Esta es una adaptación con algunos de los personajes de Stephanie Meyer, la historia no es mi propiedad. Al finalizar les diré quién es la autora.
EL doctor llegó. Bella esperó en la cocina desesperada por saber lo que le pasaba a su hija
—¿Qué es lo que está pasando? —le preguntó a Alec—. No he entendido nada de lo que has dicho.
—La has asustado —contestó él con brusquedad—. Le has contado historias de brujas y cree que tú eres una bruja, Bella —se sentó frente a ella y se inclinó hacia adelante-. Tendrás que irte. Edward no permitirá que te quedes ahora...
Ella lo miró con la boca abierta.
—Yo no la he asustado...
—¡Maldita sea! —rugió Edward desde la puerta—. ¡Por supuesto que sí! ¿De dónde has sacado ese broche, Bella?
—¿Qué? —preguntó ella con asombro.
—¡Dios!
Edward se lo arrancó desgarrándole la camisa.
— ¡Ahora espera un minuto!
—Siéntate! —ordenó Edward—. Es un broche mágico, según Nessie —bramó con la cara furiosa—. Del tipo de los que llevan las brujas. ¡Y Dios sabe que me siento inclinado a darle la razón!
La mente de Bella se aceleró. Y entonces hizo una asociación crucial. Alec le había regalado aquel broche... Nessie había sentido pánico por ella antes. La vez que Alec la había llevado al café, pataleando y gritando... Bella había olvidado la impresión de que su hija la había mirado como si fuera una bruja.
Se puso tensa. Aquello era asunto de Alec. Alzó la barbilla asombrada de que alguien que quisiera a Edward pudiera ser tan malévolo como para arriesgarse a hacer daño a su hija.
—Alec me regaló ese broche —dijo temblando de rabia—. Yo no contaría a Nessie historias de terror. Si hablas con ella averiguarás que Alec está detrás de esto.
—¡Perfecto! —explotó Edward—. Te portas de manera irresponsable y ahora pretendes echar la culpa al hombre en el que confío por encima de nadie.
—¡Estoy diciendo la verdad!
—¿La verdad? ¡Tú no sabes qué diablos es eso! ¿Por qué iba a querer Alec asustar a Nessie? Él la quiere y sabe tratar a los niños mucho mejor que tú.
—Yo no le haría daño —protestó ella.
—Lo has hecho. ¡Por Dios que lo has hecho! Quiero que salgas de aquí. Tienes una hora —el desprecio estaba dibujado en cada línea de su cara mientras sacaba el monedero y dejaba unos billetes en la mesa—. ¡Busca un sitio para pasar la noche y sal de esta isla!
Apenas sin control, Edward se dio la vuelta y salió como una tromba.
Temblando por las emociones, Bella miró el dinero asombrada.
—Hora de irse —murmuró Alec.
—¡Y un infierno! —explotó ella de repente—. ¡No dejaré que me hagas esto! ¿Qué tienes en contra mía? ¿Qué te he hecho yo?
Él la miró de arriba abajo sin ocultar el desdén.
—Eres mala para Edward.
Ella alzó la cabeza con orgullo.
—¡Oh, no, no lo soy! ¡Le hago sentirse bien!
—Te equivocas —Alec se inclinó hacia adelante con odio en la cara—. Cuando Nessie fue a visitarte, Edward lo pasó horrible. Yo lo quiero, Bella. Es como mi hermano y haría lo que fuera por él. Y tenía que ayudarlo a que te olvidara.
Ella lo miró aEdwardinada.
—¡Así que llenaste la cabeza de Nessie con cuentos acerca de mí en cuanto pudo entender lo que le contabas. ¡Envenenaste su cabeza contra mí hace muchos años!
Bella apenas podía respirar. Aquel tipo de cariño era terrible.
—Sé que estaba equivocado y que la disgusté —admitió él en voz baja.
—¿Que la disgustaste? —explotó ella—. La situación ya era bastante difícil para ella sin que tú ayudaras. ¿Cómo pudiste? Tú... —la emoción casi la desbordó. Tantos años de sufrimiento y miseria…—. ¡Tú arruinaste la relación entre Nessie y yo! ¡Eso es imperdonable, Alec!
—Tenía que hacerlo. ¡No había otra forma! Edward estaba destrozado y yo tenía que apartarte de su vida. Lo hubiera hecho él mismo, pero tú tuviste que venir aquí. Descubriste que Nessie estaba siendo maltratada y Edward se vio obligado a dejar que te quedaras.
—Pero tú no podías permitirlo, ¿verdad? —dijo con amargura—. Tenías que asustar tanto a mi hija como para dejarla petrificada para que Edward me echara...
