LAS DOS CARAS DEL SER

CAPÍTULO 10: CRUELDAD Y MUERTE

En el interiorde una celda oscura, repleta de olores nauseabundos producto de una extraña mezcla de orina, heces, sangre, sudor y semen; un muchacho escribía desesperado, sintiendo temor de ser atrapado por sus captores y maltratado otra vez. Lo más inteligente para él hubiera sido aprovechar aquél tiempo para descansar, pero una especie de fuerza irracional dentro de su ser lo forzaba a redactar unas pocas líneas en un pedazo de papel higiénico.

"Este es el octavo día en que estoy aquí, si pudiera pedir un deseo, sería que me mataran de una vez. Lo daría todo por escapar de este maldito infierno, pero eso es prácticamente imposible, ya varios han tratado de huir... pero algunos han muerto con una especie de... ¿ráfagas láser?, ¿rayos de luz?, creo que no se me ocurre nada más para definir el tipo de armas que poseen esos tipos de negro.

Pero de los que más me asustan, son esos tipos de armadura... en especial, uno al que le dicen Uthbak, parece gozar al capturar a otros que tratan de escapar, los golpea hasta romperles los huesos y luego rematarlos con una especie de sable brillante atravesándolos de una estocada para luego arrancarles el corazón y destrozarlo con sus puños, lo que más me atemoriza es la mirada que poseen al hacer esto… sus ojos se tornan plateados completamente como llamaradas del averno mismo, mientras una especie de aura oscura lo rodea.

¿Porqué escribo esto?... Creo que lo hago para escapar aunque sea en forma imaginaria de este infierno en el que estoy, lo único que veo a mi alrededor son salas de tortura y constantes trabajos forzados, así como esos tipos con uniformes y armaduras de negro, y eso sólo cuando debo salir a trabajar para esa gente, unas 16 horas más o menos. El resto de tiempo apenas estoy en esta celda, completamente sólo, sufriendo y extrañando a los míos."

-Suficiente de escribir chico, hora de volver al trabajo.-le dijo un soldado caroniano.

-Voy enseguida.-respondió el joven con una voz bastante cansada.

El muchacho salió junto con muchos otros que andaban por allí, saliendo a construir y reparar una serie de máquinas que no sabían para que servían; sin embargo había recordado algo, parecía que le tenían miedo a alguien que se hacía llamar "el Guardián" según lo que escuchaba de las conversaciones de los soldados caronianos, que esperaban no encontrarlo frente a frente nunca.

Veía hacia la derecha por un instante y observaba a algunos otros prisioneros como él y que hacían la misma labor que él estaba haciendo. Eran centenas y centenas que procesaban un tipo de líquido que cambiaba su coloración de verde a negro, cuyo olor era horrendamente penetrante, y que era añadido a gigantescas ollas a presión que lavaban y hervían toneladas de granos de arroz.

-¿Fuerte el olor? Pues mejor te acostumbras o te arrancamos la nariz.-le dijo con sorna un soldado imperial.

-Prefiero acostumbrarme.-repuso el prisionero.

De pronto un culatazo le cayó de lleno a la espalda del prisionero, justo a la altura de la espina dorsal, algo que al resto de cautivos les hizo trabajar a más velocidad. El prisionero todavía no se reponía de aquél duro golpe cuando notó que un líquido amarillento y ligeramente cálido le caía en el rostro, no había que ser un genio para notar que aquél líquido era orina y él de pronto era convertido en un inodoro humano por parte de un matón con rifle-láser.

-Hablas cuando te lo indiquemos, basura.-gruñó el soldado caroniano, antes de acomodar su bragueta tras haber orinado.

No muy lejos, otro soldado caroniano golpeaba salvajemente a un anciano, todo esto ante la impotencia de aquél que había escrito aquellas líneas de desesperación que también veía como un tercer soldado imperial atrapó a una pelirroja joven que había intentado resistirse a uno de los soldados, y estaba siendo llevada a otra habitación.

-Y tú qué esperas basura… sigue trabajando.-dijo el caroniano mientras golpeaba al joven que sirvió de inodoro humano.

Los golpes iban y venían, una y otra vez hasta que en un momento dado el joven que garabateó aquellas líneas en papel higiénico no pudo aguantar más y derribó al imperial que abusó de él de un derechazo, mientras le arrebataba el arma, para luego matarlo de una descarga láser.

