You refill my place
(Tu rellenas mi lugar...)
Kiri - Monoral
Horas antes...
Heinrich estaba desconcertado
¿De dónde demonios el Comandante había escuchado sobre el Demonio?
Si no hubiera sido por el soldado que frenéticamente entró a la oficina, Heinrich no sabe que hubiera sido de él. En ese mismo instante, Erwin le concedió el permiso para retirarse.
Heinrich se dirigió a los comedores para poder hablar con sus amigos al respecto. Seguramente estarían preocupados por el. Grande fue su sorpresa al encontrarlos serios en una mesa que estaba hasta el fondo. Lucían sumamente desconcertados. Maggie mordía sus uñas constantemente. Kayne lucía bastante temeroso, a diferencia de Synnove, quien permanecía con una envidiable parsimonia. No era lo mismo con Grahem, este parecía como si quisiera matar a alguien.
Claennis estaba muy seria.
Y ese alguien era Nerian.
Este lucía tranquilo, pero su cuerpo era lo contrario. Este temblaba.
En ese momento, Heinrich supo que algo bastante grave tuvo que haber sucedido como para que sus amigos tuvieran esos aspectos nada prometedores. Cuando llegó a la mesa y se sentó, todos fijaron su vista en el. En especial Synnove, quien le indicaba con la mirada, en un gesto de desaprobación, que le dijera algo a Nerian, quien había bajado la mirada.
—Oye Mamá, ¿qué hizo ahora bebé Nerian?— preguntó burlón a Synnove, esta rodó los ojos.
Nerian levantó la cabeza, indignado al escuchar el sobrenombre que tanto odia. Y, por supuesto, su autor es Grahem.
A pesar de la broma que soltó Heinrich, en un intento por amenizar el tenso ambiente, no lo logró.
—Eren Jaeger lo sabe, Heinrich— habló Kayne suavemente.
Inmediatamente, el muchacho creyó que descubrieron sus identidades. Pero de ser así, quizá ni estuvieran en este lugar, en estos momentos.
—Sabe que soy un Titán— musitó Nerian, quien se había dignado a levantar la mirada nuevamente.
Oh
Entonces si era grave.
Al menos no sabían sus verdaderas intenciones. Sería el final para ellos que supieran antes. Por ello, creen que es más fiable mantenerlo en secreto. No obstante, Heinrich teme por la reacción de sus amigos cuando se enteren de que su padre preguntó acerca del Demonio.
El recuerdo de la primera vez que se enteró que Nerian tenía poderes de Titán llegó a su mente. También fue la primera vez que lo conocío. Estaba con el Comandante y la Teniente revisando alguna novedad que pudiera ocurrir. Nunca pensó que pudiera llegar un soldado informando que el chico había podido transformarse (aunque no del todo).
Los tres habían salido a los campos de entrenamiento para verificar aquello y en efecto, así fue.
Nerian batallaba con su brazo para poder sacarlo. Los reyes, Eren e Historia aún no llegaban y a pesar de que el Comandante y la Teniente le advirtieron que se mantuviera alejado para evitar que se hiciera daño alguno. Heinrich ignoró toda orden y fue a socorrer a Nerian quien no dejaba de temblar y llorar.
En cuanto lo jaló del torso para ayudar a sacarlo del cuerpo de Titán, varios tejidos comenzaron a romperse provocando la liberación de Nerian.
—Vaya, nunca creí que el Príncipe de las Murallas fuera un Titán— comentó sorprendido Heinrich, maravillado por lo que exhibía ante sus ojos, los cuales brillaban constantemente.
Nerian no respondió, pero en sus ojos se mostraba el miedo. Pero lo que no sabía era que Heinrich no sentía ni un ápice de miedo. Nerian jadeaba mucho y Heinrich lo sostuvo en sus hombros. Mientras lo llevaba para que lo atendieran, quiso preguntarle tantas cosas acerca de sus poderes. La fascinación que había sentido hacia Nerian no tenía límites. No obstante, primero tenían que atender al niño y luego saciar su sed de curiosidad.
—Me llamo Heinrich Smith— se presentó con una enorme sonrisa.
Nerian vio que no había pizca alguna de maldad en Heinrich, así que sintió más confianza. Y esa aumentó cuando se dio cuenta de que era el hijo del Comandante.
