Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la historia es de pattyrose, yo solo la traduzco.

Bueno, este capi, como bien dice el título es agridulce, ya vereis por qué ;)

Capítulo 9 – Agridulce

(EPOV)

Rosalie irrumpió en mi oficina ese mismo día, después de que Bella se marchara para reunirse con Jenks.

"¿Qué diablos pasa, Edward? ¿Dónde está Bella?"

"Ella tenía una emergencia familiar y tuvo que irse", le respondí de manera uniforme.

Rosalie me miró con los ojos entornados y con las manos en la cintura. Durante un minuto largo, ella se quedó allí, mirándome sin decir una palabra. Estudiándome. Me fui hacia mi portátil para jugar un rato con él y tratar de ignorarla.

"Edward, voy a decirte algo".

Obviamente. Suspiré con fuerza y moví mis ojos hasta ver a Rosalie masajearse las sienes con los dedos. Ya podía sentir los efectos de sus palabras en mi cerebro. "Adelante".

"Sabes que yo no doy elogios a la ligera, pero en el poco tiempo que Bella ha estado aquí, se ha probado a sí misma ser muy capaz y tener talento en lo que hace".

"Estoy de acuerdo", asentí.

"Me gustaría verla llegar lejos en esta agencia. Yo..." - hizo una pausa - "En pocos meses, la dinámica en mi oficina cambiará" - fruncí el ceño, pero se me fue antes de que pudiera preguntarle qué demonios significaba eso - " y me gustaría ver a Bella asumir más responsabilidades. Creo que lo manejaría muy bien".

Se detuvo y puso sus labios apretados en una línea, dirigiéndome una mirada penetrante.

"¿Y?", le pregunté.

"Y... yo no quiero que la gente de por aquí cuestione el papel de Bella en esta agencia. Que insinúe que había otras razones que le ayudaron a seguir adelante".

Me incliné hacia delante, levantando las cejas. "¿Quién daría a entender eso, y por qué?"

Rosalie se acercó a mi escritorio, colocando cuatro dedos de cada mano en el borde. "Digamos que hay ciertas personas en mi equipo que han visto la" - levantó una ceja - "atención extra que Bella recibió de... cierto jefe de esta empresa, y tal vez, una persona determinada en ese equipo puede haber supuesto que su talento... y no me refiero a los talentos relacionados con el trabajo, la ayudaría a avanzar aquí".

"Aquí nunca he dado a nadie esa impresión", susurré, colocando ambas palmas hacia abajo delante de mí y apoyándome en ellas.

"No interrumpas", susurró ella de nuevo, y continuó, aunque volviéndose un poco hacia atrás. "De todos modos, ese miembro del equipo podría no estar muy feliz si piensa que está siendo sustituida por Bella".

Me aparté antes de responder, pero mi mandíbula se mantuvo apretada. "En primer lugar, no eres muy sutil Rose. En segundo lugar, estás muy equivocada".

"Por el bien de Bella, eso espero. Créeme, nadie sabe mejor que yo lo buena que es en esto, o lo mucho que trabaja. Se merece llegar lejos", dijo Rosalie fríamente antes de que su rostro se suavizara un poco. "El hecho es, Edward, que me gusta Bella. Es inteligente y fuerte y sabe cómo obtener resultados. Ella no se merece que jueguen con ella, o tener su prometedora carrera en peligro por un idiota sin sentimientos" - añadió con los ojos entrecerrados - "que no ha pensado en las consecuencias de cualquier juego que él cree que está jugando".

Solté un bufido y sacudí la cabeza. "Créeme Rose, los juegos son la última cosa en mi mente de 'cara culo irreflexivo' ahora mismo".

"Como he dicho, espero que así sea, porque a Bella no le gustaría que otro miembro del equipo jugara a eso. Y ella y su hija tendrían mucho que perder si ese jodido idiota las fastidia de alguna manera".

Nos miramos el uno al otro, ninguno de los dos dijo una palabra más por lo que pareció una eternidad. Parecía como si estuviera esperando algo, algún tipo de explicación, o una confesión, o algún motivo. Pero sus técnicas de intimidación no funcionaban conmigo.

"¿Has terminado?". Finalmente dije.

"Supongo", respondió ella con los labios fruncidos. Me miró con recelo por algunos segundos más antes de darse la vuelta y salir de mi oficina.

Cuando la puerta se cerró detrás de ella, dejé escapar un profundo suspiro. Mierda. Bajé la cabeza a mi mano y me pellizqué el puente de la nariz.

Ni siquiera estaba irritado con Rosalie. En realidad no. Mierda de Lauren. Joder, ojalá pudiera volver atrás en el tiempo, cambiar ese día y mandarla a la mierda cuando tan sutilmente me hizo saber que no llevaba ninguna ropa interior debajo de la falda y que la sala de conferencias era agradable y estaba vacía. ¿En qué demonios había estado pensando?

Solté un bufido y sacudí la cabeza. Mierda. ¿Podía realmente culpar a Lauren, podía? Al igual que tampoco podía culpar a Rosalie por lo que me había acusado. Después de la forma en la que había actuado, no sólo ese día, sino durante años, por supuesto, ella pensaría que yo estaba jugando con ella. Es lo que yo había estado haciendo durante mucho tiempo. Aspiré otra vez, preguntándome qué diría Rosalie si ella supiera que no había tenido relaciones sexuales en casi tres meses.

Las horas pasaron dolorosamente lentas, y la jornada de trabajo terminó sin que yo hubiera oído una palabra de Bella. En casa, no podía concentrarme. Me cambié de ropa y cogí mi móvil, luego me fui a correr por la calle hasta el Central Park.

Traté de bloquear todo lo que veía mientras corría, las miradas de extraños, los sonidos de las ambulancias y los camiones de bomberos corriendo por las calles de la ciudad, en camino a sólo Dios sabe dónde. ¿Cuántas emergencias e incendios podrían haber en esta ciudad en un día?

El sonido de Claro de Luna procedente de mí móvil me hizo tropezar con una piedra y casi caerme de culo mientras metía la mano en el bolsillo para cogerlo. Estaba tan ansioso que lo cogí sin molestarme en comprobar el identificador de llamadas.

Advertencia: Siempre, siempre, siempre revisa tu identificador de llamadas.

"Querido Edward, he estado llamándote y llamándote. Te he echado de menos".

"Tanya", soplé por frustración. Me detuve y me apoyé, doblando las rodillas y colocando una mano en la parte superior de una.

"Sí, querido. Sé que ha pasado mucho tiempo. Ya no te acercas a ningún club. Nadie ha visto o escuchado nada de ti en las últimas semanas. Si no te conociera pensaría que me estabas evitando".

"Eso es porque lo he estado haciendo". Silencio. Cogí el bajo de mi camiseta y me la acerqué para limpiar el sudor de mi cara. Detrás de mí, oí algunos distintos gritos de asombro y me reí. Rodé mis ojos, comenzando a caminar hacia un banco del parque.

"Mira Tanya, tengo que irme. Estoy esperando una llamada y-"

"Edward", ronroneó Tanya, y yo rodé los ojos, "sé que fui una niña mala la última vez que nos vimos. No debería haber herido tu orgullo... de esa manera".

