Una luz le deslumbraba, era tan intensa que le era imposible fijar la vista. Intento protegerse los ojos y la vio, una silueta de una mujer en medió de esa luz cegadora, su protectora. Quería correr pero no la alcanzaba, cada vez se alejaba más.

Abrió los ojos y los tuvo que cerrar de golpe, Ron se había descuidado de cerrar las cortinas la noche anterior. Harry notó que estaba solo en la cama y pensó que quizás había sido un sueño todo. Coloco su cara en la almohada y aspiró tanto como pudo, sintió su aroma fresca y se dio cuenta de que no había sido un sueño, Ginny había estado con él esa noche.

Harry se levantó de la cama y observó a su amigo durmiendo como un tronco sin inmutarse de nada, pensó que era un caso perdido intentar despertarlo. De repente, se dio cuenta de que tenía mucha hambre y decidió bajar a la cocina a picar algo. La casa estaba enmudecida, aún todos dormían por lo temprano que era e intentó bajar tan sigilosamente como pudo las escaleras. Al llegar a la cocina, vio que no estaba solo.

-Buenos días.-dijo Harry

-Buenos días Harry!-contestó una risueña Ginny aún en camisón y con los ojos adormecidos.

-Qué haces tan temprano levantada?- dijo el chico mientras se acercaba a ella y le plantó un beso en la nuca.

-Eso mismo pregunto yo…-dijo Ginny conteniéndose una sonrisa.

-Tu hermano se le olvidó cerrar las cortinas por la noche, me ha despertado el sol y ya no creo que pueda dormir.

-Ya, yo tenía mucha hambre- contestó Ginny mintiéndose una gran madalena en la boca en un grande bocado.

Harry solo pudo reír con tal acción y decidieron preparar algo de desayuno para los dos. Mientras ponían la mesa, Harry se dio cuenta de que Ginny lo miraba de reojo cada dos por tres.

-Qué pasa?-preguntó extrañado

-Nada, que veo que te has levantado con entusiasmo.-dijo Ginny mientras ponía el café en la mesa.

Harry no entendía que era lo que quería decir su chica pero no le dio mucho tiempo a pensarlo ya que entro Hermione.

-Buenos días chicos! Vaya Harry…. Podías taparte un poco …..-dijo Hermione apartando la mirada de su amigo y poniéndose colorada.

-Eso le decía yo ahora.-dijo Ginny riéndose y ofreciéndole un vaso de zumo a su amiga.

Harry se miró en el reflejo de la ventana sin entender nada, hasta que vio el bulto que se le marcaba con los finos pantalones del pijama. Se sentó de repente en una silla muerto de vergüenza, se preguntó porque tenía que pasarle eso ahora y quiso que la tierra se lo tragara.

-Lo si…siento…-tartamudeo Harry rojo como un tomate.

-Tranquilo, no pasa nada, sé que no puedes controlarlo-le dijo Ginny plantándole un beso en los labios.-pero la próxima vez ten más cuidado, imagina que te vieran mis padres!.

Harry solo asintió con la cabeza y se puso a comer con ellas. Hermione no lo miraba directamente al principio, hasta que al final se le paso la vergüenza de lo sucedido. Hablaban animadamente y Harry les comentó que quería ir a Gringotts para hacer alguna consulta.

-Genial! Tengo que ir al Callejón Diagon a comprar unos ingredientes y unos libros, te acompaño!.-dijo Hermione entusiasmada.

-Sí, yo también vendré, prometí a George a ayudarle con la mercancía de la tienda.-contestó Ginny.

-Y que tienes que hacer en Gringotts?-preguntó curiosa Hermione.

-Quiero aclarar lo de mi herencia, no la he recibido todavía y me da mala espina.-contestó Harry intentando evitar que se le notara en la voz su preocupación.

Al cabo de poco, toda la familia estaba desayunando con ellos. Al acabar, decidieron irse a cambiarse para poder ir al Callejón Diagon, Ron también se había interesado para acompañar a Harry. Antes de salir, los señores Weasley quisieron hablar con Harry.

-He oído que los goblins no están muy contentos contigo muchacho.-dijo el señor Weasley.

-Lo sé y creo saber cuál es la razón pero sinceramente no me importa, mi herencia me pertenece.-contestó Harry.

-Cariño, solo queremos que vayas con cuidado y no a las malas, se puede torcer todo con los goblins, nunca sabes que esperar de ellos.-dijo la señora Weasley dándole una palmadita en la espalda con afecto.

-Sí, lo tendré en cuenta, gracias.-contestó Harry con una sonrisa.

-Os esperamos para comer supongo!-dijo Molly pero esta vez dirigiéndose a todos.

