Hacía mil AOS que no publicaba, lo siento, pero soy madre de una bebé hermosa de año y medio y apenas me deja tiempo para nada. Sí, sé que son excusas, pero de todos modos volví para terminarlas.
Grcias de antemano por esperar.
No os olvidéisde dejar rewiews. Besos.
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CAPÍTULO 10:
El sol entraba a raudales por la ventana cuando Ronald Weasley despertó. Estaba completamente aturdido, y los rayos de luz sobre su rostro apenas ayudaban a espabilarle, sino mas bien lo contrario: tenerlo sumido más aún en un sopor en el que se veía caer hasta la oscuridad.
Durante estos últimos meses, apenas podía dormir una noche con tranquilidad, ya que el embarazo de Hermione estaba dando más complicaciones de las que se esperaban en un primer momento. De hecho, a día de hoy ni siquiera sabían con seguridad si se trataba de un niño o una princesita. Ron esperaba lo segundo, aunque a su esposa le resultaba indiferente el sexo del bebé.
De todos modos, auguró, fuese lo que fuese iba a quererlo - ¿o a quererla? - como si la vida dependiera de ello. Y es que dependía, en cierto modo.
Nunca en sus años de existencia pudo creer que un ser que apenas había nacido cambiara sus expectativas de futuro de forma tan radical, incluso Hermione quedó asombrada por el cambio: Llegaba temprano de los entrenamientos, no salía al extranjero al menos que fuera necesario, y pedía días libres continuamente para acompañar a su esposa al ginecólogo o las ecografías - Morrison estaba atacado de los nervio por esta actitud- , con la esperanza puestas en que todo marchara bien y no tuvieran un susto de última hora.
Incluso le había comprado ya una cuna hermosa, blanca de madera, con una pequeña flor de lis grabada en el cabecero de la cama. También le habían colocado en el dormitorio un estandarte de su equipo favorito: Los Chuddley Cannons, en el que él jugaba desde hacía varias temporadas.
- Vendrá a verme a los entrenamientos.
- ¿Y si no le gusta el Quidditch? - preguntaba Hermione, entre divertida y molesta, pero Ron se encogía de hombros, indiferente.
- Tú odias el quidditch… y sin embargo, aunque no te guste te quiero igual ¿cierto?
Pero Ron no podía dejar de imaginar una y mil formas de estar con su hijo. Pensativo, observaba la habitación, pintada en tonos amarillos y decorada con fotos de su familia y esa pequeña "cosita" que pronto nacería: La foto de la boda, el día que se graduaron en Hogwarts, su primera ecografía, la panza de Hermione avanzando mes a mes (el pelirrojo era muy estricto, todos los día 23 de cada mes le hacía esa foto a Hermione, y aunque ella se quejaba, también estaba dispuesta a hacérsela las veces que hacía falta), incluso cuando fue a comprar una escoba infantil, que seguramente no podría utilizar hasta que echara a andar.
- ¿Pero no ves que no puede montar en escoba aún?¡Ni siquiera ha nacido! - Le reprochaba Hermione, mientras el pelirrojo pagaba el dichoso capricho.
- No importa, esperaré a que salga- se arrodillaba frente a su esposa, tocando la abultada panza con dulzura para besarla, todos los congregados lo miraban con ternura - ¡Pero no tardes demasiado que ya no aguanto mucho más!
Ron continuamente sonreía de oreja a oreja, feliz, haciendo que las pecas se le arremolinaran en el puente de la nariz y los pómulos. Hermione las contaba en silencio: Una, dos, tres, cuatro… había miles, todas ellas le encantaban.
Se tapó con las sábanas hasta la cintura, sintiendo el contacto tibio con su carne. Suspiró varias veces, ahora sin pensar en nada concreto. No deseaba levantarse, así que agarró su almohada con fuerza y volvió el rostro pecoso hacia el otro lado, haciendo que el sol dejara de darle de lleno en la cara. Comenzó a sumirse de nuevo en un profundo sueño mientras palpaba a su lado, pero de repente volvió a abrir los ojos azules de nuevo, somnoliento y desconcertado ¿dónde estaba Hermione?
