Bueno...primero que nada y casi como costumbre quiero disculparme una y un millón de veces, sé que he prometido publicar pero la verdad han sido uso días y semanas bastante difíciles, ojala fuera algo que pudiera contar, de todas maneras sé que las que leen este fic y los otros saben de la promesa que he hecho de no abandonar mis fics, lo cual pienso cumplir, no importa cuánto tiempo me tarde, publicaré en cuanto pueda y con tanta frecuencia con la que me sea posible, para las que leen El Poder Oculto el capi que sigue también esta en proceso solo que la producción de ambos esta un poco lenta pero ahi va.
Quiero agradecerles por toda su infinita paciencia y todo su inestimable apoyo sin el cual estas historias serian nada.
Les mando un abrazo y un beso a todas y todos y espero, como siempre, que me puedan perdonar y entender.
De este fic les vaticino que se va a poner bastante interesante, y espero publicar pronto, también publicaré del Poder en cuanto pueda, una vez más muchas gracias y nos leemos tan pronto como sea posible.
Isabella Swan
22 de Julio 2007
Durante mucho tiempo me quedé viendo la imagen que se proyectaba en el espejo donde me veía reflejada, era de noche, muy de noche, y no me importaba que ese mismo día tuviera que trabajar, no me importaba trasnochar aun mas, por ahora, vanidosamente, mi único interés era evaluarme a mi misma y todo lo que, repetían y realmente, habia cambiado en mi semblante al menos en el aspecto físico. Tenía los labios magullados y rojos, llenos, calientes y ardientes.
Finalmente pude atisbar una parte de mi, si era sincera, una parte que permaneció escondida hasta hacia pocas horas antes y de la que no sentía tener algún conocimiento hasta que ardió en mi interior ante el despertar de todas esa emociones nunca antes vividas, sentía que mi corazón latía en su concavidad torácica pugnando por salir disparado saltando y no podía hacer nada por sosegarlo, la respiración era agitada y el pulso era tembloroso, mis ojos parecían lumbres ante la gran cantidad de brillo que emitían. Esta era yo, otra yo, una desinhibida y sensitiva que aullaba por liberar ese calor desconocido en todo mi ser.
No tenía un concepto para todo esto que me estaba pasando, a lo máximo que lo podía asociar era al de sensualidad femenina, e incluso ese palidecía ante el verdadero nombre que quería darle. Habia tal sensación de calidez y liviandad que parecía tratarse de un globo de aquellos que funcionaban con calor, flotando en cualquier altura que no los congelara.
Sin poder hacer nada por evitarlo cerré los ojos, y evoqué la imagen de Edward Cullen en mi cabeza. Esta acudió a ella como el llamado más ansioso de respuesta que alguna vez en mi vida habia hecho.
Él estaba tras de mi mirándose igual que yo en el espejo, solo que no se estaba mirando a si mismo sino a mí, a la otra yo, a la que parecía desear, la que a pesar de tener los ojos cerrados podía percibir cuan cerca estaba, así fuera su contacto como el resto de mi enardecido cuerpo. Sus manos se posaron en mis hombros, era consciente de la estúpida fantasía de la que estaba haciendo participe a mi ser, pero no podía evitarlo, ya no.
Él se inclinó y sus labios rozaron la piel de mi cuello, temblé ante la presión que sentí en el bajo vientre y que luego se expandió por el resto de mi cuerpo, como si de un interruptor se tratase, nunca se habia pecado demasiado de ser imaginativa pero esto sobrepasaba todos los limites, volví la cabeza ciegamente en busca de su boca y ahi estaba, besándome, bebiendo de mi boca tanto como yo quería que lo hiciera, me besaba como si mis labios fueran ambrosia, como si nada mas importara aparte de estar ahi, comiéndose mi boca.
Placer, corría por mis venas como la lava ardiente y a punto de hacer erupción, hacia que cada parte de mi cuerpo añorara con urgencia estar realmente con él en ese momento, hacer realidad esta fantasía , que nada mas sino el... y todo él y yo .
Definitivamente me asombré ante el poder recién adquirido de mi imaginación, pero debía darle verdadero crédito a lo que lo merecía, los hechos ocurridos anteriormente, esto lo pensaba porque en esa cruda fantasía habia demasiadas características de una escena pasada, en un cuarto con espejo, pero no demasiado similar. Abrí los ojos y me descubrí tan sola como al principio, solo que tenía las manos en sendos puños apretando los trozos de tela a ambos lados de mi cuerpo, el vestido tan negro como mi conciencia, como si ese y no los cabellos de Edward fueran el anclaje a la libertad.
Aflojé las manos y me crujieron los nudillos muy probablemente por la fuerza que habia empleado. Con lentitud y casi parsimonia comencé a retirar aquello que transformaba mi cara despidiéndome sin promesas de reencuentro de aquella desconocida apasionada, unos momentos después comencé a ver la verdadera versión de mi misma, casi sorprendiéndome de que los ojos que me miraban tuvieran el mismo brillo de la otra. El vestido, el peinado, todo fue retirado y oscuramente reemplazado por la pijama que usaba para dormir, con un último suspiro deje de darme aires de mujer vanidosa, de lo que no era para nada.
Bajo las mantas senti otro tipo de calor, pero decidí ignorarlo con el fin de poder permanecer descansada para acudir a trabajar horas más tarde. El sonido tempranero de los pájaros fue el despertador matutino, al menos de ese día, me parecía que apenas habia cerrado los ojos unos segundos antes. Pero no remoloneé, si algo me enseño la vida hasta ese momento habia sido sacrificar la comodidad por el alimento y sustento de cada día, así que me levanté sin más protesta que la de mis ojos pidiendo volver a cerrarse.
Me alisté para irme pero cuando termine vi que a pesar de todo aun era demasiado temprano para acudir al café. Debía hacer algo para pasar el tiempo, y pensé en las galletas que habia prometido a la vecina para la pronta fiesta de cumpleaños de su hijo, lo mejor sería empezar en ese momento. Con este encargo tuve particular empeño por que ella así lo habia pedido.
Hice las galletas rápidamente procurando que me quedara el tiempo suficiente para llegar al café, el día de hoy, que era sábado, debía solo trabajar hasta el medio día. Cuando el horno marco el final del tiempo, saque la bandeja con las galletas ya preparadas y las deje sobre la mesa. Tomé mi bolso luego y salí de mi apartamento con destino al café.
Cuando doblé la esquina para la parada del autobús mi rabillo de ojo se percató de que habia un auto negro estacionado cerca y que no era la primera vez que lo veía, sacudí la cabeza pensando en que me estaba volviendo paranoica. Subí al autobús y llegue en casi veinte minutos al café. Saqué las llaves del interior de mi maletín y procedí a abrir los candados.
Para la hora que era hubiera sido lógico que Jessica estuviera aquí en la puerta esperando que yo abriera pero la conocía demasiado bien para poder esperar ese lujo, así que entré y como era acostumbrado comencé a ordenar las sillas y las mesas dado que los clientes no demorarían en aparecer. Minutos después entro el primer cliente al café, Jess aun no llegaba, respiré hondo y sonreí mientras preparaba la libreta para atender el pedido y rogaba porque ella llegara a tiempo para relevarme y así comenzar a preparar los postres que tenia asignados para ese día. Pasé la barra y caminé hacia la mesa que el cliente escogió para sentarse.
Me sorprendí bastante cuando lo reconocí, no necesitaba que se quedara mirándome como si reconociera mi figura para recordar claramente al mesero de la noche anterior. Trate de no titubear aunque me turbé un poco ya que recordaba bien su sonrisa amable y compasiva. Él también pareció recocerme ya que parecía recordar que yo le había devuelto la sonrisa amable en esa cena. Me alisé el delantal y continúe caminado hacia su mesa haciéndome la que no lo veía realmente, cuando estuve frontal a la mesa levante la libreta y el lapicero otra vez y mantuve a la punta apoyada en la hojita de órdenes, esperando que pidiera.
– Vaya, no pensé que te iba a encontrar acá – él dijo eso pausadamente lo que me obligo a mirarlo a los ojos.
– Si...esto...– Muy pocas oportunidades un chico de su edad se había dirigido a mí de una manera diferente a la del tono usual para ordenar algo. – Yo trabajo aquí. – interpelé ridículamente dado que era más que evidente que hacia parte del personal.
– Si ya lo veo – dijo el sonriendo otra vez, no pude evitar mirar esa sonrisa por unos cuantos segundos, me pregunté si Edward se veía tan diferente en el momento de sonreír, me di cuenta de que no lo habia visto sonreír verdaderamente desde el momento en el que nos habíamos conocido.
