Secreto…

Los personajes de Inuyasha no me pertenecen, son obra de Rumiko Takahashi, yo solo cree este fanfic con motivos de entretenimiento.

¿Y cómo no temerte cuando te paseas por las sombras como si fueras la oscuridad misma? ¿Y cómo no amarte cuando te paseas por mi corazón como si fueras el alma misma? Pero eres tan enigmático…Por favor… déjame descubrir todos tus… secretos…

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1 : No entiendo nada

-¿De qué te ríes pervertido?-

Se miraron entre ellos y algunos se encogieron de hombros como si con ello dieran a entender que no tenían ni idea de lo que pasaba en aquella parte del cuarto.

Una exclamación de sorpresa se escuchó por parte del que ahora se encontraba junto al pervertido.

-¡Es increíble! ¡Miroku obtuvo señal de alguna red!-

-¡¿Tienes internet?!-

-¡No es posible, la red más cercana esta a kilómetros de aquí! ¡Ni siquiera los celulares funcionan! ¡Estamos prácticamente en medio de la nada!-

-Pues él tiene una señal en medio de la nada-

Todos se arremolinaron frente al susodicho asombrados y apretujados celebrando su victoria alegando haber sido más listos que los profesores como si ellos hubieran ayudado en algo.

El albino aun en su lugar junto a la puerta roló los ojos.

-¿Cómo conseguiste la señal?- preguntó un muchacho muy inteligente de cabello pelirrojo –Estoy seguro que el modem más cercano está demasiado lejos, lo suficiente como para necesitar una antena del tamaño de un satélite para poder obtenerla-

Miroku sonrió con sorna y con deleite levantó un pequeño aparato del tamaño de su pulgar para que todos pudieran admirarlo –Este pequeño aparato puede cubrir más de ochenta kilómetros a la redonda- explicó presumido –Inclusive puede intensificar la señal que llegue a encontrar-

-Increibleee…- susurraron todos como idiotas

Inuyasha nuevamente roló los ojos.

-¡NOCHE DE PELICULAS PORNO!- grito el de cabellos castaños

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-Bien muchachos, cada grupo irá a sus actividades asignadas y cuando el sol se ponga nos veremos todos en este lugar para preparar la cena ¿Fui claro?-

-Siiii profesooorr- contestaron todos como niños de primaria

Una vez terminada la introducción se reunieron en equipos de cuatro asignados desde el inicio del viaje por su maestro al azar quien muy amablemente subrayó que quien se cambiara de lugar haría un programa físico; todos sabían que significaba un programa físico: cincuenta abdominales, treinta lagartijas, cien sentadillas, estiramientos y toda una vuelta de cinco kilómetros. En teoría, algo por lo que nadie quería pasar.

-¡Qué bueno que nos tocó juntas!- exclamo Yuka sonriente

-Si Kagome, tenía tiempo que no hablábamos, nos tenías abandonadas- coreó Eri

-Chicas no la molesten tanto, saben que ella ha tenido cosas que hacer- defendió la como siempre ´pacifista Ayumi

-¿Cómo qué? ¿Eh?- pregunto Eri molesta alzando una ceja con gesto despectivo tatuado en el rostro -¿Hacer novio con Taisho?-

-¡Eri!- exclamó Ayumi con tono de desaprobación

-No te preocupes Ayumi… Eri tiene razón- Kagome colocó una mano en el hombro de esta -¿Qué les parece si salimos acabando el campamento a algún lado?

Las tres muchachas le miraron con desconfianza al inició, pero finalmente no tuvieron más remedio que aceptar, realmente tenían muchas ganas de salir con su amiga ya que últimamente no se habían podido ver mucho y Kagome deseaba poder relajarse y olvidarse de todo.

-¡Bien entonces!

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-¡Vaya que está alto!-

-Cuidado Sanguito, podrías caer-

La castaña giró sobre si mirándole divertida meciendo su coleta alta agraciadamente.

-¿Cree que yo podría caer?-

Miroku encogió sus hombros ocultando la corazonada que le dio debido a aquel gesto tan provocativo de la chica –Bueno uno nunca sabe, aun el patinador más experimentado podría tropezar-

Inuyasha caminó unos pasos más para darle alcance a Sango y se asomó también poniéndose de rodillas sobre la fría roca.

-Si bueno, solo que este no sobreviviría-

Miroku roló los ojos.

-¿Oigan no…s va…mos?-

Todos giraron y miraron fijamente a su compañero quien se abrazaba a su uniforme como si hiciera mucho frío y aun permanecía junto a los árboles lejos del borde de la cascada. Tenía el cabello caramelo alborotado por el viento, ojos azules y pecas que a los ojos de las mujeres eran adorables. Sin embargo odiaba salir de su casa por un trauma que tuvo de pequeño. Realmente Shin era cobarde.

Unos minutos de silencio los envolvieron, los cuales aprovecho cada uno para perderse en sus pensamientos y asuntos personales.