-¡Uno de los prisioneros tiene un arma!-alertó uno de los caronianos.

-¡A él!-gritaron varios al unísono.

Sin embargo, ya varios de los prisioneros se habían lanzado a una pelea cuerpo a cuerpo contra los soldados que estaban allí, tan hartos como el que empezó aquello, peleando como bestias salvajes mientras que poco a poco empezaban a superar a los soldados imperiales.

-No… no, por favor.-dijo la chica pelirroja, encerrada en una habitación cercana a donde estaba produciéndose la revuelta de los prisioneros.

-Cállate, sabes hace mucho que deseo saber cómo son las mujeres de este mundo.-contestó el caroniano, mientras le cerraba el paso a la joven, y la derribaba al piso de un golpe para empezar a desgarrar sus ropas.

-¡AYUDAAAA!-gritaba la chica, mientras el caroniano estaba golpeándola de nuevo, deseándola cada vez más.

Sin embargo, un disparo láser acabaría matándolo, mientras el joven que había sido el primero en matar a un soldado imperial le hablaba:

-No tengas miedo, saldremos de acá.

-Gracias, ¿quién eres?-decía la joven algo asustada.

-Thomas Gall, de Inglaterra… estaba en la bahía de Tokio cuando vi que un grupo de criaturas y soldados hundían el barco en el que estaba, luego me golpearon y me trajeron acá. ¿Quién eres tú?

-Kazumi Nagasawa, vivía cerca de la bahía de Tokio, pero… cuando se dio ese ataque… esos malditos mataron a mi familia, y luego me capturaron.

-Escucha… debemos salir de aquí, quizá tengas más probabilidad de escapar que yo… por favor, busca al "Guardián".

-Al "Guardián"… ¿y quién…

-Eso es algo que desearía saber, sólo sé que todos estos sujetos de algún modo le tienen miedo… búscalo, y espero que aparezca a vencer a estos tipos.

Tras aquello, ambos se unieron a los demás esclavos con un solo objetivo en aquél instante: conseguir la libertad de aquél infierno en la tierra que era ése lugar Ajenos a lo que estaba pasando, el comandante Huranuk y el Shadow Warrior Uthbak charlaban mientras observaban un holograma tridimensional de la Tierra.

-Todo va saliendo a pedir de boca. Ése Guardián ni siquiera se ha percatado de los movimientos que venimos ejecutando.-repuso Uthbak con una sonrisa de oreja a oreja.

-Aún con eso es necesario que ésta operación se ejecute con el mayor sigilo. Eliminar, causar caos y desaparecer. A medida que las piedras pequeñas desaparezcan habrá menos estorbos y eso confundirá a las piedras grandes.

-Eso es aburrido, Huranuk.-respondió Uthbak, cerrando los ojos un segundo antes de ver a los ojos al comandante imperial y señalar hacia un punto cercano a Atenas en el holograma de la Tierra.-Tú y yo sabemos bien que la mayoría de nuestros enemigos están en ésta zona. Habría que ir y abatirlos de una vez.

-¿Y pelear bajo sus reglas? Paso. Prefiero imponer las mías.

-¿Acaso dices que nosotros no somos suficiente para ésos sujetos? ¿Pones en duda la capacidad de los Shadow Warriors?-inquirió el Shadow Warrior con orgullo.

-Sé que tienen suficiente poder para combatirlos, e incluso matar a algunos de ellos. Pero Su Ilustrísima nos envió a conquistar éste mundo, y no sólo matar algunos guerreros. Será sólo cuestión de algunas vueltas terrestres más para mostrarles que sin importar lo que tengan no tienen opción de vencer y sepan el verdadero significado del imperio de Caronia. En cuanto eso pase, les haremos saber el precio de un enfrentamiento con nosotros.

-¿Entonces descartarás a ésos terrestres con los que te aliaste?

-Todavía no, en tanto exista siquiera un enemigo dentro de éste mundo ellos pueden ser útiles. Una vez que la ocupación sea completa podremos hacernos cargo y… .

En eso, Huranuk escucha el estruendoso y chirriante sonido de la alarma, junto con la voz de un soldado que llega hasta el ambiente donde está con Uthbak.

-Los prisioneros… se amotinaron… hay como trescientos de ellos, quizá más.

-¿Lograron bloquear el acceso a los otros centros de trabajo?-preguntó Huranuk.