– Yo... eh...– ¿Seria que se me había borrado todo el dialecto que había aprendido desde niña? –¿Que vas a ordenar? – aparentemente no, más bien había decidió salir atropellada y rápidamente por mi boca.
– No te vas por las ramas ¿eh? – preguntó el echándose un poco para atrás y cruzando los brazos sobre el pecho, como si mi actitud le pareciera profundamente divertida.
No pude dejar de ver que sus brazos eran atléticos y bastante poderosos, me pregunté brevemente por que se me estaba fijando en eso precisamente ahora.
– No es eso...– dije sonriendo ahora nerviosamente – es solo que... –
Lo que era no se lo pude revelar pues en ese momento Jessica irrumpió
– ¡Bella! –
Retrocedí un poco ante su abrupta y para nada esperada presencia aquí, como mínimo había supuesto que se iba a demorar una media hora más, debía estar demasiado concentrada en el mesero para no haberme dado cuenta de que ella habia arribado y con su mal humor a flor de piel, como siempre. Una especie de alivio me recorrió y como si tuviera en mi mente una lectura de la de ella me aparté por que por eso mismo sabia que ella estaba ahi, para atenderlo de la manera en que el sabia. Retrocedí y dando media vuelta, lancé en el pecho, bastante expuesto de ella, la libreta y el lapicero con los que se anotaban las ordenes. Inmediatamente escuché que su odiosa voz cambiaba a esa melosa llena de dulce para las personas que le agradaban, las cuales eran casi exclusivamente hombres y nuestra superior.
Me direccioné hacia la barra mientras escuchaba su diatriba llena de miel asquerosa. En más de una oportunidad sentí la mirada del mesero fija sobre mí.
A mi parecer interpretaba su mirada como alguna clase de sorpresa al ver la gran diferencia que había entre la mujer que era anoche y la que él veía ahora. Sacudí la cabeza y puse en la bandeja los huevos con tocino y panecillos que habían sido la orden de él, la dejé sobre la barra sin mirar a ninguno de los dos y me dediqué a los otros pedidos. Esperaba que no hubiera presencia de algún cabello o algo igualmente desagradable.
Habían pasado cerca de dos horas y el mesero aun no se había ido del lugar, era como si estuviera esperando algo. Personalmente creía que estaba esperando a que Jessica saliera, sospeché que ella había logrado algo en concreto con él por qué el tiempo en el que estuvo atendiendo las demás mesas paso en muchas oportunidades por la mesa de él y conversaron de cosas que no alcancé a identificar, tal vez porque no había estado muy pendiente.
La hora de partir se acercaba así que aliste todo para cerrar mientras pensamientos vagos pero más frecuentes de lo que quisiera, respecto a Edward y las muchas razones por las cuales no había llamado el día de hoy, rondaban por mi ahora imaginativa cabeza, decidí ignorar las que yo creía que eran las más posibles, aquellas que incluían hermosas distracciones caminando en dos piernas en la oficina donde él trabajaba, portadoras de excesivo y placentero trabajo...
Cuando estaba sacudiendo el último plato escuché el sonido de la campanilla de la puerta y por un segundo me atreví a imaginarme que se trataba de él, de Edward, pero cuando dirigí mi mirada hacia la salida vi que se trataba del mesero quien finalmente había decidido irse. Nuestras miradas se cruzaron y me di cuenta de que eso era lo que él estaba esperando, que nuestras miradas se cruzaran, para despedirse con un gesto de la mano, yo no hice nada más que mirarlo aunque por su educación me hubiera gustado despedirme con palabras, sentí ahora algo de decepción al darme cuenta de que era una de las victimas de Jessica.
Volví a mi plato cuando se alejó pero no fui lo suficientemente rápida como para apartarme de Jessica que estaba esperándome iracunda, casi suelto el plato en un afán de no tropezarme con ella y su mal humor, lo cual me dio el amargo presentimiento de que no sería la última vez que vería a ese mesero.
– ¡¿Que es lo que estás haciendo en tu casa, eh? – despreciaba que me gritara pero me contuve de escupirla en la cara como, estaba segura, nadie había hecho nunca.
– ¿A qué estupidez te refieres? –
– No es estupidez, la única estúpida aquí eres tú. ¿Por qué demonios ese pedazo de hombre que esperó sentado hasta que las posaderas no le dieron más, me preguntó tantas cosas de ti? – Dijo rápidamente, completamente llevada por su venenosa manera de ser – ¿Acaso es tu novio? – me miró de arriba a abajo –¿Tu otro novio? , ¿Que clase de perra bruja eres? –
Otra vez con el cuento de la brujería...pero más me sorprendía el motivo por el cual estaba tan enfadada, aun no me podía creer que el único motivo por el cual el mesero había venido tenía que ver con averiguar cosas sobre mí. Lo que no entendía era como había hecho para dar con mi trabajo ni conmigo. A pesar de que sabía que no tenía por qué darle explicaciones a ella le dije:
– Ni siquiera lo conozco – aclaré contrariada , pensando en que, si este hombre estaba interesado en mí, Jess seguramente se había encargado de romper cualquier tipo de ilusión que tuviera conmigo y eso me beneficiaba, eso creía, de todas maneras ella solía hablar mal de todo el mundo.
– Pues él dijo que te vio anoche... –
No entendía cómo era posible que en pocas horas ellos hubieran ganado la confianza suficiente como para que él le revelara que me conocía de la noche anterior, pero no debía extrañarme, así era ella, aunque tampoco debía hacerme la desconocida ante la sensación ya que, aunque me daba miedo admitirlo, confiaba plenamente en Edward Cullen a pesar de no conocerlo nada. Edward...
Resignada a soportar la ira de Jessica aceleré la limpieza de la cocina con la esperanza que el poco tiempo que faltaba para que saliéramos pasara rápido y veloz. Me daba algo de gracia que Jessica sintiera envidia o celos o lo que fuera que sintiera respecto a esos dos hombres, ella no tenía ningún motivo más por el que preocuparse que el de partirse una uña, yo sabía de antemano, tanto como ella, que no representaba una amenaza para sus planes, fueran los que fueran.
Afortunadamente y como era de esperar ella desapareció antes de que fuera su hora, pero prefería terminar con todo sola antes que continuara rebuznando a mi alrededor...
Salí cuando todo quedo listo, al día siguiente no teníamos que asistir debido a que teníamos un domingo libre cada quince días y este era ese domingo, lo cual era beneficioso para el estado de sueño en el que me encontraba.
Saqué la última llave del candado y me volví para caminar a la parada del bus intentando no dejar que los pensamientos sobre Edward invadieran mi cabeza, era imposible que me sintiera desolada por el hecho de no haber escuchado su voz.
Llegué a mi domicilio y entré cerrando la puerta, caminé hacia mi habitación y me quité el vaquero para ponerme una falda y me quité los zapatos y lo calcetines, mis pies sintieron cierto alivio al entrar en contacto con las baldosas frías. Decidí caminar descalza por un poco más de tiempo, iba a tomar un plato para derramar cereal en él cuando escuché el timbre de la puerta.
Me sequé las manos en el trapo de la cocina y caminé hacia la puerta sin saber de quién se trataba. Cuando abrí la puerta casi me voy de espaldas porque Edward Cullen estaba parado en el umbral de mi apartamento, mirando mis fachas y con un ramo de rosas rojas en su mano izquierda. Por el modo en que se quedó mirándome debía tener los ojos fuera de las orbitas. Traté de serenarme, a pesar de que permanecimos cerca de un minuto solo mirándonos, por mi cabeza atravesaban una y otra vez imágenes de hacia unas horas, de sus manos sobre mi cuerpo...respira...solo respira.
– ¿Qué estás haciendo aquí? – le pregunté rápidamente y me quedé un poco rezagada porque me pareció que la pregunta había salido en un tono demasiado grosero. Por la manera en que se quedó viéndome supe que tenía razón.
– No...– dijo él un poco detenido – Si quieres puedo irme...– dio un paso hacia atrás.
– ¡No! – casi grite, demasiado ansiosa y emocionada por que él estuviera aquí parado en mi puerta. Así me mirara enfadado, sentí mi cara arder – No es eso… – pensé en mi modesto apartamento y en la mansión en la que debería habitar – No esta presentable… – explique llena de vergüenza.
Vi que el ceño de él se alisaba notablemente.