—Y yo Nerian Jaeger
El bufido de Grahem lo sacó de sus pensamientos.
—¿Acaso no pudiste ser más cuidadoso?— golpeó la mesa con ambas manos, fulminando a Nerian con la mirada. —¡Tenía que saberlo la peor persona!—
Nerian no tenía la más mínima intención de que Eren lo descubriera. En ese momento, el muchacho estaba tan frustrado que no supo manejar bien sus emociones. Tenía bastante ira acumulada y si no la expulsaba, quien sabe como permanecería cuerdo. A pesar de eso, Eren e Historia se comprometieron a no decir nada y tratar de encubrirlo en lo que sea.
Nerian sonrió fugazmente al recordar aquello y eso mismo le dio la seguridad para encarar a Grahem y a los demás.
—Estoy seguro de que el puede ayudarnos— argumentó Nerian. Creyendo poder apaciguar la furia de Grahem.
El aludido exhaló fuertemente.
—Estamos hablando de Eren Jaeger, ¡por Dios!— exclamó de forma ruidosa Grahem, llamando la atención de quienes estaban a su alrededor.
Ambos no se dieron cuenta que habían muchas miradas posando sobre ellos. Entre estas tantas estaban la de los Veteranos.
—¿Yo qué?— preguntó Eren, quien estaba detrás de ellos. Nerian se dio cuenta que recién había ingresado a los comedores, así que solo escuchó su nombre en la conversación.
El rostro de Grahem perdió todo color y el de Nerian un poco. Pero sabían que tenían que responder.
—Nada Eren, solo les comenté del incidente con mi mano— respondió pacíficamente y remarcando la palabra "incidente".
Eren entendió que significaba eso. Así que le dio un gesto a Nerian, respondiendo que lo entendía.
—Solo venía a recordarles que mañana empieza su entrenamiento. Será en el mismo lugar, así que les recomiendo dormir todo lo que puedan
Se retiró, no sin antes dedicarle una mirada suave a Nerian, quien no dudó en devolvérsela.
Claennis sospecha que algo sucedía. No entendía que era exactamente. No pudo evitar un sentimiento de rechazo, uno que no experimentaba desde su infancia...
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Mis padres solían ser personas con bastantes ocupaciones. Ante ello, solo me quedaba la soledad como compañía. No era una niña muy sociable.
A pesar de que la mayoría de mis actividades diarias se resumieran en mis responsabilidades como Princesa, tenía mucho tiempo libre. Y en ese tiempo libre no había alguien que jugara o por lo menos que pasara un rato conmigo. En ese entonces, yo aún no conocía a mis padres, solo había oído de ellos.
Ni siquiera sabía que significaba "Padres"
Porque sí, yo no sabía quienes eran, no los conocía. Nunca los había visto. La primera vez que la vi en toda mi vida, a mi madre, ni siquiera se dignó en verme.
Vivía en una cabaña bastante adentrada en un bosque, por alguna extraña razón. Venían personas al mando de Mamá orientarme con mis responsabilidades, ellos me dijeron que la mujer era mi progenitora y me explicaron que significaba eso. Mientras tanto, ella simplemente se limitaba a sentarse y observar. Nunca me dirigía la palabra. No sabía como era su voz. Por mi parte, yo la imaginaba más dulce y encantadora. Aquella mujer que siempre me observaba, lucía demacrada, débil, sin ganas de vivir.
Lo que más me dolía, era la forma en como me miraba. Era un especie de odio y resentimiento.
Algunas veces la observaba llorar bajo un árbol, creyendo que nadie la miraba. Solo yo lo hacía.
Sentía mi alma quebrantarse al verla de ese modo. Por algún motivo, había desarrollado una clase de afecto hacia ella, aún si ella jamás se dirigía hacia mí.
Un día, por simple curiosidad, quise acercarme a ella para consolarla, pues lloraba como tantas veces lo hacía.
Con pasos lentos y tímidos, me fui acercando a ella quien continuaba haciendo su labor. Con todo el valor que pude juntar, tomé su hombro y me acerqué más ella para tener un mejor panorama de vista. Aún cuando su rostro estaba empapado en lágrimas y que se hallaba rojo y bastante decaído, me pareció la mujer más bella de todas. Su cabellera rubia caía en sus hombros como un par de cascadas de oro fundido. Su piel tenía un precioso tono blanquecino. Y sus ojos un bellísimo color azul.
