Donde queda la dignidad de las personas Parte3
Los ojos de Katniss enfocaban de manera borrosa; las lágrimas, sus eternas compañeras en todo este tiempo y su única compañía, volvieron a hacer acto de presencia... pero esta vez no eran melancólicas, debido a los recuerdos; esta vez eran de puro pánico y terror, ante lo que estaba por llegar. Una mano grande agarró su mentón, levantándole la cabeza de manera brusca; el áspero tacto de la palma de su mano era desagradable; parecía que si aplicaba un poco más de fuerza, el hueso de su mandíbula estallaría en mil pedazos.
-Ya habéis escuchado a los chicos- habló para todas ellas, pero mirando fijamente a Katniss, que no pudo evitar estremecerse al sentir el pulgar del sargento pasar de manera poco suave por su labio inferior; los ojos de la joven se abrieron desmesuradamente, a la vez que su mente ataba cabos en milésimas de segundos. Sus sollozos se hicieron audibles, extendiéndose a todas y cada una de las chicas -quitaos la ropa- les mandó, con un tono frío y amenazador.
Las chicas se miraron las unas a las otras, con el miedo y el dolor escrito en todos y cada uno de sus ojos. Estaban en tal estado de shock que tardaron unos segundos en reaccionar, hasta que de nuevo el tono furioso y autoritario del sargento Cato les hizo pegar un bote.
-¡He dicho que os quitéis la ropa!- rugió, enderezándose en su silla. Lentamente las chicas obedecieron, y una pila de ropa fue cayendo frente a los pies de cada una.
Una vez estuvieron todas desnudas, Katniss estudió a sus compañeras una a una; estaban pálidas, débiles y demacradas. En un vano intento por cubrirse, con la ayuda de sus esqueléticos brazos, sintió un escalofrío recorrer su espalda; no sabía si era a causa del frío o por la impresión de sentir los huesos de sus cadera tan marcados. Los hombres que estaban frente a ellas silbaron alborozados ante tal espectáculo, a la vez que las infortunadas jóvenes lloraban en silencio y agachaban sus cabezas, soportando de manera estoica la vergüenza y la humillación.
-Pero que bonito espectáculo- se burló el sargento Cato, poniéndose de pie y parando frente a la propia Katniss -miradlas- les instó a sus subordinados -tan tímidas y pudorosas- se lamentaba de manera cómica, arrancando de nuevo las risotadas de los hombres allí reunidos -vuestros malditos padres y el resto de vuestra raza judía no fueron tan pudorosos a la hora de estafar y llevar al país a la ruina- les explicó a las aterradas jóvenes, echando a todas ellas una mirada que Katniss no supo identificar.
Con lentitud, el tedioso sargento volvió a su silla, sentándose y dirigiéndose de nuevo a las chicas; la joven sintió las miradas sucias y las sonrisas lascivas de los ojos de los oficiales, que miraban los cuerpos de todas ellas con lujuria contenida; a los oídos de la joven castaña llegaban todo tipo de comentarios soeces, acerca de ellas y de sus cuerpos. Algunos de los oficiales se acercaban a ellas, dando vueltas a su alrededor e instándolas a que quitaran los brazos y dejaran sus cuerpos a la vista. El sargento Cato despegó su vista de Mags y se volvió a poner frente a Katniss, sonriendo de manera socarrona.
-Me gustan tus tetas- exclamó el voz alta, a la vez que llevaba sus manos a cada una de ellas, haciendo amago de tocarlas. Ésta retrocedió un paso, con el pánico instalado en su cuerpo, lo que causó el enfado del sargento.
-¿De modo que eres una rebelde?- le preguntó, acechándola con la mirada y con su cuerpo; los ojos de Katniss le suplicaron en silencio que, por favor, la dejara en paz. Pero sintió cómo era agarrada por sus antebrazos por otro hombre, manteniéndola inmovilizada, lo que hizo que sus pechos quedaran completamente expuestos.
-¿Qué os parece, chicos?- instó Cato Hadley a sus hombres, señalando a la joven.
-Muy pequeños- se burló uno de ellos; y a ese comentario se sumaron otros, acompañados de risas y más y más burlas.