– ¿Puedo pasar? – preguntó después de unos momentos, como si con esas palabras estuviera pidiendo permiso, como si absurdamente lo necesitara. Levantó el brazo en el que llevaba las rosas ofreciéndomelas, las tomé y las acerqué a mi nariz para olerlas, deleitándome en su aroma, e interiormente saltando ante la primera vez que una persona me regalaba rosas, seguí oliéndolas a pesar de que él se inclino un poco hacia mí con la, pensé, obvia intención de besarme, aunque tal vez sólo quería oler las rosas también, no sabía.
Él avanzó hacia dentro y yo cerré la puerta tras él mientras lo venia caminar hacia la modesta salita, esperé en mis adentros que no me considerara demasiado humilde.
– Lo siento, es tan pequeño... – me disculpé ante mi propia pobreza.
Él estaba caminando hacia el mueble cuando se quedó parado erguido cerca de el sofá de la sala, como si algo lo hubiera perturbado, rogué para mis adentros que no se tratara de nada referente a mí ni a mi domicilio, esperando que él se sentara caminé hacia la mesita del comedor, cuando puse las rosas sobre la mesa y me di la vuelta me di cuenta de que estaba mirándome fijamente, aun de pie.
– Siéntate – ofrecí no muy segura de que él quisiera hacerlo – Por favor – pedí en tono de ruego, él se sentó sin quitarme los ojos de encima –¿Puedo ofrecerte algo? – pregunté demasiado insegura, la mirada de él paseo por mi cuerpo hacia la mesa del comedor, miro fijamente hacia la bandeja.
– ¿Puedo tomar de esas? – preguntó señalándola en la mesa.
Pensé en los niños de la vecina y luego sobrepuse a mi "novio" ante ellos.
– ¿En verdad las quieres probar? – debía estar segura, podría preparar cualquier cosa más...digna.
Él asintió mansamente y dijo con la voz profunda:
– Te lo estoy pidiendo, ¿no? – Ahora la que asintió fui yo, caminé hacia los cajones de la cocina y saqué un plato mediano, tomé tres galletas de la bandeja y las puse en él, caminé hacia la salita y se las ofrecí, luego le pregunté:
– ¿Algo para acompañarlas? – no sabía por qué lo ofrecía cuando el paladar de él debía estar acostumbrado a las bebidas más exquisitas para acompañar los "manjares" por eso cuando me respondió lo que respondió hice lo posible porque mi cara no se mostrara pasmada:
– ¿Leche? – su voz parecía la de un crio y no la de un adulto.
Me di la vuelta para ocultar mi turbación y agradecí tener lo que pedía, caminé hacia la cocina y serví la leche de la nevera en un vaso de vidrio. Regresé en mi camino y se la di, él la tomo en su mano y yo me senté en una de las sillas acolchonadas que había adquirido hacia poco tiempo, del otro lado del sillín donde él estaba sentado.
En silencio lo miré mientras comía y bebía, observaba disimuladamente, el juego de los músculos de su cara mientras se alimentaba, pensando que hasta en eso se veía elegante. No dijo nada y yo tampoco me atrevía a hablarle ni preguntarle nada, aunque estaba demasiado presente y demasiado fresco el recuerdo de su contacto. No parecía darse cuenta de que lo estaba mirando, solo cuando terminó y dejó el vaso en la mesa del centro se volvió a mirarme. Solo que esta vez había un matiz de tortura y dolor en su mirada dorada y verde hizo que se me retorciera el estomago de ansiedad por protegerlo...
– Gracias...– dijo después de unos segundos.
Ese "gracias", tal como su mirada, sonaba tan diferente de lo que había sido antes, sonaba como a un agradecimiento que iba más allá de los alimentos en sí. Asentí mientras mi leve vena del orgullo se agitaba interiormente.
Súbita y rápidamente él se puso de pie, pensé que se iba a ir y casi me pongo de pie también pero solo pude removerme en mi silla cuando lo vi avanzar lentamente hacia donde yo me encontraba sentada. Lo miré acercarse en el silencio roto solo por el sonido de sus zapatos contra el malgastado piso de madera, caminó hasta quedar solo a unos pasos de mi silla, yo estaba paralizada sin saber la razón de sus acciones. Pensé que seguramente era alérgico a algún ingrediente o algo peor que eso cuando cayó de rodillas ante mí. Intentaba leer en su mirada algo que me diera una señal, que me dijera algo diferente a que se había enloquecido. Me quedé mirando su mano en el momento en que la subió hacia mi rostro, solo que no toco mis mejillas sino que siguió su camino derecho hasta alojarse en la parte posterior de mi cuello, la piel del cual se erizó ate el contacto cálido, sentí una fuerte presión que me empujó hacia adelante, y sin dejar espacio para cualquier otro movimiento me obligó a inclinarme hacia él, sus labios entraron en contacto con los míos con un tipo de ansiedad que al menos en esos momentos provenía solo de él.
Tenía las manos tensas por unos segundos, mi cuerpo, interiormente, luchó con pánico ante mi mente con el firme impulso de apartarlo e indagar acerca de lo que hacía, tan impredecible y contradictorio. Pero ganó ese calor que se apoderó de mí y esas tensas manos que tenían voluntad propia se mezclaron con sus mullidos y suaves cabellos. Fue el interruptor, él deslizo su húmeda lengua dentro de mi boca dándome la profunda sensación de que este era el tipo de beso que más le gustaba practicar.
Su mano en mi cuello bajó por mi hombro dejando un camino de ardiente necesidad a medida que bajaba y se alojaba en mi cintura, sentí luego su otra mano presionándome en el mismo sitio urgiéndome a que me pusiera de pie.
Como una marioneta dejé que lo hiciera y cuando me di cuenta estaba nuevamente entre sus brazos, apretada contra él, tocándolo con lo único que me permitía, la boca y las manos. Sentí que me alzaba en su contra, cada parte de su duro cuerpo estaba rozándose con el mío, movía mis manos desesperadamente tratando de abarcar cuanto podía.
Gemí con temor y pasión a la vez ante el vértigo entre mis venas mientras él nos guiaba al sillón en donde había estado sentado, esta situación estaba muy por encima de mal pero me negué a rechazarlo, aun no, porque lo había extrañado, demasiado, como si la distancia con él fuera el asesino de mi alma, lo cual era tan tonto como yo, todos esos sentimiento en unos pocos días. ¿Qué estaba haciendo?...
Ambos caímos sobre el sillón siguiendo su guía, él era como mi duro y musculoso colchón, tan tembloroso de pasión como una gelatina, como me sentía yo, tan maleable como la masilla. Sentí el tacto de sus dedos en mi espalda y luego avanzar hacia el frente bajando un poco más, luego volvió a mi espalda rozando el sweater que me cubría, sus dedos subieron el sweater la cantidad suficiente para que sus dedos tocaran directamente mi piel y huesos, atrevidamente mis manos abandonaron el soporte de sus hombros para bajar por su pecho y sentir cada musculo, del cual inconscientemente ya había tenido conocimiento.
Sus manos bajaron por mis caderas hasta posarse en mis piernas. Dejo mi boca para bajar por mi cuello que ofrecí gustosa, casi sintiéndome tan perra como Jessica, pero curiosamente orgullosa de mi misma por ello. Hasta que esas manos agarraron partes de la falda y rápidamente la subieron hasta que toda la extensión de mis piernas quedo desnuda, y con las manos de él sobre ellas. Cálidas y firmes subiendo hacia...
¿Por qué todo tenía que ser tan perfecto y a la vez imposible? Cuando sus calientes manos rozaron la ropa interior que usaba no pude contenerme más, cada irregularidad de mi pasado entró en mi mente acribillando cualquier otra sensación diferente al asco por la vida y por mí misma, como una avalancha llena de oscuridad negrura y destrucción. Tenía que apartarme de él. Cuanto antes.
Me impulsé contra sus hombros rozando peligrosamente nuestras partes intimas, sintiendo demasiado cerca la rudeza allí alojada, luego abandoné sus labios para posar mi frente sobre la de él respirando agitadamente, y rogando con todo mi ser que lo entendiera.
– Detente...por favor...por favor...– rogué como una niña quebrándome con cada latido de mi corazón, esperando el mismo quiebre en mi fuerza de voluntad ante la respiración agitada y excitada de él y sus ojos de fuego. Frunció el ceño pero no con mal humor, sino como si estuviera meditando la realidad de la situación y de nuestros cuerpos peligrosamente entrelazados.
Me moví un poco y lo siguiente que supe fue que estaba sentada en el sillón al lado de él. Me acomodé la falda y me quedé mirando el suelo sintiéndome como una tonta, pero a la vez adolorida mentalmente. Por el rabillo de ojo vi que pasaba su gran mano por sus cabellos, acomodando lo que yo había desordenado.
