La música resonaba en el interior de la sala, la bebida corría de aquí para allá y todo el mundo parecía estar disfrutándolo. En el centro de la sala los alumnos bailaban, saltaban y trataban de conversar a gritos. Había parejas que habían desaparecido hacía rato y James y Lily estaban a punto de abandonarles también.
-Remus, Dorcas no ha dejado de mirarte en toda la noche...
-¡Ni yo a ella!
-¿Estás borracho?
-Puede...
-Esto sí que debería constar en Historia de Hogwarts.
-Voy a lanzarme... Y voy a besarla...
-¡Ese es el espíritu, Lunático!
Sirius dio un pequeño empujón a su amigo que fue directo hacia la rubia para estamparle un enorme beso en los labios. En un primer momento, Dorcas no reaccionó, pero cuando lo hizo, sus brazos rodearon el cuello del chico y a punto estuvieron de caer. La gente de su alrededor comenzó a vocear y jalear, celebrándolo.
-Eres la única que no está borracha aquí, McKinnon.
-Eso puede arreglarse... Dorcas era la única persona que me quedaba que no tuviese una lengua ajena en su boca.
-Vamos... -Sirius la tomó de la mano y la llevó a una zona más alejada y tranquila donde un par de elfos servían bebidas a una velocidad increíble. Guiñó un ojo a uno de ellos mientras cogía una botella de whisky y dos vasos de chupito. Se sentaron sobre una de las mesas de comida que había quedado vacía y el chico llenó ambos vasos. -Hasta el fondo.
Ambos alzaron su bebida y cuando estaban a punto de tomarlo, Rosier tomó el vaso de la chica y se lo bebió de un solo trago.
-Te propongo un juego, Black... El último en pie se queda a la chica.
-Echo.
-Veo que parto con ventaja... Tú ya estás borracho...
-Aún puedo estarlo más.
Marlene se bajó de la mesa y la rodeó por el lado contrario hasta quedar tras Sirius.
-¿Yo no puedo opinar? -Le susurró.
-No. -Ahí estaba otra vez aquella mirada, oscura, perdida, fuera de sí. Había contestado como un autómata, sin escuchar realmente lo que la Ravenclaw le había dicho. -¿Empezamos?
Recargaron los vasos y bebieron a un mismo tiempo. Continuaron así tres veces más hasta que Rosier tomó la palabra.
-Aun no entiendo cómo pudiste dejar que te dejase sin más...
-Respeté su decisión.
Bebieron de nuevo.
-Estoy seguro... Sabes... Había veces en las que gimoteaba tu nombre mientras lloraba. -Bebieron de nuevo. -"Sirius... Sirius..." -Exclamó, imitando la voz de una chica. –Incluso en la cama…
-Dame un solo motivo para que no te mate aquí mismo.
-Porque tú también estarías muerto... -Se echó hacia delante. -Sé que Dumbledore me observa... ¿por qué te crees que los últimos meses habéis estado tan tranquilos? ¿Por ese batallón de sangresucias y traidores a la sangre? No... Pero en un par de días me encargaré de que tu vida y la vida de McKinnon sea un auténtico infierno... Por cierto, ¿y ella dónde está?
Rosier se levantó en el momento en que Sirius se giró para comprobar que, efectivamente, Marlene ya no estaba tras él. Se puso en pie de un salto y recorrió la sala sin importarle si empujaba a alguien o si vertía bebida. Él sólo buscaba desesperado los ojos verdes de Marlene, ayudado por la densa niebla que embotaba y desdibujaba todo lo demás.
Salió del lugar con la cara desencajada y buscó entre su ropa un legajo de pergamino que pronto se convirtió en el Mapa del Merodeador. La Torre Ravenclaw, las mazmorras, los terrenos y el lago,... Nada... Primer piso, segundo piso... Nada... Tercer y cuarto piso, desiertos... Quinto piso... Ahí estaba. Reconoció al instante el lugar y comenzó a correr.
Al llegar a un tapiz que representaba una cacería se detuvo, resollando. Alargó la mano, con intención de abrirlo, pero se detuvo. Sabía que la había perdido, y quizá para siempre. Se dio la vuelta y revolvió su largo cabello, dispuesto a marcharse.
-Siempre lo preferirás a él antes que a mí...
-Para mí tú eres lo primero.
-No me hagas reír, Sirius...
-Te lo juro... -Se volvió hacia ella, agarrándola de los hombros. -Sé que no confías en mí... Ni yo mismo lo hago... Pero créeme, por favor.
Marlene negó con la cabeza y le dio la botella de la que había estado bebiendo justo antes de comenzar a caminar. Sirius agarró su brazo antes de que se alejase. Pero no supo que decir y la dejó marchar, quedándose solo una vez más.
