10 Erleben und verspüren
I was feeling done in, couldn't win / me estaba sintiendo fea, no podia atraer
I'd only ever kissed before /solo había besado antes
I thought there's no use getting into heavy petting /pensé que de nada servía empaparme en sudor
It only leads to trouble and seat wetting.../que sólo llevaba a problemas y a la impaciencia
Now all I want to know is how to go /ahora quiero saber como es que sigue
I've tasted blood and I want more /he probado la sangre y quiero más
I'll put up no resistance, I want to stay the distance / no pondré resistencia, quiero mantener la distancia
I've got an itch to scratch, I need assistance /tengo una picazón que aliviar, necesito asistencia
(Touch-A, Touch-A, Touch Me- The Rocky Horror Show)
Fue en el tercer semestre de Universidad que Ludwig se unió finalmente a un grupo de estudio. Incluso alguien tan estricto como él lo necesitaba. Había encontrado compañeros ideales. Vash era un chico bastante serio y disciplinado para estudiar, también en el grupo estaba Feliks, un chico evidentemente gay que le recordaba enormemente a Feliciano, aunque este chico de ascendencia polaca era gay de una manera bastante más notoria, aterradora y travestida. Otra integrante del grupo era Xiao Mei una asiática muy inteligente con la que Ludwig compartía casi todas las asignaturas. Era una de las cuatro chicas de la carrera que iban en su curso y la verdad eso era bastante. Ingeniería no era algo que las chicas eligieran y las que andaban paseándose por la facultad solían ser todas asiáticas, usualmente de ascendencia nipona.
Mei era de ascendencia coreana. Cabello largo y negro, muy femenina y dulce. Afanosa, casi al punto de competir con Vash y el mismo Lud. El más relajado del grupo era Feliks, pero a cambio tenía un entusiasmo y energía inagotables. No era capaz de entrar en pánico ni siquiera aunque el examen fuera en tres minutos y no hubiera estudiado nada.
Normalmente se juntaban en la casa de Vash porque vivía solo con su hermana menor, que aún cursaba la preparatoria, en segundo año. Lily por lo general prefería juntarse con ellos que con los chicos de su edad así que, aunque estuviera repasando algo completamente distinto, se sentaba en la mesa con los universitarios, en silencio, a veces dándoles ánimos y trayéndoles bocadillos para que no desfallecieran.
Ludwig se sentía bastante culpable por tener abandonado a Feliciano en la casa, pero se consolaba sabiendo que Selena estaba allí todo el día, a veces también estaba Randhy, y por lo demás, los fines de semana él solía reponerle la falta de atención llevándolo al teatro o a comer por allí. No era como que fuera su obligación, pero su amigo era tan sensible que podía llegar a ponerse todo drama queen si no le prestaban la atención suficiente. Y nadie quería ver a Feliciano histeriqueando por eso.
La disponibilidad de tiempo había comenzado a disminuir cuando Mei le invitó a salir una tarde a solas. Él siempre había sido bastante negado en ese sentido, no fue hasta cuando ella le tomó la mano a mitad de la película que pudo darse cuenta de sus intenciones. Entonces se dio el trabajo de mirarla y vio que era una chica muy bonita, muy simpática y muy inteligente. Con ella sí podría conversar de gustos afines a diferencia de María. Él mismo la invitó a salir las dos veces que seguían antes de pedirle que fuera su novia. No sabía si era muy rápido dar un paso así a la tercera cita, pero ella parecía muy contenta al respecto así que decidió no hacerse más preguntas.
Lo bueno de salir con ella es que era totalmente compatible con sus horarios. Se veían en clases, andaban de la mano por el pabellón de Ingeniería, estudiaban juntos, venía a casa a comer con él y Feliciano, e intentaba dulcemente entablar relación con el contratenor que por alguna razón se comportaba apáticamente y se limitaba a conversar con Selena como si ellos no estuvieran allí.
Cuando ellos salían de la sala hacia la habitación de Ludwig o cuando se iban a la universidad dejando solos a los aspirantes a actores, ellos sacaban sus garras de hienas y comenzaban a destrozarlos a base de comentarios mordaces y críticas.
-No puedo entender cómo es que nunca se besan, es como una relación entre dos androides- comentaba la afroamericana insidiosamente mientras aplicaba una capa de barniz en las uñas de su mejor amigo.
-Me muero de aburrimiento de solo verlos– le seguía el juego él. Pero igualmente, con lo sosos que eran, los celos lo estaban matando. Le daban ganas de abofetearse porque antes queésa llegara, él estaba seguro de estar completamente recuperado de su obsesión con Ludwig, pero bastaba que llegara una simple muchachita insípida a ponerse de novia con él para que los celos nacieran como una bestia en su estómago, devorándole las entrañas.
¿A qué vendrá tanta frialdad? ¿Acaso Ludwig sabe lo que a él le pasa con todo esto y por eso no es cariñoso con ella delante de él? ¿Serán así porque no se quieren? ¿Será que solamente no se muestran afecto en público? Y entonces ¿Eso significa que se desbordan en privado? Casi arruina la manicure francesa de su amiga y Selena, que se estaba haciendo la tonta hasta entonces, debe intervenir, porque no puede dejar que Feliciano se hunda silenciosamente en la desesperación.
