Disclaimer: ¡Nada me pertenece! Los personajes pertenecen a Robert Kirkman y la historia a Hatterized (esta es una traducción).


Capítulo 10

Rick sonrió, haciendo brincar a una risueña Judith en su rodilla. Para ser otoño, era un día sorprendentemente agradable, una brisa ligera hacía a las hojas rojas y anaranjadas revolotear bajo los árboles, y el sol resplandecía entre las ramas. Había otros niños balanceándose en el sube y baja y trepando en el patio de recreo, pero Judith parecía contenta de quedarse con él, sus diminutos dedos agarrando su barba.

Se recostó contra la hierba y disfrutó de la sensación de estar afuera con un clima tan agradable. El sonido de niños gritando y jugando en el fondo era un ambiente increíblemente relajante.

—¡Papá!

El rostro de Carl inundó su visión, asustado y ensangrentado y —¿le faltaba un ojo? ¿Siempre le había faltado un ojo?

—¡Papá, tengo los pañales para Judith! —dijo, aventando unas cuantas cajas hacia Rick. Miró a su alrededor ansiosamente—. ¿Dónde está?

Rick frunció el ceño. Carl estaba actuando extraño.

—Está aquí, Carl. ¿Qué pasa con tu ojo?

Carl lo miró fijamente.

—¿De qué estás hablando? ¿Dónde está Judith? ¿Dónde está? —Su voz se tornaba cada vez más asustada. Rick se sentó, cajas de pañales cayendo de su regazo mientras lo hacía. Vaya, eran muchas cajas. ¿Carl cómo había logrado cargarlas? No había parecido que fueran tantas hace un momento.

—Está aquí, Carl, ¿qué estás—? —Se volvió, pero Carl ya no lo estaba mirando. Estaba acurrucado en un rincón de su habitación —¿cuándo habían ido a casa?—, apretando algo fuertemente en su puño. Rick se arrastró hasta él.

—Carl, ¿qué pasa? ¿Dónde está Judith?

Carl levantó la cabeza, lágrimas corriendo por un costado de su rostro.

—Está aquí, papá. La tengo. No te preocupes. —Tomó la mano de Rick y dejó que lo que fuera que estaba sosteniendo se deslizara en su palma. Era húmedo y viscoso.

Cuando Carl apartó la mano, Rick soltó un grito horrorizado. Reposando en la palma de su mano estaba un pequeño ojo, apenas más grande que una uva.

—¡Carl! ¿Qué es esto? —jadeó Rick, queriendo soltar el ojo pero también aterrorizado de hacerlo. El rostro de Carl se frunció.

—¡Es Judith, papá! ¿No te acuerdas? ¿Por qué actúas así? Mira. —Cogió el ojo de la mano de Rick y se apartó el cabello del rostro, revelando el zócalo vacío. Levantó el ojo por encima de él, grotesco, minúsculo y completamente incorrecto.

—¿Ves, papá? ¡Ahora ya tienes un chico completo otra vez!

Rick se irguió en la cama, temblando y cubierto de una capa fría de sudor. Su estómago se revolvió y prácticamente cayó de la cama, desenredándose desesperadamente de las sábanas, medio tropezando y medio arrastrándose hasta el baño y vomitando en el retrete. Se sentía demasiado frío y demasiado caliente al mismo tiempo, la parte trasera de su camisa empapada de sudor, su cuerpo entero temblando incontrolablemente, y se pasó una mano trémula por el rostro. Regresó mojada. No se había dado cuenta de que había estado llorando.

«Fue solo un sueño. Judith está bien. Está a salvo».

Esto no le ayudó. La imagen de Judith despedazada en su cama, quedando solo pequeños fragmentos de ella, estaba quemando sus retinas, y ya que la imagen no parecía amainar no podía lograr calmarse. Lágrimas corrían frescas por su rostro y volvió a vomitar en el baño.

—¿Rick? ¿Qué demonios está pasando? —La voz soñolienta de Negan llegó desde la puerta. Rick lo miró, ojos húmedos, tratando de explicarse, tratando de encontrar alguna palabra, pero nada le salió.

Negan echó un vistazo a su rostro surcado de lágrimas y se precipitó hacia el baño, agachándose en el piso con él. Tomó el rostro de Rick en sus manos, dedos apartando mechones de cabello sudoroso y limpiando sus lágrimas.

