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Ironías

—Es tu culpa —afirma Katie divertida y dejando las bolsas de las compras sobre la isla.

Travis trae una mueca desde que estuvieron hace veinte minutos en el pasillo de las conservas y realmente, la situación es bastante graciosa. Se sirve un vaso de agua y comienza a sacar las compras de las bolsas recicladas con tranquilidad. Comienza por las tortillas y sigue con la lechuga y otras verduras.

Fue idea de Travis hacer burritos, así que después de tenemos que hacer algo urgente pasaron a una tienda y compraron lo necesario (y también, cosas innecesarias) para preparar. Travis guarda el yogurt que faltaba para el desayuno en su refrigerador, además de las manzanas que compró por mero antojo y ella termina por lavarse las manos y comenzar con los ingredientes. Prepara la carne y enciende los fogones mientras su ayudante lava concienzudamente las verduras.

—Es que en serio —vuelve Travis a la carga después del silencio auto impuesto por ambos, ella revuelve la sartén y suelta una risita mal disimulada; los ojos en blanco son casi inevitables—. ¿Por qué hizo eso? ¡Mandar tu porno casero a tu hermano es casi incesto! Si es que no lo es. Y es asqueroso. Probablemente no pueda dormir jamás. Y moriré de cansancio.

—Estás dramatizando.

—¡Claro que no! —se escandaliza Travis y vuelve a morderse una risotada histérica; es el ser humano más exagerado que ha conocido alguna vez y tiene la desfachatez de negarlo—. Mi hermano me mandó fotos.

Apaga la cocina y sirve en un plato hondo la carne caliente; con una cuchara, toma un poco y lo acerca a la boca de Travis, el picante parece estar bien pues el hijo de Hermes no se queja y Katie queda satisfecha mientras lleva la carne a la mesa de centro de su living. Han decidido que harán una especie de picnic, así que mientras el hijo de Hermes acarrea lo que ya está listo, ella consigue un destapador y el par de cervezas que compraron especialmente para esa ocasión. Cuando ambos se sientan en uno de los cojines del sofá en la alfombra, y mira a Travis, suspira.

El chico parece aún tan perturbado que ella siente pena de decirle te lo dije. Porque a ver, Travis está obviamente exagerando. Muy por el contrario de lo que él crea o diga, Connor no hizo una guarrada como mandarle su "porno casero". Ella está cien por ciento segura de que eso es de mal gusto para cualquier persona en el mundo. Así que nop, no fue ese el asunto. Lo que realmente pasó, fue que Connor mandó fotos semidesnudo con MinSeok, también semidesnudo, y por mucho que eso se pueda malinterpretar (y realmente, las fotos podían ser prestadas para ello), la calidad de las fotos son bastante diferentes de lo que podría ser una fotografía cachonda alias un nude, pero Travis se volvió loco a penas las vio. Comenzando por "¡Es un bebé!" y terminando en un "Maldito mocoso, ya verá cuando lo pille".

Lo que en realidad fue una venganza de Connor por dejarlo a traición en una pseudo cita con MinSeok. Y para ser honesta, ella cree tiene el trauma (bastante) merecido. Aunque realmente no sea un trauma. La foto es bastante bonita. Connor está con MinSeok sentado sobre él, ambos en jeans y con los ojos entrecerrados en una sonrisa amorosa. Tiene los rizos despeinados por la frente y sus brazos están sobre la cintura del rubio en una posición cómoda.

Si Stoll hubiera decidido preguntar, se hubiera enterado hace media hora que fue una sesión de fotografía pagada y desesperada, pero ella tampoco planea decírselo. Y Connor se ha estado desternillando de la risa (con ella) por WhatsApp media hora, cosa que la ha tenido bastante divertida. Así que está bien. Porque ni siquiera le avisó a ella que haría algo como eso. Lo que le recuerda que debe disculparse con su amigo, porque no se supone que la noche terminaría así para ellos.

MinSeok, Katie, Connor y Travis, harían una junta para conversar y distraerse, pero Travis inventó la excusa de "tenemos que ir, Joonie está enfermo y debemos hacer algo urgente" y la arrastró antes de que pudiera quejarse o decir que Joonie no estaba enfermo y que lo único que tenían planeado era esto, pero ni siquiera lo planearon antes de que Travis viera en la tienda las masas para burritos y se le antojasen así porque sí.