-Cariño… ¿No has pensado aceptar la invitación que te hizo Mark el otro día?– comenta distraídamente mientras repasa con la lima para eliminar las imperfecciones. Feliciano la observa confundido.
-No tiene sentido, no me gusta Mark, es creído, su risa es rara, además el otro día le pregunté y no le gusta la pasta– razonó Feliciano como si fuera lo más lógico.
-Pero lindo ¡A ti no te gusta nadie! Si sigues así morirás virgen, te lo digo yo, y serás una vergüenza para el gremio-
-¿Te refieres al gremio gay o el de actores?- preguntó el chico con un tono juguetón.
-Ambos– contestó ella severamente antes de continuar -En el último número de Cosmo leí que el líbido si no se ejercita disminuye… ¿Cómo vas a sentir deseo si llevas tanto tiempo sin besar a nadie siquiera?-
El ítaloamericano la observó unos minutos, pensativo. No eran ideas de Sel, era Cosmo, ambos sabían que la palabra de Cosmo era un mandamiento y una verdad absoluta.
-Entonces, ¿qué aconsejas?-
-Que te ventiles– resolvió ella tomándolo de los hombros –Querido, eres joven, guapo, estás en Manhattan estudiando la carrera con más chicos gay que pudiste haber elegido… tienes que despertar de una vez-
Feliciano no sabe que decir. Ella tiene razón, lleva tanto tiempo lamentándose por el noviazgo de Ludwig que no se puso a pensar que él también podría aceptar una cita, darse algo de diversión para variar.
-Esta bien- contestó finalmente -La próxima vez que me inviten a salir voy a aceptar… ¡Pero no esperes que yo me lance encima del primero que vea!, es de pésimo gusto, a mi me gusta el cortejo, flores, caballos blancos, arcoíris, pasta y vinos cabernet-
A ella le bastó con eso, así que asintió antes de comenzar a pulir las uñas de su otra mano.
Y al decidir eso fue como si el universo hubiese conspirado para que él pudiera realizar su voluntad. Randhy, que ya participaba en una compañía de teatro independiente, le llamó una tarde para preguntarle si tenía tiempo de venir a ayudarles en el montaje de una obra. Estaban preparando "Hedwig and the angry inch" y tenían problemas con la coreografía y el vestuario. Después de todo, nadie de ellos tenía estudios en música ni en teatro musical, pero para su suerte Feliciano si los tenía.
El "Becket theater" quedaba bastante cerca de su casa, estaba en Greenwich Village después de todo. Llegó una tarde cualquiera, justo a tiempo para presenciar uno de los ensayos. Estaban justamente interpretando una de las escenas más dramáticas, uno de los que estaba en el escenario era Randhy, vestido como un adolescente, tomando de la mano a otra persona muy delgada, que Feliciano no pudo interpretar si era hombre o mujer, con sus jeans pitillos, una camiseta ajustada y una cabellera larga rubia. Sonaba la canción "I will always love you" y mientras su amigo interpretando a Tommy Gnosis guiaba a quien era Hedwig en ése momento, Feliciano se sentó en una butaca en frente del escenario a observar (1).
Tommy comienza a besar a Hedwig.
-Hedwig… cuando Eva estaba dentro de Adam estaban en el paraíso– Tommy se separa del beso.
-Así es cariño– Afirma Hedwig con una voz más masculina de lo esperado antes de volver a besarlo.
-Cuando fue separada de él, el paraíso se perdió, entonces cuando vuelva a estar con él, el paraíso se recuperará- insistió Tommy.
-Cree lo que quieras cariño, sólo bésame mientras lo haces- comienzan a devorarse los labios frenéticamente, las manos están por todos lados. La balada sigue sonando, una luz blanca los envuelve y la atmósfera se torna imposiblemente romántica. Ella intenta obligarlo a tocar su entrepierna, entonces Tommy se espanta y se aleja sobresaltado.
-¿Uh…? ¿Qué es eso?– pregunta Tommy confundido. La transexual chasquea la lengua y responde resignada.
Unos segundos de silencio y Feliciano cree que se largará a llorar nuevamente por la intensidad de la escena. Seducción, romance épico y ruptura emocional, todo en tres minutos.
-Es lo que tengo para actuar– Se observan unos segundos, Tommy confundido y ella ofendida bajando la mirada. Él mira para todos lados intentando escapar de la situación e hace amago de balbucear algo. Ella le pega un manotazo gritando.
-Eres un mariquita, eres tan mariquita ¡A qué le tienes miedo!– Casi al borde del llanto, intentando herirlo tanto como él la ha herido a ella- ¡A qué le tienes miedo! ¡A qué!-
-Te amo… te amo…- repite él asustado aún. Mientras forcejean y se empujan.
-Entonces ama mi parte frontal también, cariño– le grita ella tomando el rostro del adolescente entre sus manos antes que él escape corriendo.
Feliciano se pone de pie a aplaudir emocionado y los otros actores del elenco le imitan soltando silbidos de aprobación. Randhy, ya fuera de su papel de Tommy Gnosis le llama del escenario y entonces se aleja de las butacas para subirse a saludarlo.