—Mientras que... —llegó la voz áspera de Edward desde la puerta—, ahora serás tú el que se vaya, Alec. ¿Cómo has podido hacerme esto? Casi has arruinado mi vida, ¿no te das cuenta?
Bella vio que la cara de Alec se derrumbaba de horror al ver la cara furiosa de Edward.
—¡Edward, te lo puedo explicar! Ella no es buena para ti...
—¡Fuera! —los ojos de Edward despedían chispas de rabia—. Nuestra amistad y todo lo demás impide que te de un puñetazo, pero no me presiones más. Te quiero fuera de mi tierra y de esta isla en una hora. ¡Oh, Dios, Alec! ¡Tú más que nadie sabías lo que sentía!
—No podía soportar verte sufriendo —farfulló el otro hombre.
—No puedes echarlo después de tantos años juntos —dijo Bella en un susurro.
—¿Ahora pides clemencia para él? —preguntó Edward con asombro—. ¿Puedes perdonar al hombre que destruyó tus esperanzas de ser una madre para Nessie? Eres más fuerte que yo, Bella. Y desde luego, mucho más compasiva.
Bella se adelantó y apoyó la mano sobre su brazo tembloroso.
—Él creía que estaba haciendo lo correcto. Estaba equivocado y debe arreglar las cosas con Nessie, pero no lo eches, Edward. Ha sido tu amigo y quiere a Nessie...
—Y te odia a ti.
—Sólo déjale la puerta abierta. Por favor. Por tu propio bien tanto como por el de él.
Con la cara tensa por la furia, Edward se volvió hacia Alec.
—Te sugiero que te tomes unas largas vacaciones lejos de aquí. Puede que me haya enfriado para entonces, pero no te garantizo nada. Has traicionado mi confianza en ti y detesto no poder confiar en la gente cercana a mí.
Bella observó la figura derrotada de Alec salir de la habitación sabiendo que la amistad entre los dos hombres nunca volvería a ser la misma.
—Apenas puedo creerlo —murmuró Edward—. Pero primero debo arreglar esto con Nessie y después hablaremos—. Sólo puedo decirte lo mucho que siento haber dudado de tí. No sé como podrás perdonarme.
—Las pruebas eran bastante condenatorias. Pensé... pensé que no volvería a verte nunca —dijo ella con un sollozo.
Edward le acarició la cabeza.
—¡Podría matar a ese hombre por lo que ha hecho!
—Ahora debemos tranquilizar a Nessie. Eso es lo más importante.
—Me iré un rato con ella. Esto hay que tratarlo con tacto. ¿Por qué no te das un largo baño relajante?
La besó con ternura y pareció a punto de decir algo, pero se contuvo y salió de la habitación.
Bella debió quedarse dormida en el baño porque lo siguiente que supo fue que alguien estaba llamando a la puerta.
—¡Un minuto! —dijo confusa mientras se ponía el albornoz para abrir la puerta—. ¡Nessie! ¡Oh, Nessie!
La niña vaciló antes de avanzar para besarla.
—Quería darte las buenas noches —dijo Edward con voz ronca.
Bella sintió un vuelco en el corazón de pura felicidad.
—Buenas noches, mi preciosa —susurró sonriendo cuando Nessie le tiró de la mano para que los acompañara mientras Edward le leía el cuento.
—¿Estás bien ahora? —le preguntó Edward a su hija.
—Te quiero, papá —dijo ella enroscando los brazos alrededor de su cuello
—Te quiero, cariño.
Nessie miró con ansiedad a los ojos de adoración de su madre.
—Te quiero, mamá —dijo como suplicando que la perdonara.
Bella se agachó para recibir su abrazo y sintió las lágrimas al sujetar a la dulce niña entre sus brazos. Nessie era suya de nuevo y nada las separaría nunca.
—Te quiero, mi queridísima Nessie —susurró con la voz quebrada por la emoción.
Ella y Edward abandonaron entonces la habitación. Bella tenía los ojos llenos de lágrimas.
Edward la rodeó con el brazo.
—¡Pobrecita mía! —dijo con suavidad—. Será mejor que te vistas. Vas a pillar frío.
Le frotó el cuerpo mientras ella avanzaba hacia su habitación.
—¿Y qué hay de... de ti? Debes sentirte herido y traicionado.
—Sí.
Se sentó en la cama a su lado con la cara hundida.
—Lo siento mucho.
—Alec y yo hemos estado muy unidos, pero se ha acabado.
Bella le acarició la cara con desesperación y le atrajo la cabeza hacia su hombro para acariciarle el pelo en silencio. Entonces lo besó en la nuca deseando poder calmar su dolor.