—Rick, ¿qué pasa?

Cielos, iba a pensar que Rick era un idiota, sentado en el baño llorando y vomitando por un mal sueño.

—Y—yo no fue nada. Un mal sueño. Lo siento, te desperté. —Rick resolló patéticamente, deseando que los temblores que corrían por su cuerpo se detuvieran.

El rostro de Negan estaba contorsionado de preocupación.

—Debió haber sido un sueño bastante jodido. —Sus dedos estaban acariciando el cabello de Rick, enredándose suavemente en los rizos cayendo por su nuca.

—Fue... sobre Judith. Y Carl. Yo simplemente... —Su voz se quebró cuando el sueño se repitió en su cabeza, el ojo diminuto, la única parte restante de su hija. Otro sollozo desgarró su garganta y Negan lo empujó contra su pecho, una mano en su cabello y la otra envuelta alrededor de su espalda. Rick se paralizó por un segundo, sorprendido, luego se dejó sostener, presionando su rostro en el pecho de Negan y agarrando la parte de atrás de su camisa mientras comenzaba a llorar nuevamente, hombros temblando.

Probablemente debería estar horrorizado y avergonzado de estar sollozando de forma tan evidente delante de Negan —en su camisa, ni más ni menos, aferrándose a él como un náufrago a un bote salvavidas—, pero su mente estaba totalmente confundida, repitiendo el sueño una y otra vez. Imaginando conducir a Alexandría, solo para encontrar la cuna de Judith vacía y a Carl mirándolo acusadoramente con lágrimas en su ojo. Debería estar allí para cuidarlos. Si algo sucedía, sería su culpa.

Se sentaron así por unos minutos, las lágrimas de Rick empapando la camisa de Negan y la mano de Negan frotando la espalda de Rick. Negan presionó un beso en la parte superior de su cabeza y Rick sintió la calidez esparciéndose a través de él ante la pequeña muestra de afecto. Soltó su fuerte agarre de la camisa del hombre y se levantó, aliviado ya que sus piernas no estaban tan inestables como el resto de él se sentía.

Negan lo siguió hasta el dormitorio y de regreso a la cama. Rick se volvió hacia él.

—Disculpa por uh... llorar encima de ti. Y por despertarte. —Soltó una risa temblorosa.

Negan deslizó un brazo alrededor de su cintura, acercándolo más.

—Tuviste un jodido mal día. Estabas preocupado por tus chicos. No te preocupes por eso.

—Tú uh... debes pensar que soy un completo idiota, llorando por una pesadilla como un niño. —Rick ya estaba lo suficientemente tranquilo como para empezar a recuperar el juicio, rostro enrojecido cuando pensó en lo que acababa de dejar que Negan presenciara. Se suponía que era un líder, y aquí estaba, llorando en el hombro de otro hombre debido a un mal sueño.

—No seas estúpido, Rick. Eres padre, tienes derecho a toda esa loca mierda de padre sobreprotector. —Su mano estaba acariciando su espalda, y Rick podía sentirse tranquilizándose, recuperando la razón mientras el consuelo de otra persona —alguien de carne y hueso, real— le ayudaba a regresar a la realidad.

El brazo de Negan se sentía reconfortante y seguro, un recordatorio de que esto era real y que su sueño no lo era. Probablemente no debería estar buscando consuelo en Negan, pero era todo lo que tenía y era mejor que nada. Rick se movió hacia el calor, presionándose nuevamente contra Negan. Los brazos de Negan se deslizaron a su alrededor, empujándolo hasta su pecho como lo había hecho antes aquella noche. Rick inclinó la cabeza hacia arriba para mirarlo, ojos deteniéndose en sus labios. Estaba tan cálido, tan cerca... joder, apenas tendría que moverse para juntar sus labios—

—Vuelve a dormir, Rick. Verás a Judith mañana, y estará bien. Sabes que está bien. —La voz de Negan sonaba cansada, retumbante, sus dedos regresaron al cabello de Rick, acariciándolo y tranquilizándolo. Se inclinó un poco y el corazón de Rick dejó de latir por un momento.

«Va a besarme».