-¡Besaste a un chico!– chilló emocionado.
-¿Envidioso?– pregunta el de cabello negro.
-No seas tonto– le da un suave empujón el contratenor antes de volverse a ver al actor que hace de Hedwig.
-Hola– le saluda al desconocido con su voz normal, masculina, sacándose la peluca rubia para descubrir una cabellera corta y castaña clara.
-Él es Paul– le presenta Randhy –nuestro miembro más antiguo de la compañía-
-¡Antiguas tus pelucas!– se defendió el aludido –un gusto– se puso galante tomando la mano del ítaloamericano para llevarla a sus labios –y… ¿con quién tengo el gusto?-
-Feliciano– responde el chiquillo pensando que se desmayará de la vergüenza allí mismo.
-Es mi amigo de la academia de artes dramáticas– le aclaró Randhy con un tono de advertencia. Paul lo observó burlonamente y le dijo:
-Vamos no seas egoísta, todos queremos conocerlo-
Poco a poco los chicos de la compañía se van acercando y Feliciano los conoce a todos. Debe admitir que ha quedado especialmente impresionado con Paul (2), con su apariencia ambigua, con su voz masculina y con la fuerza con la que había interpretado un personaje tan complejo como Hedwig de forma perfecta.
Durante esa semana Feliciano les ayudó con los arreglos musicales, la instalación de las consolas de sonidos y guió a los músicos para lograr el sonido de las canciones. Paul no se había andado con muchos rodeos respecto a sus intenciones, simplemente lo abordó mientras Feliciano jugaba con los pedales de la guitarra eléctrica. Lo invitó a salir con seguridad simplemente diciendo "Mañana tú y yo vamos a ir a tomarnos unas copas al Liverpool ¿A qué hora te acomoda?" El contratenor, desacostumbrado a este ritmo agresivo le dijo tímidamente que a las ocho quedando anonadado en el escenario mientras el castaño se alejaba con su chaqueta de cuero al hombro, y eso había sido tan Jhon Travolta, que se había derretido ahí mismo, de pronto él era Sandy envuelta en el embrujo de Danny Zuko.(3)
Randhy se lo había advertido: Ten cuidado con Paul… es promiscuo, nunca va ir en serio con nadie y seguro en su sangre hay tantos virus que deben haber mutado en enfermedades venéreas desconocidas.
-Qué exagerado– le respondió el estudiante de drama –A lo mejor yo quiero una aventura sin problemas ni ataduras-
El barítono lo observó dudoso. Si no lo conociera tan bien le creería que de verdad quería liberarse por iniciativa propia, pero teniendo en cuenta sus antecedentes, estas ganas de salir con alguien, se vinculaban al noviazgo de Ludwig.
-Haz lo que te plazca– contestó con cierta frialdad –estás advertido-
Ciertamente hizo lo que quiso. Ésa cita no fue nada parecido a lo que fueron los caballerosos tratos de Heracles en el colegio, nada de cenas especiales, asientos en el teatro ni violines. En lugar de eso habían ido a ver una nueva banda de rock al Liverpool. Eran unos chicos llegados de Basildon, Inglaterra, un chico andrógeno de voz rasposa, cabello largo y negro, labios rojos y ojos azules llenos de delineador que saludó al público diciendo "Hello, bitches" comenzó a cantar una tonada llena de amargura mientras coqueteaba con su bajista, un rubio de mohicano que le devolvía las sonrisas y jugueteos.
Paul había pedido un whisky y Feliciano no estaba seguro de querer ordenar un Cosmopolitan o un Margarita como cuando salía con Sel. Pidió un vodka tónica mientras se acomodaba en uno de los banquillos de la barra. Eventualmente su acompañante le invitó a bailar, así que bajó de un trago la mitad de su bebida, de modo que se le subió a la cabeza.
Se movieron frenéticamente en un baile descoordinado y nada armonioso al que el contratenor no estaba acostumbrado, pero se prometió seguir el ritmo y dejó que se pegaran contra él, que lo acariciaran sobre la ropa y de pronto todo era jodidamente excitante. Pegó sus caderas a las de ese hombre casi diez años mayor que él, que sin maquillaje y peluca se le hacía más masculino de lo que había notado antes. No le importó su sabor a tabaco, ni el aliento alcohólico, porque se había privado demasiado tiempo de estas sensaciones, él antes que nada era un hombre y sí, tenía ganas, estaba excitado y quería más.
No sabía si se habría ido al departamento de Paul si hubiera sido un desconocido cualquiera, tampoco era como si lo conociera de toda la vida, pero había trabajado con él dos semanas, era amigo o sólo compañero de Randhy. No se sentía tan fácil porque no era un completo extraño.
La primera vez de Feliciano tenía casi veinte años, tenía un vaso de vodka encima, lo suficiente para desinhibirse pero aún sabiendo lo que estaba haciendo. No había sido una tentativa sentimentaloide entre dos adolescentes inexpertos como la mayoría de las veces sucede, sino un encuentro pasional entre un hombre mayor y experimentado con un jovencito ávido de aprender.
