–Capítulo 10–
Interrupciones en PPP
–Lo odio –murmuró Sachel –No soporto esta clase… no lo aguanto… ¡es horrible! –exclamó. Acababa de salir de su clase más detestada aparte de Vs. PPP (Prefectos por Poder). Sólo asistían los prefectos de la escuela, en otras palabras, Jewel y ella mima de su casa. Luego también asistía Liviana Malfoy y Jonás Weedson (Theodor Robert era entonces un Doringriff, aunque solo unos cuantos le dirigía la palabra).
–Y tampoco se puede decir que sea un profesor muy justo… ¡anda que no es obvio sus preferencias! –dijo Jewel con disgusto en la voz. Se refería al comportamiento injusto de su profesor, que decididamente parecía un enamorado de Malfoy.
Su profesor era el señor Romeo. Un hombre viejo, con apenas un pelo blanco en el cráneo y con muchas arrugas en la cara. Algunos decían que tenía trescientos años. Ellas no les creían, pero la verdad es que no les habría extrañado mucho si no hubiera sido una edad desmesurada.
–Tengo ganas de que sea por la tarde… Estefanía eliminó todos los entrenamientos de Quiddich esta semana, porqué tenía un resfriado de los gordos… –empezó a decir Sachel. –Quiero volver a ver a Fawkes… no se, es como si te devolviera toda la energía, ¿sabes? Es fantástico –dijo con una sonrisa y pasándose el brazo por la espalda para relajar un poco el músculo.
–Claro que te entiendo. Es mágico. Hermione nos dijo que era el fénix de Dumbledore. ¿No crees que es una extraña casualidad? –preguntó de golpe poniéndose seria. Sachel la miró fijamente durante unos segundos. Su amiga asintió.
–Sí… este curso está pasando algo raro… como si algo tuviera que pasar a partir de ahora… –dijo sentándose en la Sala Común de su casa para empezar con sus deberes.
– ¿Acaso no recuerdas lo que dijo Hagrid a Hermione en el principio de curso? Dijo que tenían que decir algo importante a alguien… y todas estas casualidades…
–Exacto. Ellos saben muchas más cosas aún que nosotras. Ah, pero que rabia. –dijo Sachel frunciendo el entrecejo molesta. –¿Se piensan aún que somos unas niñas tontas e inmaduras? Porque… jo, eso parece.
Empezaron a hacer sus deberes que les habían puesto de PPP. Eran montones de deberes, además, en CTE les habían puesto dos trabajos (en grupos de dos, y ellas iban juntas) y en SEM el criar a un animal mágico. Ellas habían elegido cuidar al fénix (Hagrid les dijo que era válido a menos que no fueran pregonando información innecesaria –como era obvio, ellas no dijeron nada a nadie–). Javier y Viktor estaban un poco enfadados con ellas, pues aunque fueron ellos quienes descubrieron al fénix y los cuidaban por las noches, ellas parecían tener más autoridad sobre ese hermoso ave. No se podría explicar muy bien, pero el fénix parecía adorarlas.
Tras acabar PPP, aparecieron Viktor y Javier de SEM. Estaban hasta arriba de barro, suciedad y polvo. Se pararon delante de ellas, les dijeron que también se cuidarían de esa noche para alimentar el fénix y se fueron a la ducha.
A las cinco de la tarde, las chicas fueron a ver a Hermione que tenía una hora libre para charlar con sus alumnos, sus predilectas (eso ya no era ningún secreto) eran ellas y casi cada vez que tenían libre se visitaban y tomaban una taza de té y pastas.
–Hermione… ¿verdad que nos escondéis más cosas? Hagrid y tú, me refiero –dijo Sachel de golpe.
Jewel tuvo que darle unas palmaditas porque se atragantó con una pasta. Sachel parpadeó unas veces sorprendida ante la reacción de su profesora.
–Sachel… ¿Pero por qué dices eso? –preguntó la profesora, aunque sí que había un cierto toque de sorpresa y nerviosismo. Sachel y Jewel se miraron y les explicaron lo que habían pensado y oído de la conversación de los dos profesores –Ah… bueno, sí, pero eso ahora no es importante, cuando visitemos la Torre Oeste habrá más cosas desveladas, os lo prometo –dijo echándose aire en la cara con la mano.
–Pero Hermione, ¿Por qué no ahora? ¡La curiosidad nos está matando! –exageró Sachel. Le dio un puntapié de Jewel por debajo de la mesa para que colaborara con ella. –Además, así podremos…esto… asimilarlo…más…fácilmente, eso es.
Hermione las miró a las dos una vez Jewel también empezó a insistir (obligada por su amiga a patadas) y dejó escapar un pequeño bufido y una sonrisa. Cogió un trozo de pergamino, tinta y una pluma y empezó a escribir.
