Card Captors Sakura pertenece a Clamp.

10. Regreso

Estaba sentada al borde de la cama mirando fijamente un punto de la pared. Era muy tarde y a pesar de sentirse cansada no lograba conciliar el sueño. Llevaba puesto su camisón blanco para dormir sin embargo tras dar varias vueltas en la cama decidió levantarse, ponerse una bata para disminuir el frió que sentía y finalmente sentarse en la cama. Dos semanas, ¿era ese el tiempo que le quedaba en aquel castillo? ¿Solo dos semanas? Era verdad que quería empezar una nueva vida a lado de Yukito, sin embargo le producía una inmensa tristeza pensar que en dos semanas tendría que abandonar aquel castillo. No sabía porque, pero se sentía feliz en aquel lugar, con la forma en que todas la trataban y sobre todo… estando a su lado. Negó fuertemente con la cabeza. Que tonterías estaba diciendo. ¿Acaso la razón por la que no quería marcharse…era el rey? Esa era la mayor tontería que jamás se la había ocurrido. Conocía a Shaoran desde hacia muy poco tiempo, y era verdad que lo apreciaba y le estaba agradecida por todo lo que había hecho por ella, sin embargo él no podía ser la razón por la que ella quisiera quedarse, no podía serlo… ¿O si? Otra vez la maldita duda venia a acecharla. Respiró profundamente. Todo era tan confuso y tan difícil. Seguramente toda aquella confusión se debía a…de pronto un sonido interrumpió su pensamiento. Alguien estaba tocando a la puerta. ¿Pero de quien podría tratarse a aquellas horas de la noche? ¿Yukito? No, seguramente él ya estaba dormido. Entonces, ¿podría tratarse de….? Con aquella esperanza en el corazón Sakura se levantó de la cama, peino su pelo rápidamente con sus dedos y hablo con voz clara y fuerte.

- Adelante

En ese momento la puerta se abrió y pudo notar que efectivamente se trataba del hombre que ella esperaba. Por un momento estuvo a punto de sonreír, sin embrago se contuvo. No quería ser obvia y dejarle ver al rey la emoción que sentía al verlo. Sin embargo Shaoran no parecía compartir la misma felicidad que ella sentía en esos momentos. De pronto una imagen vino a su mente, una imagen borrosa y que nunca antes había visto pero que sentía era real. En realidad aquella imagen que vino a su mente se parecía mucho a aquella situación: ella vestida de blanco y parada al pie de la cama, Shaoran entrando en aquel cuarto, el silencio en la habitación. Todo era tan parecido y extraño. Aquella sensación la asustaba así que decidió intentar olvidarlo y hablar primero.

- Su majestad, ¿Qué hace usted aquí a esta hora?- pregunto Sakura

- Necesitaba decirte algo- respondió él. Sakura pudo notar que su voz mostraba una profunda tristeza.

Y de nuevo la imagen vino a su mente. Solo que en esta ocasión era más clara y más llena de color. El vestido que ella traía en su mente era más largo que la bata que usaba en aquellos momentos y mucho más bonito. Shaoran también vestía muy elegante y parecía en cierto modo… feliz, contrariamente a como se veía en ese momento. ¿Qué era lo que podría estar torturando al rey en aquellos momentos? ¿Qué pensamiento pasaba por su mente que no lo dejaba sonreír? Y mas aún ¿Qué significaba aquella imagen que seguía apareciendo en su mente?

-¿Qué es lo que necesita decirme?- pregunto Sakura con curiosidad.

Y de nuevo la imagen. Y de nuevo aquel vestido blanco…tan blanco…y de pronto lo supo. Aquel vestido no era un vestido cualquiera, era un vestido de bodas… de su boda pero aquello no tenia sentido ¿con quién se había casado? ¿Shaoran? No, no era posible.

Tras unos segundos de silencio Shaoran volvió a hablar.

- Sakura…- y mientras pronunciaba su nombre Shaoran agacho la cabeza – eres libre. Puedes marcharte…

Sakura se quedo helada por un segundo. No comprendía nada. Cada vez estaba más confundida. ¿Acaso Shaoran le estaba diciendo que podía marcharse con Yukito? Pero habían quedado en que ella esperaría dos semanas ¿Qué lo había hecho cambiar de opinión?