Pero no lo hizo, no de la manera en que Rick esperaba. Cerró los ojos con tensa anticipación y sintió la presión de labios en su frente, quedándose allí por un momento antes de alejarse y jalar la cabeza de Rick hasta su pecho. Rick dejó escapar un suspiro que no sabía que había estado conteniendo, sintiéndose simultáneamente decepcionado y molesto por atreverse a sentirse decepcionado.


Afortunadamente, Rick durmió durante el resto de la noche sin más pesadillas espantosas. Incluso así, aún despertó sintiéndose fatal, su rostro sintiéndose hinchado y estirado de tanto llorar. Todavía estaba envuelto en los brazos de Negan, y una vez más dos instintos diferentes lucharon dentro de él: ¿permanecer acurrucado con Negan o alejarse?

Entonces Rick lo recordó: Judith.

Se levantó de la cama, ya medio vestido cuando Negan gruñó soñoliento y rodó sobre su espalda, pareciendo molesto al ser despertado tan abruptamente.

—¿Cuál es la jodida prisa, Rick? —preguntó, estirándose y sentándose para ver a Rick poniéndose sus pantalones. Normalmente, Negan viéndole vestirse habría garantizado algún tipo de reacción de parte Rick —o un sonrojo de vergüenza o una mirada de molestia— pero Rick estaba demasiado concentrado en partir hacia Alexandría tan pronto como fuera posible como para importarle si Negan lo estaba mirando.

—Judith —contestó Rick, agarrando su chaqueta. Negan se deslizó de la cama y se apoyó contra la pared junto a la puerta, aún observándolo. Rick abrió la puerta de un tirón y estaba a punto de salir cuando la voz de Negan sonó a su lado.

—Espera solo un segundo, Rick.

La irritación le atravesó como una flecha.

—¿Qué? —espetó, volviéndose hacia Negan—. ¿Necesito tu maldito permiso para irme? Estoy seguro de que hoy estoy asignado allí, y anoche dijiste que podría ir a verla. Creí que después de lo de ayer no serías un idiota respecto a esto.

Tal vez lo de ayer había dejado a Rick sintiéndose un poco cómodo con Negan. Incluso mientras las palabras salían de su boca, deseó poder retractarse. Aunque Negan había demostrado que podía ser razonable, todavía estaba a cargo, y el que Rick estuviera gritándole probablemente era algo que no apreciaba.

Hubo un destello de algo en los ojos de Negan que Rick no pudo distinguir. ¿Enfado? ¿Molestia? ¿Decepción? Estuvo allí solo por una fracción de segundo, el resto de su rostro una máscara impasible.

—Tienes razón. Dije que podrías ir —dijo Negan, inexpresivo.

Rick exhaló un suspiro de alivio.

—Bien. Te veo luego. —Y con eso, salió por la puerta.

No fue hasta que estuvo en el coche, a medio camino de Alexandría, que se dio cuenta de que no le había dado a Negan oportunidad de darle un beso de despedida.


Llegó a Alexandría en tiempo récord, casi precipitándose por el portón cuando Eugene lo abrió para él.

—Rick, debo decirte que estoy muy emocionado de que estés aquí, tengo una pregunta sobre la naturaleza de los Salvadores—

Pero Rick no llegó a escuchar sobre qué Eugene quería preguntarle, porque irrumpió corriendo cuando atravesó el portón, dirigiéndose directamente a su casa con decidida determinación. Pasó a un par de personas en el camino, y si se hubiera molestado en detenerse probablemente habría recibido algunas miradas extrañas, pero no les prestó atención. Lo único que le importaba era ver a Judith y a Carl.

Irrumpió por la puerta principal, ganándose miradas sorprendidas de parte de Michonne y Carl, quienes estaban de pie en la cocina. Debían haber estado desayunando juntos. «Como una familia» pensó, con una punzada de tristeza. Un punzada que resonó en su estómago porque, oops, también había olvidado comer antes de venir aquí.

—¿Rick?

—¿Papá? —Las voces de Michonne y Carl sonaron al unísono, y Rick se lanzó hacia adelante y acercó a Carl hasta sus brazos. Carl se movió incómodamente, brazos levantándose para devolver el abrazo de su padre, aunque con menos maníaca intensidad.