«Doy permiso para que Jewel Cardridge vaya en busca del libro —Unidades Alternas (autor desconocido)— de la Sección Prohibida de la Biblioteca de Drawhogs el día 16-Noviembre-2003 por parte de la profesora Hermonie Grenarg»
–Dale esto a la bibliotecaria, entonces, trae ese libro aquí. Si preguntan, diles que estoy haciendo un trabajo individual y que solo te lo he pedido como favor, ¿entendido? –le preguntó a Jewel que cogió el papel y asintió.
Jewel salió del despacho, dejando a una impaciente Sachel al lado de su profesora.
Jewel iba corriendo hasta la biblioteca, y a regañadientes por parte de la bibliotecaria, recibió el libro que Hermione la había echo buscar.
Era un libro grueso, de tapa dura y de piel. Era bastante grande y se lo veía viejo, pero Jewel lo cogió y fue hacia el despacho de Hermione, cuando de repente, antes de llegar al pasillo oyó unas voces conocidas hablar secretamente. Como Prefecta que era, y como ya sabía de quién eran las voces, fue a ver qué demonios pasaba.
Eran Viktor y Javier (como ella se imaginaba), en una sala, sentados en un rincón encima de los pupitres hablando en voz baja. Jewel se quedó allá donde estaba, escuchando a ver si podía ser algo malicioso que tenían planeado.
–Con que Sachel… ¿eh? –preguntó Viktor de golpe. Javier le fulminó con la mirada. Jewel les miraba atentamente, ¿por qué hablaban de Sachel? –Te lo tenías muy calladito, ¿verdad?
–Calla –musitó Javier sonrojándose exageradamente– a menos que quieras morir joven.
–Jo, Javier, ¡se supone que yo soy tu mejor amigo! Tú sabes desde un buen principio que a mi me gusta… ya sabes –dijo poniéndose rojo de repente.
Jewel lo comprendió. Estaban hablando de quienes les gustaban… entonces eso significaba que… a Javier le gustaba Sachel! Pero si ella era muy cruel con él (bromeando, eso era obvio), se lo tendría que decir. Recapacitó y pensó que no sería una buena idea decírselo a Sachel, después de todo, no sería justo para Javier, que tenía todo el derecho del mundo a decírselo él.
–Claro que sé quién te gusta –dijo Javier –no dejas de repetir su nombre por las noche… "Te quiero" "Te amo", sinceramente, tío, eres patético.
Viktor lo fulminó con la mirada volviéndose cada vez más rojo.
A Viktor quién le gustaba? Quién? Él estaba enamorado? Pero… Jewel no sabía que le pasaba. ¿Por qué de repente estaba rara? Decidió darse media vuelta e ir al despacho, Sachel seguramente la mataría si llegaría demasiado tarde.
Se fue antes de oír la voz de Javier decirle a Viktor en voz exageradamente poética "Oh Jewel, te quiero; tío, eres penoso".
Fue corriendo hacia el despacho. Se sentía rara, ¿por qué el corazón le latía con tanta fuerza? ¿Por qué estaba decepcionada? Sus pensamientos quedaron interrumpidos por la voz de Sachel.
–Esto… tierra llamando Jewel… no mires la luz blanca, no te perdamos… ¡¡JEWEL!!
Jewel saltó del susto y pidió perdón. Justo en ese momento, sonaron las campanas de la hora de cenar por toda la escuela.
Sachel y Jewel se levantaron y quedaron hablar con Hermione el día siguiente sobre el libro. Sachel notó que Jewel estaba algo roja en la cara.
–Hey… creo que hay algo que no me estás contando, Jewel –dijo sentándose en la mesa del gran comedor al lado de su amiga. A su lado, estaba Elyon quién las saludó alegremente, ellas le devolvieron el saludo.
–Ay Sachel, que no ves que Jewel está roja y nerviosa, eso significa que le gusta alguien –dijo Elyon como si fuera lo más obvio del mundo.
–¿¡COMO!? ¿Que te gusta alguien y no me lo dices a mi, tu mejor amiga? –preguntó Sachel casi atragantándose con el zumo.
–No digas idioteces… –dijo Jewel, aunque lo cierto es que sí que estaba roja…
Empezaron a comer. Jewel miraba de vez en cuando la zona de sexto, especialmente a esos dos chicos. Se preguntó como se sentía Javier respecto a Sachel. Y qué sentía ella respecto a…
–Oye ¿Es Viktor, verdad? –susurró Sachel. Jewel se sonrojó inmediatamente y esta fue ella quién se atragantó. Ya empezaría a preguntarse que maldición había caído sobre ellas, en un día se atragantaron ya. Pero sin hacer caso, miró a Sachel con los ojos muy abiertos y muy roja.