Y nuevamente aquel recuerdo. ¿Recuerdo, en verdad estaba recordando algo que había vivido o era solo que su mente le estaba jugando una mala broma? Podía ver como Shaoran se acercaba cada vez mas a ella y a pesar de eso estaba completamente segura de que en esos momentos Shaoran no se había movido de su lugar.

-No comprendo su majestad.- dije la muchacha intentando distraer sus pensamientos. - Creí que me había pedido que me quedara dos semanas, ¿Qué lo hizo cambiar de opinión?

- En estos momentos eso no es importante. – Contesto Shaoran aun sin levantar la cabeza.- Lo único importante es que mañana mismo debes marcharte con Yukito e irte muy lejos de aquí. -

- ¿Cómo?- pregunto Sakura aun más confundida- En verdad que no comprendo. ¿Qué fue…- la joven dejó la frase incompleta. En su mente se estaba formando nuevamente aquella confusa imagen. Ahora Shaoran no solo estaba demasiado cerca, sino que estaba acariciando su mejilla con dulzura. Todo parecía tan real que por un momento creyó que Shaoran verdaderamente la estaba tocando. Sakura intento aclarar su mente y siguió hablando para no mostrar su confusión al príncipe. – lo que paso?- ahora no solo la acariciaba, sino que la abrazaba, la tenía rodeada por sus fuertes brazos. Sakura era capaz de sentir su aroma varonil, un aroma que inundaba todos sus sentidos.

-Sakura ¿estás bien? – percatándose finalmente de la extraña actitud que estaba teniendo la joven.

- Si Su Majestad – dijo la joven mientras giraba sobre su propio eje dándole la espalda al príncipe. – Es solo que estoy cansada. – y mientras decía estas palabras cerraba los ojos, pero no por causa del cansancio, si no para poder concentrarse mejor en aquella imagen que inundaba su mente.

Todo era tan claro. Ella seguía parada al borde de la cama con su bello vestido blanco, Shaoran la abrazaba con fuerza y delicadeza al mismo tiempo. Después de unos segundos la separaba lentamente de su pecho para darle un suave y tierno beso en la frente. Posteriormente el rostro del príncipe empezó a descender lentamente hasta quedar a la altura de los labios de la muchacha, y tras un segundo que parecía durar una eternidad sus labios se encontraron en un suave y delicado beso que poco a poco fue volviéndose más intenso.

En ese momento Sakura volvió a abrir los ojos encontrándose con lo que realmente estaba pasando en aquella habitación. Nadie la estaba abrazando y mucho menos besando. Ella seguía de espaldas al rey y él seguía sin pronunciar palabra. Pero…¿Qué había sido aquellos? ¿Aquel beso había sido real? ¿Era parte de algún recuerdo o de un anhelo reprimido? Necesitaba saberlo. Necesitaba estar segura. No podía seguir con aquellas dudas que no la dejaban tranquila. Si no aclaraba su mente y sus sentimientos en ese momento, jamás podría vivir en paz. Y solo había una forma de aclarar todo de una buena vez.

- Es tarde – dijo finalmente Shaoran – lo mejor será que me vaya. Necesitas descansar. Mañana será un largo día. – Tras pronunciar estas palabras Shaoran se giro y caminó hacia la puerta. Estaba completamente devastado. Lo que tanto había temido finalmente había pasado. Había perdido a Sakura para siempre. Tomo la perilla de la puerta con su mando derecha, pero antes de poder girarla una voz lo interrumpió.

- Espere – dijo Sakura con voz firme y decidida.

Shaoran se quedo inmóvil intentando descifrar si aquella voz había sido real o producto de su imaginación. Sin embargo pronto obtuvo su respuesta.

-Espere por favor Su Majestad – repitió la joven

Shaoran se volteo lentamente y miro a donde se encontraba Sakura. Ella seguía al pie de la cama, pero ahora lo miraba fijamente.

-¿Qué pasa? –preguntó el joven sin mucho animo

-Bueno yo…- comenzó a decir Sakura. –… quisiera pedirle una favor. – se decidió a decir finalmente.

Sakura estaba muy sonrojada, pero Shaoran ignoro ese detalle.

-El que quieras – contesto con firmeza

-Tal vez le parezca extraño lo que le voy a pedir pero por favor no me cuestione y solo hágalo – dijo la joven con decisión. Era como si en un instante la joven tímida y respetuosa hubiera desaparecido para dar lugar a aquella mujer fuerte y decidida. Shaoran sonrió. Aquella mujer frente a él le recordaba mucho a la Sakura que conoció hacia tiempo en el palacio. Aquella joven que había llegado a pedirle ayuda y que había terminado por darle una de las lecciones más importantes de su vida. Sin duda extrañaba a esa mujer que tan solo con una mirada lo había conquistado.

