Candidatos

Se acerca el final del curso y la gente ya comienza a estar nerviosa; se nota en el ambiente. Hay estudiantes tristes por abandonar el instituto, otros triunfantes por todo lo conseguido en estos años, también están los que se resignan por saber que no se gradúan y los que, como yo, están ansiosos por salir de instituto; sobre todo para abandonar Lima.

El curso acaba y la graduación está más cerca de lo que me imagino. Los preparativos para la graduación se están empezando a llevar a cabo por los voluntarios; el presidente estudiantil ya está ocupado preparando el discurso y organizando lo demás. Pero hoy, lo más importante, son las jornadas universitarias con sus charlas, recomendaciones y alguna que otra visita de ojeadores para las becas de los deportistas… Yo con eso no tengo ningún problema, nunca he destacado en ningún deporte; soy más de encerrarme con mis libros y evadirme del mundo exterior. No es que esté en baja forma, pues desde hace unos meses que estoy saliendo a correr por las mañanas y, aunque al principio me costaba horrores, ahora lo tengo como rutina y me está sentado muy bien al cuerpo. Estoy mucho más ágil y las piernas las tengo más fuertes.

Mi profesora del club de lectura me ha recomendado varias universidades. Desde siempre he querido estudiar comunicación y qué mejor para ello que la UCLA, en Los Ángeles; allí tienen el mejor programa para estudiar periodismo. Me ha entregado una carta de recomendación que, junto con la de mi editor, puedo adjuntar a mi escrito de admisión. He estudiado muy duro estos años, aguantando todo lo que me han hecho en este instituto, para conseguir una beca o ayuda para entrar.

-Te sientan muy bien las gafas nuevas-escucho a Puck mientras pasa por mi lado.

Sí, Noah Puckerman, el mismo que hacía unos meses se burlaba de mí en los pasillos y en la cafetería… Últimamente está más amable de lo normal y, lo que es más extraño, ya no intenta ridiculizarme. A decir verdad, las gafas se parecen algo a las anteriores, pues son de pasta y de color negro, pero no necesito más; aunque el cristal es más grueso de lo normal, debido a los cristales que tienen anti roturas por las posibles caídas.

-Gracias-me ruborizo.

No todos los días un sex simbol como Puck se detiene a decirme algún cumplido. Estoy disfrutando como una niña pequeña. Desde que se fue Marley, no he puesto mi interés en nadie y estoy empezando a sentirme bien, al fin y al cabo no voy a terminar tan mal el curso… Menos mal que las animadoras están ocupadas con el concurso nacional y las posibles becas para las universidades; no me extraña que lo estén, a ellas sólo les funciona el cerebro para saltar y correr.

-Espero tu voto-se acerca sonriente, la chica latina, mientras me entrega una pegatina con su cara.

-¿Por qué iba a votarte?-pregunto alucinada, ya que es la primera vez que me dirige la palabra desde que la conozco.

-Vota si sabes lo que te conviene-se marcha con la misma sonrisa con la que me había dado la pegatina.

El baile de fin de curso está a la vuelta de la esquina y, con ello, la coronación para rey y reina del baile de este año. Nunca me ha gustado esta clase de pantomima; que es tradición en la mayoría de los institutos públicos de los Estados Unidos… Pero, como reportera del periódico del Mckinley, siempre me toca cubrir, al igual que los preparativos y el resto de actos oficiales.

-Rachel, quiero una entrevista completa de los candidatos. Tenemos que seguir las encuestas y saber quién es el favorito de los estudiantes-comenta algo alterado mi editor.

-¿Por qué no se lo das a mi compañero?-cuestiono algo molesta por la carga de trabajo.

-Eres nuestra mejor periodista… ¿Quieres tu carta de recomendación?

-Sí, pero…-intento aclarar la situación hasta que me interrumpe.

-Pues haz bien tú trabajo y lo tendrás.

-¿Y los exámenes? ¡Son dentro de dos semanas!-no puedo estar en todo.

-No es mi problema, Rachel, pero la redacción sí que lo es-me dice mientras me invita a marcharme del aula.

Odio al editor con todas mis fuerzas, pero él es quien manda y, si quiero otra recomendación, tendré que hacer lo que me ordena cueste el trabajo que me cueste. Cuanto antes empiece con el artículo, antes terminaré.

