NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO.
¡Hola! Ya nos vamos acercando al final de esta historia. No queda ya mucho en realidad, en uno o dos capítulos más se termina el nudo y da empiece el desenlace (o final). Nuevamente, muchísimas gracias por sus comentarios, que me animan a seguir escribiendo :)
Comentarios:
ashlee bravo: les pasó que se metieron personas donde no debían. xD Ya se va aclarando aquí.
Nieve Taisho: No un poco MUY dolido, me recordó mucho una experiencia personal, pero bueno, eso es punto y aparte.
Capitulo 10.
Si te olvidas de mí es mejor.
Aang pensó seriamente en seguir a Katara por la tarde a su casa y enfrentarse cara a cara, sin que pudiera negarse a darle explicaciones. Pero optó por pasar la tarde animando a Suki, difícil tarea para él y Toph. La guerrera era fuerte, pero emocionalmente estaba destrozada. Reconstruir su ánimo costó una tarde entera de bromas y halagos que le hicieran recordar lo especial que era.
Suki estaba más que agradecida con sus amigos por todos los esfuerzos y molestias que se tomaron para con ella, y pensó retribuirles. Salió de la casa más temprano de lo usual y caminó directamente hacia la casa de Katara.
Tocó.
—Muy buenos días—le saludó a la abuela—¿Se encuentra Katara?
—Si mi niña, pero no creo que debas entrar…
Gran-gran miró hacia el interior de la casa con algo de temor. Suki supo que pasaba algo malo.
—¿No? Bueno, la espero aquí afuera.
—Pero…
—¿Quién es, Gran-gran?
La anciana dejó caer la cabeza, con resignación.
—Es Suki.
Reconoció la potente voz de Hakoda. Pero ya no le tenía miedo.
Sus padres habían muerto y su mejor amiga no le dirigía la palabra. El amor de su vida fingía que no existía ¿Acaso podía hacerle algo más? Suki había recuperado mucha de la autoestima que perdió antes. Tenía a su tía, que la amaba incondicionalmente, y a Toph y Aang. Ella misma era una guerrera Kyoshi. No había nada que la pudiera vencer.
Irguió la espalda, levantando la cabeza. Estaba lista para la confrontación.
Hakoda apareció en la puerta y la anciana desapareció en el interior de la casa. Miró a Suki con desprecio.
—¿No entiendes que no eres bienvenida en esta casa?
—Señor Hakoda—él se sorprendió de escuchar su voz tan potente y firme—No vengo a hablar con usted ni estoy dentro de su casa. Espero a su hija porque debo hablar con ella.
—Katara no tiene nada que hablar contigo.
—Pero yo sí, y tengo derecho a dirigirle la palabra. Es algo que usted no puede evitar.
—¡Te diré lo que puedo evitar…!
Alzó la mano, pero Suki inmediatamente agarró su brazo y aplicó la fuerza necesaria para mantenerlo quieto. Hakoda pareció reaccionar y se calmó.
—Vete, o no me haré responsable de mis actos.
—Espero que los espíritus le perdonen por todo el daño que le hace a sus propios hijos.
Suki se dio la media vuelta y caminó. Se escondió en la esquina de la calle, donde esperó a Katara. Ella no salió, pero Sokka sí.
¡Ay, Sokka! Solo de verlo muchos bellos recuerdos regresaban a su mente. Pero se concentró. Ella no hablaría con él sobre lo que pasó entre ellos, si no lo que estaba pasando ahora.
—Sokka—lo interceptó—Necesitamos hablar.
—Suki ¿Estás loca?—le respondió inmediatamente, antes que cualquier otra cosa—Venir a mi casa de esa manera…¿Qué pensabas?
—Que debo hablar con Katara—replicó, cruzando los brazos sobre su pecho—Ustedes actúan más raro de lo normal y no tengo idea de porqué ¿Me lo dirás o no?
—No. Ahora, vámonos.
—Sokka—ella colocó una mano sobre su pecho, deteniéndolo—Hakoda no puede tener ese poder sobre ustedes ¿Por qué Katara no salió? ¿No vendrá a la escuela?
—No en toda la semana.
—¿Y eso porqué?
Miró hacia otro lado, obviamente buscando excusas.
—Ella está enferma.
—No me mientas.
—¡No te miento!