– Lo siento – se disculpó.
No entendía demasiados bien a la razón de su disculpa, aunque supuse que sería por la falta de control. Aunque no debía considerarme demasiado deseable, y menos para un hombre como él. Apreté los puños escondidos en el sweater ahora consciente de que él me estaba mirando con fijeza.
– Yo lo siento más – confesé desinhibida, y demasiado avergonzada de no poder ser como todas las chicas normales a mi edad.
Me arrebujé en el mueble esperando que saliera por esa puerta y nunca quisiera regresar. Si yo fuera diferente estaría en estos momentos en otro tipo de situación. Pero eso no iba a suceder nunca, no cuando era la segunda vez que le rechazaba.
– Creo que debería irme – dijo él poniéndose lentamente de pie.
Muy consciente de que no lo iba a volver a ver le dije:
– Por favor...– quería hacerle ver que él no era la causa de mi rechazo – debo contarte algo – a pesar de todo lo que era yo misma, debía aceptarlo, confiaba en ese hombre, mucho más de lo que confié nunca en nadie, excepto Emmerald. Confiaba en el con una pasión que me asustaba –Si tienes intención de quedarte a mi lado – aclaré a sabiendas de que después de se lo dijera lo perdería para siempre – Debes saberlo –
Respiré espero mirándome de frente mientras yo rogaba en mi interior por qué no lo hiciera "Por favor Dios Mío, no lo apartes de mi."
– Todo lo que se de mi niñez lo supe en...crecí en un orfanato en las afueras de esta ciudad...no tengo, familiares de ningún tipo... en el orfanato decían que mi madre me había abandonado cuando nací, aparentemente estuve en un hospital durante mucho tiempo. – Me callé por unos momentos mientras en mi conciencia seguía orando por lo que me pareciera imposible, que ese hombre con su categoría sintiera que debía quedarse a mi lado...así...así fuera por lastima.
– Cuando caí al orfanato era demasiado pequeña para entender las cosas que pasaban allí...los trabajos que hacíamos... la manera en la que éramos explotados...golpeados, era demasiado pequeña para entender el maltrato – en un segundo no estaba viéndolo a él sino a esa vida que creía haber dejado atrás, y aunque así lo hubiera hecho físicamente aun estaba aquí, en mi memoria, atormentándome como siempre, no podía saber si estaba mirándome ahora o si solamente quería dar los pasos que le esperaban de la salida de mi casa y de mi vida, decidí confiar en que el silencio que oían mis oídos era una señal inequívoca de que aun estaba ahi, preparado para escucharme, conocerme y aun así dispuesto a quedarse conmigo – Cuando avanzó nuestra edad también lo hizo nuestra inteligencia...A medida que pasaban los días me daba cuenta de que nada de eso era un juego... Al menos no era uno con el que estuviera familiarizada, todo el maltrato era solo una manera de ganar un techo medianamente decente para vivir y un pedazo de comida aceptable...y muchas otras cosas más...–
Recordé a los dos hombres que cambiaron mi vida y mi manera de mirar al frente para siempre, el dolor físico y mental que me infringieran, y los traumas que anexaron a toda una vida de golpes y sufrimientos a la corta edad de 13 años.
Dudé si debía contarle acerca de ellos...Acerca de lo débil y tonta que fui, claro que él ya debía haberse dado cuenta de cuan tonta seguía siendo...
–En medio de eso conocí a una persona...una a la cual considere un amigo...– mencionar la palabra arrojó a mis ojos las lagrimas que no había derramado desde que Emmerald había muerto, mi vida era demasiado trágica para ser solo mía, nadie tenía que tener la suerte de vivir todo lo que yo había vivido. Y ahora solo tenía 17 años, casi 18, pero me parecía haber vivido la vida de miles de personas y especialmente las partes trágicas de ellas, vaya quejica era...al menos aun estaba viva, y al lado de él.– Pero ninguna de las intenciones de él y de su...amigo tenían que ver con la amistad...al menos hacia mí. –
En ese punto me di cuenta de que no podía continuar...al menos no ahora...tal vez algún día él supiera la verdad de mi, era limpia pero manchada a la vez... Mi silencio no hizo nada por solventar la situación, y mucho menos cuando dijo:
– ¿Te violaron?– preguntó secamente cuando menos lo esperé.
Sentí que me volvía más pequeña conforme las connotaciones de esa pregunta iban penetrando en mi cerebro...Mentalmente...había sido violado un millón de veces...
– Quiero olvidarlo – dije simplemente, sintiendo el deseo de borrar mi memoria hasta hacia dos semanas de toda mi cabeza, particularmente ese desdichado evento en el cuarto del servicio en el maldito orfanato en donde perdí la mitad de mí. – Quiero agradecerte por qué me incluyas en sus intereses – sonreí con ironía – Aunque no se qué tan interesado estés en mi después de esto...te suplico – Las lagrimas eran algo que no podía detener y ahora que había vuelto a la realidad podía mirarlo en medio del borrón de mis lagrimas – Te ruego que comprendas –
Él aparto las manos de su cabeza, no sabía en qué momento las había puesto ahi, la levantó y me miró, había en sus ojos brillantes algo más que deseo. Se removió hasta que estuvo más cerca, deslizó el brazo sobre mis hombros y me hizo apoyarme en él.
– Perdóname – pedí mientras los espasmos de los sollozos contenidos hacían que mi cuerpo chocara lentamente contra el de él. Perdón, pedía perdón por no ser lo suficientemente buena para estar a su lado, sentí su barbilla tocar la parte superior de mi cabeza mientras me hundía en el pecho que había tocado minutos antes.
– Perdóname tu a mi...no lo sabía – explicó con un matiz de arrepentimiento en la voz. Excepto con Emmerald no había recibido consuelo de nadie en mi vida, y me aferraba a él lastimosamente como si yo fuera una niña pequeña abrazando a mi almohada.
A la vez estaba anonadada por la paciencia que él tenía conmigo, era la persona que estaba mi lado y lo estaba porque quería hacerlo, yo no tenía más que ofrecerle que mis lagrimas y sin embargo estaba. Ahí abrazándome…dándome el consuelo que en ese momento necesitaba, yo como tal parecía ser lo suficientemente persona para él.
¡Oh Dios!, ¿ahora como iba a no enamorarme de él? ¿Siquiera pensar en dejarlo? Mi conciencia se estaba aferrando demasiado rápido y demasiado profundamente a él, como única antes habia pasado, era peligroso…lo sabia pero aun así…aun así…
No supe por cuánto tiempo estuve en sus brazos, sintiéndome protegida, como nunca antes había sido. Me había quedado dormida…
Mis sueños comenzaron de manera inmediata en cuanto me desconecté, pero en ellos habia tanta bruma que lo único en lo que pude pensar fue en salir de ellos, todos plagados de oscuridad y desazón, pero estaba cómoda a pesar de ello así que decidí dejar que la bruma me llevara por donde mejor le pareciera. Pero en dado momento comencé a caer sin rumbo en esa oscuridad galopante, y no tuve más remedio que gritar para que alguien me ayudara, me removí dentro de mi propio cuerpo y trate de salir del sueño.
Abrí los ojos y lo primero que vi fue la piel suave de un cuello, y olfateé la suave esencia de un perfume fino y masculino. Escuché una respiración acompasada y tranquila en mi oído, recordé todo lo que habia pasado antes de que me quedara dormida, estaba en brazos de Edward anegada en lagrimas y manchando de humedad su fina chaqueta.
Levanté la cabeza de su hombro lentamente esperando no despertarlo, y no lo hizo, debía hallarse tan cansado como yo. Cuando pude ponerme de pie me dediqué a mirarlo por un buen rato, tenía el cabello desordenado y parecía demasiado angelical para tratarse de alguien tan serio, me entraron unas ganas locas de besarlo, pero las contuve para dejarlo dormir y descansar, a cambio de eso arreglé mis cabellos y dispuse todo para hacerle una cena deliciosa...Para compensar al menos con eso el haberme escuchado y aun así estar ahi, tan cómodamente dormido en mi sillón y sin ninguna intención de irse.
Decidí hacerle un pollo especial que solo habia preparado una vez pero que me pareció lo suficientemente fino como para él. Caminé hacia mi habitación saqué del pequeño armario una de las cobijas limpias y cuando volví a la sala, lo cual me llevo los diez escalones de la pequeña escalera, se la puse encima procurando no molestarlo, al menos así estaría mas tibio, lancé una mirada al reloj, eran las siete menos cuarto.