Realmente no sabe cómo es que siguió el resto de la historia para que todo acabase así, pero sabe que la novia de MinSeok estudia fotografía. Y que ella ha estado desesperada por conseguir algo para su "concepto" o algo así (no es que ella entienda mucho sobre técnicismos de fotografía o fotografía, así que perdón si está utilizando palabras de película) por lo que supone que Connor y su carisma le han caído del cielo y de alguna forma toda esa burrada de cita a traición terminó en algo bueno para ellos.

Le da un mordisco al burrito y se acomoda apoyando la espalda en el sofá. La mesa ratona tiene todos los platillos con ingredientes listos para servirse otra y también las cervezas que Travis destapa. El picante estalla en su paladar y aunque cree que ha sido horrible hacerle eso al menor de los Stoll y también a MinSeok, la comida mexicana está bastante bien. Tararea la canción que suena del altoparlante de su estéreo casi sin darse cuenta.

Su botellín tintinea cuando el brindis es efectuado y bebe un sorbo con tranquilidad. Hace tiempo que no hacía esta clase de cosas. Beber en el salón con otra persona. Le recuerda a cuando tenía dieciséis y probó la cerveza por primera vez en el living de su casa, cuando su padre y su pareja fueron de viaje un fin de semana y aprovechó de hacer un pijama party junto a unas amigas en Oregón.

Se bebieron dos latas de una cerveza barata entre cuatro, latas que pidieron a un chico que estaba en el minimarket y que accedió a hacerles el favor a cambio de patatas fritas. Y fue de los planes más cutres de fiesta que una vez ideó. Pero se sentía rebelde e ilegal. Y un poco mareada y con ataques de risa. Fue uno de los planes más estúpidos dentro de su larga lista, pero son buenos recuerdos.

Apoya su cabeza en el hombro de Travis y juega con un hilillo de su jogger desgastado. Travis canturrea "Sunday morning". Es curioso como estar en silencio no es un problema para Katie ahora, porque generalmente no disfruta tanto del silencio y por tanto habla hasta por los codos para evitar ese silencio incómodo que se instala cuando dos personas que no se conocen mucho se juntan. Pero con Stoll no es necesario. Es como si estuvieran descansando de tantos años de reírse de ellos o sólo decir estupideces; o como si no necesitaran hablar porque ya llegaron a ese punto de comodidad donde hablar no es necesario si no hay algo que decir, porque todo está dicho. Travis al principio pensó que era extraño, pero se terminó por dar cuenta de que ese silencio es ella. Que en el fondo no disfruta tanto hablar como disfruta la comodidad del silencio. Y que hay algo cómodo y exquisito en la compañía y en los besos silenciosos y suaves y en acurrucarse. En inventarse un plan de la nada y disfrutar de música al azar (porque la pereza es más grande).

El silencio inunda el salón mientras ambos se toman de las manos, satisfechos y cansados.

Travis irrumpe la quietud y comienza a reírse de la nada, primero como una pequeña risita y luego, son carcajadas. Parece tan divertido, que aunque no tiene idea qué es tan gracioso, su risa es tan contagiosa que no puede evitar seguirlo a pesar de estar medio adormilada. Son las dos de la madrugada santo cielo. Y el hijo de Hermes se ríe como si se estuviera ahogando, con sus hombros sacudiéndose como si le hubieran contado el mejor chiste de la historia, se le saltan las lágrimas e inspira intentando tranquilizarse de una buena vez cuando ella pregunta qué entre risitas tontas. Le da un manotazo en el brazo para que le responda, porque Travis pareciera que no-puede-respirar y cuando se tranquiliza por fin, dice, con la voz ronca por el sueño y las carcajadas ahogadas.

—Es sólo que acabo de recordar cuando me tiraste tu florero favorito. Estabas roja de la rabia y eras como esas caricaturas, esas a las que le sale humo por las orejas —Katie le pega suavemente en la frente con su palma y Travis se soba con la sonrisa aún rompiendo sus mejillas—, y ahora estamos aquí, abrazados.

Katie resopla, entre divertida e indignada recordando el suceso. Tenían quince, y ella mala puntería, así que no estaba realmente preocupada por atinarle, lo que más lamentaba era que esa maceta era su favorita y ni siquiera lo pensó cuando la arrojó. Era de greda y estaba pintada amarilla con muchas rosas, era pequeña y muy bonita. La había comprado en una venta de garaje de uno de sus vecinos que se mudaban a otra ciudad y nunca más encontró una parecida. Una de sus hermanas pequeñas después de enterarse que su maceta favorita se había "roto" le regaló una que ella misma pintó y confeccionó con ayuda de un hijo de Hefesto. La tiene en su ventana con un cactus.

—Yo estaba tan furiosa contigo siendo un idiota, que no lo pensé —admite, avergonzada.

