Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Naoko Takeuchi. Usados en esta historia, sin ánimo de lucro.

Advertencia: Esta viñeta contiene un toque de femslash (amor entre chicas). Si no te gusta, puedes pasar del mismo y listo.

Berserker

—¡Uranus!

Logró escuchar mi advertencia y dar un rápido, antes que un monstruo lograra golpearla con su cola, larga y llena de escamas como la de los reptiles. Aterrizó velozmente y luego, acumulando una gran cantidad de energía en su mano derecha, preparó una variación de su ataque básico, el World Shaking, pero esta vez, en forma de un violento puñetazo en el abdomen de la bestia. Evidentemente, su oponente salió disparado, para luego estrellarse contra la pared de un edificio abandonado, escupiendo sangre y resintiendo el efecto de ese golpe.

—¿Creíste que la ibas a tener fácil, maldito? Se necesita más que eso para derrotarme —le espetó mi compañera, limpiándose la boca y adoptando una pose de total orgullo.

Han pasado seis meses desde que la conocí y después, durante una batalla, se reveló como la sailor del Cielo, la guardiana del planeta Urano. Valiente, fuerte, aunque a veces era demasiado impulsiva y se arriesgaba demasiado. Aun así, ha sido toda una bendición de la Luna para mí, pues sin ella, no habría afrontado enemigos tan terribles como peligrosos, como el que nos estamos enfrentando hoy. Pensaba que yo podría afrontarlo sola, hasta desarrollar todo mi potencial… pero definitivamente esto era mucho mejor.

—¡Cuidado, Neptune!

No lo vi venir. El adefesio aprovechó un descuido de mi compañera y ya lo tenía encima, a punto de atacarme; de la sorpresa, quedé totalmente paralizada. Y cuando creí que la muerte se saldría con la suya, vi algo impresionante: En una fracción de segundos, ese adefesio fue totalmente despedazado por tres haces de luz, rápidas y precisas, acompañado de un violento grito de guerra. No pude pronunciar una sola palabra, ni siquiera cuando ella me preguntó.

—¡¿Neptune?! ¡¿Estás bien, Neptune?! ¡¿No te lastimé?! ¡Responde, te lo suplico!

Uranus tenía en sus manos una brillante espada, tinta en sangre negra del demonio que había eliminado; algunas gotas alcanzaron a manchar su rostro y uniforme. No podía creerlo: por fin había convocado su talismán, el Space Sword y manifestado su gran poder. Pero entonces…

¿Lo hizo por mí?

—Si… estoy bien, gracias —le respondí suavemente.

—Que… qué bueno… no sabría qué haría… si te pasara algo, Neptune… eres la única compañía… que tengo en este mundo… y si te pierdo… me volvería completamente… loca…

Algo andaba mal, lo presentía. Al parecer, el poder del talismán fue demasiado para Uranus. Me acerqué poco a poco y luego, llegando a donde ella estaba, con la mirada perdida, le puse la mano en la mejilla, que estaba manchada de sangre.

—Vamos a casa… tienes que descansar…

—Te amo, Neptune. ¿Lo sabías? No podría vivir sin ti…

—Y yo también. Pero necesitas un baño y una taza de té. Ven, camina.

—Te amo…

—¿Cómo te sientes, Uranus?

—Como si hubiera bebido una sixpack de cervezas yo sola —me respondió Haruka, recostada en la cama y con sus ojos tapados por uno de sus brazos.

Al llegar al apartamento, nos habíamos bañado y puesto nuestras pijamas, para poder relajarnos. Tuve que ayudar a mi compañera, ya que no tenía muchas fuerzas para poder hacer algo por sí misma. No podía negar que verla con su pijama, en la cama, reflejando el cansancio después de la batalla, me producía bastante ternura.

—Entonces, ¿Faltaría un talismán para cumplir con nuestro deber? —preguntó Ten'oh, después de un largo silencio—. ¿Dónde podrá estar?

—Es muy extraño —le respondí, mientras tenía el Deep Aqua Mirror en mis manos—. Se supone que debió aparecer a la par que nosotras. ¿Algo le habrá pasado a ella?

—Alguna vez dijiste que la encargada del tercer talismán, era la guardiana del Tiempo y debía proteger unas puertas o algo así. Posiblemente le surgió un inconveniente.

—No lo creo. Pluto es muy buena guerrera y ha sabido proteger las Puertas del Tiempo. Confío mucho en que aparecerá pronto. Tengo un presentimiento que lo que hemos hecho, es sólo el comienzo. El verdadero enemigo no tardará en llegar.

—Ánimo, Michi, no te pongas así… sabremos aguantar y hacerle frente a esos malditos. Te lo prometo.

—Tienes razón, Haruka. Gracias…

Me acosté al lado de ella y luego, le di un beso, a la vez que entrelazábamos nuestras manos. Es tan fuerte, tan valiente y siempre me ayuda a recuperar la confianza en nosotras mismas, cuando la perdemos. Ahora entiendo por qué la amo tanto.

Gracias por estar conmigo. El deber es más llevadero a tu lado.


No me salió como quería, pero creo que es más la falta de inspiración que otra cosa. Lo siento mucho.