Procurando hacer el menor ruido me dediqué a ello de la cena esperando que cuando despertara nada hubiera cambiado. Cuando el adobo estuvo listo lo metí al horno y me dediqué a alistar la mesa limpiándola de basura inexistente.
A la hora comencé a olfatear el delicioso olor del pollo, hice una ensalada de complemento esperando que él la disfrutara, me incliné y evalué mi trabajo al cual le faltaba un poco de cocción. Cuando me erguí y me di la vuelta me di cuenta de que él estaba completamente despierto y si no me equivocaba llevaba mucho tiempo en ese estado.
– Hola – saludé sonriendo levemente, esperando...deseando...
– Hola – respondió el completamente serio. Luego se miro la muñeca, al fino reloj – Vaya...dormí...mos demasiado.– dijo conteniendo un bostezo, un gesto que, en alguien como el lucia un poco extraño.
– Si...yo... he preparado la cena – dije lentamente.
Él sonrió también y dijo:
– Estoy seguro de que la disfrutare –
¿Podía la felicidad hacer doler el pecho? ¿Podía la ausencia de rechazo a la vez proveer la mayor sensación de júbilo en el mundo?
No sabía que tan luminosa era mi sonrisa y no me importaba solo lo miraba dejar la cobija a un lado y acercarse a la mesa en donde ya habia puesto los cubiertos, tal como habia aprendido con mi única en entrañable amiga. Me di la vuelta para servirle el plato, rogué con todo mí ser que todo estuviera en su punto. Cuando serví la cantidad de ensalada que las clases dictaron, el pollo estuvo ubicado en la posición que correspondía en el plato, y la salsera individual estuvo llena para acompañarlo, pues el plato y los complementos en la mesa, él los miro sin indicar ningún tipo de comentario.
Yo me serví lo mío y me senté en la silla opuesta a la de él, claro que con el tamaño de la mesa no estábamos tan lejos como se creería.
Cuando partió el primero pedazo y se lo llevó a la boca masticó cerrando los ojos, luego después de un momento, en el que iba a llevarme un poco de ensalada a la boca, el dejo los cubiertos a un lado y me dijo:
– Quiero que vengas a vivir conmigo –
El tenedor hizo demasiado ruido al caer desde mi mano sobre el plato, afortunadamente no hizo ningún desaguisado, nada que ver con el desaguisado en el que se habia convertido mi cabeza en ese momento...
¿Qué...?
Edward Cullen
22 de Julio
A pesar de que busque en mis sueños no pude volver a encontrar a la mujer, y vaya si me esforcé, me desperté sin haber dormido nada y eso me puso de un humor agobiante, como solía decir la antigua secretaria a la que había despedido.
Si, debía admitir que me sentía enfurruñado por la incapacidad de encontrarla en mi conciencia, y mucho menos para encontrar imágenes en mi cabeza de mi nueva obsesión. Por otro lado acababa de concertar una cita con mi abogado, era sábado y tenía que trabajar. Si un sábado. Había concertado en medio de la noche, o por lo menos lo que quedo de ella, una cita con el por qué tenía que darme la información que le había pedido, él me había dicho que aun faltaba tiempo pero lo obligué a encontrarnos porque, tal como una viejita entrometida, quería averiguar los supuestos pormenores de la vida de Isabella Swan.
Con mi humor de perros me bañé y me vestí parsimoniosamente, era un día mas de trabajo después del cual tendría que planear mas cercamientos a ella, salida y demás, para no perder todo el avance de la noche anterior, Cuando estuve listo salí y me embutí en mi auto diciéndole al conductor que se diera prisa.
Llegamos en media hora y aun si me pareció que corriendo me habría ido mejor. Baje y subí hacia mi oficina, pase derecho sin saludar a la nueva secretaria quien por la cara que puso esperaba que lo hiciera, mi enfurruñe estaba alterándome todo y no me agradaba en absoluto sentirme así. Abrí la puerta del despacho. El abogado aun no había llegado, solté el maletín con fuerza sobre el escritorio y tomé de este mismo la bola amarilla anti estrés que siempre apretaba y que parecía , más que amarilla, una cara negra de tan utilizada que estaba. Tocaron la puerta y entro la secretaria
– El señor James se encuentra fuera–
– Hazlo pasar.– contesté secamente – Y que nadie nos interrumpa –
Ella asintió y segundos después entro James, cerró la puerta tras él.
Solté la bolita sobre el escritorio, esta saltó sobre la superficie y rebotó hacia la parte trasera de la silla.
– Creí que no ibas a venir – dije en mal tono, ni siquiera le ofrecí sentarse.
– Lo siento, – se disculpó el – estaba un poco cansado, estas averiguaciones han requerido un poca mas de esfuerzo –
– ¿Tienes algo nuevo?– añadí pensando que era por eso que le pagaba.
– Pues si – suspiró él dándose importancia, retrocedió un poco y sacó otra de sus habituales carpetas. – Es algo bastante desagradable –
Esperaba que no se tratara de nada que no fuera manejable, no me convenía para nada a estas horas de la vida.
– ¿A qué te refieres? – pregunté sin entender nada.
– Donde ella vivió, es el orfanato con más altos reportes de niños con problemas mentales y abusos –
– ¿Problemas mentales?– volví a repetir como loro, a mí Isabella me parecía bastante cuerda, retraída, si, pero cuerda al fin y al cabo. Vi que sus manos abrían la carpeta que traía – explícate –
– No han podido recopilar pruebas, yo mismo no he podido, solo cuento con los testimonios de personas que han estado ahí, hijos adoptados y sus padres, y la cocinera…. al parecer es la que más tiempo lleva, los testimonios certifican al lugar como un ápice del abuso sexual y violencia infantil y adolescente –
Permanecí en silencio mientras el impacto de esa noticia caía sobre mí, luego me decidí a hablar.
– ¿Y de ella? – al fin y al cabo era de ella y no del mismo orfanato de quien había solicitado información.
– No hay declaraciones de nadie, al menos respecto a ella. Para conseguir lo que conseguí tuve que hacerme pasar por un padre interesado en adoptar –
– Habla– exigí pensando en que ponía trabas con el simple afán de sacarme de quicio.
– La cocinera, bastante olvidadiza tiene una hija, es una mujer mayor pero me dijo algo que me llamó la atención, evidentemente no la mencionó a ella pero dijo que hacía años, específicamente alrededor de la época en la que Isabella despareció de ese orfanato, que hubo un revuelo leve con las directivas acerca de un caso de acceso carnal violento. Con una estudiante y dos de sus compañeros. –
Es decir que podía tratarse de ella, y podía no tratarse, no lo sabía con certeza y al parecer James tampoco.
– Intenté recabar todo pero no hay ningún tipo de registro que relacione a Isabella Swan con ese episodio, pero inevitablemente es posible que se trate de ella porque no hay registro de la chica y tampoco de Isabella –
Sin que yo lo ordenara así mi mente comenzó a evocar un recuerdo cercano de la ocasión en la que la sujete del brazo en el gato negro, y la expresión de terror que había corrido por su cara, me miré la mano, y pensé inevitablemente en ella, tenía ciertos conocimientos de infancias difíciles. Creí comprenderla al menos un poco, había visto la fascinación en sus ojos por mí, pero más que eso había visto miedo, también de mi, como hombre.
Empuñé un poco las manos pero después de unos segundos relajé los dedos, el miedo de ella no era una excusa suficientemente grande para acabar con todos mis planes. Solté una hoja que había tomado segundos antes en donde estaba más explícitamente especificada la condición de desconocida de Isabella, sintiéndome asqueado de aquel sitio y no de ella.
Ahora que sabía el por qué de su reserva debería andarme con cuidado. Otro recuerdo acudió a mi mente, el beso en el lavabo. Si teníamos razón y su infancia no había sido rosa, aun así había respondido a mis animales demandas. Si en algo era bueno era en reconocer cuando una mujer me deseaban ella lo hacia, reservadamente pero lo hacia.
Me crucé de brazos en la silla a pensar un poco…pero aunque lo medité mucho solo llegué a una conclusión y siendo incuestionable de que no era mí asunto. No pude evitar decirle:
– Quiero pruebas…quiero que las consigas, anónimamente pero hazlo –
Estaba contrariado, una cosa era abusar de una persona mayor, pero abusar de un niño era un millón de veces peor, la violación como tal era un crimen que merecía ser castigado...
