Después de dos días…
Pensaba en todo lo que había querido dejar atrás. Sasuke era una de esas personas que había dejado atrás y le dolía. Un hombre que de repente entro a su vida y en tan poco tiempo le dio un vuelco a su mundo.
Suspiro.
El clima había mejorado un poco, así que decidió recorrer un poco la nueva ciudad. Se colocó su abrigo negro y salió a las calles cubiertas aun de nieve, el sol brillaba en lo alto aunque el frio aun persistiera. Se encamino a su nueva travesía por la ciudad.
Luego de algunas horas de recorrer parte del distrito de Londres, decidió parar a comer algo. Vio una cafetería y se dirigió ahí. En su camino miraba las vitrinas de las tiendas con la ropa más exquisita que toda mujer u hombre pudieran desear. Trataba de distraer su mente en algo que no fuera Sasuke o en lo que se convertiría ella.
Andaba distraída en las vitrinas cuando se estrelló contra algo enfrente de ella. Se tocó la nariz y levanto su mirada. Sus ojos se ensancharon de la sorpresa.
-Disculpa- dijo el hombre apenado enfrente de ella.
Sakura se había quedado sin palabras. Su cuerpo tembló horrorizado al ver a este sujeto.
¿Sasuke? Pensó ella.
-¿Se encuentra bien señorita?- comento el joven asustado por la actitud de ella.
-Si...- susurro. Se sintió vulnerable ante los ojos de él.
Sakura lo miro detenidamente e intimidada y se dio cuenta que no era él. Aun así, su parecido era extremadamente impresionante. Tenía los mismos rasgos faciales que Sasuke, el mismo color de cabello aunque era más largo y lo llevaba amarrado en una coleta. Sus expresiones eran las mismas, solo cambiaba el pequeño gesto que llevaba en su rostro, una hermosa sonrisa en sus labios.
-¿Esta segura?- volvió a preguntar preocupado.
-Si- respondió ella con firmeza. –Perdóneme, estaba distraída, no lo vi- dijo apenada y con un sonrojo en las mejillas.
El hombre sonrió y miro al suelo. Ella acompañó su mirada y se dio cuenta que habían papeles y libros desparramados en el suelo. –Lo siento señor- dijo abrumada mientras se agachaba junto con él a recoger lo que se había caído. El hombre le regalo una sonrisa y le respondió –No te preocupes, también estaba despistado. Esta ciudad es tan encantadora que es imposible no distraerse.-
Ella lo miro y le sonrió apenada.
Recogieron los libros y el guardo todo en una maleta de cuero que cargaba. –Te agradezco, mi nombre es Itachi.-
Ella sonrió nuevamente – Me llamo Sakura, mucho gusto Itachi- estrecharon las manos. Sakura sintió inmediatamente una especie de electricidad que recorrió su cuerpo lo cual la hizo marearse un poco.
-¿Estas bien Sakura?- volvió a preguntar Itachi luciendo consternado.
-Sí, si estoy bien- contesto algo débil colocando su mano en la cabeza. –Debo comer algo, es todo. He caminado todo el día- le regalo una sonrisa falsa.
-Ven, vamos te invito. Yo también tengo mucha hambre- su voz sonó ronca y profunda.
Después de ordenar algo de comer en la cafetería, se sentaron a conversar. Mientras se servían la comida conversaron de trivialidades. Sakura lo miraba y se daba cuenta que este hombre era casi de la misma semblanza que Sasuke Uchiha pero más maduro y más amable. Era igual de atractivo que él. Definitivamente llamaba toda su atención.
-Y dime Itachi ¿Que te hizo venir a Londres?- le pregunto mientras le daba un gran mordisco al pedazo de quiche que había pedido.
-Por trabajo, solo me quedare una semana más si todo sale bien- respondió seco. Mientras le daba un sorbo al te que tenía entre sus manos.
Ella sonrió. Se sintió aliviada por una parte, pues a pesar de que recién lo conocía, a primera vista este hombre le daba confianza.
-Disculpa que te pregunte ¿A qué te dedicas?- le comento avergonzada. Itachi se dio cuenta de su sonrojo y le regalo una sonrisa.