Apartó los mechones pelirrojos de la frente, echándolos hacia atrás, y acto seguido se levantó de la cama con reticencias. Caminó unos pasos, observando derredor, luego entró en el baño, de donde salió confuso. Ni rastro de su esposa.
¡PAM!
- ¿Hermione?
Escuchó un ruido en el piso de abajo, en la cocina, y resolvió con urgencia dirigirse allí ¿y si se había caído?
Las escaleras eran muy peligrosas, mas aún para Hermione, que ya estaba de ocho meses y medio y, aunque Ron no se lo comentara, andaba como un perfecto pato de esos que criaba su madre en la Madriguera: Había engordado doce kilos, continuamente debía comprarse ropa de premamá o ensanchar las suyas con magia… y luego estaban los terribles ataques de humor, ah sí, eso era lo que Ron llevaba peor.
Se sentía en una montaña rusa, subiendo y bajando continuamente, unos días lloraba sin cesar, y al otro estaba radiante de felicidad, y todo ello sin explicación alguna y por la más pequeña nimiedad. Era, efectivamente, exasperante.
El pelirrojo bajó el último tramo de escaleras de un salto, y abrió la puerta de la cocina con brusquedad.
- ¡AH!
-¡AH!
- ¡Ron!
- ¡Harry!
- ¡Por Merlín, tápate si no quieres que tenga pesadillas!
En una milésima de segundo, Harry estaba de espaldas al pelirrojo, tapándose sus lindos ojos verdes con las manos, aún su rostro contorsionado en una mueca de asco y confusión. Ron por su parte enrojeció hasta las orejas, que le ardían - casi juraba que echaban humo - y salió corriendo hacia el hall para colocarse lo primero que vio: Una capa fucsia que Hermione usaba para ir al Ministerio. Cuando volvió a la cocina, Harry estaba sentado en una de las sillas, y con los ojos abiertos como platos comenzó a reírse de su amigo.
- ¿Qué? - Protestó Ron, airado y humillado - Es todo cuanto tenía a mano.
- Pareces un Drag Queen - se burló el moreno, sin parar de reír - Apuesto mil galeones que te darán trabajo en ese nuevo pub del Callejón Diagon.
El pelirrojo lo evaluó de arriba a abajo. Harry llevaba un esmoquin negro, una camisa de seda blanca perfectamente plancha y una pajarita en el mismo tono oscuro que su traje. Sobre los hombros descansaba una túnica en color rojo, con el símbolo de Griffyndor bordado en oro.
- ¿Y tú, se puede saber porqué vienes tan elegantemente vestido?
Harry parpadeó varias veces, sin dar crédito a lo que oía.
- Lo olvidaste - esas palabras parecían un reproche en toda regla, el pelirrojo se cruzó de brazos, ceñudo.
- Olvidar qué - le espetó, en un tono desagradable. Harry suspiró, abatido, y se mesó varias veces el cabello, ya de por sí desordenado.
- Ron…
- ¡Qué! - gritó exasperado el aludido.
- ¡Hoy es el día de mi boda!
Una sonrisa nerviosa despuntó en los labios del pelirrojo, que no sabía que decir ante los labios fruncido de Harry.
- Eh… umm… ¿Felicidades?
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Desde la mañana temprano, La Madriguera se había convertido en un hervidero de túnicas veloces que iban raudas de un sitio a otro y gritos atronadores procedentes de la señora Weasley.
- ¡GEORGE TRAE AHORA MISMO EL VELO DE TU HERMANA! ¡ FRED NO SE TE OCURRA TIRAR NIGUNA DE ESAS VENGALAS DURANTE LA CEREMONIA! ¡Y ARTHUR TU… QUÍTATE DE MI VISTA AHORA MISMO!
Ginny Weasley era la única chica de la familia, la más pequeña de sus siete hermanos, y la ultima también en contraer matrimonio, así que… bueno, la señora Weasley se estaba tomando aquello como si su vida dependiera de que esa boda fuera todo un éxito. De hecho, todos los Weasley estaban ayudando de una forma u otra -excepto Percy, que tenía que ultimar unos detalles en el Ministerio de Magia y aún no había llegado- , más que nada porque preferían estar ocupados que escuchando los gritos de su madre.