"¿Mi orgullo?". Aspiré, sentado. Casi me había arrancado mis pelotas en el coche esa noche. El orgullo había sido la última cosa que corrió por mi mente en ese momento. Yo recordé vagamente el preguntarle si había matado mis posibilidades de tener hijos.

"Lo siento bebé. Deja que te recompense. ¿Cuándo fue la última vez que tu… orgullo fue acariciado correctamente?"

Y siendo el hombre de mierda que yo era, mi orgullo - no importaba que fuera involuntariamente - se situó para atender a esa cuestión.

Sí, había pasado un tiempo desde que mi orgullo había sido acariciado. Me incliné hacia abajo y coloqué los codos sobre las rodillas, sintiéndome incómodamente expuesto.

"Tanya", suspiré, "tú y yo nos dimos una oportunidad, unas pocas en realidad, y no funcionó".

En lugar de colgar, se echó a reír, pareciendo divertida.

"Cariño, no te estoy llamando para ver si quieres que volvamos a estar juntos. Sólo quería ver si necesitabas un poco de compañía esta noche. Tú y yo siempre estuvimos tan bien juntos, querido. Permíteme hacerte sentir bien y luego... bueno, veremos a donde nos lleva eso".

Ah. Sólo quería una noche. Es por eso por lo que me había estado acosando. Una noche sin sentido, lujuriosa, carnal. Uno rapidito para aliviar toda la reprimida frustración sexual que había estado acumulando a lo largo de los últimos tres meses de celibato que había pasado.

Era gracioso. No fui tentado. Ahora que mi cerebro había tenido tiempo para procesar las palabras y su fuente de suministro, con la cabeza abajo me di cuenta de que no había nada en eso que me emocionara, y mí… orgullo estaba a gusto otra vez.

"Tanya, mira. No pareces entenderlo. Yo. No. Estoy. Interesado. En. Quedar. Ni una sola noche, ni en tener una relación. Es más. Tal vez algún día podamos ser amigos, pero en este momento-"

Ella se echó a reír otra vez. Apreté los dientes y me encogí. Su cacareo siempre llegaba a mí. La bruja tenía una manera de mierda de conseguir traspasar mi piel y dejarme totalmente sin saber lo que estaba tratando de decirle.

"Mira Tanya, me tengo que ir-"

"Así que", ella me interrumpió, "¿todavía estás tratando de trabajar a tu manera en meterme en los pantalones de la mamá, o ya te has metido?"

"Estoy haciéndolo ahora".

Ella se rió. "¿Le has enseñado esa sonrisa especial tuya? Estoy segura de que debe haber perdido sus bragas más rápido que- "

Colgué.

Cuando el teléfono volvió a sonar cinco segundos más tarde, estaba echando humo.

"Escucha Tanya", le susurré, "No sé qué demonios quieres, pero-"

"¿Edward?"

Cerré los ojos y mi cara se contorsionó. Mierda. Esa suave, dulce y sedosa voz definitivamente no pertenecía a Tanya.

Una vez más, Advertencia: Comprueba siempre el identificador de llamadas.

"¿Bella?"

"Mmm, sí. Lo siento. Yo... ¿dónde estás?... No quería interrumpirte si estabas en medio de algo..."

"¡No! ¡No! ¡Por favor! No estás interrumpiendo. Quiero decir, yo no estaba en medio de nada", balbuceé. "Bella", respiré, "¿cómo estás? ¿Qué está pasando? ¿Qué ha pasado hoy?"

"Yo eh..." - hizo una pausa, vacilando - "no te he llamado antes, pero no estaba segura…quiero decir, llamé a Alice porque ella me había estado dejando mensajes, preocupada todo el día". Rodé los ojos. Rosalie le debió de haber dicho a Alice que Bella había dejado el trabajo temprano debido a una emergencia. "En cierto modo se lo dije, ya sabes, lo que pasó hoy, y le hablé de mi encuentro con Jenks. Ella me dijo que tal vez debería llamarte, y contarte como ha ido todo. Pero si estás ocupado-"

"Bella, no", la interrumpí. "Ya te he dicho que no estaba ocupado. Por favor, dime lo que pasó con Jenks".

Guardó silencio durante un par de segundos. En el fondo, podía oír ruidosamente unas cacerolas juntas y el sonido de un fuego encenderse en la cocina. La vocecita de Maddie cantando junto a alguna sintonía de televisión.

"Doa, Doa, Doa la Exploadoa..."

"Bueno, Jenks dice que se siente muy seguro de que la ley está de mi lado, y que... Paul", parecía tener problemas para decir su nombre, "no llegará muy lejos con esto".

Fruncí el ceño. Sentirse muy seguro podría estar a kilómetros de distancia de estar seguro, especialmente en términos de abogados corruptos. No te ofendas tío Aro, pensé.

"Cuando me divorcié, mi abogado presentó unos papeles donde Paul, básicamente, renunciaba a su derecho sobre Maddie, así que realmente no debería tener derecho a presentar esta reclamación ahora".

Me preguntaba con incredulidad qué clase de padre voluntariamente renunciaría a sus derechos sobre su hijo, pero no se lo pregunté. Me di cuenta por su voz que, aunque ella no estaba tan asustada como esta mañana, todavía estaba inquieta.

"Así que eso es bueno, entonces, ¿no?". Le pregunté.

Esperé por su respuesta con creciente aprensión. Mis ojos se fijaron en el embalse rodeado por las cinco millas de circuito que recorrían el parque. Las aguas tranquilas y oscuras reflejaban la escena a mí alrededor. Grandes rocas marrones que sobresalían de la tierra, algunas lo suficientemente pequeñas, varias grandes para turistas y amantes de la escalada, formando el mejor paisaje, la última se perdía bajo los cipreses grandes, otras eran agujas punzantes girando frágilmente, haciendo su camino lentamente como gotas de lluvia oscura en el aire fresco de otoño, y que rodeaban tanto a los turistas como a los amantes por igual.

Ella suspiró finalmente. "Sí, siempre y cuando se presente. Jenks dice que hay básicamente dos declaraciones juradas que se pueden presentar para ese tipo de acción, que se presentan dependiendo de las circunstancias del caso. Pero con una, todos los derechos son cedidos, con la otra, las cosas son un poco menos claras".

"¿Qué declaración jurada haría tu abogado?"

"No estoy segura". Ella se detuvo. "Dios, sé que suena estúpido. ¿Debería saber eso, no? Quiero decir, Jesús, probablemente es uno de los documentos más importantes que jamás se ha presentado en mi nombre, y yo ni siquiera estoy segura de lo que dice".

Maldije internamente por no haber ido con ella a la oficina de Jenks hoy. Había visto cómo de aterrorizada estaba, debería haberme ofrecido para ir con ella. Pero yo sabía que habría asuntos personales que probablemente tendría que discutir con él, y curioso como yo era, no quería entrometerme.

"Bella, no te rindas en esto. Basta con echar un vistazo a-"

"No es tan fácil. No tengo ninguno de los papeles del divorcio conmigo. Todos están archivados en la casa de mi padre en Forks, sé que debería haberlos traído conmigo, pero" - sopló con fuerza - " yo sólo quería olvidar todo esto cuando me fui. Quería hacerme creer que esa parte de mi vida nunca había sucedido".

