Jim apretó la mano de la inspectora, tratando de transmitirle fuerza. Esperó unos segundos durante los cuales ninguno de los dos dijo nada. Después, le contó suave y lentamente lo que a él le habían contado. "Cuando… te encontraron el los lavabos, llamaron a la ambulancia que había fuera atendiendo a la gente de aquellas oficinas y entraron a por ti… Te colocaron sobre la camilla. Contigo iban tres personas. Dos sanitarios y Castle. A mitad de camino hacia el ascensor para salir de allí… Notaron algo extraño en tu cuerpo… Una luz… una luz roja… Te… empujaron rápidamente y te refugiaron detrás de una columna… Tú estabas inconsciente y no te enteraste de nada. La luz desapareció y tus otros dos compañeros salieron corriendo hacia el edificio de enfrente, a la planta de la que provenía aquella… luz". Suspiró y no pudo retener un par de lágrimas, al igual que Kate. "Te sacaron rápidamente de allí y te trajeron aquí, siempre vigilada por esos dos agentes. Después, Castle me llamó y cuando llegué aquí, él me contó lo que había ocurrido…" Se calló durante un par de minutos, tratando de adivinar qué era lo que pasaba por su mente en aquel momento. "Cariño… pensamos que lo primordial era que te recuperaras… Por eso no te dijimos nada". Suspiró. Conociendo a su hija, estaría enfadada por habérselo ocultado, pero tanto él como Castle habían preferido asegurarse primero de que estuviera bien y con fuerzas para afrontar aquello. "Yo no sé nada más. Ni si pillaron a ese hijo de… Ni nada más". Tragó saliva mirando a su niña.
"Han intentado volver a matarme…" No podía dejar de repetirse esa frase en su cabeza. Miró a su padre con los ojos llenos de lágrimas. Ya le daba igual que la viera así. Era su padre, confiaba en él y no era la primera vez que la veía llorar. En ese momento sólo necesitaba desahogarse.
Jim se acercó más a su hija y la abrazó con cariño, dejando que ella apoyara su cabeza en su hombro. "Tranquila, aquí estás a salvo. Nosotros te protegeremos…". Le dio varios besos en el pelo mientras le acariciaba la espalda con ternura. "Todo esto va a acabar pronto, ya verás…" Intentó animarla, aunque ni él mismo sabía cuando terminaría todo aquello, ni siquiera si algún día podrían acabarlo.
Mientras tanto, Castle se había decidido por ir a comisaría. Estaba en el ascensor de la 12, nervioso. La vida de Beckett volvía a estar en peligro. Necesitaban encontrar la manera de llegar al final, de acabar con todo.
Salió de ascensor y fue directo a la mesa de Ryan y Espo. "¿Qué habéis conseguido?". Los miró esperanzado.
Ryan y Espo se miraron durante unos segundos, después, ambos fijaron su mirada en Castle. Espo comenzó a hablar. "Bueno, hemos seguido todas las pistas que rodeaban al francotirador. Se llama William Davidson, exmilitar. Es el mismo que disparó a Beckett en el funeral de Roy. El mismo que cometió los otros dos asesinatos que hemos estado investigando estos días. Los cometió para atraer a Beckett. Para tenerla en el punto de mira. Le hemos investigado, y todo nos lleva a lo mismo. A un laberinto sin salida. Estamos igual que antes Castle. Probablemente él mismo fue el que se cargó a Montgomery.". Se calló un momento para observar al escritor, que apretaba los puños con rabia. "Todo lo que hemos investigado nos lleva al hecho de que Bracken ordenó a Dick Coonan asesinar a su madre, y a Davidson a intentarlo con Beckett, pero tiene todo muy bien atado. No deja evidencias, no tenemos pistas claras, y por lo tanto, no podemos detenerlo ni hacer que todo esto acabe. A este cabrón que tenemos aquí, se le acusará por dos asesinatos y por el doble intento de hacerlo con Kate. Si podemos asegurar que también mató a Montgomery, serían tres asesinatos. Pero no podemos sacarle más". Espo acabó de explicar todo aquello mirando a Castle.
"Necesitamos encontrar, no sé cómo, ni dónde, la clave de todo esto. La madre de Kate tenía mucha información, pero ni Beckett ni nosotros hemos sido capaces de dar con la clave para cerrar todo este maldito asunto". Kevin se sentía enfadado, rabioso. Quería tanto como los demás acabar con todo esto. "Ya no sabemos por dónde más seguir investigando Castle…". Bajó la mirada, al igual que Espo. Los tres estaban callados.