-Sí. Sólo el sector siete se ha amotinado, pero es una locura allá. Los prisioneros nos superan en número y ya han matado a la mayoría de nuestros camaradas.

Huranuk miró de reojo a Uthbak por un momento, antes de hablar.

-Necesitamos mostrar que quienes se oponen al orden de Su Ilustrísima deben pagarlo. Si dejamos que éstos prisioneros sigan así entonces no podemos esperar dominar éste mundo ni derrotar a sus defensores.

-Entonces iré yo mismo a acabarlos. Esto tomará apenas un tac y… .

-No.

-¿Qué dijiste?-preguntó Uthbak, auténticamente sorprendido.

-Que no irás. No todavía al menos.

-Pero tú mismo lo dijiste. Si no mostramos el precio de enfrentarnos, no podremos con éste mundo.

-Por eso es que hay que hacerlo ejemplar. Dejen que los prisioneros lleguen hasta la salida.

-¿A la salida? Señor, eso implica liberarlos.-dice el soldado.

-Exacto. Dejen que suban y crucen la puerta de salida, y luego ciérrenla bien. Eso si… Uthbak, tú irás a darles la despedida.

Uthbak miró a Huranuk, ya entendió lo que iba a pasar.

-Claro, cuenta conmigo para eso.

Pasados varios minutos de aquella charla, Kazumi Nagasawa y Thomas Gall corrían al frente de un grupo de setenta prisioneros de los caronianos. Todos ellos, con cuerpos que empezaban a mostrar rasgos esqueléticos y exudaban olores putrefactos que eran una combinación de sangre seca, sudor, vómito, mugre, orina, heces, y en el caso de las mujeres también era el semen, con ojeras en los rostros, canas en los cabellos y cicatrices horrendas en partes diversas de sus anatomías.

-¿Se acabará todo esto?-preguntó Kazumi, a medida que los metros que la separaban de la superficie se acortaban.

-Quiero creerlo.-murmuró Thomas, ignorando totalmente el olor penetrante de las cloacas de Tokio.-Lo que sea con tal de no estar un segundo más allí abajo.

Finalmente, aquellos esclavos empezaron a percibir algo que extrañaron por mucho tiempo cuando finalmente pisaron la calle, tras sobrepasar paredes metálicas en lo profundo del subsuelo junto con varios kilómetros de alcantarillas. Parecían ser los débiles reflejos de los rayos del sol y por un momento aquello los llenó de esperanza.

-¡CIERREN LAS PUERTAS!¡ME ENCARGARÉ DE ESTA BASURA!-ordenó Uthbak, que estaba justamente esperándolos frente a ellos.

Aquellas enormes puertas metálicas fueron cerradas. Todos los esclavos estaban desorientados, no sabían dónde estaban con exactitud, pero por el lugar casi parecía ser una especie de enorme complejo industrial, repleto de fábricas enormes.

-¡Debe estar alardeando! ¡Ése hijo de puta está alardeando, carajo!-anunció uno de los esclavos mientras disparaba, sólo para que luego el impacto láser fuera detenido con una mano del siniestro guerrero imperial.

-¡JAJAAJAJAJAJJAJAJAJJAJAJAJA!-río Uthbak-¿Es todo?

Al mismo instante en que el sol se ocultaba y sus rayos desaparecían, Thomas le entregó a Kazumi el papel que había escrito hasta hace poco.

-Pero qué… .-decía Kazumi.

-Escucha, esto es lo último que escribí antes de morir… envíalo a la embajada británica a que lo manden a mis padres, y por favor… busca al "Guardián" a cualquier precio.-respondió Thomas.

No hubo tiempo para despedidas, ella sólo pudo atinar a correr lo más que pudo alejándose de ese lugar mientras que los esclavos que llegaron hasta allí disparaban las armas láser que le habían arrebatado a los caronianos, en tanto que Uthbak sólo rechazaba los disparos, desviándolos con sus manos.

-Son sólo escoria… ¡Dark Buster!-anunció Uthbak.

Una gran esfera de energía, de color negruzco salió de las manos de Uthbak, aquellos esclavos sólo se encomendaron a Dios antes de morir. Kazumi había logrado salir con vida pudiendo apartarse del rango de ataque de aquella onda de energía, pero ya tenía varias heridas en todo su cuerpo, sin contar con que su ropa había sido desgarrada. ¿Cuánto tiempo más resistiría teniendo todas esas heridas en el cuerpo? Imposible saberlo, así como resultaría algo imposible de olvidar lo que vería después.