—Y ahí me enteré que tu puntería es fatal. Pensé que realmente querías darme con esa cosa ¡Agresiva! —Travis parece realmente divertido, tanto que aún suelta risotadas, parece no comprender el hecho de que ella le tiró una maceta. Como si fuera normal ir arrojando cosas por ahí a lo loco—. ¿Y qué me habías dicho esa vez, Kit-Kat?

Katie gime avergonzada, soltándose de su agarre y enterrando su rostro en sus palmas. Es tan ridículo que no quiere decirlo; por supuesto que Travis parece pensar en lo que dijo como algo memorable, pues imposta su voz y obviamente así no suena ella, ¿o sí?

—¡Eres muy desagradable y no sé cómo es que estás saliendo con alguien, Stoll! —Travis toma aire, sus ojos brillantes, divirtiéndose a su costa, el muy sinvergüenza—. ¡Porque yo no podría, lo lamento tanto por Jenna que debe soportarte!

—Realmente creo que eres insoportable —refunfuña, su voz amortiguada por su posición y sus mejillas ardiendo, no sabe si eso fue exactamente como lo dijo, probablemente no, pero muy parecido a lo que ella recuerda—. ¡Y no sueno así!

—No, claro que no —afirma él, risueño y se puede dar un descanso, así que saca las manos de su rostro a pesar de que aún lo siente ardiendo y lo observa—, pero sí a los quince.

—¡Stoll, ya!

Travis vuelve a carcajearse a costa de ella y ahora sí, que también se ríe del asunto por la ironía que la situación le provoca. Cuando ambos se calman, Travis se suaviza. Lo nota por sus ojos y por su disposición corporal, ya no hay tanta diversión en su rostro, sólo esa expresión de nostalgia ligera que siempre se crea cuando se recuerdan cosas del pasado, pero no parece extrañarlo.

—No sé porque creíste que estaba saliendo con Jenna —dice, de repente, curioso.

Jenna es una hija de Hefesto que siempre compartía tiempo con Travis y Connor en el pasado, ella no estaba enterada (y no tenía porque estarlo, honestamente) de su relación, pero suponía que era amistosa. Ellos de un momento a otro estaban andando para todos lados; y a ella le había llamado la atención. A pesar de su aparente facilidad para hacer amigos, ellos eran más bien del tipo de dúo cerrado. También estaba un poco… asustada al pensar que teniéndola de aliada, las bromas se profesionalizarían.

—No lo sé, yo sólo lo supuse al verlos juntos —Katie se encoge de hombros despreocupada—. Después sólo estaban ustedes dos, sin Connor, así que lo pensé.

Travis la mira divertido, como si su razonamiento fuera tan loco, que no merece ser realmente considerado. Ella puede admitírselo, pero no es como si importara ahora. Eso fue hace tanto tiempo, y a Katie no le importaba lo suficiente para darle vueltas al asunto.

—En realidad me debía un favor, y me estaba ayudando con una sorpresa para Connor.

—Ah.

El silencio queda suspendido nuevamente entre ambos, pero esta vez es diferente, Katie espera. El hijo de Hermes la mira con una timidez nueva y pregunta, quedo.

—¿Sigues creyendo lo de esa vez?

Travis parece esperar una respuesta seria y sin burlas, así que Katie le sonríe con ternura antes de acercarse lo más que puede y mirarlo frente a frente. La noche abre el canal de la honestidad, y ella lo siente repleto de palabras para este chico que la mira como si estuviera avergonzado de estar avergonzado. Y hay humanidad y belleza, una diferente del tipo que se ríe por todo y que tiene ojos azules y brillantes y parece que siempre está a punto de robarte la billetera o hacerte una travesura (y que es también encantador, el muy desgraciado), por lo que Katie intenta ser lo más abierta y honesta que puede.

—Creo que eres una persona demasiado importante para mí, porque confié con rapidez en ti y jamás me decepcionaste. Porque siempre me tratas como si no quisiera nada de ti cuando no es así, como si estuvieras midiéndote para no asustarme. Y me quieres como una amiga, pero también como una amante. Y me haces sentir que no estoy sola, y siempre que voy contigo estoy en casa.

Se siente temblorosa, pero aliviada. Es más fácil ir sin eso atorado en la garganta. Y la sonrisa que recibe en compensación vale la pena muchas veces.

Claro que no, claro que no pienso lo mismo.

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—¿Travis ya lo superó? —pregunta Connor desde el otro lado de la línea.