-E…e… escuché que… que hace a… a… ños hubo a… quí un a… a…ccidente-

Todos le prestaron atención sin decir una sola palabra.

-D… dicen que… que… dos…s much…achos cayeron por… por… la borda-

-Vaya que es una larga caída- agregó Inuyasha mirando abajo sin rastro de miedo o emoción –Un humano no sobreviviría- susurró demasiado bajo para que solo sus dos amigos más cercanos pudieran escuchar

Sango lo ignoró y decidió preguntar -¿Y qué sucedió después?-

-Bu… bueno, despu… es de… de buscarlos por… por… días, e… encotraron sus cuerpos flota…ndo… rió a… arriba en… distintas direcciónes-

-Ya veo… entonces este lago sigue río arriba hasta donde se parte en dos direcciones-

-Que estúpidos por caer- agregó Inuyasha

-Pe… pero dicen que… que sus cuerpos e… estaban…- Shin tragó duro y audible y repentinamente s epuso pálido –E… estaban…-

-¡¿QUÉ?!- Inuyasha gritó desesperado por tanto tartamudeo y lo incitó a seguir. Eso era lo que realmente odiaba de Shin, había que ser muy pacientes con él o nunca diría nada.

Sango lo fulminó con la mirada y luego miró nuevamente a Shin hablándole dulcemente como haría una madre con su hijo -¿Estaban qué, Shin?-

-De… descuartizados- soltó finalmente

-¡¿EH?! ¡¿Tanto alboroto y trabajo por una simple palabra?!-

-¡Inuyasha!-

-¡Feh! ¡Es obvio que se encontrarían hechos pedazos! Hay un suelo de rocas grandes y afiladas por el pasar del agua justo donde esta cae-

Sango se asomó al igual que Miroku una vez estuviera junto a ellos pero no vieron nada. La bruma ocasionada por el caer de la cascada no mostraba signos de esas rocas.

-Supongo que tendríamos que tener más cuidado- susurró Miroku dando una rápida mirada al albino que aun se mantenía mirando hacia abajo con rostro inexpresivo y el largo cabello ondulante por el viento.

-Bueno, ahora debemos irnos- dijo Sango mientras se ponía alegre de pie de un salto -¡Nos están esperando para la cena! ¡El sensei nos matará si no nos apresuramos! Recuerden que aun tenemos que ir a buscar la leña-

Miroku asintió y se puso de pie -¿Puedes oler algo?-

Negó aun sin apartar la mirada –El agua oculta cualquier aroma a cadáver o a sangre, aunque hayan pasado siglos o años el olor de la muerte aun debe seguir aquí-

El ojiazul asintió serio –Yo puedo sentir unas presencias cercanas

Inuyasha giró sorprendido poniéndose también de pie a la altura de su compañero.

-Es decir… que son…-

-Si- interrumpió –Probablemente sus espíritus nunca hayan abandonado el lugar-

-¡Chicos muévanse!-

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-¡Eri para de comer eso!-

Todos pasaban un buen rato, era divertido hacer su propia comida.

-Los pescados que trajeron los chicos son enormes- habló una chica del otro lado de la larga mesa

-¿Cómo deberíamos cocinarlos?-

-¿En sopa?-

-¿Un guisado?-

Kagome sostuvo una papa mientras la miraba con repentino interés, quizá debería empezar por cortar unas verduras.

Ayumi notó de inmediato como su amiga casi se rebana el dedo e inmediatamente corrió a quitarle el cuchillo.

-¡Cuidado con eso!- exclamó como muy pocas veces alterada –Debes poner la mano aquí e irla recorriendo cada vez que cortes un trozo- tomó las manos de su amiga y le enseño de forma cuidadosa -¿Ves?- sonrió amable

La azabache se sonrojó por su tontería –Gra… gracias Ayumi

-¡Ah! ¡Ayumi es la mejor cocinera de todas!- exclamó otra chica en alguna esquina

-No… no exageren- susurró la aludida tomándose el rostro con una mano y sonrojándose inevitablemente

-¡Hemos terminado!- exclamo un muchacho muy guapo y alto mientras dejaba las piedras que sostenía en sus manos junto al río y se acercaba a la mesa donde ellas se encontraban colocándose junto a su novia quien se sonrojó por tan repentina cercanía -¿En qué podemos ayudarlas?-

-¡Excelente idea! ¡Si los chicos ayudan será más rápido!- exclamo una chica

-Y menos machista- agregó Kagome

Y así, al finalizar sus tareas correspondientes los muchachos se fueron acercando de a poco a la mesa donde las chicas trabajaban para ayudar con la cena y terminar más rápido. Algunos cortaban, otros mezclaban, otros tantos sazonaban. Muchos eran enseñados por las chicas o viceversa. Al caer la noche todos los chicos ya se encontraban ayudando en la "cocina" con sus delantales puestos. Era un cuadro muy divertido.

