NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK, UNICAMENTE ME DIVIERTO ESCRIBIENDO ESTAS HISTORIAS.

GRACIAS POR SUS COMENTARIOS :)

¡Ya volviiiii! Creo que me he tardado... bueno, ya les traigo un nuevo drabble para su deleite. No tengo nada más que decir... y me parece de lo más extraño.


II.-Memoria 2.

-No debemos causar problemas aquí, Aang—dijo el Monje Gyatso al intrépido niño de siete años—Estamos en una ciudad del Reino Tierra, debemos comportarnos bien.

-Eso haré—contestó el niñito, inclinándose a manera respetuosa frente a su pupilo, mientras los dos entraban a la pequeña posada donde se quedarían unos días.

-Eso esperó—contestó el Monje—Ahora, puedes ir a jugar, pero regresa a la posada antes del anochecer.

-¿Puedo usar mi Aire-control?

-Sí, mientras no cause ningún problema.

-¡Bien!—Aang saltó y se fue casi volando lejos de la posada. El Monje Gyatso suspiró entre aliviado y preocupado.

-Algo me dice que hice bien trayendo dinero de más por si debo pagar alguna multa…-susurró, con una sonrisa casi paternal en su rostro.

Aang empezó a recorrer todas las calles de la ciudad. No era la primera vez que visitaba una ciudad del Reino Tierra, pero sí la primera que iba a esa. Siendo Maestro Aire, Aang era nómada, pero como era pequeño el Monje Gyatso se encargaba de cuidarlo cuando viajaba por el mundo. Hasta que cumpliera los diez años, no podría ir a ningún lado que no fueran los Templos Aire solo.

Se distrajo pateando una piedra caliza por las calles. Aquella distracción le impidió ver a un grupo de niños pretendiendo retar a otro y cuya pelea se acercaba a él peligrosamente. Los gritos le alertaron de su proximidad y cuando alzó la cabeza, inmediatamente dio un enorme salto y se sostuvo en el aire por unos segundos, dejando que la jauría de mocosos bandoleros pasara por debajo de él.

Sostenido por una esfera de aire, Aang pudo ver que todos esos niños estaban escapando de otro, igual de siete años, que parecía ser un Maestro Tierra. El aire se agotó en la esfera y Aang cayó suavemente a tierra, justo al lado de ese niño maestro.

-¡Hey!—le llamó, estaba cubierto de polvo, desalineado—¿Sabes a dónde se fueron esos cobardes?

Aang le devolvió una mirada confusa.

-No—contestó—Ellos… ¿Huían de ti?

-Sí—dijo el niño, orgulloso de esa respuesta—Me estuvieron provocando desde la semana pasada, querían pelear conmigo. Pero ya vez, no se puede pelar contra el mejor maestro tierra…

-¿Eres maestro tierra?

-Sí, y tú un maestro aire ¿O me equivoco?

-No ¿Cómo lo sabes?

-Se nota en tu forma de vestir—el niño río—Me llamo Bumi, gusto en conocerte.

Tendió la mano. Aang sintió simpatía por aquel niño y se la estrechó.

-Yo Aang.

-Bienvenido a Omashu, Aang.

-Gracias—dijo al viento, mirando la imponente ciudad delante suyo.

-¿Listo para entrar, Aang?

-Vamos—contestó a Sokka.

Le costaba aún creer que todo hubiera cambiado tanto. Cien años… ¿Qué fue de Bumi?


Espero que en verdad les haya gustado.

¡Nos leemos!

chao!