La primera vez que dejó que alguien lo tocara con todas las intenciones de llegar a internarse en su cuerpo había sido una noche invernal de Enero. No hubieron fuegos artificiales, ni luz de velas, había sólo oscuridad. No sonaba una canción de Frank Sinatra, sino que había silencio, los ruidos de la gran ciudad y sonidos guturales. No hubo perfumes, sólo el olor masculino de Paul mezclándose con el suyo y también debe admitir que le dolió bastante, que debió concentrarse para buscar su placer, ayudado por la mano de su amante sobre su erección. No había cambiado el mundo al otro día, pero dentro de sí, había nacido un mundo distinto.
:-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:-
Debía admitir que el bastardo, aunque tenía la cara de ser el imbécil más grande de la Universidad, era inteligente, explicaba las cosas de modo que resultaban un juego de niños y, lo más importante, sabía de lo que estaba hablando.
-Muchas veces me he dado cuenta que vuestro problema no está en las operaciones matemáticas en sí, sino en cómo plantean el problema, y de hecho siempre está ahí la complejidad porque deben traducir una situación externa a números… y aunque no lo crean, todo en el universo se puede explicar en números– explicaba el tal Fernández con una pasión, con una seguridad y un dramatismo que Lovino se había sentido un poco envidioso. Lo que él no hubiera dado por ser la mitad de brillante y apasionado que ese bribón.
Tal vez por eso decidió tomar las otras dos ayudantías presididas por el tipo ese. Tiene sólo tres asignaturas más, así que no es como que se esté desangrando, después de todo no tiene novia ni vida.
No se da cuenta que todo su esfuerzo es observado con interés por el tutor español. Antonio no puede evitar sentir admiración por ese chico que parece tener cero cabeza para los números, pero que se esmera tanto, que está en la biblioteca pidiendo los manuales que él recomienda, que resuelve los ejercicios pausadamente y se para cada cinco minutos a preguntarle las cosas más increíbles.
En una de esas veces que lo ve sentado en uno de los cubículos de la facultad de ingeniería consultando unos manuales de Cálculo analítico de funciones, que decide hablarle. Vargas luce unas ojeras y eso sumado a su rostro serio y enfadoso le da un aspecto bastante aterrador. A Antonio se le figura uno de esos cachorros Pug, siempre con caras de odio pero infinitamente adorables.
-Señor Vargas– saludó en español. El ítalo americano le observó con indiferencia antes de saludarle de vuelta, para luego volver a enterrar su cabeza en el manual y en el cuadernillo en que garabateaba sus procedimientos.
-No debiste calcular la raíz en esa parte– le indica el español sabiendo que se estaba metiendo donde no lo llamaban.
-¿Disculpa?– Lovino levantó la mirada, irritado.
-En el tercer renglón, pusiste raíz cuadrada y debes en multiplicar al cuadrado ¿ves?– Fernández se inclina sobre él –luego multiplicas acá por el coeficiente y…- toma su lápiz grafito para indicarle.
-No sirvo para esto– se frustra el chico tomándose la cabeza en sus dos manos.
-Oh, no digas eso… estuviste cerca- mintió el tutor –¿te parece si me siento contigo un momento?-
Lovino no entendía a qué venía esto. Pero sería un idiota si le rechazaba, después de todo era el ayudante del profesor Jhonson, podía serle útil.
-Vale– Antonio inmediatamente toma lugar a su lado y le explica cómo resolver las funciones, cómo graficar las curvas y encontrar los límites.
-Lo haces ver fácil– se queja el chico.
-Es que no sólo es fácil, es divertidísimo– apunta sonriente el español y Lovino lo observa como si estuviera loco. Mira que encontrar divertidos estos garabatos estresantes. Se quedan así hasta el medio día y luego le propone.
-Oye, Lovino, ¿Te parece si recogemos algo para almorzar y seguimos en un rato?– el aludido tiene una expresión extrañadísima, como si no entendiera lo que le acababan de decir.
-¿No tienes algo importante que hacer? ¿Trabajo? ¿Estudio?-
-Hoy no, tío… acabo de terminar dos exámenes así que tengo todo el día libre-
El mayor de los Vargas pudo haber contestado de múltiples maneras groseras. "¿Por qué no te vas a divertir entonces?" "¿Qué ganas quedándote aquí conmigo?" "¿Por qué te metes dónde no te llaman?" Pero hubiera sido una idiotez. Porque tenía examen mañana y no estaba listo para hacer un ejercicio solo y sin equivocarse, aún.
-Está bien, yo invito– acepta encogiéndose de hombros. Y Antonio cumple, se queda con él hasta las siete de la tarde esmerándose en explicarle cada cosa detalladamente. Le lleva a uno de los cubículos de los físicos y con la pizarra y un plumón le pone ejemplos, le interroga, le corrige y luego le celebra los ejercicios que logra hacer bien por sus propios medios.
-Hey, se me hace tarde, tengo que llegar donde mis colegas a celebrar un cumpleaños– avisa -¿Seguro que ya lo pillaste?-
-Sí, sí– le aseguró Lovino, porque era cierto y aunque no hubiera entendido no podía decirle "Sabes, todavía no entiendo nada, ¿podrías no ir a tu fiesta y quedarte conmigo a aburrirte hasta morir?". Antonio le regala otra de sus sonrisas radiantes y se despide.