Mi corazón se hundió. "¿Así que tienes que ir a Washington para obtener tus documentos?". Estaba esperando que Jenks encontrara una manera de hacer que todo desapareciera sin que Bella tuviera que salir del estado. Por la cantidad de maldito dinero que planeaba facturarme, debería haber tenido una mierda de varita mágica y un sombrero negro para eliminar a Paul de forma permanente.

"No importa eso, todavía tengo que comparecer ante los tribunales la próxima semana. Jenks dice que dependiendo de cómo mi viejo abogado presentara la declaración jurada ante el tribunal, puede que tenga que emitir un par de citaciones para que testifiquen en mi favor".

"Yo declararé", le ofrecí.

Ella se rió en voz baja. "Gracias Edward, pero en realidad no funciona de esa manera. Él tiene que citar a un par de personas que participaron en mi divorcio, y... en el tema de la paternidad".

"¿Jacob?". Pregunté, cuando me di cuenta de las implicaciones de lo que había preguntado.

Un incómodo silencio llenó mis oídos.

"Sí, Jacob", respondió Bella en voz baja.

No estaba seguro de cómo responder, así que en lugar de eso, me centré en ordenar a mi mente que se alejara lo suficiente como para no preguntarle qué pintaba Jacob en una cuestión de paternidad relacionada con Maddie. Pero mi mente de mierda al parecer tenía una mente propia, y comenzó a hacerme pensar en eso.

"De todos modos, el punto es", Bella continuó, trayéndome de vuelta, "tengo que volar de regreso a Washington de inmediato, y desenterrar todos los papeles del divorcio y la renuncia a la paternidad, y Jenks dijo que va a ver si puede presentar una orden judicial por la prueba de ADN. No hay forma en el infierno de que vaya a poner a mi hija en eso. Él pondrá las cosas en marcha aquí, y entonces se reunirá conmigo en Washington el lunes". Ella respiró hondo. "No voy a volver a trabajar esta semana. Y probablemente estaré fuera toda la siguiente. Me perderé la reunión de los Cartwright".

Cerré los ojos y tragué saliva. Los hermanos Cartwrights eran la última cosa en mi mente ahora mismo.

"Bella, eso da igual, ni siquiera te preocupes por eso".

"Es sólo, sé que soy todavía nueva, y estar tanto tiempo fuera-"

"Tú concéntrate en hacer lo que tienes que hacer. Todo eso va a seguir estando aquí cuando vuelvas".

Ella suspiró de alivio. "Gracias, Edward".

De repente tuve la idea de que Bella no me había llamado porque necesitaba hablar conmigo, como un amigo, sino porque tenía que hablar conmigo como su jefe. ¿Era eso todo lo que era para ella, su jefe, uno de los dueños de la agencia?

Me sentí súbitamente agotado. Agotado por ese largo día de mierda, y cansado de esta montaña rusa de emociones, de preguntarme lo que sentía y de preguntarme si ella tenía una idea de cómo me sentía.

"Bella, ¿sabes que estoy aquí para ti? No sólo como tu compañero de trabajo... Yo estoy aquí para ti y para Maddie, en cualquier forma en que me necesites".

Ella estaba en silencio otra vez, y yo contuve la respiración, preguntándome de nuevo lo que estaba pensando. Ella tenía que saber lo que había querido decir, ¿verdad? ¿Podía haber sido más claro? Dios, me sentía como una niña: 'Hola Dios, soy otro Edward. ¿Cuando había perdido mi pene y me había crecido una vagina?'

"Tú ya has estado ahí para nosotras, Edward", finalmente respondió. "Y quiero darte las gracias de nuevo, por todo. Necesito que sepas que aprecio de verdad lo bien que te has comportado con las dos".

Por un segundo, me deleité con la dulzura de su voz, por la forma en la que su tono me calentaba, hasta que un desagradable escalofrío corrió a mi columna y me hizo centrarme más en lo que estaba diciendo en realidad.

"¿Por qué parece como si estuvieras-"

"No sé si voy a volver, Edward", murmuró.

Me senté recto, sorprendido por sus palabras. "¿Qué quieres decir?". Finalmente le pregunté.

"Si las cosas no van bien, si de alguna manera mi ex-marido se sale con la suya".

Me puse rígido. "Bella, escúchame. No se va a salir con la suya. Te lo prometo". Cuando lo dije, sabía que no importaba cómo, pero me aseguraría de que esas palabras fueran ciertas.

"Tú no conoces a Paul, Edward. Cuando quiere algo-"

"Ya te lo he dicho. No va a salirse con la suya. No esta vez".

Cuando conocí a Bella, vi que era una mujer con una tranquila confianza. Ella no era la dura y malvada Rosalie, o incluso la 'que feliz que soy' que era Alice, pero tenía una reserva de fuerza que era toda suya.

Pero la Bella que había visto hoy estaba asustada e insegura, y me enfureció que su ex la hubiera dejado tan cautelosa. Ella era tan joven, tan fuerte, tan hermosa. Debería haberse sentido feliz y segura siempre, ella y Maddie, como dos preciados tesoros de valor incalculable. Me llamaba la atención la constatación de que su ex marido alguna vez tuvo la oportunidad de hacer que se sintieran felices y seguras, y de alguna manera lo había tirado todo por la borda y había hecho exactamente lo contrario. ¿Cómo era ese hombre tan estúpido como para dejar escapar a Bella y a Maddie, y renunciar a ellas?

Demente.

Mis músculos se enroscaron al pensar en todo lo que ese había hecho para romper el espíritu de ella como para que perdiera toda la fe en sí misma. Mis puños automáticamente se apretaron, sintiendo una repentina necesidad de golpear algo, a alguien en particular. No tenía ninguna manera de liberar mi irritación, así que me puse de pie y comencé a golpear al banco como una bestia dando vueltas a su presa, sólo que yo no tenía idea de dónde estaba mi presa. No exactamente. Y una vez más me encontraba contemplando los mismos pensamientos que me habían saltado instintivamente a la mente al principio del día, cuando me había encontrado a Bella llorando en el hueco de la escalera.

Son mías. Protégelas.

Yo no estaba tan loco como para pensar que en realidad eran mías. No tenía derecho a llamarlas así. Pero allí estaba. Pensaba que no podía escapar de eso, pensaba que no quería escapar. No importaba cómo, pero las protegería a los dos.

"Bella, podría ir a Washington contigo y con Maddie". Yo no sabía de dónde habían salido esas palabras, pero una vez que estuvieron fuera, no quería traerlas de vuelta. De repente le había dicho que mi interés por ella iba más allá del de un amigo o un compañero de trabajo.

"No creo que sea una buena idea, Edward".

Cerré los ojos por la derrota, sentándome como si mis piernas hubieran perdido su capacidad de moverme.

"¿Por qué no?". Le pregunté.

