Disclaimer:The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs toOhGeeFantasy. We just translate with her permission.
Disclaimer:La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama deOhGeeFantasy, solo nos adjudicamos la traducción.
Vinyl
By: OhGeeFantasy
Traducción: Flor Carrizo
Beta: Yanina Barboza
Capítulo 10
Desde que nos mudamos a Seattle, he pasado mi tiempo enseñándole en casa a Jasper, leyendo y cocinando. Básicamente, hago cualquier cosa para mantener a Edward fuera de mi mente. En la noche, observo a Jasper jugar videojuegos e, incluso aunque no sé nada sobre el juego, me gusta mirarlo ser un chico y divertirse, haciendo lo mejor que puede en nuestra situación.
Como ahora, estaba repantigada en el sofá con un libro en las manos, alternando entre tratar de leer y echar vistazos al juego que Jasper está jugando cuando la emoción en su voz se intensifica, causando que baje el libro. Me mira avergonzado y finalmente, después de un poco de incitación de mi parte, él suelta abruptamente que está jugando con Emmett, CamoKaze02. Mi corazón se acelera e, inmediatamente, me siento mal del estómago. Sintiendo mi preocupación y la razón detrás de eso, Jasper me dice que ha estado usando su voz alterada, así que Emmett no se imagina que es él. Todavía me preocupa, pero no puedo culpar a mi hijo porque extraña a su mejor amigo, y él es un genio.
Después de que mi corazón se ralentiza a un ritmo normal, me concentro de nuevo en el libro, tratando de alejar los pensamientos sobre Edward que se han apoderado de mi cabeza, cuando Jasper interrumpe mis recuerdos.
—¿Mamá? —La voz de Jasper se eleva.
—¿Qué, bebé? —pregunto.
—¿Te gustaría escuchar algo?
—Bueno.
—Creo que va a gustarte —dice con una sonrisa.
Jasper me tiende sus auriculares para que los tome. Dejo el libro que estoy sosteniendo sobre mi regazo y me pongo los auriculares sobre las orejas. Al principio todo lo que escucho son explosiones y gente gritando órdenes, pero después la hermosa voz que ocupa mis sueños penetra en mis oídos y jadeo. Mis sentimientos se estiran hasta el punto de ruptura.
—Edward —murmuro, teniendo cuidado de no hablar lo suficientemente fuerte, para que nadie en línea pueda oírme.
Las lágrimas nublan mis ojos y pongo mi labio inferior entre mis dientes, conteniendo el intenso dolor punzante en mis pulmones por los sollozos que quieren salir. Necesito que él sepa que estoy aquí, pero no puedo; así que lo escucho reír y bromear con los otros jugadores hasta que termina y le devuelve el juego a Emmett.
—Volveré pronto, cariño —le digo a Jasper, mientras me saco los auriculares y se los devuelvo. Necesito un par de minutos para mí, para recomponerme y limpiar las lágrimas que se han acumulado en las esquinas de mis ojos. Extraño a mi amante, a mi mejor amigo.
.
.
Llego a mi habitación antes de romperme. Estar tan cerca y al mismo tiempo tener que estar tan lejos de Edward me está matando lentamente; y escuchar su voz esta noche solo le provoca más dolor a mi corazón.
Estamos cerca porque lo exigí. Lloré, me quejé y lloré un poco más, incluso amenacé con dejar el programa de protección a testigos si Mike no encontraba un lugar para que Jasper y yo viviéramos en Seattle. Estar separada de Edward es horrible. No pensé que podría estar tan dolida como cuando Demetri murió, pero había estado equivocada, terriblemente equivocada. Mi corazón se había roto detrás de mis costillas adoloridas, había llorado por días cuando Mike nos llevó del hotel en Forks hacia nuestro próximo lugar seguro, al que podríamos llamar casa. Perder a otro amor fue demasiado, especialmente en los días después de nuestra partida. Pero saber que Edward eventualmente regresaría a Seattle, de vuelta a su trabajo en el gimnasio, me mantuvo cuerda. Lo necesitaba entonces y lo necesito ahora. Es realmente tonto, pero me hace sentir mejor, incluso aunque Edward no sepa cuán cerca estoy. Es solo el consuelo del que dependo cada día, estando en la misma ciudad que el hombre que amo.
Después de regodearme en mis recuerdos por un rato, empiezo a cuestionar lo que se me ha dicho hasta ahora.