-Bueno, me alegro que estés mejor ahora, nos vemos en la tutoría la próxima semana, suerte con tu examen-
-¡Oye!– Le llama el ítalo americano sintiéndose idiota -¿Cuánto te debo?-
Antonio pestañea confundido.
-No me debes nada tío, lo hice porque me dio la gana…-
-Pero no puede ser– se levantó Lovino, porque él sabía que las cosas no eran gratis en la vida. Por algo estaba estudiante administración de empresas, ¡Joder!
-Bueno si tanto insistes déjame pensar de qué manera me voy a cobrar– resuelve el español haciéndole un guiño travieso con esos ojos esmeraldas y, de paso, poniendo de los nervios a Lovino que boquea como un pez al ver como su "tutor" se aleja de la biblioteca.
"¿¡Pero qué carajo ha sido eso!"
:-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:-
Después de haber salido del departamento de Paul, Feliciano estuvo atormentándose con algunas cosas. Es bastante más fácil acordarse de las advertencias de Randhy ahora que ya no está desesperado o caliente.
¿Y qué pasaba si eso de las enfermedades venéreas mutantes era cierto? El día lunes sin falta fue al laboratorio a hacerse exámenes, y se le hizo eterna la semana en espera de los resultados. Qué irónico hubiera sido agarrarse Sida, sífilis, o cualquier enfermedad de esas, justamente en su primera vez.
Igualmente en esos días de espera acepta la invitación de Mark, un chico de la academia que cursaba un año más que él. Van a tomar café a un local muy pequeño e íntimo de la quinta avenida. Mark no sólo era bastante más caballeroso, era bastante distinto a su gusto normal en chicos. Su tono de piel de un moreno casi rojizo, cabello negro, ojos del mismo color, rasgos angulosos y masculinos, bastante alto y fornido. Era su apariencia seria la que le daba pinta de ser engreído, no obstante era sencillo e inteligente, bastante orgulloso además de sus raíces. Tenía ascendencia comanche y sioux, era el primer descendiente en tener sangre blanca, su madre se había casado con un blanco que se la había traído desde Whyoming hasta Nueva York. Era rarísimo seguro encontrar a alguien como él en las artes escénicas y además gay.
-Los papeles para alguien como yo se disminuyen considerablemente si se fijan solamente en mi apariencia, pero con mi voz de bajo se abren más posibilidades– le había comentado él.
-No es muy común tu registro– admitió Feliciano.
-Pensé que no querías salir conmigo por asuntos superficiales– confesó Mark -no soy precisamente el típico chico bonito gay-
-Claro que no, eso es una tontería– se apresuró sonando más chillón de lo que hubiera querido –a mi me pareces… guapo– los colores se le subían a la cara. Tenía que aprender a comportarse frente a los chicos o en su vida volvería a conseguir algo de sexo.
-Pero tú eres una preciosidad, ¿lo sabías?– Los ojos negros de Mark estaban clavados en los suyos. Se sentía tan pequeño y tan niño de nuevo. Tenía que dejar esa actitud de santurrón, recordar que hace unas noches atrás se lo habían follado.
Para suerte de Feliciano los exámenes al estar listos arrojaron que estaba limpio. Ahora podía seguir saliendo con Mark y con otros chicos si él quería. Paul seguía coqueteando con él en los ensayos de la obra en la compañía y Randhy le dirigía una de esas miradas reprobatorias. De momento el barítono estaba saliendo con una chica gótica bastante extravagante que estudiaba diseño de vestuario en un instituto. Ella le estaba ayudando a confeccionar los trajes para Hedwig y en una de esas muchas pruebas, su amigo se llevó antes a su novia para ir a un recital.
Estaba solo con Paul, a medio desvestir.
-¡Qué tímido! Ya me has visto desnudo- le recordó el actor mientras se sacaba su vestido ajustado de latex y depositaba la peluca rubia en uno de los maniquíes. Los colores comenzaron a agolparse en el rostro del joven estudiante que intentaba apartar su mirada del torso del hombre mayor que lo había seducido hace unos días. Sin mucho éxito por supuesto.
-Es una pena que te haya comido la lengua el gato… teniendo una boquita tan talentosa– y Feliciano no quiso preguntar a cuál de los talentos se refería, igual lo supo cuando él lo agarro de la cintura para besarlo. Sus manos estaban rígidas a sus costados. Esto no estaba bien, realmente quería salir con Mark. Debería decirle a Paul que lo suyo había acabado porque ahora estaba comenzando a salir con otra persona. Aunque se sintiera ridículo, porque Mark no era su novio, ni siquiera sabía si eran exclusivos.
El BIP de su celular le avisa que llega un mensaje de texto y se separa del actor para mirar la pantalla "Mei viene a dormir hoy, ¿cenas con nosotros?" Ve el nombre de Ludwig abajo, igual era obvio. Entonces un súbito ataque de rabia. Quiere otro cuerpo, quiere a Paul entre sus piernas ahora.