"Bueno, para empezar, tienes que estar aquí para la reunión de Cartwright. No te puedes perder eso", señaló ella con calma. "Por otra parte..." - dudó, y cuando las palabras salieron, su voz era débil, ya no tan tranquila - "has sido muy bueno conmigo, Edward. Y Maddie te quiere, realmente te quiere. Y puedo decir que tú te sientes muy cercano a ella también. La forma en la que estás con ella, la forma en la que la tratas y hablas con ella, no puedo decirte lo que eso significa para mí. Es mucho más de lo que nunca ha recibido de... Paul. Estoy muy agradecida contigo, Edward, y sé que ahora quieres estar allí para Maddie, y asegurarte de que todo funciona, pero ya has hecho mucho por ella, más de lo que nunca pudiera haber esperado. No espero más que eso".

Yo podía oír su respiración irregular en la otra línea.

"¿Qué pasa si yo quiero dar más que eso?"

Ella no contestó. Su silencio se vio agravado por la repentina calma en el parque, ahora que el rojo y naranja de la puesta del sol daban paso a un cielo azul marino. Los corredores, los niños y los amantes se iban a casa, los turistas se dirigían a sus caros hoteles. El principio del otoño, por la noche, en la ciudad, era impredecible, y todo se enfriaba considerablemente una vez que el sol desaparecía por la noche detrás de los edificios, dejando sólo las luces de los rascacielos para iluminar la jungla de asfalto.

"Bella, todo lo que acabo de decir sobre mis sentimientos por Maddie, todo es verdad. Tú lo sabes, puedes ver lo especial que se hecho para mí. ¿Pero es todo lo que ves, Bella?". Podía oír la intensidad de mi voz, y esperaba que ella supiera lo que significaba.

Más silencio.

"¿No ves que yo quiero estar allí no sólo para ella" - tragué fuerte - "sino también para ti?"

La oí dar una respiración fuerte, y yo cerré los ojos. Por una fracción de segundo, me entró miedo de que ella hubiera colgado.

"No lo sé Edward", me susurró en voz baja.

Abrí los ojos de nuevo con renovada intensidad y determinación. La suavidad de su voz desmentía sus palabras. "¿Qué no sabes? ¿No entiendes lo que estoy tratando de decirte? ¿No lo oyes en mi voz? ¿No lo ves en mis ojos cuando te miro? ¿O es que no sabes si me quieres allí para ti?"

"Edward, no hagas esto ahora. No así. No por teléfono".

Ahora era mi turno de estar en silencio.

"Es sólo que... con todo esto ahora... simplemente no es un buen momento, ¿sabes? No puedo pensar en nada más allá de esa audiencia. No puedo… considerar nada más que eso. Y siento que hay cosas que necesito decirte, y que hay preguntas que me querrás hacer, y honestamente, preguntas que querré hacerte yo, y no puedo hacer eso ahora mismo. No con esa audiencia la próxima semana".

"Podemos poner todo esto de lado por ahora, nada de preguntas y respuestas. Todo puede esperar".

Ella se echó a reír, pero no era una risa feliz.

"¿Poner todo a un lado ahora?", repitió ella. "Edward", ella suspiró profundamente , "he estado tratando de dejarlo a un lado durante años. No tienes ni idea del drama que tengo en mi vida. Quiero decir, es como una maldita novela. Y ahora todo está empezando de nuevo".

"Sé que hoy no serás capaz de concentrarte en otra cosa que en la audiencia. No podría esperar otra cosa de ti. Demonios, no sé cómo voy pasar los próximos días. No te estoy pidiendo nada, ninguna explicación, ninguna aclaración. Sólo déjame estar allí para ti".

"Pero Edward, de eso se trata. No puedo dejar que estés allí para mí, sabiendo exactamente lo que eso significa". Ella siguió más despacio, como midiendo sus palabras. "No sería justo pedirte eso. Esa no es... mi vida, no es a lo que tú estás acostumbrado, Edward. Yo no bailo, no salgo de fiesta, no tengo una bonita sonrisa para la cámara, no me gusta tener mi vida analizada y examinada desde todos los ángulos, me gusta mi privacidad, me gusta mi anonimato. No me gusta ser juzgada por otros. Mi idea de una noche perfecta es quedarme en casa con mi hija, jugando con ella, y luego acurrucarme con un buen libro, una vez que se ha ido a la cama. Definitivamente no es la vida glamurosa que la revista People pondría en un artículo suyo. ¿Y sabes qué? Eso me conviene perfectamente".

Mientras eso ampliaba el significado de sus palabras, una brillante luz blanca brilló en la distancia, y cuando miré automáticamente hacia ella, un hombre joven con una cámara de lentes grandes me hizo otra foto rápida antes de irse corriendo lejos. Fruncí el ceño y puse mi cabeza hacia abajo, comenzando a darme cuenta de lo poco que mi vida me pertenecía.

"Bella, esas cosas, no soy yo tampoco. Quiero decir que tal vez antes. Pero todas las fiestas y los bailes, esa vida pública, no es así como quiero ser visto. Ya no es así. Eso no es lo que quiero".

Ella guardó silencio durante un rato. Yo la oía moverse, moviendo las cosas en la cocina y vertiendo y mezclando algo. Al fondo, Maddie ahora estaba en silencio, lo que me decía que el programa con el que había estado cantando había terminado. Me pregunté qué más haría por las noches mientras esperaba a que su madre preparara la cena. ¿Leería? ¿Colorearía o dibujaría? ¿Cómo sería estar en ese pequeño apartamento ahora mismo, viendo cocinar a Bella, o ayudándola, o jugar con Maddie? ¿Qué se sentiría al compartir la versión de Bella de una noche perfecta?

La voz tranquila de Bella me sorprendió, por lo que corté mis reflexiones internas.

"Edward, esta audiencia va a sacar a la luz todo lo que he estado tratando de poner detrás de mí durante el último par de años. Todo el dolor y la vergüenza que he estado tratando de mantener lejos de mi padre y de Jake, todo va a salir ahora". Oí el sonido de una silla raspándose contra el suelo, y entonces ella sopló y el sonido de la cocina se detuvo momentáneamente. Podía imaginarla sentada, agotada, frustrada. Ella se rió de nuevo, pero esta vez pude oír claramente la amargura detrás de eso. "Casi puedo oír a la gente de mente estrecha en Forks jadeante de emoción".

"Jesús, Bella. ¿Qué demonios te hicieron allí?". La ira estalló dentro de mí al pensar en ella teniendo que hacer frente a toda esa gente en ese pueblucho, quien por alguna razón consideraban sus problemas, sus pasatiempos. Nunca había sido así para mí. Yo había vivido mi vida en el ojo público durante mucho tiempo, pero a mí nunca me importó. Nunca había tenido la vida de nadie en mis manos, nadie más que la mía propia. De repente, odiaba el ojo público.

No tenía idea de lo que le había sucedido a Bella mientras ella vivía en Forks, pero sabía que no era asunto de nadie, sólo suyo.

Parecía cansada cuando me contestó. "No me hicieron nada, Edward. Me lo hice todo yo misma. Y a Maddie, y a mi padre, y… a Jake" -suspiró- "hice algunas cosas, tomé algunas decisiones en el pasado, y bien o mal, ahora van a volver a atormentarme. Como puedes ver, cuando tú dices que estarás allí para mí, no tienes ni idea de lo que eso significa".

