Bueno, ya tenéis la conti, espero que os guste. Un beso mu fuerte n_n
El silencio reinaba entre los tres mientras comían tranquilamente apartados en una esquina del comedor. Doflamingo sentía la repentina tensión en medio de los otros dos como si le estuviesen constantemente pasando una lija por la piel. Pero esta vez no era culpa suya, los otros dos habían decidido odiarse desde el principio, así que no iba a decir nada, si tenían algún problema que lo resolvieran ellos dos solos.
—Así que, eres...—empezó Kidd fulminando al chico sentado enfrente suyo que sorbía la sopa ruidosamente. Sopa que su cocina había preparado y cuyos ingredientes habían sido cultivos en su castillo.
—Donquixote Corazón, su hermano —respondió tranquilamente el chico rubio de ojos también violetas sin siquiera mirarle y señalando a Doflamingo con la cabeza.
Kidd alzó una ceja claramente enfadado con su actitud. Buscando una explicación de por qué semejante individuo estaba sentado a su mesa, miro a Doflamingo que simplemente giró la cabeza fingiendo no enterarse de nada. Claramente no le iba a dar una explicación.
—Y estas aquí porque...—siguió intentando poner incomodo al hermano idiota.
—Para proteger a mi hermano de gente que se quiera aprovechar de él—le interrumpió de nuevo el otro.
Pero, esta vez, levantó la cabeza del plato y le miró con una mirada seria y calculadora mientras una inocente sonrisa inundaba sus labios.
Un escalofrío estremeció de pies a cabeza a Kidd.
— ¿Y qué te hace pensar de que yo no puedo protegerle?—pregunto frunciendo el ceño— ¿me acusas de no saber cuidarle?—
El otro solo se encogió de hombros y volvió a sonreír de aquella manera extraña.
—Yo no te acusó de nada, solo vengo aquí para asegurarme de que está bien—dijo sonriendo de nuevo inocentemente — es solo instinto protector—
El pelirrojo volvió a fruncir el ceño ante la sonrisa extraña.
Claramente el idiota sabía algo.
Por primera vez en mucho tiempo Kidd se sintió incómodo y ligeramente en peligro. Algo en ese chico no le gustaba y le hacía sentir que traería problemas, pero tampoco le podía echar, después de todo era hermano de Doflamingo, y quería causarle al rubio una buena impresión después de lo del "incidente". Asique tendría que deshacerse de él de una manera un poco más sutil.
—Bueno por mí no hay problema de que te quedes —respondió mientras miraba a Doflamingo esperando una reacción o una muestra de aprecio por su parte—pero no tengo más habitaciones para...—
—Oh, no te preocupes, dormiré con mi hermano—dijo de nuevo con esa mirada que hacía pensar al pelirrojo que lo decía todo con un doble sentido —siempre hemos dormido juntos—
Y de nuevo aquel tono sugestivo que hacia malpensar.
—Hum—siguió Kidd fulminando le con la mirada—si eso está bien con vosotros —respondió esperando que Doflamingo se negase.
Pero de nuevo el rubio asintió y Kidd se encontró atado de pies y manos. Definitivamente aquello no le gustaba. Había esperado poder estar a solas con el futuro duque, pero ahora que estaba el otro aquello iba a ser imposible. Entendía que a Doflamingo le iba a sentar bien tener a alguien conocido a su lado en aquella parte de su vida, pero de nuevo la parte posesiva que solo quería al otro para sí mismo surgía en él haciéndole querer echar al hermano a patadas.
Definitivamente las cosas se estaban torciendo demasiado, primero el otro rechazándole asustado y ahora esto. Pero sobreviviría y lo arreglaría todo, pensó Kidd con orgullo. Doflamingo iba a ser suyo aunque el mismo infierno se pusiese delante de él.
El hermano gemelo delante suyo con una sonrisa abierta y mirada peligrosa y protectora definitivamente no iba a poder pararle.
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Doflamingo suspiro mientras intentaba estirarse para tomar uno de los libros de la biblioteca de los estantes más altos.
El día había sido duro, claramente su querido hermano y enorme boca habían hecho cabrear al comandante. Se llevaban bastante mal, aunque ambos parecían contenerse delante suyo, aun así el rubio temía por su hermano cuando el no estuviese delante para protegerle del comandante.
