Primero que nada, una disculpa por haber abandonado mi historia tanto tiempo. Pero ya estoy de vuelta. Lamento mucho la tardanza. Espero que aún disfruten de mi historia.
¿Aún debo aclarar que ni Beyblade ni Grey's Anatomy me pertenecen?
En fin. Espero sus comentarios.
Al día siguiente recibí una llamada de Brooklyn, preguntándome cómo me encontraba. Le pedí disculpas por haber faltado el día anterior.
―No hay problema. Necesitabas un día libre. ¿Vendrás hoy?
―Sí voy para allá.
Max me llevó de nuevo al hospital, no quería que usara mi moto. Cuando llegué al hospital, el primero en buscarme fue Kai. Llegó al vestidor cuando me estaba cambiando.
―¿Ray, te encuentras bien? ―me preguntó preocupado.
―Sí, ayer decidí tomarme el día.
―Lo noté. Te busqué por todos lados, me preocupó tu llamada.
―Estoy mejor.
―Me alegro.
Se acercó a mí y me abrazó. Le devolví el abrazo. Me acercó más a él y luego tomó mis mejillas entre sus manos.
―Te amo Ray. ―me dijo con dulzura.
Se acercó hasta quedar a centímetros de mi cara. Podía sentir su respiración.
―Ray, dime cuando quieras que pare.
Juntó sus labios con los míos y me besó con pasión. Sus labios descendieron a mi cuello y sus besos trazaron un camino hasta mi pecho.
―Kai, detente. Es suficiente.
Lo empujé, apartándolo de mí. Él me miró sorprendido. Sus ojos mostraban dolor.
―No podemos seguir así. ―le dije con voz entrecortada.
―No, supongo que no.
Su cara se puso seria de repente, dio media vuelta y se fue.
―Kai. ―susurré.
La puerta del vestidor se abrió y entró Max.
―Acabo de ver salir a Kai, ¿todo bien? ―me dijo viéndome de arriba abajo.
Me miré a mi mismo. Mi camisa estaba abierta y mis pantalones en el suelo. Básicamente estaba sólo en ropa interior. Sentí que me sonrojaba.
―Sí… todo bien. Me estaba cambiando, eso es todo.
―Bien, si tu lo dices. ¡Vístete rápido! Brooklyn nos asignó a la SE.
Emergencias estaba bastante calmada, claro que nadie se atrevía a decirlo. Me puse a revisar los materiales y las camas. Todo estaba en orden.
Max se había ido sin decirme nada, después de un largo rato Max regresó corriendo. Traía el cabello y la camisa desarreglados. Lo miré y levanté una ceja. Él me miró y se sonrojó.
―Está bastante… ―empezó a decir Max.
―¡No! No lo digas ―lo interrumpió Tala apareciendo justo detrás de él.
Él se veía más arreglado, aunque tenía algunos cabellos fuera de lugar.
―Pero sí que esta…
―¡Max!
Tala se dirigió a la entrada de ambulancias. Todos los que estábamos en la sala nos observamos mutuamente.
―Supersticiosos ―dijo Max cruzado de brazos.
―Ya tuvimos una bomba aquí, así que… mejor ser cuidadosos, ¿no creen? ―dijo un interno que yo no conocía.
Todos me miraron después de ese comentario.
―Estoy bien ―dije en voz baja.
―¡Ah! ¡Con un demonio! ―se escuchó el grito de Tala.
Max corrió a su lado. Mi curiosidad pudo más que yo y fui a reunirme con ellos. Había empezado a llover. La lluvia había salido de la nada, estoy seguro que no había nubes unos minutos antes.
―¿Qué sucede? ―le pregunté a Tala.
Tenía una mirada muy seria, pero parecía nervioso.
―Escuchen.
Max y yo intentamos escuchar sobre el ruido de la lluvia. Escuché lo que parecían ser varias ambulancias acercándose.
―Oh, vaya. ―dije en voz baja.