A veces, pienso que a Mike le gusta el hecho de que estemos encerrados aquí, escondidos, así puede tenerme para él. En California, cuando tuvimos que vivir juntos, él pensó que tal vez tendría algún tipo de oportunidad romántica conmigo. Él estuvo allí cuando necesitaba un hombro donde llorar después de la muerte de Demetri, pero esa fue la única forma en que lo necesité; bueno, y para protegernos de Aro. Pero él había malinterpretado completamente mi miedo y dolor. Yo no me sentía, ni me sentiría, atraída por él. Nosotros nunca tuvimos una conexión amorosa y se lo dije en muchas ocasiones. Él estaba sorprendido cuando se dio cuenta de que había empezado a salir con Edward y pude ver un poco de celos en sus ojos, pero lo había ignorado. Estaba empezando a darme cuenta de cuán equivocada había estado.
.
.
—Necesito hablar contigo.
—De acuerdo, ¿qué pasa?
—En persona. —Camino en mi habitación, hablando despacio en el teléfono. No quiero que Jasper escuche lo molesta que estoy.
—¿Cambiaste de idea?
Sé lo que quiere decir y eso solo aumenta muchísimo mi enojo.
—¡No hay un nosotros, Mike! —susurro, y limpio otro grupo de lágrimas que baja por mis mejillas—. Si no vienes ahora, voy a ir con Edward, independientemente de lo que tú digas.
—Estaré ahí en quince minutos. —Su voz es sombría, pero sé que se apurará y estará aquí en diez minutos.
Termino la llamada y camino de un lado al otro un rato más. Mis emociones están hirviendo. Las lágrimas y ataques de enojo arden en mi interior, usualmente pasivo. Esta noche, escuchar la voz de Edward, me envió al límite y esta vez voy a exigir respuestas.
.
.
El golpe en la puesta hace que me sobresalte, pero sé que es Mike por la forma en la que golpea una vez con sus nudillos y después dos veces en una rápida sucesión.
—Entra. —Mi voz está llena de desdén.
La puerta se abre y Mike tiene la decencia de entrar con la cola entre las patas. Sus ojos escanean la habitación, pero nunca me mira directamente. Creo que él sabe que quiero respuestas, porque hasta ahora fui con la corriente, creyendo todo lo que él y la agencia me han dicho.
Mike toma asiento en la silla del tocador y yo me siento en el borde de la cama, frente a él.
—Necesito saber quién estaba en el auto que trató de sacarme de la carretera. —El severo tono de mis palabras y mi rostro inexpresivo, coinciden con la forma en la que me estoy sintiendo en este momento sin Edward, vacía y necesitando una recarga.
Mike no responde inmediatamente, en su lugar él se toma su tiempo, hasta que finalmente sus ojos encuentran los míos, listo para contestar mi pregunta. Responde con cuidadosa consideración, así es como él me trata, cautelosamente, y eso me molesta.
—Sabes que no tenemos una respuesta definitiva en este momento. —Sus dedos están entrelazados y sus codos apoyados en sus rodillas.
—¡Mentira! —No me echo hacia atrás. Conozco a Mike mejor de lo que piensa. Cuando miente, su nariz se frunce y sus ojos se mueven nerviosamente dos veces; ese es un claro indicativo—. ¿Era Aro?
Se aclara la garganta, tratando de ganar un par de segundos más.
—Posiblemente.
—Todo el mundo sabe que posiblemente era Aro. Es por eso que estoy preguntando. No me des más evasivas, Mike. Estoy cansada de ocultarme y mirar sobre mi hombro. Así que te lo preguntaré una vez más… ¿Quién estaba en el auto?
—Sabes que no puedo darte ninguna información todavía.
—Estás mintiendo, puedo decirlo.
Él sacude la cabeza.
—Es por tu seguridad y la de Jasper.
Lágrimas se forman en mis ojos, acumulándose en las esquinas hasta que brotan de una vez.
—Terminé. Ya no me importa. Voy a ir por Edward, tengo que verlo. —Me muevo hacia adelante para levantarme.
—No puedes, no ahora. —Mike hace señas con sus manos, como si estuviese intentando calmarme.
—¡Quieres decir jamás! —le grito. Esta vez mi voz resuena en la habitación y, posiblemente, hacia abajo, a la sala donde Jasper está jugando videojuegos.
—Bella… —Mike comienza a pararse.
—No. —Levanto una mano para evitar que venga hacia mí.
—Bien, escucha… —Se sienta otra vez—. Nunca te dije esto antes porque no quería asustarte. —Me observa detenidamente, esperando por una reacción de mi parte, pero soy una página en blanco—. Aro estaba mezclado con los Vulturi.
