Chicas ¿cómo están? Espero que muy bien, acá les traigo un nuevo capítulo, espero lo disfruten y me dejen sus comentarios.
Hasta el lunes!
Capítulo 9: ¿Enamorado?
Los meses pasaron rápido. Bella y Rose estaban cursando el segundo trimestre de gestación.
Bella, al cumplir las primeras ocho semanas se reincorporó al trabajo. Edward la buscaba para almorzar juntos y más de una vez, también cenaban en compañía de la pequeña Sophie.
Rose, había empezado a vivir con Emmett, que era muy cuidadoso con el estado por el que atravesaba su novia. Ella por su parte seguía asistiendo a la facultad, pero había dejado unas materias ya que se cansaba más que antes.
Esme y Alice, estaban muy felices por la relación que mantenía Bella con Edward, si bien no eran pareja ni nada, ellas estaban convencidas de que los sentimientos de ambos iban más allá del bebé que compartirían.
Cuando las chicas entraron a su quinto mes de embarazo, forzosamente tuvieron que salir de compras y adaptar su guardarropas al vientre que no paraba de crecer. Decidieron que esta sería una salida exclusiva para mujeres, por lo cual Bella y Rose, acompañadas de Alice, Esme y Sophie, se dedicaron a pasar el sábado en el centro comercial comprando ropa para ellas y las primeras prendas para los bebés.
Los chicos, por su parte, estaban reunidos en la casa de Edward armando la demanda que presentarían ante la clínica. Edward y Emmett junto con Jasper y Carlisle, decidieron unir sus fuerzas para hundir a esos médicos que tremenda equivocación cometieron. Aunque en el fondo ya no pensaban que fueran tan malas las consecuencias que acarrearon.
Los chicos, quienes consideraban a Bella como una hermana, nunca la habían visto tan feliz y con la mirada de enamorada que le dedicaba a Edward.
Entre cervezas, pizzas, nachos y demás comida chatarra, pasaron la tarde armando un demanda en la que explicaban lo sucedido en la clínica con la con la implantación de los embriones, además de pedir la prisión para los responsables de dicha institución, como para los médicos que realizaron el procedimiento.
Cuando dieron las siete de la tarde, los hombres decidieron buscar a sus respectivas parejas en el centro comercial, para todos juntos ir a cenar a un lindo restaurant.
Cuando llegaron, todos entablaron una amena conversación, las chicas comentando todo lo que habían adquirido para los bebés. Alice y Esme estaban tan ilusionadas que querían embarazarse pronto. Rosalie, si bien estaba entusiasmada, esa alegría era principalmente por convertirse en la tía consentidora de dos hermosos bebés.
Edward no alejaba la mirada de la castaña, que lucía preciosa, cada vez que la miraba sus ojos se iluminaban, y un sentimiento desconocido se apoderaba de él. No podía apartar las manos del abultado vientre y en cuanto tenía oportunidad, se ponía a la altura y le hablaba a su bebé. Cada vez que recordaba ese pequeño gesto, no podía olvidar el exquisito perfume de fresas y chocolate blanco que emanaba Bella; ese era el bálsamo que lograba tranquilizarlo y hacerlo sentir en paz, hacerlo sentir en su hogar.
—Edward, sabes compramos ropita para mi hermanito, yo digo que será una nena, pero mami dice que como la doctora no nos dijo todavía qué es, no podía comprarle vestidos. Tuve que elegir un enterito verde para que lo pueda usar si es nena o nene —explicó Sophie.
—Luego quiero que me lo muestres y la semana próxima tendremos la consulta con la doctora, te prometo que si nos dice que es una niña, saldremos los dos de inmediato a comprar ese vestidito que tanto te gustó —respondió él.
—¡Gracias, Ed! —dijo ella, mientras se levantaba de su silla y corría al lado de él para darle un beso y un abrazo.
El gesto emocionó hasta las lágrimas a Bella, que fruto de las hormonas se sentía mucho más sensible.
Cuando Edward vio las lágrimas de Bella, de inmediato la tomó en brazos y le dio un beso en su cabeza. En ese momento las palabras estaban de más. Nada podía explicar cómo se sentían los tres en relación a estas pequeñas actitudes que enfrentaban cotidianamente.