-Entre otras cosas… soy corredor de bolsa. – le contesto. – ¿Y tú Sakura? ¿Qué hace una joven tan hermosa como tu sola en esta ciudad tan grande?- Sakura levanto la mirada y se aclaró la garganta. De pronto una avalancha de nervios acarreo su cuerpo.
-No te he dicho que ando sola- susurro algo aterrada.
El la miro fríamente con el rostro inexpresivo luego le dio una sonrisa que a Sakura le pareció socarrona. –Pues te he encontrado sola, no veo que nadie te llame y me has dicho que has estado paseando sola por toda la ciudad desde muy temprano… Disculpa si te incomode- respondió el con la voz apaciguada. Su actitud y sus gestos demostraban mucha confianza en sí mismo.
Ella respiro aliviada. – eh… Sí, estoy sola en la ciudad pero de igual manera es temporal- respondió tratando de sonar más tranquila.
-Debo irme- soltó de repente mientras se levantaba de su puesto. – Fue un gusto haberte conocido Itachi, pase una tarde muy agradable- él se levantó al mismo tiempo que ella lo hizo. El ambiente se había vuelto repentinamente incómodo para Sakura.
Itachi se acercó rápidamente a ella plantándole un beso en la mejilla. Ella se sonrojo. – No te preocupes Sakura debo volver al trabajo de todas maneras. Me ha encantado conocerte, sé que nos veremos muy pronto, adiós- su tono de voz había sido profundo y resonante. Sin nada más que decir, el hombre la dejo sola en la cafetería con una gran sensación de incomodidad. De pronto, se dio cuenta que había sido muy descuidada al ser tan abierta con alguien que apenas conocía. Sacudió la cabeza disipando esas ideas. Quizás estaba paranoica por todo lo sucedido la semana pasada.
Salió corriendo detrás del hombre que se perdía entre la multitud de las calles londinenses. –Itachi- exclamo ella. El hombre se detuvo y se giró a verla. –Perdona, no quise ser ruda contigo. Me gustaría que nos volviéramos a ver.- dijo mientras tomaba bocanadas de aire.
-No te preocupes Sakura. Nos vamos encontrar otra vez- él le sonrió y siguió su camino entre la multitud. Sakura se enderezo y lo vio perderse entre las personas. Levanto su mirada al cielo que pronto oscurecía. Era mejor regresar a casa. Se sentía sola en esa ciudad, por más que había huido de su anterior vida, todo el concepto de su vida había cambiado tan repentinamente que la hacían sentir extremadamente sola. El la intimido bastante pero la hacía sentir segura… así como Sasuke Uchiha lo hizo.
Itachi saco un celular de su bolsillo. –Sai… no quiero que nadie me interrumpa cuando me encuentre nuevamente con ella. Se volverá una de nosotros y estará bajo mi custodia- le ordeno.
-Entendido- respondió el hombre al otro lado del teléfono. Colgó el teléfono y miro a la mujer que yacía acostada en su cama. Había sangre en todo el blanco tendido. Ella lo miraba con ojos de deseo y ronroneaba excitada. Se movía desnuda entre las blancas y rojizas sabanas… la sangre se deslizaba por su clavícula y por sus senos. Sai sonrió y dos colmillos asomaron por su boca. La mujer rio divertida mientras él le jalaba las piernas hacia el para penetrarla de nuevo.
Había hablado con Ino para que le ayudara a buscar más información del "Ojo de la Luna" o mejor conocido como "Tsukuyomi". El pergamino que le había proveído Kakashi no le daba mucha información.
Al parecer, según lo que Ino había encontrado, para despertar el "Ojo de la Luna" necesitaban el sacrificio de un vampiro pura sangre y no era de cualquier pura sangre, era el más poderoso de todos. Su poder era extremadamente sobrenatural para abrir la puerta de dos mundos y traer a la bestia al mundo real que arrasaría con toda la humanidad.
Ino no pudo encontrar más información que esa. Aun no estaba satisfecho, necesitaba más información y para ello, necesitaba el Diamante de Sangre que era el mapa para encontrar aquel libro que invocaba a la bestia y despertara el "Tsukuyomi".
Sabía que Madara lo había enviado a él para buscar el Diamante de Sangre pero ya había confirmado sus sospechas al saber que su abuelo había involucrado más gente en esto. Era un juego, una cacería y tenía un mal presentimiento de esto. Necesitaba hablar con su hermano.