"Contárselo todo a Gates no sería muy buena idea, ¿no?". Propuso Castle. Quería mover todos los hilos posibles. Kevin y Javier se miraron, sopesando por un momento aquella idea. Después ambos negaron, en silencio. "Ya… Pues tenemos que hacer algo, y lo tenemos que hacer ya o acabarán con ella también". Suspiró.
Se sentía agotado. Aquel día habían vivido demasiadas emociones, demasiados miedos. Miró hacia la mesa de Kate. Vacía. Sintió, una vez más, que algo dentro de él se rompía al no verla allí trabajando. Se acercó lentamente hacia su puesto de trabajo y en lugar de sentarse en su propia silla, se sentó en la de ella. La giró ligeramente y quedó de frente a la pizarra donde tenían expuesto el caso de aquel francotirador. Estuvo unos minutos leyendo toda la información que sus compañeros habían escrito. De repente, se detuvo en una foto y unos nombres. Recorrió de nuevo la pizarra con la mirada, rápidamente. Después, se giró hacia los detectives.
"Espo, Ryan, ¿dónde está William?". Los miró con un gesto serio.
"En la sala de interrogatorios". Contestó Kevin sin pensar, ganándose un codazo por parte de Espo. Ryan le miró sin entender aquella reacción.
"Castle, se lo van a llevar ya" Contestó Javier oliéndose lo que el escritor quería intentar.
"Pues diles que esperen". Se encaminó hacia allí con seguridad, seguido por ambos detectives, y antes de entrar, se giró a mirarles. "Mejor no entréis, ni os asoméis al cristal". Fue a girar el pomo para entrar pero el brazo de Espo le detuvo.
"Castle, no hagas ninguna tontería". Miró a su compañero y amigo, preocupado.
"No te preocupes. Y, de todas formas, tampoco os enteraríais de lo que voy a hacer. Desconectad las cámaras y los micrófonos". Cogió aire con fuerza y entró a aquella sala, encontrándose cara a cara con el hijo de… que había intentado asesinar dos veces a Kate Beckett, a la persona de la que él estaba locamente enamorado.
Aquel hombre se encontraba esposado a la silla, con la cabeza agachada, cansado de estar allí, pero dispuesto a llevarse consigo mismo a prisión toda la información que conocía. Al oír que la puerta se abría levantó la cabeza lentamente, encontrándose con la mirada seria del escritor. Sonrió irónicamente. "Vaya, vaya… Richard Castle. ¿A qué debo este honor?". Se burló el francotirador.
"Vaya, así que me conoces, William". La voz de Castle salía segura, aunque por dentro estuviese muerto de rabia. Aquel tipo asintió. "Bien. Entonces sabrás, que tanto en mis novelas como en mi vida, soy capaz de muchas cosas, y ninguna buena, cuando alguien hace daño a la gente que me rodea. Puedo ser muy infantil algunas veces, pero cuando se trata de mi gente, la ira me puede". Rodeó la mesa y se acercó a él.
Davidson no se inmutó y le retó con la mirada. "¿Y piensas que mirándome así vas a conseguir algo?". Soltó una carcajada, irónica, malévola. "He sido militar, estoy preparado para todo".
"¿Y qué hace que, un exmilitar cuyo objetivo es proteger al país, comience a trabajar bajo las órdenes de un senador que carga con conspiración, fraude y asesinato? ¿Acaso es dinero? ¿Miedo? ¿La protección de tu familia?". Castle se iba acercando cada vez más a Davidson, viendo cómo su cara iba cambiando, llenándose de ira. El escritor iba por buen camino. "¿Qué pensarían tu mujer y tu hija si se enteraran de que su esposo y padre es un asesino que actúa por orden de una persona como Bracken?". Se sentó sobre la mesa, quedando frente a él, mirándolo, acercando su cabeza a la cara del francotirador. "Para ellas eres un ejemplo, un buen ejemplo a seguir. ¿Dónde creen que ganas el dinero que llevas a casa? ¿Quieres que las llamemos y se lo preguntemos aquí mismo, delante de ti?". Castle vio como cada pregunta que formulaba creaba más ira en aquel hombre.
"¡Cállate! ¡No tienes ningún derecho a estar aquí, no eres poli! ¡Lárgate!". Dicho esto, William escupió a Castle, manchándole parte de la chaqueta y de la camisa.
