Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto
Hola a todos, gracias por entrar! Quise subir este capi ayer y nunca pude loguearme, vaya a saber por qué u.u Al fin hoy puedo y he aquí el capi diez. La historia tendrá un total de catorce capítulos, así que después de este sólo quedan cuatro.
Espero que esta entrega les agrade :D
Capítulo X: Entendiéndose
Luego de enterarse de la verdadera identidad de su custodio, la gerente salió precipitadamente de la oficina sin aceptar ningún tipo de explicación. Kankuro quiso alcanzarla, pero Shikamaru lo detuvo. Le pidió por favor que le permita entenderse con ella a solas.
-Por favor –repitió el agente, al ver que el otro vacilaba.
Kankuro intercambió una larga mirada con su hermano menor. Finalmente accedió.
-Está bien –otorgó de mala gana-, pero quiero que sepas una cosa, Nara: aquí nadie ha dejado de notar que algo pasa entre mi hermana y tú, y cada día resulta más evidente. –Su interlocutor no dijo nada al respecto, entonces Kankuro prosiguió, ceñudo.- Seguramente no sea de mi incumbencia, pero te advierto que si no puedes manejar la situación, te alejaremos de ella sin dudar, ¿entiendes? Temari ya ha sufrido bastante.
Shikamaru miró primero a Gaara y luego a Kankuro. Una vez más se admiró del amor que le profesaban a su hermana, aunque a esas alturas, y teniendo en cuenta sus propios sentimientos, ya no le sorprendía.
-Entiendo –aseveró.
Luego se encaminó apresuradamente hasta la puerta. Quería alcanzar a Temari antes de que cometa alguna imprudencia, se había marchado de la oficina en un estado de gran conmoción. Mientras la atravesaba, la áspera voz de Gaara lo frenó por un instante.
-Suerte, Nara –le dijo, obligándolo a volverse para mirarlo-. La necesitarás.
-o-
Cuando entró en su despacho, Temari se apoyó por unos momentos sobre la puerta cerrada, dejando que las lágrimas broten por fin. La cabeza le ardía, se sentía mal, confusa, perdida, y no lograba ordenar sus pensamientos. Había sido demasiado.
Sollozó con angustia, con bronca, como hacía tiempo no lo hacía. En cuanto fue conciente de eso se apresuró hasta su escritorio. Luego recordó que su bolso colgaba del perchero (como siempre) y fue hasta él para buscar pañuelos de papel. Encontró un paquete sin abrir. Con una torpeza que la desesperaba todavía más consiguió abrirlo después de un minuto completo. Extrajo varios pliegos y se enjugó la cara.
De pronto la asaltó una certeza: tenía que salir de ahí. No estaba en sus cabales y lo último que quería era que sus empleados o cualquier otra persona la vieran en ese estado. Arrojó a un cesto los pañuelos utilizados, tomó su bolso y se encaminó hasta la puerta. Ésta se abrió de golpe.
-Oh no, tú de aquí no te vas –le anunció Shikamaru, cerrándole el paso.
-No eres nadie para impedírmelo –siseó ella, plantada frente a él.
Las huellas del llanto fueron evidentes para el agente ni bien se enfocó en su rostro. Cerró la puerta con cuidado, para no provocarla, y le habló con voz calmada.
-Lo sé –repuso con honestidad-, pero antes de que te marches me gustaría hablar contigo.
-A un lado.
-No me moveré hasta que me escuches.
-Ni siquiera lo intentes –le advirtió ella, pestañeando para contener nuevas lágrimas.
-Te lo contaré todo desde el principio Tem...
-¡No hace falta! –interrumpió ella, luchando por conservarse entera frente a él-, ya he oído más que suficiente.
-No me has oído a mí.
-¿En qué puede variar tu versión? ¿En un nombre? ¿En una profesión? ¿En la calidad de la farsa?
-Aunque sea difícil creerlo, prácticamente no te he mentido en nada.
-¡Te dije que ni siquiera lo intentes! –porfió Temari, con tanta exasperación que le provocó una fuerte punzada de dolor. Se llevó una mano a la sien.