Entro en sigilo a la oficina. Había ocultado su chakra para que los guardias que custodiaban la oficina no notaran su presencia. Itachi no se había comunicado con él la última semana y tampoco daba apertura para comunicarse con él a través del enlace mental. Estaba fastidiado. No tenía respuesta del paradero de él y menos el de ella.
Esto le inquietaba demasiado. Gruño molesto.
Empezó a registrar los dos cajones del escritorio de madera. No había nada en ellos. Camino hacia el centro de la oficina y miro a su alrededor con su sharingan activado intentando encontrar alguna anomalía en las paredes o en la estantería de libros. Nada.
Miro a la chimenea que yacía apagada y oscura. Su visión le permitió ver unos diminutos pedazos de papel.
Sabía que Itachi jamás dejaba cabos sueltos. Pero esta vez parecía lo contrario. Los pedazos eran diminutos, pero su poder le permitía reconstruir las imágenes por más pequeñas que fuesen y unirlas hasta formar la imagen completa.
Removió un poco los rastros del papel hasta que apareció la figura de una mujer conocida. Frunció su ceño y salió con una ira inminente de aquel lugar.
La imagen de Sakura se reproducía en su cabeza una y otra vez. Ahora Itachi estaba detrás de ella.
Debía encontrarla rápido….
Tenía una tristeza inmensa dentro de ella. Se sentía sola y el estar encerrada en su cuarto no ayudaba. La noche había acaecido y se hallaba sentada en el borde de su cama mirando su celular. Ni una llamada, nada.
Era inútil. Sakura no la llamaría hoy. Ahora que Sakura había literalmente desaparecido de la vida de todos sin dejar rastro alguno, su vida se había vuelto increíblemente solitaria. Ellas eran como hermanas. Sakura solo la llamaba de varios números desconocidos muy rara vez. Recordó cuando la policía había ido a su casa a interrogarla al igual que los padres de ella. No sabía nada de su paradero, ella nunca le hizo comentario alguno.
A pesar de que había pasado ya más de una semana y media sin ella, su ausencia hacia un meollo en su pecho. Lastimosamente no podía hacer nada hasta que volviera. Un sonido en la ventana la despertó de sus pensamientos. Asustada se alejó de su cama para mirar el enorme ventanal del balcón de dónde provino el golpe.
Camino cautelosamente y vio un hombre rubio parado afuera en el pequeño balcón. -¿Naruto-kun? -Murmuro aterrorizada. Él le daba una mirada lánguida desde afuera. Ella corrió y abrió el ventanal dejándolo pasar a su habitación.
El hombre entro a su cuarto que era meramente iluminado por la luz de una lámpara ubicada en la mesa de noche a lado de la cama. A pesar de que el cielo estaba despejado esa noche, eso solo significaba que hacia un frio extremo allá afuera.
-Hinata- murmuro el con su voz pesada.
Hinata lo miro de pies a cabezas. Traía puesto unos pantalones, botas, suéter y chaqueta negros. Este hombre era un dios completo pues sus facciones eran duras y perfectas.
Ella se acercó y lo abrazo. Naruto rodeo sus brazos alrededor de ella. De su pequeño cuerpo. Hinata lo estaba volviendo loco. Ellos habían estado saliendo constantemente y meramente había podido besarla otra vez, su cuerpo la pedía a gritos, quería más de ella. Sabía que esto no era hambre, era algo más. Desde que la vio sintió una conexión fuerte a pesar de que Hinata fuera humana. En la vida había sentido algo así, en toda su dura existencia jamás estuvo interesado en entablar una relación con una mujer humana o de su propia especie, siempre fue sexo o hambre o las dos cosas pero con ella, ella era distinta.
-Ten cuidado de confundir el hambre con lujuria o con algún sentimiento Naruto- las palabras de advertencia de Kakashi habían martillado su cabeza nuevamente como lo habían hecho las últimas semanas.
El la apego más a su cuerpo. Hinata podía sentir el calor emanar de su piel a través de la ropa que llevaba puesta. Ella no había estado tan apegada a un hombre de esa manera, tuvo pretendientes pero nunca pasó de un beso. Naruto le hacía sentir cosas extrañas desde que lo vio.