Kagome tomó el pescado sin saber qué hacer y echó un vistazo en busca de alguien que pudiera ayudarle, pero todos parecían muy entretenidos entre risas y comida, ya había cortado las verduras como sus amigas le instruyeron pero ahora no sabía qué seguía. Miró con resignación al animal y tomó el cuchillo dispuesto a cortarlo en trocitos de una vez pero fue detenida por una grande y cálida mano.

-Es mejor si empiezas por cortar la cabeza y la cola- escuchó una voz que le susurraba al oído causándole escalofríos seguido de un fuerte pecho pegarse a su espalda

Giró asustada encontrándose con la mirada burlona de Inuyasha que parecía brillar con la poca luz del lugar.

-¡¿Pero qué crees que estas…?!-

-Vamos- dijo mientras la giraba y se colocaba de nuevo en la misma posición ignorándole por completo –He terminado de destripar a los pescados y ahora no tengo nada que hacer- habló mientras tomaba en su mano la de Kagome junto con el cuchillo.

Sintió como su cara se coloreaba y sus latidos se aceleraban cuando sus manos entraron en contacto, tenía miedo de que su corazón saliera disparado de su pecho o peor aún, se quedara dentro. Tenía miedo de que Inuyasha con su anormal sentido auditivo lo escuchara. Tragó duro y dejó que el albino con sus manos hiciera el trabajo de cortar el pescado. Podía sentir su fuerza tan extrañamente nula, sus movimientos tan delicados que parecían increíbles en esos brazos tan fuertes. En algún punto el chico tuvo que recargar su cabeza en el hombro de la azabache para poder ver mejor y se alegró de no tener más su cálida respiración en el oído que tantos escalofríos le provocaba. Ya sin ser consciente, se sintió tan atraída a él que dejó de prestar por completo atención a lo que él hacía y giró para contemplar su rostro concentrado. Era tan guapo. Notó como su piel tostada brillaba un poco bajo las luces y sus ojos dorados casi animales seguían sus movimientos.

-¿Vas a mírame toda la noche como idiota?-

Kagome saltó en su lugar al haber sido descubierta y lanzando un grito accidentalmente su mano resbaló por el cuchillo cortándola en el acto.

-¡Kagome!-

-¡Kagome!-

-¡Amiga! –

-¿Estás bien?-

Pronto todos estaban arremolinados alrededor de la chica preocupados por el brote de la sangre. La cocina se había suspendido momentáneamente.

-¿Qué sucede aquí?- preguntó el profesor de educación física mientras se acercaba seguido de la enfermera.

-Parece que Kagome se cortó- habló alguien

La enfermera se arrodilló junto a ella e Inuyasha -¿Te encuentras bien?- preguntó mientras hacía un torniquete con una venda que traía en el bolsillo

Kagome se guardó una mueca de dolor y mostró una sonrisa que ocultaba lo que le dolía –No se preocupe, se ve peor de lo que es-

La enfermera la miró con desconfianza -¿Segura?-

-Es solo una pequeña cortada, dejará de sangrar en cuanto la desinfecte-

-Pero…-

Un gritó se escuchó justo detrás de ellos interrumpiendo lo que iba a decir.

-¡Sensei! ¡Yumi se ha quemado!-

La enfermera se levantó de un salto pasándoles de largo mientras se arrodillaba junto con la herida al igual que todos.

-¿Es grave?- preguntó al chico que estaba junto a ella

-Me… due… le mucho…- susurró la niña mientras lágrimas corrían por su rostro

-No te preocupes- habló mientras se quitaba la maleta de los hombros y sacaba unas pomadas.

-¿Kag a dónde vas?- preguntó Sango quien se había distraído unos segundos con el accidente de la otra chica.

-Iré por el botiquín- sonrió mientras se giraba –Ustedes continúen o la comida se quemará-

-¡El arroz!- gritó la castaña mientras corría hacia algún lugar seguida por el pelinegro

Se giró y comenzó a caminar a la cabaña que compartía con sus amigas con el brazo apretado en su pecho conteniendo las lágrimas. Era de noche y solo la luna iluminaba el sendero marcado con unas piedras que siguió por unos minutos hasta que las luces de la carpa donde cocinaban todos desaparecieron. Entró al lugar encendiendo la luz y continuó hasta el fondo donde guardado en un cajón de madera se encontraba el botiquín. Llegó hasta él y solo fue consciente de que Inuyasha le seguía cuando detuvo su dedo lleno de pomada que estaba dispuesta a untar sobre la herida una vez hubiera quitado la venda.

-Primero deberías lavarte las manos- susurró

-¡Inuyasha!- exclamó -¿Por qué siempre me estas asustando de esa forma? ¿Acaso eres…?- pero se interrumpió al ver la mirada de abatimiento que el albino portaba -¿Inuyasha? ¿Qué sucede?- preguntó alterada mientras con su mano buena tomaba su rostro -¡¿También te cortaste?!

