El sonido de las sirenas de la policía empezaba a aturdirlo. Se aferraba a su ganancia como si se le fuera la vida en ello. Había sido su primer robo. Siempre subestimado por su familia, había decidido dar un golpe al Banco Nacional él solo. Ni sus padres ni sus hermanos lo creían capaz, hasta estaba seguro de que las novias de sus hermanos también dudarían de su habilidad.
Pero era tiempo de cambiar.
No más burlas ni llantos en la almohada. No más dudas sobre sí mismo. Haría que todo el maldito país se volviera loco queriendo atraparlo sin conseguirlo y obligaría entonces a su familia a tragarse sus palabras.
Había estado seguro de todo lo que hacía hasta ese momento. Hasta ese maldito instante en el que -tontamente- decidió meterse en un callejón que resultó sin ser salida, siendo ésta bloqueada por un alto paredón. Los constantes gritos de los policías y el ruido de sus sirenas se le clavaron hasta lo más profundo de la piel y por un instante, tuvo miedo.
Sintió ganas de orinarse en sus pantalones. Su mente empezaba a imaginar los más horribles escenarios. Sus hermanos mayores siempre le contaban antes de dormir que en la cárcel habían recibido horribles palizas. Todo para que entendiera que una nena* delicada como él no pertenecía a ese mundo.
Ni nunca lo haría, por más que lo intentara.
Todomatsu ya tenía a los autos en frente y cerró los ojos en cuanto vio que uno de los oficiales bajaba de su patrulla. Las luces rojas y azules iluminaron toda su figura, contraída de tensión.
—Manos arriba. Entrega el dinero y no te haremos daño—ordenó, sacando su arma y apuntándole. Todomatsu gimió ahogado, pero no soltó nada. No porque no quisiera sino porque estaba paralizado. Por su mente no pasaba nada y al mismo tiempo lo hacia de todo. Las lágrimas estuvieron a punto de aparecer en sus ojos cuando alguien saltó desde arriba. Desde el paredón y aterrizó a unos pocos pies de él.
Todos los policías cambiaron sus expresiones a unas sorprendidas y Todomatsu ladeó apenas la cabeza hacia atrás para poder mirar de reojo aquello que había cambiado la atmosfera.
—Tú…—murmuró el oficial que aún apuntaba a Todomatsu frunciendo el ceño—¡Tú, maldito ladrón desgraciado…!
Todomatsu pudo ver en primera fila como la sonrisa del recién llegado se extendía de una manera casi coqueta.
—Non, non, oficial. No querrá dispararme, ¿verdad? Recuerde que nosotros tuvimos un trato—murmuró, mirando con sensualidad a sus compañeros. Todos los policías, menos el del arma, alzaron las cejas y observaron a su jefe.
—Oficial, ¿qué…? ¿Qué significa eso?
—¿De que está hablando este idiota?
—¡¿Es un traidor?!
—¡¿Ah?! ¡¿De que me están acusando estúpidos?! ¡¿No ven que los quiere confundir?!—Se defendió de las miradas y las preguntas ajenas, aunque solo consiguió que la desconfianza aumentara. El desconocido aprovechó todas las confusiones que pronto desembocarían en discusiones y se acercó despacio a Todomatsu, abrazándolo rápidamente por la cintura.
Todomatsu se estremeció por lo repentina que había sido esa acción, pero de todas maneras no se intentó alejar. Estaba muy asustado aún, después de todo en cuanto esos policías se acordaran que llevaban armas, todo podía volverse muy peligroso.
Ahora se daba cuenta de cuanto amaba a su familia, dijeran lo que dijeran.
—¡No sean imbéciles! ¡Solo los está haciendo desconfiar de mí para que perdamos estabilidad y poder huir con el dinero!
—¡¿Cómo es que lo conoce tan bien, oficial?!
—Sí, ¡¿acaso son amantes?!
—¡¿Qué?! ¡Estoy casado, estúpidos!
—¡¿Por cuánto tiempo, eh?!
Todomatsu pestañeó y se preguntó como demonios había podido temerles tanto tiempo a esos policías absurdos. Se encontraba pensando en eso cuando la mano aferrada a su cintura apretó un poco más y lo hizo ladear la cabeza hacia el desconocido.
—Hm, eres muy joven, ¿eh?—susurró, agudizando su mirada. Sus ojos eran igual o más azules que el zafiro más costoso de todo el planeta e hicieron que los de Todomatsu se ahogaran en ellos.
Casi que hasta olvidaba la situación en la que estaban.
—Pero para ser joven, tienes agallas. Me encantan los novatos que se lanzan al peligro sin dudarlo—murmuró, relamiéndose los labios. Todomatsu se sobresaltó apenas y pestañeó, volviendo a la realidad—. Además, quisiste robar el Banco Nacional la misma noche que yo. Creo que te llevaré conmigo y te entrenaré bien, darling.
Un cosquilleo de amenaza recorrió la espina dorsal de Todomatsu, quien trató de separarse pero solo consiguió que el contrario lo aferrara con más fuerza.
—¡Mi familia es…!—comenzó, pero fue interrumpido.
—La mafia más poderosa de todo el país, sí, lo sé. He estudiado a cada uno de los miembros de tu familia. Ellos me odian.
Los ojos rosados se ampliaron hasta casi romperse en cuanto logró captar las palabras de su nuevo dolor de cabeza.
—No puede ser. Tú…
—Sí, darling. Soy Rosa Azulada—Sonrió más y se acercó a su rostro—. ¿Me imaginabas tan guapo?
Rosa Azulada había sido (y era) un verdadero dolor de culo para su familia. Su familia mafiosa llegaba a tener problemas con otras mafias porque ese ladrón se metía donde no lo llamaban, dejando siempre una rosa azul en lugar de las joyas que debían robar. Siempre les ganaba de antemano.
Aunque esta vez, parecía que Todomatsu lo había prácticamente empatado.
—…Creí que Rosa Azulada era una chica.
Algo pareció pincharle en el pecho al otro ladrón al oír esa respuesta, pero lo disimuló bastante bien.
—Yo diría más bien que tú serás mi chica.
—Pero bueno, la verdad es que solo qui-… Espera, ¡¿qué?!
Ni siquiera pudo procesar lo que el otro había dicho cuando sacó algo de uno de sus bolsillos y lo tiró contra el suelo, provocando que una bomba de humo explotara y llenara de lágrimas los ojos de los policías. Dejaron de discutir solo porque el humo se les metió hasta los pulmones. Un maldito humo azul, al igual que su causante.
El efecto de la bomba tardó unos diez minutos en disiparse y cuando los policías pudieron volver a ver bien, los ladrones ya habían desaparecido.
Lo único que encontraron fue una rosa azul en el suelo, justo arriba de una servilleta con la marca de un beso pintado de labial brillante rosado.
* Nena aquí es usado como insulto por el CONTEXTO DEL DRABBLE, o sea es parte de LA FICCIÓN. Yo como persona NO apoyo PARA NADA este término como modo de desvalorizar al varón.