Uthbak veía como casi todos los que habían recibido aquél ataque de energía estaban muertos, todos excepto Thomas, el cual apenas estaba respirando.

-Veo que tú fuiste el que lideró la revuelta, ¿eh? Sabes, ustedes no son más que un grupo de animales inútiles que debieron haber agradecido el haber trabajado para nosotros… los gobernantes de todo lo que existe en un futuro.-dijo Uthbak

Thomas no respondía, ya no podía responder. Apenas se escuchaba su respiración y nada más, mientras todo su cuerpo estaba dejando una enorme mancha de sangre en el piso.

-Hum… bueno, quizá me seas de más utilidad… de otra forma… -repuso Uthbak.

Kazumi quedó muerta de miedo al ver como el puño de Uthbak se incrustaba en el pecho de Thomas, tras lo cual apretaba su corazón con la palma de su mano y luego destrozaba aquél órgano vital cerrando su puño y dejando su cadáver tirado, mientras que sus ojos se tornaban plateados y una enorme aura negra se manifestaba en torno a él.

-Sólo era mierda.-murmuró despectivamente Uthbak.

Kazumi no se había recuperado aún de aquella impresión, y estaba muerta de miedo, no podía siquiera hablar pero instintivamente supo que debía seguir saliendo del lugar pero a medida que corría más y más, se le iban agotando las fuerzas que le quedaban, lo más seguro sería que le pasaría lo mismo que a todos aquellos prisioneros y moriría. De una u otra forma pero acabaría muerta, en un instante sintió cierta envidia por todos aquellos esclavos que habían muerto, pero por alguna extraña razón, sintió que con Thomas algo más horrendo y macabro había pasado. No pudo pensar en más cuando acabó inconsciente.

Casi al instante en que ocurrió aquella masacre, Serena Tsukino despertó sobresaltada de su escritorio y temblando por un segundo. Entonces notó que la ventana de su cuarto estaba abierta y eso hacía que le cayera un viento fuerte y frío con algunas gotas de lluvia. Tras cerrarla y colocarse una chaqueta jean azulada para abrigarse, maldijo a su profesor de matemáticas por un segundo antes de abrir el libro de texto y usar su calculadora.

-Debe odiarme. Pedir que responda ejercicios de trigonometría. El seno de esto, el coseno de aquello, la tangente y la cotangente de lo otro, la secante y la cosecante… arghhh… ¡ESTO ES DIFÍCIL!

Serena entonces se recostó en su silla. Si tan sólo ésos ejercicios fueran más fáciles o al menos su prioridad más importante en ése momento. Pero no podía ser capaz de sacarse de la cabeza las cosas que habían pasado últimamente. No se podía sacar de la mente a aquellos guerreros de negro que masacraban personas sin asco ni piedad, ni a aquél hombre de armadura azulada que mostraba una crueldad odiosa con sus enemigos y que desconfiaba de ellos.

-¿Por qué no lo haces más fácil y comprendes que éste problema también es nuestro? ¿Por qué demonios no intentas confiar en nosotros?

A la vez estaban reunidos Davis, T.K., Kari, Yolei, Cody y Ken en el departamento del último, jugando póquer para intentar distraerse. Ken observó el reloj de pared de su sala por un segundo cuando notó que había perdido noción del tiempo en que estaba con sus camaradas y vio que en apenas diez minutos sería las ocho de la noche.

-¿Entonces no ha habido posibilidad de contactarse con nadie aún?-preguntó Davis, antes de cambiar un par de cartas.

-Para nada. Según mi hermano, Izzy todavía no ha podido ver la forma en que podamos comunicarnos con los digi-destinados del resto del mundo.-replicó Kari, quien apenas si cambió una carta.

-Mi mamá ha intentado averiguar algunas cosas donde ella trabaja, pero hasta ahora no ha logrado algo sobre ésos caronianos.-dijo T.K, que dejó su baraja tal cual estaba.

-Pues de algún modo debemos detenerlos y alertarlos. Quizá si los llamamos por teléfono.-decía Yolei, que tras meditar unos cinco segundos se animó a cambiar tres cartas.

