Advertencias: Los personajes son de Stephenie Meyer, la trama de la historia es mía. Todos son humanos, y poco (nada) tiene que ver con la trama de libro. Contiene escenas explícitas entre Bella y varios personajes, así como de Edward con otras féminas, abstenerse si buscas una historia totalmente romántica o la típica Eddie/Bells.
[ ETAPA: Bella ]
EL PADRE, EL HIJO Y EL OTRO HIJO
El señor y la ex-señora Cullen tienen tres adorables hijos: Edward de 19, Bella de 17 y Jasper de 16. ¿Pero que pasa cuando todo se enreda si Bella no es exactamente hija de ellos?
CAPITULO DECIMO: EL BEBE parte I
Había pasado casi tres meses desde aquel fatídico día donde Bella había aprendido que el hombre que ella amaba o creía amar iba a ser padre de una hermosa bebé que iba tener facciones de muñeca de porcelana, debido a que su madre Tanya Robinson, era la perfección hecha mujer. O al menos eso creía Bella. Ese día también le dijo un tibio adiós a su gran segundo idilio: Carlisle Cullen. No pudo buscar a alguien más parecido que a Edward.
En palabras de la propia Bella hacer el amor con el hijo fue lo mejor que le ha sucedido, pero cuando sintió otra piel, la del doctor, lo sintió terriblemente parecido al del castaño. Se parecían tanto en varias formas, pero Carlisle era definitivamente más maduro y dulce. Así cuando terminaron a Bella le costó un poco más asimilarlo.
En esos tres meses muchas cosas habían cambiado dramáticamente.
Tres meses antes
-Hola-
Bella lo miró perplejo ¿Pero que estaba haciendo? Miro al muchacho con sus valijas, con el pelo desordenado, esos ojos aguamarinas tan bonitos, de pie en la entrada de su departamento ¿Qué acaso no había sido testigo íntimo de la desgracia más reciente de Bella?
Él la miró. Si, había llorado bastante, la delataban sus ojeras y el brillo de sus ojos. Hizo una mueca de disgusto. Vaya embrollo que había desatado la castaña. Se despeinó un poco su cabello rubio y sus expresiones se tornaron divertidas cuando la volvió a mirar. Entró firmemente al departamento.
-¿Y bien donde duermo? – preguntó Jasper considerando si el sofá o la cama de Bella eran más cómodas, o apropiadas.
-¿Qué? ¿Jasper tu no me odias?- dijo Bella que sentía que en cualquier momento iba a estallarle la cabeza de tantas emociones. ¿Qué hacía su rubio hermanito en su departamento a la medianoche?
-¿Por qué te habría de odiar? – preguntó Jasper arqueando las cejas – De hecho, yo ya sabía lo de Edward…pero lo de mi papá fue…bueno, si me sorprendiste enormemente – asintió Jasper para sí mismo.
Bella lo miró confundida ¿Ya sabía lo de Edward cómo? Formó sus labios para preguntarle, pero él se le adelantó como si le hubiese leído la mente.
-No soy idiota Bella, vivía con ustedes, tú ibas a su cuarto… No hay que ser un genio – encogió sus hombros y se apoyó en una pared – Pero definitivamente no sabía lo de mi papá. Mierda, yo nunca hubiera hecho algo así –
Bella sintió una punzada con la última frase de Jasper y los ojos se le llenaron de lágrimas. Se sentía tan culpable… El rubio no quería verla reaccionar así, entonces se levantó y abrazó a su hermana, apoyando su castaña cabellera en su pecho – No lo dije para que te sintieras mal-
-pero me siento mal – dijo Bella dejando escapar un jadeo y una lágrima – Lo de Edward…lo de Esme…Carlisle-
-En verdad no he visto a Edward, pero con Tanya ya tiene su problema – comentó Jasper de manera práctica. Porqué así veía las cosas – Esme…- Jasper suspiró fuertemente y Bella lloró un poco más
– No sé…tu la conoces mejor que yo, pero esta peor que enfadada-
-Nunca me va a perdonar…- Jasper ignoró su comentario.