Shikamaru lo vio, así como la forma en que se contrajeron sus rasgos. La escrutó con el ceño fruncido, identificando su malestar.
-¿Tienes jaqueca? –le preguntó.
-No es de tu incumbencia –espetó ella, reiniciando su marcha hacia la puerta. Cuando le pasó por el costado para esquivarlo, Shikamaru la atajó rodeándole la cintura con un brazo por el frente-. ¡¿Pero qué demonios?
Sin decir una palabra, la obligó a volver sobre sus pasos con suavidad pero también con firmeza. La guió hasta uno de los amplios sillones del recinto y la sentó, desoyendo las protestas. Le quitó su bolso, lo arrojó a cualquier parte y se arrodilló delante de ella, tomando su rostro todavía húmedo por las lágrimas entre las manos.
-¿Desde cuándo? –preguntó.
-¡Te dije que no te incumbe!
-Recuéstate –pidió.
La otra lo miró boquiabierta, indignada. Siempre era igual con ese hombre, era como si estuviera en otra sintonía de la realidad y la descolocaba, la descolocaba irremediablemente.
-¡Quiero irme! –reclamó, levantándose.
El agente la sujetó de los hombros, sin dañarla pero sin ceder, y la obligó a sentarse otra vez. Temari no lo podía creer.
-Recuéstate –repitió él, con un tono de voz más apremiante que el anterior.
-¡No lo haré! ¿Acaso no entiendes que ya no quiero saber más nada de ti?
-Eso no podrá ser, tú no eres mi superior y éste no me ha relevado de la misión –dijo él como si nada, haciendo caso omiso de la mirada amenazante que le dirigieron-. Seré tu custodio hasta que todo esto acabe.
Luego, sin pedir permiso (como de costumbre), la tomó de los tobillos para subirle las piernas al sillón, quedando de este modo casi recostada. Superada por tal descaro, Temari no pudo hacer nada para defenderse. Luego el sujeto ocupó el espacio a espaldas de ella.
-Te haré unos masajes –informó.
-¡No quiero! –rezongó ella, indignada hasta lo indecible. Pero antes de que pudiese siquiera intentar levantarse de nuevo, los dedos de él comenzaron a maniobrar sobre sus sienes.
Muy a su pesar eso la relajó en un instante, comenzó a sentir que su cuerpo se liberaba de un gran peso, sin importar cuánto se resistiera por dentro ante semejante atrevimiento. Perdió fuerza para moverse, para protestar, para conservar un poco de su vapuleada dignidad. El muy maldito parecía saber perfectamente lo que hacía.
-Déjame –musitó Temari al borde del llanto, impotente, odiándolo a más no poder. Ese hombre ejercía un gran influjo sobre ella, sobre sus sentidos, sobre sus emociones, recién ahora adquiría plena conciencia de hasta qué punto. Y, por eso mismo, no podía perdonarlo.
Sus dedos hicieron presión en determinadas zonas y la joven cerró involuntariamente los ojos. La siguiente vez que se recordó a sí misma, su traicionera cabeza reposaba sobre su regazo con comodidad, aunque la congoja persistía. Las lágrimas echaron a rodar de nuevo.
-¿Por qué me haces esto? –murmuró quejumbrosamente.
-Porque quiero que estés bien.
Temari resopló con sarcasmo.
-Lo hubieras pensado antes –dijo con tristeza.
Shikamaru acusó el golpe. Ella tenía razón, en las presentes circunstancias él quedaba como un auténtico miserable, y no le gustaba nada ese papel. Para eso bastaba con Kabuto, y él no quería que se le asociara a esa imagen. Necesitaba hacerle entender cuánto le importaba ella en realidad, más allá de todo, necesitaba que supiera que él no pretendía ser otra mentira en su vida.
-En verdad no quiero que sufras, Temari –le dijo, sin dejar de masajear y, de vez en cuando, secando alguna lágrima furtiva-, pero supongo que no puedo detener el proceso.
-No, no puedes.
-Lamento mucho que tengas que pasar por esto.
-Aunque en lo que te toca no te arrepientes de nada –interpretó ella.
-No, no puedo arrepentirme de hacer mi trabajo –explicó él ante una risa vacía de ella-. Pero sé que hay cosas que hice mal.