Hermione se encontraba en esos momentos tumbada en la cama de Ginny - aún sin hacer - viendo como Fleur la maquillaba y Anna le intentaba hacer a través de su varita un hermoso recogido que habían ensayado días atrás. Molly Weasley apareció entonces en el umbral de la puerta, feliz, trayendo con ella un enorme paquete envuelto con un lazo de organdí.
- Aquí está el vestido - anunció, rebosando felicidad por cada uno de sus costados - Me he tenido que pelear con Madame Malkin, pero finalmente pudo hacer los arreglos de última hora que deseabas, querida.
Ginny sonrió, aliviada y nerviosa.
- Seguro que fue más por miedo que por otra cosa… me imagino cómo te pusiste.
- Ah, Ginny no le guepoches a tu mague, ella solo quiegue lo mejor paga su hija.
Molly la miró, agradecida. La verdad es que todas estaban con los nervios a flor de piel, incluso Hermione, a la que apenas dejaban hacer nada debido a su avanzado estado de gestación.
- Me siento inútil - decía la muchacha, acariciando su abultado vientre entre los pliegues de su túnica de gala color malva - Vosotras estáis ayudando a Ginny, mientras que Katie y Angelina cuidan de los niños en el jardín - bufó desesperada - ¿y yo? No puedo estar todo el día sin hacer nada ¡es humillante!
- Pero Herm - le dijo la pelirroja, mientras le daba una flor blanca a Anna para que se la engarzara en el cabello - A mí me ayudas con tu presencia, ¿no te es suficiente?
La morena la observaba con aprensión, el ceño fruncido y la boca en un rictus de elocuente enfado. Sabía que aquello era una excusa barata, pero se mordió la lengua: No quería decir nada imprudente para no estropearle a Ginny su gran día.
- ¡Et voilá! - exclamó Fleur, enjugándose con la manga el sudor perlado que le caía por la frente - Ya he tegminado…
- Yo también -asintió Anna, desde las espaldas de Ginny, y la pelirroja se levantó de su asiento. Su madre le ayudó a vestirse, y sus cuñadas a colocarle adecuadamente el velo en el moño. Finalmente, cuando ya estaba lista se volvió para mirarse en el espejo. Todos prorrumpieron en fuertes gritos de asombro.
- Oh, Ginny ¡estás hermosa!
Molly no pudo contener las lágrimas al ver a su hija completamente vestida para el día de su boda, y Hermione le tendió un pañuelo para que ella se enjugara las lágrimas. Los gemelos y Arthur también entraron en el dormitorio, alertados por los gritos de las muchachas. Todos exhibiendo la mejor de sus sonrisas. Charlie y Bill llegaron segundos más tardes con las bocas abierta del asombro.
- ¡Hermanita, estás fantástica! - halagaba Bill desde el umbral. Charlie asintió.
- Harry es muy afortunado ¿verdad? - todos los demás afirmaron alegremente.
Arthur no podía parar de mirar a su hija con aquel vestido hermoso, de color blanco, sencillo pero elegante, que le caía en suaves pliegues hasta el suelo, con un encaje en el final de la falda. Realmente estaba hermosa, y el escote en forma de U le sentaba de maravilla. Los ojos del señor Weasley brillaban de orgullo.
- Mi pequeña Ginny… toda una mujer.
La aludida chasqueó la lengua en señal de reprobación, molesta.
- ¡Papá tengo veinticuatro años, hace siglos que no soy una niña!
Arthur Weasley se encogió de hombros, negando con la cabeza.
- Para mí siempre serás mi niña, nunca lo olvides.
Y se acercó a su hija para estrecharla en un emotivo abrazo. La señora Weasley lloraba con más fuerzas aún.
- ¡Vamos mamá! - exclamaba Fred desde una de las esquinas de la habitación, observando de reojo como su hermano George le guiñaba un ojo - ¡como sigas así vas a crear una lago tu solita, no es justo que los demás no participemos!