Suki resopló visiblemente fastidia. Sokka no la miraba de frente. Ella vio en sus ojos una especie de miedo que conocía muy bien en él. Colocó ambas manos en sus mejillas y le obligó a verla directamente a los ojos.
—Todo saldrá bien.—le animó, con una voz dulce—Pero necesito que me ayudes a ayudarte ¿Qué está pasando?
—No es algo sencillo de explicar…
—Tenemos mucho tiempo.
Sokka la miró dubitativo unos cuantos segundos, antes de asentir.
o-o
o-o
—Vale, yo no soy de las personas que se preocupan por todo—dijo Toph—Pero el que ni Katara, ni Sokka ni Suki hayan venido a clases es alarmante.
—Solo deseo que no les haya pasado algo malo.
Aang se calló cuando la maestra entró al salón de clases, haciendo que todos los jóvenes le prestaran atención. Era la tercera hora del día y no había rastro de los susodichos.
Además, Aang estaba muy preocupado. El Señor de Fuego Ozai confirmó su asistencia al gran baile de Ba Sing Se, donde esperaba conocer al Avatar. Era momento de revelarse al mundo y no quería que Katara se enterara de esa manera sobre su naturaleza. Él quería decirle a la maestra agua sobre su verdadero ser.
Le quedaban solo dos semanas, y Katara no había ido a clases ese día. Quizá mañana podría verla, o incluso visitarla a su casa…
La hora del almuerzo fue tristemente silenciosa, al menos los primeros diez minutos. Porque, cuando apenas empezaron a hablar, apareció una figura de corto cabello castaño corriendo hacia los dos.
—¡Es Suki!—dijo Toph.
Ella llego a la mesa, estaba cansada y respiraba con dificultad. Aang le dio un vaso de agua y la ayudó a sentarse. Calmada, comenzó a hablar:
—Le mintieron.—dijo, con una expresión de asombro total—Lo engañaron vilmente.
—¿A quién?
—A Sokka.
Toph y Aang se vieron mutuamente.
—¿Sobre qué?
—Sobre ti Aang.
Él parpadeó con confusión absoluta en su rostro.
—Pero…¿Por qué?
—Espera un momento—intervino la bandida ciega.—¿Cómo lo sabes, Suki?
—Hablé con él esta mañana.
—¿Ah si?
Suki asintió con vehemencia, sentándose entre Toph y Aang. Por su expresión seria parecía que la información era realmente importante.
—Sokka creía que tú eras un impostor Aang, que pensaban fingir ser el Avatar para terminar de seducir a Katara y después… ya sabes… aprovecharte de ella.
Inmediatamente Aang abrió los ojos con sorpresa e indignación.
—¿Qué?—casi gritó—¡Jamás le haría algo así a Katara!
—Eso lo sé.
—¿Y porqué se lo creyó?
—Por que le mostraron unas cartas donde firmabas como el Avatar.
—Pero yo…
Aang bajó la voz y se acercó a Suki, revisó que nadie estuviera cerca y susurró:
—Soy el Avatar, de verdad.
—Pero Sokka no lo sabía y se aprovecho de eso.
Toph los interrumpió:
—¿Quién dijo esa mentira?
Suki miró hacia las esquinas de la cafetería, como si comprobara algo.
—Jet.
Aang sintió unas inmensas ganas de salir y darle a ese patán mil patadas hasta que no pudiera volver a levantar falsos testimonios. En vez de eso, respiró profundamente, en un intento de controlar sus emociones.
Viéndolo en ese estado, Suki y Toph guardaron silencio. En determinado momento el tatuaje en forma de flecha de Aang brilló quedamente, pero por solo un segundo. El ritmo cardíaco del maestro aire adquirió un pulso normal. Abrió los ojos y miró a sus dos amigas con una sonrisa.
—Bien—dijo entonces—Pero ¿Sokka ya sabe que fue engañado?
—Yo le dije lo que se, pero aún así creo que deberías hablar con él.
—¿Para qué, si no le cree?—dijo Toph—Por mí que el capitán boomerang se quede con sus mentirosos amigos.
—Vine a la escuela porque Sokka quiere hablar contigo.
—¿Si?
Asintió.
—De verdad ¿Estás dispuesto a hablar con él?
—Desde luego.
