Perdón

«No es una buena idea dejarla vagar por las calles a esta hora, además ha bebido…»

«Lo sé Regina. Te dejo en tu casa y me iré a buscarla»

«Voy contigo»

«Regina…necesita tiempo ¿comprendes? Si te ve, quizás no quiera venir…»

«Sí…sin duda tienes razón, no te molestes, yo puedo volver sola. Llámame cuando tengas noticias»

Tras decir esto, Regina desapareció, dejando a Granny sola en el coche.

Durante más de diez minutos, Granny siguió el rastro de Emma y acabó por encontrarla en la terraza de su restaurante, sentada en los escalones de la entrada.

Granny paró el coche, tomó su teléfono para llamar a Regina

«Está en el restaurante, está bien, no te preocupes. Dile a Ruby que venga, creo que Emma necesita a su amiga»

«Entendido…» respondió Regina «Gracias Granny»

«No hay de qué, hasta más tarde»

Colgó, y salió del coche para acercarse a la rubia que había cruzado sus brazos sobre las rodillas hundiendo su cabeza en ellos

«Emma…»

La susodicha levantó la cabeza, los ojos llenos de lágrimas, las mejillas rojas por la tristeza, lo que entristece el corazón de la mujer mayor.

«¡Oh, Emma…! ¡Ven aquí…»

Granny abrió sus brazos para acoger en ellos a la Salvadora y esta cedió a las lágrimas en ese abrazo maternal.

«¿Por qué ha hecho ella esto…? ¡Decía que había cambiado, que quería convertirse en alguien mejor, pero mentía!»

«Emma, cálmate…»

Se quedaron así algunos minutos antes de que la mujer mayor propusiera a Emma entrar para refugiarse del frío.

Algunos minutos más tarde, después de que Granny hubo preparado un chocolate a la canela para Emma, Ruby llegó.

La camarera lanzó una mirada inquisidora a su abuela y esta la miraba de forma dubitativa. No sabía cómo actuar con la rubia. ¿Defender a Regina explicándole la situación? ¿O dejarla que expresara su cólera y su pena para que se calmara?

Entonces Ruby se sentó al lado de Emma mientras que Granny lo hizo en frente.

«¿Por qué me habéis arrastrado a esto? Regina y yo nunca debimos comenzar, es más, ya nunca habrá más Regina y yo. Se ha acabado. Ya no quiero oír hablar…me ha roto el corazón…»

«Escucha Emma…sé que no quieres que diga esto, pero déjame de todas maneras decirlo. Regina te ama. Probablemente más que a nadie que haya amado. Hook la puso entre la espada y la pared…no tuvo elección…»

«Siempre se tiene elección y la Regina Mills que yo conozco nunca se dejaría engañar de esa manera»

«¿Qué sabes tú? Ella ha cambiado…en otra época no se habría dejado manipular…pero eso era cuando solo pensaba en ella misma…hoy ella ha tomado consciencia de que tiene un hijo al que quiere cuidar y amar, y que te tiene a ti. La mujer que la hace sonreír cada vez que su mirada se posa sobre ella…Dale una oportunidad para que se explique, por favor…»

Emma no dijo nada y miró su taza a la mitad y se la termino de un trago.

«Voy a pensarlo…pero ahora voy a acostarme, estoy cansada…»

«Ok. ¿Quieres que te acerque?»

«No, no hará falta, pero gracias»

«Como quieras…»

Ruby se levantó y dejó pasar a la rubia, esta les dio las gracias y les deseó buenas noches antes de desaparecer del restaurante.

«¿Crees que se va a arreglar?» dijo la joven loba

«Lo espero…voy a llamar a Regina para tenerla al corriente»

A la mañana siguiente, Emma, que había dormido en la comisaria después de haberle dicho a su adjunto que podía irse a casa, regresó a su casa, con una tremenda migraña, para ducharse, cambiarse de ropa y sobre todo comer algo.