Ella al sentir que alguien había tomado su hombro, me vio como si fuera lo más peligroso y vi como su expresión de tristeza había cambiado a una de histeria.
—¿Estás bien?— pregunté preocupada y con una sonrisa en mi rostro. Pues era la primera vez que podía interactuar con ella.
Pero nunca pensé que ella me apartaría de un empujón, provocando que me cayera al suelo de una forma bastante violenta.
Y a pesar de que únicamente me apartó, era la primera vez que me hacía algo.
Y eso me hizo sentir muy feliz.
—Ojalá no hubieras nacido
Fue la primera vez que me dijo algo.
A partir de ese día, Mamá no volvió a ir a la cabaña, solo su personal para seguir practicando mis deberes. Me sentí realmente mal cuando creí que Mamá ya no vendría por culpa mía. Creía que había hecho algo sumamente malo como para que dejara de ir a la cabaña. Esa angustia aumentó con el trato del personal. La mayoría eran mujeres de mediana edad que siempre vestían con ropajes bastante finos. Ellas solo se dedicaban a hacer su trabajo, el cual ni siquiera se esforzaban por hacerlo bien.
Me dedicaban burlas, me golpeaban, me empujaban, me decían que era la razón del sufrimiento de la Reina.
Yo no entendía mucho en ese entonces, pero realmente podía sentir su rechazo, realmente sentía su odio hacia a mi.
Un día en el cual el personal me enseñaba a leer y escribir de forma perfecta (cosa,que se me complicaba entender) llegó una mujer. La traían amarrada de las manos. Lucía agotada y su mirada podría matar a quien sea que se le enfrente.
—Ella se encargará de la Princesa Claennis— dijo uno de quienes la traían como rehén. Por lo que el personal me había dicho, era el tan conocido Capitán Kirschtein de la Legión de Reconocimiento.
—Vete a la mierda, Cara de Caballo— había exclamado la mujer. Esta también era rubia y de ojos azules. No pude evitar recordar el rostro sereno de mi madre. Aunque el de la mujer lucía un poco aterrador, no dejaba de ser muy hermosa.
El gruñido que la mujer profirió me sacó de mi ensoñación. Al parecer ese Capitán la había tomado más fuerte de las manos amarradas.
—Esa boca, Annie
A partir de ese momento, la mujer que se hacía llamar Annie se instaló en la cabaña. La mujer era bastante apática y solía hacer lo mismo que Mamá, sentarse en un árbol con la diferencia de que ella no lloraba. Ella simplemente miraba todos con desdén, incluyéndome. Aunque eso cambió.
Uno de los tantos días en los que el personal me daba instrucciones sobre cómo "caminar" debidamente, una de ellos atravesó su pie con la intención de hacerme caer y lo logró. Inmediatamente escuché sus carcajadas, mofarse de mí como si fuera lo más gracioso del mundo. Otra me pateó, alegando que nunca hacía nada bien y que era demasiado estúpida. Yo sabía no defenderme y simplemente dejé que continuaran golpeándome. Así que cerré mis ojos, método que utilizaba para no sentir el dolor de forma tan intensa. Funcionaba en ciertas ocasiones.
Escuché un estruendoso golpe y el quejido de alguien.
Abrí lentamente mis ojos y estos se ensancharon mucho.
Annie los había derribado a todos los del personal y estos la miraban como si fuera la cosa más espantosa del mundo.
—Si la siguen molestando me los voy a comer— dijo con la voz más trémula que jamás había oído. Incluso yo me aterré.
Y en cuanto al personal, estos se esfumaron y no volvieron.
—Levántate niña—
A partir de ese momento, yo seguía a Annie a donde ella fuera, aunque ella estaba reacia a ceder ante mi constante insistencia, yo seguía intentando acercarme a ella.
—Tu cabello es muy suave— comenté una de las tantas veces que estábamos en la sala principal. Ella estaba sentada y yo deambulando en cualquier parte para matar el aburrimiento.
—Hm...
Otra vez que hice otro intento, ella estaba entrenando con un tronco de árbol.