-Te he extrañado- dijo el con voz baja cerca de su oído. Hinata se estremeció y sintió un calor recorrer su cuerpo hasta la parte baja adentro de sus muslos. Ella jadeo. Hinata levanto su mirada y vio sus ojos azules oscurecerse. Él se inclinó y la beso apasionadamente. Dios, como la había extrañado.
Hinata le respondió de la misma manera. Sabía Dios como se había sentido sola y necesitada de él. Desde que Sakura desapareció, había tratado de no tener contacto con él pues el tema familiar se había vuelto prioritario.
Su aliento se apreso en su garganta. El retrocedió, mirándola de una manera significativa con los parpados pesados. –Hinata te quiero para mí, solo para mí- esas palabras estremecieron su cuerpo sintiéndose aún más vulnerable ante él. Ella sujeto el cuello del suéter negro que Naruto traía puesto atrayendo su rostro nuevamente.
Hinata lo beso de delicadamente, como solo ella lo podía hacer. Sus manos acunaron el rostro de él. Lo labios de Hinata saborearon delicadamente los de él, dejándolo a la deriva. El la sujeto de las caderas y la cargo hasta la cama recostándola en esta. Sentía desvanecerse, nunca estuvo tan cerca de un hombre, pero a él, lo deseaba más que a nadie en este mundo. Podía sentirlo dentro de su ser.
El empezó a besarla con deseo y una intensidad a la que ella le respondía de igual manera. Naruto arrastro sus labios por la garganta, sobre su mandíbula y su boca. Naruto extendió su mano hacia abajo y encontró el dobladillo de su camisón. La palma de su mano rozo la piel suave de la parte posterior de su muslo, la leve curva de la cadera y su cintura. Saboreo cada pulgada de piel expuesta.
Hinata se movió bajo el, produciendo suaves sonidos. El inserto su rodilla entre los muslos de Hinata, y se acomodó en la cúspide de sus muslos, frotando su miembro contra ella. Hinata se estremeció contra él, estaba nerviosa pero al mismo tiempo lo deseaba dentro de ella. Ella trago saliva.
Él se puso en pie y ella notó la oculta y peligrosa mirada de sus ojos. Parecía decir que no había terminado y que para el momento en que lo hiciera, ella estaría bien y completamente satisfecha.
-Detenme ahora, Hinata, porque pronto no habrá vuelta atrás- dijo él. Ella levanto la vista hacia el en un repentino ataque de nervios. Naruto podía ver su pecho subir y bajar con rapidez, escuchar el latir desesperado de su corazón. Ella estaba nerviosa.
Hinata lo miro ahí, parado, viéndola con esos ojos pesados con las pupilas dilatadas. Ella se levantó lentamente hasta quedar cerca de él y sentir todo su calor corporal envolverla.
-No te detengas Naruto- su delicada mano acaricio el inexpresable rostro de él. Su tono de voz había sido dulce pero firme al mismo tiempo. Ella lo deseaba, lo deseaba tanto como el a ella.
El bajo su boca hacia la de ella, pareciendo que iba a besarla suavemente. En vez de eso, la empujo contra su pecho y puso su boca sobre la de ella, ordenándole que la abriera.
Ella dejo escapar un hambriento gemido de lo más profundo de su garganta y separo los labios. Él se deslizo adentro de su boca, y encontró su lengua. Sabía dulce y caliente.
Naruto gimió. Él quería quitarle la ropa, sentir su piel desnuda bajo sus manos. Quería sus piernas separadas y su miembro penetrándola bien profundo, llevándola hacia el punto en que quedara exhausta. Naruto quería sentirla venirse en su pene, quería escuchar los suaves sonidos que hiciera, y quería observar su rostro mientras se viniera.
En ese momento, no podía pensar en nada más. Los pensamientos de su oscuro pasado, el secreto de lo que era, lo que corría por su sangre y gangrenaba su alma, todas aquellas razonas por las cuales resistirse, se habían escondido tan profundo en su mente que eran nada más que un suspiro.
Debía tomar esto lento.