El albino tomó su mano suavemente y se sentó sobre la cama que estaba cerca sentando a la azabache en sus piernas.

-¿Inu… yasha?- preguntó sonrojada

El muchacho le arrebató la pomada mirándola con desconfianza y luego haciendo un gesto de asco cuando la olió. La aventó a algún punto de la habitación.

-¡Inuyasha!- le regaño Kagome mientras intentaba levantarse pero era detenida firmemente por su mano.

-Esas cosas no son muy efectivas, aparte de que apestan la herida tardará en sanar-

-Bueno, es la única medicina que existe, aun no crean una instantánea y milagrosa- espetó furiosa mientas lo empujaba accidentalmente con su mano derecha-¡Ouch!- exclamó retrayéndola al instante mientras unas lágrimas de dolor surcaban sus mejillas. Luego miró horrorizada el delantal que el chico traía manchado de sangre -¡Perdóname! ¡No quería manchar…- pero calló cuando el ojidorado tomó su mano hasta la altura de sus ojos.

Inuyasha observó el corte con atención. Realmente era horrible, era bastante profundo y debía doler muchísimo sin mencionar que la sangre no paraba de salir sin parar, todo su brazo y el uniforme estaban manchados. No entendía como no se había tirado al suelo a llorar por el dolor.

-Debiste de haberle dicho a la sensei que te dolía-

-No me…-

Pasó su lengua húmeda por la herida lentamente, bajo ella podía saborear la carne viva y sumirse en su mano, la sangre tenía un sabor metálico que ya reconocía. Sintió a Kagome saltar por la sorpresa al sentir su saliva penetrar en la herida como un raro bálsamo alejando el dolor. Dio tres lamidas en ese lugar y continuó lamiendo el camino de sangre que había en su mano de forma delicada. Cuando este llegó por debajo de la sudadera del uniforme escolar, bajó el cierre de la chica que estaba en su pecho y se la sacó.

-¡Pero qué haces!- preguntó totalmente roja luchando por soltarse cuando sintió la lengua del muchacho recorrer hasta su codo y parar una vez hubiera limpiado todo rastro de sangre.

Abrió los ojos lentamente que en algún punto había cerrado y la miró con un brillo desconocido en ellos, luego se acercó lentamente a su rostro y desviándose a sus mejillas lamió las gotas salinas que habían salido por el dolor.

-¿Inu… yasha?- preguntó en un suspiro

Paró cuando le escuchó suspirar y se alejó de sus mejillas notándola con los ojos cerrados y los labios entreabiertos que inevitablemente lo invitaban… dejó de pensar.

Abrió los ojos con sorpresa cuando sintió los labios del chico posados sobre los de ella e intentó resistirse un momento, pero al final, al sentir su lengua contra la de él cedió. El beso era lento, pero estaba lleno de una necesidad oculta para ambos, una necesidad innegable. Rodeó su cuello con sus delicadas manos y permitió que el jugara con su boca todo lo que quisiera. No se acostumbraba a esa sensación tan deliciosa. Sintió al chico sobar su espalda delicadamente y ella se abandonó por completo al beso sin pensar que se encontraban en una cabaña solos y alejados de todos, si su mente hubiera funcionado, su cordura le hubiera alertado. Unos segundos después sintió como sus manos se introducían en su playera blanca, ninguno de los dos pensaba.

Verdaderamente no se cansaba de saborear esos labios, pero sabía que si no se detenía, después no podría parar, así que al final y con pesar se separó lentamente de ella. No quería hacerle daño.

Abrió los ojos aun jadeante y pudo verse reflejada en esos extraños mares dorados que ahora lucían una tonalidad rojiza extraña que nunca le había visto.

Inuyasha no podía mirarla a la cara, en todo su rostro estaba escrita la palabra "continúa" aunque ni la mismísima Kagome fuera consciente de ello. Aun sentía sus manos sobre la suave y cálida piel de su espalda, sin remedio las sacó.

Al sentir ese movimiento la racionalidad volvió a su cerebro como un click y de un brinco se paró de sus piernas tan roja como un tomate.

-Yo… yo…-

El albino sonreía satisfecho aun desde su lugar en la cama, al menos pudo ver su cara apenada frente a él. Se levantó de manera tranquila y caminó hasta el botiquín que cerró y guardó en el cajón finalmente.

Apareció un silencio incómodo.

-¿Saliva youkai?- susurró la azabache mirando su mano ya sin rastro alguno de la cortada

Inuyasha giró para tenerla de frente y se recargó en el mueble –Perdóname, ha sido mi culpa- susurró –Es que al descubrirte mirándome me puse tan nervioso que al final olvidé por completo lo que estaba haciendo- miró hacia otro lado tratando de ocultar su evidente sonrojo a la azabache.

-¡¿EH?!- preguntó ahora colorada hasta las orejas en parte sorprendida por la disculpa del orgulloso muchacho

-¡Lo que te dije mujer!- espetó caminando hasta la puerta –Ahora vámonos antes de que alguien comience a pensar cosas raras.