—Me gustan tus técnicas, ¡son fascinantes!— exclamé, ella se volteó hacia a mi un poco exaltada, pues la había tomado desprevenida.
—Gracias— respondió al verme de forma suave.
En otra ocasión, yo estaba intentando leer. Tarea que realmente me era muy complicada debido a la pobre orientación que me habían proporcionado.
—Niña, así no es— dijo Annie frustrada, cansada de escuchar mis pobres intentos de lectura.
Se sentó a un lado de mi y la tarde transcurrió en mi orientación en la lectura.
Una vez soltó algo de lo cual yo no tenía conocimiento alguno.
—Eres como tu Padre
—¿Qué es un Padre?
Me dedicó una mirada de absoluta comprensión.
Fue entonces que pudimos hacernos más unidas. Ella me relataba múltiples anécdotas de su infancia. Realmente la había pasado mal. Fue entonces cuando me di cuenta que ella y yo no éramos tan diferentes. Ambas somos simples personas rechazadas por lo que son, por lo que representan, por una carga que no decidimos poseer.
Me sentía plena a su lado, como si una parte de mi ser estuviera completa.
Llegué a considerarla como una figura materna, aquella que me hizo tanta falta desde que mi Mamá no había vuelto a ir a la cabaña.
Sin embargo, las cosas empezaron a complicarse cuando el Señor Kirschtein comenzó a visitarnos constantemente. El iba con la excusa de que tenía que vigilar a Annie, porque estaba bajo vigilancia. No entendía que era exactamente lo que Annie había hecho, pero mi mente era tan despistada como para razonar.
En una ocasión los había escuchado conversar sobre algo de las tantas cosas que no podía entender.
—¿Me odias por lo que le hice a Marco?
—No
Ellos me vieron y de forma pasible me dijeron que fuera a dormir. Ambos me trataron como si fuera su hija. Y yo, poco a poco iba entendiendo que era tener a ambos Padres en tu vida. Aquellos que te protegen y te hacen sentir seguro. Amaba todo lo que hacían por mi, inclusive lo más banal. Incluso el trato entre ellos dos había mejorado, pues antes no toleraban mirarse los rostros sin que discutieran.
Paseábamos, comíamos al aire libre, jugábamos eternidades. Toda esa carga de Princesa la sentía liviana con ellos a mi lado.
Todo era excelente. Pero fui realmente una ingenua al creer que sería así por siempre.
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—Claennis, tenemos que dormir— mi hermana estaba en las nubes, desde hace algún tiempo estaba así de rara y me preocupaba bastante.
Ella simplemente asintió. Y se alejó con Synnove y Maggie. Hablaría más tarde con ella, o cuando se diera el momento. Claennis es mi única familia directa que me queda, por esa razón me tiene agobiado el hecho de que ella esté en ese estado.
Antes de perderlas de vista, vi que Synnove me apuntó y pasó su dedo índice por el cuello. No era tan tonto para no darme cuenta de que significaba aquello. A veces me aterra.
Pero antes de retirarnos para dormir, escuchamos que el Capitán Ackerman llamó a los integrantes de la Tropa 104. Yo me preguntaba para que podría ser. El solo los llamaba para cosas importantes, por lo que podía recordar.
Grahem me llamó.
—Iré a escondidas para verificar que no tenga nada que ver con el Demonio
Heinrich frunció un poco el ceño, se veía frustrado y estresado. Odio verlo así y Kayne lucía bastante cansado. Y para que negarlo, yo también lo estaba. Razón por la cual nadie se opuso.
—Contamos contigo, Grahem— dijo Heinrich y el mencionado se alejó de nosotros.
Deseaba que no hiciera alguna tontería.
Sentí una brisa recorrer mi nuca. Fue tan leve que cualquier persona no la hubiera sentido. Casi se sintió como un pequeño soplido. Lo extraño era que fue tan frío que me causó escalofríos como nunca los había sentido.
Recordé que el Demonio era de piel fría.
Y supe de inmediato, que algo andaba mal.
Muy mal.