Se sintió mitad animal, queriendo simplemente quitarle la ropa y tomarla en la cama, pero ella necesitaba un toque más lento y experimentado. Además, Hinata era una joven mujer para saborear, sorber y asentarse en su lengua.
Le quito el camisón dejándolo caer al suelo al lado de ella. Sus senos estaban al descubierto y sus pezones rosados, duros quizás por el frio o los nervios que sentía ella. Naruto los miro, eran hermosos y grandes. Ella tirito ante su mirada, su sexo se sintió cálido y húmedo con la necesidad de ser tocado. Él tiró de ella contra el duro calor de su cuerpo y la tela de su camisa rozó sus pechos. Ella se estremeció de deseo, sintiendo su vagina despertarse con anhelo y volverse resbaladiza. Ella quería saber qué se sentía al tener un hombre entre sus piernas. Ella quería saber cómo se sentía tener a Naruto dentro de ella.
Naruto ronroneo bajando su mano por su espalda. Froto sus nalgas y deslizo sus dedos entre sus glúteos, haciendo que Hinata se apretara más contra él y gimiera. El empuño su cabello con su otra mano y empujo su cabeza hacia un lado, exponiendo su garganta, y depositando besos desde debajo del lóbulo de su oreja hasta el lugar donde su hombro se encontraba con su cuello.
Ella cerró sus ojos. Su corazón latía rápido y su aliento iba y venía mientras el movía su mano por su desnuda espalda para tomar su pecho. Paso la yema de su pulgar por su sensible pezón hasta que ella gimió en lo profundo de su garganta.
El deslizo su mano sobre la cadera de Hinata hasta colocarla sobre la ropa interior que ella traía puesta. Ella jadeo en la boca de Naruto, y se estremeció abruptamente ante la sorpresa del contacto íntimo.
Su mano era cálida contra su monte venus. Su respiración se contuvo en su garganta y una combinación de adrenalina y necesidad sexual la lleno. El restregó su mano sobre su sexo. Se sentía tan bien. Los dedos de Naruto se movieron por debajo del panty que ella traía puesto abriéndose paso a sus delgados labios.
-Ábrete más para mí- le ordeno el en un susurro. Ella gimió y separo sus muslos abriéndoles paso a sus dedos entre sus pliegues. Con suavidad le acaricio el clítoris hinchado. Sabía exactamente como acariciar, como aplicar con habilidad perfecta presión para hacerla gemir. El deslizo un dedo en medio de su calor húmedo, y ella se mordió el labio inferior. Él deslizó otro dedo dentro de ella y los trabajó dentro y fuera lentamente, ampliándola.
Naruto se inclinó y atrapo sus labios nuevamente, lanzando su lengua dentro de su boca, saboreándola. Hinata se sostenía de sus brazos, podía sentir su musculatura a través de la ropa. Estaba excitadísima y quería más. Ella era una masa de ardiente deseo para el momento en que él se abrió paso.
–Sobre la cama- Hinata obedeció a pesar de que su mente divagaba aun en el tacto de él, se recostó mientras Naruto se sacaba la chaqueta y el suéter negro que llevaba puesto y desabrochaba sus pantalones dejándolos caer al piso. No llevaba puesto bóxer por lo que su miembro quedo a la vista, erecto, era largo y grueso. Naruto estaba muy excitado. Hinata jadeo al ver su pene salir de sus pantalones. Verlo ahí con su cuerpo musculado correctamente desde los hombros hasta el pecho, el estómago, los muslos. La lujuria pronto se desató en la parte baja de su estómago y se propagó hacia fuera. Ella lloriqueó y apretó las caderas hacia abajo contra el colchón.
Él se arrodillo delante de ella propagando besos en sus muslos, en sus caderas, en su vientre y descendiendo tortuosamente hasta su vagina. El sujeto las bragas que aun llevaba puestas y de un fuerte tirón se las quito, rompiéndolas. Hinata estaba cada vez más nerviosa, pero aun así el deseo se propagaba por cada parte de su cuerpo y su mente había dejado de resistirse.
El lamio la cara interna de su muslo. El primer toque de su lengua contra su calentada carne hizo que sus caderas corcovearan. Él la lamió y profundizó su lengua dentro de su entrada. Él chupó su clítoris, explorándolo con la punta de su lengua y luego chupándolo. Él gimió profundo en su garganta, un satisfecho y excitante sonido que hizo vibrar su clítoris. Las manos de Naruto acariciaban la piel de sus piernas mientras ella se contorneaba del placer contra su boca.
