Capitulo 10

-¿estas preparado?- preguntó el gladiador vigilando el exterior de la celda.

-si.- dijo tras colocarse el casco de legionario.- ¿que hacemos con este?

-dejémoslo en la cama. Puede que eso nos dé algo de tiempo.

El siguiente paso fue atar las manos de Mihawk a la espalda, lo suficiente para que diera el pego de que iba como preso pero no demasiado, para que en un momento crítico se pudiese deshacer de ellas fácilmente.

-si nos encontramos con alguien cuida tu acento.

-si.- los "lo intentaré" no estaban permitidos.

-en ese caso... vamos a ello.

Salieron de la celda y caminaron por el pasillo. Lo principal era salir de ahí, donde no tenían ninguna oportunidad y podían ser acorralados fácilmente. Después se valdrían de ingenio y rapidez de piernas.

Con el corazón en un puño anduvieron por los oscuros pasillos, cortándose sus respiraciones cada vez que oían pasos que no eran los suyos.

No se cruzaron con nadie hasta que vieron la salida ante sus ojos.

-¡eh, tu!- oyeron una voz por detrás, claramente de un legionario, que les puso aún más en tensión si cabía la posibilidad.- ¿se puede saber que haces?

El legionario adelantó sus pasos hasta la altura de Zoro, que se fijó que en una mano llevaba una tinaja, seguramente con vino; ojalá ya le hubiese dado lo suficiente a la bebida para que pudiese engañarle.

El peliverde bajó la cabeza, ocultando su rostro, y habló lo más romano que pudo.

-ordenes del Emperador. Quiere ver a Falco esta noche.

-¿eh?- claramente si había bebido más que un poco. Pasó tontamente su mirada del que creía que era de un rango inferior a él al gladiador y viceversa.- vaya...- se rascó la cabeza por debajo del casco.- el Emperador es cada día más truculento. No solo lo va a matar mañana si no que su última noche quiere pasarla con él. -suspiró.- ¿a donde vamos a llegar?- se dio la vuelta y empezó a caminar en dirección contrario a ellos.

Todavía no empezaron a relajarse cuando el legionario habló de nuevo.

-¡eh!- le llamó a Zoro haciendo que tuviese un sobresalto que contuvo bastante bien.- ¿tu eres nuevo?

-si.- no le miró.

-mm...estaba pensando... abajo del todo estamos bebiendo. Únete a nosotros cuando termines ¿vale?

-vale.

-sea.

-sea.

Se fue y ambos suspiraron.

-vamos.- susurró firme el gladiador.

-si.

Rebasaron la distancia hasta la puerta y se escondieron tras el marco para observar el exterior. Había dos carros y un legionario en cada uno, por lo demás ni un alma.

-dame la espada.- se quitó el gladiador las cuerdas.- no tenemos tiempo para convencer a estos.

Uno de los legionarios miraba medio dormido el cielo nocturno, escuchó unos pasos acelerados y se volvió; gestó que aprovechó Mihawk para clavarle la espada en la garganta.

Sin poder gritar, el gladiador cayó del carro empezando a desangrarse.

-¡rápido Zoro!

El peliverde, tirando su casco, entró en el carro, sin que al superviviente le diera tiempo a reaccionar, y el gladiador agitó fuerte las riendas ordenándoles a los caballos que salieran despedidos.

Respiraron el primer viento de libertad, fue como si el tiempo se ralentizara para poder asimilarlo lentamente y volver a ser conscientes de que un fallo significaba la muerte; y así volvieron a su carrera de caballos personal.

-¡ahora, salta!

A la orden del mayor saltaron del carro hacia atrás. Ignorando el golpe se levantaron de sopetón y se adentraron en un callejón.

-¡derecha!

Entraron en otra calle que en poco tiempo vieron que se cortaba en un escalón con más de un metro de altura.

-¡salta!

Fue brusco pero cayeron bien. Se dieron la vuelta yendo directos para la pared del escalón donde se encontraba un portal que daba a las alcantarillas y cuyos barrotes les impedían el paso.

-¿y ahora que?- preguntó el peliverde sin aliento.

-tercera barra empezando por la derecha.- murmuró recordando las palabras de Shanks. Agarró el barrote con las dos manos y lo desencajó, permitiendo así que pudiese pasar una persona.- vamos.

Zoro pasó entre los barrotes y saltó un ultimo escalón notando como el agua le llegaba por media tibia. Mihawk le imitó y colocó el barrote en su sitio.

-no nos sigue nadie.-dijo casi preguntando el galo.

-tal vez no estaban preparados para algo así o están asustados, pero mejor alejarnos cuanto antes.

