Muchas gracias por leer.
Los personajes pertenecen a Kishimoto-sensei (salvo Natsukira, Mayara y Annael, de creación propia).

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Capítulo 10: un nuevo año

Y llegó el último día de aquel año. Inusitado, sobre todo por el transcurrir del último trimestre. De emociones fuertes para algunas personas; y tan corriente para la mayoría de la aldea.
Lo más destacable en aquella semana de reposo antes de nochevieja, habían sido los chismorreos procedentes de la insospechada relación entre cierto chico y cierta chica. En Konoha, donde normalmente se escuchan rumores de guerras y escaramuzas, alianzas y traiciones, conflictos y misiones peligrosas, tener un tema de conversación tan distendido… ayuda a sobrellevar una vida tan incierta.

A la pobre Hinata le tocó la peor parte, pues las chicas no habían cejado en su empeño de conocer detalles (cuanto más íntimos, mejor), de todo lo que hubiera sucedido en aquellos días con el moreno más solicitado -en su día- de la villa. Mientras tanto, Sasuke se llevó alabanzas y palmaditas en la espalda por haber cazado un buen partido. A nadie se le escapaba la posición privilegiada del clan Hyuuga; y ni que decir si, la relación, llegase a ser formalizada. Uchiha y Hyuuga, dos familias con tanto poder (la primera solo antaño), unificándose. Sin embargo, los cuchicheos no afectaban a la pareja; ni siquiera al padre de la chica, puesto que no veía aquello como algo duradero.
Lo que más molestaba al chico era que tildasen a la ojiclara como un trofeo o algo por el estilo. Y no fue el único, puesto que Naruto también se enojó -y lo exteriorizaba claramente- ante aquellas palabras despectivas. Para él, la chica, era una buena amiga, y no podía soportar la situación. Se alegró muchísimo al conocer la buena noticia -apenas se extrañó-, así que le parecía intolerable. Llegó a tal punto de enfado, que la propia Hinata fue quien tuvo que calmarlo con un largo abrazo y dejándole claro que no importaba.

– Si alguien te importuna de nuevo, avísame.- comentó Sakura, aquel día.- No me importaría romper uno o dos huesos.- añadió, crujiendo los nudillos de ambas manos.

En realidad, la ojiverde sentía tanta curiosidad como las demás chicas. Pero sabiendo cuánto le importaba al rubio, se aguantó las ganas de preguntar. Siempre podría interrogar a su amigo Uchiha, pensó malvadamente.

Durante ese tiempo, Natsukira y Obito habían compartido tardes enteras -algunas junto a Kakashi-, poniéndose al día. La chica siempre fue cercana al desaparecido -y recién vuelto- hombre, dada la relación que mantuvo con Itachi en el pasado. También era el único que conocía los detalles de lo que ella sentía por su sobrino, y que había cuajado en aquellos escuetos momentos secretos. Obviamente, la joven no contó más de lo necesario: ocultó la terrible realidad que sufría el joven a quien tanto quería.
En su fuero interno seguía empeñada en ayudarlo. Conocía bien el poder de su Ryuugan, pero no sabía por dónde comenzar. Y eso la incomodaba.

– Bueno, vuelvo a casa para prepararme.- dijo la chica, levantándose del asiento.- Nos vemos en la fiesta.- agitó la mano, mientras dejaba atrás el parque y a su pelinegro amigo.

Obito se había quedado absorto en un pensamiento claro, pues la historia de Natsu le había traído recuerdos del pasado, de Rin. Minutos más tarde, volvió en sí: se levantó y se marchó, rumbo al barrio de su clan.

~ o ~

Muy al norte del país del Fuego, cruzando la frontera, en un lugar alejado de cualquier núcleo de población, se hallaba la guarida de la organización terrorista más peligrosa de aquel tiempo. Controlada desde las sombras por cierta figura indefinible, estaban terminando de discutir el plan de acción para el nuevo año.

– Dentro de dos meses tendremos los recursos necesarios para llevar a cabo nuestra misión.- comentó una voz distorsionada.- Nuestra guerra comenzará, y acabaremos con esta era.- añadió la silueta, quedándose en silencio luego.

Pertenecía al líder (no realmente) de Akatsuki. Su nombre era Pain, siempre acompañado de la fiel Konan. Habían nacido en Amegakure, un país que sufrió lo peor de las guerras. El resto del grupo respetaba a aquél, pues había formado la organización para acabar con las Cinco Grandes Naciones ninja. Y eso era algo que tenían en común.
Lo que no sabían (y nunca llegarían a saber) es que, Pain, estaba controlado por una mano negra.

Tras acabar la reunión, incluso esta gente, se despidió hasta el año entrante. Una especie de cortesía entre villanos. Se separaron en parejas, como solían hacer. Aunque hubo una excepción: Itachi. El pelinegro se marchó solo, con un rumbo claro, dejando a Kisame compuesto y sin pareja. Fue algo que no pareció importunar al tiburón.