-No sería sencillo, es decir hablamos japonés y con esfuerzos algo de inglés. ¿O acaso te olvidaste de lo que nos contaste en Moscú? Apenas lograste comunicarte con aquellos digi-destinados jugando charadas.-contestó Ken.-¿Quizá por cartas? ¿Mediante correo aéreo?

-Tardaría semanas en algunos casos. ¿Y qué tal si vamos con ImperialDramon a decirles?-propuso Cody, que tomó un vaso de jugo de naranja tras ver su baraja.

-Sería descuidar Tokio, y ahora no podemos hacer eso porque sería lo mismo que darle a ésos caronianos más posibilidades de victoria.-habló T.K.

-¿Tú crees? Es decir, ésos Santos se ven bastante fuertes, hasta más que el tal Guardián. Debería servir para solucionar las cosas.-teorizó Davis.

-Si hablamos de un enfrentamiento directo, si. Pero ésa gente no va sólo contra nosotros, va contra todos. Ya vieron como atacaron en Nerima y en Chiyoda, incluso nos hicieron quedar mal ante todos.-murmuró Ken, quien mostró sus cartas, un trío de nueves y un par de seis.-¡Full!

Davis, Yolei y Cody maldijeron mentalmente a Ken por un segundo antes de mostrar sus cartas. Apenas eran pares de ochos, cincos, sietes, cuatros; hasta que Kari miró sonriente a Davis.

-¡Póker de reinas! La reina de corazones nunca me falla.-dijo Kari, que estaba a punto de celebrar cuando la expresión del rostro de T.K. la convenció de que algo andaba mal.

-¡Póker de reyes!-respondió T.K.-Rey de espadas es mejor que reina de corazones. ¡Gané!

Al mismo tiempo, iba a ser mediodía en el hermoso parque de St. Hanshaugen (1) en Oslo, cuyos enormes robles y abetos lucían hermosos y cubiertos con leves capas de nieve que se derretían poco a poco en medio de un apacible clima templado. Pero a la vez que estaba este hermoso paisaje en el ambiente, la fuente de agua de aquél parque, reflejaba un macabro hecho.

Una niña de complexión delgada que apenas aparentaría los nueve o diez años, de cabellos rubios, ojos azules y tez blanca sentía que su respiración se le iba muy de a pocos. Los pensamientos en su mente empezaban a ser los de su vida, cuando aprendió a caminar y decir sus primeras palabras, cuando jugaba con algunas de sus amigas en el kindergarten, y cuando conoció a una gran criatura que parecía ser un oso de no ser porque hablaba y su pelaje era morado llamada Grizzlymon (2).

-Eres una tonta. Dedicarle los últimos pensamientos que tienes a un monstruo que no vendrá a ayudarte.-dijo Carlos Vilanova en un perfecto noruego, que aparecía vestido casualmente y miraba a la niña con desprecio.

Ella apenas sí pudo voltear el rostro hacia su lado derecho que era donde venía la voz de Carlos.

-¿Por… qué? Si tú… tienes… tant… pod… .-intentaba decir la pequeña digi-destinada.

-Te llamas Annette, tienes diez años y eres parte del grupo de niños que defendió a éste mundo de aquellos digimons.-murmuró Carlos, a la vez que prolongaba la presión sobre Annette haciéndola sufrir más.

-¿Qué… te… .-Annette intentaba entender a Carlos, mientras sangraba profusamente por las comisuras de la boca, las fosas nasales, los oídos y los globos oculares

-Existen y representan algo que no es cierto, y darían sus vidas con tal de defenderlo y defender a éste mundo de un destino que llegará inevitablemente. Por eso es que deben morir.-concluyó el Shadow Warrior terrestre quien arrojó el cuerpo inerte de la niña mediante su telequinesis al centro de la fuente de agua del parque St. Hanshaugen.

Carlos entonces estaba por retirarse cuando en eso notó la presencia de un guerrero que vestía una armadura blanca y que destacaba por tener un casco con una forma parecida a la de un tigre dientes de sable, de tez blanca, cabello verdoso y ojos rojizos.

-Debes ser un cobarde asqueroso para asesinar de ésa manera a una niña indefensa.

-Y tú debes ser uno de los defensores de éste mundo. Bud de Alcor Zeta, ¿verdad?

-¿Cómo supiste eso?-inquirió Bud, colocándose en guardia y alistándose a atacar a aquél extraño que parecía ser un muchacho vestido con ropas casuales.