Sin gran sorpresa, y por fortuna, su madre ya se había ido a la escuela y su padre a la comisaria. Emma se encontraba sola en su apartamento. Su día pasó con una lentitud demoniaca. Había pasado la mayor parte del tiempo sentada en uno de los altos taburetes cerca del mostrador de la cocina, con un vaso de whisky en la mano y sin tocarlo una sola vez. Sus ojos en el vacío, ella reflexionaba.

Regina le había mentido, pero no por las razones que ella creía. Su historia no era un error, es más, Emma no había creído una palabra cuando Regina se lo había anunciado, solo que por alguna razón, que todavía se le escapa, ella había preferido huir antes que pelear por su relación.

Y Hook, ¿cómo había podido hacer algo así? Se decía ser mi amigo. Es verdad que desde hace tiempo Hook quiere algo más que su amistad, pero Emma solo veía en él a un amigo, al contrario que con Regina, hacia la que, inconscientemente, siempre había sentido cierta atracción.

Más tarde, se fue a tomar una segunda ducha para marcharse al trabajo. Pero bajando las escaleras, se cruzó con su madre.

«Buenos días, cariño, ¿cómo estás?»

«Heu…bien…»

«No lo parece, al contrario…»

«No te preocupes»

«¿Echas de menos a Henry? En algunos días estará aquí, ¡todo estará mejor!»

«Sí, sin duda. Bueno, me voy»

«¿No te quedas a comer? Tu padre no debe tardar…»

«No, gracias, tengo papeleo que me espera en la oficina, pasaré a tomar algo rápido a Granny's»

«Oh…como quieras»

Al ver que su hija no estaba realmente bien, Snow sintió que si ella tenía que actuar como madre, era ahora o nunca

«Emma, háblame…veo que algo te atormenta y me gustaría ayudarte»

«Muy amable, pero todo está bien…no te preocupes»

Emma se acercó a su madre, la besó en la frente, se dio media vuelta y abrió la puerta del departamento

«Emma, si en algún momento…me necesitas, sabes que estoy aquí para ti»

«Lo sé, gracias…» le dijo con una pequeña sonrisa, y luego atravesó la puerta «Hasta mañana»

«Hasta mañana…» dijo su madre, ligeramente desilusionada al ver que su hija se encerraba en sí misma, sin poder hacer nada.

Al llegar a Granny, Emma paró su pequeño escarabajo amarillo delante del restaurante antes de caminar hacia él. En el interior, no había mucha gente, solamente los habituales. Se fue a sentar en la barra y Ruby llegó rápidamente a su encuentro

«Hola Emma…¿cómo te encuentras?»

«¿Francamente? Como una mierda. No sé dónde estoy»

«¿Has hablado con Regina?»

«No…»

«¿Piensas hacerlo…?»

«No lo sé…no…sí…quizás…pero ahora lo que necesito es perspectiva»

«Comprendo…»

«¿Podrías ponerme un poco de lasaña para llevar, por favor?»

«Sí, por supuesto…»

«Y una botella de agua también…»

«Te lo traigo en seguida»

«Gracias…»

La camarera se alejó dejando a Emma sola con sus pensamientos, mientras que Granny la observaba desde la cocina, apenada por ver a su joven amiga en tal estado de tristeza. Así como a Regina cuando la había visto ese mediodía.

«Ten, mi bella»

Ruby le tendió una bolsa de plástico con el pedido y Emma le dio un billete

«Quédate el cambio…»

Se levantó, tomó la bolsa y dejó el restaurante para dirigirse a su lugar de trabajo.

En casa de los Mills, Regina había pasado el día en su habitación, llorando hasta quedarse sin lágrimas. Henry se había pasado la mayoría de su tiempo con ella intentando reconfortarla, en vano

«Mamá…come algo, por favor…»

El muchacho había subido una bandeja con sopa y un trozo de pan, pero ella no lo había tocado.

«Gracias cariño, pero no tengo hambre»

«Lo sé, pero es necesario que te esfuerces…»

«Henry, escucha…»

«¡No, escucha tú! ¡Sé que Emma te ama y que tú también la amas! ¡Así que, vete a verla y explícale!»