Alzándose sobre las puntas de sus pies volvió a estirarse para atrapar el viejo libro, en la estantería más alta entre sus manos, pero aun así no llegaba, frustrado soltó un gruñido estirándose todo lo que podía.
Y como si el cielo le escuchara, una mano se posó en su cintura mientras otra se alzaba enfrente suyo para tomar el volumen que quería y se lo ponía en las manos amablemente. Doflamingo lo apretó contra su pecho fuertemente mientras se daba la vuelta para agradecer al que le había ayudado.
La mirada de Kidd chocó contra la suya a meros centímetros, aún sujetándole la cintura y encerrándole entre su cuerpo y la estantería.
Doflamingo sintió su cara volverse roja de nuevo por la proximidad y el aliento escapar de su boca, pero sobretodo fue pánico lo que sintió, pánico por pensar que todo podía volver a torcerse como la última vez, que el comandante podía volver a tocarle de esa manera.
—Gracias—dijo por lo bajo mientras su mente gritaba en ayuda por su hermano. ¿Donde estaba cuando le necesitaba? El solo no iba a poder contra un maldito comandante.
El pelirrojo en cambio, ajeno a todo lo que pasaba por su mente, levantó una mano y como Doflamingo tanto temía, comenzó a acariciarle la mejilla de una forma demasiado íntima. El rubio solo se quedo congelado en el sitio sin atreverse a mover.
Vale, aquello había sido demasiado rápido.
— ¿Por que llamaste a tu hermano?—preguntó el pelirrojo también hablando en susurros contra su otra mejilla.
Cada vez más cerca.
—Para que me ayudase — respondió el rubio apretando el libro contra sus manos fuertemente en un intento de protegerse todo aquello.
El otro solo siguió acariciándole. La mejilla, la mandíbula, los labios...Kidd tenía el ceño fruncido y parecía seguir cabreado con él. Doflamingo sentía su corazón a punto de salírsele del pecho.
— ¿Me tienes miedo?—preguntó el comandante mirándole intensamente. Como preguntándole realmente porque había huido de él aquel día o la verdadera razón por la que había traído a su hermano.
Doflamingo cerró los ojos torturado. ¿Por qué no podían dejarle en paz?
—Esto está mal—respondió el rubio buscando una excusa que pudiese devolver al mayor a sus cabales y que se alejase de él.
Ignorando la pregunta del otro y cambiando de tema hasta él que a él le preocupaba.
— ¿Por qué?—siguió insistiendo el pelirrojo mientras sus dedos se presionaba contra sus labios forzándole a abrirlos.
—So-somos hombres—siguió el rubio defendiéndose mientras sentía el aliento del mayor contra su boca.
— ¿Y qué?—siguió el otro rozándole sus labios con los suyos.
Doflamingo cerró los ojos fuertemente. ¿Y qué? Su hermano también le había hecho esa pregunta la tarde anterior. ¿Y que si eran hombres? ¿Y que si la sociedad les rechazaba? Doflamingo sabía que tenían razón, todo eso daba igual, él había visto a hombres juntos en relaciones duraderas y había visto lo felices que eran y lo bien que se llevaban.
Algo así no podía ser malo por mucho que la iglesia lo gritase.
Pero ese no era el problema ahí. ¿Te gusta? Le había preguntado Corazón también la tarde anterior. Y ahí sí estaba el problema, Doflamingo había comenzado a intuir que le atraían los hombres en cuanto había visto al conde de ojos grises.
Y solo a él.
Lo había negado al principio como estaba haciendo ahora, había intentado luchar contra ello y huir, pero las preguntas que ahora le hacia el pelirrojo eran las mismas con las que había luchado el mismo durante meses. ¿Y que si eran hombre? ¿Y que si les odiaban? Doflamingo había rebatido contra esas preguntas mientras había visto al conde torturarle. El mismo las había contestado y superado hacía mucho tiempo.
Por lo que ese no era el problema y lo sabía.
Los labios de Kidd se apretaron de nuevo contra los suyos de forma repentina mientras Doflamingo seguía pensando. Atontado respondió lentamente al beso con la mente en otra parte, dándole vueltas a un tema que intuía que era importante.
La lengua del pelirrojo se rozó contra la suya delicadamente, sus labios delinearon su boca arrancándole el aire, y aun así Doflamingo no prestó atención.
¿Te gusta? Volvió a sonar en su cabeza.
