Fiebre
Fruncí el ceño y me concentré en la pequeña rayita de mercurio que se acercaba peligrosamente a los 39º. Chasqueé la lengua y comencé a bajarlo para una próxima oportunidad. Una vez hecho me concentré en ti, más precisamente en tu rostro pálido y ojeroso, en tus ojos entrecerrados y cristalinos por la alta temperatura y en tu boca entre-abierta y reseca por la alta temperatura.
-¿me querrías decir quién en su sano juicio va a jugar baloncesto con esta lluvia infernal…?
Me devolviste la mirada, al rato después como si luego de procesarlo un poco hubieses entendido mis palabras e hiciste una ligera mueca que pude interpretar como una sonrisa-… solo… los chicos cool como yo…
Rodé lo ojos y me acerqué para colocarte una de las compresas frías que tenía a mano-pues déjame decirte que no te ves para nada cool en estos momentos…
Reíste con dificultad producto de la obstrucción de tu pecho y causando que una tos seca escapase de tú garganta, no tenía que ser médico para darme cuenta que estabas con una fuerte pulmonía. Suspiré cuando mis ojos repararon en la hora… a pesar de que lamentaba que mi record de asistencia perfecta se viese arruinado, no podía dejarte solo en ese estado, así que me dedique todo el día a cuidarte, atenderte y a procurar que bebieras el liquido suficiente… te deshidratabas fácilmente por la fiebre al punto que tus labios se habían reventado dejando algunas llagas que de vez en cuando sangraban.
Te obligué a comer aunque fuese un poco, hasta que finalmente decidí sentarme a tu lado y a repasar las materias que nos correspondían aquella jornada. Procuré no abstraerme completamente en aquello pues debía estar atenta a cambiarte de vez en cuando el paño húmedo de tu frente; a veces lo deslizaba en tu cuello o entremedio de tus brazos con el fin de bajarte un poco la temperatura.
-o-e…Ma-ka…-dijiste con una voz débil y áspera seguido de un fuerte ataque de tos
-¿ah?...-dije quitando ligeramente la atención de la lectura de los apuntes del día anterior
-hay algo que… quiero… decirte…
-¿el que…?-respondí casi de manera automática
-me gusta… tu aroma…
El cuaderno se escapó de mis manos al mismo tiempo que sentí que infinitos colores se me subían al rostro. Mis ojos se dirigieron a ti desorbitados e incrédulos ante lo que había escapado de tus labios y dispuestos a cuestionarte en todo sentido. Fue ahí que noté que aún respirabas con dificultad, que tus mejillas aún estaban teñidas de rojo y que el paño que descansaba en tu frente estaba ya algo más seco. Tratando de ignorar el creciente nerviosismo que comenzaba a embargarme pasé el resto del día, cuidándote, concentrándome solamente en bajarte esa fiebre que te torturaba. Era inevitable verte mientras que de tu boca escapaba una que otra incoherencia que lograba irritarme, sonrojarme o hacerme reír… hasta que por fin logré que la fiebre desapareciera.
Tu pecho silbaba cuando respirabas, y obviamente aun estabas débil, pero ya habías logrado recobrar la consciencia, lo cual me hacía sentir muchísimo más aliviada. Tus ojos se posaron en mí, brillosos por la humedad producto al calor sofocante que lentamente abandonaba tu cuerpo.
-hola…-te dije con una sonrisa acomodando un mechón rebelde que caía sobre tu frente húmeda-… ¿cómo te sientes?
-siento… que un camión… me pasó por encima…-tu voz era tan áspera que caíste en un ataque casi irrefrenable de tos, por lo que me apresuré a darte algo de agua. Los minutos psaron en silencio y cuando reparé en la hora, ya era tiempo de dormir.
-será mejor que descanses… ha sido un día muy largo…
Asentiste con los ojos cerrados sin poder evitar una ligera mueca de dolor. Encendí la luz de tu velado y la acomodé de tal manera que no te incomodase al dormir.
-dejaré la puerta entreabierta por si necesitas algo…-no esperé respuesta, así que me dirigí al umbral apagando la luz principal de tu cuarto. Me acerqué por última vez para recoger las compresas de tu mesa de noche, pero cuando iba a marcharme me detuviste sujetándome débilmente-¿uh? ¿Qué sucede?
Apenas lograba distinguir el carmín de tus ojos, se notaba que te costaba abrirlos del todo-gracias…-susurraste aligerando el agarre rozando delicadamente mis dedos
Pude sentir que mis mejillas ardían producto al breve contacto y agradecía que en esos instantes estuvieras con los ojos cerrados-no agradezcas…-dije simulando tranquilidad
Retomé mis pasos ahora un poco más presurosos y torpes; lo único que quería era dejarme caer en mi cama y pensar en todo lo que había sucedido en este rato. Estaba… confundida. Estaba cerca de salir cuando nuevamente tu voz débil llegó a mis oídos…
-Maka…
-¿Uh?...-me quedé quita, como una estatua, sin atreverme siquiera a voltear, temblando ligeramente producto de unos nervios repentinos que no sabría explicar
-Lo que dije… respecto a tu aroma…-guardaste silencio aumentando mi tensión, causando que por mi mente pasasen mil posibilidades pero que siempre terminaban en la misma frase…"es mentira"-…es verdad…
Mi corazón se detuvo de manera abrupta, tanto que juro que por un segundo tuve miedo de que me diese un paro cardiaco. Por primera vez en mucho tiempo no tuve manera de responderte, así que preferí guardar silencio y salir de tu habitación dejando la puerta entreabierta lentamente tras de mí. Quizás me equivoque, pero estoy segura que de tu cuarto Salió una breve carcajada… aunque tampoco deseo averiguarlo. Llevé una mano hasta mi pecho, la cual pudo sentir como mi corazón latía desenfrenado, sin quererlo elevé mi mirada hasta el espejo que reposaba en la muralla en donde mi reflejo con sus mejillas sonrojadas le devolvía la vista; me sentí de pronto tan turbada que llegué a pensar que me habías contagiado.
Con esa idea en mente, pues era la única explicación del porqué todos estos "síntomas" me encaminé hasta la sala en busca del otro termómetro que guardábamos para emergencias; entre el ir y venir en busca del dichoso objeto mí vista reparo en la libreta. Dudé un poco hasta que finalmente me acerque a ella con lentitud y leí lo que habías escrito con anterioridad. No sé a qué número equivaldría el sonrojo que pegaba en mis mejillas en esos momentos…pero lo que sí sé, es que fue el primero que casi de manera instantánea se acompañó con una sonrisa. Es cierto Soul, eres la única persona en la cual confió y a la única que le permito consolarme, pues ni siquiera a mis amigas les permito ese grado de intimidad...
Con ese recuerdo en mente sumado con lo que aconteció este día, precedí a escribir…
"Cuidar a Soul mientras está enfermo… es una de las ventajas de vivir juntos…"