Empezaré por los candidatos. A reyes del baile: Noah Puckerman, Sam Evans y Ryder Lynn, éste último no tengo ni idea de quién es. A reinas del baile son: Kitty Wilde, Santana López y Quinn Fabray… ¡Quinn! No tenía ni idea de que le gustase éste tipo de cosas. Aunque, para decir verdad, lo peor va a ser entrevistar a la perra de Kitty.

-¿Tienes pareja para el baile?-me acorrala Puck contra las taquillas.

-Ehm… ¿Qué quieres?-tartamudeo.

-¿Tu qué crees?-me acaricia la trenza que cae por mi hombro.

-¿No vas con Kitty? Ella es tu pareja para rey y reina, ¿no?

Empieza a temblarme todo el cuerpo. Me sale incluso el tic que tengo de recolocarme bien las gafas, una fea costumbre que se me acentúa cuando me pongo nerviosa.

-¿Qué me dices? Tú, yo y la pista de baile…

-Nunca he ido a un baile-comento con la voz temblorosa.

-Siempre hay una primera vez-dice él con la voz más seductora que he escuchado en mi vida.

-Cierto.

-Nos vemos entonces-suelta antes de marcharse con su sonrisa de medio lado.

Estoy tan atontada por el momento que acabo de vivir con Puck, que no me he percatado de la discusión que procede de la sala de coros, situada frente a mi taquilla.

-¡Esto es una locura, San!-resuena la voz de Quinn en toda la aula.

-No es mi culpa que la gente te proponga candidata-es ahora la latina quien grita mientras pasa las partituras de alguna canción.

-No voy a poder terminar el año tranquila-suelta agachando la cabeza.

-No hagas un drama de esto, Quinn, el ser candidata a reina de baile no es lo peor que te ha pasado.

Qué diablos le pasa a Quinn… Creo que una persona como ella debería sentirse orgullosa de que la gente la quiera como candidata. Además, ella es la más normal de todas las que hay para elegir.

-Me hubiese gustado terminar el año por una vez siendo yo.

-Ya tendrás tiempo cuando salgamos de este agujero. Mírame a mí, estoy harta de las amenazas de la perra de Kitty y de nada ha servido los intentos para quitarle el puesto de capitana.

No tenía la menor ni idea de que Kitty le hiciese la vida imposible a sus propias animadoras. Tiene tanto veneno dentro, que incluso la gente que está a su alrededor no la aguanta.

-Queda apenas un mes y aún no me han contestado de la universidad-dice con algo de pena.

-Vamos, Quinn, tienes esa tan famosa en Nueva York… Creo que es mejor que la que tanto ansías.

-Me hubiese gustado estar cerca de mi familia. Echo de menos Santa Mónica y cada vez me voy más lejos.

-Piensa que son sólo los años que durarán los estudios. Después serás libre de viajar a donde quieras-la abraza tiernamente.

En este momento, siento celos de Santana por estar abrazada a Quinn y darle esa protección y seguridad que necesita en el momento oportuno. Estoy recomiéndome por dentro. Quinn siempre está ahí cuando más la necesito, pero ella nunca me ha comentado sus problemas. Es más, siempre he creído que ella lo tiene todo y que su vida es tan sencilla que sólo se tiene que preocupar de que su maquillaje esté correctamente o su peinado intacto.

-Anímate, Quinn. Mira, ahora que no está la pesada de Marley, podrás cantar un solo en la final. ¿Qué te gustaría cantar?

-No sé, Santana, lo que diga el grupo. No es sólo decisión mía-intenta sonreír.

Decido dejar de espiar, pues estoy empezando a sentirme mal por estar escuchando. Mi padre me educó así. Por mucha curiosidad que tenga, no voy a hacer algo que a mí no me gustaría que hiciesen conmigo.

Tengo trabajo que hacer, y poco tiempo para hacerlo, así que necesito concentración para poder hacer el cuestionario de preguntas, organizar los eventos y pensar en la maquetación de la tirada de la semana que viene. Concentración que no consigo, pues yo sólo tengo en mente la conversación de Quinn y Santana; ni siquiera pienso ahora en el baile, ni en Puck.

La noche pasa horrible y no puedo pegar ojo. Las entrevistas con los candidatos fue un completo desastre; entre una pregunta y la siguiente, Kitty soltaba alguna bordería. Aguantar su ego por las nubes, me ha revuelto el estómago. Mañana aún me tocará entrevistar a la última candidata.