-¡Idiota!- le gritó sin saber que decir

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-Se tardaron demasiado-

Inuyasha suspiró y dejó los platillos sobre el plato. Giró para poder ver bien a su amigo quien se sentó a su derecha –Ya ni mi madre-

Miroku sonrió ante el comentario –Bueno, tu madre siempre ha sido una mujer encantadora que…-

-Ni se te ocurra-

Continuaron comiendo unos segundos en silencio escuchando como fondo las voces de todos los alumnos que reían y platicaban felices por el viaje.

Esta vez su semblante se volvió serio –Inuyasha, sabes bien que esto no es un juego al que pueda entrar cualquiera-

Soltó con un ligero golpe sus palillos -¿A qué le temes?- preguntó harto mirando a su compañero –Kagome está más implicada en esto de lo que parece-

Sus ojos se abrieron por la sorpresa pero luego se volvieron pequeños repentinamente en una mirada furiosa, agresiva -¿Qué a qué le temo? ¿A qué?- preguntó alzando un poco la voz aunque sin ser lo suficientemente fuerte para que los demás escucharan -¡Creo que a lo mismo que tú Inuyasha Taisho!-

Inuyasha se giró con la cabeza gacha –Yo… creo que ya no temo… tanto-

Una carcajada sádica inundó el lugar llamando la atención de Sango quien se encontraba junto al muchacho azabache, de pronto estaba alerta y tensa.

-Y dime, ¿Acaso crees que el amor estúpido que le tienes a esa niña consentida arreglará todo? Te recuerdo que ya una vez me dijiste lo mismo-

Esta vez sus ojos se abrieron grandes por la sorpresa.

-Ahhh si, ¿Es que acaso ya la olvidaste? ¿Acaso tu amor por ella era tan ínfimo?- preguntó divertido

-Exelencia basta- susurró Sango

-Yo recuerdo cuan enamorado estabas, confíe en ti, confiamos en ti, ¿pero qué hiso esa perra? Nos arruinó todo-

La mirada de Inuyasha se cargó de una tristeza tan profunda que repentinamente sus ojos se apagaron con dolor

-¡Miroku!-

-Te recuerdo que no eres el único que sufre, también lo hacen tus padres y nosotros ¿Acaso quieres que tus padres sufran más? ¿Tu madre?-

Inuyasha lo miró como un cachorro mira a su amo cuando lo abandona a mitad de la carretera logrando que la castaña sintiera un dolor agudo en su pecho pero sin dar resultado en su amigo que ajeno a todo continuó rasgando su pecho con palabras llenas de filo.

-¡Eres un Hanyou, nadie nunca te amará! ¡¿Por qué no comprendes?! ¡Ríndete ya! ¡En esto no hay lugar para el amor, ni para ti, ni para nadie!-

-¡BASTA MONJE!-

Una cachetada resonó por todo el lugar callando repentinamente a todos dando paso a un silencio sepulcral que repentinamente rompió con la paz del lugar.

-¡¿Qué sucede aquí?!- se atrevió a hablar el maestro mientras se acercaba cauteloso a la escena. El aire estaba tenso y frío.

-No diga más… por favor…- las lágrimas caían por su rostro sintiendo dolor no solo por su amigo sino también por ella –Sabe perfecto que lo amo… que usted también lo hace… que sus padres y todos los demás lo hacen… asi que por favor… no diga eso…-

Finalmente alzó su mirada hasta que sus llorosos ojos avellana chocaron contra aquellos ojos negros quienes se suavizaron hasta volver a ser esos ojos azules llenos de arrepentimiento.

-Yo… ¡SANGO!-

-¡JOVENCITA VUELVA EN ESTE INSTANTE!-

Todos observaron atónitos a la castaña rodear la mesa y correr hasta perderse en el bosque con dirección a las cabañas bajo la suave luz de la luna.

Pronto todos estaban cuchicheando confundidos por la repentina escena pero se callaron nuevamente al ver a Kagome pararse de su lugar en un aire repentino e inclinarse –Gracias por la comida- habló apresurada mientras corría tras el rastro de su amiga

-¡SEÑORITA HIGURASHI VUELVA AQUÍ!-

-¡Kagome!-

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-¡Sango! ¡Sango!-

Entró a la cabaña sin importar que las luces estuvieran apagadas y se encontró con su amiga llorando amargamente contra su cama en un rincón del lugar.

-¡Sango!- exclamó mientras corría a aquel lugar dispuesta a acabar con el sufrimiento de la que consideraba su mejor amiga

-Por favor no te acerques…-

Detuvo su mano a medio camino al escuchar esas entrecortadas y ahogadas palabras que salieron con dolor.

