The Jungle Movie: TJM
Ángeles había estado coqueteando con el recepcionista durante un muy largo rato mientras tanto Helga la observaba pensativa, con ojos de curiosidad y enojo.
- ¿Qué pasa con Ángeles, Helga?- pregunto Phoebe curiosa.
- No me da buena espina, sólo mírala, de… metida con ese pobre hombre. Me compadezco de él- dijo volteándose digna y nuevamente cruzando los brazos frente a su pecho.
Ángeles era una muchacha atractiva, con una gran figura, sonriente, castaña, de piel clara pero no blanca, carismática. No pasaba de los 15 años, 14 años y medio a lo mucho. A Helga le venía el recuerdo de Summer cuando pensaba en ella. Era una guía en proceso, todavía no era muy inteligente en ese aspecto pero tenía los conocimientos básicos para guiar a un "Pequeño grupo de mocosos" como ella les decía cuando no estaba el director, Simmons u Olga.
- Cree que es perfecta y tiene apenas tres años más que yo. No sé si reírme o llorar cuando la veo.
- Es la primera cosa coherente que te escucho decir Pataki pues en lo que a mí concierne no tiene nada de perfecta.
- Pensé que venían del mismo barrio, princesa – arqueó una ceja Helga.
- ¡Para nada! ¿Quién se cree que es? ¿Saben que lo que me dijo? "¿A eso le llamas ropa? Se nota que estas pequeña… No sabes ni cuidar tu cabello… Bla, bla, bla" ¿Quién le dio el derecho a decirle a Rhonda Loyd Wellington que hacer? O aún peor ¿Quién le da derecho a decirme cómo vestirme?
- Viene a hacernos la vida imposible a todos. Viene a decirnos que hacer- comento Phoebe enojada.
- Yo no lo creo así- intervino Lila-. Quizá es algo excéntrica y un poco maleducada pero no podemos juzgar a un libro por su portada.
- Lila- dijo Phoebe con voz calmada- a lo mejor no lo hace adrede pero nos hace enfadar a todas. A mí me dijo que prefería ir con un historiado a escucharme a hablar, que de seguro ni sabía lo que decía. A Helga se le puso al brinco, a Rhonda le juzgó lo que más le gusta hacer así como a Nadine y Sheena. No llevamos más que unas horas de conocernos y puedo decir que… hasta cosas malas de ti ha dicho- dijo bajando la voz.
- ¿Qué fue, Phoebe?
- Dijo que eras una campesina…
- Y que sólo era una fachada la que te ponías encima- finalizó Rhonda.
- ¡¿Pero quién se cree que es?!- explotó Lila.
- Cálmate Srta. Perfección, si eso es o no es verdad… eres carismática, linda y cosas bonitas como esas que a mí me dan nauseas. Relájate, nos la pagara. Pero antes tenemos que hacer que los tontos se nos unan y no baben como perros inútiles por ella.
- Vamos, Helga, vamos en quinto año. Esto es pan comido. ¡Curly, Harold!- dijo con una voz melodiosa, todas las niñas rieron y fueron con sus respectivos "Romeos" a contarles la situación. Ya sola Rhonda con los otros dos comenzó- Ustedes dos me ayudaran a hacerle la vida imposible a Ángeles, quiero humillarla como nunca en su vida.
- ¿Por qué habríamos de hacerlo? Es más bonita que tú- se negó Harold. Rhonda le soltó una cachetada a su compañero y luego se cruzó de brazos.
- Porque yo te lo estoy pidiendo y porque te daré un chocolate cada vez que se rompa un hueso. Y a ti Curly… te lo pido como un favor- Rhonda puso sus manos frente a su pecho, entrelazadas. Era genuina su petición.
-¡Nadie es más bonita que usted mi princesita! ¡Lo que diga usted yo lo hare!- respondió al ver que Rhonda ampliaba su sonrisa de una manera infraganti.
- Gerald, seré directa… Ángeles me dijo bruta- al escuchar esto el moreno se enfureció tanto que ya iba directo a donde la nombrada-. Calma Gerald-dijo sujetándolo de un brazo- déjala… el que ríe al último…
- Ríe mejor, lo sé, tienes razón- dijo con una sonrisa amplia y malvada- como siempre.