-Lo que me pidas dalo por hecho.

Sakura asintió con la cabeza. Se mordió el labio inferior y finalmente armándose de valor dijo:

-Béseme

Por un instante la sonrisa de los labios de Shaoran desapareció. ¿Había oído bien? ¿Sakura le estaba pidiendo que la besara? ¿Era aquello un sueño? Sin embargo en esos momentos no le importaba averiguarlo. No esperaría a que Sakura se lo pidiera dos veces y si aquello de verdad era un sueño prefería no despertar nunca.

Sakura espero por unos segundos. Empezaba a sentirse muy tonta. ¿Cómo se le había ocurrido decir algo así? Pero justo cuando estaba pensando que aquello había sido una mala idea, sintió unos labios sobre los suyos. Shaoran había corrido desde la puerta hasta donde se encontraba la joven y al mismo tiempo que acercaba sus labios a los de ella, rodeaba sus caderas con su mano izquierda y colocaba su mano derecha en su nuca para profundizar el beso. Todo había pasado tan rápido que Sakura no había tenido tiempo de asimilarlo. Sin embargo no había mucho que asimilar. Shaoran la estaba besando y aquel era el beso más maravilloso que hubiera podido imaginar. Fue en ese momento que Sakura rodeo con sus brazos el cuerpo de Shaoran y se entrego por completo al beso. Todo era tan perfecto, tan mágico… y de repente como un rayo de luz empezaron a aparecer nuevas imágenes en su mente. Imágenes que nunca antes había visto y que al mismo tiempo le eran tan familiares.

Estaba ella en un vestido blanco entrando a una iglesia, el escenario cambiaba y ahora estaba en los jardines del palacio caminando junto a Shaoran, ahora discutía con Hiyori al pie de una escalera, ahora Eriol la estaba besando y en ese momento llegaba Shaoran, el escenario volvía a cambiar y se encontraba sola y llorando en su habitación, ahora estaba en casa de Yukito discutiendo con él, ahora ella completamente empapada y hablando con Shaoran, ahora él la besaba en su despacho, en la bodega del palacio, en su habitación, en las escaleras, en el comedor…

Y el beso se termino. Ambos se separaron por un momento para tomar aire. Con la respiración aun agitada se miraron fijamente.

Ahora todo tenía sentido. Finalmente cada idea, cada sentimiento, cada imagen tenía un lugar propio dentro de su mente. Era como si hubiera despertado de un profundo sueño. Sakura sonrió. Miro los ojos de Shaoran y sin quererlo su mirada se desvió a las cortinas amarillas que cubrían las ventanas de su cuarto y que en esos momentos se encontraban justo detrás de él.

-Te confieso algo. – dijo Sakura

Aquella frase le pareció muy extraña a Shaoran. Sakura no le hablaba con tanta familiaridad desde su accidente. Sin embargo decidió dejar sus dudas de lado, tanto del beso como de sus palabras, y permitir que la joven hablara. Ella se hizo un poco hacia atrás aumentando un poco el espacio entre ellos pero aun dejando sus manos sobre el pecho y hombro de Shaoran. Seguía mirando detenidamente la cortina.

-Se que yo las elegí, pero la verdad es que nunca me han gustado esas cortinas.

-¿Cómo? – dijo Shaoran muy confundido

¿Cortinas? Acababa de besarla de forma apasionada, la había entregado su corazón y su alma en aquel beso y lo único en lo que ella podía pensar ¿era en las cortinas?.. Esperen. Algo no tenía sentido ahí. ¿Cómo sabía Sakura que ella había escogido esas cortinas? Él no se lo había mencionado nunca. Entonces eso significaba que….

-Sakura…- dijo Shaoran lentamente.

-¿Qué? ¿A ti si te gustan? – preguntó la joven con preocupación mientras seguía analizando las cortinas con la mirada.

Shaoran tomo su rostro suavemente con su mano derecha y la giro hacía él intentando llamar su atención.

-Sakura… ¿Sabes quién soy yo? – preguntó con una mezcla de esperanza y miedo.

