15 de Julio 2001:
Sherlock y Greg se habían mudado hacía aproximadamente ya unos cuatro meses a una casa de tamaño medio de dos plantas en un barrio de casas unifamiliares de la ciudad londinense, era una casa con un pequeño pero agradable jardín, donde la pequeña Nina jugaría en el columpio que Sherlock iba a construir tarde o temprano.
Sherlock había comenzado a trabajar en la empresa de comida orgánica que Mycroft poseía, había comenzado en el eslabón más bajo de la cadena, pero no le importaba, al contrario, que le contratara fue algo que agradeció, así se sentía útil después de haber sido rechazado en las cadenas de televisión, tanto como actor como productor de algún programa o serie. Mycroft le explicó al menor de los Holmes como funcionaba la empresa y Sherlock entre bostezos escuchaba atentamente. Desde que habían tenido a Nina, poco pegaba ojo.
Esa misma noche, Greg tenía una despedida de solteras con sus compañeras de trabajo, o eso decía él. Así que Sherlock se quedó al cargo de la pequeña, lo iban a pasar muy bien, ya que casi nunca podía estar con ella, porque siempre estaba muy cansado después de una dura jornada de 8 horas y de no dormir mucho por las noches.
— Pásalo bien, nosotros tenemos una noche de fiesta muy divertida – comentó Sherlock mirando a Greg y luego a la pequeña.
— Volveré mañana por la mañana, no la acuestes tarde – dijo Greg besando a Sherlock.
Greg le explicó a Sherlock como quedaban las cosas para que Nina cenara y se fuera a dormir a su hora. El menor de los Holmes le contó un chiste a cerca de la comida india y si le podía dar curry a la pequeña, pero como siempre, Greg no lo entendió, nunca se reía con las bromas de Sherlock, algo que el menor de los Holmes no veía bien.
Greg volvió a besar a su novio y se marchó, ya que el taxi había aparcado en la puerta y le estaba avisando con el claxon de que ya estaba allí. Una vez a solas, Sherlock miró a la pequeña que lloraba; intentó calmarla con su voz, pero como no lo conseguía, puso música a ver si así lo conseguía. Sherlock cantaba, pero ni con esas. Así que sacó la artillería pesada, los animales de peluche.
Jugó con ellos mientras la pequeña le observaba tranquila y queriendo cogerlos sentada en el sofá, una vez que el menor de los Holmes se cansó de jugar con los muñecos de peluche, se sentó en el sofá, puso a la pequeña Nina en su regazo y puso la televisión. Lo primero que apareció, fue el programa que presentaba su ex novio, Victor.
— Mira Nina, el ex de papá – dijo Sherlock señalando la televisión - ¿a qué es un poco gritón de más?
Y en efecto lo era, no tenía la tele muy alta, pero la voz de Victor era chillona, con lo que Nina, que había estado tranquila la anterior media hora, volvía a llorar por culpa de Victor. Así que el menor de los Holmes apagó la televisión, cogió a la pequeña en brazos y se puso a leerle en voz alta un libro, que casualmente era el libro de John, porque por fin John había conseguido que le publicaran algo y era realmente bueno, tanto lo era, que calmaba los gritos y sollozos de la pequeña Nina.
Cuando por fin acostó a la pequeña, el teléfono sonó, Sherlock corrió a cogerlo pronto para que no sonara mucho y no despertara a la pequeña.
— ¿John? – Preguntó Sherlock.
— No, soy yo – comentó desde la otra línea Greg, que se encontraba en baja en una habitación de hotel.
— Lo siento mucho, querido – se disculpó Sherlock - ¿Cómo te va? ¿Todo bien? ¿Te estás divirtiendo? Ya sabes que vale divertirse y desmelenarse un poco. Y no te preocupes por Nina, por fin se ha dormido, ha costado, pero por fin ya está durmiendo como un angelito que es. Pero ha sido mi culpa por darle el café equivocado, debí haberle dado descafeinado.
Se escuchó una pequeña risa al otro lado de la línea y Sherlock supo que por fin había conseguido hacer reír a su novio, milagro.
— Ahora nos iremos a la fiesta, ya que estábamos cenando en un restaurante – comentó Greg con naturalidad caminando por la habitación del hotel, donde lo había hecho con otro hombre y ese otro hombre había sido Mycroft, si, engañaba a Sherlock con uno de sus mejores amigos – y, una pregunta, ¿tú estás bien? ¿Todo correcto?
— Si, todo va bien por aquí, yo estoy bien – respondió Sherlock bebiendo de su copa – pero ya sabes que yo no soy bueno como padre y novio, pero intento dar lo mejor de mi, ya sabes.
Al escuchar aquellas palabras, Greg, que se encontraba sentado en la cama donde hacía nada lo había hecho salvajemente con Mycroft, se sentía culpable por lo sucedido. En cambio Mycroft se paseaba por la estancia tapado solo con una toalla, de la cual iba a ser desprovista dentro de poco, ya que Greg se mordía el labio para no lanzarse a por Mycroft en esos momentos.
— Sherlock, no te martirices así, lo estás haciendo bien – dijo Greg intentando animar a su novio.
— Sabes que no es verdad, pero aprecio tus ánimos. Se que si tuvieras un ticket, ya me habrías devuelto hace mucho – esperó que Greg se riera, pero nada, esta vez no consiguió hacerle reír, una pena, porque el chiste era bueno – pero ya sabes que yo estoy trabajando en eso, que estoy trabajando para ser mejor.
— Esto Sherlock, es hora, me tengo que ir, me están esperando para irnos. Te veo mañana. Buenas noches – comentó Greg intentando acabar cuanto antes la llamada.
— Buenas noches, no te emborraches mucho – dijo Sherlock antes de colgar la llamada más tonta que había tenido con Greg, porque no habían sacado nada y a la vez solo había sido para saber como estaba Nina y como se encontraba Sherlock, aunque a Greg le importaba poco.