Y por fin encontró la respuesta.
Había negado la idea, había peleado y evitado pensar en ella, pero ahora, ahora que por fin lo había perdido y no había forma de recuperarla, la abrazó con brazos abiertos. Le gustaba el conde. Desde el primer momento. Adoraba su firmeza y su elegancia, adoraba sus escasas sonrisas y como estas iluminaban brevemente aquellos preciosos ojos grises. Le quería a pesar de que fuese un hombre, le quería aunque le hiciese daño y tuviese tantos prejuicios. Simplemente le quería.
Jadeo contra los labios del pelirrojo al entenderlo por completo y al aceptar la idea en toda su magnitud.
Por fin se dio cuenta de porque toda la situación de traición le había afectado tanto, entendió el por qué no se había defendido como siempre hacía contra las críticas del conde y por qué se sonrojaba como una maldita virgen cada vez que el conde le hacía un cumplido. Y entendió también porque se sentía tan aterrorizado cada vez que el comandante pelirrojo le tocaba e intentaba avanzar con él, porque él no era el conde, el no tenia su sonrisa enigmática ni aquellos ojos fríos, porque Kidd...
Doflamingo abrió los ojos mientras Kidd se separaba de sus labios. Sus ojos dorados refugian de alegría y esperanza y fue entonces cuando Doflamingo se dio cuenta de que le había estado respondiendo al beso.
Mierda.
El rubio abrió la boca para decir algo, Kidd le miró expectante.
—No me gustas—dijo fríamente entre jadeos del beso.
Y prácticamente pudo ver como la mirada del pelirrojo se desmoronaba de golpe como si le hubiesen dado un puñetazo mortal. Como si solo con aquellas palabras y con ninguna otra hubiese podido detenerle. Doflamingo sintió lástima del mayor, sintió pena y un ligero arrepentimiento, pero no podía hacer nada, ya estaba dicho y era mejor que el otro le entendiese ahora en vez de hacerle más daño después.
—Lo siento, pero te agradecería que no volvieses a hacer esto—siguió el rubio refiriéndose al beso, y entonces, tomando una decisión, dijo lo que llevaba meses ocultando— a mí me gusta Law, no quiero traicionarle—
Fue como si un enorme peso se le quitase de los hombros y por un momento se sintió totalmente libre. Quiso repetirlo, una y otra y otra vez dejando que la sensación le embargase en placer, pero de nuevo la mirada del pelirrojo se detuvo. Dolor, traición, sufrimiento. Todo podía verse en la mirada atormentada del mayor.
Doflamingo se calló mientras observabas como el comandante parecía querer chillar y gritarle algo. Por un momento el rubio temió que la tomase en su contra, que le recordase el trato que había recibido del conde, su desprecio y humillaciones, por un momento temió que Kidd le hiciese daño para hacerle recordar y que así se quedase a su lado.
Pero el otro no lo hizo, en cambio le miro dolido y desesperado, como si ya no supiese que mas hacer para captar su atención.
—Lo siento—repitió el rubio.
Y entonces, lentamente, salió de debajo del agarre del otro, y con cuidado se apartó de su cuerpo apoyado aun contra la estantería.
Doflamingo salió de la sala sabiendo que había destrozado su relación con el comandante, pero a la vez salió contento y tranquilo por haber dicho y hecho lo que debía de hacer.
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Law sintió algo revolverse en su interior al ver cada vez las torres del castillo de Kidd más cerca del carruaje. Estaba llegando se dio cuenta Law.
¿Y ahora qué?
¿Que se suponía que iba a decir? Los nervios y terror volvían a estar ahí, ¿qué pasaría si el otro le rechazaba? ¿Si era demasiado tarde? Law cerró los ojos y se pasaron las manos por la cara frustrado. No, no iba a pensar así, por primera vez en su vida tenía que arriesgarse o sabía que se arrepentiría toda su vida de no haberlo hecho.
Así que entraría en el castillo del pelirrojo idiota, pasaría de sus gritos y chillidos, porque seguramente Kidd le mandase a la mierda en cuanto le viese en la puerta. Y encontraría a Doffy. Luego se encerraría con él en una habitación y le contaría todo.
Absolutamente todo, lo bonito y lo no tan bonito.