—¿La mafia?
Mike asiente.
—Tenemos razones para creer que Aro le debe a Cayo, el jefe, una gran suma de dinero. No creemos que Demetri supiera algo de los tratos, porque si no Aro no lo habría matado. Él necesitaba el dinero de Demetri para pagar su deuda.
Mi aliento se entrecorta.
—Fue Aro el que mató a Demetri.
Mike se da cuenta de que nunca me había dicho esas palabras y otra vez se levanta y se mueve hacia mí. Esta vez no lo freno porque estoy entumecida. He esperado años para escuchar esas palabras, para satisfacer mi necesidad de saber la verdad. Mi postura se hunde y siento como si me estuviese derrumbando porque es un alivio finalmente saber la verdad. Mike está ahí, con un brazo alrededor mío para consolarme una vez más.
—Lo siento. No quería decírtelo de esta manera.
—No. Necesitaba saberlo —sollozo, pero el llanto nunca llega.
Los brazos de Mike están a mi alrededor, pero no lo necesito a él. Necesito a Edward, él es el único que puede sanar completamente mis heridas.
—Queremos asegurarnos de que Cayo no está detrás de ti también, por eso te metimos en el programa de protección de testigos, aunque sabemos que Aro era el que conducía el Mercedes que chocó y se incendió.
Me cubro la boca con una mano y mis ojos se abren ampliamente. Las respuestas que he buscado por tanto tiempo, finalmente están llegando a mí. Los brazos de Mike todavía están alrededor de mis hombros y él me empuja más cerca.
—Tenemos que asegurarnos de que Cayo no es una amenaza para ti o para Jasper. Tienes que entender eso, ¿está bien?
Me alejo y lo miro a los ojos. Esta noche, cuando llamé a Mike, una pequeña parte de mí pensaba que tal vez nos estaba manteniendo aquí por su deseo de tenernos para él, pero sus ojos no mienten. Puedo decir que está diciéndome la verdad.
—¿Lo está?
Mike sacude la cabeza.
—No, no que nosotros podamos decir.
—Entonces, ¿por qué todavía estamos aquí? ¿Cuánto tiempo planeas mantenernos aquí ocultos? —La irritación es evidente en mi voz.
—Estamos terminando la investigación, Bella. Tienes que creerme. —Es sincero y pongo una mano sobre la suya que está descansando en su muslo—. Dame dos semanas más y podrás ir a donde quieras.
—¿Dos? ¿Por qué no ahora?
—No voy a dejar que nada les pase a ninguno de los dos, así que hasta que no esté ciento cincuenta por ciento seguro de que Cayo no es una amenaza, necesito que permanezcas aquí.
Una sonrisa genuina se extiende por mi rostro y se siente bien.
—Trato. —Envuelvo mis brazos alrededor de Mike y susurro—: Gracias.
.
.
—Alec, soy yo.
—Hola, yo.
—Conduje por el gimnasio. —La excitación es evidente en mi voz.
—Bella, ¿qué hubiera pasado si él te veía? —Alec suena preocupado.
—Era tarde. Nadie estaba ahí, pero solo necesitaba sentirme cerca de él y ver mi nueva inversión.
—¿Quieres decir mi inversión? —bromea.
Me río.
—Sí, lo que sea.
—¿Qué pasa con el señor protector?
—¿Mike?
—Sí, ¿no le dijiste sobre el gimnasio, no? ¿O que diste ese paseo?
—De ninguna manera… ¿Pero adivina qué?
—Él suspenso me está matando —se burla Alec.
—Bien entonces, no voy a decir las buenas noticias sobre mi inminente libertad.
—¿Tu qué? ¿De qué estás hablando?
—Sí. Jasper y yo seremos libres en dos semanas.
—Yo… No sé qué decir. Eso es bueno. No, eso es magnífico.
—Lo sé, pero qué si… tú sabes… ¿Qué si Edward siguió adelante?
—Bella, ese chico estaba muy enamorado de ti, así que estoy seguro de que no ha salido del agujero en el que cayó cuando lo dejaste.
Mis ojos se cierran recordando esa noche en el motel y sacudo la cabeza para librarme de ese recuerdo de una vez por todas.
—Eso espero.
—La única cosa de la que debes preocuparte es si él piensa que salir con su jefe no es apropiado. —Sostengo el teléfono lejos de mi oreja mientras la desagradable risa de Alec resuena en mi oído.