-Carlisle se fue de la casa. Pero tendrá que volver, digo, es su casa-
Entonces Bella se dio cuenta de un pequeño detalle y se apartó ligeramente del pecho del rubio.
-Espera… ¿Qué haces aquí con estas maletas? –la preguntó confundida y sintiéndose completamente idiota. Eso debió preguntar desde un gran inicio.
-Me quedo aquí, obviamente- la soltó y con un pequeño saltó se sentó en el sofá, estirándose a su gusto. Bella se limpió las lágrimas y negó con la cabeza.
-No-
-¿No? Intenta desalojarme hermanita- carcajeó Jasper mientras se acomodaba en el sofá.
-Es que no lo entiendo… ¿porqué quieres hacerme compañía? – Bella se sentó a un lado de él.
-Mira, te lo pongo sencillo: Ahora mismo mi padre debe estar en un hotel, Edward debe estar hecho un imbécil en la casa al igual que Esme; pero mañana y los siguientes días, papá volverá a la casa. Y no solo él, Tanya se mudará con ellos ya que la latosa de Sasha se las da de moralista y la ha desalojado ¡A su propia nieta con un bebé dentro! Entonces… ¿Quieres que viva con Esme y Carlisle discutiendo juntos, mi cuñada en cinta y a Edward amargado y detestando a papá? No quiero estar en medio de ese caos, y créeme linda, tu no eras mi primera opción, pero si me mudo con el bombonazo de Alice, ella creerá que me domina o pensará que soy algo serio, y yo soy un espíritu libre, no tengo ataduras. Y con Kate no puedo, porque Sasha no lo permitiría-
Bella empezó a absorber las palabras de Jasper.
-Aunque te diga que te tienes que ir, igual no me harás caso ¿cierto? – dijo Bella derrotada.
- Vaya, ya estas empezando a parecerme más inteligente – Jasper se incorporó y le sonrió genuinamente – Mi compañía es excelente. Y cocino –
-Lo habrás heredado de Esme. A mí se me da fatal – comentó Bella con tono triste.
-Anímate – dijo Jasper cambiando su tono de voz – Ya verás como todo mejora-
Bella estaba viviendo con Jasper en su apartamento. Él había tenido razón en casi todo. Para empezar había mejorado mucho su relación con ella. Se llevaban como la arena y el mar. Bella podía estar de todos los humores posibles, pero el rubio siempre era el mismo, el espíritu libre que él se había autoproclamado. Aunque como buen hombre que Jasper era – o él lo decía así, según Bella- , trajo muchachas a la casa, sin el permiso de la castaña, que luego se convirtieron en pequeñas peleas que ellos tenían.
-¡Deja de traer zorras a la casa! – dijo Bella tendiendo la cama. Jasper y él compartían cuarto, pero el dormía en otra cama. Y lo peor era despertar mientras su hermano estaba a dos metros de distancia "jugando" con su amiga de turno.
Pero en sí, no tenían ningún problema en convivir. Durante esos tres meses, las vacaciones acabaron y Jasper comenzó su último año en la escuela. También Edward y él cumplieron años. Bella no estuvo presente para el de Edward. Pero sabía noticias acerca de la familia Cullen.
Esme se había empeñado en no dirigirle la palabra, ni siquiera el saludo a pesar de que se encontraran casualmente en el mercado, en el centro o simplemente porque Jasper las unía en contra de sus voluntades. En vez de eso, Esme abrió una cafetería muy cerca al colegio público del rubio, así que empezó a ganar dinero también en FairBanks. Carlisle, efectivamente, regresó a la casa. La relación que él mantenía con Esme permanecía desconocida para Bella, ya que ella no se atrevía a preguntarle. El doctor Cullen seguía yendo a visitarla, aunque ahora con menos frecuencia y con la presencia de Jasper.