Mihawk hizo de guía, recordando todo lo que le dijo el pelirrojo al mínimo detalle. El lugar que debían de encontrar estaba muy escondido para que nadie más llegara, y más de una vez pensó que podían haberse perdido al no recodar exactamente todas las indicaciones, pero al rato de ir andando vieron una luz.

Por precaución, el gladiador, le dijo al joven que esperara mientras el investigaba. Asomó la cabeza por la esquina y sintió alivio. Era una antorcha, la antorcha que Shanks le prometió, colocada en un hueco entre dos ladrillos y sujetando una bolsa de tela.

Ambos se acercaron; Zoro tomó la antorcha mientas que Mihawk registraba el contenido de la bolsa.

Había dos capas de viaje, un mapa de las alcantarillas, repuestos de antorchas y comida para una semana. Pero además había una bolsa de dinero que el moreno quedó mirando con agradecimiento y aun más con culpa.

-tienes un buen amigo.- afirmó el galo.

-lo sé.- dijo en un suspiró.- dame la antorcha, necesito la luz para ver el mapa.

-¿a donde vamos?

-a una zona donde podamos descansar. Viene señalada en el mapa, según me dijo es una parte seca. Después tendremos que caminar durante dos días, entonces encontraremos una salida que nos lleve de nuevo al exterior.

-¿cómo... como puede saber tu amigo todo eso?

-la mayoría de la vida de Shanks sigue siendo una incógnita para mi.


Shanks seguía en el bar, bastante incómodo y, aunque no se le había subido, ya iba por su cuarta jarra de cerveza.

-no debería preocuparme tanto. Ya no. Eso es, ya no debo preocuparme, si estuviesen muertos se hubiese corrido la voz en toda Roma hace bastante rato. Seguramente ya estarán por las alcantarillas...

La alcantarilla no era una buena idea. Las había recorrido una y otra vez de pequeño, y tenía memorizado los caminos a fuego en su cabeza. Sin embargo, hacía ya mucho tiempo que no bajaba por ellas.

Cierto era que se había vuelto a adentrar para las provisiones de su amigo y su compañero, pero la salida que estaba a dos días de camino le era físicamente imposible llegar y volver para propiciarlo todo. Tuvo que arriesgarse.

-si esta cerrada se quedaran vagando por las alcantarillas.

Pero aquella salida no era el principal problema.

-¡por el gran Jupiter!-entró un nuevo cliente.- ¡la que está cayendo! ¡no he visto llover tanto en mi vida! Ya decía yo que esas nubes grises de esta tarde no me hacían gracia.

Se puso en tensión nada más oír la palabra "llover" y el saber la fuerza de la lluvia no ayudó.

-mierda.


Ya llevaban un rato andando, sin hablar.

Zoro había dejado la coraza de legionario en el camino, era algo valioso, pero en su situación no era más que una complicación y un molesto peso, a cambio llevaba la bolsa de viaje. Caminaba siguiendo al otro, pero en ese momento miraba el agua del suelo que había creado en él cierta preocupación.

-Mihawk.

-¿que ocurre?

-es el agua, me llega por las rodillas.

-¿que quieres decir?

-que antes me llegaba por debajo.

El moreno se paró, mirando sobresaltado al peliverde que le observaba preocupado.

-no es la primera vez que las alcantarillas se llenan por lluvia.-siguió el peliverde.- lo escuché en palacio.

El gladiador desvió la mirada, pensativo. Suspiró por la nariz.

-sigamos nuestro camino,-se volvió para continuar andando.- puede que en la zona de descanso estemos a salvo.

Pudo parecer una decisión, pero era la única opción que les quedaba.

Sus pasos se adelantaban a le vez que, poco a poco, el agua iba subiendo. Pero como si la desgracia no fuese suficiente, cuando estaban sumergidos de cintura para abajo percibieron en otro detalle.

-está subiendo más deprisa.

-Mihawk ¿oyes eso?

Si lo oyó, era atronador y podía sentirlo en el agua y en el suelo.

-¡suelta la espada y corre!

Todo vino a velocidad vertiginosa. Intentaron huir, pero el agua les dificultaba y la fuerte ola acabó pillándoles. La antorcha se apagó, sus cuerpos fueron golpeados y el aire abandonó la alcantarilla.

Desesperado, Mihawk buscó a Zoro, aferró su mano la cual no tenía fuerza, el peliverde había quedado inconsciente.

maldita sea! ¿Después de todo vamos a morir aquí?