- Lo sé- dijo Phoebe riendo- aunque a veces asustas.
-Lo sé- respondió este carcajeándose junto con su novia.
- Stinky, ven acá cabeza de chorlito- decía Helga acercándose a él con pasos pesados.
- ¿Qué necesitas Helga?
- ¡Quiero que mates a la tonta de la castaña y me traigas su cabeza!
- Está bien- dijo algo melancólico al saber que no lo conseguiría.
- Es broma, tarado- lo detuvo Helga riendo- solo ayúdame a hacerle la vida de cuadritos.
- ¡Eso está mejor!- Stinky le dio una grande sonrisa a lo cual ella también respondió con una un tanto falsa. Al irse éste ella soltó un grande suspiro junto con sus hombros que también los dejo caer. Ya más calmada empezó a buscar a alguien con la mirada. No lo encontró.
- ¿Y Arnold, Lila?- preguntó Helga con disimulo.
- No lo sé, pero no necesitamos que él nos ayude- dijo guiñándole el ojo.
- Si tú lo dices…-. Al separarse de todos, Helga sacó su relicario y se ocultó tras un bote de basura hacho de caña-. Oh, amor mío, espero que nos apoyes en lo que queremos hacer, ahora Lila ya no me importa. Lo único que me importa es que no te hagas daño en la selva… ¡Amor mío, sé fuerte, por favor!- miró hacia ambos lados para revisar estar sola, entonces salió de prisa e ignoró por completo que Ángeles estaba escuchándolo todo.
- Con que ella está enamorada de él… Interesante…- ésta sacó su teléfono móvil y marcó-. Ya está aquí ¿Qué hago con él, señor?
- Diez años esperando a esa estúpida reliquia para completar mi colección y poder derrotar a la Gente de los Ojos Verdes, enseñarles quien manda en este lugar y por fin está aquí. Tráelo ante mí, Angie.
- Bien- ella rio- como usted ordene, majestad- dijo con una risa malvada. Ella salió de su escondite y se aproximó a el director, Simmons y a Olga – Es hora de acomodar a los pequeñitos. Han de estar cansados por el viaje tan largo que han pasado.
Así pasó. Formaron a los niños en una fila y a las niñas en otra. Quitaron la pared móvil que había dividiendo el gran salón y pusieron camas en un lado de la división y el mismo número de camas del otro lado. De un lado iban las niñas y del otro los niños juntando las cabezas. Era un gran salón, los catres eran suaves y las cobijas un poco rasposas. El techo parecía inalcanzable y había las suficientes camas para tener incluidos a los profesores.
- Tengo una lista, niños. Lo diré una sola vez- boceó la latina. Harold de un lado y Timberly.
- Off, genial- vociferaron los dos
-Lorenzo con Sheena, Brainy y Nadine, Gerald y Phoebe- ambos se miraron cómplices y sonrieron- Helga y Arnold…
- ¡De nuevo!?- gritaron los dos a la par.
- Así está aquí, no me culpen por algo que yo no escribí- burló Ángeles.
- Ahora sí me la madre…- dijo en bajo Helga
- ¡Helga!- susurró Arnold a Helga para que nadie lo escuchara- cálmate…
- No es fácil- susurró de nuevo- sabes que soy más compulsiva que el bendito presidente.
Arnold solo se rio.
-Curly y Rhonda.
- Vamos, esto no puede estar pasándome- se dijo a sí misma-. *No grites, no grites*- se controló Rhonda inhalando y exhalando profundamente para no desmayarse.
-Sid y Lila, Robert con Wartz y por último Stinky y Eugene.
- Bien- dijo Olga sonriendo y dando unos pequeños aplausos mientras alzaba la pierna derecha
- Mañana estará así. Se levantarán, bajarán al bufet y comerán hasta que revienten.
-Esa parte me gusta- intervino Harold.
- Luego subirán, se bañarán en las diferentes saunas y se pondrán ropas limpias. Al terminar nos esperarán afuera… Señores- dijo dirigiéndose a los tres adultos- estaremos en las oficinas llenando unos papeles en esos momentos. ¿Dudas?
- De hecho, muñeca ¿A dónde se supone que iremos?- Ángeles se rio un poco con los labios cerrados a la pregunta de Helga.