-¿Eh?-

-Por favor Kagome…- Sango giró hasta que su cara llena de dolor y lágrimas quedó al descubierto –Quisiera estar sola…-

Ahora que la veía realmente se parecían, eran idénticas por fuera. Cabello azabache largo, con la diferencia de que el de ella era liso y el de Kagome ondulado, ojos grandes color chocolate, piel pálida y labios color cereza, ambas realmente hermosas. Se sintió culpable por compararla con esa mujer pero al final Miroku le trajo a su mente. Aunque desde un inicio estuvo consciente de que se parecían, de hecho ella se sorprendió muchísimo cuando la vio por primera vez en el salón de clases junto a la ventana y hasta tuvo miedo de que ella hubiera regresado. Pero era imposible.

Una persona no regresa de la muerte.

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Caminó un poco más por la suave hierba, no tenía idea de que hora era ni tampoco le importaba, ahora se sentía realmente triste por no haber podido ayudar a su mejor amiga. Miró hacia el cielo notando que las estrellas brillaban aun más que el cielo nocturno de la ciudad y le pareció un espectáculo verdaderamente hermoso, su pierna comenzó a molestarle pero no le dio importancia. Al cabo de un tiempo escuchó un sonido fuerte, como el del agua al caer y supo que estaba cerca de alguna cascada, así que decidió dirigirse a ese lugar. Sintió el aire un poco más frío de lo usual y supo que el otoño estaba llegando, aunque apenas era un cambio muy suave, las últimas olas de calor del verano aun seguían presentes. Subió las resbalosas rocas sin verdaderamente preocuparse por caer a tan peligrosa altura, lo que verdaderamente quería en esos momentos era un lugar para poder estar sola y pensar. Una vez hubiera llegado a la cima se sentó sobre la piedra y abrazó sus piernas mientras contemplaba lo alto y hermoso del lugar.

-¿Y dime por qué tan solita?-

Brinco en su lugar cuando escuchó aquella voz y casi resbala por la pendiente pero afortunadamente alcanzó a agarrarse de una roca cercana la cual usó como apoyo para levantarse y quedar cara a cara con el ser que más temía.

-¡Naraku!-

El susodicho sonrió divertido mientras caminaba lentamente hacia la azabache quien se puso tensa al sentir su proximidad. El hombre venía bien vestido con un traje de etiqueta negro que a todas luces daba las de ser muy caro, aunque era guapo algo había en él que le daba la impresión de un ser horrible y asqueroso.

-Pero tú… tú estabas… muerto- expresó llena de terror-

-Veo que esta vez estas realmente sola- la interrumpió mirando hacia todos lados como si quisiera cerciorarse de ello –Parece que al fin tu guardaespaldas personal te dio un tiempo para respirar, o… ¿Será que huiste de él?- susurró divertido mirándole fijamente con esos ojos inyectados en sangre

-¡Inuyasha no es mi guardaespaldas! Él es… él es… él…- nunca se había detenido a pensarlo ¿Qué era Inuyasha de ella? Vivían juntos pero… apenas y se conocían, cuando hablaban no hacían más que discutir, la protegía de algo de lo que ella no tenía idea y… le robó algunos besos, aun que su relación podría considerarse algo así como una extraña amistad… ¿Porqué no le gustaba el sonido de eso? ¡Rayos! Cada vez que aparecía ese ser la hacía dudar más y más.

-Mmmm huelo la duda en ti- susurró divertido acercándose aun más -¿Qué es ese Hanyou de ti?-

-¿Ha... Hanyou? ¿Qué es eso?-

Los ojos de Naraku se abrieron un poco por la sorpresa pero al final termino por sonreír hasta que la risa ganó en esa batalla -¿Quieres decir que él aun no te lo ha dicho?-

-¡¿Decirme qué?!- gritó presa de la desesperación

Naraku arrugó la nariz ante el volumen tan alto de la azabache –Eres una molestia Kikyou nunca hubiera alzado la voz de ese modo, no, ella era toda una señorita… una mujer respetable y seria- algo en el tono de su voz cuando hablaba de esa mujer no le gustaba nada, era algo así como lascivo

-¿Kikyou?- preguntó recordando que Naraku la mencionó alguna vez -¿Quién es ella?-

Naraku roló los ojos –Haces muchas preguntas-

-¡Pues me gustaría que respondieras alguna de ellas!-

Sonrió divertido ante la impetuosidad de la azabache –Debo reconocer que eres valiente… o tonta-

-¡¿Qué es lo que quieres de mi?! ¡No recuerdo haberte hecho nada malo, ni siquiera recuerdo haberte visto antes! ¡¿Por qué siempre estas tras de mí?!-

El ser se acercó a ella con su ondulado y largo pelo meciéndose al ritmo del viento disfrutando ver los aterrorizados ojos de la chiquilla quien cada vez retrocedía más quedando a cada paso peligrosamente cerca de la caída de la cascada.