"Bella, no me importa nada de eso. Y cuando decidas contarme lo que pasó, estaré más que dispuesto a escucharte, pero eso no cambia... eso no cambia lo que siento".

Cuando habló, sonaba casi como si se hubiera rendido. "Voy a estar ausente por lo menos unos días. Creo… que sería un buen momento para que te pararas a pensar. No voy a estar molesta contigo, Edward, te lo prometo, si deseas mantener las cosas como están ahora. Tu amistad significa mucho para mí, y tú relación con Maddie significa todo para ella. No quiero arruinarla".

"Voy a pensar mucho mientras estás fuera, Bella", le contesté. Ella estaba en silencio. "Pero no se trata de lo que yo quiero. Eso ya lo sé. Lo sé desde hace un tiempo".

Otra cadena larga de silencio. Yo estaba empezando a sentir el escalofrío filtrarse a través de mis pantalones de chándal y de mi camiseta. El circuito de cinco millas alrededor del parque me había mantenido caliente al principio. Pero ahora, sentado en este banco de cemento en la fría oscuridad y preguntándome si Bella me daría una oportunidad, nos daba una oportunidad, podía sentir mi cuerpo temblando.

"Si vuelvo-"

"Cuando vuelvas", le aclaré.

Ella medio se rió entre dientes, medio resopló. "Cuando regrese, podemos hablar más... si quieres. Te lo diré todo entonces. Sólo puedo imaginar lo que debes estar pensando de mí... después de las cosas que has escuchado hoy".

"Lo único que pienso cuando te veo con Maddie es que eres una madre fuerte, hermosa y que quiere mucho a su hija. Todo lo que quieras decirme más allá de eso depende de ti, y sé que eso no va a cambiar esa impresión".

Yo no quería presionarla. Sabía que no sería capaz de concentrarse en la posibilidad de "nosotros" con esa audiencia ahí, y honestamente, estaba de acuerdo con ella, yo no quería hacer esto por teléfono. Quería que ella estuviera delante de mí cuando le dijera lo que siento por ella. Quería mostrárselo. Quería que lo viera en mis ojos. Y Jesús, quería darle un beso. Necesitaba sentir sus suaves labios finalmente fusionándose con los míos. Tenía que perder mis manos en su oscuro pelo, tirar de ella hacia mí y sentir su cuerpo caliente presionado contra el mío. Dios, sólo la idea de un beso con Bella fue suficiente para que se me levantara. Por un segundo, me pregunté si esa 'atención' tenía algo que ver con la sequia auto inducida por la que estaba pasando. Negué con la cabeza, sabiendo muy bien que no tenía nada que ver con eso.

"¿Cuando os vais?". Pregunté, resignado a quedarme, por ahora.

"Mañana por la mañana. Alice nos llevará hasta el aeropuerto".

No había manera de que no fuera a verla antes de irse.

"Deja que te lleve al aeropuerto".

"Edward, tienes que ir a la oficina".

"Una de las ventajas de ser uno de los jefes es ser capaz de entrar y salir cuando me plazca".

Ella se echó a reír. "No sé...", escuché un suspiro. "¿Aún tienes la gorra y las gafas de sol?"

Sonreí. "Sí. Están escondidas en la guantera del coche". Fruncí el ceño de nuevo al pensar en lo tonto del culo que parecía con eso, me hice una nota mental para actualizar mi disfraz.

"Bueno, está bien entonces. Llamaré a Alice y se lo haré saber".

"Todo estará bien Bella. Ya lo verás". Traté de convencerme de la verdad de mis palabras tanto como estaba tratando de convencerla a ella. "Tú y Maddie estaréis de vuelta la próxima semana, todo volverá a la normalidad".

"Espero que tengas razón", susurró, antes de despedirse y terminar la llamada.

Cuando volví a subir a mi apartamento, un mensaje de Alice me esperaba.

"¿Qué pasa?". Le pregunté cuando me contestó su teléfono.

"¿Qué diablos está pasando Edward? ¿Por qué no me has llamado y me has dicho lo que pasó esta mañana? ¿Por qué tengo que oír de Rose que Bella tenía una emergencia familiar y tuvo que irse? ¿Por qué tengo que saber por Bella que tú sabías todo y que ni siquiera te molestaste en llamarme y decírmelo?"

Rodé los ojos mientras que esperaba a que mi hermana llegara por vía aérea.

"Lo siento Agente Secreto Cullen. Supongo que se me olvidó hacerte mi llamada secreta de todas las noches para informarte de todos los movimientos de Bella".

"Edward, sabes que no es eso lo que quiero decir". Ella se quedó callada por unos momentos, algo sorprendente en ella. "Estoy realmente preocupada... Yo las quiero a las dos". Sonreí al teléfono, no sorprendido en absoluto por la rapidez con la que se había llegado a sentir de esa manera. "Y Maddie, me recuerda mucho a mí a esa edad".

"En primer lugar Alice, ¿cómo podría recordarte a ti a esa edad? En segundo lugar, que Dios ayude a Maddie si es en algo como tú".

"Oh, demonios, cállate. Ella es como yo y lo sabes. Dulce, bonita y con talento".

Solté un bufido.

Quedamos a una hora para que fuera a recogerla por la mañana. Yo hubiera preferido que no viniera, pero teniendo en cuenta mi charla con Bella a través del teléfono, no quería arriesgarme a hacerla sentir incómoda si fuera yo solo al aeropuerto con ella. Ella dijo que quería esperar hasta que volviera para hablar de algo más, y me gustaría cumplir con sus deseos, aunque me matara.

Alice me dijo que Bella le había dicho que iba a llamar a Rose y hacerle saber lo que estaba pasando, y que no estaría en el trabajo durante los próximos días. Podía imaginar cómo iban a ir las tuercas de Rose cuando se enterara de que Bella faltaría a la presentación Cartwright la próxima semana. Yo sólo podía esperar que encontrara su corazón en todas esas capas de ropa de diseño y se diera cuenta de que la reunión no era nada comparado con lo que Bella estaba pasando ahora. Pero la estúpida de Rose había estado tan premenstrual últimamente, que no tenía ni idea de cómo reaccionaría.

A la mañana siguiente Alice y yo estacionamos frente al apartamento de Bella.

"Vamos", Alice sacudió la cabeza hacia el edificio mientras abría la puerta del coche, señalándome para que la siguiera.

Alice llamó al timbre de la puerta de abajo y Bella nos abrió. Mi corazón comenzó a latir un poco más rápido al entrar en el pequeño ascensor y Alice presionar el tres. Ella parecía familiarizada con el entorno. Me preguntaba con qué frecuencia visitaba Bella.

A medida que salíamos del ascensor y Alice rápidamente giró a la derecha por el pasillo, mencionó con indiferencia: "Yo vengo aquí de dos a tres veces por semana".

"Bien por ti", le respondí, ni siquiera me detuve a preguntarme cómo había sabido lo que estaba pensando. Era sólo Alice.

Apreté mi dedo con el timbre de la puerta, esperando que ella no viera el ligero escalofrío que me recorrió la espina dorsal cuando Bella dijo: "¡Ya voy!".