Los ojos de Katniss permanecían cerrados, pero eso no impedía que las lágrimas recorriesen sus mejillas; sintió cómo arrojaban agua helada sobre su cabeza y todo su cuerpo, haciendo que sus pezones se endurecieran, a causa del frío, lo que provocó las risas y por consiguiente, más burlas. Tiritando a causa del frío, jamás se había sentido tan humillada y avergonzada... se sentía expuesta, cómo una mercancía que estaba siendo ofrecida al mejor postor. Echó un pequeño vistazo por el rabillo de su ojos izquierdo, percatándose de que sus compañeras no estaba siendo tratadas mejor que ella; su prima Annie estaba siendo agarrada por detrás de su cuello, a la vez que uno de los oficiales sobaba sus pechos y otro toquiteaba sin parar su vientre y sus caderas, a la vez que ésta se retorcía de dolor e intentaba zafarse de ellos.
Miraba tan horrorizada el espectáculo que se representaba entre aquellas cuatro paredes, que no se dio cuenta de que el sargento Cato estaba llamando su atención, hasta que sintió un pellizco, que la hizo gritar de dolor. Entre lágrimas volvió su vista al hombre que estaba frente a ella, que sonreía de manera socarrona al retorcer uno de sus pezones con sus dedos, cada vez con más fuerza.
-Cuando yo hable, me miras a la cara y respondes; ¿te queda claro, puta?- le preguntó, a la vez que sus dedos seguían pellizcando y estirando con fuerza su pezón derecho.
-M... me du... duele- sollozó -por fav... por favor- rogó para que la soltara.
-¿Me has entendido, pequeña zorra judía?- ignoró Cato sus ruegos, y retorciendo todavía más fuerte ahora su pecho entero, marcando sus dedos en la translúcida piel de Katniss. La joven tragó en seco, y con un imperceptible movimiento de cabeza hizo saber que lo había entendido.
Por suerte para ella, soltaron el agarre en sus brazos y los dos hombres se alejaron de ella; temblando de miedo y de dolor apenas acertó a dar unos pasos, para caer apoyada contra una pared y abrazarse con fuerza a Johanna, que no estaba mucho mejor que ella. Sintió que otros brazos la rodeaban, y oyó palabras de consuelo que Rue murmuraba, no sabía si para ella misma o para ellas dos. La poca dignidad que les quedaba les había sido arrancada de un plumazo, pero eso apenas le importaba ya... solamente pedía para sus adentros que las dejaran volver al barracón, y que no les hicieran daño.
No sabía si por suerte, o para su desgracia, sintió que la punta de una bota rozaba su pierna izquierda, dándole un pequeño meneo. Johanna y Rue levantaron la cabeza, para enfocar la cara de Gloss.
-Vosotras tres, poneos la ropa y volved al barracón- les ordenó, a la vez que agarraba a Mags de un brazo, impidiendo que realizara movimiento alguno.
Las jóvenes le vieron alejarse, arrastrando a Mags, que les dio una mirada de súplica, bañada de lágrimas. Pero la joven fue empujada contra una puerta, antes de que Gloss la abriera y la hiciera desaparecer por allí prácticamente a rastras, ignorando los lloros y los gritos de ésta. Johanna apartó la mirada cuando vio que con Madge hacían lo mismo, mientras que Katniss buscaba a su prima Annie con la mirada, sin éxito alguno... no quería volver sin ella, pero el sargento Cato se acercó de nuevo a ellas, lo que hizo que la joven castaña se pegara de nuevo a la pared.
-Marchaos antes de que nos lo pensemos mejor- les advirtió, mirándolas a los ojos con tanta repugnancia que Katniss sintió ganas de vomitar. Nunca entendería ese odio, ese rencor hacia los suyos... ¿pero ellas que culpa tenían?; ellos decían que habían arruinado al país, que les habían estafado... pero todas aquellas razones tapaban el odio irracional de un señor que odiaba a la gente que no respondía a sus cánones de perfección y belleza.
Sin molestarse en ponerse la chaqueta o anudar el pañuelo que cubrían sus cabezas, las jóvenes hicieron el camino de regreso envueltas en un inquietante y pesaroso silencio. Sus ánimos ya habían tocado fondo, ya no tenían dignidad... no se consideraban personas; eran tratadas cómo los peores parásitos, los cuales había que exterminar para que no se propagaran.