Katie suelta una risita y niega antes de darse cuenta de que el menor de los Stoll no los ve. La casa está tan silenciosa que el altavoz suena como si Connor Stoll estuviera tras suyo y no a través de su móvil.

—Nop. Pero se lo merecía totalmente —afirma, y se arregla el albornoz ciñéndolo al cuerpo, antes de servirse un vaso de agua.

—¡Ya sé! Pero al final no terminó tan mal, y fue divertido.

Se toma su tiempo bebiendo y también caminando por la casa. Cuando su ronda habitual está hecha, se dirige a la habitación, y cuelga el albornoz, antes de volver a la cama y acurrucarse al lado de Travis que aún sigue dormido. Aprovecha de enredar sus pies para volver a entrar en calor, pues parece haberlo desprendido todo en la caminata, Travis masculla unas quejas sobre "por qué siempre estás tan fría" medio dormido y la acerca dándole calor, se acomoda con gusto, diciéndole a Connor que espere para que se acomode. Luego de conectar los manos libres, dice, ya estoy de vuelta y vuelve a escuchar la voz del chico, solo que por los auriculares.

—Katie.

—¿Qué cosa no puedes hacer tú? Honestamente, creo que es un poco injusto para el resto de los mortales que tú tengas tanto talento y lo único para lo que lo uses sea para hacernos bromas desde el Campamento.

Escucha un bufido y puede imaginarse perfectamente la cara de Connor. No quiere hacerle segundas a Travis, porque por mucho que le guste (¡Le gusta!) entiende que no sirve de mucho cuando el sujeto en cuestión no quiere creer. Es un poco frustrante y trata de aligerar la carga a Connor, pero a veces le dan ganas de decirle "¡Cree un poco más!" Como si fuera uno de esos entrenadores de la televisión.
—Diablos, tú eras mi esperanza —el quejido le llega a través de la línea y le hace sonreír suavemente. Hacen silencio, Katie lo deja. Sabe que viene una revelación y no está dispuesta a pararlo—. Katie...

—¿Si…? —lo alienta con suavidad, casi como si estuviera acariciando a un animal herido.

La estática se escucha unos segundos más y Katie se permite pensar en Connor. Quiere ayudarlo a impulsarse a lo que quiere sin miedo. Es francamente uno de los sujetos más apasionados por el baile que ha conocido y el Just Dance, a pesar de lo que cree no le hace justicia. Pero pareciera que arriesgarse a algo más seguro o más profesional le diera miedo, como si pudiera hacer algo mal. O como si fueran a reprochárselo. Ni su madre ni Travis, quién está profundamente dormido a su lado y a quién le acaricia los rizos castaños, podrían hacer algo como eso, sea lo que sea que haga si es algo que desea. Travis es como su fan número uno, lo que quizá le genera presión, pero quiere que entienda que también puede ser su soporte si se equivoca. Como si la gente no cometiera errores todo el tiempo. Ella sigue confundiendo los tenedores de ensalada y postre y no se va a equivocar él.

Suspira, Ha florecido un cariño profundo por este chiquillo desvergonzado y es inevitable querer lo mejor para él; sí, lamentablemente, también cayó ante los encantos de Connor Stoll.

El silencio lleno de suspenso le recuerda demasiado a Travis.

—Estoy revisando algunas cosas, porque quiero hacer audiciones para la universidad de Nueva York.

—¿¡Lo dices en serio, Connor!? —cuchichea y se sorprende de no haber gritado como una loca.

Travis cuando sepa se volverá loco de felicidad y probablemente le envíe un kilo de Skittles para felicitarlo. O le cantará en un mensaje iris de la forma más lamentable posible, todo puede ser.

—Seh, les contaré cuando haya algo seguro. Guárdame el secreto, ¿vale? Oye, me tengo que ir. Tengo un par de cosas que hacer.

—Claro, ve. Buenos días.

Se despiden y ahí recién se da cuenta de que hay unos ojos adormilados que lo observan con una sonrisa. Son azules, brillantes y tienen arrugas a los lados por la sonrisa. Se acerca a su cara y le besa los labios rápidamente antes de separarse.

Ambos se ven terribles, lo que no es de sorprender considerando que acaban de despertar (bueno, Travis) y no se han aseado, y sumándole a eso, está también el hecho de que durmieron ayer a las tres de la madrugada después de su picnic improvisado. A ella sigue pareciéndole guapo incluso con esas ligeras ojeras y con los rizos esparcidos a todos lados, de hecho le parece bellísimo y es porque probablemente le gusta mucho más de lo que ella ha llegado a admitirse a sí misma. Y los juicios en general son una mierda cuando alguien te gusta. Travis tampoco parece muy interesado en su apariencia cuando acerca ambas caras tomándola de la nuca, donde su cabello está hecho un nido de aves.