-Porque eres parte de los que deberán morir.

Para sorpresa de Bud, un ataque a la velocidad de la luz de algo que apareció intempestivamente, como una especie de espada con un halo rojo carmesí fue directo hacia su garganta pero el Dios Guerrero de Asgard apenas sí logró evitarlo tirándose hacia atrás.

Cortes, estocadas y mandobles iban a la velocidad de la luz, los cuales el joven Bud esquivaba casi por inercia, cuando de pronto una estocada en el hombro derecho lo derribó, al tiempo que Carlos sonreía sádicamente al ver sangrar a su enemigo.

-Te toca morir, Bud de Alcor Zeta. Y luego a su tiempo le tocará a Hilda de Polaris y a su pequeña hermanita Freya. Con suerte para ellas, será mi sable de luz el que les quite la vida.-dijo Carlos, que se aproximó hacia Bud para darle la segunda estocada.

-No cantes victoria tan rápidamente. ¡Garra de la Sombra del Tigre Vikingo!-exclamó Bud, antes de elevar su cosmoenergía al sétimo sentido y descargar millones y millones de garras congelantes sobre Carlos.

El Shadow Warrior no vio venir aquél ataque, sintiendo cortes por todo el cuerpo, como si la piel se le desgarrase, casi abriéndosele; al tiempo que atravesaba decenas de los abetos y robles en el parque St. Hanshaugen.

-Impresionante, lograste derribarme.-dijo Carlos antes de colocarse en pie, para sorpresa de Bud.

-¿Cómo es posible? ¿Cómo pudiste sobrevivir a una técnica así?-preguntó un sorprendido Bud.

-Lo averiguarás en el infierno.-de pronto una armadura negra revistió a Carlos y ésta tenía el símbolo del imperio caroniano, una espiral descendente roja en la parte derecha del peto.-¡Cápsula Relámpago!

Una pequeña esfera de aura del tamaño de una pelota de golf fue hacia Bud, antes de estallar en miles de haces de luz que destrozaban todo a su paso. Bud apenas atinó a cubrirse, cuando una patada de Carlos lo derribó e iba a darle el golpe de gracia pero de repente una melodía de flauta rodeó el lugar.

-Sólo uno de los Marine Shoguns sobrevivió a ésa guerra, así que mejor aparece de una vez, Sorrento de Sirena.-repuso Carlos, antes de derribar cientos de árboles con su telequinesis hacia la dirección donde el guerrero imperial percibía la presencia de Sorrento.

El Marine Shogun apenas pudo evitar aquello, mientras se posaba sobre la rama de un roble frondoso y veía con sus ojos rojizos al Shadow Warrior.

-No rindes culto a ningún dios, y sin embargo peleas en forma muy parecida a nosotros o a los Santos de Atena a pesar de que tengas ésa arma luminosa. ¡Habla de una vez! ¡¿Quién eres?-preguntó Sorrento.

Carlos miró a su interlocutor de cabellos lilas y tez clara, que vestía una armadura dorada que aparentaba la forma de una sirena, colocándose en guardia mientras que notaba como Bud se levantaba de nueva cuenta. Aún cuando quería fuertemente eliminar a aquellos dos en ése momento de la misma forma en que asesinó a la pequeña Annette sabía que no podía arriesgar el plan que estaba ejecutándose. No podía matarlos, aún.

-Alístate a recibir la Sinfonía Mortal.-repuso Sorrento, antes de tocar su flauta, moviendo los dedos sobre las llaves de la misma y elevando su cosmoenergía al tiempo que controlaba su respiración por cada nota que tocaba.

La música entró de lleno hacia el cerebro de Carlos, quien sentía de pronto un intenso dolor que lo obligó a colocar una rodilla en el suelo.

-Arghhh… mis… erab… .-intentaba decir Carlos.

-¡Garra de la Sombra del Tigre Vikingo!-bramó Bud.

De nueva cuenta aquél ataque congelante y cortante golpeaba al Shadow Warrior, derribándolo brutalmente. Parecía por un instante que acabaría todo allí, sin embargo Carlos se levantó con sus ojos convertidos en horrendas llamaradas plateadas.