Eren se preguntaba porqué el Capitán los había mandado a llamar. Por su gesto, se veía que era algo de suma importancia. El no los llama a esas horas de la noche por nada. Vio a los demás que traían los párpados sumamente cansados y caminaban con pasos pesados. Connie iba caminando con los ojos cerrados. Jean trataba de hacerse el firme, pero le salía mal. Sasha iba arrimada hacia Armin, quien también se sostenía de ella para no desplomarse hacia el suelo. Mikasa lucía imperturbable y envidiaba eso de ella. Por último, Historia también lucía calmada, pero esta tenía los ojos cansados y medio tambaleándose. Eren la tomó de los hombros cuando vio que ya estaba a punto de ceder al sueño.
Ella le sonrió en agradecimiento y Eren se vio obligado a apartar la mirada. Le causó un extraño sentimiento. Era la primera vez que la veía sonreír en mucho tiempo.
Habían llegado a la Sala de Reuniones que Mikasa y Synnove habían limpiado. La asiática tuvo que repasar su trabajo y el de la chica por lo bueno que había sido.
—Tenemos que hacer que Historia sea la Reina como ya habíamos quedado— recordó que Erwin lucía ansioso por eso.
Historia se sintió presionada.
Y quienes notaron eso, fueron Eren y Levi. Ambos entendían que significaba tener una carga por poseer un poder.
—Erwin a notado algunos anomalías con los nuevos— mencionó y eso llamó la atención de Eren.
Levi ya sabía lo que Erwin le contó sobre el Demonio de la Infinidad. Tendrían que estar al pendiente sino querían más conflictos de los que ya tenían.
—Y por ello, quieren que los vigilen, aprovechen cualquier oportunidad que obtengan— golpeó sus manos con la mesa para despertarlos, pues estos parecían muertos y todos dieron un respingo —No los pierdan de vista
—¿Qué es lo que han hecho para que el Comandante desconfíe de ello?— preguntó indignado Eren y Levi sintió curiosidad por ello.
—¿Tú sabes algo?
Eren sudó frío, tener la mirada taladrante del Capitán no ayudaba mucho. Pero recordó lo que le había prometido a Nerian. Se sentía tan identificado con el chico, a pesar de que era un extraño para el. Desde la primera vez que lo vio, supo que había algo con el. Pues se le hacía sumamente familiar.
—No Señor
Mikasa se dio cuenta de que algo andaba mal, pero la voz del Capitán la hizo espabilar.
—Hemos recibido múltiples solicitudes sobre entregar a Eren e Historia
Todos se sorprendieron ante ello, pues no tenía sentido alguno de que precisamente fueran Eren e Historia quienes eran buscados.
Mucha casualidad.
—Y por eso, los vamos a transportar a otro lugar más seguro, al menos hasta que merman esas constantemente demandas— ordenó.
Historia suspiró, nunca creyó que la sangre que corre por sus venas fuera el motivo de tanto alboroto.
Y ahora arrastró a la Legión.
—¿Y quién estará cuidando de Eren en el tiempo de su traslado?— indagó Mikasa, quería estar totalmente segura de que el plan fuera a salir exitoso.
Levi se fastidió un poco por esa absurda constante preocupación que ella sentía hacia Eren.
—Nadie
—¿Qué?
Levi supo de inmediato que la muchacha volvería a confrontarlo. Sintió un poco de decepción, pues creyó que las palabras de Synnove la habían hecho reaccionar.
—¡¿Y cómo pretende que Eren esté seguro?!— gritó sin poder creer que el Capitán mandaría a Eren sin resguardo alguno.
—¡BASTA!— el grito de Historia llamó la atención de todos. Sonaba bastante presionada.
Mikasa estaba a punto de golpearla pero la mano de Armin la detuvo a tiempo. Ante ello, Mikasa tuvo que regularizar su respiración, estaba muy tensa.
—Solo será por un tiempo, Mikasa, todo saldrá bien— Armin tenía ese don para hacerla apaciguar esa ira que surgía alocadamente.
Mikasa frustrada, aceptó a regañadientes.
—Bien, pero si algo sale mal será su culpa— apuntó hacia Levi, quien seguía imperturbable.
Hange y Erwin hicieron acto de presencia.
—Además, Levi te necesita para que puedan combatir a los de la Policía Militar, ¿no es así, Levi?— comentó Hange con su característica sonrisa.
Este no dijo nada, pero apartó la mirada.
—¿La Policía Militar?— preguntó Jean incrédulo.
A continuación, Erwin sacó un informe y lo colocó en la parte central de la mesa. De esa forma, todos podían observar lo que decía aquel documento.