Entonces lo vio. Era leve, pero en el techo de la bóveda había un cavidad por la que se colaba un resquicio de luz. No sabía si era punto de mira de los dioses, pero desde luego esa suerte venía de alguna divinidad.

Abrazó a Zoro con una mano y la otra la dejó libre, justo para agarrarse al ladrillo de su salvación. Con todas sus fuerzas, dio una increíble patada.


La noche de madrugada avanzaba en la silenciosa y lujosa casa. Su ama y señora dormía plácidamente, al igual que su compañero, pero ella no podía conciliar el sueño esa noche.

Aprovechando que lo presentes estaban acostados y que su señor no había vuelto, salió al patio. La lluvia mojaba su largo pelo naranja y su toga larga naranja claro. Sonrió y miró al cielo cerrando los ojos.

Lluvia que venía de fuera, del cielo y no de Roma. Lluvia que era libre y decidía donde caer. La envidiaba.

Saltó sorprendida y asustada al oír un fuerte golpe. Buscó la causa en todos lados pero no vio nada. Lo oyó de nuevo sobresaltándose otra vez, descubriendo que venía de la piscina, vacía puesto que tenía una cavidad en una baldosa por donde se escapaba el agua.

Pero en ese momento, el agua salía y la baldosa subía como si estuviesen arremetiendo con ella.

La esclava se puso pálida de puro terror, y bastó otro golpe para que saliera corriendo.

-¡Sanji!

-¿¡que pasa pelirroja mía!- entró servil el otro esclavo. Un chico rubio con el pelo corto, tapándole el ojo izquierdo y una ceja rizada que vestía con una túnica celeste corta.

-¡en la piscina!- hablaba asustada tirando de su mano.- ¡hay algo...!

-¡no temas!- adelantó sus paso envalentonado.- ¡yo te...! ¡ostia!- exclamó eso último sobresaltándose igual que la otra por otro golpe.

Pero ese último fue muy fuerte, tanto que la baldosa se salió de su sitio y se hizo añicos.

Con un grito de la pelirroja que se agarró aterrada al rubio salió el gladiador y el galo, este ultimó expulsando agua y tosiendo.

-¿estás bien?

-cof, cof... si, cof.

Mihawk miró a su frente, encontrando a las pareja que les miraban incrédulos.

-¿¡quien mierda sois!- se adelantó el rubio.

El gladiador miró a la esclava. Ambos se reconocieron.

-Nami, ve a llamar a la señora.

-¡espera!- pidió el moreno.- necesitamos ayuda.

-como todo el mundo necesita ayuda en Roma.

Mihawk dejó caer sobre el suelo de la piscina la bolsa de dinero, mostrando así su contenido, dejándoles los ojos como platos.

-¿pero que...?- murmuró el peliverde horrorizado.

-es vuestro si nos ayudáis.

-¡ja! Te crees que porque soy esclavo me puedes compra con dinero. No pienso permitir que unos indeseables como vosotros entre en la domus* y maten a mi querida ama y señora.

-de acuerdo.-respondió la chica.

-¿¡que! ¿pero Nami...?

-mira ese dinero Sanji.- razonó mirándole a los ojos.- con el podemos comprar nuestra libertar y volver a Corinto.

-pe... pero ellos pueden matarnos y robárnoslo después.

-no lo harán.- volvió a mirarles.- el es Falco, el gladiador más fuerte de Roma, lo conocí aquella noche.- no parecía que fuera un recuerdo bueno para el rubio, pero ella no lo vio y prosiguió.- según sé, lo iban a matar mañana.

Nami adelantó sus pasos lentamente quedando en el borde de la piscina.

-os esconderemos a cambio de vuestro dinero. Pero nosotros seguiremos nuestro camino. Os las tendréis que apañar solo.

-hecho.

La chica iba a adentrarse para recoger el dinero, pero justo iba a hacer el gesto cuando apareció otro personaje en escena.

-¿que ocurre?

-¡ama Robin!- se volvió el rubio entre contento y nervioso.- pues nosotros... ellos...

La mujer, con una toga larga morada que le cubría los brazos y una palla del mismo color que pasaba por su pelo, vio con sus propios ojos una mejor explicación que cualquiera que le hubiese dado su esclavo. Pero no por ello no dejó de sorprenderse, sobre todo, al ver al chico del pelo verde.

Anduvo elegante y firme hasta ellos, tranquila como si no tuviese puestas todas las miradas en su persona, y a la vez un poco ansiosa. Entró en la piscina e inclinándose tomó suavemente la barbilla del galo.

-tu eres el esclavo del emperador.

Continuara...

Nota:

Domu- casa romana de familias de alta cuna.