Abrió la puerta y miró un poco sorprendida cuando me vio allí con Alice.

"Edward", ella sonrió, "no esperaba que subieras". Ella se sonrojó nerviosamente. "Quiero decir, no es que me importe, yo sólo-"

En ese momento, Maddie asomó la cabeza por detrás de su mamá.

"¡Edwood! ¡Has venido a veme!". Ella se lanzó hacia mí y puso sus pequeños brazos alrededor de mis piernas.

Mis propios brazos instintivamente se movieron alrededor de sus hombros pequeños. "Buenos días, princesa", me reí entre dientes.

Rápidamente, dejó caer sus brazos y me cogió de la mano, apartando a Bella rápidamente fuera del camino. Le di una mirada de disculpa por estar entrando en su apartamento sin su invitación, pero ella sólo sonrió.

"¡Ven a vé mi cuato Edwood! Puedes vé los dibujos que he pintado, y los bonitos dibujos que ha pintado mamá en las paedes, y el atapa sueños que el tío Jake me dio. ¡Voy a velo hoy, y a mi abuelo Chalie!". Maddie rápidamente me condujo por un estrecho pasillo hasta una puerta y la abrió.

Lo primero que vi fue un enorme mural pintado en la pared izquierda. Un espumoso castillo blanco estaba brillando en el centro de un bosque verde lleno de ciervos, conejos, ardillas y todo tipo de criaturas del bosque. Un unicornio solitario estaba al lado del castillo, con su cuerno hacia abajo y una pierna ligeramente doblada hacia delante. Junto a la mítica criatura había una pequeña princesa con un tutú rosa brillante y con joyas y flores. Su cabello largo, castaño y rizado caía en cascada por su espalda y sus pies estaban en una de esas poses que le había visto a Alice muchas veces. Su rostro pequeño y acaramelado era idéntico al de la pequeña princesa que se aferraba a mi mano con fuerza y me miraba con sus grandes ojos, color café.

"¿Te gusta?", preguntó ella expectante.

La recogí en mis brazos. "¿Eres tú, princesa?". Pregunté, señalando a la pintura.

"Ajá", asintió con orgullo. "Mi mamá lo pintó pa mí poque no fui al baile en el pueblo. Aunque ahoa no lo echo tanto de menos poque me pongo a bailá con Ally y mis amigas, peo todavía me gusta vélo. ¡Y hoy voy a vélo ota vez!", aplaudió con alegría.

No pude evitar sonreír por su entusiasmo, a pesar de que no podía compartir su alegría por su viaje. Miré de nuevo el mural.

"¿Bonito, no es cierto?". Oí la voz de Alice detrás de mí y me volví para encontrarla a ella y a Bella en la puerta.

"¿Tú hiciste esto?". Le pregunté a Bella. Yo sabía que era una gran artista, pero esto era diferente. Hoy en día, la gran parte de las obras gráficas realizadas en la publicidad se hacían electrónicamente, y mientras el talento jugaba una gran parte, existían programas que podían hacer gran parte del trabajo por ti. Pero este... este mural era un verdadero trabajo de arte.

Ella asintió con la cabeza tímidamente.

"Es perfecto", murmuré, fijándome en todos los pequeños detalles, los colores mezclados con el verde del bosque, las líneas suaves de los árboles, las dimensiones perfectas del unicornio, la sombra de chocolate de los ojos de la princesa bailando.

"Gracias", susurró ella, con un rubor ligero aumentando en sus mejillas.

"¡Y yo dibujé esos!". Maddie exclamó señalando su puerta. Un gran tablero de corcho tenía algunas de sus propias obras de arte. Me incliné hacia ellas y caminé para acercarme.

"Este es de mí y de mamá comiendo, y este es de mí clase de ballet con Ally, y este es de mí y en este estoy pescando con el abuelo y el tío Jake" - a continuación, y con los ojos brillantes se volvió hacia mí antes de señalar la última imagen - " ¿y ves ese de ahí?"

Ella señaló una foto de una niña de palo con el pelo largo y oscuro, acostada en una cama, mientras que un hombre palo con desordenado cabello castaño rojizo, estaba sentado junto a ella, con algo en su regazo.

"En ese tú estás leyéndome un cuento a la hoa de acostáme".

Me quedé mirando la imagen, un poco sin palabras. Antes de que pudiera pensar en algo que decir, oí la voz de Bella detrás de mí.

"Maddie, cariño, tenemos que irnos o vamos a perder nuestro vuelo". Miré a Bella y noté que sus mejillas se habían puesto aún más rojas.

"¿Dónde está el equipaje, Bella?". Alice le preguntó una vez que estábamos todos en la sala pequeña de Bella.

Bella señaló a dos pequeños equipajes de mano apoyados en la puerta principal. "Están ahí".

"¿Dónde está el resto?". Alice preguntó confundida.

"Eso es todo. Eso es todo lo que hay".

Alice miró a las dos bolsas con incredulidad. "¿Eso es todo lo que has cogido? Dios, ni siquiera es suficiente espacio para mi maquillaje".

Bella rodó los ojos y se fue hacia las bolsas.

Las cogí yo primero y me las puse en una mano mientras que todavía sostenía a Maddie en mi otro brazo. "Yo las llevo".

"Gracias, Edward", Bella sonrió, cogiendo las maletas por las asas. "Pero no son tan grandes. Puedo cogerlas".

Le sonreí, al ver su vena independiente aparecer. Aunque con lo que había aprendido en las últimas veinte y cuatro horas, era más fácil entender por qué estaba siempre luchando para demostrar lo autosuficiente que era.

"Sé que puedes cogerlas, Bella", le dije suavemente pero con firmeza, cogiéndole las bolsas, "pero yo estoy aquí. No tienes que hacerlo por tu cuenta". Mantuve mi mirada en la suya, esperando que ella entendiera lo que quería decir. Me miró por un momento con una mirada vacilante en su rostro, antes de soltar las bolsas.

"Gracias", murmuró ella.

Llegamos al aeropuerto JFK con rapidez, la hora punta de la mañana en la Belt Parkway había desaparecido por la hora en la que habíamos llegado.

Bella aclaró todos sus papeles y los de Maddie con la compañía aérea, y luego no había nada más que hacer que esperar.

Los tres nos sentamos en un tranquilo rincón de una de las zonas de espera, mientras que Maddie revoloteaba alrededor con emoción, esperando el viaje en avión. Alice y Bella hicieron lo que yo suponía que era la manera de hablar de las chicas, con Alice saltando cada pocos segundos en su silla cuando Bella le decía algo que la emocionaba, Alice no necesitaba mucho más. Bella se sentó con las piernas dobladas en frente de ella y sus brazos rodeándolas, pero moviéndose hacia arriba y hacia abajo con nerviosismo. A pesar de que estaba tratando de hacer todo lo posible para que Alice la distrajera, me di cuenta de que estaba nerviosa. Sería un vuelo de seis horas a Seattle, durante el cual habría tiempo más que suficiente para pensar. Suspiré tranquilo mientras la miraba, deseando tan sólo poder llegar a más, tenerla en mis brazos y parar sus nervios.