«Ella ya no quiere verme, Henry…»

«¡Pero es porque ella no entiende!»

«Y yo no quiero obligarla a verme…»

«Me decepcionas…» dijo él con lágrimas en los ojos alejándose de su madre, mientras que esta levantaba la cabeza hacia él, la respiración cortada «Me decepcionas porque no luchas por ella…dices que la amas, pero si la amaras de verdad correrías a su encuentro…»

«Henry…» dijo ella con una voz dolorida, intentando agarrarle la mano

«¡No!» exclamó él retrocediendo más. «¡Decías que querías estar con ella! ¡Ella confió en ti y a ti te da igual!»

«¡Eso no es verdad!»

«¡Entonces, demuéstralo! ¡Ve a verla, dile que la amas, que lo sientes y que quieres que vuelva!»

Regina vio cómo su hijo se iba corriendo y no tuvo otra elección que levantarse para salir tras él.

Se dirigió hasta su habitación en la que el muchacho se había echado sobre la cama para llorar discretamente

«Henry, cariño…»

«Ve a verla…no quiero verlas enfadarse cuando os amáis, así que ve a verla…» él se giró hacia su madre, los ojos húmedos…«ve a verla, por mí»

Regina cerró los ojos inspirando profundamente antes de asentir

«De acuerdo…voy a ir a verla…pero si se niega a hablar conmigo, ¿qué se supone que debo hacer?»

«Amarla…»

Regina avanzó hacia su hijo y tomó a su hijo en sus brazos, y este le devolvió el abrazo.

«Venga, ve a verla»

Le dio un beso en su cabeza y se levantó

«No voy a dejarte solo, voy a llamar…»

«Mamá» la interrumpió «Voy a cumplir 12 años. Puedo quedarme solo en casa un momento…no te preocupes por mí…ve a buscarla»

«De acuerdo»

Salió de la habitación, se puso algo más decente, ya que aún estaba en pijama, cogió su bolso y dejó la casa para coger su coche y dirigirse a comisaria.

Al llegar, vio que solo el coche de patrulla y el escarabajo amarillo estaban aparcados en el parking, lo que le indicaba que David no debía estar ahí, porque si así fuera su coche también estaría.

Antes de entrar en la comisaria, Regina tomó aire varias veces. Sus manos temblaban sin que pudiera controlarlas, señal de que nunca había estado tan nerviosa, sin embargo se llenó de valor y tiró de la puerta para entrar en el edificio.

Cuando estuvo en la oficina, vio que Emma tenía la nariz hundida en un dossier. Caminó hasta encontrarse a unos tres metros de esta.

«¿Emma…?»

La susodicha levantó la cabeza y la movió de izquierda a derecha antes de ver a Regina. Tenía la mente en otra cosa que no había escuchado a la morena llegar hasta ella.

«¿Podemos hablar…un minuto…?»

«Tengo trabajo Regina»

«Lo sé, pero te aseguro que no me llevará mucho tiempo…solo querría que…que me dejaras una oportunidad para explicarme…y si después sigues queriendo que…no nos veamos, en ese caso, saldré de tu vida»

Emma la observó durante algunos segundos y después asintió

«Muy bien, te escucho»

«Me gustaría comenzar diciéndote que lo siento. Siento haber sido tan idiota. Cuando Hook vino a verme ayer por la mañana yo…solo tenía ganas de una cosa, arrancarle el corazón…porque inconscientemente, él acababa de destruir el mío…»

Emma se pasó la lengua por sus dientes, pareciendo perder la paciencia, así que Regina intentó el todo por el todo.

«Te amo Emma. Y nunca debía creerme que yo no te merecía»

«¿Es lo que él dijo?»

«Entre otras cosas…»

«¿Y tú lo creíste?» dijo ella levantándose para ponerse cara a cara con la morena

«Sí, porque, imagínate, ¡él tenía razón! ¡No te merezco Emma! Te amo y sin embargo, tengo la impresión de que eso no es suficiente a los ojos del mundo entero. ¡Todo nos separa Emma! ¡Tú eres la Salvadora, la hija de Blancanieves y del Príncipe Encantador! ¡La defensora de las causas nobles, la que lucha para que el bien triunfe y persista. Mientras que yo…yo no soy sino el mal…la que ha privado a muchísimas personas de su vida!»