-Vamos a tu casa, me niego a hacerlo en este lugar– ordena Feliciano con un tono neutral que Paul interpreta como descaro, sacándole una sonrisa.
Agarrado a la cintura del actor, mientras surcan la ciudad de Manhattan en motocicleta, Feliciano no quiere pensar en Mark, ni en los exámenes, ni en Ludwig y la frígida de su novia. Sólo quiere sentir calor, humedad, adrenalina y ver cada poro de su piel incendiarse en medio de besos y caricias sin importancia; de ésas que no duelen.
:-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:-
Agarra un plato para calentando en el microondas. Nuevamente le toca cenar solo porque Belle ha venido en la tarde y ya no vuelve, Gil aún no llega y probablemente tenga una fiestecita. Es graciosamente irónico cómo ha perdido la costumbre de comer solo. Normalmente están Belle o Gil en casa, incluso en la universidad se junta a comer con el bastardo del español.
Esa misma tarde, de hecho, nuevamente Antonio le había ofrecido su ayuda desinteresadamente. En la hora de almuerzo por primera vez, desde los diez días que llevan comiendo y estudiando juntos de esta manera, conversaron de temas triviales y así fue cómo se enteró que Antonio era en realidad cuatro años mayor, que había estudiado ingeniería aeroespacial en el Tecnológico de Madrid y que ahora se especializaba en Física y Matemáticas Aplicadas porque quería postular a un doctorado en el MIT y le habían exigido tener un título valido en Estados Unidos.
-Entonces tenía dos opciones, pagar por una validación de título o tomar cursos de pregrado acá y bueno, me salía más barato tomar los cursos, igual me convalidaron unos y me obligaron a hacer otros que faltaban, y no te creas… ¡me lo he pasado bien!- Exclamó entusiasmado como si estuviera contando sus vacaciones y no hablando de su trabajo -Los recursos que tienen acá para investigar en física experimental son de otro mundo, tío, en España estamos en pañales-
-Me imagino-
-¿Y tú?– Le había preguntado genuinamente interesado -¿Qué te llevó a elegir la carrera de administración?-
Ese bastardo tenía algo, no sabía si eran sus ojos verdes, sus pestañas gruesas y negras, o su sonrisa idiota, pero Lovino había terminado contándole más de lo debido: Que se había retrasado un año, que le había costado decidir qué estudiar y ahora estaba estudiando administración porque quería demostrar que era útil para el negocio familiar. Antonio lo escuchaba en silencio, mirándole y asintiendo cómo si lo que él tuviera que decir fuese importante. Y eso era bastante raro y perturbador.
-Oyeee– chillaba Gilbert haciendo señas frente a sus ojos –El grandioso yo lleva una hora llamándote y estás en la luna-
-No seas exagerado– contestó Lovino saliendo de sus recuerdos -llegaste recién, acabo de calentar mi comida-
-¿Y no me has calentado algo a mí?– le instigó el albino en doble sentido ganándose un golpe.
-No soy tu puta empleada, si quieres que te den la comida en la boca para eso tienes a Belle-
-¡Qué rudo!– Gil se acercó a calentarse un plato para luego buscar una píldora en la alacena. Lovino siguió atentos sus movimientos. Seguro aún sufría los estragos de la resaca de ayer en que había llegado a las cinco de la mañana con una chica equis, metiendo un ruido del demonio. Fue incómodo levantarse al baño y ver a la desconocida desordenadamente vestida escapando lo más sigilosamente que podía.
Gil no era mal estudiante, pero definitivamente su vida personal era un caos. Normalmente Lovino no se metía donde no lo llamaban, pero ésta vez había cosas en juego incluso para él. No pudo evitar comentarlo cuando vio que Gilbert trasmitía sobre lo bueno que estaba lo que les había dejado cocinado Belle en la tarde.
-Si tanto te gusta el guisado entonces déjate de tontear con estas pavas y pídele a Bel que salga contigo– soltó con ese tono seco y pesado que tenía cuando sugería algo que en verdad era una orden.
-¿Belle? ¿Estás loco? Es mi amiga… y tú sabes que soy mentalmente incapaz de tener novia- se excusó el Albino llenándose la boca con una cucharada de comida.
-Como sea, la vas a perder y yo voy a perder mis almuerzos y cenas nutritivas– reclamó el castaño algo cabreado.
-¿Y porque no la invitas a salir tu entonces?– Gilbert lo observó expectante con sus ojos rojizos. Los que ahora estaban tras unos anteojos de pasta que finalmente había accedido a usar para mejorar su vista. Por cosas de estudio y porque lo hacían ver cool y hipster. Las chicas adoraban esas cosas.
-Porque no me gusta de ésa manera– resolvió Lovino.
-¿Y por qué no sé si puede saber?-
Hay que ver lo cargoso que se pone Gilbert, tuvo suerte de que el teléfono sonó salvándole. Era Antonio.