Temari calló. La jaqueca disminuía aunque, en contraposición, se hacía más agudo el dolor de su alma. Todavía se sentía muy confusa, así que no estaba dispuesta a dejarse convencer. Él la había engañado, o al menos protagonizaba un engaño que alguien como ella no podía darse el lujo de tolerar. Lo de Kabuto era terriblemente decepcionante, desequilibrante, así como lo referido a su padre y la empresa, pero la incertidumbre respecto al agente le resultaba insoportable.
-Me mentiste –lo acusó, con voz lastimera.
Shikamaru pestañeó, casi desalentado. Sería sumamente difícil entenderse con ella, de hecho había una alta probabilidad de que no lo consiguiera, no obstante tenía que intentarlo.
-Un agente encubierto debe ocultar su identidad, sea con quien sea.
-Y mis hermanos te apañaron. Ellos también me subestimaron, me trataron como a una tonta.
-Lo único que queríamos era protegerte.
-¿Protegerme? ¿Es que acaso jamás se les cruzó por la cabeza lo que podría pasar, lo que yo podría sentir y pensar?
-Todo el tiempo.
Temari se liberó de sus manos y se sentó, encarándolo con indignación.
-¿En serio? No me hagas reír –dijo con sarcasmo-. Realmente, Kiba… o como sea que te llames, no puedo entender la mente de los hombres.
-No tienes que hacerlo, sólo intenta comprender esta situación.
-¿Por qué no me dijeron la verdad?
-Mientras menos supieses, mejor –explicó él-. Estás amenazada de muerte, Temari, al igual que tus hermanos. Esto es grave y no tendrá un final sencillo. Si lo hubieses sabido desde el principio, ¿qué hubieras hecho?
-Hubiese ayudado a buscar la lista. O me hubiese enfrentado con Kabuto, con Akatsuki, ¡hubiera hecho lo que sea! Yo no les tengo miedo.
-Pues haces mal. Y ahí tienes la respuesta al porqué de nuestro silencio.
-¡Me subestimas otra vez! –exclamó ella, irritada, poniéndose de pie.
-No, jamás lo haría –aseguró él, parándose a su lado. Temía que la mujer se evadiera así que se colocó muy cerca, por si tenía que atajarla de nuevo-. Sé lo que vales, Temari, y sé que hubieras actuado con razón, pero también con desventaja.
-¿Y qué se supone que tengo que hacer ahora? –dijo ella, mirándole a los ojos con una mezcla de dolor y encono que Shikamaru difícilmente podía soportar sin sentirse más culpable-. Es mi vida, Kiba, mi vida, ¡y mi vida no es un juego! ¡Me han manipulado! Papá, Kabuto, mis hermanos, tú…
-Yo no te he manipulado nunca, siempre he sido todo lo honesto que he podido.
-¿De verdad? –se burló Temari, abatida-. ¿Y cómo diablos hago para creerte?
-o-
Hatake Kakashi en persona se dirigió a la empresa, necesitaba consultar con Shikamaru una serie de ajustes en los planes. Fue recibido por Gaara y Kankuro, que aún permanecían en presidencia.
-Lamento la molestia –saludó el agente.
-No hay por qué, Shikamaru acaba de ponernos al tanto de todo –dijo Gaara, invitándolo a tomar asiento con un gesto-. En estos momentos no podrá recibirlo porque está con mi hermana.
-¿Con la señorita Sabaku? ¿Le pasó algo?
-No, tranquilo –respondió el joven-. Sucede que, de alguna forma, ella es la que más sufre con todo esto. Hay muchos factores involucrados.
-Shikamaru se ofreció para contenerla, están en su despacho –informó Kankuro-. ¿Podemos hacer algo por usted mientras lo espera?
-En realidad, sí –dijo Kakashi.
-¿De qué se trata?
-Surgió un imprevisto –comentó el agente. Kankuro se alarmó-. Oh no, tranquilo, no es nada que pueda afectar nuestros planes. Simplemente tendremos que cambiar los medios.
-Los medios para qué –consultó Gaara.
Kakashi se tomó algunos segundos antes de responder.