«¡Y tú crees que yo no lo sabía antes de enamorarme de ti!»

Regina se quedó sin voz, mientras que Emma parecía tener cada vez más dificultad en esconder su pena.

«¿Qué?» dijo la morena que se no atrevía a creerlo

«Sí, ¡te amo Regina! ¡Te amo y estaba convencida de que si tú también lo estabas, nada podría impedirnos ser felices…sin embargo simplemente ha bastado que te recuerden quién eras para dudar de todo y dejarlo!»

«Yo…»

«No, ahora me vas a escuchar tú. Me abrí a ti. Te había elegido. Hook no hizo eso sino por venganza porque estaba convencido de que tenía oportunidad conmigo. ¡Pero si yo en verdad lo hubiera querido, me habría juntado con él desde hace tiempo! Sencillamente no, ¡eres tú a quien elegí!»

«Pero, ¿por qué?...es verdad, me sigo preguntando por qué aceptaste salir conmigo…»

Emma se acercó a ella y le tomó las manos

«Porque nuestro hijo lo dijo…tú eres mi Amor Verdadero y yo soy el tuyo…y él tiene razón»

Emma se acercó a la morena y selló sus labios con los suyos, pegando al máximo sus cuerpos que visiblemente se echaban de menos el uno al otro.

Sus besos nunca habían sido tan pasionales. Sus lenguas se descubrían por primera vez y sus manos se deslizaban por la nuca y la espalda de la otra para acercarlas más si eso era posible.

«Emma…» consiguió pronunciar Regina en un suspiro

«Chut…no digas nada…te amo Regina y queda fuera de toda discusión que nos separemos tú y yo, ¿entendido?»

«Entendido…»

Retomaron sus besos, y lentamente, Emma retrocedió arrastrando a Regina con ella hacia una de las celdas donde Emma se acuesta en uno de los catres.

Regina se puso sobre ella mientras que sus besos continuaban. Sus manos se desvestían mutuamente

«¿Estás segura de que es lo que quieres?» preguntó Regina clavando su mirada en el verde esmeralda de Emma

«Eres tú a quien quiero…»

Se sonrieron de nuevo, mientras que la mano experta de Regina se deslizaba bajo la camisa de la rubia para acariciar su musculado torso.

Se iban a entregan la una a la otra por primera vez, amándose como nunca antes.

«Pensaba que habíais sido prevenidas…» dijo una voz a lo lejos

Ellas se sobresaltaron y giraron la cabeza hacia la voz que las había sorprendido y vieron que se trataba de un hombre, pero no cualquier hombre.

«Sidney…» lanzó Regina con una voz fría

«Su Majestad…» dijo él mirándola tiernamente «¿Me habéis echado de menos?»

«¿Qué ocurre?» preguntó Emma mirando a Regina mientras que se ponían de pie

«Yo me encargo Emma…» dijo ella con una voz neutra manteniendo su mirada sobre el reportero «¿Fuiste tú, no? ¿Fuiste tú quien sacó las fotos de Emma conmigo para dárselas a ese…pirata…?» dijo ella masticando la última palabra con odio

«Él es el hombre de su vida…» dijo él señalando a Emma antes de volver a poner su atención sobre Regina «Como yo soy el vuestro. Era lógico que él estuviera al corriente de la situación al igual que lo estaba yo»

«Está loco…» dijo Emma, lo que le valió una oscura mirada por parte del hombre todavía de pie a la entrada de la oficina.