—¿Uh, papá? ¿Estás bien? —preguntó, voz amortiguada por el hombro de Rick. Rick se apartó tras un segundo, manos en los hombros de su hijo, aún no dispuesto a soltarle, asustado de que si lo hacía, la imagen de Carl acurrucada en un rincón llorando por Judith regresaría.

—Estoy bien. Siento haber irrumpido de esa manera, es solo que— —Rick se interrumpió, no quería decir en voz alta lo que había visto, pero también quería sacarlo de su pecho. En este momento, se sentía como una horrible carga que estaba llevando, una espantosa pesadilla de la que no podía terminar de salir—. Ayer salí en una búsqueda con Negan— —Carl emitió un sonido de disgusto, pero dejó que Rick terminara—. Y estaba esta casa— este cuarto— esta cuna... —Tragó saliva y sacudió la cabeza, tratando de deshacerse de la imagen—. El chico— no podría haber sido mucho mayor que Judith, y yo... yo no pude quitármelo de la cabeza.

Michonne y Carl tenían miradas igual de horrorizadas.

—¿De verdad pensaste que no estábamos bien? Estamos bien —bufó Carl—. Judith está arriba en su cama. Michonne y yo hemos estado cuidando bien de ella. —Había un filo en su voz que cortó justo a través de Rick, destripándolo. Se lo merecía, pensó, pero aun así no fue menos doloroso escucharlo.

—Y—yo lo sé. Lo sé. Es solo que... es algo que sucede cuando eres padre. Te preocupas incluso cuando sabes que no tienes que hacerlo. —Carl pareció escéptico, pero no presionó el asunto. Rick bajó las manos de los hombros de Carl—. Voy a ver a Judith.

Ninguno de los dos lo siguió, o porque sentían que quería tener algún tiempo a solas con Judith, o porque no sabían qué hacer con él en este momento, no estaba seguro. La puerta de la habitación de Judith estaba abierta, y ya estaba despierta, de pie en su cuna y agarrándose a los barrotes para saludarlo.

Estaba bien. Por supuesto que estaba bien. En el fondo, sabía que nunca había estado en peligro, pero era un alivio verla de todos modos, saltando y sonriéndole mientras él se acercaba y la cargaba en sus brazos.

—Judith. Judy —la arrulló, presionando besos en su cabeza, inhalando su dulce aroma de bebé. La pequeña alargó sus manos regordetas y se agarró a su rostro, riendo cuando él besó la mano que estaba sobre su boca.

Se quedó en su habitación por un largo tiempo, haciéndola saltar en sus piernas y sintiendo su corazón expandirse cada vez que la hacía estallar en una adorable risita. La llevó con él cuando volvió abajo. Michonne todavía estaba en el mostrador, probablemente esperando a que Rick terminara con Judith para así poder dejarla con Olivia, y Carl estaba a punto de salir por la puerta.

—¡Carl! Espera. ¿Puedo despedirme? —le llamó Rick, tratando de no sonar tan herido como se sentía. Carl se volvió y dejó que Rick lo envolviera en un abrazo con un solo brazo.

—Lo siento. —Era sincero, así que Rick decidió dejarlo pasar—. Te veré antes de que te vayas, ¿cierto? —preguntó. Rick asintió—. Está bien. Bueno. Adiós, papá. Adiós, Judy. —Le dio a la cabeza de su hermana una pequeña caricia afectuosa antes de irse.

Rick lo vio marcharse antes de volverse hacia Michonne.

—¿Adónde va, por cierto? —preguntó Rick, moviendo a Judith hacia su otra cadera. Michonne extendió la mano y dejó que Judith envolviera sus diminutos dedos alrededor de uno de los suyos, sonriendo dulcemente.

—La mayoría de los días sigue perfeccionando su puntería con Daryl. Se estaba frustrando con la diana y Daryl se ofreció ayudarle a desahogar con la ballesta. —Rick sintió una ráfaga de gratitud hacia Daryl por ayudar a Carl. Él, Michonne y Olivia realmente habían estado a la altura de las circunstancias en su ausencia, y estaba simultáneamente gradecido por su ayuda y resentido por no poder estar allí para cuidar de su familia.

—Bien. ¿Está mejorando?