- Muy cierto - corroboró George, el otro hermano.
Acto seguido, los gemelos se fundieron también en un fuerte abrazo, imitando los sollozos estridentes de su madre. Todos prorrumpimos en sonoras carcajadas… todos… menos Molly Weasley.
- ¡Vosotros dos fuera de mi vista PERO YA! - profirió en alaridos la señora Weasley, y ambos salieron de allí con una velocidad pasmosa.
- Nunca cambiagán - aseguró Fleur, aún riéndose de las bromas de los gemelos - A veces gueo confundiglos con sus guetoños.
Nadie puso objeción ante el comentario: Era más que evidente que estaba en lo cierto.
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Harry y Ron se aparecieron en la casa de los Weasley, depués de que el pelirrojo se llevara más de quince minutos con problemas técnicos para colocarse decentemente el traje que Hermione le había dejado preparado en el salón. Ambos ahogaron sus gritos de exclamación.
El jardín de La Madriguera estaba más hermoso que nunca. Para la ocasión todo estaba decorado con flores blancas, rojas y amarillas, y una carpa enorme fue instalada para la celebración de la ceremonia y el posterior banquete. En la entrada de la casa, un chico alto, moreno y fortachón estaba en un atril aguardando a los invitados para que firmaran en el libro de registros.
- ¡Neville! - gritó Harry, acercándose a su amigo de Hogwarts para estrecharle la mano - ¿Te eligieron para recibir a los invitados? No lo sabía.
Neville Longbottom tenía un rostro triste, como de oso enorme al que no puedes evitar querer.
- En realidad, fui el primer invitado en llegar, y como tu cuñada Penélope Clearwater aún no ha hecho acto de presencia, tu madre me puso a recibir al personal. La verdad es que fue toda una sorpresa.
Los chicos continuaron hablando sobre quidditch, preguntándole a Ron quien ganaría la liga esa temporada.
- Todo está muy complicado, pero si las Arpías de Holyhead pierden en el próximo partido, creo que tenemos oportunidades de conseguirla Ron parecía esperanzado, el equipo femenino no estaba llevando su mejor temporada - ¿Y en Hogwarts cómo te va?¿Te respetan como profesor de Herbología?
- Ah sí - recordaba melancólico, una mueca en su rostro denotaba diversión - La verdad es que me encanta mi profesión, aunque algunos son unos auténticos cabezas huecas.
- Eso es porque mi hijo aún no está en el colegio - resolvió Ron, hinchando el pecho de orgullo - Tendrá la inteligencia de su madre, ya veréis que sabelotodo.
- ¡Ah, Ron, nola vuelvas a llamar así!
Los tres chicos se giraron en ese instante y vieron a Hermione Granger ataviada con una túnica malva de gala que resaltaba su pronunciado estado de gestación. El pelirrojo le tendió una mano, que ella sujetó con cariño, mientra él le daba un beso en la frente.
- Estás hermosa, Herms.
La morena alzó una ceja. Su pelo lacio caía sobre su espalda, solo recogido a un lado por una pequeña peineta en el mismo tono malva que el vestido.
- Estoy hecha una ballena - aseguraba la muchacha, y Harry y Neville reían la ocurrencia - Si sigo engordando, mi cuerpo estallará.
- Vamos Hermione, será la dama de honor más bella del mundo mágico, te lo aseguro.
- Harry, eso es porque estás muy nervioso y no ves los inconvenientes, parezco un pato con un ramo de flores yendo hacia al altar.
En esos instantes, Percy Weasley apareció vestido con su túnica de gala de la mano de Penélope Clearwater, ambos parecían bastante sofocados.
- ¿Dónde demonios os habíais metido?¡Tu madre estaba como loca por vuestra ausencia!
- Lo siento - se disculpaba Penélope, ajustándose los bajos de su túnica de gala color rosa - Pero tuvimos que ir al Ministerio a recoger las actas de matrimonio.
- ¡Harry! - Arthur Weasley corría hacia el grupo, ya vestido para la ocasión - Vamos hacia la carpa, la ceremonia está a punto de comenzar.