Ellos habían terminado, pero a veces se daban besos dulces y tiernos, que siempre cortaban para no causar más revuelo y aparte por que Jasper no era tonto. Sabía cuando había sucedido porque Bella tenía los sentimientos a flor de piel. Se le notaba cuando lo había besado y cuando no. Así que los besos disminuyeron hasta que se extinguieron y los tres podían comer en la mesa del departamento de la castaña con aparente tranquilidad.
Sobre Edward, Jasper sutilmente le soltaba noticias. Ahora que tenía veinte años, Edward retomó sus estudios en la preparatoria a la par que su trabajo a medio tiempo, lo cual lo dejaba con poco tiempo para ocuparse de sí mismo y cuando tenía tiempo, se ocupaba de las necesidades de Tanya Robinson que ahora lucía una pancita de cinco meses y sabía que sería niña: Audrey Cullen Robinson.
Bella increíblemente conservó su trabajo con la señora Sasha. A pesar de que el vecindario entero hablaba de la muchachita de cascos ligeros que se había acostado con alguien que podía ser su padre, Sasha decidió no parecer chismosa y conservarla, también porque la muchacha esa le brindaba noticias sin que se las pidiera y le agradecía mucho, porque el orgullo de la Señora Robinson era no preguntar por su nieta, pero Bella le dijo suavemente y con gran alegría que su primer nieto sería más bien nieta y que estaba creciendo sana y fuerte.
Entró a la librería buscando libros para leer. Se había acostumbrado a que cuchichearan cuando la veían en cualquier lugar público y al parecer la zona especial de libros clásicos no era la excepción. Pero el tendero era amable y la trataba sin ninguna malicia.
Bella buscó en la sección de terror. Quería los poemas de Edgard Allan Poe. No muy convencida cogió uno de tapa oscura de color verde. Empezó a mirar las páginas evaluando la calidad y camino sin ver por donde se dirigía y chocó contra un grupo de personas.
-¡Discúlpenme! – susurró alzando la vista y el alma se le fue a los pies. Esme, Edward y Tanya estaban con libros en sus manos. Edward también palideció un poco y la joven futura madre sintiendo la incomodidad de la atmósfera fue la primera en saludar.
-¡Hola…Bella!- dijo Tanya que la había conocido como Holly y que sentía la tensión reinante entre los Cullen y y la joven Swan.
-Hola Tanya- respondió Bella con un tono débil -¿Cómo va la bebé? –
La rubia le sonrió y le brillaron los ojos. A Bella le dolió un poco la felicidad que irradiaba.
-¿Sabes que será niña? – preguntó muy ilusionada la rubia. Bella asintió y Edward bajó la vista. Esme llamó la atención con su voz.
-¿Pagamos? – dijo haciendo alarde de no mirar a Bella. Pero estaba totalmente distinta. No había hostilidad en sus palabras. La castaña recordó cuando la abofeteó y por inercia se llevo una mano a la mejilla.
Edward asintió y se llevó a Tanya sin mirar a Bella. Esme la miró unos segundos.
-Hola Bella- dijo por fin, la aludida abrió los ojos. ¿Se estaba dirigiendo a ella? Porque la castaña sabía lo rencorosa que podía ser su madre…
-Hola Esme – dijo Bella aún atónita.
-¿puedes acompañarme afuera de la tienda? Tengo que decirte algo – dijo Esme visiblemente incómoda. Bella se sorprendió aún más ¿Era Esme quién la estaba hablando?
-S-si claro – tartamudeó ella por la sorpresa y depositó el libro oscuro en la sección infantil y acompañó a Esme a la salida de la tienda.
-Mira Bella- dijo Esme apenas puso un pie afuera de la tienda. Tenía la urgencia de hablar porqué ella luego se enredaría y no diría las cosas que sentía y …- Perdón por haberte golpeado – soltó azoradamente. Bella también se encendió como un foquillo.