-No me he llevado el ejemplar de geometría analítica– contestó como saludo el italoamericano- así que creo que se te ha quedado en la biblioteca, bastardo distraído-
-No te llamaba para eso, y no se me quedó en la biblioteca lo tengo en mi bolso– le corrigió el español con su habitual tono alegre –te llamé para preguntarte si me puedo cobrar hoy la ayudantía-
Lovino enarcó las cejas mirando la hora. Eran las ocho de la noche y dudaba que el bastardo quisiera cobrarse yéndose de copas con él un jueves. Era muy responsable como para hacer eso cuándo tenía clases al otro día.
-¿Qué tienes en mente?– preguntó curioso.
-Hay una venta nocturna en una tienda y vamos a ir a chismear con mis amigos, quería pedirte que me compraras algo-
-No soy rico, bastardo, el rico es mi padre y no soy precisamente su hijo favorito-
-¡No es caro!– aclaró inmediatamente el español -es sólo que puede que me compre más de una cosa, y así me aseguro ¿ves?-
-Vale, dime a qué hora nos vemos– aceptó Lovino dirigiéndose a su cuarto a lavarse los dientes.
-¿Media hora más en MAD Magazzines? Te digo la dirección-
Lovino comenzó a anotar en una libreta y luego agarró su billetera y la chaqueta, diciendo que se iba a juntar con un amigo de la universidad. Gilbert lo miró extrañado, su amigo no era exactamente sociable, en parte se alegraba que estuviera entablando una amistad con otra persona.
Al llegar se lleva una gran impresión al ver que se trataba de una tienda de comics y no sólo eso: juguetes, muñecos de acción, camisetas y todo lo que un ñoño puede necesitar para ser feliz. La segunda cosa que le sorprende es ver a sus amigos y darse cuenta que el tal Alfred, del que Antonio tanto hablaba era Jones, del colegio, que está acompañado por Kirkland y otro sujeto más.
-¡Viniste Lovino!– Exclamó entusiasmado el español -Miren todos, éste es Lovino-
Los aludidos se dan vuelta para saludarle, sobre todo Alfred que parece especialmente entusiasmado.
-Así que tu eres el amigo de Antonio, no me lo hubiera esperado, no sabes cómo habla de ti-
-No somos exactamente amigos– corrigió Lovino sintiéndose inmediatamente extraño al negarlo. Es gracioso como últimamente ha pasado más tiempo con el bastardo sabelotodo que con su amigo Gilbert. Sin considerar el hecho de que una parte de él siente alivio al ver que el tal Alfred es Jones y que está demasiado ocupado arrastrando de la mano a Kirkland como un niño pequeño, así que sólo queda saber quién es el otro.
-Soy Toris, también de física y matemática, estamos en el mismo proyecto y…- se estaba presentando el chico de melena castaña antes de ser interrumpido.
-¡Hey miren! ¡Lo nuevo de Flashpoint!– gritó Alfred entusiasmado.
-¡No jodas!– exclama Antonio corriendo con Toris que le sigue inmediatamente.
La cara de Lovino es un poema y Arthur se va a parar al lado suyo.
-No te sientas ofendido, cuando están aquí es imposible hacer contacto con ellos-
Lovino no sabe en realidad que decir, observa a Antonio ir y venir, parece un cachorro, o peor: un crío en navidad en una tienda llena de juguetes y caramelos. Jones también parece estar hiperventilando mientras discuten quien se llevara la única copia que queda del último número del comic.
-Lo malo de los genios científicos es que sus niveles de frikismo al estar en manada aumentan– le explica Arthur.
-¿Y tu estas bien con esto?- interroga Lovino.
-Vamos, que clase de novio seria si no lo estuviera, es hasta un poco… adorable-
Lovino se sorprende por la apertura con que Kirkland admite su relación con el rubio que salta de un lado a otro, como si fuera lo más normal del mundo.
-Así que eres novio de Jones…-
-Sí, desde hace poco más de dos años– contesta –¿no se notaba?-
-No, es que… bueno, en el colegio pasaban un montón de tiempo juntos, pero nunca los vi haciendo nada de lo que hacen las parejas-
-Ah, no es como que se pudiera– se justifico. Luego al ver que los físicos seguían gritándose como niños pequeños –discúlpame, debo intervenir antes de que se hagan daño- dijo alejándose de Lovino para aproximarse a los chicos
-A ver, ¿quién se llevo el último volumen de Linterna Verde?– comenzó a razonar el inglés.
-Fue Alfred– acusó Toris –pero a mí no me importa encargarle el número para la próxima semana a Patrick– admitió encogiéndose de hombros
-Bien, tenemos uno razonable, Alfred, me temo que tendrás que encargarlo para la otra semana, es turno de Antonio…-
-Pero…-
-Sin, peros-
-¡Si!– chilló Antonio arrancándole de las manos el volumen y corriendo hacia Lovino –viste he ganado, ¿puedes comprarme éste?-
El ítalo americano jura haber escuchado sus neuronas hacer cortocircuito ante tanto despliegue de frikismo.
-¿Qué? ¿Me estas jodiendo? ¿Esto quieres que te compre?-
-Vamos… realmente necesito este número– rogó el español con ojos de cachorro mientras sostenía un montón de chucherías en sus manos: figuritas y comics, en su mayoría.
-Vaya uno a saber lo que entiendes tú por necesitar– aceptó Lovino a regañadientes dirigiéndose a la caja detrás de él.