- Mañana verán.
Al apagarse la luz todos se acostaron a dormir ya con sus pijamas. Pero dormir no era el plan, hubo conversaciones hasta las horas de la madrugada, de las cuales, la de los rubios no fue la excepción.
- ¿Por qué nos habrá puesto como loca hace un rato cuando nos vio?- preguntó Helga pensativa.
- No lo sé- dijo Arnold en el mismo plan.
-Supongo que porque le gustas ¿No viste como te miraba?
-No lo creo, de todos modos, a ti te dijo muñeca.
-Mentira, me dijo princesa o una estupidez como esa.
- Será porque pareces una princesa- se burló.
- Ja- ja. Tú lo eres.
- ¿Parezco un príncipe?- dijo galán.
- No- contestó entre risas Helga- pareces princesita.
- Oye...- después de un silencio conmovedor, Arnold prosiguió- Helga…
-¿Qué?
- ¿Te puedo matar?- le dijo bromeando.
- No te lo recomiendo- Helga se tapó con las cobijas y sacó la cabeza- a menos que quieras vivir en un hospital.
- ¿Eres muy mala, no?- dijo Arnold con una ceja alzada.
- No te mentiré, la verdad es que sí- los dos rieron y cuando se callaron Helga cerró los ojos por un minuto.
- ¿Tan rápido te vas a dormir? Dormiste casi todo el día Helga…
- No seas mentiroso, cabezón. El que ronca eres tú; hasta parece que sueñas que eres un cerdo, aunque pensándolo bien, no estás ten lejos de alcanzar tu más grande sueño… - burló Helga a lo cual Arnold rio con una expresión graciosa en el rostro. Helga suspiró hondo y contesto a la pregunta anterior- solo pensaba.
- ¿En qué?
- En ti… en tito, el del otro grupo.
- ¿Te gusta tito?- preguntó Arnold con cara de asco e impactado.
- Jaja. No seas idiota, me debe dinero, eso es todo.
- ¿Vienes hasta acá para pensar en dinero?
- ¡Claro que no! Nunca es malo pensar en dinero, pero no. Sólo pensaba- luego de otro silencio fue Helga la que comenzó la conversación por tercera vez- Arnoldo ¿Puedo preguntarte algo?
- ¿Qué sucede Helga?- dijo Arnold sonriendo al techo.
- Sí te gusta, gusta Lila ¿verdad?- Arnold cambió su sonrisa por una cara seria y melancólica, pensando en la respuesta más correcta.
- No lo sé, hay veces que sí, hay veces que no o hay veces que lo dudo un poco… es complicado. ¿Y Stinky?
- ¿Qué? ¿Ese qué?- *¿De qué diablos habla?*
- ¿Estás diciendo que ya no te gusta Stinky?- Helga abrió muy grande los ojos y soltó una pequeña risita que encantó a Arnold.
- Nunca me ha gustado- Arnold relajado la vio extrañado.
- ¿Qué no fueron novios?- *no entiendo, Helga no fue novia de Stinky… entonces porque él la quiere tanto. Además ese día me dijo que…*Sus pensamientos fueron cortados rápidamente por la voz de la rubia.
- *OMG, sí se enteró. De seguro que mi plan funcionó y jamás me di cuenta* No. Jamás… pero intuyo que yo sí le gusto a él: ¿"Hermosa persona"? ¿"Rubia encantadora"? Creo que soy la única rubia, además de que tenía la intención de darme la maleta de Rhonda a mí. Es eso… O… Está enamorado de ti, lo cual es una muy buena teoría ¿Sabes?
- Graciosa… dejemos el tema a un lado. Tengo sueño- bostezó tallándose los ojos.
-Me burlaría de ti si no estuviera en el mismo lugar que tú- Helga se tapó completamente la cara y cuando Arnold se acostó ella le dio un almohadazo en la cara express.
- ¡Oye!- alegó.
- Oigo- dijo Helga con cara sonriente. Arnold la vio enojado y ella alzo una ceja sonriendo. Arnold sólo se empezó a reír y le pegó igualmente con la almohada. Helga se sorprendió y le pico la panza un par de veces. La verdad no les importaba si los demás los veían, después de todo sólo eran amigos. O eso pretendían creer. Ya calmados se acostaron a la par y suspiraron, causa de un par de risas más.
