EPOV

Después de dejar a Bella en su casa, fui en busca de Alice y Jasper. Él se quedaría en casa por hoy.

La verdad, no sé me hacía buena idea haber dejado a Bella en esa casa... con él.

Ya habíamos llegado a casa cuando ella llamó a mi celular. Lo tomé y atendí.

-Hola... -salude mientras bajaba el volumen de la radio.

-¡Edward! ¡Necesito tu ayuda! ¡Por favor!-dijo Bella desesperada, del otro lado de la línea.

-¿Bella? ¿Qué está pasando?

Nada, no respondió.

-¡¿Bella?-comencé a gritar. Esto no me estaba gustando.

Seguía sin responder.

-¡¿Bella? ¡Responde, Bella! ¡¿Qué rayos está pasando?-volví a gritar.

Solamente llegue a oír un grito. Un grito proveniente de la voz de Bella. Sólo eso me basto para subirme al auto y empezar a manejar hacia su casa.

-¡Edward!-gritó Alice al verme irme conduciendo así de esa manera.

Tenía que saber que estaba pasando ahí. Tenía que saber que le estaba pasando a Bella.

Pasé a todos los autos a toda velocidad, saltándome gran cantidad de semáforos en rojo; necesitaba llegar lo más rápido que pudiera.

En cuanto llegue, salí del auto corriendo hacía la casa. Se podían escuchar los gritos con más claridad.

Mientras más avanzaba por la casa, más cerca se escuchaban los gritos de Bella.

-¡¿Bella?

Logré escuchar de donde provenían sus gritos. Estaba en su cuarto; corrí hacía allí.

Me encontré con algo peor de lo que imaginaba. En una esquina de la habitación, estaba Jacob tapando a alguien. Y de ahí provenían los gritos. Era Bella.

Me acerque a ellos a toda velocidad. Por suerte, en ese momento, Jacob se dio la vuelta y lo golpeé. Cayó al suelo, y lo seguí golpeando. Recibí apenas unos golpes de él, obviamente. Pero no me importo, estaba completamente enceguecido en rabia e ira.

Si no fuera por Bella, le hubiese seguido pegando.

-Ed... Edward... -susurró desde la esquina. No se había movido de allí.

Me acerqué a ella. Fue horrible verla así. Tenía toda la cara roja, con los dedos de ese desgraciado marcados en las mejillas.

-Bella... Mírame. Te sacaré de aquí, ¿está bien?

Espere a que respondiera pero no lo hizo.

-Vámonos de aquí de una vez.-la tomé en brazos y se aferró fuertemente a mí. Estaba temblando. Caminé rápidamente con ella en brazos hasta el auto.

Con la mano libre, abrí la puerta del Volvo y senté a Bella en el asiento del acompañante. No quería soltarme.

-Bella...

-No te vayas.-susurró. Nuestras miradas se cruzaron, lo que más vi en la suya fue el miedo.

-Te prometo que no me iré.-susurré también. Lentamente, me fue soltando. Cuando me soltó por completo, cerré la puerta y fui al lado del conductor. Para así irnos de una vez.

Comencé a conducir hacia mi casa lentamente. Pero me detuve mucho antes de llegar.

-Necesito saber que pasó, Bella.-dije mirándola.

Seguía temblando y sin mirarme. Ese desgraciado la pagaría, y bien caro. Salí del auto para ir al asiento de Bella; cuando llegue, abrí la puerta.

Me arrodillé a la altura de Bella, y en cuanto lo hice, se abalanzó hacia mí mientras le caían las lágrimas abruptamente. Lo único que atiné a hacer fue a abrazarla, en silencio.

-Estaba borracho. Y... y se enojó.-comenzó susurrando.

Maldito desgraciado... Tenía que tranquilizarme; Bella me necesitaba en este momento.

-¿Por qué se enojo, Bella?

No hubo respuesta alguna pero su llanto se iba reprimiendo.

-Bells...

-Se enojó porque no estaba cuando él llegó a casa. Y... y me tomó de la muñeca reclamándome una respuesta, Edward. Le pisé el pie pero me empezó a seguir hasta el cuarto. Ahí te llame pero él logró abrir la puerta.-dijo mientras le volvían a caer las lágrimas.

-Ya, tranquila. No estás sola, aquí estoy yo. Lo sabes, ¿verdad?

Ella asintió levemente y se fue separando de mí.

-Vamos, hay que sanarte esto.-dije tocándole la mejilla suavemente. Hizo una mueca.

-No me duele.-dijo mirándome e intentando sonreír.

-Bella, en serio. Vamos a mi casa. De seguro, Alice y Jasper nos ayudaran.

-¡No! Por favor, no. Edward, ¡no!

-Pero, ¿por qué no?

-Porque si me ven así, lo más probable es que Alice se lo diga a Rosalie. Y si Rosalie se entera... le dirá a mi hermano. ¡No!

-Y eso sería lo mejor. Bella, déjame llevarte a mi casa.

-¡No! Edward... por favor. No.-me rogó.

No podía decirle que no...

-¿A dónde quieres ir, entonces?

Me sonrió, o eso intentó.

-Gracias... -susurró.

Yo sólo le sonreí y me levanté. Cerré suavemente la puerta del auto y caminé hacia el asiento del conductor.

-Bien, ¿a dónde quieres ir?

-No lo sé. Cualquier lugar menos tu casa y la mía.

-Ok, entonces iremos por unas bebidas y luego... A nuestro lugar.-dije moviendo las cejas graciosamente. Ella rió.

-¿Nuestro lugar? Me parece buena idea.

Comencé a conducir hasta llegar a un McDonald's; fuimos directo al AutoMac.

-Buenas noches, ¿qué les puedo ofrecer?-Saludo la dependienta, observándonos.

-Un McCafé Hot Chocolate y un McCafé Strawberry Shake.-Le respondí rápidamente.

-¡Y unas papas medianas!-Gritó Bella antes de que la chica desapareciera de la ventana.

Me quede mirando a Bella y ella se sonrojo. Se veía adorable cuando se sonrojaba...

-¿Qué? También tengo hambre.-Murmuró y luego, los dos empezamos a reír.

La chica volvió con lo que habíamos pedido, le pagué y nos fuimos. Conducí hasta llegar a nuestro lugar, el claro en medio de la nada. Bajamos con la comida y caminamos hasta llegar al centro, y no sentamos.

-Bella, necesitas un lugar para quedarte. No voy a dejar que vuelvas allí, no con él.-Le dije antes de tomar un trago de mi bebida.

-No quiero ir a la casa de Emmett y a la tuya tampoco, está Alice... y Jasper.

-¿No tienes alguna otra amiga? ¿Nadie más?

Ella negó y me quedo mirando.

-Tienes... tienes crema allí.-Susurró señalando un lugar de mi rostro.

-¿Aquí?-Señalé una de mis mejillas.

-No, no. Aquí, mira.

Se acercó a mí, de tal manera que pude sentir su respiración en mi cara, y tocó mi barbilla, quitándome la crema de allí. Nuestros ojos se encontraron y mi mano detuvo la suya, sin dejar que se moviera.

Inconscientemente, nos fuimos acercando más, acortando la distancia que había entre nosotros y en determinado momento, nuestros labios se juntaron. En ese momento, nada me importaba. Sólo ella y yo, besándonos.