-Por supuesto- contesto la joven como si fuera algo obvio. – Eres el rey – la mirada de Shaoran se nublo ante aquella respuesta que no le brindaba ninguna nueva información- … y… mi marido. – respondió finalmente.

Shaoran no sabía si había escuchado bien. ¿Su marido? ¿Había dicho que él era su marido? La sonrisa en los labios de Sakura fue la mejor respuesta que la joven hubiera podido darle. Finalmente Sakura había recuperado sus recuerdos. Shaoran sonrió y se acerco lentamente a ella dándole un beso suave y tierno pero igual de apasionado que el anterior. Tras unos segundos volvieron a separarse. Shaoran la miraba fijamente a los ojos. A esos ojos verdes que tanto le encantaban. Con su mano derecha movió un mechón de cabello que caía sobre la frente de su esposa y con ternura le dijo:

-Regresaste. Por fin regresaste

Sakura sonrió y poniendo todo su peso en la punta de sus pies logro darse el impulso necesario para llegar nuevamente a los labios del hombre que amaba. Shaoran la apreté fuertemente a su pecho y tras unos minutos de intensa pasión y amor la cargo para colocarla delicadamente en la cama de su nuevamente habitación.

….

-Buenas noches General Yamazaki. –Dijo el mayordomo dando una reverencia al hombre que se encontraba frente a él. Wey llevaba una vela en la mano con la intención de iluminar el salón principal que se encontraba completamente obscuro- ¿Qué lo trae al palacio a estas altas horas de la noche?

-Buenas noches Wey. – Contestó el hombre con voz firme- Se que es tarde y en realidad lamento haberte despertado, sin embargo el motivo de mi visita es muy importante y no podía esperar ni un segundo más.

-¿En verdad? ¿Y de que se trata?- pregunto Wey con curiosidad

- Hace apenas unas horas el rey me hizo llegar una carta diciéndome que la guerra se acercaba y que tenderíamos que estar preparados. Para esto, el rey me pidió que le trajera un informe muy específico de la cantidad de armamento con el que contamos, el número de soldados y algunas estrategias de ataque. De igual forma me dijo que le trajera esta información tan pronto la recopilara sin importar la hora que fuera y bueno pues aquí me tienes. – termino de relatar el General Yamazaki al mismo tiempo que levantaba la mano derecha mostrando unos papeles al mayordomo.

-Es usted un hombre muy responsable y leal General. Puedo entender perfectamente porque el rey confía tanto en usted.- Ante cada palabra de halago, el militar se paraba mas erguido e inflaba el pecho de orgullo. – Sin embargo me temo que en estos momentos Su Majestad debe de estar… descansando, por lo que no creo conveniente interrumpirlo. ¿Por qué no vuelve mañana más temprano?

-Eso me será imposible. Mañana mismo salgo al puerto a vigilar el desembarco de unos cañones. ¿Cree que será posible que deje estos papeles en el despacho del rey? Así el podrá revisarlos cuando tenga tiempo.

-Muy bien General. Si usted prefiere que las cosas se hagan así. Por favor sígame, lo llevare al despacho del rey para que usted mismo coloque los papeles. – Tras decir estas palabras Wey empezó a subir las escaleras que llevaban al despacho de Shaoran. – Sin embargo tengo una duda General, ¿no le parece un poco peligroso dejar esta información tan importante sobre un escritorio? Digo, después de todo si esta información cae en las manos equivocadas, las consecuencias podrían ser terribles.

-No creo que eso vaya a pasar Wey. Después de todo, las personas que viven en este castillo son de confianza. Nada malo puede pasar.

-Si usted los dice General- contesto finalmente Wey y tras pronunciar estas palabras los dos hombres entraron al despacho dejando en completas tinieblas el salón que anteriormente habían ocupado.

El General Yamazaki era un hombre inteligente y tenía razón, en aquel castillo todos eran personas de confianza excepto solo por una de ellas. Y el principal problema era que en aquella ocasión la única persona en quien no podía confiarse se encontraba debajo de las escaleras y había escuchado toda la conversación de aquellos dos hombres. Si, era verdad, el General Yamazaki era un hombre inteligente, él único problema era que Takashi Yamazaki no sabía que Hiyori buscaba venganza.

….

