Notas: Bueno, creo que esos fantásticos comentarios merecen una rápida continuación, ¿verdad? Muchas gracias por comentar, disfruten del nuevo capítulo. =)
Noche V. Draco Malfoy
No había conseguido dormir ni un poco después de curar a Potter, después de llorar durante quien sabe cuantas horas, con la espalda pegada a la puerta, incapaz de moverse ni un milímetro.
Su cabeza se había llenado de cosas que prefería mantener en lo más profundo y oscuro de su mente, a ser posible en donde nunca más volvieran a molestarle. Como si fuera capaz de enterrar en el olvido tres meses de angustia, dolor y desesperación.
—Demonios —murmuró, agarrándose la cabeza con las manos y clavándose las uñas, como si así pudiera detenerlo.
Había hecho un trato con Potter. El imbécil lo sabía, a pesar de que jamás debería habérselo contado. Así que, ¿cómo se atrevía a aparecer cubierto de sangre en el maldito salón? De sangre. ¡De jodida sangre!
Alguna parte racional de su cerebro había tomado el control, gracias a Merlín, y había procedido de forma casi automática, sin mirar el líquido, sin olerlo gracias a un trozo de tela y un montón de perfume barato. Pero, de todas formas, él sabía que estaba ahí y sabía lo que era.
Pasó mucho rato en esa posición, intentando sin éxito mantener la mente en blanco (lo que había funcionado mientras se movía, mientras cumplía un propósito, ahora parecía imposible), intentando por todos los medios algo tan simple como no pensar.
No consiguió nada, hasta que lo escuchó.
El ligero contacto de alguien contra la puerta y un cuerpo resbalando lentamente hasta quedar sentado.
Potter, ahí. Cerca, a su lado, hablándole, preguntándole como estaba y pronunciando esa maldita palabra que, si tuviera dos neuronas, no habría pronunciado.
Sangre.
El mayor problema de su vida, el que debía superar sin importar que le costase.
—Cuéntame algo —le había pedido en medio del silencio a Potter, con la voz atorándose en su garganta.
Y este le había complacido mejor de lo que había esperado, contádole por fin como es que Severus y él habían alcanzado tal grado de entendimiento.
—Cuando Sirius murió me vine abajo —explicó desde el pasillo y Draco se percató de que tenía la voz rasposa, seguramente de tanto ingerir pociones—. No sabía que hacer, me sentía desesperado. La revelación del profesor Dumbledore de que yo era el único que podía matar al que no debe ser nombrado no me ayudó a mejorar, tampoco —el rubio bufó, menudo momento que había elegido el anciano para dar noticias—. Cada vez estaba peor. No tenía ganas de comer, ni de dormir, ni de nada. En algún punto me encontré atrapado en mi propia desesperación y ya no supe como salir —hizo una pausa, carraspeando un par de veces—. Severus lo notó (no sé ni como) y, a diferencia de los demás, no pensó que se me pasaría con el tiempo. No sé que le llevó a pensar que estaba llegando al límite de lo que podía soportar, pero se presentó en casa de mis tíos en mitad del verano antes del sexto año.
—¿Por eso no volviste a Hogwarts al comenzar el nuevo curso? —preguntó, recordando que apenas se había dado cuenta de que el niño dorado no había llegado en el tren como todos, hasta el cuello de problemas como había estado.
—Sí. Severus me trajo aquí y selló la casa con el círculo del sótano —la voz de Potter se volvió suave—. Me pasé lo que quedaba de verano siguiendo el programa diario de entrenamiento que él diseñó para mi, como si fuera un autómata —tal y como lo decía, Draco podía jurar que ese tono que impregnaba la ronca voz de Potter era de cariño—. Resultó ser justo lo que necesitaba y, cuando me quise dar cuenta, vivir parecía tener sentido de nuevo.
—Venga ya, Potter, que eras el niño mimado del colegio, ¿como podías pensar eso?