Michonne asintió.

—Sí, lo está. Todavía tiene algunos problemas, y tomará un tiempo que vuelva a donde estaba, pero lo está haciendo muy bien. Es fuerte. —Sonrió cariñosamente, y el corazón de Rick se rompió un poco.

Le encantaba estar en Alexandría, de verdad. Era su hogar, era donde su familia y sus amigos estaban, las personas que más amaba en el mundo. Pero había momentos, como este, donde estar allí le hacía sentir distante y triste, porque no podía estar ahí de la manera que debía. Y, cada vez, se sentía dividido. Durante mucho tiempo, solo se había sentido atraído hacia Alexandría, sintiendo nada más que resentimiento e ira cuando pensaba en Negan. Pero ahora, débilmente, podía sentir que una parte suya, pequeña pero determinada, se sentía atraída hacia esa dirección.

No podía explicarlo, y ciertamente no iba a darle voz, pero ahí estaba: una pequeña parte suya a la que no le importaba regresar con Negan, que en las noches se sentía silenciosamente decepcionada cuando regresaba al Santuario para encontrar su cama vacía. No sabía cuándo había empezado a suceder exactamente, pero el frío odio inicial se había derretido en algo mucho más complicado y confuso.

—Entonces —dijo Michonne, notando su silencio—, ¿dijiste que saliste en una búsqueda con Negan? —Su voz sacó a Rick de sus pensamientos, de regreso a la realidad.

—Sí. Él, uh. Dijo que quería pasar algún tiempo de calidad juntos o algo así. —Rio entre dientes ante la confusa expresión de Michonne—. Lo sé. Es raro. Pero así es como es él. —Michonne hizo desaparecer aquella expresión.

—Y no salió bien, imagino, que pasó con... —Se detuvo, omitiendo el resto, lo cual Rick apreció.

—No, quiero decir... Salió bastante bien. Excepto por el final. Tengo algunos pañales para Judith. Y suministros médicos. —Los cuales, por supuesto, había olvidado llevar con él en medio de su prisa por llegar aquí.

Michonne levantó las cejas.

—¿Quieres decir... para aquí? ¿Te dejó quedarte con lo que encontraste? —Su tono indicaba que no le creía.

—Sí. Para aquí. Me dejó conservar un tercio de ello.

Los ojos de Michonne se abrieron de sorpresa.

—Guau. Esposos con beneficios. —Inmediatamente pareció afligida cuando se dio cuenta de lo que había dicho, pero Rick simplemente se rio.

—Supongo que sí. Parece que él es... no sé. Últimamente ha sido menos imbécil. —Se mordió la lengua y pasó su mano por el cabello de Judith—. Lo siento, no debería hablar de esta forma delante de ti, ¿cierto? —la arrulló.

—Eso es... bueno —dijo Michonne—. ¿Cómo te está tratando? ¿Estás bien?

Su rostro era todo preocupación, y a Rick le tomó un momento llegar a una respuesta menos perturbadora que: «Sí, es genial, me abrazó mientras lloraba por Judith y anoche quería que me besara y creo que en realidad está empezando a gustarme».

—Sí, estoy bien. Me está tratando bien. Fue comprensivo sobre lo de ayer. Estaba algo... algo asustado, y él no se comportó como un idiota. —No estaba seguro de por qué había añadido esa última parte. Tal vez había una parte suya que quería que a Michonne le gustara un poco, lo suficiente para que no tuviera que sentirse tan jodidamente culpable mientras estaba a su alrededor. O para que al menos dejara de mirarlo con ese rostro de preocupación, como si pensara que estaba siendo retenido en una jaula y abusado.

—No se comportó como un idiota —repitió Michonne, sonando casi divertida. Tenía una expresión extraña en su rostro, cabeza ligeramente inclinada, escudriñando a Rick como buscando algún tipo de explicación de por qué no estaba aprovechando la oportunidad para despotricar de Negan. No era una mala expresión, necesariamente. No había reproche alguno o incluso preocupación, solo una extraña curiosidad que hizo que Rick se preguntara si de alguna manera había dicho demasiado.

Entonces su expresión se relajó, y volvió a su estoicismo habitual.