Los cuatro amigos asintieron menos George, él quería comer en la tienda para acabar el trabajo hoy. Así pues, cogieron todos polvos flu y se dirigieron al Callejón Diagon. Harry se asombró por lo que vio, sabía que aún el callejón no estaría activo pero no pensó que estuviera tan desierto. Las únicas tiendas abiertas eran la Boticaria y la librería. Hermione se despidió de ellos y prometió estar en Gringotts cuando acabara para esperarlos. Ginny y George fueron los siguientes en despedirse cuando llegaron a la tienda de bromas Weasley, así pues, se quedaron solos Ron y Harry.

-Vamos, tenemos mucho por delante, esos seres no quieren ni verme-dijo Harry a Ron.

Subieron las escaleras de mármol de la entrada, les extrañó que ya no hubiera vigilancia. Harry supuso que pensaban que ya no la necesitaban después de todo, el callejón estaba desierto. Añoraba esos días que vino con sus amigos a pasearse por las tiendas, tenía ganas de que todo volviera la normalidad. El rellano estaba como siempre, lo habían restaurado después de la escapada con el dragón y eso le hizo percatarse más de que todos los goblins lo miraban. Llegaron al último mostrador y sabía que no debía parecer débil.

-Quiero ver a alguien que lleve las herencias, aún no he recibido la mía todo y ser mayor de edad.-dijo Harry secamente.

El goblin coloco sus largos dedos en el borde de la mesa y bajo la vista para mirar quien era el que se le dirigía así y se asombró de ver a Harry.

-Lo siento señor Potter, pero si aún no ha recibido su notificación es que aún no la hemos tramitado.

-Me da igual, quiero hablar con vuestro superior.-contestó fríamente, sabía que eso sucedería.

-Muy bien, espérense por favor-dijo el goblin y desapareció detrás de la mesa. Harry y Ron se miraron dubitativos, no sabían qué iba a pasar ni si había funcionado la estratagema de Harry. Al cabo de unos segundos, apareció otra vez el goblin invitándolos a pasar en una sala anexa al vestíbulo.

- Gobnitts les atenderá de inmediato.-dijo el goblin una vez dentro de la sala y desapareció por la puerta.

-Harry y si no funciona? Que pasara si no te dan la herencia?-dijo Ron mirando por todas partes a ver si veía algo extraño.

-Me la darán, son sus normas y no pueden romperlas-dijo Harry convencido.

De una puerta al lado izquierdo de la sala, entró un goblin muy mayor con cara de pocos amigos. Se sentó en una silla y les invitó a que hicieran lo mismo.

-Bien señor Potter, ha venido usted a reclamar su herencia pero eso no creo que sea posible.-dijo Gobnitts mirando a los dos chicos duramente.

-Cuál es su justificación, esa herencia me pertenece.-contestó Harry mirándolo de la misma forma.

-Sí, le pertenece pero debo recordarle que nos estafó con la espada de Gryffindor y rompiendo todo el banco cuando intentaban escapar.-dijo el goblin.

-Yo no estafé a Griphook, la espada no le pertenecía, no es un Gryffindor y escapamos para poder destruir a Voldemort, o acaso estaban mejor con él?-pregunto fríamente Harry.

-No, señor Potter, claro que no. Pero eso no justifica sus actos, usted rompió cualquier trato con nosotros en ese momento.

-Creo que se equivoca señor Gobnitts, aunque yo, según usted, haya rompido cualquier trato con el banco no significa que mis padres y mi padrino también y ellos me dejaron la herencia a mí, estarían incumpliendo sus normas y desacreditándose después de tantos años de trabajo.-dijo Harry.

Pareció que esas palabras hacían reflexionar al goblin, al final bajo la mirada y chasqueó la lengua.

-Está bien señor Potter, espere y le traeré su notificación.-dijo y salió por la puerta de donde había entrado.

Ron miraba a Harry estupefacto, como si flipara con lo sucedido.

-Harry, te has lucido, solo falta por saber el trato que harán contigo.-dijo Ron

-Trato? De que hablas?-contesto Harry mirando a su amigo.

-Crees que te van a dar la herencia así como a si? Crees que te van a dejar guárdala en el banco así como así? No, creo que querrán hacer algún trato contigo. –dijo Ron seriamente.

No pudieron hablar más, el goblin volvió a la sala y extendió un papel a Harry. Este lo leyó concienzudamente mirando si había alguna letra pequeña que no se viera a simple vista.

-Bien señor Potter, esta es su herencia pero a cambio quiero un favor.-dijo Gobnitts.

-Sabía que esto no me saldría sin más, que es lo que quiere.-contesto Harry.

-Quiero que done una parte de su fortuna al banco como castigo de lo sucedido, no pueden quedarse las cosas así como así.