El resto de la mesa se quedó contemplando como los únicos solteros y Sophie, se desenvolvían como una verdadera familia e internamente esperaban que muy pronto se declararan su amor. Terminada la cena, cada pareja se dirigió a su hogar y Edward llevó a Bella y Sophie a su departamento.
Bella se encontraba agotada y se quedó dormida en el auto. Edward la cargó en brazos y con la ayuda de Sophie la llevaron hasta su cuarto donde, luego de sacarle los zapatos, la acostó con el vestido que traía puesto. Después mandó a la niña a colocarse su pijama para que él la arropara.
Un acto tan íntimo como acostar a la niña y darle su beso de las buenas noches, le llegó al alma. Sobre todo después de que la pequeña le pidiera que le contara un cuento.
Esa noche al volver a casa, Edward soñó con la posibilidad de que Bella y Sophie formaran parte de su vida de manera permanente, le hubiese gustado quedarse con ellas, estar ahí para cualquier cosa que pudiesen necesitar.
La mañana del lunes encontró a Edward en su despacho, terminando con algunos papeles antes de dirigirse a presentar la demanda en los juzgados.
Emmett entró al despacho de su mejor amigo y lo vio un poco preocupado.
—¿Está todo bien, Edward?
—Mmm... Sí Emmett, no pasa nada.
—A mi me parece que algo te pasa y si no me fallan los instintos, diría que lo que te intriga tiene que ver con Bells.
—¿Tanto se nota?
—Créeme, la cara de enamorado que traes no ayuda a que lo disimules. —Respondió Emmett.
—¡Diablos! ¿Crees que pueda enamorarme de Bella?
—No lo creo, te puedo asegurar que estás enamorado de Bella. ¿Qué tiene de malo?
—Hace un poco más de un año que falleció Tanya y yo ya me estoy enamorando de otra mujer y formando una familia con ella. Soy una basura.
—Hermano, sabes que no es así. Tanya y tú, vivieron una vida hermosa, fueron felices hasta que la muerte los separó; pero eso no significa que tu tengas que paralizar tu vida. Bella es una excelente persona, tierna, amorosa y se nota que te quiere. Y no es que formaste una familia por elección tan pronto. De alguna forma te forzaron a esa relación, pero diría que ambos quieren algo más del otro.
—¿Pero no es muy pronto?
—Edward, creo que tú mejor que nadie sabe que la vida es corta. ¿Qué esperas? ¿Cuando le dirás lo que sientes?
—¿Y si ella no siente lo mismo?
—No creo que sea así, he visto cómo te mira. Diría que la traes loquita.
Ambos rieron.
—Vamos Edward, apuesta por ella, por ustedes; quizás puedas cumplir con el sueño de una gran familia llena de amor mucho más rápido de lo que te imaginas.
Durante todo el día, Edward contempló la posibilidad de decirle a Bella sus sentimientos, de darse una nueva oportunidad en el amor. Sin pensarlo mucho llamó a "Nueva Italia" para hacer una reserva para esa misma noche y confesarle a ella sus sentimientos.
Una vez hecha la reserva, tomó el teléfono y marcó el número que ya conocía de memoria.
—Hola Edward —respondió ella muy alegre.
—Hola Bells. ¿Cómo estás?
—Muy bien, por suerte. Justo ahora había parado un momento porque el bebé quería comer un cupcake.
—Mmm... Qué bebé más goloso ¿lo conseguiste?
—Sí y está delicioso.
— Bells…
—¿Sí, Edward? ¿Qué pasa?
—¿Podemos salir a cenar está noche los dos solos?
—¿Los dos solos? —preguntó sorprendida.
—Sí, me gustaría que habláramos tranquilos de algo.
—¿Seguro que está todo bien? —dijo preocupada.
—Sí, cielo, es solo que quiero que hablemos de nosotros. No te preocupes.
—Bueno, está bien.
—Paso por tu casa a las ocho. ¿Te parece bien?
—Quedamos en eso, adiós.
—Adiós Bella, cuídate. —Terminó él.
¿Qué les pareció? ¿Se animará Edward a confesarle sus sentimientos? ¿Cómo reaccionará Bella?