Estaba empezando a amanecer. Los primeros rayos del sol se colaban por un pequeño hueco de la ventana que no era cubierto por las cortinas del cuarto. Shaoran no había podido dormir en toda la noche y a pesar de eso no se sentía cansado. Por primara vez en semanas se sentía feliz. En aquellos momentos no importaba el peligro de una guerra inminente, ni los costos que significaría una batalla contra un reino vecino, lo único que le importaba era que finalmente, tras tanto tiempo de haberse comportado como un idiota, de arrepentimiento y de dolor, finalmente podía ver la luz de un nuevo día con la mujer que amaba entre sus brazos.

Sakura estaba profundamente dormida, recargada en el pecho de su esposo. Respiraba tranquilamente. Shaoran jamás la había encontrado más hermosa y delicada. No quería mover ni un solo musculo de su cuerpo por miedo a que un sonido o movimiento pudieran despertarla e interrumpir su maravilloso descanso. Sin embargo, no fueron los movimientos de Shaoran los que hicieron que la joven princesa despertara, sino aquella luz se colaba por la ventana y que no lograba ser cubierta por la gruesa cortina amarilla. Sakura abrió lentamente los ojos.

-Buenos días- dijo Shaoran a su esposa

-Buenos días – respondió la joven reina.

-¿Qué tal dormiste?

-Muy bien- dijo la joven con toda sinceridad.

-¿Quieres que bajemos a desayunar?

-No, aun no – contesto Sakura mientras volvía a acurrucarse junto a su esposo. – Quedémonos aquí un rato más ¿Quieres?

-Me encanta esa idea. – Después de esas palabras Shaoran guardo silencio y siguió mirando dulcemente a su esposa. – Te extrañe mucho – dijo finalmente el príncipe. – no soportaba verte en brazos de ese hombre.

-¿Yukito? – pregunto la princesa volteándose a ver a su esposo. El joven asintió. -¿Por qué esta aquí? – volvió a preguntar la joven.

-Él era la única persona a la que recordabas y el médico dijo que sería conveniente que lo tuvieras cerca.

En ese momento vino a la mete de Sakura su accidente. Aquella caída por las escaleras que había sido ocasionada por una mujer que la aborrecía. También recordó la razón por la que Hiyori la había aventado. Esa mujer había escrito aquella carta que ocasionaron las primeras dudas de Shaoran. Todo estaba en su mente de nuevo. Todo… incluso… su embarazo. Sakura se levantó repentinamente de la cama y toco su vientre. Su hijo. ¿Lo habría perdido? Tenía miedo de preguntar. Tenía miedo de la respuesta que Shaoran pudiera darle. Sin embargo debía saberlo. Necesitaba saber que había sucedido con su hijo.

-Sakura, ¿estás bien? – pregunto Shaoran cuando su esposa se levanto tan inesperadamente de la cama. - ¿Pasa algo?

-Shaoran…- comenzó a decir la princesa. Su voz temblaba ante cada palabra – hay algo que necesito saber…el bebé que estaba esperando… ¿lo…perdí?

Shaoran se sorprendió ante aquella pregunta. Sabía que tarde o temprano tendría que decirle la verdad a Sakura, pero no esperaba que aquello ocurriera tan rápido. Sakura volteo a verlo. Las lágrimas comenzaban a salir de sus verdes ojos. Shaoran se levanto y la abrazó fuertemente susurrando suavemente a su oído las palabras "tranquila, todo estará bien".

Sakura no necesitó más respuesta por parte de su marido que ese abrazo. Lo había perdido. Había perdido a su hijo y todo por culpa de aquella mujer. Necesitaba decírselo a Shaoran. Decirle todo lo que sabía de Hiyori y lo peligrosa que podía llegar a ser. Fue por eso que intento controlar su tristeza y hablar lo más elocuente que se pudiera.

-Shaoran…

-Tranquila, todo estará bien – volvió a repetir el príncipe

-Fue ella.- dijo Sakura entre sollozos – fue ella.

-¿Ella? – preguntó Shaoran sin comprender a que se refería su esposa. - ¿Quién? ¿De qué hablas?

- Hiyori. Fue ella quien escribió la carta en nombre de Yukito.- mientras decía estas palabras, la joven se libro del abrazo de su esposo para poder mirarlo directamente a los ojos.- Fue ella. Quería que dudaras de mi y cuando se enteró que yo la sabía todo me aventó. Shaoran, no fue un accidente, Hiyori me empujo por las escaleras. Por ella perdí a nuestro hijo.