-Hemos estado debatiendo con mi equipo, Shikamaru incluido, y decidimos que lo mejor es que los tres se tomen unas vacaciones.
Kankuro lo miró con asombro. Gaara, imperturbable, no pudo menos que objetar.
-Eso es imposible, y supongo que no tengo que explicarle por qué.
El agente suspiró con cansancio. Se lo temía.
-Comprendo que la empresa no pueda quedar en manos de cualquiera, que siempre deba haber al menos un Sabaku al frente, pero creo que sus vidas valen más que eso.
-Créame que yo también veo su punto –respondió Gaara-, sin embargo las cosas tendrán que resolverse de otra manera.
-Pienso igual –acotó Kankuro.
Kakashi guardó silencio durante algunos instantes. Midió con cuidado la determinación de cada uno de los hermanos, aunque en el fondo siempre supo que no le dejarían ejecutar ese plan, tal y como le había advertido el propio Shikamaru la noche anterior. Maldijo para sus adentros. Adiós al plan A, habrá que ver qué sucede con el B.
-Está bien, lo acepto –acabó por decir-. Lamento mucho que estén tan resueltos a permanecer al frente de la compañía, pero no intentaré disuadirlos si ésa es su decisión. Sin embargo, debo advertirles que no podemos protegerlos a los tres aquí, implica demasiados riesgos, por lo cual al menos uno de ustedes deberá ausentarse. Propongo que sea la señorita Sabaku.
Los hermanos se consultaron entre sí con sólo una mirada.
-Por nosotros no hay inconveniente, no sé si ella estará de acuerdo –replicó Kankuro, pasándose la mano por la nuca. Después de todo lo que había sucedido ese día, dudaba mucho que accediese sin gritos ni protestas.
-Hablaremos con ella –dijo Gaara-, creo que un viaje es lo mejor y nos dejará más tranquilos.
-De eso venía a hablar con Shikamaru –señaló Kakashi-. Estuve haciendo averiguaciones y, por desgracia, en la actualidad nuestro Departamento no cuenta con los medios apropiados.
-Sí, algo dijo de los medios –recordó Kankuro-. ¿Se refiere a los gastos, al transporte, al personal? No hay problema, nosotros nos encargaremos de eso.
-Se lo agradezco mucho –repuso Kakashi-. La verdad es que preferimos que el traslado sea en avión, en lo posible privado. El destino y lo demás ya lo hemos arreglado.
-Se ve que tienen todo planeado –observó Kankuro con cierta ansiedad-. No nos adelantará nada, ¿verdad?
-Lo siento pero no.
-Está bien, confiamos en ustedes –dijo Gaara con sinceridad-. En pocos días han hecho por nosotros lo que durante años aquellos que creímos nuestros amigos jamás hicieron.
Kakashi se limitó a asentir con la cabeza, entendía muy bien lo que el otro quería decir.
-Y si necesitan un avión privado, Temari tiene uno a su disposición –dijo Kankuro-. ¿Para cuándo tendría que estar listo?
Ahora el agente los miró con seriedad y resolución.
-Para mañana a primera hora.
-o-
Tuvo que admitir que Temari tenía un punto. Era cierto: primero se entera que su padre era un estafador y que hacía negocios sucios en su propia empresa sin que ella lo notara, después resulta que el hombre con el que estuvo comprometida en matrimonio –y que seguía siendo su amigo- era un maldito embustero que sólo quería aprovecharse de ella y quedarse con su fortuna; por último, su custodio tampoco es lo que aparenta y, encima, intentó acostarse con ella. ¿Cómo diablos conseguiría que confíe en él de nuevo, que confíe siquiera en alguien?
-Entiendo lo que dices y tienes razón –dijo finalmente Shikamaru, después de algunos instantes de reflexivo silencio-, es problemático confiar en estas circunstancias.
-Más que problemático, es imposible.
-Acepto lo que me toca, aunque debo insistir. Te aseguro que yo estoy de tu lado, Temari.
-No intentes ser considerado conmigo, Kiba, no te queda.
-Shikamaru –corrigió él.
-Como sea –repuso ella con sequedad.
El joven suspiró. Bien, entonces si esta vez no valía de nada ser considerado…
-Creí que eras más fuerte y más sensata –chicaneó.