-Porque tú tienes algo que yo quiero- extendió su mano hasta su pecho tocando ese lugar produciendo un extraño destello morado que en instantes pasó a rosado para sorpresa de la ojichocolate –Ahí esta…- susurró si apartar la vista de su pecho –La Perla de Shikon-

-¿Perla de Shikon?- gimió sin aliento llena de dudas cuando repentinamente un dolor insoportable la asaltó contemplando con horror como el brillo de esa perla se volvía negro y sentía un frio horrible en todo su cuerpo

-¿Lo entiendes? Tu eres la llave que abrirá el candado de lo que estoy buscando

Se agachó presa del dolor y con sus manos arrugó la playera que portaba a la altura del pecho, como si con ella pudiera mitigar el dolor aunque no fue de mucha ayuda, ya que cada segundo que pasaba el dolor se incrementaba más y más hasta el punto en el que se volvió totalmente insoportable y tuvo que retorcerse en el suelo llorando por la frustración. Sentía como si tuviera algo hirviendo, como si tuvieran una plancha caliente justo sobre su pecho, era insoportable. Escuchó a Naraku reír unos minutos, pero ella no podía prestar mucha atención, sus sentidos se estaban desvaneciendo.

-Mmmm… veo que realmente eres persistente- caminó un poco más hasta la chica y se arodilló junto a ella divertido disfrutando sus muecas de dolor –Planeo destruir a Inuyasha y a todos los bobos que le siguen, se meten en mi camino y por su culpa no puedo obtener lo que quiero-

Miró al hombre sorprendida con los dientes apretados.

-Lo mataré lentamente porque es necesario que sufra y pague por lo que ha hecho- una risilla escapó de sus labios –Pero primero le daré en donde más le duele- susurró en el momento en que tomó su brazo apretándolo más de lo necesario –Su orgullo…-

Un ruido sordo inundó el lugar despertando a las aves que se encontraban dormidas por el área cercana y volaran aterradas a algún lugar de la noche. La azabache solo pudo ver como el hombre abría los ojos como platos y la sangre chorreaba de su sien. Pudo apreciar un levantamiento en la comisura de sus labios.

-Baje demasiado la guardia- susurró antes de caer al césped a un lado de ella y desvanecerse hasta solo quedar un muñeco de madera en su lugar.

El silencio reinó por unos instantes y ella alcanzó a ver al portador de la pistola que la salvó furioso taladrándola por completo con esos ojos negros parado a unos metros de ella.

-Mi… roku…-

Rodó por la pendiente hasta que su pesado cuerpo callo junto con el agua de la cascada acompañándola en esa larga caída. Frío, todo su cuerpo se sentía frío y era tan delicioso, era como si el agua curara todo el asco que sentía por aquel ser se desvanecieran, era como si le untaran esa saliva Youkai en toda el alma, se sentía en paz… su pecho repentinamente ya no dolía y solo quería quedarse de esa manera siempre.

-¡Kagome!-

-¡Kagome!-

Escuchó como alguien la llamaba, pero al final no pudo responder, la corriente era muy fuerte y la arrastraba lejos de las voces. Súbitamente sintió como algo la jaló del brazo derecho sacándola del agua al frío de la noche. La colocaron en la suave hierva hasta que por fin pudo abrir los ojos y la cara llena de preocupación de su amiga fue lo que pudo ver.

-¡Kagome estas bien!- gimió llena de felicidad mientras la abrazaba sin importar que el agua mojara toda su ropa –Gracias al cielo que las rocas no te lastimaron- habló refiriéndose a las que estaban a la caída de la cascada sin preguntarse verdaderamente como lo había hecho

La azabache se levantó confundida lentamente hasta que estuvo sentada y pudo ver a todos alrededor de ella.

-Yo…- fue silenciada cuando súbitamente alguien le tomó de las solapas y de forma tan rápida que ella no lo pudo sentir se encontraba contra el tronco de un árbol con un dolor de espalda terrible

-¡Miroku!-

-¡Monje suéltala!-

-¿Qué fue lo que le dijiste?- preguntó sin hacer caso a las advertencias de sus amigos -¡¿Le contaste sobre nuestros planes para acabar con él?! ¡¿QUÉ INFORMACIÓN LE DISTE?!-

Kagome no comprendía lo que estaba pasando, era la primera vez que veía a ese hombre siempre tan sonriente y pacífico actuar de ese modo. No lo reconocía. Pero pudo ver como los ojos del hombre se tornaban oscuros y fríos como aquella vez en el camión y tuvo miedo, mucho más del que Naraku plantó en ella.

-Yo… ¡Yo no le dije nada!- se defendió

-¡¿Y POR QUE HABRÍA DE CREERTE?!-

-¡MONJE SUÉLTALA DE UNA MALDITA VEZ!-

Ahora de forma tan rápida como la anterior se encontraba rodeada por los protectores y cálidos brazos de Inuyasha. No necesitaba mirarle a la cara para saber quién era. Desde su lugar pudo observar como discutía con Sango mandándole miradas llenas de odio que le dolieron más que cualquier herdida. Se levantó de su lugar.