Shaoran se quedo helado. Intentaba asimilar todo lo que acababa de escuchar. ¿Hiyori había causado la caída de Sakura? ¿Había intentado matarla? Aquello no podía ser posible. Llevaba tanto tiempo de conocer a esa mujer y nunca se dio cuenta de quién era realmente. Había sido un verdadero idiota. Había puesto a Sakura en peligro todo este tiempo.

-Sakura… querida… ¿estás segura de lo que me estás diciendo? – pregunto Shaoran mientras tomaba con delicadeza el mentón de su esposa.

-Por supuesto que lo estoy – dijo la joven retrocediendo unos pasos y librándose del tacto de su marido. Ya no estaba llorando. ¿Después de todo ese tiempo, Shaoran aún no era capaz de creer ni confiar en mí? – No lo estoy inventando. De verdad fue ella quien me empujo de las escaleras. ¿Por qué no confías en mí?

Shaoran la miro detenidamente. Había cometido muchos errores en el pasado y todos por no confiar en su mujer. No volvería a cometer el mismo error. Sakura nunca lo había engañado, mientras que Hiyori… ahora que lo pensaba bien… Hiyori había estado involucrada en cada una de sus desgracias ya fuera de forma directa o indirecta.

-Si te creo. – Dijo finalmente el joven príncipe – Por supuesto que te creo. Jamás volveré a desconfiar de ti. Es solo que me cuesta trabajo creer que todo este tiempo he estado tan ciego.

Ahora que lo pensaba con mayor detenimiento una ola de furia empezaba a inundar el cuerpo de Shaoran. Estaba molesto, furioso con Hiyori y consigo mismo.

-Te prometo Sakura – dijo el joven príncipe mientras tomaba de los brazos a su esposa – que Hiyori va a pagar por todo el daño que nos ha hecho.

Sakura se limito a mirar a Shaoran a los ojos. Lo único que ella quería era que se hiciera justicia y que finalmente Shaoran se diera cuenta del tipo de mujer que había tenido a su lado.

-Pero en estos momentos hay algo que me interesa más. –volvió a hablar Shaoran después de unos minutos de silencio. – Sakura… yo… quiero pedirte perdón. Me he comportado como un verdadero idiota contigo y no tienes idea de cuánto me arrepiento. Te prometo que jamás volveré a desconfiar de ti y dedicare toda mi vida a intentar hacerte feliz. Te amo. De verdad te amo.

Ante estas últimas palabras Sakura no tuvo más remedio que sonreír. Ella también lo amaba y lo que más quiera en el mundo era estar a su lado. Sin decir una sola palabra, la joven se abalanzo sobre el príncipe para besarlo dulcemente. Ella no era una mujer rencorosa, y sabía que el arrepentimiento de su marido era sincero. Lo único que ahora quería era recuperar el tiempo que estúpidamente habían perdido.

-Sera mejor que te pongas tu bata y bajemos a desayunar – comento Shaoran. – los sirvientes deben estar esperándonos con el desayuno.

Sakura asintió y recogió del suelo la bata blanca que había usado la noche anterior. Sakura y Shaoran salieron de su recamara rumbo al comedor, donde tomaron asiento esperando a que les sirvieran el desayuno. A los pocos segundos llego Wey.

-Buenos días sus majestades. – Saludo cortésmente el mayordomo.

-Buenos días Wey – contesto Sakura con un tono de voz muy alegre.

-Buenos días- respondió Shaoran tras dar un sorbo a su jugo de naranja. – Wey, hay unas cosas que me gustaría pedirte que hicieras.

-Usted dirá, su majestad – dijo Wey mientras hacia una leve reverencia.

-Primero que nada necesito que mandes unos guardias al cuarto de Hiyori. Quiero que la arresten y que eventualmente se le realice un juicio.

-¿Y bajo que cargos se le juzgará?- preguntó Wey

-Intento de homicidio.- contesto Shaoran con voz fuerte y segura.- contra la reina.

Wey se quedo en silencio unos segundos intentando asimilar lo que acaba de oír.

-Como usted ordene su majestad.- dijo finalmente el mayordomo – ¿hay algo más en lo que le pueda ser útil?

-Sí,- respondió Shaoran.- necesito que la pagues al Señor Yukito el dinero que le prometí y que le digas que puede marcharse ya que no necesitaremos más de sus servicios en este castillo. Mi esposa finalmente ha regresado. – concluyo Shaoran sin poder evitar la sonrisa en sus labios.