«Sí, loco…loco de amor por esta mujer desde hace más de 35 años. He hecho todo por ella, sin ningún arrepentimiento, y si lo tuviera que hacer otra vez, lo haría. ¿Usted, qué ha hecho usted por ella? ¿Hm? Usted no se merece su amor, no como yo»

«Sidney, es suficiente» dijo Regina con voz autoritaria

«Pero yo os amo, Regina. Os amo tanto…»

«Lo siento por ti, pero no es recíproco…»

«No digáis eso, mi Reina. Esa rubia os ha cegado. No es con ella con la que seréis feliz, sino conmigo. Seré para vos un buen marido y amante. Un padre ejemplar para vuestro hijo. Formaremos los tres la familia perfecta»

«Nuestro hijo. Henry es nuestro hijo, de Emma y mío. Esa familia perfecta de la que hablas ya la tengo y no la cambiaría por nada del mundo»

«En ese caso no me dejáis otra salida»

Regina vio cómo el rostro de Sidney cambiaba y lo vio levantar su brazo antes de escuchar a Emma ahogarse detrás de ella.

Se giró hacia su bien amada para intentar ayudarla, pero conociendo la magia, sabía que el único modo de parar eso era atacar a Sidney.

Le lanzó una bola de fuego que apenas inflamó el impermeable gris que llevaba puesto.

«Parecéis olvidar que soy un genio, Regina. Soy más poderoso de lo que imagináis…»

«¡Deja a Emma fuera de esto, es una orden!»

Regina se levantó y estiro sus manos hacia delante para empujar al hombre empleando para ello toda su fuerza. Embriagada por el amor que le tenía a Emma, Sidney fue lanzado contra la pared lo suficientemente fuerte para que su agarre a Emma se deshiciera y hacerlo desmayarse.

Regina se dio la vuelta una vez más hacia la Salvadora y se arrodilló delante de ella.

«Emma, ¿estás bien? ¿Emma?»

«Sí…estoy bien…» dijo ella retomando aliento

«Oh, Emma, lo siento…yo…»

«No…no es tu culpa… estoy bien, no te preocupes…»

Emma intentó levantarse y Regina la ayudó, mientras que Sidney estaba recobrando el conocimiento.

«No os librareis así como así»

«Yo en cambio creo que sí» dijo una voz masculina detrás del genio

David y Snow acaban de hacer su aparición en la sala y bloqueaban la entrada, y David tenía a Sidney bajo punta de pistola.

«Se ha acabado Sidney, ríndete» dijo Regina amenazándolo con una nueva bola de fuego en una de sus manos mientras que la otra estaba en su espalda, delante de Emma como para protegerla.

El antiguo periodista se rindió y bajó las manos, mientras que David se acercaba para ponerle las esposas.

«Mételo en la celda, David, voy a hechizarla para que no pueda escapar»

El Príncipe asintió y así lo hizo antes de que Regina lanzara el hechizo sobre los barrotes.

Una vez todo arreglado, Snow, que había tomado a su hija en sus brazos, dio un paso hacia atrás y la miró con mirada dubitativa, mientras que David se acercaba a ellas.

«Pero, ¿qué ha pasado aquí?» preguntó ella a su hija, mientras David apoyaba una mano tiernamente sobre la cabeza de Emma

«Tu madre estaba preocupada por ti, así que hemos venido para hablar…hemos llegado a tiempo por lo que se ve…»

«Escuchad, creo que es necesario que hablemos…los cuatro…» dijo Emma mirando a Regina.

«Muy bien, volvamos a casa» dijo Snow con una tierna sonrisa

Los cuatro adultos tomaron el camino hacia el loft Charming y una vez que todos estuvieron sentados alrededor de la mesa del comedor, la pareja a un lado y nuestras dos heroínas en frente, pudieron comenzar a hablar.

«A ver…» comenzó Emma «Tengo algo que deciros y os pediría que me dejarais hablar sin interrumpirme antes de que termine, ¿de acuerdo?»

Sus padres asintieron, curiosos de saber, mientras que Regina y Emma intercambiaron una mirada

«Bien, ahí va. Hace varios meses, Regina y yo comenzamos a vernos cada vez más, por el bien de Henry, pero también por el nuestro»

Los dos Charming abrieron la boca dándose cuenta de adónde quería llegar Emma pero fueron incapaces de pronunciar la menor palabra.