Naruto se perdió en ella, mordisqueando y lamiendo. Sintió un cosquilleo subir fuerte y rápido, haciendo estragos con tanta fuerza en su cuerpo que la hizo gritar. Se le acelero el pulso, sintiendo algo venirse fuera de ella. El la sujetaba con sus dos fuertes manos en los muslos y ella se fue tras su primer orgasmo.
-Eso es hermosa, córrete para mí- su cuerpo zumbaba aun en el clímax cuando él se levantó y vio como él se lamia los labios. Él se acomodó encima de ella cubriendo su frágil cuerpo. Él le separo las piernas y ella gustosamente engancho sus piernas a su alrededor, empujando su cadera más hacia él, necesitando fricción.
El paso su mano por la mejilla hasta la clavícula, sobre sus pechos, en la cadera hasta que coloco su pene contra su resbaladiza entrada. Naruto apretó los dientes y un musculo de su mandíbula se tensó. Hinata jadeo.
Él se deslizó dentro de ella un poco más y llegó hasta su himen sin dejar de mirarla. Ella se meneó y sollozó al mismo tiempo. Clavo sus uñas en sus hombros mientras la apretaba. Hinata jadeaba, Naruto la miraba esperando un tipo de aprobación de parte de ella para continuar. Ella apretó más el agarre de sus piernas en la cintura de él. Naruto empujo con más fuerza dentro de ella, la empalo, duro. Hinata arqueo su espalda, clavando sus uñas aún más en sus brazos, lentamente, palmo a palmo, empujo el resto de el entre su excitado sexo, hasta que estuvo completamente llena y jadeante. Ella gimió acostumbrándose ante su tamaño.
-Estas deliciosamente apretada ¿Cómo se siente?-
-Bien - Hinata jadeo y acaricio su rostro, la beso poseyendo su boca, adentrando su lengua jugueteando con la lengua de ella. Hinata tenía el pelo alborotado y los ojos vidriosos de lujuria. Estaba perdida en él, poseída por él, y no lo tendría de ninguna otra manera.
Aun sosteniendo su mirada, jalo dentro y fuera lentamente. La columna de Hinata se arqueo contra él, aun cavando sus uñas en sus brazos. Ella podía sentir cada centímetro de su pene en su interior. Naruto jalo dentro y fuera de ella nuevamente, haciendo que la respiración de Hinata silbara fuera de ella.
Naruto la tomo de las muñecas y las apretó a la cama a ambos lados de su cuerpo.
Ella se relajó y movió sus caderas. Se sentía tan bien el estar íntimamente unida a él. Nunca se había sentido tan cerca de otro ser humano de lo que lo hacía con Naruto en este momento.
Él balanceó las caderas hacia atrás y hacia delante, y lentamente, dejó que sus penetraciones se hicieran más largas y más duras, con lentos y constantes golpes. Aumento el ritmo de sus embistes obligando a su cuerpo explotar. Ella gimió y aferró las mantas a ambos lados, abriendo las piernas hasta donde pudo. No quería nada más en el mundo que lo que su miembro le estaba dando. Otro orgasmo la golpeo rápido y duro. Ella estaba indefensa bajo la fuerza del mismo. Sacudió su cuerpo, haciéndola gritar. Sus músculos vaginales se apretaron y aflojaron alrededor de su miembro y la humedad inundó su sexo. Naruto encontró su pecho y cerro sus labios alrededor de este, frotando su pezón. Su miembro tiro aún más profundo en su interior, dejándole saber a Hinata que estaba listo para correrse. Lo observo echar la cabeza hacia atrás, gimiendo su nombre. Era la cosa más erótica que había visto u oído.
Naruto se derrumbó sobre ella, aun en su interior. Ella paso los dedos por su rubio cabello, claro y sedoso, disfrutando la sensación de tenerlo piel con piel y el rápido aumento y caída de su pecho. Su corazón dio un vuelco en su pecho, y sentía su aliento caliente en el cuello.