-Como usted ordene su majestad – dijo Wey dando otra reverencia. – Y bienvenida a su casa – dijo el mayordomo en esta ocasión dirigiéndose a Sakura.

-Gracias Wey – dijo la joven con toda sinceridad.

-¿Ya no se le orece nada más?, Alteza – pregunto el hombre a Shaoran.

-Nada más Wey. Muchas gracias.

-De acuerdo. En ese caso me retiro. Solo quería informarle que anoche vino el General Yamazaki a traerle unos papeles que usted le había encargado. Los dejó en su despacho.

¡Yamazaki! Shaoran había estado tan emocionado por recuperar a Sakura que había olvidado por completo que en unos días debía partir a la guerra junto con su ejército. Acababa de recuperar a la mujer que amaba y nuevamente tenía que separarse de ella. ¿Cómo iba a explicarle a Sakura su partida?

-Gracias Wey, en cuanto termine de desayunar subo a mi despacho a verlos. –respondió el príncipe. Wey realizó una última reverencia y se marcho para cumplir las órdenes del monarca.

-¿General? – Preguntó Sakura preocupada cuando Wey salió del comedor - ¿Por qué vino un General, Shaoran? ¿Qué pasa?

-Sakura, hay algo que necesito contarte. – dijo Shaoran mientras tomaba con fuerza la mano de su esposa. – lamentablemente nos encontramos en guerra. – Sakura se quedo callada. Su respiración se volvió más acelerada. – Es por eso que el General Yamazaki vino anoche. En unos días tendré que marcharme.

-¿Marcharte? ¿A la guerra?- pregunto Sakura angustiada. – No Shaoran, no me puedes hacer esto. Es muy peligroso. ¿Qué será de mi si algo llega a pasarte?

-Sakura sé que esto es difícil, pero tengo que hacerlo. Yo soy el rey. Es mi deber. Tengo que luchar junto a mi pueblo.

-Lo entiendo Shaoran, pero…

Sakura no pudo terminar la frase ya que en ese momento entro Wey al comedor. Detrás de él venían dos soldados.

-¿Qué pasa Wey? – preguntó Shaoran contrariado por la presencia del mayordomo y los dos soldados.

-Su majestad, venimos del cuarto de la señorita Hiyori. – contesto Wey. – No está. Ni ella ni sus cosas. Su majestad, Hiyori se fue.

….

-Su majestad- dijo un hombre alto, de cabello obscuro que acababa de entrar en el comedor – lamento interrumpirlo, - el joven estaba muy nervioso. Sabía que el rey odiaba que lo interrumpieran mientras comía, sin embargo aquella joven era tan terca y se había negado a marcharse hasta hablar con el rey. – pero hay una joven afuera que insiste en hablar con usted.

Tetsu levanto la mirada de su plato. El joven sirviente pudo ver el odio en los ojos de su rey. No necesitó que se le dijera una sola palabra. Dio media vuelta y entre tropiezos y miedo, el joven se marcho dejando que el rey disfrutara de sus alimentos.

Tetsu continuó comiendo aquel delicioso pollo que tanto le gustaba. Sin embargo la paz le duro poco. El mismo sirviente volvió a entrar en el comedor. Tenía la cabeza gacha y sus manos estaban temblando. Era obvio que el joven estaba muerto de miedo.

-De verdad lamento volver a molestarlo, Su Majestad- dijo el joven, mientras su voz temblaba ante cada palabra. – es solo que la mujer insiste en verlo. Dice que es muy importante.- mientras pronunciaba estas palabras Tetsu se había levantado de su silla y comenzaba a caminar lentamente hacia el joven sirviente. Era obvio que las intenciones del rey no eran nada buenas. – D…di..dice- continuo hablando el muchacho. Las palabras se ahogaban en su garganta al ver como Tetsu se acercaba a él. –que….. tiene… infoo..oormaciónn.. sobrree…el r..rey…Li

Fueron estas últimas palabras lo que hicieron que Tetsu detuviera su caminata hacia el joven.

-¿Información dices?- preguntó el rey con curiosidad.

-Sí,- respondió el joven un tanto aliviado al ver que se había detenido- información que podría serle útil en la guerra.

Tetsu dio media vuelta y regresó a su asiento en la mesa. Empezó a comer como si no hubiera pasado nada y tras unos minutos ordenó al sirviente que trajera a esa mujer.