Las imágenes que aparecieron en mis sueños decidieron hacer presencia en ese momento ante mi vista, y a pesar de no ser de la mujer deseada eran de la otra mujer que perturbaba la tranquilidad de mi vida, imágenes de Isabella Swan siendo niña treparon por mis ojos, en ellas era una infante siendo victima de manos instigadoras y obscenas. La furia que sentí, a pesar de querer disfrazarla ante James como una furia pasajera, quemaba mi sobrepuesta intranquilidad. Sabía que no era bueno que me encariñara demasiado con esta mujercilla.
– Eres bueno hallando pruebas, consigue las que hagan falta, no me importa cuánto dinero ni que métodos sean usados, mete manos hasta en el gobierno si es preciso pero quiero a ese orfanato en las manos correspondientes. –
Si, sabía que sonaba como candidato presidencial y por unos segundos me sentí como el héroe caballeresco de los de antes, pero rápidamente, analizando mis intenciones reales, las aspiraciones se convirtieron en nada.
James se retiró con sus órdenes claras y yo entré a una junta directiva programada para establecer un informe de ingreso y devengo.
Hice lo posible por mermar mi mal humor y trabajar concentrado pero una ligera picada en el pecho durante el día me indicaba que no lo había dejado tan de lado como pensaba, especialmente al pensar en el dinero que se podría perder de desaprovechar yo a Isabella antes de conseguir que firmara los papeles, de todas maneras aun tenía cinco meses para solucionarlo. Decidí, en el momento en que la secretaria anotaba la bitácora, que iría a la casa de Isabella a visitarla, era sábado y según lo que recordaba ella trabajaría solo medio día. Mirando hacia el escritorio, luego de que todo el mundo se habia ido, pensé que sería la primera vez que visitaba a una conquista en su propio domicilio, me estaba convirtiendo en el novio típico y la verdad no tenía ningún deseo real de ir a verla, no por ella, sino por la distancia que me tocaba recorrer.
Levanté el teléfono y oprimí la extensión.
– Pide un ramo de rosas a la casa de la flor más cercana, de color rojo y con aroma – dije metódicamente, rosas… siempre prendaba a mis mujeres con cosas como joyas y abalorios, pero si había llegado a conocer en algo a la chica Swan sabía que apreciaría mucho mas algo tan sencillo como las rosas.
Ella tomó el dato y me dediqué a pasar el resto de tiempo cotizando alguna cantidad de dinero en la bolsa binacional.
Después de dos horas, cuando seguramente yo era el único habitante de la empresa junto con la secretaria ella informó que el ramo habia llegado.
– Tráelo y vete –
Así lo hizo, cuando lo tuve al alcance lo tomé y agarré mi saco, bajé al parqueadero y me metí en el auto sin conductor. Como todos, trabajaba solo hasta el medio dia.
No le llamé ni en todo el día, quería llegar de incógnito y que no pudiera negarse, así que estacioné cuando llegué al modesto edificio y me bajé de allí, en el momento en que iba a tocar desde fuera una persona salió sin mirar así que aproveché y entré al edificio para quedar directamente frente a su puerta negra.
Toqué una vez, y esperé, por su propio bien, que mi venida no hubiese sido en vano. Para mi alivio escuché unos pasos seguidos de un cerrojo y de la manija accionándose. La brisa se proyecto en sus cabellos en el momento en que abrió la puerta, cabellos que estaban recogidos hacia atrás y con mechones lisos sueltos alrededor de su cara, por la expresión de sus ojos esperaba esta visita tanto como yo.
– ¿Que estás haciendo aquí? –
Arrugué el ceño. No era exactamente el tipo de recibimiento que esperaba, considerando lo que había pasado horas antes.
– No – dije evidentemente, disgustado, con toda la intención de que se diera cuenta de mi mal humor – Puedo irme si quieres… – sonaba a reproche pero no me había gustado para nada su manera de hablarme.
– ¡No! – Casi grito ella poniendo las manos al frente por unos momentos – No es eso – sus mejillas se tiñeron de rosa y me pareció súbitamente muy hermosa, como si se hubiera quitado un velo con la velocidad con la que se negó a que me fuera. Por alguna extraña razón mi súbita rabia se evaporó a ceros – No esta presentable… –
Sonreí un poco, ya no me sentía enfadado en absoluto.
– ¿Puedo seguir? – pregunté al mismo tiempo que subía el ramo de rosas destinado a ella, en cuanto lo divisó sus ojos brillaron de un manera especial que solo había visto en ella en un par de ocasiones, su mano se levantó para recibirlas y tan pendiente esta de sus movimientos que percibí el temblor de esa mano en las mismas rosas, las acercó a su rostro y las olió cerrando los ojos, representando un tipo especial de vulnerabilidad que nunca antes había presenciado en absolutamente nadie.
– Adelante – susurró unos segundos después, se hizo a un lado aun dudando – Ah…lo siento…es tan pequeño –
Di uno y luego otro paso observando a mi alrededor, como un crítico a un cuadro, no estaba desordenado, se veía acogedor y cómodo, si, era pequeño, olía como a mi hogar de la niñez solo que….
Me detuve en seco cuando esa esencia conocida, nunca olvidada y, en este momento, devastadora en toda su extensión, entró por mi nariz hasta mi cerebro y de ahí al resto del los sentidos y órganos del cuerpo, era absurdo que algo tan sencillo como eso pudiera afectarme aun de ese modo pero lo hacía, demonios si l hacia.
Me di la vuelta incrédulo y la observé mientras caminaba hacia la mesa y ponía las rosas sobre esta, al lado del ramo reposaba una bandeja con lo que parecían ser galletas y de la cual emanaba ese olor especial.
– Siéntate, por favor – me volví a ella, la miré detallándola, portaba un suéter de color rosa pálido y una falda del mismo color pastel pero azul. Iba descalza, ni una sola gota de maquillaje teñía su rostro triste – ¿Puedo ofrecerte algo? –
Mi mirada inmediatamente voló sobre la bandeja que contenía las galletas, hacía tiempo que no veía algo como eso, desde que mi madre había fallecido con mi padre.
Ella era quien las había preparado, la miré intensamente luego señalé la bandeja mientras me sentaba en el mueble limpio.
– ¿Puedo tomar de esas? –
Ella las miró con algo que identifiqué como nostalgia y luego se volvió hacha mí con una mirada fijamente triste.
– ¿En verdad las quieres probar? –
Asentí mientras continuaba mirándola con fijeza.
– ¿Te lo estoy pidiendo, no? –
Ella asintió como si lo estuviera haciendo más para sí misma que para mí, se adelantó a la pequeña y ordenada cocina, yo la observé todo el tiempo sin poder desprender mis ojos de su frágil figura, se empinó hacia un pequeño platero y sacó un plato blanco, la tela del sweater se constriñó alrededor de su cintura marcándola seductoramente, adiviné las caderas sobre la falda, ella volvió a caminar, aunque más bien parecía que se deslizaba ya que, al tener los pies descalzos y pesar tan poco no se evidenciaba el sonido en sus pasos, se detuvo en la mesa y tomó de la bandeja con una servilleta de papel tres de las galletas, las puso con estilo encima del plato y caminó luego hacia mí, pero antes de ofrecérmelas verdaderamente se volvió a detener y me pregunto:
– ¿Algo para acompañarlas? –
Vacilé por un momento pensando fugazmente en mi niñez en la cual siempre había compartido este tipo de tentempié con la bebida infantil tradicional por excelencia, me sentí como un inmaduro e infantil pedazo de crio, pero aun así sin poder evitarlo dije:
– ¿Leche? –
Ella me miró con sorpresa casi como me sentía yo, luego sonriendo con lentitud dejo el plato en mis manos y se volvió a la cocina por mi petición. Regresó con la leche… el estomago se me apretó ansioso mientras miles de recuerdos llovían sobre mí como un rocío silencioso. Ella se apartó y se sentó en la sitia del otro lado.
Cuando mordí la galleta sentí que mi lengua se familiarizaba instantáneamente con el pasado conocido. Se me retorció el estomago y el cerebro con la necesidad ridícula y silenciosa de abrazar a mi madre. Casi estuve a punto de cerrar los ojos, nadie nunca había logrado siquiera imitar el sabor de las cosas de mi madre, era infantil y lo sabia pero necesitaba recordarlo para así recordarme a mí mismo que seguía siendo humano, dejándome llevar por el anhelo de estar entre los brazos de ella al menos por una vez más.