—Los besos matutinos son asquerosos —susurra ella sobre su boca como si estuviera tratando de convencerlos a ambos, antes de inclinarse y acortar la poca distancia que queda para besarlo y lo siente sonreír mientras sus bocas se juntan.

Pasa sus brazos por la cintura de Travis y se recuesta contra él. Ambos se susurran un buenos días aunque ya sea pasado el medio día, pero ninguno parece especialmente emocionado en levantarse y comenzar con sus deberes. A pesar de que tiene pinta de que será bastante bonito, pues muchos rayos se filtran entre algunos recovecos de la cortina echada, ella tiene como plan echarse todo el día. Katie se para, soltándose del abrazo y corretea a abrir sólo una, esa que es más fina, de tela casi transparente, para que el sol se filtre, pero no lo suficiente y se devuelve a la cama, dónde Travis lo espera con los brazos abiertos y su expresión somnolienta. Ella se gira al baño y no puede evitarlo; sabe que es una manía un poco extraña, pero ella tiene que lavarse la cara y los dientes incluso antes de comer y aunque le han dicho que es asqueroso tomar desayuno con sabor a dentífrico, no puede evitarlo. La puerta se abre y Travis con camiseta y en bóxer la sigue tomando su cepillo y haciendo el mismo procedimiento. Katie le da una sonrisa de disculpa a través del espejo del baño y el hijo de Hermes le devuelve un guiño.

Se giran a la cama tomados de la mano y él se deja caer arrastrando a Katie, quién se acomoda sobre él, pasando sus piernas a cada lado de las caderas de Travis. Pone las manos en su pecho y lo mira desde arriba, sacándole la lengua antes de inclinarse sobre él y besarlo como corresponde.

Travis suelta un suspiro tembloroso y ambos se observan unos segundos midiendo sus reacciones. Él le quita un mechón de cabello y vuelve a juntar sus labios en un roce un poco más descontrolado que los anteriores, pero de alguna forma, se sigue sintiendo que es cuidadoso. Suspira. Ambos están un poco temblorosos; son nuevos en esta forma de relacionarse y Katie no quiere sentir que lo asfixia o que está incomodándolo. Travis también parece comprenderlo mientras delinea las facciones de su cara y la tranquiliza diciéndole que está bien. Como un pase y un relajante.

Los dedos de Travis acarician con cuidado bajo la camiseta de algodón y tocan la piel desnuda de la cintura, aún cálida por las mantas que la cubrían hace unos minutos. Los dedos están ligeramente helados y ella tiembla, mientras expulsa aire en el cuello contrario. Sube hasta cierto punto y luego se devuelve tocando las vertebras de la columna como si estuviera tocando un piano, las cepilla con cuidado, sus dedos callosos por los entrenamientos son tan gentiles y agiles que se siente como si estuviera abriendo una cerradura complicada, pidiéndole mientras trabaja que se abra. Ella se atreve también a tantear tocando como puede los muslos, creando círculos y figuras con caídas vertiginosas. Travis respinga cuando los toques se acercan demasiado y cierra los ojos, sus pestañas cayendo como mariposas cansadas. No llegan culminar nada; no se tocan más allá de las caderas incluso aunque hubieran podido, pero es suficiente para ambos mientras se dejan caer de vuelta a la cama con los labios hinchados, las respiraciones agitadas y húmedos en partes en las que no lo habían estado antes. Ella vuelve a taparse, con aún más pereza que antes y bosteza, el sueño queriendo ganar de nuevo.

Es lo más lejos que han llegado en lo que llevan de mes. Le quedan aproximadamente unos cinco días para decidir si lo que llevan continúa y ella ya no tiene dudas de lo que desea. Sabe que generalmente la gente se demora más, que quizá se toman más tiempo en otras cosas y que no pasan tantos períodos en las casas de sus no novias durmiendo con ellas y todo eso. Pero nunca ha considerado que ellos sean muy convencionales considerando cómo inició su relación y que ya hacían todo lo de una pareja hace más de un año sin siquiera serlo. Son tan amigos que no hay necesidad de preguntarse si les gusta la Seven Up o la Coca-Cola, o si prefieren el dulce o el salado.

Tal vez para ellos es al revés y lo que tienen que aprender no es convivir o conocer sus gustos, sino que, aprender los lugares y las reacciones del otro. Como unos mocosos inexpertos que no se aguantan lo mucho que les gustan y luego, sólo ser los mismos de antes, los Travis y Katie que se acomodan en su sofá los días de lluvia y que almuerzan en el departamento de Travis arrimándose a lo que cocine Will o a la pizza de Dakota.