«Sé lo que pensáis: ¡es imposible! ¡Es una broma! ¡Te burlas de nosotros!...pero no. Amo a Regina. Me he dado cuenta de eso solo hace varios días, mientras que Regina me lo hizo entender hace ya varias semanas…»

La pareja, estáticos con cara de incredulidad, miraron a Regina, que por una vez, no sabía dónde meterse

«La intervención de Sidney de hace un momento se debe a que él ama a Regina, ¡estoy segura que incluso está obsesionado con ella! Pero no es el único, Hook también está metido en el ajo, durante varias semanas nos vigiló y ayer Hook presionó a Regina para que me dejara…pero todo eso se ha acabado hoy. Estoy feliz. Feliz porque he encontrado a la persona que hace latir mi corazón. Es una mujer, sí, y tenéis que saber que estoy tan sorprendida como vosotros, pero no me importa. La amo y me guastaría que lo comprendierais y lo aceptarais…Me niego a perderla otra vez y a estar separada de ella. Sois mis padres y aunque no os lo diga ni os lo demuestre muy a menudo os quiero también, y me gustaría que continuarais siendo parte de mi familia…»

Emma y Regina intercambiaron una mirada, mientras que la mano de Emma se enlazó con la de Regina, que estaba sobre la mesa antes de mirar de nuevo a sus padres que ni siquiera se habían movido.

«Decid algo…»

«Heu…» dijeron antes de intercambiar ellos también una mirada

«Sé que esto puede parecer inaudito y totalmente surrealista. Pero amo a Emma. Más que a cualquiera antes de ella, mucho más que a Daniel…» dijo con una voz dulce Regina mirando a Snow «Solo quiero su felicidad porque será la mía. Necesito estar con ella, como creo que ella necesita estar conmigo»

Snow y David juzgaron las palabras de la morena antes de mirarse nuevamente

«Si ese es el deseo de nuestra hija…» comenzó David

«Tenéis nuestra bendición» terminó Snow

«¿De verdad?» preguntó Emma que no se creía que todo fuera tan fácil

«De verdad. Pero Regina, espero por tu bien que hayas sido sincera…» dijo David, como digno protector de su hija

«Lo soy» dijo ella con una sonrisa, y lágrimas en los ojos

Los cuatro se levantaron y Emma se adelantó para abrazar a sus padres.

«Gracias…» murmuró, provocando una sonrisa a sus padres antes de que Snow tendiese una brazo en dirección a Regina

«Snow, ya sabes que los abrazos y yo…»

«¡Ven aquí y no discutas más!»

La morena puso los ojos en blanco y acabó por acercarse a la pequeña familia real.

«Bueno, tenemos que marcharnos…tenemos que ir a ver a Henry para contarle…»

«¿Pensáis que va a ir todo bien con él o necesitáis apoyo?» propuso amablemente David

«De hecho…hay algo que nos os he dicho…» dijo Emma pellizcándose los labios

«Henry está al corriente desde hace tiempo…» continuó Regina

«De hecho antes que yo…»

«¿Ah sí?» preguntó Snow que no se lo creía

«A decir verdad…él fue quien me empujó para que se lo confesará a Emma…»

«Increíble…» dijo Snow

«Bien, en ese caso…no necesitáis nuestra ayuda, supongo» concluyó David»

«Efectivamente David, pero gracias por el ofrecimiento» afirmó Regina con una sonrisa amigable que él le devolvió.

«¿Vamos?» dijo Emma que parecía impaciente por marcharse

«Sí…»

Se dieron la mano y dejaron el apartamento no sin una última mirada hacia Snow y David

Una vez la puerta cerrada, Emma tiró a Regina de la mano y la atrajo hacia ella para un beso endiablado al que Regina respondió con fervor.

«¿Y esto a qué se debe?» preguntó la morena tomando aire

«Porque sí…»

«Ah, pues que sepas que puedes volver a hacerlo cuando quieras…»

Se besaron otra vez antes de bajar las escaleras e ir a reunirse con su hijo.