Hiyori estaba deslumbrada con la magnificencia y esplendor de aquel castillo. Era obvio que Tetsu era un hombre muy rico y que le gustaba mostrárselo al mundo entero. Cuando entro al comedor, pudo ver la enrome mesa en la que estaba sentado el príncipe, sin embargo lo que más le sorprendió fue la gran cantidad de comida sobre ella. La joven se preguntó si el rey sería capaz de comer aquella gran cantidad de alimentos.

-Me informa mi sirviente que querías hablar conmigo. –empezó a hablar el rey sin siquiera mirar a Hiyori. - ¿Qué quieres?

Hiyori odiaba que la trataran en esa forma tan ruda. Sin embargo por el momento lo que más le convenía era aguantarse.

-Vengo a traerle información que estoy segura que le será muy útil.

-¿Qué tipo de información?- pregunto Tetsu mientras se metía un bocado de pollo en la boca.

Hiyori no respondió y se limitó a colocar los papales que tenía en la mano justo junto al plato del rey.

-¿Qué es esto?- pregunto Tetsu intrigado.

-Son estrategias de guerra del ejército de Shaoran Li. Viene todo en ellos, número de soldados, armas… todo lo necesario para destruir rápidamente a Shaoran.

Tetsu no podía creer lo que acaba de escuchar. ¿Podía ser verdad? Era demasiado fácil para ser cierto. Ni en el mejor de sus sueños se habría imaginado llegar a tener esa información en su poder. Se limpio las manos con la servilleta y tomo los papales entre sus manos y empezó a ojearlos. Parecían auténticos. Como si los hubiera escrito un verdadero militar. ¿Sería posible que tuviera entre sus manos lo necesario para apoderarse del reino vecino de manera fácil y rápida?

-¿De dónde los sacaste? ¿Cómo llegaron a tus manos?- pregunto el hombre aún sin creer si todo aquello era cierto o si se trataba de una trampa.

-Del palacio de Shaoran.- contesto Hiyori segura de sí misma.

-¿Trabajabas en el castillo?

-Créame, era más que una simple sirvienta. – contesto Hiyori indignada.

Tetsu soltó una sonora carcajada.

-¿Así que eras la amante del rey?- dijo el rey secándose unas lagrimas que salían de sus ojos causadas por tanto reír. - ¿Y por qué dejaste esa cómoda posición? ¿No me digas que Li te hecho del castillo?

Hiyori apretó la mandíbula con fuerza. Odiaba ser la burla de alguien más.

-¿Lo amabas?- preguntó el rey al no obtener respuesta a sus preguntas anteriores. Nuevamente fue el silencio quien respondió la pregunta de Tetsu. - ¿Por qué debo confiar en ti? Si fuiste capaz de traicionar al hombre del cual supuestamente estabas enamorada, ¿Qué me asegura que no me vas a traicionar a mí?

-Quiero vengarme. De Shaoran. Destruirlo por lo que me hizo.

Tetsu soltó otra carcajada. No cambia duda que no existe peor enemigo que una mujer herida.

-Supongamos que te creo y que estos papeles son auténticos. – Dijo el rey cuando recuperó el aire – Supongo que no me los vas a entregar gratis. ¿Qué quieres a cambio?

-Dos cosas.-contesto Hiyori con seriedad. – La primera es que me permita quedarme en este castillo.

-Muy bien – dijo Tetsu dándose cuenta que la mujer frente a él era realmente ambiciosa.- ¿Y cuál es la segunda cosa?

-Que destruya a Shaoran Li.

Una tercera carcajada resonó en la habitación. Aquella joven no solo era ambiciosa, sino vengativa y cruel.

-Eso, querida, - contestó el rey con voz fuerte y segura – dalo por hecho.

Hola. Estoy de regreso con un nuevo capítulo. Antes que nada quería pedirles una sincera disculpa por todo el tiempo que me tarde en actualizar la historia. Sé que no existe escusa pero de verdad se me complicaron un poco las cosas. De verdad lo siento mucho. Bueno, finalmente les traigo este nuevo capítulo que será el penúltimo de la historia. La próxima vez que actualice podrán leer el final de "Amor a la Fuerza". Les prometo no dejar la historia incompleta, solo les pido un poquito de paciencia. Tengo varias ideas sobre el final, pero aun no decido que va a ocurrir. Espero que les haya gustado el capítulo. Muchas gracias a todos los que han leído mi historia. Hasta pronto y nuevamente gracias.