-¡Expansive Aura Wave!-exclamó Carlos, antes de elevar intensamente su aura como una especie de explosión que abarcó buena parte de Oslo, destrozando árboles, veredas, pistas, cableados eléctricos y telefónicos, ventanas, puertas, paredes y columnas de diversos edificios, así como varios automóviles, buses e incluso algunos vagones de la T-Bane (3) y tuberías de las alcantarillas que acabaron empotradas en las pistas de Oslo.

Bud y Sorrento quedaron atontados perdiendo la noción del tiempo debido a aquél estallido aúrico. Para cuando despertaron, vieron que todo el parque St. Hanshaugen, así como diversos edificios de Oslo como el castillo de Akershus (4), el palacio del Storting (5) y la catedral del Salvador de Oslo (6) ardían en llamas al tiempo que cientos de personas morían quemadas o asfixiadas, consumidas lentamente en el fuego.

Todo esto se reflejaba en el horror de los noruegos, cuyos rostros cargados de lágrimas expresaban una mezcla de ira y miedo hacia algo que ni siquiera podían saber con verdadera magnitud. Al mismo tiempo aparecían folletos en inglés y noruego con el mismo mensaje aterrador que se dio al asesinar al presidente Woods en Tokio: No one is safe.

Por un instante, ése mensaje era más verdadero que nunca. Porque nadie se sentía a salvo.

Fin del capítulo 10.

Notas de Autor:

Hola a todos los pocos lectores que se animan a seguir en esto. Ha pasado tiempo desde el capítulo nueve, pero finalmente está aquí el capítulo diez. Como verán, los caronianos son cada vez más y más agresivos, lo que seamos francos es algo digno en cualquier villano que se respete; aunque a diferencia de antes las acciones se trasladan a otros escenarios, lo que representó un reto que bien valió enfrentar y superar.

Y los héroes, y quiero decir, todos los héroes, todavía no se han percatado de la magnitud del problema pero poco a poco éste irá haciéndose notar hasta llegar a niveles aterradores para ellos. ¿Y qué pasa con Paul ahora? ¿Y los Santos? ¿Y las Sailors? ¿Y la gente de Ranma ½, o la de Digimon 02, o la de Card Captor Sakura? Para saber algo de eso, no se pierdan el capítulo 11.

Maldiciones gitanas o de vudú, amenazas de muerte, bombas, sobornos, montañas de dólares y demás a falcon_ o a .

Listado de términos:

(1) St. Hanshaugen: En español es la colina de San Juan, es parte del centro de Oslo (capital noruega) y allí se ubica entre otras cosas el parque del mismo nombre, que es especialmente hermoso debido a los robles y abetos, así como a la fuente de agua ubicada en el centro de ése parque. La imagen en el siguiente link dará una idea más clara a todos ustedes sobre ése lugar. .org/wiki/Archivo:Christiania_(Oslo)_Panorama_fra_St._Hanshaugen_(1890-1900).jpg

(2) Grizzlymon: Un Digimon con forma de oso que tiene pelaje morado, empleado para efectos simples en el presente fic. Es éste de acá para que puedan conocerlo mejor. ./wiki/Grizzlymon

(3) T-Bane: Básicamente es el metro de Oslo, algo que cualquier gran ciudad necesita en éstos tiempos si o si.

(4) castillo de Akershus: Parte de las edificaciones militares de Oslo ubicado junto al Fiordo de Oslo, y que durante el Medioevo y a lo largo de los años cumplió diversas funciones (fortaleza, cárcel, lugar de ejecuciones nazis, etc.). Ahora sirve como sede del Museo Noruego de la Defensa, del Museo de la Resistencia Noruega, así como de los Ministerios de Defensa y Medio Ambiente de Noruega; también cumple la función de cuartel general de Noruega, escuela de oficiales, espacio de alojamiento. Sigan éste link para entender mejor ése lugar: .org/wiki/Fortaleza_de_Akershus

(5) palacio del Storting: O Stortinget (la Gran Reunión), sirve como sede del parlamento noruego. Aquí, una imagen del lugar en cuestión. .org/wiki/Archivo:Stortinget,_

(6) catedral del Salvador de Oslo: Básicamente, es la sede de la diócesis luterana de Noruega, que a diferencia de la Iglesia Católica surge a partir de la Reforma de Lutero que fue aceptada por los noruegos y fomentó la creación de una iglesia nacional que no respondía al mandato del Papa. Sigan éste link para ver mejor dicha catedral: .org/wiki/Archivo:Oslo_