- Duerme bien, Paraki- dijo Arnold acomodándose para dormir
- Igualmente, mi querida princesita rubia- Arnold le pego con la almohada por última vez en la cara a Helga y ella sólo se rio. Luego los dos se quedaron completamente dormidos, extrañamente con la mano extremadamente cerca de la de Helga. Solo como amigos. O al menos eso creían.
A la media noche Arnold se levantó al baño y fue a este dormitando pero con una pequeña sonrisa al descubrir la mano de Helga estaba tocando la suya. Era raro todo eso. Parecía que él y Helga de un día para otro tenían tantas cosas en común y tantas cosas bellas vividas que apenas se daba cuenta. No creía todo eso. Era la chica que en el fondo… le molestaba. Y ahora reía con él por cosas tan absurdas como esas. Se sentía satisfecho, se sentía bien. Tocó la puerta y escuchó sollozos del otro lado del baño.
- ¿Quién está allí?- su sonrisa se borró en un santiamén.
- Soy Ángeles, Arnold- dijo abriendo la puerta- entra…- este entró y cerró la puerta tras de él. Ella no era más alta que Helga si no por 2 centímetros a lo mucho, era de la estatura de su primer amor más o menos, Ruth.
- ¿Qué tienes?- pregunto por cortesía Arnold.
- Es que siento que esa novia tuya es mejor que yo- dijo bajando la mirada.
- ¿Novia?- *Que carajos, yo no tengo novia, tal vez cree que Lila es mi novia por…* Sus pensamientos otra vez fueron cortados por una chica.
- ¿La niña de la uniceja no es tu novia?- dijo volteándolo a ver con ojos piadosos.
- No, no lo es- dijo poniéndose en canclillas para ver su rostro. Ella estaba sentada en el retrete con la tapa abajo para que fuera como un asiento.
- ¡Arnold!- lloriqueó Ángeles abalanzándose sobre el chico tirándolo y quedando sobre su pecho.
Helga abrió los ojos de par en par al escuchar el ruido que hicieron al caer *Arnold…* ésta se levantó y se puso unas zapatillas que le había regalado Olga en su cumpleaños *ese tonto donde estará…*- se oyó otro estruendo-*¡Ángeles!*Helga se enfadó al hallar el lugar de la chica vacío *esa cabeza hueca. ¡Es más tonta de lo que creí!* Helga se tomó una sola coleta y caminó hacia el baño enojada.
- No llores. No sé por qué lloras pero te aseguro que todo estará bien- dijo apoyándose en su codo para verla bien ya que ella estaba en 6 puntos de apoyo- ahora mejor vayamos a dormir, Ángles.
- ¿En serio lo crees, Arnold?- dijo limpiándose con un pañuelo que ella traía, no tardó en ponerse de rodillas apoyándose en sus muslos y sentada en las piernas de Arnold.
- Te lo aseguro – Arnold la abrazó al ver que la chica estaba "en verdad" deprimida pero con desgane.
- Arnold, me caes bien… es gracioso porque pareces de una mentalidad de 15 y yo de una de 12- se rio un poco.
- No digas eso, sólo soy un niño. Además…- él le sonrió.
Ángeles al oír los pasos de Helga hacia el baño tomó a Arnold del rostro y lo besó tomándolo de la cabeza. Éste solo abrió mucho los ojos pero para nada puso resistencia alguna hacia la chica. *¿Por qué rayos no me muevo?, mis músculos no responden, oh, demonios. ¡Qué miedo! Yo no la quiero, yo quiero a…* Helga entró al baño viendo su reloj, distraída. Fue cuestión de segundos para que su mirada subiera solo un poco para ver lo que tenía al frente, parpadeando un par de veces. Como Arnold daba la espalda a la puerta no la veía y Ángeles tenía los ojos cerrados. Ella sólo permanecía viendo algo que no creía. Arnold y Ángeles, haciendo quien sabe qué cosa.
- ¿Por qué, Arnold? ¿Por qué mi Arnold?- dijo en voz muy baja.