Su cuerpo todavía se estremecía con la cercanía intima de él, pulsando con el resto de los orgasmos que le había dado. Con un gemido, el rodo hacia un lado, dejando su mirada fija en el techo, con los parpados pesados y aun un poco aturdido. Una deliciosa languidez se apoderó de su cuerpo.
Volvió la cabeza y lo miro. Tenía los ojos cerrados y los brazos sobre la cabeza. Hinata se sintió incomoda, se apoyó sobre su codo para acercarse a él pero antes de que pudiera retirarle el brazo de la cara Naruto se levantó bruscamente sujetándola del cuello y aprisionándola contra la cama, el agarre era fuerte. Hinata lo miro horrorizada, dos colmillos asomaban claramente de su boca y sus ojos, eran rojos como la sangre…. Ella grito.
No había podido dormir, así que decidió ir a darle una vuelta a la casa para distraer su mente. Extrañaba a su hija demasiado y sentía una inmensa culpa que le carcomía el alma, si es que tenía una. Desde que Sakura desapareció no podía conciliar el sueño. Se atormentaba a si misma de una manera que ya le impedía hasta comer. Ella era su mundo. Era su pequeña. Todos estos años protegiéndola se fueron a la basura.
Un ruido dentro de la biblioteca capto su atención. Era de noche y algunas luces alumbraban la enorme mansión, aun así, no podía haber nadie rondando a esas horas. Todos estaban durmiendo.
Se acercó sigilosamente a la puerta y con precaución la abrió. Estaba todo oscuro. Un escalofrió la recorrió haciendo que su piel se erizara. Se acercó al interruptor y prendió la luz iluminando la biblioteca. Echo un vistazo al lugar y no vio nada que la inquietara. Estaba dispuesta a apagar la luz cuando una sombra se removió en una esquina oscura cerca del ventanal. El miedo la sucumbió.
-¿Quién anda ahí?- el terror se acomodó en su garganta volviendo su voz temblorosa.
Una figura masculina camino fuera de la esquina mostrando su verdadera forma. Ella lo vio con sorpresa pero su rostro rápidamente cambio a uno de rabia.
-Lárgate de aquí Uchiha o llamare a la policía- lo amenazo. El hombre no parecía tener intenciones de irse pues se acercaba confiadamente a ella. Ella estaba dispuesta a salir corriendo cuando el hombre la tomo de un brazo y la obligo a entrar nuevamente hacia la biblioteca cerrando la puerta tras ella.
-¡Suéltame Uchiha! Empezare a gritar- dijo la mujer batallando contra los brazos masculinos que la sostenían con fuerza.
-¡He venido a hablar de Sakura!- su voz era tosca. La lanzo a una silla de cuero obligándola a sentarse.
-¿Qué demonios quieres con mi hija, asesino?- le espeto histérica.
El hombre se paseó de un lado al otro, algo alterado percibió ella. –Basta ya, Sara. La vida de tu hija corre gran peligro.-
-No me digas, Uchiha Sasuke- su tono de voz era arisco.
La mirada de Sasuke era sombría. –Habla- le ordeno.
La mujer rio con sorna. -¿Qué te hace creer que te diré algo al respecto? Eres un asesino, lo llevas en tu apellido ¡en tu sangre!- ella intento levantarse de la silla pero Sasuke la empujo hacia abajo bruscamente.
Él se acercó a su rostro. Su aliento chocaba contra su rostro. La acorralo contra la silla. –Porque soy el único que podrá salvarla.- sus palabras habían sido firmes. No le creía pero en su voz se notaba un destello de tristeza y angustia.
Ella lo miro. Él se levantó retirando la mirada hacia otra parte. –Hay demasiada gente involucrada y muchos están detrás de ella y no entiendo por qué. Gente que realmente le hará daño.-
-¿Y qué te hace pensar que yo se algo al respecto? ¿Acaso no entiendes? Sakura huyo de su propia casa. - Sara se mofo lanzándole una afilada mirada.
-Escúchame muy bien, no hay tiempo para juegos. Tu hija, tu propia sangre, corre gran peligro y Madara Uchiha está detrás de todo esto, sé perfectamente bien que conoces ese hombre. ¡Así que habla ahora mujer!- la mujer tembló al escuchar aquel nombre. Sasuke pudo oler el miedo recorrerle su delgado cuerpo.