—Muy gracioso. Ahora me has dado algo más sobre lo que preocuparme hasta entonces.
—Estoy bromeando. Tú serás el mejor regalo de Navidad que él jamás haya recibido.
.
.
Mike llamó esta mañana, contándome las buenas noticias. Su tiempo estaba un poco fuera de lugar, ya que le tomó cuatro semanas estar seguro de que Jasper y yo estaremos completamente a salvo dejando la protección a testigos, lo que es casi inaudito, pero fiel a su palabra: ¡Somos libres!
El sentimiento de verdadera libertad es uno que no estoy segura que la mayoría puede comprender, pero yo lo hago. No tengo que mirar sobre mi hombro o ser cautelosa con todos los que conozco; pero, lo más importante, el hombre al que extraño mucho va a recibir una visita tan pronto como pueda dejar de correr alrededor como un pollo con la cabeza cortada.
Ahora, estoy corriendo alrededor del apartamento tratando de encontrar el atuendo perfecto, secar mi cabello y, simultáneamente, aplicarme un poco de labial. Ha pasado mucho tiempo desde que me preocupé por cómo me veo, pero hoy me importa. Me importa tanto que todavía no me senté dos segundos y no tomé café.
Antes de irme, le hago el almuerzo a Jasper, porque no estoy segura de cuándo volveré a casa. Decidí, tan pronto como corté el teléfono con Mike, que iba a sorprender a Edward en el gimnasio, un pequeño regalo de Navidad anticipado, si se quiere. También quiero ir sola, en caso de que algo vaya mal y Edward no esté entusiasmado de ver al fantasma de su pasado en Forks.
Me siento enfrente de Jasper en la mesa de la cocina mientras él come. Mi estómago es un nudo, ni siquiera quiero tratar de comer, así que hablamos sobre cuáles son sus planes para hoy mientras yo me voy a ver a Edward.
—Voy a jugar videojuegos. —Gira su tenedor en la pila de espagueti que había recalentado para él y toma un enorme bocado.
—Buen plan.
—Tal vez Emmett también esté jugando —dice con la boca llena mientras todavía está masticando.
—Es la víspera de Navidad, así que tal vez él esté ocupado con la familia. —Mientras digo esas palabras, el pensamiento de que es posible que Edward no esté en el gimnasio después de todo pasa por mi cabeza. Él puede estar con su familia.
—Está bien. Cuando nos mudemos otra vez a Forks, voy a poder verlo de nuevo.
Me disculpo para agarrar una botella de agua del refrigerador. Mis nervios se están retorciendo en bolas haciendo que mi estómago se sienta peor, y necesito bajar lo que sea que está amenazando con salir. ¿Forks? ¿Volver a casa? Esa había sido nuestra casa, incluso si había sido por alrededor de un año, esa todavía es la casa de Jasper.
Tomo un gran trago de agua y respiro profundamente para calmarme. ¿Quién diría que estaría tan nerviosa por volver a encontrarme con Edward? Tal vez puedo llamarlo primero.
—Mamá, solo vete antes de que te eches para atrás. —Jasper me mira, sonriendo. Debe ser un lector de mentes.
—Oh, shhh… Estoy nerviosa.
—Sí, así que ponte en marcha, así puedes dejar de volverte loca.
—No estoy loca —discuto en broma.
—Loca de amor. —Él dice la palabra amor y rueda los ojos al mismo tiempo.
Necesito la risa que sale de mi garganta y que llena la habitación de vibraciones felices. Beso a Jasper en la cabeza.
—Gracias, viejo sabio.
.
.
El viaje es lento y tranquilo, incluso con los últimos compradores navideños locos alrededor mío, tocando la bocina a Dios sabe qué y conduciendo como lunáticos. Ni siquiera los locos pueden borrar la sonrisa de mi cara, no titubea ni una vez desde que me pongo el cinturón de seguridad y dejo el complejo de apartamentos.
He memorizado el camino, ya que lo conduje más de lo que le dije a Alec o a cualquier otra persona, incluso a Jasper. Los viajes eran casi siempre una cosa nocturna y fui afortunada de que no me atraparan. Pero ¿por qué iba a medianoche? Siempre me digo a mí misma que Edward está profundamente metido en su cama, soñando conmigo. Pero eso solo es algo que yo imagino para hacerme sentir mejor sobre nuestra situación. Aunque ahora el día está aquí, ya no más preguntas, no más fantasías, no más cuentos de hadas en mi cabeza. Esta vez voy a verlo.
