¡Hola! Ya he vuelto.

Siento que sea un capítulo corto, intentaré subir otro capítulo pronto para compensar.

Capítulo 10

Kate Beckett

Doy otra vuelta en la cama. Llevo un buen rato intentando dormir pero no puedo. Han sido muchas las emociones que he vivido hoy. Aún me cuesta creer que Richard haya tenido que pasar por todo eso.

Cierro los ojos e intento alejar todos esos pensamientos de mi mente pero, de nuevo, vuelvo a ver los ojos de Castle llenos de lágrimas.

Suspiro. Han pasado tantas cosas hoy que no he podido pensar en cómo me afecta todo esto a mí. Sé que quiero que Castle y Nico pasen tiempo juntos y que Rick pueda ejercer de padre. Es lo justo. Pero… trago saliva. Lo pasé tan mal cuando todo pasó, lo eché tanto de menos que… pero también lo odié tanto y lo he hecho durante tanto tiempo que no creo que pueda obviar todo lo que ha pasado. Sé que siempre le estaré agradecida por darme el mejor regalo que alguien me podía dar, Nico.

Termino por darme por vencida y decido levantarme. Cuando estoy en la cocina escucho un ruido proveniente de la habitación de Nico dejo el vaso de leche que estoy bebiendo encima de la encimera y salgo corriendo. Cuando abro la puerta, me encuentro con Castle en el suelo.

-¿Te has caído? –Le pregunto, siendo evidente la respuesta.

-Sí –responde, con la mano en la cabeza, sentándose en el suelo.

-¿Estás bien? –Inquiero preocupada, al ver cómo no para de frotarse la cabeza.

-Sí, solo me duele un poco –contesta, mirándome –creo que me he dado con la mesita de noche al caer, pero estoy bien.

Yo asiento, arrepintiéndome por no haberlo despertado. Parece que no ha sido buena idea dejarlo dormir en la cama de Nico.

-Creo que será mejor que duermas en el sofá. Es muy tarde para que vuelvas a tu casa –le digo.

-¿Qué hora es? –Pregunta desorientado.

-Casi las 2 de la mañana –digo.

-Oh, Dios, debí quedarme dormido –yo asiento, como respuesta. Rick se pone de pie.

-Iré a por una manta –señalo, viendo cómo se agacha para besar a Nico en la cabeza y arroparlo.

Cojo una manta de mi armario y camino hacia la sala donde está Richard. Lo ayudo a quitar los juguetes de Nico de sofá y le paso uno de los cojines para que lo utilice de almohada.

-¿Estás bien? –Inquiero al verlo tan serio. Él asiente.

-Siento haberme dormido –se disculpa y yo niego.

-No te preocupes –elevo un poco mis labios hacia arriba, intentando provocar una sonrisa en él pero no lo consigo.

-¿Necesitas algo más? ¿Quieres otra manta? –Pregunto.

-No, no así está bien. No quiero molestarte más –dice, sentándose en el sofá.

-Vale –digo, dubitativa-, iré a dormir entonces.

-Buenas noches y gracias por dejarme dormir aquí –agradece y yo asiento.

-De nada. Buenas noches –respondo, caminando de nuevo hacia mi habitación.

Richard Castle

Me echo hacia atrás en el sofá, apoyando la espalda en el respaldar.

-¿Apago la luz? –Escucho la voz de Kate.

-Sí, por favor –respondo.

Cuando me aseguro de que ya se ha marchado, vuelvo a dejarme caer y me tapo la cara con las manos, soltando un largo suspiro, intentando controlar mis emociones pero no lo consigo, pues siento cómo mis ojos empiezan a llenarse de lágrimas. ¡Dios! Es tan complicado a veces.