Sara se llevó una mano a la boca. El cuerpo le tiritaba. Ósea, que era cierto. Madara si estaba detrás de su hija e iba a matarla. A ambas.
Ella se aclaró la garganta y lo miro. Algo dentro de sus ojos oscuros gritaba sin piedad – Ella…- Sara no sabía por dónde empezar. Tenía la voz atorada en la garganta. Quería llorar.
Sasuke se estaba impacientando. – Sakura tiene un gran poder dentro de ella.- la mujer carraspeo.
-¿Qué clase de poder?- continúo Sasuke.
La mujer se removió inquieta y nerviosa en el asiento. Sasuke respiro fuerte. –Sakura, es de tu especie. De nuestra especie. Es un vampiro pura sangre.- finalmente soltó ella.
Las palabras retumbaron en su cabeza como un balde de agua fría. –Ella ha sido escondida de su poder, de su verdadera forma desde hace más de cien años. Al igual que yo.- los ojos de Sasuke eran como platos. Él estaba ahí parado frente a ella sintiendo su cerebro desconectarse.
-¿Cómo, como es posible?- pregunto aturdido.
La mujer se levantó y se encamino hacia el centro de la habitación. – Nosotras somos descendientes de la línea de Hashirama Senju.-
El vaso se deslizo de los dedos de Sakura y se estrelló contra el suelo de madera fina de su apartamento. El dolor lacero a través de su mente, llevándola a arrodillarse. Apoyo sus manos entre sus muslos y se concentró en el vaso roto, respirando por la nariz y exhalando por la boca. Sentía la cabeza rota, como si su mente se hubiese divido, como el vaso y los fragmentos rozando uno contra otro esforzándose por ponerse de nuevo juntos. Las náuseas la invadieron, trago saliva haciendo un esfuerzo para que se le pasara.
Los episodios se habían manifestado nuevamente esa misma tarde y estaban empeorando. Apretó sus puños, al darse cuenta que no había manera de evitarlos antes de que la consumieran. Pensaba que las imágenes se suprimirían con el tiempo, pero obviamente, esta vez no iba ser así.
El dolor desapareció junto con la última imagen que permaneció en su visión mental. Con una creciente sensación de temor, recogió los pedazos del vaso y se levantó. Sakura los puso sobre la mesa y se apoyó contra el mesón.
Un profundo temor la recorrió y se estremeció con repugnancia. Sabía que el cambio en ella estaba más cerca de suceder. Lo sentía dentro de su pecho, en cada célula de su cuerpo, algo estaba a punto de cambiar. Era como una fuerza impresionante fundada en su pecho queriendo salir y explotar hacia fuera. Cuanto más se resistía, mas fuerte crecía la compulsión.
De repente, una cálida sensación de hormigueo comenzó en el vientre de Sakura y se propago hacia el exterior. Ella soltó un gemido cuando eso la envolvió. Una luz blanca nublo su visión y las imágenes del cuarto lleno de sangre esparcida por todas partes inundaron su mente.
Una extraña y oscura fuerza la consumió, quemando todos los vestigios de su pasado, borrando cualquier último pedazo de inocencia que poseía. Un inmenso y brillante conocimiento lo remplazó tan ajeno como las estrellas de arriba y familiar como la tierra bajo sus pies. Una absoluta y total oscuridad tocó sólo un susurro de su alma. Eso robó su aliento, sus pensamientos, todas sus emociones. Eso estaba llegando. Esta maldad llegaría muy pronto; lista para consumir el mundo como lo conocía. Lista para consumir toda la vida.
Sakura cayó nuevamente al suelo. Esto era más de lo que podía soportar. El dolor era insoportable, pensó unos segundos que iba a morir. La sensación de nauseas apareció nuevamente. De pronto, la puerta de su apartamento se abrió. Escucho unos pasos adentrarse a la cocina donde ella se encontraba. Miro el rostro del hombre, lo reconoció. –Itachi- jadeo aterrada.
El dolor llegaba al máximo y explotaba dentro de ella mientras él se le acercaba. La oscuridad la siguió rápidamente, succionándola bajo el negro manto de poder contra el que no podía ganar.