-¿Cómo se siente al ser candidata a reina del baile?

He dejado para el final a Quinn, al menos ella dará algo de cordura al artículo. Además, me apetece dedicar más tiempo a ella.

-Estoy orgullosa de que los estudiantes piensen que soy la adecuada para este puesto-sonríe de lo más profesional.

-¿Qué te hace diferente al resto? Es decir, ¿qué tienes tú que las demás candidatas no tienen?

-Me considero una persona normal y corriente. No destaco nada sobre los demás.

-¿Por qué eres así?-le pregunto embobada.

-¿Perdón?-se remueve en su asiento mientras levanta una ceja.

-Lo siento, yo… Esa pregunta no tiene nada que ver con el cuestionario. Perdona. ¿Con quién vas a ir al baile?

-Con Sam Evans.

-¿Te preocupa algo?-me atrevo a cuestionarle fuera del guión de preguntas preparadas.

-No creo que esa sea una pregunta apropiada para el periódico escolar.

-No es por el periódico… Nunca cuentas nada y siempre eres tan reservada que…

-¿Qué insinúas Rachel?-se levanta enfadada de la silla.

-No insinúo nada, es sólo que escuché lo que le decías a Santana ayer.

Intento defenderme, pero creo que la fastidio aún más. Quinn parece cabrearse más de la cuenta. Me merezco todo eso y mucho más, por lo que acabo de soltar por la boca. ¡Estúpida Berry! Yo y mis problemas de hablar en voz alta cuando no debo.

-¡Me has espiado! ¿Es por lo que te ha contado tu amiguita Marley? ¿Queréis hacerme más daño de que ya tengo?-Quinn está fuera de sí y ya no sé si es por el estrés o porque de verdad he sacado un tema del que no le gusta hablar.

-¡No te he espiado! ¿Qué tiene que ver Marley en esto? ¿De qué hablas?-no entiendo nada.

-Creía que eras diferente al resto de la gente de este instituto, Rachel, pero eres igual de hipócrita que los demás-sale de la sala corriendo y llorando.

Y aquí me quedo, como una idiota, parada en el salón del coro donde estaba haciéndole la entrevista a Quinn hace tan sólo unos segundos. Me quedo repasando, una y otra vez, la conversación que hemos tenido para internar averiguar algo de lo que ha pasado… pero, por mucho que lo intento, no consigo comprender nada. Sólo sé que Quinn se ha ido decepcionada y dolida con algo que yo no tengo nada que ver.

Acabo de terminar con la poca relación que tengo con Quinn Fabray y, lo peor, es que me lo he buscado yo solita por meterme en asuntos que no me incumben. Yo solo quería dar una imagen positiva antes de irme del instituto y ella se ha convertido en alguien importante en mi vida. Sólo me queda arreglarlo antes de graduarnos.

-¿Qué le has hecho a mi amiga?

Era cuestión de tiempo. Algunas de las amigas de Quinn vienen a defender a su amiga por haberle hecho llorar.

-Nada, Santana, lo juro-intento protegerme la cara por un posible ataque de la latina.

-Mi amiga no se pone así por nada-sigue con su ataque verbal.

-Sólo estaba haciendo la entrevista y, bueno, le hice un comentario algo personal… y se puso hecha una furia.

-Que sea la última vez que te veo cerca de Quinn, ¿ok? Está sufriendo demasiado desde que está cerca de ti y que seas, o no, la culpable de ello… me da igual. Te quiero lejos de ella, ¿entendido?-me empuja contra las taquillas tras haberme amenazado con su dedo índice.

-¿Y si no quiero?

-Mira, enano, yo no soy tan buena como Quinn y puedo llegar a ser más mala que Kitty si hace falta. Así que, como te vea a un metro cerca, me encargaré yo misma de echarte a patadas. Además, ella no quiere saber más de ti-me vuelve a amenazar.

No sé quién impone más, si Kitty o Santana. Es la primera vez que veo a la latina de esta manera, aunque, claro, nunca me he acercado a ella para comprobar cómo es realmente. Sea como sea, su amenaza da más resultado que cualquier granizado en la cara… Lo que más me ha dolido de todo lo que me ha dicho, es que comentase que Quinn no quiere saber nada más de mí.