Y luego esperaría a la decisión del otro. La decisión que le llevaría al cielo o le aplastaría en el infierno. Y Law la aceptaría sin reprocharle nada, le dijese lo que le dijese, lo aceptaría, esta vez no pensaba hacerle el más mínimo daño.
Por fin el carruaje se paró enfrente del camino que llevaba a la puerta principal del castillo pasando por el puente levadizo. Law suspiro de nuevo. Ya estaba ahí, no había vuelta atrás. Abriendo la puerta del carromato, se bajo de este y observó sobrecogido la enorme casa de Kidd. Las altas torres con las banderas en lo alto apuntando al cielo rojizo del atardecer, la piedra gris oscuro de los muros contrastando con el colorido entorno plagado de flores silvestres y el imponente escudo de la familia de Kidd...Realmente era una muestra de poder y fuerza, Kidd a diferencia de él no tenía que rodearse de mobiliario lujoso y excéntrico para aparentar nada ya que no había nada que aparentar, la construcción y los soldados que entraban y salían del castillo con las armaduras abolladas y las espadas desenvainadas ya lo decían todo.
Kidd era un comandante.
Y quien osase olvidarlo algún día y enfrentarse a él no duraría más de dos horas con vida. Su fuerza y poder eran demasiado grandes.
Law trago saliva preguntándose de nuevo si estaba haciendo lo correcto. Porque él era uno de los idiotas que se iba a enfrentar contra el hombre e iba a quitarle algo por lo que claramente había mostrado interés. ¿Y todo porque? Por confesarse a un chico del que no estaba del todo seguro que le respondiese.
—Todo estará bien—le animo Bepo situándose a su lado y poniéndole una mano en el hombro en una muestra de apoyo.
Law sonrió amargamente, sabía que no iba a ser tan fácil como el otro lo estaba poniendo, pero por un momento quiso creerle y confiar en su suerte.
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El pelirrojo se paso las manos por el pelo en otro intento de calmarse de nuevo. Pero como llevaba pasando todo el día no funciono en lo absoluto. La charla de aquella mañana seguía retumbando en su cabeza como un martillo machacándole el cerebro hasta convertirlo en una pulpa.
El chico le había rechazado.
EL mero pensamiento le hacía querer arrasar con todo y gritar frustrado. Le hacía querer correr, y liberar aquel sentimiento de traición en una explosiva pelea de entrenamiento. Cuando aquella mañana había encontrado al chico en la biblioteca adorablemente intentando atrapar un libro con cara de concentración, había pensado en mandarlo todo a la mierda y confesarse de una vez, había pensado en pedirle una relación y acabar con aquella persecución. El chico había estado solo en la sala, sin su molesto hermano siguiéndole, se había sonrojado y puesto nervioso cuando le había visto y el momento simplemente había sido perfecto. Pero luego le había presionado y había perdido el control hasta que le había besado.
Por un momento Kidd se había sentido el hombre más feliz del mundo cuando el otro le había respondido. Por un momento se había abierto al menor y había decidido confesarse, por un momento había pensado que el otro le contestaría que si y serian felices juntos.
El golpe que le había devuelto al mundo había sido demasiado fuerte, las palabras del chico seguían destruyendo una parte de si mismo que había olvidado que tenia "No me gustas" "Yo quiero a Law" y de nuevo quería volver a gritar y romper cosas mientras el dolor seguía floreciendo en su cuerpo.
Pero no podía arrasar con todo, no podía correr como una maldita adolescente rechazada, el era un comandante y tenía unos deberes que cumplir. Así que cuando el chico le había abandonado en la biblioteca él no había llorado y había empezado a destruir su entorno, no, el había salido de allí, y había salido al patio a revisar las tropas como siempre hacia, el había aguantado reuniones sobre las tácticas a seguir contra el nuevo ataque de Francia y había vuelto a entrenar a los soldados novatos con nuevas técnicas.
Kidd no se había permitido ni un momento de debilidad ni siquiera pensar en el problema, por eso, ahora que volvía a estar solo en su despacho sin nada más que hacer, el mundo se le vino encima. Dolía, dolía peor que cualquier herida que nunca le hubiesen podido hacer, prefería caminar sobre ascuas al rojo vivo que seguir sintiendo aquello.
