CAPÍTULO 9
En la misma mesa del fondo en la que estuvieron al mediodía, cenan Sakura, Sai, Tenten y Hinata. Hablan de lo que ha sucedido hace un rato, mientras la canaria y la peruana corrían. Los otros dos no dan crédito a lo que oyen.
—Me parece increíble que pasen cosas así — indica el joven, al tiempo que corta un filete.
—Ya. La pena es que ni Hinata ni yo les vimos la cara a esos encapuchados.
—Todos son muy valientes con la cara tapada y en compañía. Si iban en bicicleta, puede que no vivan muy lejos de aquí. Incluso puede que sean residentes.
—No lo sé, Sai. Prefiero no pensar más en ello y concentrarme en cosas más importantes. ¡Mañana empezamos la carrera!
Tenten les habla de los nervios del primer día, de lo emocionante que serán los próximos años y de que pronto empezará a buscar trabajo. El resto la escucha con atención.
—¿Así que estás decidida a trabajar por las tardes o los fines de semana? —pregunta el chico.
—Sí- Por lo menos durante los primeros meses, que aún no tendré tanto jaleo de exámenes en la universidad. Quiero conseguir algo de dinero.
—Dicen que Odontología es muy dura.
—Lo sé. Pero tengo que intentar llevar las dos cosas para delante. Yo también soy muy dura.
La sonrisa no desaparece de su cara. Pese al incidente con los ciclistas, pese a dejar atrás a su madre y sus hermanos pequeños, pese a lo duro de la carrera que ha elegido y pese a la necesidad de buscar trabajo para pagar sus estudios y su estancia en Madrid, Tenten no pierde el buen humor ni la energía positiva que desprende cada vez que habla.
—¿Nunca te deprimes? —interviene Sakura mientras mastica una manzana. —¿Siempre estás feliz?
—¡No! ¡Claro que no! Tengo mis momentos complicados. Pero ¿para qué voy a estar triste cuando puedo estar alegre?
Las otras dos chicas la miran con cierta envidia. Ellas no son capaces de sentir esa felicidad permanente. Sai, por su parte, aplaude la actitud de Tenten.
—Así deberíamos pensar todos —comenta el joven, que ya ha pasado al flan de postre.
—No todos tenemos el mismo carácter —opina Sakura al sentirse aludida.
—Claro que no. Por eso, les damos importancia a cosas que no deberían tenerla. Nos preocupamos de más.
—Yo no puedo evitar ponerme tensa cuando algo no va bien o no he hecho lo que debía de forma correcta.
—Tampoco creo que disfrutes al máximo de todo lo que sí haces bien —insiste Sai en un tono calmado, sin perder el control de la situación.
—Como te dije antes, esa es mi manera de ser. Y no puedo cambiarla.
Tenten y Hinata se miran entre ellas mientras asisten a la discusión entre sus compañeros de mesa. Si no fuera porque saben que se han conocido solo hace unas cuantas horas, pensarían que aquello es una pelea de novios.
—Bueno, cada uno es como es. Pero puedes cambiar si te lo propones.
—¿Y qué me quieres decir con eso?
—Que si quieres, puedes superar tu obsesión.
Sakura contempla a Sai con fastidio. Parece que se ha empeñado en dejarla en mal lugar delante de las otras chicas. No es una neurótica; simplemente, le gusta hacer las cosas bien y cuando no le salen como ella quiere, se estresa. Así de sencillo. Pero no va a seguir dando explicaciones porque no quiere continuar con esa conversación. Da un último mordisco a la manzana y se limpia las manos en una servilleta de papel.
En ese instante, ve como dos chicos acompañados de una joven entran en el comedor. Uno es Itachi; el otro su amigo, y a ella no la ha visto nunca. El malagueño no tarda en localizarla y comenta algo en voz baja a sus acompañantes. Luego les pide que le sigan. Cuando los tres llegan a la mesa, saluda amigablemente a Sakura y a Sai y se presenta a Hinata y a Tenten. Estas hacen lo propio, con dos besos.
—Yo soy Ino —indica la joven que acaba de llegar. Y, con una sonrisa forzada, saluda con la mano a los que están sentados en la mesa.
Gaara hace algo parecido. Tampoco él da dos besos, ni saluda a los otros individualmente. Pero su sonrisa no es tan postiza como la de la gallega; al contrario, le agrada aquel grupito.
—¿Estamos todos en el mismo pasillo? —pregunta Itachi dirigiéndose a Sakura.
—Nosotros cuatro sí. ¿Cuál es vuestra habitación?
Ino y Gaara responden con el número del cierto en el que vivirán los próximos nueve meses. A continuación, Hinata , Sai y Tenten también informan el suyo.
—Resumiendo: Sakura está en la 1151, Sai en la 1152, Hinata en la 1153, Tenten en la 1155, yo en la 1156, Ino en la 1157 y Gaara en la 1158. ¿Correcto?
Ninguno contradice a Itachi. De los nueve residentes en el pasillo 1B, siete se encuentran reunidos allí, en el comedor. Siete chicos muy diferentes, de ciudades muy alejadas entre sí, pero todos con muchas ganas de vivir la experiencia del primer año universitario que tienen por delante.
—¿Conocéis a los dos que faltan? ¿Al de la 1154 y el de la 1159¿ —pregunta Gaara con curiosidad.
Es Tenten la que contesta. Les cuenta a los recién llegados a quién se encontró y escuchó la noche anterior; aquel joven bohemio de pelo rubio que canta y toca la guitarra.