– ¿¡SE PUEDE SABER QUE ME ESTAS DICIENDO!? –dijo levantándose de la silla con la cara que le quemaba. Había gritado mucho, y casi todo el comedor quedó en silencio. Ella miró hacia abajo, y, al contrario de lo que Sachel se pensaba, esa chica se sonrojó aún más. Se sentó y tragó un poco de zumo. El Gran Comedor empezaba a cuchichear sobre ella, algunos señalándola sin discreción.
–Jewel… ¿estás bien? –preguntó Sachel bastante consternada. ¡Pero si su amiga jamás perdía la razón! ¡Siempre estaba tranquila! Acaso eso… ¿acaso eso confirmaba que tenía razón? Que le gustaba…? Miró hacia donde estaban Viktor y Javier, Viktor miraba sorprendido a Jewel que parecía evitar mirar hacia ese lado, y Javier estaba mirándoles divertidos. Sus miradas chocaron, pero Sachel volvió a mirar a su amiga.
–Oye… que a mí me lo puedes contar –dijo ella sintiéndose un poco mal después de todo. ¿Acaso habían más cosas que no le contaba? Pero… ¿Por qué?
Pronto llegó la hora de dormir. Todos fueron hacia sus habitaciones. Sachel compartía su habitación con Jewel, Elyon, Jenny y Pamela.
Jenny era una chica alta, con la piel blanca pero con las mejillas siempre sonrosadas, con el pelo negro y una alegre mirada. Tenía una hermana pequeña, un año menos que ella, que se llamaba Esther.
Pamela también era hermana mayor de una chica de segundo, que se llamaba Karla. Era muy inteligente y muy buena chica, al principio, se preguntaron por qué Hermione no la eligió a ella como Prefecta, siendo muy responsable y con mucha autoridad, pero Hermione se lo dijo claro, el puesto había sido destinado a ellas. Pero en cambio, a Pamela no parecía importarle.
Se cambiaron en el pijama y se tumbaron en la cama. Jenny y Pamela hablaban sobre los deberes de Vs que les había puesto Chao Teng y que tenían que hacer en grupos de dos. Elyon iba con Natalie, una chica del mismo curso y de la misma casa, solo que en diferente dormitorio.
Jewel no hablaba. Sachel la miraba con una mirada un poco molesta. ¿Pero qué le pasaba de golpe a esa chica? Sachel decidió que, si iba a hacerlo, ya lo haría, dudaba mucho que fuera a la hora de dormir, al fin se durmió y esperó descubrir el misterio al día siguiente.
En cambio, a Jewel le costó mucho conciliar el sueño, todo el rato se repetía en su cabeza la conversación que había oído.. tal vez… si entraba en el dormitorio de los chicos… descartó la idea de inmediato, ¿¡Ella que haría allá dentro?! Poco a poco, se iba durmiendo, pero cuando concilió el sueño, era casi medianoche.
Cuando Jewel despertó, tenía una mano en el hombro que la sacudía. Se giró somnolienta mirando de paso el reloj. ¡¡Eran las seis menos cuarto de la mañana!! ¡Aún era temprano! Se giró para ver la cara también cansada de Sachel.
–Oye Sachel… ¿Qué no puedes dormir? –le preguntó. Sachel la miró sorprendida.
–Hoy tenemos PPP… nos dijo el profesor Romeo que teníamos que acudir de aquí a quince minutos para hacer esa lección «especial» –dijo con un bostezo.
–Ah… sí, es cierto.
Se levantó silenciosamente para nos despertar a sus compañeras que, para envidia de las dos, estaban durmiendo y aún tenían dos horas y media más para disfrutar de ensueño. Se cambiaron para ponerse el uniforme, lavarse la cara y despertarse. Fueron al gran comedor y cogieron algunas pastas y un zumo cada una para desayunar.
Cuando quedaban algo menos de cinco minutos para empezar la clase, oyeron la voz de Jonás Weedson, quejándose continuamente. No vieron a Malfoy por ningún bando, y éste les dijo (entre gruñidos, apenas se le entendía) que ella estaba con un resfriado por entrenar Quiddich en la lluvia a la enfermería. Las dos se alegraron de oír eso.
Se dirigieron los tres hacia el aula de PPP, una pequeña aula que constaba de cuatro pupitres más la del profesor, una pizarra y una estantería con libros sobre Prefectos y dinastías. El profesor, les dio la bienvenida (especialmente a Weedson) y se desanimó completamente solo de saber que Malfoy estaba con un resfriado. Su clase se volvió mucho más aburrida de lo normal.
Corrigieron los deberes, y finalmente, cuando quedaba media hora más del típico rollo, y eran las siete y media… la puerta se abrió de golpe, dejando una ráfaga de viento muy fuerte (las chicas temblaron ya que se sentaban al lado de la puerta –para así entrar últimas y salir primeras–).
– ¿Quién es? –preguntó el hombre. –Ah… ¡señor Lockheart!