-¡NO COMPRENDO!-

Ante su grito todos pararon de discutir y la miraron atónitos.

-¡NO COMPRENDO NADA DE LO QUE ESTÁ PASANDO! ¡Hace unos días yo era una persona normal que vivía en su vida normal, no recuerdo haber lastimado a nadie nunca o haberle robado nada!- su voz sonaba cada vez más triste y apagada -¡Pero de pronto apareció Naraku diciéndome que yo tenía algo que le pertenecía intentando matarme cada vez que me veía! ¡No puedo estar con mi familia porque los pongo en peligro de algo que ni siquiera yo sé! ¡Ustedes no son humanos! ¡Yo no soy humana! ¡Y ya no se qué demonios estoy diciendo!- gritó presa de la frustración –No comprendo nada…- susurró dejándose caer al césped respirando con dificultad por el repentino ataque

-Kag…-

-Tampoco entiendo porque Miroku no confía en mi…- susurró como ultimátum

Pronto Sango estaba frente a ella con una mano en su hombro en señal de apoyo –Perdónanos Kag, pero esto es muy importante para nosotros y queremos estar seguros de algo antes de poder contarte la verdad o confiar en ti- esas palabras dolieron pero eran ciertas –Nosotros no podemos confiar tan fácilmente, pero… ¿Danos tiempo si?-

-¿No pueden contarme nada? ¿No tengo el derecho de saber en qué estoy implicada?-

-No podemos responderte a ello porque ni siquiera nosotros lo sabemos- esta vez habló Miroku desde su lugar con los brazos cruzados –Solo podemos decirte que te cuides de ese hombre, ha hecho muchas cosas terribles-

-Nosotros también las hemos hecho- susurró Inuyasha sintiéndose culpable

Esta vez Miroku suavizó su expresión –Pero no tuviste alternativa- ahora se acercó al chico y colocó una mano en su cabeza –Por favor discúlpame amigo, a veces sale cuando me enfado y no soy capaz de controlarlo- Luego se giró a la azabache cuando la tuvo frente a ella –Por favor discúlpeme señorita, he sido muy grosero con usted-

Kagome negó con la cabeza –Está bien, fue mi culpa por gritar de esa forma- luego intentó pararse pero sintió un agudo dolor en su tobillo que logro se doblara

-¡Kagome!- Inuyasha tan rápido como siempre corrió a socorrerla -¿Te encuentras bien?- preguntó lleno de preocupación

La azabache asintió un poco roja –Si, solo parece que la pastilla perdió efecto-

Todos guardaron silencio al recordarlo. El accidente. Habían olvidado que al final, la única que pagó por su descuido fue ella. Tantas veces estaba en peligro y al inicio ella siempre se hacía de su propia fuerza y voluntad para seguir adelante, esa chica era única.

Kagome dio un gritito cuando sin aviso alguno ya se encontraba entre los brazos de Inuyasha como una princesa en un cuento.

-Debemos regresar o se preocuparan-

Todos parecieron estar de acuerdo y les siguieron de regreso al campamento donde lo más seguro es que tendrían problemas.

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-¡Lo encontré!-

Los presentes se arremolinaron junto al pelinegro que parecía ansioso observando como en la pantalla aparecía la biografía de alguien.

Sesshomaru entrecerró los ojos unos momentos pero después los abrió en un gesto de sorpresa que casi nadie había visto –Lo que sospechábamos-

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-Inuyasha…-

-Mmmm-

No sabía si debía preguntarle o no pero, al final ya tenía toda su atención.

-¿Quién es Kikyou?-

Abrió los ojos grandes por la sorpresa y se detuvo abruptamente sin saber que decir, Sango y Miroku habían hecho lo mismo.

-¿Dónde escuchó ese nombre señorita?- pregunto un cauteloso Miroku acercándose a donde se encontraba Inuyasha cargándola

-Bueno…- respondió ingenuamente –Naraku lo mencionó un par de veces-

Sango y Miroku intercambiaron miradas preocupadas.

-No es nadie que te importe- respondió el albino con los ojos oscuros reanudando el paso

Kagome se sintió frustrada, pero estaba demasiado cansada como para discutirle, así que dejó que se llevara la última palabra en silencio.

-¿Por qué la habrá mencionado?- preguntó la castaña a su acompañante sin moverse de lugar

-Esto no es bueno Sanguito… nada bueno…-

NDA:

Antes que nada FELIZ AÑO NUEVO! (y feliz navidad atrasada) Espero que este año puedan seguir apoyándome con esta loca y rara historia.

Planeaba hacer un capi suave pero bueno, así se dan las cosas. Ahora si vendrá lo bueno. Se que muchas se están quedando con dudas, pero les aseguro que las resolveré todas, la cosa es dejarlas picadas para que quieran saber más XP.

¿Quién es Kikyou? Esta buena la interrogante.

Bueno espero podamos seguir juntas en esto!

Un abrazote y nuevamente FELIZ AÑO!