Él se recuesta a su lado y besa su nuca. Tantea en la mesita de noche que está a su lado hasta que encuentra su móvil y revisa la hora.

—Creo que ya que nos saltamos el desayuno, nos toca el brunch —Katie gruñe, porque la sola idea de preparar algo para comer le da pereza—. ¿Pedimos algo para comer? ¿Comida thai, pizza…?

Realmente no le apetece nada, frunce su boca, tratando de decidir algo cuando Travis vuelve a hablar.

—Hey, Will dice que vayamos al departamento a comer, ¿qué te parece?

—Perfecto.

Ambos se arreglan con más pereza de la acostumbrada; Travis tiene los rizos aún mojados después de la ducha mientras caminan por las calles de Nueva Roma. Katie camina casi recargada sobre Travis mientras conversan cosas al azar cuando ella recibe la segunda llamada en el día, aunque esta vez, de parte de su padre. Saca el móvil del bolsillo de su pantalón deportivo negro y contesta mientras suben las escaleras del edificio tomados de la mano. Travis saluda con una sonrisa a su vecina mientras esta baja y Katie le regala una sonrisa y un "buenas tardes" apenas articulado antes de volver a su conversación, enfrascándose en ella, levantando sus cejas de vez en cuando. Travis está buscando las llaves del departamento cuando ella suelta un chillido que probablemente le haya perforado el tímpano al padre de Katie y claro que también al hijo de Hermes. Se disculpa con ambos, a Travis dedicándole una sonrisa avergonzada mientras le hace una seña para que entre, pues su llamado va a tomar un poco de tiempo y prefiere chillar afuera. El chico asiente dejándole espacio para conversar a gusto.

—¡¿Lo dices en serio, papá!?

—Claro que sí, cariño.

Hablan como por veinte minutos más, Travis sale a los diez a avisarle que su platillo prontamente será servido y que lo dejará en el microondas mientras habla. Katie pregunta todo: ¿cómo pasó? ¿Cuándo? Y muchos "papá, estoy tan feliz por ti", cada cinco frases, como si fuera una especie de bot de felicitaciones y buenos deseos, pero realmente la noticia le tomó desprevenida. Su padre la llama para decirle que se va a casar en un mes. Un mes. Al parecer lo llama porque quiere saber si Katie quiere ayudar en los preparativos (que no son muchos, será algo pequeño y simple), además de pedirle como si fuera molestia que vaya a su boda y que se desligue de la universidad esos días. Que pida permiso o como sea que se haga.

Cuando entra al departamento saludando a todos con una sonrisa y yendo a buscar su plato luego de recalentar y se sienta, todos los chicos (Travis, Dakota, Will y Nico en menor medida) están esperando la noticia con su mirada atenta en ella. Al parecer no fue precisamente discreta. Les sonríe a los cuatro.

—Mi padre me acaba de informar que se va a casar con mi madrastra —chilla, emocionada—. Ellos llevan saliendo más tiempo del que recuerdo y no es que crea que las parejas deben casarse para formalizar, saben, pero mi padre se escuchaba tan contento como ella y yo estoy tan feliz por ambos que no sé qué hacer. Los amo a ambos y deseo que sean felices. Aunque quiero matarlos un poco porque tendré que comprar un vestido de fiesta y todos sus agregados en tres semanas, lo que no es por nada un buen tiempo para hacerlo considerando que soy medium y small al mismo tiempo.

Los cuatro chicos la miran un poco perplejos, está respirando ahora, pues se sintió como Eminem por un segundo, soltando palabras hasta por los codos. El tenedor que iba a la boca de Dakota se queda suspendido antes de que Travis se anime a hablar, soltando una risa.

—Ella hace esa especie de verborrea cuando está nerviosa o feliz —explica y los tres chicos asienten.