El aeropuerto no estaba muy lleno en este momento de la mañana, pero aún así, yo no había querido arriesgarme a ser descubierto por los locos, o peor aún, por los paparazzi de nuevo. Mi conversación con Bella la noche anterior me había dejado al tanto de otro cambio que tenía que hacer, y me agregué una sudadera oscura con capucha grande, a mi gorra y a mis gafas de sol. Tiré de la capucha más arriba y me senté con esos pantalones cagados que llevaba. Yo nunca antes había hecho realmente un esfuerzo así.

Bella me miró y se echó a reír, con los ojos chispeantes de diversión. "¿Sabes?, no estás engañando a nadie con ese atuendo. Una buena mirada hacia ti y todos estos turistas estarán en el paraíso de cámara y flashes".

Puse cara de dañado. "¿No crees que me queda bien?". Le pregunté, inclinando mi cabeza y poniendo ambas manos en mí frente señalándonos a los dos con solo mi dedo meñique y anular hacia abajo, en mi mejor imitación de un chico de calle.

Ella se rió más fuerte esta vez, echando la cabeza hacia atrás y meciéndose hacia atrás con los brazos aún rodeando sus piernas. Por un segundo, ella se vio tan despreocupada, y me sentí tan condenadamente bien al saber que podía hacerle olvidar sus problemas, aunque sólo fuera por un breve momento.

"Oh, por favor Edward. Como si no supieras cómo te ves", dijo, imitando mi postura y haciéndome reír en ese momento. "¿Crees honestamente que todos los periódicos y las revistas podrían obtener una foto de ti si no fueras tan... fácil a la vista?"

Yo arqueé una ceja, pero no estaba seguro de si lo podía ver a través de mis gafas. "¿Fácil a la vista?".

Ella sonrió tímidamente y apartó la mirada, sonrojándose furiosamente.

Esa reacción sólo me animó. "¿Fácil a la vista?". Le pregunté otra vez, inclinándome hacia ella. "¿Qué quieres decir con 'fácil a la vista'?"

Se volvió a mirarme con una expresión traviesa y contuve la respiración mientras esperaba ansiosamente para escuchar lo que ella iba a decir. Pero antes de que pudiera responder, Alice se rió en voz alta. Por un minuto allí, me había olvidado de ella, y por el cierto rubor profundizado de Bella, tenía la sensación de que ella también.

"Bella, por favor, deja de darle más quebraderos de cabeza de los que ya tiene". Se volvió hacia mí y me dio en mi cabeza encapuchada.

"¡Ay, pequeña bruja! ¡Eso duele!".

Alice se echó a reír. "Pequeño gran tonto. ¿Fácil a la vista?", repitió ella, riéndose. "Fácil a la vista es lo que estás siendo en este momento. Te ves como si Eminem se hubiera metido en ti".

La fulminé con la mirada.

"Fácil a la vista", se rió de nuevo, moviendo la cabeza.

Le fruncí el ceño y me eché hacia atrás en mi asiento, murmurando. "Pequeña bruja".

"¿Qué has dicho Slim Shady?". Preguntó Alice.

Yo no le hice caso pero Bella se reía fuerte ahora. "Te lo juro, veros a vosotros dos juntos es suficiente para distraer a cualquiera por unos minutos. Es como la versión de los hermanos Abbott y Costello".

Apreté los labios y me aparté de ella, irritado porque había arruinado mi momento con Bella. Me preguntaba lo que había estado a punto de decir, y todavía estaba muy sorprendido de que básicamente me dijera que pensaba que estaba bien. Quiero decir, yo sabía que el sexo opuesto tendía a encontrarme atractivo, pero oír a Bella decirlo, era algo completamente distinto.

Alice volvió su atención a Bella. "Ahora asegúrate de llamarnos y mantenernos informados sobre lo que está pasando", recordó Alice a Bella una vez más.

"Lo haré, Alice. Te lo prometo".

"Y Rose dice que no te preocupes por la gran reunión que tienes la semana que viene. Ella dice que los tienes en el bote, y como tú ya has terminado todas las cosas gráficas o lo que sea, ellos solo tienen que terminar de organizar la presentación".

Bella sonrió, pero sus piernas tapadas con sus jeans estaban demostrando que estaba nerviosa de nuevo. "Dile que gracias".

"Y ella dice que Emmett dice que te haga saber que si necesitas a alguien para ir a patear culos, él está disponible".

Bella se rió de nuevo, pero yo fruncí el ceño. Qué narices, si ella necesita a alguien para eso, yo podría hacerlo tan bien como él.

"Y Jasper dijo que él también está disponible".

Rodé los ojos.

Bella miró el reloj. "Bueno, supongo que será mejor que vayamos al control de seguridad. Tardaremos un rato".

Alice suspiró. "Está bien". Se puso de pie, se acercó a Maddie y la levantó, dándole un fuerte abrazo y un beso en la mejilla y diciéndole que la echaría de menos y la vería la próxima semana. Cuando ella la dejó en el suelo, me acerqué a Maddie.

Me quité las estúpidas gafas y me arrodillé delante de ella, poniendo mis manos sobre sus hombros hasta que sus grandes ojos castaños se encontraron con los míos. Yo no iba a decirle adiós. Eso en mi mente ni siquiera era una posibilidad. Yo ni siquiera lo pensaba y ni lo iba a pensar. Sólo sabía que no había manera en el infierno que yo permitiera que eso sucediera.

"Escucha a tu mamá en el avión, ¿vale?"

"Vale".

"Y asegúrate de usar el cinturón de seguridad como una niña buena. Aunque la luz del cinturón de seguridad se apague, déjatelo de todos modos, ¿vale?"

"Vale".

Di una respiración profunda. "Nos vemos en unos días, princesa".

Su ceño se frunció un poco y ella arrugó su pequeña nariz. "Edwood, ¿po qué siempe me llamas pincesa?"

"Porque eso es lo que eres".

"El abuelo me llama Maddie Mo, el tío Jake me llama chica loca, y todo el mundo me llama Maddie".

"Yo no te llamaré princesa si no quieres".

"¡No! ¡Po favó! ¡Po favó, no dejes de llamáme pincesa! ¡Me gusta! Nadie me llama así".

Me reí. "Está bien, entonces. Serás para tu abuelo Maddie Mo, para tu tío Jake chica loca", dije, tratando de no rodar los ojos por el apodo estúpido, "y para mí, mi pequeña princesa".

"¡Sii!", gritó y lanzó sus brazos alrededor de mi cuello. "¡Edwood, ees mi mejó amigo!"

Tragué saliva y la abracé con fuerza durante unos segundos antes de soltarla. "Tú también eres mi mejor amiga, princesa. Cuídate y cuida de mamá".

"Lo aé".

"Maddie, ven un segundo, cariño. Tengo algo que enseñarte", dijo Alice de repente. Maddie saltó hacia ella. Miré a Alice y se encontró con mi mirada, sacudiendo su cabeza en la dirección de Bella antes de tomar la mano de Maddie y caminar con ella hacia la tienda libre de impuestos. "¿Qué tal una tabla de Toblerone para el vuelo?", oí su oferta.