Pero Richard no se inmutó, se mantuvo impasible. Lo miró de arriba abajo, con asco, y de repente se percató en que debajo de la camiseta, tenía una cicatriz muy fea, que le recordaba a las puñaladas con las que habían encontrado el cadáver de Johanna. Frunció el ceño. "Vaya, parece que tienes una bonita marca aquí". Acercó su mano para destapar más la cicatriz.
Él, se revolvió en la silla, tratando de alejar su cuerpo de aquella mano, lo que le fue imposible, al estar atado de pies y manos a la silla. "¡No me toques! ¡Que te he dicho que no me toques!". A cada palabra que pronunciaba, iba alzando más la voz.
Castle hizo caso omiso de sus palabras y tocó aquella cicatriz. Parecía que era antigua. "Su forma me resulta bastante familiar. ¿Qué pasó Will? ¿Tú también eras su objetivo pero acabaste aliándote con él?". Castle lo miraba con asco. Le apretó ligeramente la cicatriz haciendo que aquel hombre se retorciera en su silla. Es cierto que la cicatriz tenía años, pero le seguía doliendo. "Dime, ¿por qué acabaste sirviéndole? ¿Te obligaron? ¿Amenazaron? ¿O simplemente te hicieron cambiar de idea?". Le pellizcó la cicatriz y un pequeño gritó salió de los labios del francotirador. Después, el escritor le propinó un par de puñetazos en el estómago, donde no dejasen mucha marca. William se encogió de dolor. "No, no creo que fuese lo último. Así que ayúdame a encerrar a ese hijo de puta y a todos sus compinches. Si colaboras, reducirán tu pena y antes podrás volver con tu familia". Castle agarró al hombre por el cuello de la camiseta, tirando ligeramente hacia arriba y haciendo que las esposas se le clavasen en las muñecas y en las piernas del francotirador. "O lo haces por las buenas, o lo haces por las malas". Gruñó Richard. Jamás se había visto en aquella situación. Nunca había sacado su rabia ni su ira de aquella manera. Pero necesitaba hacerlo. Tal vez no conseguía nada, pero valía la pena si de esa forma conseguían acabar con Bracken y sus secuaces.
"¡Púdrete en el infierno!". Gritó el hombre. Estaba cansado, dolorido y le pesaban las palabras de Castle. Él nunca había sido así, nunca había querido ser así, pero le habían obligado y ahora temía por su vida y por la de su familia. Por eso mantendría la boca cerrada. "Jamás encontraréis lo necesario para meterlos a todos en la cárcel. No sé dónde está, ¡pero si en todos estos años nadie la ha encontrado, nadie lo hará ya! Probablemente esté quemada.". Escupió aquellas palabras con rabia, sin pensar siquiera en lo que estaba diciendo. En aquel momento sólo quería salir de allí y ver a su familia. Aunque sabía que eso iba a ser imposible.
Castle frunció el ceño. "¿La? ¿Quemada?. ¿Qué quieres decir con eso?". Lo agarró con más fuerza de la camiseta volviendo a levantarlo ligeramente haciendo que se le volviesen a clavar las esposas, dejándole alguna marca, pero sin hacerle heridas. Acercó su cabeza a la de Davidson quedando sus frentes prácticamente pegadas. Ambos se miraban con mucha rabia. "¡William Davidson, dime lo que sepas y te prometo que no te pasará nada, ni a ti, ni a tu familia!".
"¡Cállate! ¡No pienso decir nada! ¡Tú no sabes nada de mí, nada de mi familia! ¡No eres poli y aunque lo fueras tampoco podrías protegernos, ni tú ni tus amiguitos!". Dijo con tono despectivo. "¡Los policías nunca son lo que parecen! ¡Nunca son tan buenos como dicen, ni hacen lo que tienen que hacer! ¡No velan por nuestro bienestar ni por nuestra seguridad! ¡En cuanto pueden, buscan sus propios intereses!". Su rostro se había enrojecido. Se sentía defraudado por el cuerpo de policías. Aquello encendió una bombilla a Castle.
¿Conseguirá algo Castle con Will?
¿A qué se refería el francotirador con las palabras "la" y "quemada"?
Pronto, más!
Y por favor, no dudéis en dejarme alguna review con vuestra impresión del capítulo. Me cuesta bastante escribir este tipo de escenas y querría saber si lo hice bien.
¡Gracias!