Una parte de sí mismo, la parte oscura y cruel que era el guerrero, le gritaba que daba igual, que el chico era suyo, que podía encerrarle en una habitación hasta que cambiase de idea, que daba igual que le odiase siempre y cuando no se alejase de su lado. Pero la otra parte se negaba, sabía que si hacia eso destruiría al chico y su relación seria irreconciliable, aquella parte había visto el cariño y el aprecio en los ojos del chico cuando le hablaba del conde y había sabido que no tenía ni la más mínima oportunidad.
Volvió a pasarse las manos por el pelo desesperado mientras la pesada armadura de cuero que aun llevaba del entrenamiento le asfixiaba cada vez más.
DE repente unos golpes sonaron al otro lado de la puerta de roble con remaches plateados y Killer asomo la cabeza en su desordenado despacho.
—Kidd—dijo el otro mirándole preocupado desde detrás de la máscara que llevaba. El rubio intuía que pasaba algo se dio cuenta el pelirrojo, pero no le presionaría en lo mas mínimo para contarlo, su amistad demasiado antigua como para eso. —Tenemos un problema—
Kidd gruño mientras se reclinaba en su asiento y miraba lánguidamente el techo.
— ¿Que ha pasado esta vez? ¿Las cocinas o los establos?—
—EL conde esta aqui— respondió rápidamente Killer interrumpiéndole— Trafalgar Law—
EL mundo volvió a congelarse a su alrededor en menos de dos horas.
No dejes que vea al chico Le gritaron a la vez las dos partes en su mente de repente aterrorizadas.
Kidd se levanto de golpe del asiento y salió corriendo de la habitación empujando a Killer por el camino, de repente nada mas importaba aparte de detener al conde, no podía ver al chico, si se veían todo habría acabado para él, si se veían se quedaría sin nadie.
El pelirrojo corrió por los pasillos de su castillo sin preocuparse de chocar contra gente o de si recibía miradas extrañas de sus soldados, necesitaba interceptarle antes de que llegase a la habitación del chico. Kidd giro una esquina y de repente ahí estaba el moreno, en una de las desiertas salas en las que recibía a sus invitados plagada de estandarte y alfombras rojas.
El moreno estaba parado en medio de la habitación seguramente esperándole y con aquel porte regio y elegante que siempre tenía, aquel que te hacía sentirte como una apestosa basura pegada en su zapato.
Nada más entrar el conde se giro a mirarle con una mirada indecisa pero con los puños apretados decisivamente.
Kidd en cambio le miro con odio.
—Eustass, necesito que me dejes ver a...—empezó el moreno con aquel tono educado y serio de siempre yendo directamente al grano.
— ¿Qué haces aquí?—le interrumpió Kidd mientras se cruzaba de brazos interponiéndose entre él y la salida.
Law ante esto pareció amedrentarse, seguramente se seguía echando la culpa, seguramente no sabía que el chico le quería, seguramente había ido allí en un impulso. Y si había sido así, Kidd pensaba aprovecharse de cada mínima debilidad que tuviese, no iba a rendirse.
—Quiero ver al chico—respondió sin embargo el moreno su educadamente.
—El no quiere verte—respondió rápidamente el pelirrojo.
Y entonces, por fin, una ligera muestra de irritación apareció en la cara del otro mientras fruncía el ceño.
—Eso lo tendrá que decidir él—respondió elocuentemente el otro encarándole por fin y dándose cuenta de que tendría que pelear para llegar hasta donde estaba el chico.
Kidd comenzó a andar entonces hasta donde el conde estaba parado en medio de la desértica habitación. La agresividad y rabia dibujada en cada línea de su cuerpo de forma letal. Pero el conde no se amedrentó en lo mas mínimo, en cambio le miro con el mismo odio y repulsión de siempre.
— ¿Que te hace pensar que quiere verte?—dijo el pelirrojo— después de lo que le dijiste da gracias de que no te haya mandado matar—respondió recordándole todo el dolor y la tristeza.
Y por la mueca del pelinegro esta vez claramente le había cabreado.
—Eso es problema mío—respondió—dime donde esta—
—No, como su nuevo tutor ahora es problema mío—dijo con una sonrisa macabra recordándole el rechazo que había sufrido.
—Sabes que esa decisión no fue valida—respondió el otro— tengo una carta firmada por el padre del chico y el propio rey que me designa como único tutor del chico, puedo llamarte a la justicia y quitarte el chico por la fuerza si es necesario, lo que hicieses es técnicamente ilegal—
Kidd sintió el sudor frio bajar por su cuello. No, no se lo iban a quitar.