—Solo lo vi unos segundos, pero me pareció un tipo muy curioso.
Los siete intercambian opiniones acerca del residente misterioso de la 1159. Itachi bromea sobre él. Comenta que puede tratarse de un asesino en serie que se esconde en la Benjamin Franklin y mata a sus víctimas después de cantarles dulcemente al oído.
–No le hagáis caso —interviene Ino.—Desde que lo conozco, no ha parado de decir tonterías.
—¿En serio piensas que solo digo tonterías?
—De cada diez frases, nueve lo son.
—Qué imagen estás dando de mí a nuestros queridos vecinos —protesta el malagueño fingiendo que se enfada. —Ya verás como el de la 1159 te lleve a su habitación y te susurre una canción de Pablo Alborán al oído. Entonces te acordarás de mi.
Todos ríen menos Sakura e Ino. Las dos se observan de reojo, aunque sin ninguna complicidad. La primera impresión de la una respecto a la otra no ha sido la mejor. A pesar que no han cruzado ni una sola palabra entre ellas.
—¿Y el de la 1154 se sabe algo? —pregunta Sai.
Ninguno dice nada porque nadie lo ha visto todavía. De nuevo es Itachi el que suelta un chiste sobre el desconocido.
—Es el cómplice del bohemio de la 1159. Lo veo claro ; en realidad, es un asesino en serie que no trabaja solo.
—El único que nos está matando con sus idioteces eres tú.
—Qué poco aprecio me tienes, gallega.
Y su intento de rodearla por la cintura, Itachi se lleva un codazo en el abdomen; Ino consigue cortarle el aire por un segundo. Sin embargo, el andaluz no tarda en recuperarse y sonríe, actuando como si no hubiera pasado nada.
—¡Bueno ,gente! —exclama aún acusando del golpe. —Me muero de hambre. Y veo que vosotros ya habéis terminado. ¿Nos esperáis a que cenemos nosotros tres o nos vemos luego en algún sitio de la residencia para conocernos mejor?
Tres cuartos de hora más tarde, los siete residentes del pasillo 1B charlan animadamente en la zona de descanso de la tercera planta. Cada uno explica el lugar de donde viene y la carrera que va a estudiar. Itachi y Sai son los que más preguntan y Sakura e Ino la que menos hablan. Hinata y Tenten vuelven a contar el episodio de los ciclistas ante la sorpresa de los tres que no sabían nada aún.
—¿Y de pareja cómo andamos? ¿Cuántos estáis comprometidos? —pregunta Itachi cargado de intención.
La única que admite tener novio es Ino. Un coruñés que se llama Kankuro, al que quiere mucho y ya echa en falta.
—Debe de haber sido complicado separarte de él e irte a vivir a otra ciudad —apunta la peruana, que entiende bien lo que es distanciarse de sus seres queridos.
—Sí, ha sido duro. Pero esto hará más fuerte la relación. Estoy segura.. ¿Vosotras habéis tenido relaciones largas?
Hinata habla de un novio de ocho meses, aunque no acabó bien con él. Tenten, por su parte, afirma que nunca ha salido con un chico más de seis semanas por estar siempre ocupada con los estudios y sus hermanos.
—¿Y tú, Sakura? vuelve a preguntar Itachi. No quiere que el momento de sinceridad del resto de las chicas pase sin que él pueda sacarle provecho.
—¿Yo qué?
—¿Has salido con alguien últimamente?
La joven toledana duda si responder la verdad. Por lo visto, todos han tenido alguna relación. Es lo habitual en la adolescencia; salir con chicos e interesarse por ellos. En cambio ella..
—No. Ni últimamente, ni nunca.
—Venga ya, ¿Me estás diciendo que nunca has tenido novio?
—Jamás.
—¿Ni un rollo? —insiste el malagueño, muy interesado e incrédulo ante lo que está escuchando.
—Nada de nada.
Todos miran a Sakura como si fuera un bicho raro, o esa es la sensación que ella tiene en ese instante. Aunque no todos la creen. Ino piensa que se está marcando un farol para hacerse la interesante. No pude ser que una chica como ella nunca haya estado con un tío.
—Dime, al menos, que alguna vez te has besado con alguien…
—¿Cuentan los besos con cuatro años?
—¿Me estás diciendo que no te has besado con ningún tío desde los cuatro años?
El diálogo entre Itachi y Sakura es seguido atentamente por los demás. En especial por Sai, muy sorprendido por lo que la toledana está contando.
—Te puedo asegurar que no he besado a nadie desde que mi amigo de la infancia lo hizo en la guardería. O eso es lo que él cuenta, yo no me acuerdo.
—Pues no habrá sido por falta de oportunidades. Eres guapísima.
—Cualquier chica de hoy en día tiene oportunidades, Tentem —le responde Sakura sonriente — Ningún tío me ha gustado lo suficiente como para dejar que me bese. Aunque suene exigente, borde o prepotente… Es así. Además, tengo muchas cosas en las que pensar para preocuparme por esos temas.
—¿Y si te enamores?
Sakura no contesta inmediatamente a Sai, que ha sido el que ha preguntado. ¿Enamorarse? No va a enamorarse allí, lo tiene muy claro. Pero ya está dando una imagen de frialdad que no pretendía transmitir. Y él…, él es una tentación en la que no esta dispuesta a caer. ¿Qué debe decirle? Opta por ser sincera.
—Si me enamoro, contaré hasta cien… y si hace falta, hasta mil. No estoy aquí para enamorarme. Mi objetivo en los próximos años es otro y no está relacionado con el amor.