―¿Por qué eso es malo? ―preguntó Max.
―Muchas ambulancias, lluvia… ―dijimos Tala y yo al mismo tiempo.
―Oh, vaya. ―dijo Max en un suspiro y se puso blanco.
―¡Quiero a tres más aquí, ahora! ―gritó Tala hacia el interior.
Tres internos se nos unieron a toda prisa. Dos ambulancias llegaron derrapando y casi chocaron entre ellas. Detrás llegaron dos más, una golpeó ligeramente a la otra.
―¿Quién rayos lo dijo? ―gritó Tala molesto.
Tala le asignó una ambulancia a cada uno de los demás.
―Ray, tú quédate aquí vigilando. ―me dijo Tala y todos ingresaron con sus respectivas camillas.
Todo el día me quedé en Emergencias, sólo suturando. Nadie me dejaba hacer nada, supuse que me veían frágil. Varias horas después de la llegada de las cuatro ambulancias, llegó una más y me mandaron llamar. Miré a mi alrededor pero no había nadie más. Me acerqué a la ambulancia. Bajaron a un hombre en camilla y una mujer bajó con un bebé en brazos. El pequeño tenía alrededor de dos años y lloraba sin parar.
―¿Qué sucedió? ―le pregunté a uno de los paramédicos.
―Explotó el horno en su departamento. Suponemos que fue una fuga de gas.
Ingresé al hombre en la camilla. Tenía quemaduras graves. Cuando lo colocamos en una de las camas tuvo una convulsión. Cuando lo sujeté de cerca me llegó un olor extraño. El hombre se calmó pero quedó inconsciente y lo intubamos. El bebé seguía llorando sin parar, así que me acerqué a la madre.
―¿Está segura que no le pasó nada?
―La explosión fue en la cocina, el bebé estaba en la sala ―me dijo muy tranquila.
―¿Me permite revisarlo por favor?
La madre me entregó al bebé y al sostenerlo percibí de nuevo el extraño olor. Ozuma y Kai llegaron en ese momento, fui con ellos.
―Doctor Hiwatari, estaba a punto de llamarlo. El paciente en la cama tres estuvo en una explosión de un horno. Tuvo una convulsión y quedó inconsciente, ya lo intubamos ―le dije con el bebé aún llorando en mis brazos.
―¿Y estás de niñera Ray? ¿En esto acabaste? ―me preguntó Ozuma, claramente burlándose.
―Es el hijo del paciente, voy a revisarlo porque no deja de llorar.
―Ozuma, tú hazte cargo del bebé. Ray, acompáñame con tu paciente ―dijo Kai muy serio.
―Pero... ―reclamó Ozuma.
Kai le lanzó una mirada severa y no dijo más. Con cuidado le entregué el bebé a Ozuma.
―Tiene un olor raro, su papá también. Aquí algo no está bien ―le dije en voz baja.
―Yo me hago cargo, no me digas cómo hacer mi trabajo ―me respondió Ozuma molesto.
Fui con Kai a ver la paciente. Le examinó las quemaduras y… ¿lo olfateó?
―¿Kai? ―le pregunté algo preocupado por él, no era normal olfatear pacientes.
―¿Oliste eso?
Ah, con que eso era. Bien, Kai aún no ha perdido la cordura.
―Sí, lo olí en el bebé también.
―Es droga. Hazle un análisis de sangre para confirmar.
―¿Qué? ¿Cómo lo sabes?
―He atendido a suficientes adictos para reconocer el olor.
―Ese olor viene de sus heridas, ¿no? ―le pregunté intentando reconstruir lo que había pasado.
―Sí, creo que tenemos que llamar a la policía. Intenta sacarle más información a la esposa.
Tomé una muestra de sangre y la envié al laboratorio. Kai se dirigió a llamar a la policía. Yo fui entonces con la esposa e intenté que hablara sin que se sintiera amenazada. La llevé a una sala privada y le di un café.
―¿Qué fue lo que sucedió exactamente? ―le pregunté en un tono calmado y con una sonrisa.