Me puse de pie y me volví hacia Bella. Ella me miraba con una expresión divertida en su rostro. Nos acercamos el uno al otro lentamente.

"Por favor, llámame cuando llegues allí, Bella. Sólo así sabré que habéis llegado sanas y salvas".

Ella se quedó en silencio durante unos segundos.

"Si te pones así, lo haré, Edward. Como ya te he dicho, has hecho tanto por nosotras ya. No es necesario que... no tienes que involucrarte en esto más". Podía escuchar sus palabras no dichas.

Extendí la mano y le cogí la suya, sintiendo mi piel de gallina en todo mi cuerpo cuando me lo permitió, e incluso la apretó un poco, enviando pequeñas olas de algo, como miles de alfileres picándome la piel, por todo el camino hasta mi brazo.

"Bella, voy a pasar un tiempo bastante duro para poder funcionar en los próximos días. Por favor trata de mantenerme informado de lo que esté pasando. Necesito por lo menos saber que ambas estáis bien".

Yo esperaba que oyera mis palabras no dichas. No es que yo tuviera algún problema para decírselas ahora, sólo estaba retenido por ella.

"Está bien, entonces, te llamaré", susurró.

"Cuidate... y cuida de Maddie".

"Lo haré".

"Dile... dile que voy a tener sus brillantes medias de baile guardadas para cuando vuelva".

Bella se rió entre dientes. "Lo haré".

"Voy a estar esperando tu llamada".

"Te llamaré pronto", prometió.

Le sonreí, a pesar de que no la vería por lo menos en unos días. Me negué a pensar más allá de eso.

Sus fascinantes ojos oscuros miraron hacia arriba, casi hipnotizándome tan pronto como me vi en ellos. Sus largas pestañas revolotearon, y me encontré con que, incluso si hubiera querido, no hubiera apartado mi mirada de ellos. Era como si estuviera bajo algún hechizo, pero no uno malo. Uno que me había atrapado de la más maravillosa forma, atrapado en su mirada, en las piscinas profundas de ese chocolate que veía en mis sueños nocturnos y en los sueños de mi día, así, todos los días de mi vida desde que la había conocido.

Y de repente no pude esperar más. Cualquier intento que había estado haciendo para resistirme, para contenerme, se desvaneció con esos ojos. Con el corazón latiendo tan fuerte en mi pecho, que me preocupaba que la seguridad del aeropuerto momentáneamente viniera a socorrerme, me apoyé en ella lentamente, sin poder detenerme. Estaba alejada de mí, pero no podía detenerme, encontré la fuerza para tirar de ella hacia mí, pero ella no se apartó, ella se quedó helada, con los ojos muy abiertos desplazándose entre mis ojos y mis labios, pero se mantenía completamente inmóvil.

Sin embargo, mientras hacía eso pensé en lo que había dicho por teléfono ayer. Había bastantes cosas sucediendo ahora mismo. Se suponía que esto lo hablaríamos cuando ella regresara. Y por mucho que me moría de ganas de besarla, de tenerla frente a mí y de susurrarle al oído que no necesitaba tiempo o explicaciones, al mismo tiempo, no quería presionarla. No me estaba frenando por mí, sino por ella.

El viejo Edward hubiera dicho 'a la mierda', y hubiera mandado la prudencia al infierno. Pero yo no quería ser el viejo Edward, tenía que ser alguien mejor, alguien digno de esta mujer y de su hija.

Con una nueva resolución en su lugar y sin tener ni idea de cómo lo hice, utilicé todas mis fuerzas para mover mis labios a su frente y colocarle un suave beso ahí, y Dios, se sentía mejor que nada. Ella era tan increíblemente cálida y suave, y yo podía oler el aroma de las fresas flotando alrededor de su pelo. Cerré los ojos, resistiendo el impulso casi insoportable de tirar de ella hacia mí, enterrar la cabeza entre su cuello y su cabello e inhalar, y olerla suspirar suavemente de alivio, sin duda, ya que yo no había ido en contra de sus deseos.

"Ten cuidado", murmuré, tirándome hacia atrás lentamente y mirándola a los ojos de nuevo. Su expresión me dejó perplejo, yo podría haber jurado que parecía casi decepcionada. Pero sus ojos cambiaron de repente, se hicieron más profundos, más... determinados. Su mirada se movió de mis ojos a mis labios otra vez, y en un segundo yo estaba viéndola morderse el labio, y al siguiente, sus labios estaban en los míos.

La descarga eléctrica que corrió por mi cuerpo en ese momento fue alucinante. Fue como si hubiera sido sacudido vivo por un cable eléctrico. Como si cada terminación nerviosa de mi cuerpo se hubiera despertado. Cada parte de mi cuerpo se estremeció en ese instante, de las raíces de mi cabeza, pasando por la punta de mis dedos, hasta las plantas de mis pies, y Dios, yo no quería ni pensar en nada más. Y en una milésima de segundo, cada uno de los nervios viajó con un calor abrasador hasta mis labios, hasta que el resto de mí empezó a entumecerse y empecé a trazar ligeramente los labios de Bella.

Al principio, su tacto era tan ligero como una pluma, un poco lento, tal vez incluso dudaba de que su boca tibia estuviera sobre la mía. Antes de que pudiera reaccionar, ella se retiró muy lentamente, como si fuera el final del beso. Y a pesar de que hubiera sido suficiente para mantenerme despierto toda la noche, ella me sorprendió aún más al juntar sus labios con los míos de nuevo, esta vez los de ella se separaron lo suficiente para que la punta de su lengua pasara entre mis labios por una fracción de segundo. Y esta vez, cuando ella se apartó, sus labios suavemente se alejaron de los míos, hasta que volvió y los besó de nuevo.

Mis piernas se doblaron casi debajo de mí y me quedé allí de pie sin aliento, incredulo, y más que un poco mareado. Yo estaba agradecido de que su mano estuviera todavía en la mía, sosteniéndola con fuerza.

Cuando por fin pude centrar la atención, me di cuenta de que sus mejillas estaban de un bonito color rojo y sus labios todavía un poco curvados. Sus ojos brillaban hacia mí, espumosos. "Lo siento", murmuró en voz baja. "Yo sólo... tenía que hacerlo". Y entonces se giró y soltó su agarre.

Pero yo no aflojé el mío mientras esperaba a que me mirara otra vez. "No te disculpes, Bella", dije cuando se encontró con mis ojos con vacilación. Le di una sonrisa torcida. "Sobre todo por eso".

Ella me dio una sonrisa tímida. "Adiós Edward".

Sujeté su mentón con mi mano. "Hey. No es un adiós". Se mordió el labio. "Te lo prometo. No es un adiós", le susurré con atención. Y entonces ella sonrió, asintió con la cabeza, y lentamente se alejó.

Ainss, varias cosillas:

-Ayer me acabé el fic (sólo me queda el epílogo) y deciros que es una historia preciosa, me ha encantado y espero que vosotras la disfruteis tanto como lo he hecho yo :)

-Seguramente esta semana suba los 3 de siempre y a partir del lunes que viene empiece a subir uno cada día, que sólo me queda acabar el epílogo y revisarlos ;)

Muchas gracias por comentarme:

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