-No voy a dar ni un knut, el banco esta reconstruido y, por lo que veo, no os ha costado tanto. Además, estabais obstaculizando una misión aceptada por el actual ministro de magia. Es necesario que molestemos al ministro para esto?-dijo Harry sonriendo maliciosamente.

-No, claro que no, pero usted debe…-comenzó el goblin pero alguien lo interrumpió.

-De pero nada, os estáis ahorrando una sanción por parte del ministerio por haber obstaculizado una misión encargada de derrotar al gran maligno, eso sin contar el robo de la espada de Gryffindor que se la quito de las manos un empleado de esta casa ya que la espada pertenece a Harry en herencia de Dumbledore.-contestó cortante Ron que hasta ahora había estado callado.

-Muy bien, señor Potter usted recibirá su herencia sin ninguna restricción. Solo debe firmar la notificación y su herencia será recibida al acto. –dijo el goblin con menos aires de grandeza. Harry no tardó en firmar la dichosa notificación y se la devolvió a Gobnitts.

-Acompáñeme por favor.-dijo el goblin y le siguieron hasta la parte trasera del banco para montarse en una vagoneta.

Empezaron a bajar cada vez más y Harry pensó que su bóveda debía de pertenecer a una familia muy antigua para que estuviera tan abajo. Sabía que su padre venia de una familia de magos muy lejana pero no que fuera tan antigua. Pasaron por varias cascadas hasta que se pararon delante de una sala. Des de la sala se oían rugidos de un dragón, Harry pensó en el que liberaron y no le hacía gracia tener uno protegiendo su bóveda.

-Este dragón ya lo pueden soltar, no quiero ningún animal ni ser cautivo para mí. –dijo Harry contundentemente haciendo que el goblin solo asintiera sorprendido.

-Aquí está, la bóveda 59 de los Peverell.-dijo el goblin colocando su mano en la puerta.

Harry y Ron no podían creer lo grande que era y la cantidad extraordinaria de monedas y objetos que había. Ron nunca había visto tanta riqueza junta y a Harry se le paso por la cabeza que quizás se desmayaría de lo blanco que se había puesto. Entro y se llenó la bolsa que le regaló Hagrid con algunas monedas. A continuación, se desplazaron a la bóveda 711, la de los Black. Allí, aunque era considerablemente más pequeña que la otra, también había grandes cantidades de dinero. Harry pensó que no sabía qué hacer con tanto oro en su poder, ni que vivieran cien vidas se lo podría gastar todo.

Se encontraron con los demás bajo las escaleras del banco. Hermione frunció el entrecejo al ver la cara de Ron.

-Que ha pasado? No te han dado la herencia?.-pregunto la chica molesta.

-Sí, sí se la han dado…-dijo Ron tragando saliva.

-Eso es muy buena noticia! Porque pones esa cara entonces?-pregunto Hermione mientras le cogía del brazo a su chico.

-Hermione, Harry es rico…

-Ya lo sé Ron, y que pasa? Lo sabemos des de siempre.-dijo Hermione mirando a Harry que se le empezaba a escapar la risa.

-No, no, Herm, no me refiero a la riqueza que conocíamos de Harry sino que es jodidamente rico!

Estuvieron caminando por el callejón mientras Ron les contaba todo lo que tenía Harry en sus ahora bóvedas. Hermione se reía por ver la reacción que había tenido su chico con tanto oro mientras que Ginny miraba al suelo sin decir palabra. Harry sabía que le pasaba algo, no era normal en ella no meterse con su hermano cuando podía. Así pues, se acercó a ella y le levantó la cabeza con suavidad y sumo cariño.

-Qué te pasa Ginny?-le preguntó Harry dulcemente.

-Nada, cosas mías.-dijo la chica mientras apartaba la mirada y la mano de Harry de ella.

-No mientas, sé que te pasa algo y quiero saberlo.-le respondió Harry que hizo que la pelirroja resoplara.

-Está bien, me preocupa que seas tan rico, temo que ahora que tienes tanto dinero no quieras estar conmigo. No me malinterpretes, pero yo no puedo ofrecerte nada, no tengo nada de valor.-dijo Ginny que se le empezaban a saltar las lágrimas de los ojos.

-Oye, acaso crees que estoy contigo por eso? Te quiero y si me das muchas cosas. El amor, la amistad, el cariño, la dulzura, el ánimo, el deseo y un largo etcétera no es nada para ti? No soy avaricioso Ginny, en absoluto, se lo que es no tener nada y ahora lo tengo todo pero no por el dinero sino por ti.-dijo Harry mientras le daba un beso en la mejilla de ella donde tenía depositada una lágrima. Ginny sonrió y lo beso apasionadamente, nunca le habían dicho algo tan bonito en toda su vida.

Así pues, volvieron con polvos flu a La Madriguera.