Seguí mascándola sin ser consciente del tiempo, no sabía ni me interesaba que estaba haciendo ella, abrí los ojos dándome cuenta demasiado tarde de que si los había cerrado y había evocado en mi mente una imagen de mi madre nunca olvidada. Acerqué mi mano al vaso de leche agradablemente fría y le di un sorbo.
Sabía que la leche no se hacía manualmente pero incluso esta sabía demasiado igual a la que tomaba en casa de mi madre. Acabé en tres patadas aun deseando que durara mas, luego solo pude decirle la única palabra que sentía en todo mi interior
– Gracias… –
Ella levantó la mirada y la sostuvo con valor como no lo había hecho antes, había en ella un orgullo que me costó trabajo identificar pero que a la vez me produjo un calor en el pecho diferente al sentido por la nostalgia hacia madre pero inevitablemente relacionado y el fantástico parecido que había entre ellas, o que al menos yo parecía ver, había demasiado, ternura, cariño, compasión, por primera vez me permití perderme en ellos y en todos los recuerdos involuntarios que me traían, no parecía posible pero era.
Estaba asociándola a un ángel, como lo hacía con mi madre.
Sin desprender la mirada de ella me puse de pie y ella siguió todos mis movimientos mientras me acercaba a donde estaba sentada. Cuando estuve frente a ella me arrodillé con una pierna para quedar casi a su misma altura, alargué mi mano y la pose detrás de su cálido cuello. Sin violencia pero con determinación hice que se inclinara casi sobre mí para poder darle el beso que quería darle, con urgencia. Solo hasta ese momento me di cuenta de cuánto necesitaba besarla, cuanto necesitaba probar con mis labios que ella era real y que había traído a mí cosas que nunca creía poder volver a ver siquiera. Maldito sentimentalismo y su poder sobre mí, maldita mi debilidad ante los recuerdos muertos de mi familia que, desde el momento en que murieron, debí enterrar con ellos, pero por sobre eso tenía que besarla por ser la única que había logrado igualarse a mi madre a un nivel equilibrado.
Ella levantó la mano y por un momento creí que iba a apartarme pero luego se amoldó a nuestra extraña posición y me urgió, hundiendo las manos en mi pelo, a que siguiera besándola, abrió los sedosos labios y dejo que metiera mi lengua entre ellos hacia el cálido contacto de su boca, la sangre comenzó a arremolinárseme en el cerebro y en otras partes menos inofensivas. Palabras mas estaba comenzando a excitarme, bajé mi mano de su cuello a su cintura y de ahí torpemente hice que se pusiera de pie conmigo abrazándola y no dejando ni por un segundo que nuestras bocas se apartaran, pero al estar de pie no pude dejar de apretar ese cuerpecito caliente contra el mío hasta levantarla parcialmente del suelo, sintiendo las suaves curvas de este y todo el aroma a vainillas que en ese momento enloquecía cada célula de mi enardecido ser.
Un gemido broto de su garganta enviando escalofríos de ciego placer por toda mi extensión. Una vez más sentí que estaba empezando a perder el control y a no ser consiente ni de mi mismo, sentí que cada parte de mi quería saltar contra ella y penetrarla sin control, estaba ahogado de una necesidad sexual animal que me exigía estar dentro de una mujer, pero no cualquiera, sino esta que comprimía contra mí. No sabía con exactitud cuál era el motivo de todo esto pero necesitaba con urgencia estar con ella, más específicamente, dentro de ella.
Abrazándola aun casi alzada caminé precariamente hacia el sillón grande en el cual me dejé caer con ella como si de una ridícula película de romance se tratara. Ella no se apartó de mí sino más bien buscó acomodarse y amoldarse a hojarcadas sobre mi endurecido regazo, lo que hizo que la inocente falda que portaba se levantara un poco.
La tela era el agente que me daba más y más fuego, acosándome con el impulso de romper el puritano tejido que la cubría y descubrir cada poro de la pasión que escondía tras la fachada de niña buena. Moví mis manos hacia su espalda buscando regatear el sweater hasta poder sacárselo o por lo menos hasta poder sentir en la punta de mis dedos algo de ese fuego en su piel avainillada, las corrí hacia el frente por la cintura levantando imperceptiblemente la tela, volví a su espalda pero volví mi toque más agresivo al subir la tela y poner mis manos directamente sobre sus costillas y la piel de estas, tan suave como la de un bebe. Ella se removió pero no con incomodidad, sino como si quisiera algo mas, sus manos corretearon por el borde superior de mi camisa y tocaron sobre esta el pecho y los hombros, luego volviendo al pecho. El corazón me palpitaba a la carrera, parecía que iba a estallar de pura excitación y solo porque ella me estaba tocando el pecho.
Tenía que tocarla, si no lo hacía me daría con colapso nervioso, bajé mis manos sintiendo bajo ellas cada una de sus delgadas formas, hasta que las tuve sobre sus muslos, abandoné el caliente contacto de su boca por su oloroso cuello sobre el cual deje una marca de besos húmedos y lengüetazos para degustar el sabor de su olor, ella se removió hacia atrás, como si me estuviera cabalgando y bese más profundamente su cuello, verla así solo hizo mi resistencia aun mas débil, casi como un violador tome en puños la puritana falda y la subí rápidamente tan dispuesto a tomarla de esa manera como de cualquier otra, tenía que tocarla, tenía que ver el estado en que se encontraba y tenía que comprobar cuando deseaba ella esto, y si lo hacía tanto como yo, pero casi a punto de terminar el camino de ascenso y al rozar con mis dedos una suave ropa interior, ella empezó a empujarse a sí misma hacia atrás haciendo que casi explotara, pero con su frente apoyada en la mía y con los ojos cerrados en tortura pero no de pasión sino de algo más.
– Detente...por favor...por favor...– su respiración agitada y con olor almendrado golpeó suavemente mi rostro esa frase penetró por mi acalorada conciencia en cuanto sus débiles esfuerzos por separarse de mi comenzaron a tomar un poco de fuerza.
"Intenté recabar todo pero no hay ningún tipo de registro que relacione a Isabella Swan con ese episodio, pero inevitablemente es posible que se trate de ella porque no hay registro de la chica y tampoco de Isabella"
Las palabras pronunciadas por James entraron por mi conciencia apagando súbitamente mi pasión en cierto grado, y solo hasta ese momento fui consciente de cuan cerca podría estar de la afirmación de que habia sido violada. Otra vez imágenes de ella siendo tocada por manos inequívocas hizo mi sangre arder por un tipo diferente de sentimiento.
Apartándose dejé que se sentara en la silla y permanecí al lado de ella, me pasé la mano por los cabellos aplacándolos inútilmente.
– Lo siento – pensé en ese momento ya que era la única palabra que se me ocurría decir, y era la primera disculpa verdadera que pronunciaba en demasiado tiempo, mire su arrobado y casi camafeico perfil.
– Yo lo siento más – dijo ella, cuando enfoque el resto de su cuerpo vi que estaba acomodándose la falda de manera que nada quedara al descubierto, casi me empecé sentir como un verdadero violador.
– Creo que debería irme – dije consciente de que después de esto ella estaría bastante renuente a estar a mi lado al menos un tiempo.
– Por favor...– dijo ella, pensé que me estaba pidiendo que me fuera "por favor". Definitivamente esta visita había empeorado un tanto las cosas. – Debo contarte algo – dijo después de unos momentos, cuando ya estaba más dispuesto a irme cuando aun podía hacerlo –Si tienes intención de quedarte a mi lado debes saberlo –
Mi curiosidad se abrió al instante, si me iba a contar lo que creía que me iba a contar esto había sido opuesto a lo que había supuesto antes. Lo más simple que había hecho hasta ahora. Pero no me interesaba saber cuan sencillo o difícil había sido, me interesaba más la historia, debía admitir que parecía un rabo cotilla y no un empresario de estilo.
Intentando no demostrar que la curiosidad estaba brotando de cada parte de mi cuerpo me acomodé para escuchar la que sería una de muchas otras confidencias.
– Todo lo que sé de mi niñez lo supe en...– Tragó saliva, como si tuviera un tapón en la garganta – Creí en un orfanato en las afueras de esta ciudad...no tengo familiares de ningún tipo... en el orfanato decían que mi madre me habia abandonado cuando nací, aparentemente estuve en un hospital durante mucho tiempo –
Recordé un episodio similar cuando era niño y había estado enfermo en el hospital, había escuchado a mi padre y madre hablar de una bebe abandonada, en medio de mi ensoñación percibí algo así.