¿Quién me iba a decir hace unos meses que conocería a mi hijo o que Kate me perdonaría? Sé que debería estar feliz, pues todo esto es mucho más de lo que podía aspirar. Pero volver a dormir en esta casa… tanto tiempo después y en sofá. Cuando lo he hecho tantas y tantas veces en la cama de Kate… Sé que ella acaba de enterarse de todo y que no puedo pedirle más, ni ahora ni nunca. Sé que ella necesita tiempo pero puedo verlo en su mirada, puedo verlo. Con los años aprendí a ver a través de sus ojos y sé lo que me están diciendo ahora: entre ella y yo nunca habrá nada más que no sea ser los padres de Nico. Y sé que debería estar feliz por ello, y lo estoy, pero mentiría si dijera que mi corazón no la añora, que me encantaría que me diese otra oportunidad. Volver a besar sus labios. Volver a dormir a su lado. Volver a hacer el amor.

Respiro hondo, limpiándome las lágrimas que recorren mis mejillas. Me tumbo en el sofá y me tapo con la manta. Debería dormir y dejar de soñar despierto en cómo sería si llegase ese momento.

Al girarme para ponerme de lado, me clavo el móvil en la pierna. Me lo saco, viendo que tengo un mensaje de Kate, frunzo el ceño mientras desbloqueo el móvil para leerlo. Mis labios se curvan hacia arriba cuando veo que es una foto mía y de Nico, los dos dormidos. Paseo mis dedos por la pantalla, como si acariciara a mi hijo, quien duerme encima de mi hombro. Observo durante unos segundos más la foto y bloqueo de nuevo el aparato, dejándolo encima de la mesilla para intentar dormir de nuevo.

Me despierto con los primeros rayos de sol que se filtran por los ventanales del salón. Me estiro antes de sentarme en el sofá y miro la hora. Son casi las siete de la mañana. Me paso una mano por la cara, intentando que así se vaya el sueño. Apenas he podido dormir un par de horas desde que me desperté después de la caída. Me destapo y me pongo de pie, dispuesto a preparar el desayuno para Kate y mi hijo. Supongo que la alarma de Kate está apunto de sonar y quiero agradecerle todo lo que ha hecho por mí: que me haya dejado ver a mi hijo y que me permitiese dormir aquí.

Media hora después de empezar a cocinar la veo aparecer por el pasillo ya vestida y peinada para ir a trabajar. No puedo evitar que mil y un recuerdos acudan a mi mente en el que esta misma escena se repetía. Con la diferencia que después del "Buenos días" nos dábamos un beso.

-¿Has dormido bien? –Me pregunta, acercándose y aceptando el café que le ofrezco.

-Sí, gracias. ¿Y tú? –Le pregunto sin saber qué decir.

-Bien, también –responde, llevándose el vaso a los labios. Yo me quedo parado, mirándola.

-¿Ya has desayunado? –Me pregunto, supongo que para acabar con este silencio incómodo.

-No, yo… no –digo.

-Pues come algo –dice-. Nico no se levantará hasta más tarde –aclara al ver el biberón encima de la encimera. Yo asiento sin saber qué decir-. -¿Y qué quieres hacer? ¿Quieres quedarte aquí o prefieres que te lleve a tu casa a ducharte y después vuelves? Por cierto, no tenías que molestarte –me dice, mirándome toda la comida que he preparado. –Si quieres, puedo decirle a la niñera que te vas a quedar tú con él.

-Yo… -empiezo a decir pero no sé qué responder. Claro que me encantaría quedarme y pasar tiempo con Nico pero no sé si es lo más apropiado.

-Como prefieras –añade al ver que no digo nada-. Nico no se despertará hasta dentro de unas horas, es un dormilón –dice con una sonrisa-. Puedo llevarte a tu casa y así te duchas y puedes cambiarte de ropa y luego volver y estar aquí cuando se despierte –me ofrece.

Voy a contestarle pero antes de que pueda decirle algo, alguien llama a la puerta, haciendo que Kate se levante para abrir.

Está tan guapa… y yo… Y yo ni siquiera soy capaz de decir una frase completa.