A la mañana siguiente Dorothy fue a tocarles la puerta, Terry se levantó para ver quién era – Disculpen la molestia, pero el desayuno ya está servido y todos los están esperando en el jardín – Dijo ella.

- Gracias, en un momento bajamos – Respondió Terry.

Después de que Dorothy se retirara, ambos se cambiaron y se dirigieron al jardín. Ellos se dieron cuenta de que, en efecto, eran los únicos que faltaban por llegar. Todos los presentes desayunaron entre risas y pláticas, fue un momento muy placentero para Candy.

La señorita Pony y la hermana María pensaban partir antes del mediodía, ellas se despidieron de todos y al final se acercaron a su pequeña traviesa – Candy, espero que cuando nazca el bebé, nos invites a conocerlo.

Candy las miró sorprendida – Pero, ¿cómo supieron?…

- Eres como nuestra hija y te conocemos mejor que nadie. La maternidad se te nota en el rostro, además tampoco puedes ocultar esa pancita que ya te está creciendo – Dijo la señorita Pony guiñándole un ojo, mientras que la hermana María asentía con la cabeza.

- Perdónenme por no haberles dicho nada, pensé que se molestarían conmigo, que las decepcionaría.

- Candy, un bebé es una bendición y jamás debe ser motivo de vergüenza, si tú estás feliz, nosotras siempre vamos a estar felices.

Candy las abrazó, ella pensó que realmente era afortunada, tenía dos madres maravillosas y el mejor padre adoptivo del mundo, que aparte de todo, era su mejor amigo y su confidente; pronto sería madre y acababa de casarse con el amor de su vida, y además de todo, sus seres queridos habían estado presentes en su boda - ¿Qué más puedo pedirle a la vida? – Pensó agradecida.

La joven pareja fue a despedir a la señorita Pony, a la hermana María y a los niños, hasta el carro que los llevaría de regreso. Mientras caminaban hacia el jardín, Candy divisó a la tía Elroy, ella notó que la matriarca acababa de llegar, porque apenas estaba saludando a Stear y Archie. Cuando Candy se acercó a saludarla, la Sra. Elroy le lanzó su clásica mirada despectiva, a Candy no le importó, ya estaba acostumbrada a sus desplantes.

- Felicidades – Le dijo la Sra. Elroy, con muy poco entusiasmo, después se dio la vuelta y fue a hablar con Albert.

Stear y Archie se miraron confundidos - ¿De dónde conocerá Albert a la tía abuela? – Le preguntó Archie a Stear.

- No lo sé, pero parece que se conocen desde hace mucho tiempo, ella le habla con mucha familiaridad – Respondió Stear.

Candy no dijo nada, no le correspondía a ella confesarles la verdadera identidad de Albert. Los tres jóvenes vieron como la tía abuela se volvía a acercar a ellos.

- Chicos, me gustaría que pasaran al mirador un momento, tú también Candy – Dijo ella y caminó hacia el interior de la mansión.

Candy le pidió a Terry que la esperara en el jardín y después se fue con sus primos al mirador. Los tres se sentaron en uno de los sillones, mientras que la tía Elroy se sentaba en una silla aparte, todos esperaron cerca de diez minutos, hasta que entró Albert.

- ¿Tía, y los hermanos Leagan aún no llegan? – Le preguntó Albert a la tía Elroy.

- No, no sé qué pudo pasarles, les avise que quería verlos al mediodía en el mirador de la mansión. Ellos nunca han sido impuntuales.

Stear y Archie volvieron a mirarse, estaban realmente sorprendidos.

- ¿Tía? Te has fijado, le ha dicho tía – Murmuró Stear.

Eliza y Neal entraron al mirador, lo primero que notaron, fue la presencia de Candy.

- Tía, ¿Qué hace ella aquí? No quiero estar en la misma habitación que esa sucia huérfana – Reclamó Eliza.

- Guarda silencio Eliza – Dijo la Sra. Elroy, en un tono serio - Si los he llamado aquí, es porque tengo un anuncio muy importante que darles. Durante mucho tiempo, se les dijo que el tío abuelo estaba ausente debido a sus viajes, pero creo que ha llegado el momento de sepan quien es en realidad la cabeza de la familia Andrew.

Los cuatro jóvenes se miraron sorprendidos, ninguno de ellos entendía de lo que estaba hablando la tía abuela. Después de un breve silencio, ella siguió hablando.

- Les presento a William Albert Andrew, el patriarca de la familia Andrew.

Nadie se atrevió a decir nada, todos estaban en estado de shock con esa noticia. Candy aprovechó para sonreírle a Albert, él le regresó la sonrisa.

- Eliza, te voy a pedir de favor que no vuelvas a dirigirte a Candy como "sucia huérfana", ella es mi hija adoptiva y a partir de ahora será la dueña de ésta mansión, así que te pido por favor que la respetes – Dijo Albert, de forma autoritaria.

Candy se sorprendió con lo que Albert acababa de decir - ¿La dueña de la mansión de Lakewood? – Pensó confundida, no podía ser cierto, debía estar soñando.

Después de que Albert informara su decisión, los hermanos Leagan salieron del mirador rápidamente, ninguno de los dos era capaz de asimilar la voluntad del patriarca de la familia. La tía Elroy salió de la habitación pocos minutos después, una vez más, ella creía que Albert estaba cometiendo un grave error.

Stear y Archie no podían salir de su asombro, minutos después se acercaron a Albert y le extendieron la mano, él les dio un afectuoso abrazo

- ¿Y ahora como debemos llamarte? ¿Tío? ¿Abuelo? – Preguntó Stear.

- Solo llámenme Albert, después de todo no soy tan viejo. Ahora si me permiten, me gustaría hablar con Candy un momento.