– Cuando caí al orfanato era demasiado pequeña para entender las cosas que pasaban allí. – continuó relatando y mirando hacia el frente como si su cuerpo ya no fuera su transporte y su espíritu se hubiese trasladado a lo que parecía ser el peor momento de su vida. – Los trabajos que hacíamos... la manera en la que éramos explotados...golpeados… Era demasiado pequeña para entender el maltrato, cuando avanzó nuestra edad también lo hizo nuestra inteligencia...a medida que pasaban los días me daba cuenta de que nada de eso era un juego... al menos no era uno con el que estuviera familiarizada, todo el maltrato era solo una manera de ganar un techo medianamente decente para vivir y un pedazo de comida aceptable...y muchas otras cosas más...–
El dolor de su perfil tocó una fibra en mí que, hasta ese momento, no sabía que existiera, aun no sabía que nombre darle, malditos sentimentalismo una y otra vez. Ella siguió hablando.
– En medio de eso conocí a una persona...una a la cual considere un amigo...– se calló tragando ahora no tan en seco, había brillo perlado en sus ojos que identifique segundos después comió lagrimas no derramadas pero contenidas – Pero ninguna de las intenciones de él y de su...amigo tenían que ver con la amistad...al menos hacia mi –
Se calló abruptamente cuando sospeché que la histeria silenciosa comenzaba a apoderarse de ella, y lastimosamente eran las palabras claves que seguían a toda esa confesión que no necesitaba que hiciera sino hasta dentro de aproximadamente dos meses.
Antes de que pudiera evitarlo se me salió preguntarle:
– ¿Te violaron?– cuando lo pregunté identifiqué que tan enfadado sonaba, como si la culpa de mi estúpida sensibilidad fuera la de ella.
– Quiero olvidarlo – dijo sin dar una verdadera respuesta a mi pregunta con lo que quedé igual que al inicio del día – Quiero agradecerte por qué me incluyas en tus intereses – dijo ella sonriendo falsamente, como si dudara de la veracidad de esto… aun no la habia ganado del todo y eso representaba un problema. – Aunque no sé qué tan interesado estés en mi después de esto...te suplico… – se lanzó a llorar sin control. Las lágrimas en una mujer siempre me hacían prensar en el arsenal más poderoso de estas y con el que fácilmente podían manipular y conseguir lo que querían. – Te ruego que comprendas –
Controlando mi loco deseo me moví un poco hacia ella, ya sabía parte de eso así que podía darme una idea de lo que me esperaba en la cama con ella y si era sincero conmigo mismo estaba demasiado interesado en ese aspecto, demasiado mas de lo que me atrevía a admitir. Acerqué mi brazo e hice que tomara mi hombro de soporte.
– Perdóname – dijo ella mientras se sacudía lentamente contra mí, no temía perder la camisa por su llanto, solo me interesaba ganarla a ella para que todo fuera más fácil.
– Perdóname tu a mi...no lo sabía – ahora me disculpé yo, con toda la sinceridad que era capaz de proyectar, esperando que fuera notoria. La sostuve contra mí hasta que sus sollozos se calmaron y lo que tumbé entre mis brazos era un cuerpo inconsciente de sueño, dormida.
El silencio perforó mis oídos acostumbrado a los susurros de la clase alta, pero en este sitio se respiraba un a clase de tranquilidad difícil de igualar.
Sintiéndome laxo ahora apoyé mi cabeza suavemente sobre la de ella y oliendo el aroma fresco de sus cabellos caí también en un profundo sueño del que no esperaba despertar hasta haber descansado correctamente.
Y después de unos momentos la mujer comenzó a bailar al rededor de mis pensamientos, trenzando mis neuronas a un nivel insoportable, aun seguía con la cabeza en las sombras pero podía distinguir, a un sumo nivel, la esencia de su cuerpo, sus manos me tocaban y me pedían a gritos que las tocara, pero cada vez que alargaba mis propias extremidades ella se alejaba, o pasaban sobre ella como si su etéreo estado se hiciera mayor en el momento en que mi piel se acercaba. Pero no me importaba porque estaba ahí, llevándose de plano todo el cansancio que me atormentaba, al menos por el momento. Sentía, en medio de mis sueños, que tenía un preciado tesoro entre mis brazos, uno que debía ser protegido a toda costa, tanto como la mujer que entraba y desaparecía entre mis ojos necesitados.
No supe por cuánto tiempo duro la sensación, esta fue interrumpida súbitamente por el olor de algo comestible, algo que estaba en el exterior.
Me removí contra el calor que parecía envolverme hasta que, parpadeando varias veces, caí en cuenta del lugar en el que me encontraba y que el calor que sentía no se debía a la mujer sino a una mullida y suave cobija que para mi deleite olía levemente a vainillas.
Escuché unos ruiditos seguidos de una respiración acompasada a lo lejos, un par de toses, finalmente abrí los ojos otra vez y me vi en el departamentito de Isabella. Me moví con lentitud para que no se percatara de que estaba despierto y así poder ver qué era lo que estaba haciendo. Me revolví en el mueble de manera que ella y sus movimientos quedaron de libre vista a mis ojos. Seguí cada una de sus delicadas acciones, parecía querer hacer el menor ruido posible y supe que lo hacía porque creía que aun estaba dormido, se inclinaba progresivamente hacia lo que parecía ser un pequeño horno en donde estaba haciendo cocción a lo que fuera que desprendiera ese olor tan apetitoso.
Ella se daba media vuelta y tomaba cada cosa con un tipo de amor único que me hizo pensar en si alguna vez habia visto a una mujer diferente a mi madre cocinar algo de una manera tan especial, como si cada acción mereciera ser digna de la máxima atención.
Me quedé mirándola concentrado, sin poder evitar pensar en todo lo que me habia contado antes, y también en lo que no me habia contado, tenía un ansia asesina por saber el resto de la historia, lo que seguía después de que conocido a quien fuera que hubiera conocido.
En un momento dado se inclinó para retirar el alimento del horno, pero al ver que aun faltaba se volvió a poner de pie y se dio la vuelta, no estaba preparado para su rapidez así que no tuve tiempo de hacerme el dormido, solo me quedé mirándola fijamente esperando que ella sacara sus propias conclusiones.
– Hola – saludó ella como si fuéramos amigos en vez de algo más.
– Hola – respondí yo también, al parecer su falta de palabras se me habia contagiado por el aire... traté de identificar la hora que era mirando hacia las ventanas pero estaban cerradas con cortinas semitransparentes, saqué mi brazo del cómodo cobijo y consulté mi reloj, me sorprendió ver que tan tarde era al menos para estar aquí – Vaya...dormí...mos demasiado.– en medio de esto el olor despertó mis instintos comensales haciéndome soltar un inevitable bostezo mientras hablaba.
– Si...yo... he preparado la cena – dije ella en voz clara pero sombría, una cena por ella seguramente sería el cielo en la tierra, sin poder evitarlo sonreí pensando en el bienestar que le produciría a mi estomago consumir algo que ella hubiera hecho.
– Estoy seguro de que la disfrutare – constaté para que ella supiera
Al parecer mis palabras fueron algo así como graciosas ya que una esplendorosa sonrisa, que por un largo momento transformó su triste rostro en uno demasiado hermoso, cruzo por sus blancas facciones. Apartando la cobija me puse de pie y me acerqué a la mesa dispuesto a dar buena cuenta de la comida. Los cubiertos estaban puestos de manera exacta, tal como hacían en las cenas finas, me pregunté cómo lo sabia pero debía ser paciente ya que yo mismo habia presionado a James para obtener al menos la primera parte de la información, si quería saber más de ella y su educación, la cual a todas luces no podía pertenecer a un orfanato, y el modo en que la habia adquirido, tarde o temprano lo sabría.
Ella lo puso todo en el orden exacto, la presencia que ese plato ofrecía era muy apetitosa, luego se apartó para sentarse en su silla y probar su propio plato, me llevé un buen pedazo del suave pollo a la boca y comprobé alegremente que no me habia equivocado, y también que debía dar el siguiente paso, y debía darlo ahora si quería seguir disfrutando de su culinaria y de la confesión de sus secretos, sin inhibirme un poco deje mis cubiertos un momento y la miré fijamente esperando que me devolviera la mirada.
Ella conectó sus ojos con los míos y en el momento en que lo hizo le dije:
– Quiero que vengas a vivir conmigo –
Ella se quedó quieta un momento, luego pareció perder la fuerza en las manos, a su favor solo pude decir que me sostuvo la mirada pero parecía deberse más a la conmoción que a el hecho de que fuera valiente. Ahora solo me quedaba esperar su respuesta que ansiaba que fuera tan sincera y directa como habia sido mi pregunta