La otra lo miró con disgusto.
-Mi vida entera está derrumbándose sobre mí, ¿cuán fuerte crees que debo ser para soportarlo, señor sabelotodo?
Con esa malhumorada respuesta, Shikamaru sintió que caminaba sobre terreno conocido. De a poco las cosas comenzarían a encauzarse si lograba seguir aguijoneando su orgullo.
-Soportaste una balacera en la ruta, pero no puedes sobrellevar un engaño.
-¿Me estás hablando en serio? ¡No hay comparación!
-Una balacera pudo acabar con tu vida y tú ni siquiera te quebraste, ¡pero un engaño que vino de un maldito bastardo que no lo vale te hace llorar como una niña!
La otra se quedó pasmada.
-¡Yo decido qué puede acabar conmigo y qué no, maldita sea! –rugió.
-Ahí está, ¡la Gran Temari, diosa de la omnipotencia! –se burló él.
La gerente se crispó. En su interior, la pena empezó a cederle espacio a la ira. Puso los brazos en jarra y lo taladró con la mirada.
-¡Vago insolente! ¿Quién te crees que eres?
-Tengo algún derecho, ¡salvé tu trasero!
-¡Deja de utilizar eso como excusa!
-Y tú deja de comportarte como una niña indefensa ¡y acepta la realidad!
-¡Claro! ¡En unos cuantos segundos más aceptaré con una gran sonrisa que no eras quien decías ser! –exclamó ella con sarcasmo-. ¿Crees que esto se trata sólo de Kabuto y la empresa? ¡Pues no, idiota, también se trata de ti!
-Bien, se trata de mí. Entonces piensa, comprende, acepta, ¡madura!
-Lo que me faltaba, ¡sermones! ¡Yo hago lo que quiero! –le gritó Temari, furiosa- ¡Largo de aquí!
-¡Por supuesto que me iré! –respondió él, mientras se acomodaba descaradamente en el sillón. Esta vez se recostó y apoyó la cabeza sobre sus manos entrelazadas, ante el estupor de la joven que lo miraba boquiabierta-, después de que te tranquilices y entiendas que, a partir de ahora, el que da las órdenes soy yo.
Temari abrió más la boca, indignadísima, sin podérselo creer.
-¡¿Qué mierda estás diciendo? –chilló.
Shikamaru se arrellanó aún más en el sillón y cerró los ojos como si fuera a dormir una siesta, con absoluta desfachatez. Temari estaba que echaba chispas.
-Ya sabes todo sobre mí, soy un agente de policía y seguiré actuando de guardaespaldas hasta que termine la misión. Comprenderás que desde ahora no podrás obrar sin consultarme.
-¡Eso jamás! –se exaltó la otra-. No mientras yo viva, ¿me oíste, Kiba? ¡Ni lo pienses!
-Shikamaru.
-¡Como sea!
-Veo que te sobra energía y que la jaqueca ha disminuido –comentó él cansinamente haciéndose el tonto, todavía con los ojos cerrados-. Si eres tan sensata supongo que no te costará mucho lidiar con mi verdadera identidad.
La joven pestañeó. Se quedó con la palabra en la boca, petrificada, al discernir el significado de sus palabras. Maldito sea.
Lo había hecho a propósito, la estuvo aguijoneando para provocarla, para hacerla estallar. Era cierto, estaba tan enojada con él que había olvidado su verdadero pesar, y hasta su jaqueca de pronto había desaparecido. El muy condenado.
-Eres un…
-Sabes, Temari, hay algo que nunca te he dicho: platicar contigo es bastante entretenido –declaró él, casi en un susurro.
Ese tono de voz tan perezoso y, a la vez, tan seguro de sí mismo, la sacó de quicio. Odiaba cada vez que le hablaba de esa manera, cada vez que se evadía, que la contradecía, que la enredaba o que la hacía rabiar. No era más que un juego para él, y ella caía una y otra vez.
-Siempre es igual contigo, ¡te odio! –gruñó, cruzándose de brazos.