El moreno tragó saliva, notando como la boca se le secaba a causa de los nervios. Ron le palmeó la espalda, infundiéndole ánimos.
- Llegó la hora - murmuró Harry, y todos se dirigieron con paso decidido hacia la carpa.
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Cuando Harry y Ron se situaron en el altar para esperar la llegada de Ginny y Hermione, ya todos los asistentes estaban murmurando, mientras de vez en cuando un sonoro click salía disparado de una de las esquinas.
- Mierda, ahí están los periodistas del Profeta y Corazon de Bruja - murmuraba Harry al oído del pelirrojo - Esto es un acto íntimo, no un show televisivo.
- Compréndelos tú a ellos. Harry, eres El-Niño-Que-Vivió, evidentemente tu boda es un tema público y de actualidad.
Harre iba a replicar, pero en esos instantes toda la carpa se sumió en un espeso silencio, y un órgano comenzó a tocar la marcha nupcial.
Hermione salió con paso decidido, aunque Ron tuvo que admitir que efectivamente parecía un pato con un ramo de flores. Realmente estaba bella, y su cálida sonrisa embargaba el corazón de su esposo con toneladas de cariño y amor hacia su esposa.
Ginny salió tras ella del brazo de Arthur, y todos los asistentes comenzaron a murmurar. La pelirroja iba efectivamente hermosa, con un vestido largo y vaporoso, con pliegues en la falda y cortado a la altura del pecho (n/a: Si habéis visto cualquier película de Jane Austen me comprenderéis), La señora Weasley estaba situada en primera fila, justo al lado de McGonagall, que le acurrucaba para calmarla. El señor Weasley se acercó al latar, y unió las manos de Harry y su hija.
- Espero que la hagas muy feliz, hijo, porque te entrego el mayor tesoro que poseo en esta vida - Ginny sonreía, los ojos brillando de admiración hacia su padre.
- Descuide señor Weasley, lo haré, se lo prometo.
Kingsley Shacklebolt (¿mierda, se escribe así?) estaba entre los contrayentes, ya que sería el encargado de oficiar la ceremonia.
- Queridos amigos, estamos aquí reunidos para …
Ron apenas escuchaba en un murmullo los que Kingsley le estaba diciendo a todo el personal allí reunido, ya que sus ojos solo estaba dispuestos a fijarse en Hermione. Ella le miró de repente, sus ojos marrones delataron su alegría, y moldeando sus labios, un silencioso "te quiero" salió de sus labios. Hermione acentuó más su sonrisa, y en el mismo lenguaje mudo le contestó un "yo también te quiero" que al pelirrojo se le hundió en el pecho, muy adentro, donde nadie jamás podía arrancárselo en vida.
- Yo, Harry James Potter, te tomo a ti Ginny… bueno… Ginevra Weasley como esposa, para amarte, honrarte y respetarte el resto de mi vida.
- Yo Ginevra Molly Weasley, te tomo a ti Harry James Potter como esposo, para amarte, honrarte y respetarte por el resto de mi vida.
"Ojala - pensaba Ron- la quiera igual que quiero y amor a Hermione"
- Si alguien - ahora hablaba Kingsley de nuevo, solemne - de los aquí presentes tienen alguna objeción porque esta pareja no se una en matrimonio, que hable ahora o calle para siempre.
- ¡MIERDA!
Todos miraban a Hermioe desconcertados, que había tirado el ramo a suelo y gemía de dolor. Ron se acercó presuroso al lado de su esposa, con los ojos azules dilatados por el espanto.
- ¿Hermione qué pasa?¿Qué te ocurre?
- Sácame de aquí, por favor…
Harry estaba desconcertado, Ginny muda de asombro.
- ¿Qué tienes Herm? - volvió a repetir su esposo, y ellá le pegó un manotazo en el hombro, ahogando un grito de dolor.
- ¡MIERDA RON, ¿ES QUE NO VES QUE ESTOY DE PARTO?!
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Sé que soy un desastre, pero al menos lo actualicé, ya solo queda un capítulo más y el epílogo, así que no desesperéis.
Dejas rewiews please.
Besos