—No te atreverás—dijo con el odio en su voz.
—Si hace falta lo hare, pero esperaba que entrases en razón antes de tener que hacer algo asi— siguió insistiendo Law.
—El tomo su propia decisión, no nos pueden acusar de nada—siguió intentando buscar una salida el otro.
—Es menos de edad, sus decisiones no son validas ante la justicia todavía, tiene que hacer caso a su padre, pero no creo que la decisión legal sea el problema aquí ¿verdad Eustass? ¿Por qué le quieres tener tan desesperadamente? ¿Ha pasado algo que no sepa?—
La sangre se fue de la cara de Kidd al instante. Por supuesto se había dado cuenta, el otro tenía una mente demasiado aguda como siempre.
—No ha pasado nada—se defendió al instante retrocediendo ligeramente como si el otro le hubiese dado un puñetazo.
Law en cambio sonrió más ampliamente ante su reacción.
—Entiendo—dijo entonces Law lentamente, como dándose cuenta de todo en un instante.
El terror inundo al pelirrojo.
—No, tú no entiendes nada—
Pero el moreno le había dado la espalda con la sonrisa de superioridad en la cara y los ojos brillantes de felicidad. Realmente había entendido lo que había pasado. El moreno río encantado.
—Se acabo Kidd—respondió amablemente apoyando una mano en el hombro del pelirrojo en una muestra de cariño—perdiste, ríndete y dime donde está el chico—
Y Kidd no pudo más.
La esperanza de una nueva vida.
El dolor por el rechazo.
Y ahora esta nueva humillación.
No pudo más.
Girando al otro para que volviese a encararle, hecho un puño hacia atrás, y le dio un fuerte puñetazo en la cara. Satisfacción y liberación le inundaron mientras el conde caía de espaldas al suelo con cara de sorpresa.
Kidd entonces se abalanzo sobre el intentando darle de nuevo, comportándose como un niño pequeño y no como el comandante inteligente y calculador que era. Law al instante comenzó a responderle intentando defenderse y ambos rodaran por el suelo en un lio de brazo y piernas.
Por un instante Kidd pensó que de aquella vez no saldría ninguno vivo. Había demasiado resentimiento y demasiado odio de por medio aquella vez, pero la pelea acabo rápidamente en cuanto una voz resonó por la estancia haciendo eco en los altos techos.
— ¿Que estáis haciendo?—pregunto Doflamingo parado en medio de la puerta con su hermano a su lado con cara de curiosidad.
La pelea se detuvo al instante, con Kidd sentado a horcajadas sobre el moreno a punto de darle otro puñetazo. Ambos estaban heridos y ambos sangraban, incluso Kidd pensó que podía tener alguna costilla rota, pero nada de eso importo en cuando vieron la cara de decepción de Doflamingo.
—No es lo que...—empezó Kidd
— ¿Trafalgar?—le interrumpió entonces el rubio con los ojos abiertos mientras miraba al moreno en el suelo.
Y lo siguiente que paso fue como el puñetazo final para el pelirrojo.
El rubio corrió hasta donde estaba el moreno tumbado, y, apartándole a el de un suave empujón, saco a Law de debajo de su cuerpo y lo abrazo contra su pecho con cuidado.
Eligiendo proteger al moreno en vez de a él.
— ¿Que ha pasado? ¿Kidd esto es culpa tuya? ¿Como se te ocurre? ¿NO eres un adulto? ¿Es que no te puedes controlar? ¿Qué hubiese pasado si le hubieses hecho daño?— le chillo el rubio con el odio en su mirada.
Con odio.
Kidd sintió como de repente se quedaba en blanco y un enorme vacío le inundaba. Atontado observo como el rubio ayudaba al moreno, igual de sorprendido que el mismo, a ponerse en pie y a salir de la habitación aun mandándole miradas desafiantes a él de vez en cuando.
Kidd se quedo arrodillado en medio de la habitación sintiendo demasiadas cosas dentro de él como para siquiera poder expresar alguna.
—Entiendo—escucho murmurar a alguien en la puerta.
Y como si ese comentario hubiese sido el detonante el pelirrojo por fin se derrumbo en medio de la sala.
Drama por todas partes XD
Pero Law y Kidd estan juntos T^T
En fin, espero que os haya gustado por que el siguiente es el penultimo cap