—Se encuentra en el salón de té "El Dragón de Jazmín" a dos cuadras de la escuela ¿Lo conoces?
¿Quién no? Era el más popular de toda la ciudad. Se decía que ahí el té era tan deliciosamente fino que hasta los mismísimos monarcas le pedían a su dueño una taza de té por la tarde.
Aang le pidió a Suki y Toph que le excusaran con los maestros de las siguientes clases, y salió de la escuela con un enorme brinco.
o-o
o-o
Tenía tan poco tiempo. Sokka estaba adentro, sentado en una mesa al fondo bebiendo tranquilamente su té con galletas de avena. Sentada en una jardinera, él no podía verla. Confiaba en que Aang aparecía pronto, entonces podría hablar con él.
Estaba realmente nerviosa. No sabía que cosas decirle para que lo tomara a bien. Ella en realidad no quería hacer esto, pero simplemente no le quedaba más opción. Era eso, o arriesgarse a que le hicieran algo malo. No podría vivir con su conciencia. Agarró el pliegue de su falda y lo retorció para distraerse. Su padre estaba en una conferencia, pero si es que llegaba más temprano a casa de lo usual y no la encontraba… ¡Mejor no pensar en ello!
Alzó la mirada. A lo lejos, caminado relativamente rápido, se acercaba un muchacho calvo vestido de color anaranjado. Se puso de pie y bajó los peldaños, para interceptarlo.
Aang no podía creer que Katara estuviera ahí, pero ella no estaba bien. Sus azules ojos inundados de preocupación parecían a punto de llorar.
—Katara…
Apenas la llamó, él lo hizo callar con una sola señal.
—No puedo quitarte mucho tiempo—le dijo, voz ronca—Aang, necesito pedirte un inmenso favor.
—Pero… ¿Por qué? Katara me has estado ignorando ¿Qué pasa?
—Aang, esto es importante.
—¡Pues dime!—exigió, molesto—Creo que al menos merezco una explicación ¿O no?
Maldición ¿porqué tenía que decir precisamente eso?
—Mira Aang, no tengo mucho tiempo, Sokka no debe saber que estoy aquí..
Volteó y comprobó que Sokka estaba sentado de modo que le daba la espalda, relajado completamente. Sintió un poco de envidia por él. Aang replicó.
—¡Genial, una charla secreta! Hasta donde yo se eres mi novia y tengo todo el derecho de hablar contigo.
Lo miró seria.
—Precisamente de eso quiero hablar—bajó un poco el rostro, incapaz de verlo a los ojos ante esa situación—No podemos estar juntos Aang.
Algo en el interior del chico se rompió. Un dolor inmenso y una sensación de traición se anidaron en su pecho. Ocurrió tan pronto que fue incapaz de comprender enteramente lo que ocurría. Katara estaba diciendo que no quería ser su novia y le dolió.
—¿Qué?
—Lo nuestro fue una locura ¡Apenas y te conozco! De verdad lo siento Aang.
—No…—algo en el tono de voz que ella usaba, en la forma que iba retorciendo su falda con ambas manos, ella mentía, simplemente lo sabía—Es algo más ¿Tu hermano? ¿Tu padre acaso?
¡Tenía que conocerla tan bien! Se volteó ligeramente, para que no viera que empezaba a llorar.
—No debo darte explicaciones—sollozaba—Mejor olvídate de mi Aang. Como si no me conocieras.
—Eso es imposible.
—¡Claro que no!
—Katara…
Aang intentó agarrar una de sus manos, pero ella la retiró velozmente.
—¡Suéltame! Eres un mentiroso ¡No quiero saber nada más de ti!
¿Y ahora era el mentiroso? Estaba tan confundido que aquellas palabras le dolían aún más de lo que debería. Siempre fue honesto con ella, desde luego no un mentiroso.
—No puedes tratarme así—dijo fuerte—Dime la verdad.
Era una exigencia.
—Olvídate de mí.
Ella dio la media vuelta para irse corriendo. Con el orgullo y honor herido, Aang no la siguió.
¡Fin de este capítulo!
En el siguiente veremos la conversación de Aang con Sokka y unas cuantas explicaciones más ¿Qué creen que esté pasando? ¿Jet es el único culpable?
¡Ah, que emoción! ¿comentarios?
chao!