-¡No es justo!– se quejó Alfred con un tono lloroso.
-Vamos cariño, pórtate bien y te compro una figurita de Leon-O– le chantajeó Arthur.
-¿De verdad?-
-Claro escoge algo de 20 dólares– le ofreció, y Alfred fue a buscar al sector de las figuritas.
-¿No es muy chico aún para jugar con piezas tan pequeñas?– ironizó Lovino al ver a Jones que venía con una figurita de un hombre gato sosteniendo una espada.
-No son para jugar, ni siquiera tienes que abrir el empaque– explicó Antonio como si fuese lo más obvio.
-Entonces cuál es la gracia- preguntó Lovino. Antonio, Toris y Alfred le observaron como si hubiera dicho que el papa era gay y caníbal. Lovino no podía entender nada y Arthur le palmeó el hombro diciéndole:
-Por favor, nunca preguntes eso– comenzó el inglés mientras esperaban en la fila para pagar –nunca cuestiones el hecho de que no sacan sus juguetes de las cajas, nunca confundas personajes de Star Treck con los de Star Wars y nunca...– y para esto bajó la voz a casi un susurro -nunca hables de máquinas del tiempo delante de ellos a menos que quieras perderlos por horas, porque enloquecen y comienzan a teorizar como si fuera en serio-
-De qué tanto cuchichean– pregunto Alfred irritado.
-De lo grandioso que es éste lugar– contestó Arthur con un tono casi en serio haciendo que Lovino comenzara a aguantar las ganas de reír. Por fin llegaron a la caja y pudieron pagar. Al salir se despidió del grupo e iba camino a su casa cuando notó que Antonio lo seguía.
-¿Te has perdido?– pregunta Lovino con un tono grosero
-No, es que estaba pensando, si querías venir la otra semana…-
Lovino paró en seco para enfrentar la alegre mirada verde del español que apretaba tan contento su bolsa llena de juguetes, porquerías y el comic que recién le había comprado.
-Mira, todo bien con tus gustos y tus amigos ñoños, pero yo paso… nos vemos en la facultad, en la asesoría o cuando te necesite ¿de acuerdo?– le aclara el ítalo americano sintiéndose un poco mal al ver la expresión dolorida del físico cuyos ojos ya no eran tan sonrientes.
-Bueno… dale, entonces, nos vemos en la facultad… a estudiar solamente y eso…- se despidió el español con un dejo de decepción en el rostro.
Lovino lo observó alejarse y por algún retorcido motivo ver a Antonio con ése gesto apagado se había sentido como arrancarle un dulce a un niño o patear un cachorrito. La culpa le estaba comenzando a nacer como un monstruo en el pecho y maldijo internamente al bastardo ñoño que estaba a punto de cruzar a la otra calle.
-Hey, vale, friki… nos vemos la otra semana en la tienda ésa– anunció casi escupiendo las palabras. Y entonces, la sonrisa radiante y los ojos verdes infantiles de Antonio habían sido tan deslumbrantes que le dieron ganas de propinarse una paliza por ser tan blando y pensar que, si el bastardo se iba a poner así porque lo acompañaba a la tienda friki, entonces podría ir todas las semanas.
:-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:- :-:-
(1) Si quieren ver la escena que presenció Feliciano, pongan eso después de youtube punto com (watch?v=TQXMER975zg&feature=related) debería salir un video titulado "Hedwig & The Angry Inch" con la escena. Es una película preciosa, un musical de rock, que trata sobre la ambigüedad sexual, la identidad, y la búsqueda de la otra mitad. Recomendadísima. Está en Cuevana.
(2) Para imaginar a Paul inserte una imagen de John Cameron Mitchell
(3) Referencia al musical Greasse, porque entiendo que hay quienes no lo han visto… no es que lo justifique.
Nota: Me salió más larguito… estoy orgullosa. Así no más con Antonio siendo friki… me encanta, con Alfred como que están pintados para ser amiguis, hiperventilando, correteando por cualquier idiotez. Espero además que les hayan gustado las aventuras de Feliciano desvirgándose en la gran ciudad xD.
Con mi Beta llegamos a la resolución de actualizar esto una vez por semana, los lunes, sino colapsaremos en mala.
Respuesta al RW de bella (): ¿de verdad eres de Italia? Que cool, si me dices eso sobre los alemanes te creo, me imagino que la Alemania actual es más liberal de lo que podríamos imaginar, para representar a Ludwig, sin embargo, me basé en el prototipo que nos vende Hetalia: un serio, recto, responsable. De ahí le delineé un carácter más reprimido. Gracias por tu comentario, me alegro que te gusten mis culebrones.
En el próximo episodio: Feliciano llena sus vacíos emocionales con bastante acción carnal, Gilbert comienza a reflexionar sobre su promiscuidad, Ludwig comienza a preocuparse por la actitud de Feliciano y Lovino sigue exasperándose con Antonio.
Y eso, nos vemos en el mismo canal, and remember: por cada review y mensaje interno que me manden Lovino y Arthur se apiadan de sus frikis y les compran una figurita de acción o un comic.