~ o ~

Llegada la noche, la aldea se bañó en el brillo de las luces festivas. No obstante, aquella celebración tenía otra tesitura con respecto a la navideña. Se podía sentir en el ambiente. Y en el vestuario de las personas invitadas: era más informal que en nochebuena.
Por eso no fue extraño que predominasen los pantalones vaqueros y camisas, y las minifaldas ajustadas junto a tops escandalosos. Si alguien destacó en este aspecto -ya de por sí siendo hermosa- fue Hinata. Como si se hubiese liberado de unos grilletes, aquella noche dejó a la parcela masculina con los ojos fuera de órbita -y, a algunas chicas, con gesto de envidia pura. Encima, Sasuke aumentaba la guapura de aquella interesante pareja.

La cena transcurrió con normalidad, algo que había escaseado antes de las fiestas invernales. Aunque, el típico pique entre Naruto y Chouji no se hizo esperar, recibiendo a un competidor inesperado en el último momento. Sin embargo, Kiba no aguantó dos asaltos contra aquellos dos tragones profesionales. Esto hizo reír al público, logrando que la velada fuera divertida.
El intervalo entre la conclusión del banquete y el momento previo a los últimos segundos del año fue amenizado con música. Y con alguna actuación espontánea debido a la ebriedad más que a la improvisación. Algunas personas conversaban en sus asientos, mientras que otras daban paseos cerca del recinto.

Llegó el último suspiro. Las miradas estaban atentas al reloj. Comenzó la cuenta regresiva y… ¡año nuevo! Felicitaciones, besos, abrazos, algunas caricias. Optimismo renovado, junto a gotas de felicidad inocente.
La conglomeración sirvió para dar comienzo al primer baile del nuevo año. Y para escapar, con disimulo, de tanta parejita. Fue el caso de Natsukira, pues ella tenía algo que hacer en esos primeros minutos del primer día de un nuevo ciclo.
No tardaron en encontrarse en la oscuridad de aquel paraje, en la zona este de la aldea. El bullicio de la fiesta se escuchaba también en aquel rincón. Algunas sombras se movieron en las cercanías, en los arbustos pintados de negro.

– Deberíamos ocultarnos.- comentó ella, intentando vislumbrar en la negrura.
– No te preocupes. Debe ser algún animal nocturno.- dijo él, acercándose a la joven.- No siento la presencia de ANBU alrededor.- añadió, tranquilizando a la ojiclara.

Desearon este encuentro con fervor. El mismo fervor que encaminó un beso largo y mudo. Definitivamente, ésa sería la última vez que disfrutarían de intimidad. Y en un contexto pacífico.

– Itachi, ¿seguirás soportando todo el peso tú solo?- inquirió la morena.
– Sí. Debo pagar por mis pecados.- respondió.- Mis manos están manchadas de sangre inocente.- agregó, con la mirada perdida.
– Pero…- ella intentó mitigar aquellas palabras.
– Llevo años esperando este instante.- cortó él, acariciando el rostro de la chica con suavidad y dulzura.- Dejemos las preocupaciones para el momento pertinente.- concluyó, antes de besarla por tercera vez.

El roce aumentó considerablemente, provocando avaricia en las manos que todavía seguían libres. Pequeños gemidos rompieron la quietud; no lo suficiente audibles para llamar la atención, pero sí para estimular los sentidos de aquellas dos personas. En medio de lo que empezaba a ser un incendio, dos palabras surgieron del joven hombre.

– Te quiero.

Aquella madrugada se prolongó más de lo planeado. Pero, no importó. Nada importó. Solamente un hombre y una mujer; dejando vía libre a sentimientos reprimidos durante años.

~ o ~

Tras varias horas de bailoteo, bebidas, conversaciones jaraneras y, en definitiva, diversión, la fiesta llegó a su término. La concurrencia fue yéndose poco a poco, evitando que se formaran aglomeraciones en la salida, y el lugar se quedó vacío y silencioso.
Fuera, algunas personas echaban en falta a otras. Pero, había tanto cansancio presente que, la importancia de buscar, disminuyó para dejar paso a las ganas de dormir.

Sakura no subió la escalera. El ojiazul se extrañó, mientras volvía a guardar la llave de la puerta en el bolsillo. Dio un paso atrás y la miró fijamente, intentando descifrar su rostro.

– ¿Estás bien?- preguntó, preocupado.
– Sí.- la escueta respuesta ayudó a enrarecer el ambiente.- Me voy a casa, Naruto.- añadió, dándose la vuelta y murmurando un "lo siento" inaudible para él.