Shikamaru suspiró con disimulado alivio al oír esa conclusión. Abrió los ojos y se irguió lentamente sobre el sillón hasta quedar sentado. Observó su perfil, porque ella se había girado con ademán ofendido para no verlo.
-Sí, siempre es igual y siempre lo será, así es como soy –murmuró-. Me conoces, Temari.
La mujer se mantuvo con la vista fija en cualquier parte, obstinada. Al disminuir la jaqueca sus ideas comenzaron a ordenarse otra vez, y ahora podía vislumbrar muy bien adónde quería llegar él, pero no pensaba ceder. Una vez más le resultó terriblemente inquietante la forma que tenía de manejarse con ella, cuánto conocimiento poseía sobre su naturaleza y sobre su temperamento. Pero por Dios que no cedería.
Como Temari callaba, el agente prosiguió.
-Tenías razón, el nombre y la profesión son diferentes. En cuanto a "la calidad de la farsa", bueno… soy muy malo para actuar.
La gerente persistía en ignorarlo. Shikamaru suspiró otra vez, le estaban haciendo hablar más de lo que acostumbraba.
-Puedes confiar en mí, Temari, porque me conoces –insistió-. Siempre será igual conmigo porque todo lo que he dicho y hecho hasta aquí ha sido verdad.
Ella no daba muestras de rendirse, aunque vio cierto titubeo en su postura, como si estuviera conteniéndose. Vaya a saber qué clase de emoción trataba de controlar. Pensando en eso, pensando en todo, la admiró aún más por su temple, por seguir de pie pese a las circunstancias. Era la mujer más increíble que hubiese conocido.
Por su parte, Temari repasó mentalmente los sucesos del día anterior. Si bien al fin comprendía por qué él había tenido esa reacción tan desagradable en el vestuario, su cabeza era ahora un torbellino de fuerzas opuestas que iban y venían, que chocaban y arremetían, que no le permitían decidir. Lo único que sabía era que había demasiado en juego, además de su orgullo.
De todos modos la sensatez no la abandonaba y, a pesar de que su mundo había dado un gran vuelco, alcanzó a vislumbrar lo que él intentaba decirle. Aun así seguía doliendo y no podía perdonarlo. Lo de Kabuto fue como una patada en las costillas, lo de su padre en el fondo no la sorprendía tanto, lo de sus hermanos hasta podía olvidarlo, pero lo de su custodio…
No sólo había confiado en él desde el principio pese a todos esos absurdos enfrentamientos, Temari tuvo que reconocer que, en el transcurso, se había enamorado perdidamente del sujeto. Una decepción tan temprana era difícil de soportar, la desestabilizaba, ni siquiera estaba segura de lo que quería hacer con ese nuevo estado de cosas en su vida. Además, faltaba esclarecer muchos detalles, como por ejemplo el de saber con certeza si era correspondida en sus sentimientos o si sólo se trataba de una tonta fantasía.
Sin mirarlo aún, armándose de valor, le habló con la mayor honestidad que pudo invocar.
-Tal vez pueda… entender algunas cosas –dijo con voz áspera, vacilante-, lo que tú tienes que entender también es… es que han ocurrido entre nosotros ciertos hechos…
-Y hablaremos de todo ello cuando tú quieras –se apresuró a decir él, sabiendo a qué se refería-. Sé que he cometido muchas estupideces, yo…
-Ahora no quiero hablar de eso –interrumpió ella, mirándolo por fin. Shikamaru calló, discreto-. Te repito que puedo entender algunas cosas, pero aun así… aun así ya no confiaré en ti. Puedo aceptar que debas permanecer a mi lado por tu trabajo, lo dejaré pasar, pero ya no confiaré.
Aunque comprendía su postura, el agente sintió un pinchazo dentro de sí. Para él, a esas alturas, estar con ella ya no se trataba de un simple asunto de trabajo. Sin embargo, supo ocultar muy bien sus sentimientos. Jamás volvería a cometer la torpeza de dejarse llevar por sus instintos, la mujer estaba experimentando una gran confusión y eso en buena parte era por su causa. Por el momento, Shikamaru tuvo que conformarse.
Desde luego, lo que había pasado en el club le pesaba, pero el día había sido demasiado largo y arduo como para insistir en tocar ese espinoso tema. Temari así lo pidió y él debía aceptarlo.