―Una fuga de gas.
―No, lo siento pero no lo creo.
La vi ponerse nerviosa, sujetó con fuerza la taza del café y vi que estaba temblando.
―Señora, por favor. Queremos ayudar a su esposo y a su hijo.
―Presiento que ya lo sabe doctor.
―¿Entonces… una producción que salió mal?
Me miró con lágrimas en los ojos.
―Yo no sabía que se dedicaba a eso. Cuando nos casamos él tenía un trabajo estable, pero al nacer nuestro hijo se quedó sin trabajo y me dijo que volvería a su antiguo oficio. Conseguí trabajo y no me enteré de lo que hacía, hasta que ya teníamos mucho dinero con la producción y bueno, tenemos que mantener a nuestro hijo.
Comenzó a llorar. Sentí algo de lástima por ella, entendía sus motivos pero aún así esa no era la forma correcta de hacer dinero. Me di cuenta de repente de algo que había pasado por alto. ¡El bebé había estado expuesto a la droga! Salí corriendo de la sala buscando a Ozuma. Lo encontré en Pediatría.
―¡Ozuma! El bebé…
―Es adicto. Lo sé. Kai me acaba de comunicar los resultados del análisis de sangre.
―Sí, estuvo expuesto a la producción de la droga.
―Vaya, es muy triste ―dijo Ozuma bajando la mirada.
―¿Crees que el bebé estará bien?
―¿Quitando el hecho de que es adicto y de que sus padres acabarán en la cárcel, y que entrará al sistema? Sí, creo que sobrevivirá, si a eso te refieres.
Bajé la vista.
―Cuando me entregaste al bebé percibí el olor. Identifiqué su incomodidad de inmediato como síndrome de abstinencia, pero primero revisé que no tuviera una sobredosis ―dijo Ozuma con un tono tranquilo.
―¿También lo supiste por el olor?
―Sí, he tratado son suficientes adictos para reconocer las señales. Este pobre bebé estuvo consumiendo la droga a través de sus juguetes, probablemente. Es bastante triste.
Ozuma se quedó a cargo del bebé, yo volví con Kai para revisar al papá. Kai me dijo que se encontraba muy mal. Las quemaduras eran graves por sí mismas, pero agregado el efecto de las grandes cantidades de droga que habían entrado a su sistema, su estado se había complicado más.
La policía llegó pronto y tomó a la mujer en custodia. También llamaron al Departamento de Protección Infantil para que se hiciera cargo del niño cuando le dieran el alta. Durante todo el día permanecí vigilando al hombre. Tuvo convulsiones constantes. Kai logró dividir su tiempo para mantenerlo vigilado también. A pesar de todos nuestros cuidados el hombre falleció esa noche. Tuvo un paro respiratorio y no logramos que sus pulmones funcionaran de nuevo.
Cuando terminó mi turno, huí de Kai y me fui al bar. Me senté en la barra y vi que Miguel Lavalier-Hiwatari estaba ahí. Se veía que ya había tomado mucho. Intenté ocultarme para que no me viera, no tenía humor de hablar con el esposo de Kai.
Pedí un whiskey y me lo tomé despacio. La puerta del bar se abrió, por impulso volteé, pero desearía no haberlo hecho. Quien entró era Mystel, venía acompañado de un hombre bastante atractivo. Me escabullí a la parte más alejada del bar y observé a Mystel. Él y su acompañante se sentaron en una mesa apartada y cuando creían que nadie los observaba, el hombre besó a Mystel en los labios.
Entonces, ¿lo que había escuchado el día anterior no había sido un desliz? ¿Esto quería decir que sí me engañaba? Terminé mi bebida y salí discretamente del bar. Un segundo antes de atravesar la puerta miré a Miguel, él me observaba con curiosidad. Volteé a ver a Mystel y su acompañante y Miguel siguió mi mirada. Después salí de ahí a prisa y me dirigí a mi casa.