Antes de que se fuera, en una acción intuitiva, el chico la asió por la cintura: la abrazó suavemente. Su mirada se mostró comprensiva, pero con un mensaje claro: "cuéntamelo pronto, por favor". La pelirrosa entendió aquel gesto; no lloró. Besó al rubio y se marchó.
Él se mantuvo en el sitio, esperando a que la silueta de la chica desapareciese de su vista. Luego subió y entró en casa. Le costó conciliar el sueño, preguntándose tantas cosas. Encima, el dolor de estómago reapareció.

Mientras, Hinata pasó brevemente por la mansión Hyuuga: no pensó en quedarse. Sonrió al ver a Sasuke apoyado en un banco de un parque cercano, dormitando con los brazos cruzados. Ella ya sabía que no sucedería lo que tenía que suceder aquel primer día del año, pero no le importaba. Le bastaba con pasar todos los días al lado de aquella persona; un chico más tímido y reservado de lo que parecía a primera vista, pensó.
Lo espabiló con una caricia en sus labios, para después dormir entre sus brazos, tras llegar a la casa del Uchiha.

~ o ~

La mañana del primer día amaneció fría. Mejoró levemente a la mitad, cuando la villa comenzó a despertar. Algunos negocios familiares abrieron durante esa parte del día, ofreciendo un lugar de reunión a clientes habituales, y una forma de pasar el día a quienes no tenían planes definidos. Mucha gente se acercó al único templo de la aldea, para ofrecer sus respetos a los dioses y buscar algo de fortuna para el año.
En el caso de Tsunade, quien no tenía resaca -y esto era digno de mención-, le tocó cumplir su papel de anfitriona en la despedida de la comitiva de Sunagakure. En tanto, Shikamaru y Temari habían aprovechado bien aquellos días, pero en ese momento el ánimo decayó por la separación. Gaara le echó una mirada menos recia al muchacho, ya que había visto muy feliz a su hermana mayor.

– Volveremos a vernos en unos meses.- comenzó la rubia princesa.- Toma las precauciones necesarias.- adjuntó, utilizando el apretón de manos para acercarse y susurrar aquello.
– He disfrutado mucho estos días, Godaime Hokage.- disimuló el pelirrojo. Miró alrededor, como si estuviera buscando a alguien.- Bueno, es hor-…
– ¡Gaara!- exclamó el escandaloso de siempre, corriendo hacia la puerta principal de la aldea.- Uf, menos mal. Llego a tiempo para despedirme.- dijo, recobrando el aliento y sonriendo.- Cuídate, amigo.- finalizó, ofreciendo su mano derecha.

El Kazekage no se sintió defraudado ni molesto, aunque Tsunade resopló por las maneras del ojiazul. Es más, el ojiverde respondió al gesto amistosamente.

– Estoy deseando pelear a tu lado de nuevo.- comentó, esbozando una leve sonrisa.- Cuídate también, amigo.- completó, provocando más sonrisas de las que llegó a otear.

Tras la escena de marcha, en la que Annael también se despidió de Naruto, pidiéndole que hiciera lo propio con el resto, volvieron a sus quehaceres. En el cuartel general había mucho por hacer, y Tsunade parecía dispuesta a trabajar como nunca (el optimismo de año nuevo). Esto no pasó desapercibido para Shizune, quien aprovechó la coyuntura para llenar el escritorio de la Hokage de papeleo atrasado.
Por su parte, el chico tomó el camino de las termas, donde había quedado con Sasuke. De la misma forma, las chicas acordaron verse por la mañana en ese mismo lugar. Más que nada, para hablar de lo que hubo sucedido en la noche y madrugada.

– Sasuke, prepárate.- soltó el rubio, ya sin ropa y con una toalla atada a la cintura.- Voy a lavarte la espalda tan bien que…- de repente, se quedó mudo.

Varias caras cambiaron su gesto alegre por uno endemoniado. Una destacaba sobre las demás, y era la perteneciente a una chica de ojos verdes. Sí, el ojiazul se había confundido de estancia, y había entrado en el baño femenino. No obstante, el vapor era tan espeso que no llegó a ver mucho más de lo que ya conocía.
Aun así, no era excusa para salvarse. Ni siquiera el oiroke no jutsu lo habría ayudado en esa ocasión.
El puñetazo propinado por Sakura fue suficiente para mandarlo a volar. En cierto modo, tuvo suerte de caer en el agua del baño de los chicos, cerca de donde estaba su amigo. Al ojinegro no le extrañó, ya que había oído las exclamaciones provenientes del otro lado de la valla. También estaban Obito y Kakashi, quienes tampoco se extrañaron de lo que había pasado. Finalmente, pudieron disfrutar de las termas con tranquilidad. Un día de relax para recuperarse del cansancio y la tensión, puesto que estaban por venir muchas cosas.
Y, pese a que no quisiera reconocerlo, Naruto también tenía su parte pervertida. ¿Influencia de Ero-sennin? Hay cosas que nunca cambian (por suerte).

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