-Ehm, tenías todos los derechos de pegarme Esme –respondió Bella mirando de pronto hacia el vitral de la tienda y encontrándose con la mirada inquisitiva de Edward. Sintió una punzada en su estómago.
-No, no tenía derecho…- Esme se revolvió incómoda- De hecho, lo hablé con Carlisle – pronunciar su nombre delante de Bella no ayudaba a sus nervios – Fui una tonta al creer que podría resurgir algo entre nosotros…pero hace diez años terminamos y desde entonces cambiamos mucho y la verdad yo…-
-Para- pidió Bella. Esme la miró confundida –Tu me criaste. Tú siempre serás mi madre y yo te amaré hasta el día de mi muerte. Pero no creo que las cosas vuelvan ha ser las mismas de antes entre nosotras-
Esme soltó unas lágrimas cuando escucho esto y miró hacia otro lado inspirando con fuerza – Lo sé Bella, sé a quién crié, y por eso quería hablar contigo. No quiero que me guardes rencor alguno-
-No lo hago, y espero de corazón que tu tampoco a mí – Bella y Esme se miraron y esbozaron unas pequeñas sonrisas.
-¿Yo te pago tu libro, vale? – dijo Esme agitando sus manos hacia la tienda.
Bella sonrió con el libro de Edqard Allan Poe en la mano. Su reconciliación con Esme había sido algo que le había iluminado el día. Subió las escaleras hasta la puerta de su departamento. Metió las llaves en la cerradura y escuchó que alguien subía rápidamente las escaleras y le daba el alcance.
-¡Bella aguarda!- dijo una voz jadeante. Bella se volvió en redondo y su corazón dio un vuelco.
-¡Edward! – dijo Bella mientras sentía escalofríos que le recorrían los brazos. El castaño recuperó el aliento y la miró profundamente. Ella se revolvió interiormente. Él la había seguido desde la librería.
- Yo también quiero hablar contigo- declaró con sus ojos verdes fijados en ella. No había precisamente amabilidad en su voz. Y sí algo Bella había adquirido con Jasper, era su frescura para decir las cosas como son.
-Si vienes a decirme que me odias, ya lo sé – dijo Bella apretando sus labios.
-Debería odiarte- le respondió el mordazmente. Bella se rió amargamente y él la miró entrecerrando los ojos.
- Bueno estamos a mano – declaró Bella- tu embarazte a Tanya…-
-Y tu te acostabas con mi padre, Claro, lo entiendo… ¿tenías que darme una lección no? – dijo Edward con amargura. Bella se alteró ligeramente.
-No quería darte ninguna lección –balbuceó tratando de conservar la calma. Él hizo lo contrario.
-Vaya, he tenido guardado esto por tanto tiempo – y se acercó peligrosamente hacia ella – Dime porqué-
-Porqué qué – replicó Bella sujetando con fuerza su libro recién comprado.
-¿Él fue mejor que yo? – siseó Edward y se acercó aún más a ella. Su aliento golpeó a Bella como una bofetada y jadeó – Que tal…¿se encargó de borrar todas las caricias que te di con sus manos?¿Porqué me hiciste esto Bella?- sus manos se alzaron y cogieron las encendidas mejillas de la castaña que ahora lo miraba asustada ¿Él le iba a pegar? Sentía que no conocía a ese Edward que estaba con ella, casi a unos centímetros de su boca, de su rostro.
- Porqué me dices esto…- suplicó Bella mirando hacia abajo mientras una lágrima caía en su mejilla izquierda. Edward reparó en ella y con su dedo la limpio suavemente. Sentía una mezcla de cólera y ternura.
-¿Nunca pensaste en mí cuando estabas con él?¿ Nunca pensaste cuando tus labios presionaban mi cuello, cuando sentía tu corazón cada vez que te recostabas en mi pecho?¿Cuando te echabas conmigo y yo te sostenía en mis brazos?- la voz de Edward se fue apagando. Bella lo miró con fuerza.
CONTINUARÁ