—Nunca fui el niño mimado de nadie y llegué a pensar autenticas barbaridades cuando estaba mal, Malfoy —aseguró Potter—. Así que créeme cuando te digo que entiendo un poco por lo que debes estar pasando.
—No lo creo —gruñó, molesto.
Potter no tenía ni puta de idea de lo que él estaba pasando. Potter era, probablemente, la última persona del maldito planeta que podía entenderlo.
—Está bien, no voy a discutir contigo por eso. La cuestión es que me pasé el verano con Severus y descubrí que era mucho más que el cretino odioso que me enseñaba Pociones con la esperanza de que metiera la pata para poder quitarme puntos —y ahí estaba de nuevo, el afecto en la voz del moreno—. Y llegó Septiembre y el profesor Dumbledore insistió en que debía regresar a Hogwarts, pero Severus no estuvo de acuerdo. Tuvieron la mayor discusión que he oído jamás y finalmente decidieron que lo mejor era que me quedará aquí, entrenando.
—¿"Decidieron"?
—Bueno, Severus decidió. Al profesor Dumbledore no le quedo más remedio que ceder —ahora Potter se estaba riendo—. Menudo terco obstinado que es ese hombre.
—Potter —llamó Draco, sonriendo maliciosamente—. ¿Te das cuenta de que suenas como si estuvieras enamorado de Severus?
—¿Qu...? —oh, sí, ese tono, ese tono de estupefacción e incredulidad era justo lo que Draco había buscado al hablar y no pudo evitar reírse con ganas—. ¡No digas tonterías! He llegado a apreciarlo realmente, pero él es demasiado mayor y...
—¿Entonces es un problema de edad? Por que con lo que vivimos los magos no deberías preocuparte por eso, la gente lo aceptará, Potter.
—¡La gente no aceptará nada, porque no estoy enamorado de Severus!
—Ah, la negación, que dura fase —dijo, intentando sonar profundo y riéndose cuando Potter suspiró muy frustrado.
—Eres imposible.
—Acostúmbrate —dijo, manteniéndose en sus trece—. Severus es más imposible que yo, así que...
—¡Por Merlín y todos los putos magos, que NO estoy enamorado de él! —sonaba verdaderamente irritado.
—Pero te gusta, ¿a que sí?
—Lo que me gustaría es maldecirte ahora mismo.
—Oh, Potter, muy mal. No debes pagar tu frustración conmigo. Si quieres, yo te ayudo a conquistarlo.
—Muy amable por tu parte, pero no, gracias.
Draco río de nuevo. Potter era tan susceptible y era tan divertido sacarlo de sus casillas. Parecía que había encontrado algo muy interesante con lo que desquiciarlo: su cariño por Severus. ¿Hasta donde le llevaría seguir con el tema?
Se quedó unos minutos en silencio, aún con una pequeña sonrisa en al cara, sin darse cuenta de que hacía ya rato que la charla con el moreno lo había sacado de sus oscuros pensamientos. Planeaba nuevas formas de incordiar a Potter.
—Malfoy —le llamó el chico, ya sin rastro de molestia o rencor en su voz—. Son las nueve, ¿te ánimas a bajar a cenar conmigo?
El chico lo consideró.
¿Bajar tan pronto, con la angustia tan reciente? Aunque no quedaba nada de lo que había estado asfixiandole todo el día, ¿debía arriesgarse?
—Voy a preparar sushi. Y no se me da nada bien, así que podrás criticarme a gusto —informó Potter y Draco estaba seguro de que estaba sonriendo, aunque hubiera una puerta de por medio.
—Sabes que no voy a dejar estar lo de Severus, ¿verdad? —dijo, abriendo la puerta despacio y encontrándose a un pálido y desmejorado Potter frente a él, con una estúpida semi sonrisa en la cara. Aún y así, estaba muchísimo mejor que la noche anterior.
—Entonces no me quedará más remedio que ignorarte —respondió el moreno, dando la vuelta y comenzando a bajar lentamente por las escaleras.
Draco inspiró con fuerza y le siguió.
Continuará...