Así se sentía ella, así se sentían sus compañeras... una vez tumbada y de abrazarse a Johanna, ambas dieron suelta a un llanto desgarrador, pensando en Madge y Annie, en si volverían a verlas. Justo en la litera de abajo Prim llamaba sin consuelo a su hermana Mags, sin que Rue pudiera hacer nada para aplacar su pena. Hasta ahora habían sido maltratadas, esclavizadas... las mataban de hambre... y ahora encima, humilladas y despojadas de la mínima parte de humildad que les quedaba... ¿qué sería lo próximo?...
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A partir de ese cruento espectáculo, las cosas fueron de mal en peor. Annie y Madge, al igual que Mags, se reencontraron con ellas a la hora del desayuno. Ninguna de las tres habló, pero Katniss y el resto captaron a primera vista los golpes que les habían propinado, y las lágrimas y la vista baja de ellas dos; y no les hizo falta nada más para ver que las habían violado. Annie y Madge no volvieron a ser las mismas desde aquel suceso... y lo triste, es que se repetía la mayoría de las noches. Chicas inocentes conducidas, cual rebaño de ovejas, para el goce y disfrute de unos seres despiadados y sin corazón.
Katniss nunca fue llamada, ni Johanna tampoco. Por una vez, se alegró de ser poco atractiva e insignificante a ojos de los oficiales y del odioso sargento Cato. Pasaron días, semanas... las cosas estaban peor que nunca. Aunque a ella no la llamaran para prestar el servicio, cómo irónicamente lo llamaban los oficiales de las SS, no se libraba de comentarios que podrían herir mentes demasiados sensibles.
Hacía ya casi un mes que había dejado de nevar, pero las cumbres másaltas todavía seguían cubiertas por aquel manto blanco. Esperaban su turno para comer, flanqueadas por la sargento Ketwell y Glimmer, cuando oyeron un grito desgarrador. Todas giraron la cabeza, incluidas las oficiales. Mags salió de unas de las casas de los oficiales, descalza y sin el pañuelo en la cabeza. Corría de manera desesperada mientras varios oficiales empezaron a perseguirla, obedeciendo las órdenes del sargento Cato, que salió de la misma casa que la chica, con la camisa por fuera y abrochándose los pantalones.
Mudas de la impresión, tanto reclusas como oficiales asistían, horrorizadas unas y atónitas otras, al dantesco espectáculo. Mags gritaba de manera desquiciada, pidiendo clemencia y ayuda a la vez que corría en dirección a una de las alambradas. Pero no llegó a su objetivo, ya que fue interceptada por Gloss y otro oficial.
-¡Llevadla atrás!- bramó Cato, sacando un pequeño revólver del bolsillo de su pantalón.
-¡Nooooooo!- el grito ahogado de su hermana Prim llenó el ambiente; quiso correr hacia ella, pero Madge y Katniss la cortaron el paso, ya que vieron como otro oficial se acercaba a ella de manera amenazadora -¡mi hermana, por favor!- lloraba desconsolada -¡Mags!- la llamó de manera insistente. Katniss y las chicas no pudieron contener las lágrimas, viendo cómo el cuerpo de Mags era conducido fuera de su vista.
Lágrimas inconsolables caían por las mejillas de la pequeña Prim, que abrazada fuertemente a Katniss, se desmayó al escuchar un estruendoso disparo, que hizo que colapsara desmayada en sus brazos. Se oyeron gritos y sollozos ahogados, y la mueca de rabia que inundó el rostro de la sargento Clove Ketwell.
-Al barracón, deprisa- ordenó a Glimmer, que inmediatamente se puso a dar órdenes a las jóvenes, instándolas a encaminarse hacia allí lo más deprisa que pudieran.
Ayudada por Annie y Madge, ayudaron a Prim a llegar allí, y la acostaron en la litera que, por desgracia, ya no volvería a compartir con su hermana. Las cosas estaban peor que nunca... pero muchas de ellas envidiaban a Mags... si las trataban así, más les valía morir y terminar con este infierno.
Bff. Cargadita y no muy optimista, siguen en ese infierno, que pasara cuando Peeta se entere de todo esto.
Ya saben cualquier cosa review