—Me alegra que estés bien. —Presionó una mano en el hombro de Rick por un momento antes de dirigirse hacia la puerta—. Te veré más tarde. Deja a Judith con Olivia cuando termines aquí.

Rick permaneció en la cocina durante unos minutos, aprovechando el tiempo que tenía con Judith, sabiendo que tenía que dejarla con Olivia pronto para poder ir a trabajar. La voz de Michonne resonó en su cabeza. Había sonado extraña antes de irse, casi triste. ¿Podría haber notado su cambio de sentimientos hacia Negan?

No. No, no podía ser posible. Simplemente le disgustaba que Rick estuviera siendo mantenido lejos de Alexandría. No había manera de que pudiera saberlo. ¿Qué podría saber, de todos modos? Simplemente ya no odiaba a Negan. Y había tenido algunos pensamientos confusos sobre él.

«Es solo porque estás muy necesitado de atención —pensó para sí—. Es tan odioso y coqueto y es el único que es así contigo. No es como si realmente te gustara».

Sí, la obstinada negación parecía ser la mejor forma de manejar sentimientos que no fueran odio hacia el hombre que le había forzado en una farsa de matrimonio y subyugado a su grupo. Cualquier cosa que no implicara enterrar esos sentimientos muy profundamente era increíblemente estúpido y contraproducente.

Judith lo sacó de sus pensamientos jalando su barba. Le sonrió, diciendo en silencio una oración de agradecimiento por todos los que estaban trabajando para protegerla a ella y al resto de Alexandría en su ausencia.

—Papi no quiere irse, Judy, pero tiene que hacerlo. Sin embargo, vendré a verte de nuevo muy pronto. —No tenía idea de si podía entender algo de lo que acababa de decirle, pero le consoló la idea de que pronto la vería nuevamente. Eso hizo que dejarla con Olivia y pasar el día recolectando provisiones que serían saqueadas por los Salvadores al menos fuera más agradable.


Rick partió hacia el Santuario a primera hora de la noche después de pasar por su casa y ver a Carl y a Judith una última vez. Siempre le resultaba difícil marcharse en la noche, incluso aunque sabía que iba a verlos pronto, y los acontecimientos de ayer únicamente hicieron que fuera más difícil. Se aferró a Judith y a Carl por más tiempo del habitual, tratando de anclarse a la realidad con su presencia. Besarles al despedirse era como un cuchillo en sus entrañas, pero al menos ahora sabía que estaban a salvo, los había visto y los había tocado y se repitió una y otra vez que los vería de nuevo, vivos y bien, muy pronto.

Mientras regresaba al Santuario, con su mente finalmente tranquila sobre el tema de sus hijos, se encontró pensando nuevamente en Negan. Sobre sus manos en su cabello y acariciando su espalda mientras lloraba y la presión de labios en su frente, suaves e inesperados. Sobre esta mañana, el tinte de decepción en su voz al Rick salir apresurado antes de que pudiera darle un beso de despedida.

Hace un mes, Rick habría supuesto que su grosería de esta mañana —especialmente después de que Negan hubiese demostrado semejante afecto la noche anterior— habría sido respondida con Negan revocando sus visita a Alexandría durante el día. No había esperado más que crueldad de su parte, pero el hecho de que hubiera dejado que le gritara y se marchara sin despedirse adecuadamente era solo una prueba más de que Rick se había equivocado respecto a él.

Había sacado de quicio a Rick, absolutamente; parecía deleitarse con eso. Pero honestamente no podía decir que algo de lo que Negan había hecho desde su llegada había sido cruel.

Cuando volvió, cogió la cena del comedor —sopa de nuevo, parecía que se servía mucha sopa en el Santuario— y la comió rápidamente, deseando regresar a su habitación. Quería ver a Negan, disculparse con él por lo de esta mañana. Él lo entendería, ¿verdad? Había visto lo exaltado que Rick había estado por todo eso.

Cuando regresó a su habitación, vaciló un momento antes de abrir la puerta. Oh, Dios, ¿y si no estaba ahí? ¿Y si Rick lo había enfadado tanto y se había ido con una de sus esposas?

Apartó aquel pensamiento. Si Negan no iba a pasar esta noche con él, estaría bien. No importaba. Simplemente se lo diría la próxima vez que lo viera. Necesitaba calmarse.