—Ellos son la principal razón por la que las demandas de Eren e Historia se han vuelto frecuentes— apuntó hacia una parte del informe —Estoy seguro que ya saben lo que tramamos, pero no logro entender como supieron—
Hange había meditado algo sobre eso. Ellos no habían revelado la información que solamente se habían pasado entre ellos. Y se hizo un nuevo planteamiento.
¿Alguien los estaría observando y fuera ese quién estuviera pasando la informacion?
Ella no lo creía imposible.
Tal vez era algún infiltrado como Reiner, Berthold y Annie. O quizás alguien que simplemente no estuviera del todo ligado a esto.
—El traslado de Eren e Historia será en una semana— dictó el Comandante.
Eren se dio cuenta de que era el mismo tiempo en que serían las pruebas de Nerian y su grupo.
—Pero en una semana son las pruebas Comandante— replicó Eren y Erwin pudo ver cierta angustia en el.
—Justamente por ellos es que quiero cancelarlo o posponerlo
Las sospechas de Erwin eran cada vez más y más. Hange había hablado sobre unos posibles infiltrados en los cuarteles de la Legión y que estos fueran quienes estuvieran divulgando sobre las intenciones de la Legión para Eren e Historia. Inmediatamente, Erwin pensó en los nuevos, quienes justamente aparecieron cuando todo esto había iniciado. Le parecía demasiada coincidencia.
—Por eso quiero que sigan manteniendo el plan de las pruebas, tienen que pasar más tiempo con ellos para poder sacar información, toda la que puedan. Al menos hasta que Eren e Historia estén seguros— finalizó, un poco irritado. No quería creer que el joven Heinrich fuera enemigo, pero el muchacho no se la ponía nada fácil.
Sobre todo cuando mencionó al Demonio de la Infinidad.
¿Quién era el cómo para que tuvieran tanto miedo?
Tenía que descubrirlo.
—Bien, eso sería todo por el momento—cerró el informe y se dirigió a la puerta —Si sucede algo más se los haré saber— todos hicieron el saludo militar, pero algo sucedió cuando el Comandante estuvo a punto de salir.
Las luces de los candelabros se apagaron de forma repentina y la estancia se llenó de constantes ruidos.
—¿Quién fue?
Nadie respondió, pues solo estaban ellos en la estancia.
Erwin iba a replicar algo más, pero no contó con que la temperatura se volvería tan fría que incluso Hange se había acercado a él para mantener el calor.
—¿Qué mierda sucede?— musitó Levi desconcertado.
Todos lo notaron, algo extraño sucedía y era algo sumamente raro que repentinamente las luces se apagaran y la temperatura descendiera al punto en que tenías que abrazar a alguien para preservar el calor que aún les quedaba en los cuerpos.
Sasha inmediatamente tomó a Armin entre sus brazos. Jean y Connie hicieron lo mismo, a pesar de que les parecía un poco incómodo. Mientras tanto, Historia tomó del brazo derecho a Eren y este aumentó el contacto. Mikasa era la única que trataba de mantener el calor por sí misma. Frotando sus manos en sus brazos. Aunque no contó con que el Capitán la estrechara con sus fuertes brazos.
—No pienses cosas raras, el puto frío es intolerable— aclaró al ver la expresión de la chica.
La temperatura descendió aún más y los demás comenzaron a desesperarse.
—Te-tenemos que salir ahora— habló castañeando Hange, pues el frío era intolerable. Y los ruidos no ayudaban mucho en apaciguar su temor.
Y antes de alguien intentara algo, vieron una sombra acercarse a ellos.
Holi :3
Creo que esta vez si me tardé demasiado, pero no fue algo que tenía previsto :'c
La preparatoria está muy pesada (la odio, me voy a matar alv)
En este capítulo le quise dar este enfoque a Claennis después de ver la mirada triste de Historia en el capítulo que salió del manga. Las ideas cayeron hacia a mi como lluvia.
Sé que dije que en este capítulo aparecería el "hermano de Synnove" pero surgieron las ideas y salió esto :v
Pero lo más probable es que si aparezca y de a entender sus intenciones.
Con respecto a la última escena, creo que saben quien es el que está afectando la temperatura D:
En fin, eso es todo
Bis Bald :)