*¿Mi Arnold? Esa voz la conozco. Es la voz de… ¡Ay, no puede ser!* Arnold trató de zafarse de ese beso pero no respondía su cuerpo a las órdenes de su cerebro. Cuando Helga reaccionó y sintió sus mejillas mojadas de las lágrimas voleó rápidamente para que no vieran, aunque ninguno de los dos lo hacía. Respiró poniéndose derecha y cerró los puños con fuerza, inhalando y exhalando con rapidez, dejando salir el aire en pequeños grupos ya que le faltaba este al llorar.
- ¿Helga?- se oyó decir a su espalda Ángeles quien liberó a Arnold para que volteara. Helga corrió a su cama casi resbalándose y tapándose completamente con las cobijas poniéndose en posición fetal.
*¡Por qué Arnold! ¿¡Por qué mi Arnold!?*- se repetía mientras lloraba con fuerza sin causar sonido alguno *¿y por qué Ángeles? No me hubiera importado si hubiera sido Lila, es algo natural. Pero Ángeles es mayor y la odio, él lo sabe. No sé si son celos, enojo, decepción, tristeza, rencor, frustración, ¡odio! o quién sabe qué… pero me duele en lo más profundo del alma ¡¿Por qué?!*
Arnold al ya no estar amarrado al hechizo de los labios de Ángeles se zafó rápidamente empujándola a un lado y corriendo tras Helga. Ésta sintió una mano en su espalda y contuvo la respiración para que Arnold no sintiera su sollozo y su agitación.
- ¿Helga?- susurró Arnold acostado viendo hacia ella boca abajo y viendo hacia su cabeza-. Yo no… - Helga se quitó la cobija de la cara y lo volteo a ver con el rostro destrozado pero sin perder el control de la situación y de su voz.
-¿Tú no qué? ¿Tú no te besuqueabas con la tipeja esa? ¡Dah! Claro que lo hacías, y no sé porque vienes a aclararme las cosas si a mí me da exacta-mente-lo-mismol.- Su voz se comenzó a quebrar pero no decayó y prosiguió aún con más fuerza en su mirada y frunciendo el ceño-. Haz lo que quieras con tu vida, Arnoldo ¡No me importa ahora mismo y no es como si en algún momento me importara!- y se volvió a tapar mordiéndose el labio para no dejar salir sollozo alguno.
Arnold se pegó en la frente con la mano y se sentó en su cama al ver que Ángeles estaba en frente suyo. Ella le dio otro beso en silencio y él no pudo resistirse de nuevo pero solo la veía asustado. Ángeles sonrió y se marchó.
Estaban pasando cosas muy extrañas apenas llegando allí, Arnold se cuestionaba que tanto podía pasar de ahora en adelante y se dio cuenta de que no podía dar marcha atrás. Lo de Helga le importaba pero sabía que tenía que tener algo que ver con todo esto. Había estado con ella demasiado últimamente, más de lo normal. Le agradaba pero no era como fuera algo que debiera de hacer. Suspiró. De cualquier manera, habría tiempo para averiguar qué sucedía.
*Al separar a Arnold de la niña de una ceja, me será más factible llevarme a Arnold con la Gente de los Ojos Verdes, mi tribu natal y de esa manera traicionar a la Sombra para que me deje en paz de una vez por todas. Él tiene que ser el elegido, tiene la cabeza como el niño que silenció a la naturaleza y su nombre es Arnold, no pudo estar equivocada. Ya una vez allí podré casarme con él frente todos los Ojos Verdes y seré la nueva Reina de San Lorenzo. Es un plan macabro pero de seguro que funciona, ahora el chiste es alejarlo lo más posible de Helga. No hacerlo traería repercusiones titánicas. Lo que yo me pregunto es ¿Por qué vino? Si intenta buscar a sus padres es un caso perdido… La Sombra lo tendrá atado a una pared antes de que él mismo se dé cuenta*.
Nota de la autora:
Se supone que Ángeles es de la tribu de los Ojos Verdes y quiere separar a los dos, como dejé muy claro en su pensamiento. (ESTÁ LOCA). Su labial hace que los músculos de la otra persona se relajen para que así no tengan ninguna oposición tras sus besos. Algo así como Pasiflora versión 5.7. Sí, esto suena a película de Disney pero bueno… Es original ¿No?
Besos, Anna.