Aún parecen sorprendidos por la capacidad que tiene de escupir palabras por minuto, pero el primero en reponerse es Will. Sonríe como el sol y la felicita como si se fuera a casar ella (cosa que jamás ha estado en sus planes). Katie se ríe del entusiasmo y disfruta del almuerzo con su pequeña familia, agradecida de tenerlos. Porque sí, ellos son su familia. Una que medio eligió, ya que venían con Travis en el paquete, pero que no se arrepiente jamás de haber conocido; pues gracias a ellos, la vida universitaria es cualquier cosa menos rutinaria y jamás se ha sentido sola. Después de haber terminado, termina siendo arrastrada a una maratón de Friends que pasarán por la televisión. Se encarga de las palomitas de maíz mientras Will trae las latas de Coca-Cola, y se acomodan todos en la pequeña sala. Travis se encarga de apartar el sofá con los rezongos de Dakota de fondo antes de que Nico lo mande a callar con un cojín diciendo que va a empezar y vuelve a acomodar su cabeza entre las piernas de su novio. Suelta una risita cuando escucha la excusa de Nico "es que ya no tengo almohada". Le da un beso a Travis en el sofá y se acomoda en su hombro mientras él pasa la mano por su espalda, acercándola para acurrucarse junto a ella.

Katie no pone mucha atención, su cabeza está puesta en otras cosas después de la reciente noticia de sus padres y también en los dedos que tocan su cabello relajándola. Travis se carcajea cada cierto rato al igual que Will y Dakota ya se durmió hace unos veinte minutos; molido después del entrenamiento que tuvo en la mañana por puro gusto de hacer algo.

Han pasado tantas cosas en este mes, que Katie se pregunta que irá a pasar luego. Qué más puede hacer. No le ha dicho a Travis, pero ella ya le ha hablado a su padre de él, y de lo mucho que le gusta. No fue planeado, eso sí. Fue como un desliz, ella de un momento a otro terminó volcando sus pensamientos con él como una locomotora verbal y su padre la aconsejó después de decirle que estaba feliz por ella. Le preguntó ¿Son novios? Y ella contestó algo así como, estamos en eso. Pero, ¿realmente lo están? Porque a veces ella siente que ya lo son. Vale, tal vez no tienen la etiqueta porque estas son insoportables, pero a veces, necesarias ya que de algún modo son orientativas y más fáciles de lidiar que el limbo. Y si fue Travis quien de algún modo propuso que lo intentaran y le dio la opción de decir "para", si quiere que la época de prueba termine y lo sean de una buena vez, también puede hacerlo, ¿no?

El sonido de un comercial la trae de vuelta de forma abrupta y Travis se gira en su dirección dándose cuenta de que algo anda mal cuando ve su ceño fruncido y ese pequeño respingo que da. Parece querer preguntarle qué pasa cuando ella estira su palma deteniéndolo y diciéndole que espere.

—Stoll —murmura—. Tengo dos o tres preguntas para ti.

A cada segundo, el castaño parece más confuso. Ella puede entenderlo, generalmente la gente no tiene tantas preguntas sobre un capítulo (o dos) de Friends.

—Dispara, Kit-Kat.

—Primera, ¿tienes algún traje?

Travis parece pensarlo un rato y termina asintiendo mientras la mira fijamente intentando entender el porqué de esa pregunta.

—Tengo dos, creo, ¿por qué?

La curiosidad de ella se dispara, lo observa detenidamente para imaginárselo; supone que es de esos típicos trajes de color negro de chicos. Seguramente de su graduación o algo así. Tal vez lo usó con Vans o peor, con Converse. La mera idea la hace sonreír divertida.

—¿Te gustaría ir a la boda de mi padre? —pregunta, con la sonrisa bailando.

Travis se remueve ligeramente incómodo y ella frunce sus labios, esperando una respuesta que él se demora en darle. Su emoción disminuye, ¿tal vez lo está forzando demasiado? Abre su boca, dispuesta a decirle que puede responder lo que quiera, porque ella no se sentirá mal o enojada con él por una negativa. No planea hacerlo pasar malos ratos. Quizá ni le gustan las bodas.

—¿No crees que tu padre se moleste? —pregunta al fin, pasa la mano por su cabello, repentinamente nervioso—. Es decir, no me conoce aún.

—No lo creo —murmura, aunque parece pensativa al respecto, lo que no ayuda precisamente a los nervios del castaño—. No creo que quieras ir a boicotear una boda, ¿o sí?

Travis se alerta y niega un par de veces frenético, como si la idea le escandalizara lo que a Katie le parece francamente ridículo, porque la acusación fue a modo de broma y bueno, también porque es la primera vez que Travis Stoll parece profundamente ofendido por ser acusado de una posible broma cuando toda su vida ha hinchado el pecho por sus idioteces. Las ironías de la vida parecen no acabar.

—Entonces, me encantaría.

—Bien. Y la última pregunta.

Travis desvía la mirada a la pantalla, fijándose en el programa que comienza, al Katie haberse relajado parece que él también puede preocuparse menos creyendo que ya ha pasado su crisis existencial en medio de una maratón de series, pero no tiene idea, porque lo que más la asfixia siempre queda para lo último. El hijo de Hermes le da una cabeceada, afirmándole que escucha cualquier cosa que ella diga. Y sonríe.