En ese preciso momento llamaron a la puerta. Se removieron, incómodos, y luego ella dio la autorización para que entraran. Eran Kankuro y Kakashi.
-Siento interrumpir –dijo el primero-, no podíamos seguir esperándolos. Se hace tarde y hay que comenzar con los preparativos para el viaje.
Al oírlo, Shikamaru comprendió la presencia de su superior.
-¿Viaje? –preguntó Temari, extrañada.
-Sí, bueno… -comenzó Kankuro, balbuceando.
-Sí, un viaje –afirmó Shikamaru, después de intercambiar una mirada de entendimiento con Kakashi-. Temari, no podremos protegerlos a los tres juntos, así que hemos decidido que te vayas de viaje por un tiempo.
Termari arrugó el ceño a más no poder. ¡Lo que le faltaba!
-Yo no iré a ninguna parte –aseveró, con los brazos en jarra otra vez.
-Te llevaré a tu casa para que hagas el equipaje. No necesitas mucho, no creo que te ausentes más de una semana –comentó Shikamaru sin hacerle caso.
-Dije que no-i-ré-a-nin-gu-na-par-te –remarcó ella entre dientes.
-Por seguridad me quedaré a dormir en la mansión y por la madrugada nos vamos.
-¡¿Cómo que nos vamos?
-¿A qué hora estará listo el avión? –preguntó el evasivo interpelado.
-Eeh… a-a las seis de la mañana en nuestro hangar, e-el chofer los llevará –balbuceó Kankuro, observando con pasmo la incólume postura del agente ante las protestas de Temari. Más adelante, si salían con bien de aquella locura, le pediría consejos al respecto.
Kakashi, en cambio, los observaba con una discreta sonrisa de picardía, oculta también por la bufanda que siempre llevaba encima. Permanecía de pie con las manos en los bolsillos, atento a cada gesto y a cada palabra entre ellos. Era evidente que se atraían y, pese a las apariencias, que conectaban y que se entendían.
-¡Ah, Shikamaru! –intervino finalmente-, se irán en el avión privado de la señorita, nosotros no hemos podido conseguir uno.
-Bien.
-¿En mi avión privado? –Temari nunca se había sentido tan indignada como a lo largo de aquella funesta jornada-. ¿Qué se han creído? ¡Yo no viajaré así nada más!
-Pues así nada más viajarás –concluyó Shikamaru.
La joven bufó, encrespada. Pero no, de ninguna manera le daría a su custodio, agente, o lo que fuera el gusto de seguir con esa discusión delante de los otros. Lo fulminó con la mirada, mientras tomaba el bolso para irse de allí de una buena vez.
-Lo discutiremos en casa –gruñó, ajena a las connotaciones de la frase. Luego avanzó hasta la puerta pasando entre los hombres con la marcha más digna que pudo componer. Lo dicho, su vida ya no le pertenecía, otros seguían decidiendo por ella con absoluta insolencia. Era intolerable.
Después de que traspusiera la puerta, Shikamaru intercambió miradas de despedida con los que se quedaban y se apresuró a ir tras ella. Por su parte, Kankuro no lograba salir de la estupefacción.
-Bueno –suspiró Kakashi con indolencia-, asunto resuelto.
El otro se pasó una mano por la nuca, sin poder creer aún en el modo como Shikamaru obligó a su hermana a aceptar el viaje cuando él venía hecho un lío de estrategias de persuasión. Gracias al cielo, no tuvo que utilizar ninguna.
Un poco lo compadecía por la discusión que tenía por delante con ella todavía, aunque dudaba que Temari fuera a salir exitosa. Que eran el uno para el otro le parecía innegable, lo que seguía sin vislumbrar era la técnica que el tipo empleaba para entenderse tan rápido con ella.
:D
Gracias por leer! Saludos para Marge, gracias por comentar siempre n.n No fui muy dura con Shikamaru, creo, pero hay que entender que ni para Temari ni para nadie es fácil digerir que la persona que amás te mienta, sean cuales sean las circunstancias. Espero que el capi te haya gustado :D
Nos vemos!