De repente y de forma natural, se estaban besando con besos suaves y delicados.
Edward se apartó y le tomó la mano acariciándosela
—Han pasado tantas cosas entre nosotros —dijo con voz densa—. Pero el pasado se ha terminado. Nos hemos hecho daño el uno al otro, pero te quiero, Bella. Siempre te he querido con más pasión de lo saludable. Alec lo vio. Y hasta nos viste discutir por ello en las puertas de la villa. Fue cuando le dije que iba a conseguir que te enamoraras de mí de nuevo.
Bella gimió sin poder creer en sus palabras.
—¿Y qué es lo que te dijo?
—Estaba enfadado y dijo que era un tonto y que me dejaba dirigir por mis vísceras. Estaba convencido de que eras una cualquiera que no merecía la pena. Supongo que por eso empezó su campaña. No podía soportar que tú te encargaras de Nessie. Desde el primer momento en que nos conocimos cuando éramos adolescentes, se dedicó a llenarme la cabeza de cosas contra ti. Y yo lo escuché. Después de un tiempo, empecé a creer...
—Quizá estuviera celoso. Tu amistad es muy preciosa para él.
Edward frunció el ceño.
—Sé que no te merezco, que...
Ella le acalló con un dedo en los labios.
—Tenías todos los motivos para desconfiar de mí y pensar que era vacua y egoísta. Ahora escucha. Déjame contarte algo.
Edward la escuchó con creciente horror. Su Bella lo había necesitado y él había estado tan ciego que no se había enterado de la pesadilla que había sufrido día y noche. Y ella había hecho el sacrificio final dejando a su hija para que estuviera a salvo.
¿Y qué había hecho él? Gritarla, insultarla y odiarla.
Si se lo hubiera dicho... Pero ella no había podido, lo que significaba lo difícil qué debía haber sido hablar con él en aquella época.
No le extrañaba que lo hubiera despreciado. Era un insensible bruto...
Bella le estaba diciendo que se culpaba a sí misma por no haberle contado lo que sentía, lo sola y asustada que se había sentido y el miedo que había tenido a volverse loca. Los doctores no habían podido diagnosticar la extensión de su enfermedad. ¿Por qué iba a haberlo hecho él?
Y su pelo. ¡Dios santo! Le estaba contando que su precioso pelo se le había empezado a caer a mechones. Incapaz de soportarlo más, la apartó de sí y se puso de pie con los puños apretados.
—Debes dejarme hacer algo —dijo con aspereza. Ella necesitaba ayuda económica y no querría vivir con él como su esposa—. Dinero.
—No necesito tu dinero, Edward.
—¿Entonces qué?
—Me bastaría con ser tu esposa.
Edward empezó a recorrer la habitación de un extremo a otro enfadado consigo mismo.
—Sí. Eso es. Lo que tú quieras. Puedes vivir aquí y yo me moveré encantado a la otra ala de la casa. ¡Oh, Dios, Bella! ¿Cómo podrás perdonarme?
Bella se rió. Para ser un hombre tan inteligente, a veces se comportaba como un completo estúpido.
—No me queda otra elección —dijo con paciencia—. Te quiero y no pienso recorrer toda la casa por las noches sólo para hacer el amor contigo.
Él se detuvo en seco.
—¿Que...
Bella dejó que la toalla se deslizara.
—Presta atención —dijo con severidad—. Quiero alguna recompensa por la inexcusable falta de sentido común que has demostrado con tu terca venganza.
Los ojos de él se cargaron de deseo y Bella vio que su boca se volvía hambrienta. Y entonces se comportó como pensaba que ella esperaba.
—Sí, Bella. Recompensa. ¿Qué puedo hacer? Ella se tendió en la cama asegurándose de que la toalla no se deslizaba.
—¡Hazme el amor, tonto!
Hubo un largo silencio en el que ella jugueteó con la toalla sobre sus senos.
—¿Como... hazme el amor o...? —se aclaró la garganta—, o ámame?
—Exijo mi derecho a las dos.
Edward se estremeció. Bella estiró la mano y él se acercó. Su boca se cerró sobre la de ella.
—Adorable —murmuró él.
—Aun hay más —dijo ella con voz ronca de deseo apartando la toalla.
—¡Oh, Dios! —murmuró él con una sonrisa de picardía.
FIN
Gracias por sus reviews y alertas.
Disculpen la tardanza, pero entre la uni y mi estado de salud no podía estar en la compu mucho rato. La historia ha llegado a su fin y lo prometido es deuda el libro es de Sara Wood y se llama De la Venganza al Amor.
La otra historia quedará terminada hoy mismo. Espero haya sido de su agrado.