—¿Quieres ser mi novio?

El hijo de Hermes abre los ojos, sorprendido y voltea la cabeza hacia su dirección con una rapidez alarmante. Probablemente le dolerá luego haber hecho un movimiento muy brusco. La estupefacción parece haberse implantado en su rostro, y Katie comienza a preocuparse después de unos treinta segundos porque Stoll sigue con la misma expresión. Bueno, preocupada… No tanto. De hecho, Katie está radiante y divertida porque se sacó esa espinita que la estuvo molestando más de lo que se había percatado. Es otro peso liberado. Y además, siempre es un gusto tomar desprevenido a un chico como ese. Sabe que no está sorprendido por la petición, más bien por los días. Falta aún para completar el mes, pero a quién le importa, porque a ella no.

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Travis está pegando algo en la puerta de su refrigerador en la mañana, tiene los rizos dispersados por todos lados y algunos aplastados contra la frente al moverse a todos lados durante la noche. El pantalón de franela le cae por la cadera y tiene ese suéter deshilachado que le ha dicho un montón de veces que debería tirar.

Son aproximadamente las diez y un cuarto y ambos se levantaron hace media hora seguramente por costumbre, y también porque ambos se morían de hambre, así que ahora ella está sentada en la isla de la cocina comiendo pan tostado con mermelada de moras meciendo sus pies enfundados en esas pantuflas de ovejas que son y calentitas.

El departamento de Katie huele a primavera ahora que abrió la ventana del living para que el lugar se ventile y ella pone las manos alrededor de su tazón de té (una nueva infusión que Travis le regaló hace unos días) y vuelve a cerrar su bata de color rosa palo; esa que Joonie se ha encargado de rascar siempre que tiene oportunidad. La mañana está fresca y tiene pinta de que será un día soleado y perfecto.

—¿Qué se supone que estás haciendo? —pregunta, después de unos minutos de silencio.

Al principió pensó que Travis tenía algunos deberes de la universidad, pero no cree que parte de los deberes sean poner una hoja con ¿qué cosa pone ahí? En el refrigerador. Y sinceramente, en vez de inventarse teorías, ya que no está para esas movidas a esta hora, prefiere preguntar. Quién sabe, en una de esas entiende a Travis, para variar.

—Estoy poniendo una lista —murmura, el lápiz grafito se desliza por la oreja y lo atrapa antes de que toque el suelo.

—Las listas de la compra se llevan, ¿lo sabes, no?

Se pone de pie y se acerca a él, curiosa y cuando lee la lista, suelta una carcajada incrédula. Pues sí, definitivamente es un tipo ridículo.

—Alergias de Travis Stoll —lee. La conversación aflorando en su cabeza como si hubiera sido ayer y no hace un montón de tiempo—. Eres el ser humano más ridículo que ha pisado la tierra en esta última década.

—No creo que deberías decir eso, Katie, considerando que me pediste ser tu novio y eso puede dejarte mal.

—Bueno, todos cometemos errores.

Katie se ríe mientras es estrujada por los brazos de Travis luego de haber sido atrapada mientras corre huyendo de las quejas indignadas de su ahora novio.

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Nota: Que hija de puta es la inspiración. Estuve dos meses en paro en la universidad y más seca que un desierto en ideas y ahora estoy en exámenes terminando el semestre y se me ocurre todo pero no tengo tiempo. O TENGO, PERO NO DEBERÍA ESCRIBIR ESTO. Debería estar leyendo para intro para evitar el rajazo, pero que es la vida sin riesgos ahre

Bueno la verdad es que me decidí a terminarlo porque las cosas inacabadas me dan ansiedad de la mala y taché algo de mi lista de pendientes so yassss; lamento si no es tan bueno :( porque me siento un poco rara sobre este capítulo. Lo escribí y borré muchas veces porque si bien tenía las ideas de lo que iría no sabía cómo escribirlo (creo que aún no sé porque lo siento como raro) pero bue.

Aviso que no hubo una super duper revisión así que pueden haber cosas raras, sorry.

Ahora sí, lo de Travis poniendo la lista era por su tío y sus alergias, mi amiga me habló una tarde de lo feliz que está de haber visto friends en sus vacaciones luego de la miseria de semestre (el estés vieja) y de alguna forma se me pegó porque la adoro aunque no haya visto más de diez capítulos jajja y lo otro se viene el epilogo (por fin ahre)

GRACIAS POR LEER.