por el peso.

- ¡Aguanta Ron! – Gritaba ella yendo hacia la parte trasera. Él intentaba sostenerse pero lamentablemente no encontraba ningún punto de apoyo.

- ¡No soporto más!

- ¡Usa tu magia! – Le gritaba Arthur y en ese instante Ron cayó al vacío

- ¡ROOOOOOON! – Gritó Hermione y sin darse cuenta su perdió su varita– ¡No encuentro mi varita! ¡Merlín! - Exclamó viendo como el cuerpo del pelirrojo caía y sin dudarlo se lanzó tras él.

- ¿Qué haces? – Gritaba Arthur que aún intentaba controlar al auto que no se dejaba manejar.

Hermione no sabía que estaba haciendo, pero algo dentro de ella la impulsó a saltar y colocando su cuerpo de forma fusiforme llegó hasta Ron. Él la observaba bajar hacia su dirección y al tenerla a su alcance estiró los brazos.

Cuando ambos estuvieron juntos se abrasaron cerrando los ojos esperando lo peor.

Pero sin embargo sintieron una fuerza que los impulsaba y al abrirlos notaron que se elevaban del suelo.

-¿Estamos volando? – Preguntaba sin entender Hermione.

- Aparentemente – Declaraba el pelirrojo maravillado. – Bajemos – y le indicó el lago cercano a la madriguera. Cuando pisaron tierra de forma un poco inestable, volvieron a abrasarse - ¿estas loca? ¿Cómo te arrojas al vacío de esa manera?

- No lo sé, fue un impulso.

- evidentemente no te equivocaste. ¡Podemos volar! – Reía y se separó de ella intentando elevarse, pero le era imposible. – Inténtalo tú – le sugirió a Hermione y por más que la chica se concentró en hacerlo le fue imposible.

Divisaron el automóvil estacionar en la madriguera y a Arthur correr a su encuentro.

- ¿Se encuentran bien? – Ambos asintieron y el hombre recuperó los colores en el rostro - ¡Eso fue fantástico! ¿Cómo lo hicieron?

- No sabemos, estamos intentando volar nuevamente pero no podemos.

Arthur los abrazó

- ¡temí que te perdía hijo! ¡Y luego tú! ¡Insensata! – Ellos correspondieron el abrazo, sus manos se tocaron y sin darse cuenta comenzaron a elevarse. Arthur notó que no sentía el piso bajo sus pies y miró hacia abajo. - ¡Miren! – exclamó y los chicos se soltaron cayendo todos al piso. Por suerte la altura no era muy grande y ninguno se lastimó, es más se largaron a reír.

Hermione quedó pensativa y luego le ordenó a Ron.

- dame la mano – el pelirrojo obedeció – ahora piensa en elevarte – así lo hizo y ambos comenzaron a flotar cuando lograron una altura de un par de metros ella ordenó nuevamente - ¡suéltame! – y al hacerlo ambos cayeron al piso.

- Es una habilidad en pareja. – dedujo Arthur – Sólo la puede hacer si están juntos. Raro. ¿No? – Pero él sabía el porque de esa habilidad, de hecho los chicos también pero ninguno acotó nada más. – Vamos a casa, tu madre estará preocupada.

Ninguno hizo un comentario, solo relataron los sucesos hasta el accidente, ni Harry ni Ginny podían sospechar de sus habilidades.

Al atardecer fueron a dar un paseo los cuatro y cuando los otros dos se adelantaron, ella preguntó

- ¿Crees que haya sido el haber tenido relaciones?

- Lo más probable, esta habilidad nunca la había visto en ningún mago.

- ¿Qué significa? – Pero el pelirrojo no supo que responder.

Diferente era la situación en la dirección de Hogwarts.

- Los poderes se potenciaron al estar juntos, es mejor de lo que suponíamos – Declaraba Dumbledore ufano – Nuevamente mi intuición no falló. – aclaró mirando a Minerva.

- Significa…

- Que estamos haciendo historia, nunca se conoció los poderes que pudieran surgir de dos protectores.

- estamos más ciegos que antes.

- pero más seguros, ahora sabemos que sus poderes serán aún más grandes. Estoy muy tranquilo por la seguridad de Harry, y totalmente confiado que derrotaremos a Vold… - Todos los presentes carraspearon – A quien ustedes saben – aclaró respetando la ideología de los presentes.

Ya de regreso a sus casas y antes de acostarse Molly abrasó a Arthur.

- No sé hasta donde puedo confiarme de la seguridad de Dumbledore. Ellos son unos niños.

- No debes preocuparte por ello, son buenos chicos, sabrán hacer lo correcto. – Ambos sintieron un ruido en el pasillo. Aguardaron unos segundos y salieron para ver a una pareja que desaparecía por las escaleras en dirección a la sala.

Bajaron con sus varitas en mano, temiendo que sea un ataque mortífago, y que los sistemas de protección hubieses fallado, pero al poder observar la sala desde las escalinatas, pudieron ver a Hermione y Ron, recostados sobre la alfombra frente de la chimenea. El fuego reflejaba sus cuerpos y se notaba lo que estaban a punto de hacer.

Arthur tomó a Molly de los hombros y la obligó a ir hacia a tras, cuando entraron en la habitación estaban sorprendidos.

- No sé si debemos permitir que eso continúe. – Declaró seriamente Molly – Y no voy a admitir la excusa de que tal vez teniendo relaciones más poderes surjan. – frenó a Arthur de contestar - ¡nadie sabe lo que puede pasar¡ ¡excepto que si continúan de esa manera será abuela antes de tiempo!

- ¿Antes de tiempo?

- Por parte de Ron, espero ser abuela de un hijo de Bill, no de Ron. – Declaró aún molesta regresando a la cama.

En la sala dos cuerpos se entregaban al placer, experimentando toda una marejada de nuevas y ya conocidas sensaciones.