Los dos salieron de la habitación, ellos siguieron platicando de lo sucedido por mucho tiempo.

- Candy, sé que tal vez te sorprenda mi decisión, pero creo que aquí en Lakewood encontrarás la tranquilidad que necesitas durante tu embarazo. He decidido poner esta mansión a tu nombre, porque de esa manera nadie podrá venir a molestarte, ni la tía Elroy, ni los hermanos Leagan. Además sé lo mucho que este lugar significa para ti.

- La verdad es que yo pensaba irme con Terry de gira.

- Sé que es tu decisión, pero debes pensar qué es lo mejor para ti y para tu bebé, ¿podrás soportar viajar de un lugar a otro, una vez que tu embarazo esté más avanzado?

Candy recordó lo pesado que se le había hecho el viaje de Nueva York a Chicago, en ese momento pensó que Albert tenía razón.

- Creo que lo más sensato sería que esperaras a tu esposo aquí, mientras su gira termina. Sabes bien que en la mansión estarás bien atendida, además Dorothy estará encantada de cuidarte.

- Tengo que platicarlo con Terry, ahora él es mi esposo y debo consultar con él todas las decisiones importantes.

- Yo pienso quedarme en Lakewood por el día de hoy, mañana temprano partiré a Chicago para hacerme cargo de los negocios familiares, espero que para entonces ya hayas tomado tu decisión.

Candy asintió con la cabeza, antes de regresar con Terry, le dio un fuerte abrazo a Albert. Cuando salió al jardín, su esposo la esperaba sentado en una de las mesas.

- ¿Para qué querían hablar con ustedes? – Preguntó Terry.

- Querían hacer la presentación oficial del abuelo William. ¿Sabes? El abuelo William, bueno, Albert, me ha cedido ésta mansión, dice que él estará más tranquilo, si yo paso aquí los últimos meses de mi embarazo.

- Pensé que vendrías conmigo a la gira, yo no quiero separarme de ti.

- Yo tampoco, pero creo que él tiene razón, estar viajando de un lugar a otro puede ser muy pesado para mí, yo no quiero que mi bebe nazca en un tren o en un teatro, preferiría que nuestro hijo o hija, naciera aquí, en Lakewood.

- ¿Por qué no me acompañas unos meses? Cuando sientas que ya no puedes seguir viajando, yo mismo te traeré de regreso.

Candy volteó a ver a Terry y le sonrió – Esa es una buena idea – Después le dio un beso en los labios.

Por la noche, Candy fue al estudio a hablar con Albert - Ya he tomado una decisión con respecto a su propuesta – Le dijo ella.

- ¿Y bien?

- Iré con Terry los primeros meses de la gira, después regresare a Lakewood para terminar mi embarazo.

- Creo que es una buena decisión. Por favor Candy, recuerda que puedes pedirme cualquier cosa que necesites, yo siempre estaré disponible para ti.

- Muchas gracias Sr. Albert, nunca podré pagarte todo lo que ha hecho por mí.

- No necesitas pagarme nada, eres mi hija adoptiva. Solo te pido una cosa, no me hables de usted.

Candy sonrió – Está bien Albert.

A la mañana siguiente Albert se despidió de todos. Stear y Archie le pidieron permiso a Candy para permanecer en la mansión por un tiempo. Lakewood les traía muchos recuerdos hermosos, al igual que a Candy.

- Claro que pueden quedarse aquí, tómense todo el tiempo que quieran, su presencia no me desagrada en absoluto, al contrario, me hace muy feliz que ustedes estén conmigo. Había pensado que Annie y Patty podían acompañarlos, para que no se sientan solos – Dijo Candy sonriendo.

Un día después, Candy partió con Terry hacia Nueva York, la gira de la obra estaba por comenzar y él tenía que presentarse en el teatro para los últimos ensayos. Al llegar al teatro, Terry le informó al director sobre su reciente matrimonio.

- Vaya, sí que te lo tenías muy escondido – Le dijo Robert.

- Me hubiera gustado invitarlo, pero la verdad es que fue una celebración muy íntima, solamente estuvo presente la familia de mi esposa y mi madre. Por cierto, quería comentarle que mi esposa viajará conmigo durante la gira, ella está embarazada y no quiero dejarla sola.

- No te preocupes Terry, tu esposa será bien recibida con nosotros. Por otro lado, no me queda más que felicitarte, espero que tú y tu esposa sean muy felices.

- Muchas gracias Robert.

Durante el tiempo que Terry estuvo en Lakewood, él se olvidó por completo de Susana. Pero ahora que tenía que estar de nuevo cerca de ella, no se sentía muy contento.

- Terry, te ves radiante, supongo que te la pasaste muy bien con tu novia durante estas pequeñas vacaciones – Le dijo Susana al terminar los ensayos.

- Candy es mi esposa, nos casamos hace unos días.

Susana se quedó sin palabras, nunca esperó escuchar esa respuesta, ella había intentado olvidar a Terry durante varios meses, pero no lo había conseguido. Le dolía mucho saber que Candy era oficialmente la Sra. Graham.

- Pues muchas felicidades Terry – Fueron las únicas dos palabras que pudieron salir de su boca, aunque no las decía de corazón.

Candy arregló sus cosas para partir de viaje con su esposo. Una noche antes de partir, hicieron el amor con mucha ternura, por la mañana se despidieron de Nueva York y emprendieron su viaje.

Terry se sentía un poco inquieto, él comenzó a dudar de su decisión de llevar a su esposa a la gira, estaba convencido de que lo mejor hubiera sido que Candy se quedara en Lakewood, sabía que serían varios meses los que Candy estaría cerca de Susana, y eso le preocupaba.