Abrió la puerta para ver a Negan quitándose la camisa. Tragó saliva bruscamente mientras cerraba la puerta detrás de él, ojos atraídos hacia el torso desnudo de Negan como imanes, y no pudo dejar de pensar en cómo se sentiría el que él se presionara contra el pecho de Rick—

«Cielos, contrólate, Rick».

Negan miró hacía el sonido emitido por la puerta al cerrarse y le sonrió.

—¡Hola, bebé! ¿Cómo estaban los chiquillos? ¿Todo estupendo en casa?

Rick apartó los ojos del pecho de Negan y trató de ignorar el vértigo ridículamente juvenil que sentía cuando Negan lo llamaba «bebé». Era tan rara la vez que lo decía, y solo cuando otras personas estaban a su alrededor, como para afirmar su lugar como esposo de Rick. O para molestarlo a él y a sus amigos. En su segunda recolección de provisiones en Alexandría, al notar a Daryl mirándolo, Negan había plantado un beso en una de sus mejillas y había dicho: «Te ves tan sensual hoy, bebé», lo cual había hecho que Rick se ruborizara de vergüenza y algo más que definitivamente no había querido explorar. Daryl había parecido como o si quisiera darle unas cuantas vueltas a la cabeza de Negan o arder internamente, posiblemente ambos, y Rick estuvo infinitamente agradecido cuando su amigo eligió simplemente marcharse.

Reprimió el pensamiento.

—Sí, todo está bien. Los chicos estaban bien. No es que realmente pensara que no lo estaban. Yo solo— yo solo necesitaba verlos. —Negan metió una camisa por su cabeza, y Rick se encontró decepcionado y aliviado. Últimamente, se había sentido muchas veces de esa manera.

—Bueno. Por la forma como saliste esta mañana, pensé que el lugar se estaba incendiando. Tienes que confiar en ellos, en que continúen sin ti, Rick. Parecen estarlo haciendo bien por su propia cuenta. —Se apoyó en la cómoda, cruzando los brazos de una forma que hacía cosas bastante agradables en sus bíceps y Rick se encontró distraído nuevamente.

«Concéntrate, Rick».

—Sobre esta mañana... —dijo Rick, caminando hacia Negan—. Yo... Siento haberme ido tan rápido. Y haberte contestado de esa menara. No debí haberlo hecho. Fuiste amable conmigo anoche, y aprecio eso. —Una pequeña sonrisa se dibujó en la comisura de los labios de Negan.

—Disculpa aceptada. Aunque no estaba enojado, Rick. Estabas asustado por tu hija. Puedo entender eso. —Se acercó a Rick y envolvió sus dedos por su cabello, acariciándolo afectuosamente. Rick no estaba seguro de si el gesto era algo que iba a seguir haciendo a partir de ahora, pero le gustaba. Que Dios le ayudara, le gustaba. Los dedos de Negan en su cabello eran reconfortantes y su sonrisa era genuina de una forma que era tan rara y tenía a Rick sintiendo cosas que probablemente debería estar suprimiendo de una puta vez.

Impulsivamente, Rick se empujó hacia adelante, inclinándose en el espacio personal de Negan para unir sus labios, solo por un breve momento. Cuando se apartó, pudo sentir el calor en sus mejillas y Negan estaba mirándolo fijamente, con los ojos muy abiertos.

—Maldición. ¿Por qué fue eso? —susurró, ojos pegados a los labios de Rick.

—Yo— —Cielos, ¿qué demonios estaba haciendo?—. Me fui antes de que pudieras darme el beso de despedida esta mañana.

«¡Sí, y deberías estar contento por eso, idiota! ¡Deberías estar agradecido por tener un día libre, no compensarlo!».

Negan sonrió, presumido y triunfante.

—Joder, sabía que te estaba gustando.

—Cierra la boca —murmuró Rick, volviéndose y dirigiéndose hacia la ducha. Pero las palabras sonaron débiles incluso en sus propios oídos.


Hey, como siempre, gracias por leer y por los comentarios (Fernandha's y Andy-Niss :)). Espero que les haya gustado este capítulo.

Si notan algún error por ahí o algo no les cuadra no duden en preguntarme.

Nos leemos ;).