El estacionamiento del gimnasio está casi vacío, salvo por unos pocos autos que veo detrás del edificio cuando giro en la esquina y entro. Reconozco uno de los autos: el de Edward. Luce perfecto, ninguna señal del daño provocado en esa catastrófica noche. Él debe haber arreglado el daño provocado por el choque en Forks. Solo pensar en el día en que me fui de la ciudad, envía un montón de mariposas a mi alrededor, y la calma que tenía en el camino hacia aquí desaparece.
—Respira, Bella —trato de persuadirme a mí misma, mientras me meto en un lugar del estacionamiento. Mi coche mira hacia a la calle y mi cabeza da vueltas mientras observo los autos que pasan—. Todo está bien. Puedes hacer esto.
Tomo la botella de agua del posavasos e inclino la cabeza hacia atrás dejando que el agua me humedezca la boca seca y después trago.
—Estás siendo ridícula. —Las palabras llenan el coche y dejo que entren en mí.
Apago el motor del Mercedes y miro el gimnasio a través de mi espejo retrovisor. Noto algunas luces en el escritorio de recepción y veo el reloj de mi auto que dice 12:58, así que me apuro a salir de la SUV, preocupada de que ya hayan cerrado. No pensé del todo bien mi gran idea de venir aquí en la víspera de Navidad, porque muchos lugares cierran temprano por las vacaciones y parece que este lugar no es diferente. Y la sorpresa, yo debería saber los horarios porque, después de todo, soy la dueña.
Mis pies, cubiertos por las botas, tocan el suelo y me estabilizo en el clima frío. El viento sopla alrededor de mi cuerpo, enfriando mi piel caliente, así que me ajusto el abrigo. El tiempo en Seattle es excepcionalmente frío y no estoy acostumbrada a esto, considerando que soy de Los Ángeles. Ni bien el pensamiento de la arena tibia de las playas y los más de veinte grados de temperatura cruza mi mente, una ráfaga de viento golpea mi puerta, cerrándola de golpe.
—Bueno entonces, mensaje tomado —hablo para mí misma, preguntándome si los dioses del amor me están dando un pequeño empujón.
Doy el primer paso hacia lo que más he querido los últimos cinco meses y me doy cuenta de que mi bufanda está atrapada en la puerta, tirándome hacia atrás.
—Uhh… —Abro la puerta para liberarme y sonrío cuando algunos autos tocan la bocina mientras pasan, obviamente siendo testigos de lo que está pasando. Pero nada me va a parar ahora, así que camino resueltamente hacia el gimnasio.
Mis pasos son apresurados, no porque tengo frío sino porque quiero ver a Edward, ponerle fin a nuestra separación. Pero cuando mi mano enguantada empuja la puerta, esta no se mueve.
—No. No. No. —Me inclino sobre el vidrio, poniéndome las manos sobre los ojos para poder ver más lejos dentro del gimnasio. No hay movimiento, no hay gente en las máquinas y, definitivamente, no está Edward.
Está desolado.
Eso me quitó la ilusión además del aire de los pulmones. La reunión que yo esperaba no va a ser. El regalo de Navidad de Edward, que era yo, no será entregado a su legítimo destinatario. No puedo evitar sentirme defraudada. He soñado con nuestro reencuentro muchas veces desde que Mike me dijo que sería otra vez una mujer libre, y así no es como se suponía que iba a ser.
Dejo que la lana del guante absorba las pocas lágrimas que están en las esquinas de mis ojos y, lentamente, vuelvo sobre mis pasos hacia el Mercedes. No veo los autos pasando a toda velocidad y no escucho el viento azotar en mis oídos. Tampoco siento el frío viento sobre mi cara y, ciertamente, no noto mi cabello moviéndose en un lío frenético.
Estoy derrotada, miserable y sin palabras.
El auto todavía está tibio de antes, así que me siento en silencio, sin poner la llave en el encendido. Me agarro del volante y me inclino hacia adelante apoyando la frente en la lana de mis manos.
—Tal vez esto es una señal —murmuro para mí misma.
Cierro los ojos y tomo una respiración profunda, reuniendo suficiente fuerza de voluntad para hacer el viaje hacia casa, para decirle a Jasper que no vi a Edward. Sé que va a estar desilusionado, tal vez no tanto como yo, pero él está ansioso por tener de regreso nuestras antiguas vidas.
Estoy segura de que esto se sentirá como un retraso para él, porque seguro como el demonio que se siente así para mí.
