Mi ángel guardián

Capítulo 9: Esperanzas

—¿Quieren… vivir con nosotros? —pregunta el pelinegro, ligeramente confundido y un tanto sorprendido, aunque, a decir verdad, ya se esperaba ese desenlace debido a todo lo ocurrido anteriormente.

—S-Sí… ¡P-Pero no los estamos obligando a que nos dejen quedarnos! Eh… Podemos arreglárnoslas solas, p-pero… e-este… —decía Mittelt, apretando con nerviosismo el cojín del sillón, bastante avergonzada por estar pidiendo tal cosa.

—N-Nos vendría bien algo de ayuda, eso es lo que intenta decir Mittelt… al menos en un comienzo. Si es que nos permiten quedarnos aquí sólo será por un tiempo, les prometemos que no les molestaremos más y nos iremos en cuanto podamos, pero no sin antes agradecerles por toda la ayuda prestada, claro, si es que están a favor de esta petición —aclaró Kalawarner, ella también se mostraba visiblemente apenada, y aunque estuviera tomando la mano de su novia de corto cabello rubio, lo cierto es que se sentía igual de nerviosa y preocupada por su destino al igual que Mittelt.

Issei las mira a ambas, él podía ver la ansiedad a flor de piel, emanando de los ojos de los dos ángeles caídos, los cuales viajaban rápidamente a cualquier otro punto para no tener que establecer un contacto visual directo con los ojos del pelinegro, ya que su propia mirada tenía bastante peso. Después de eso, el muchacho observa a su noviecita, Raynare, ella le dedica una mirada comprensiva mientras se aferraba a su brazo, al parecer le decía "No importa la decisión que tomes con ellas, yo lo entenderé". Issei sonríe para luego voltear a contemplar nuevamente a las dos inquilinas recién llegadas.

—Mittelt, Kalawarner, escuchen… ciertamente fue desafortunado nuestro encuentro hoy, allí en esa iglesia… pero también creo en que el destino hizo que me encontrara con ustedes, que nuestros caminos se cruzaran, de otra manera me parece que ustedes no habrían podido sobrevivir, no habrían podido confesar su amor tal como lo hicieron allí… ahora ambas están aquí, juntas y tomadas de la mano, en un momento de paz, aunque sea temporal, y permítanme decirles que me alegra mucho verlas así —expresó el muchacho, con una sonrisa algo seria pero sincera, causando que las dos aludidas se sonrojaran ligeramente, sintiéndose además felices por aquel último comentario —Por eso mismo les voy a decir las dos razones del por qué les permitiré quedarse aquí todo el tiempo que prefieran —.

Las dos chicas abren bien grandes sus ojos ante lo que dijo el azabache, parecían incrédulas, creyeron que las palabras dichas al final de éste habían sido mal escuchadas.

—La primera: ya conocen quién soy en verdad, y por lo tanto no puedo permitir que se vayan de aquí sin saber realmente si ustedes cumplirán con el mandato de no revelar nada de lo que han visto o escuchado a otras personas o seres, por ello permanecerán aquí bajo mi cuidado. La segunda razón sería que prefiero que se queden aquí por su propia seguridad. Si las dos se van para poder forjar su propio destino juntas desde el principio, estarán completamente desprotegidas, abiertas a ataques de otros ángeles caídos u otros seres que buscarán dañarlas por venganza o por cualquier otro motivo, y no me gustaría que les sucediera eso —dice Issei, con su imperturbable sonrisa, ahora más relajada.

Los dos ángeles caídos no sabían qué decir, no sabían cómo mostrarse ante aquel comentario efectuado por el pelinegro que, claramente, aceptaba su estancia en su propia casa… por lo que ambas, decidiendo arrastrarse al mismo tiempo por el suelo, llegaron de rodillas hasta Issei y lo tomaron de las manos mientras lo observaban con miradas iluminadas llenas de esperanza. Tanto el pelinegro como su novia y Asia se sobresaltaron ante tal acción.

—¡Oh muchísimas gracias, Isse-san! ¡De verdad, muchas muchas muchas gracias! —exclamaba Mittelt muy emocionada y exaltada.

—¡No sabes cuánto lo apreciamos, Isse-san, de verdad! ¡Eres un ángel que ha caído del cielo para nosotras! ¡A pesar del conflicto que se ha generado a nuestro alrededor, por fin podemos tener un atisbo de esperanza y alegría en nuestras vidas! —exclamaba Kalawarner, en las mismas que su novia. Tanto ella como la rubia tenían una sonrisa de oreja a oreja.

Por su parte, Raynare empezó a ponerse molesta, el ver como estaban tomando de la mano a su novio frente a ella la ponía celosa y de mal humor. Obviamente hacía todo lo posible para no demostrarlo, aunque su aura de enojo ya fuera percibida tanto por Issei como por Ddraig.

—"Compañero…" —avisa Ddraig, un tanto incómodo por estar cerca de una fémina celosa.

—"Sí, lo he notado, Ddraig, no te preocupes" —le responde Issei con naturalidad.

Issei les asiente con la cabeza a los dos ángeles caídos que clamaron por su ayuda y él les dio una respuesta favorable.

—No tienen nada que agradecerme, vivan su vida como les gustaría, claro está, sin hacer algo que pueda perturbar la vida de los demás, lo mismo va para Asia, Raynare y para mí también —les aconseja el pelinegro, algo a lo que las dos chicas asienten con la cabeza enérgicamente —Pero, antes de nada, quiero que acepten las condiciones que les impondré, ya que ésta es mi casa, y seguir las reglas, que estrictamente he pautado, nos servirán para que nuestra convivencia sea pacífica y productiva por mucho tiempo, ¿de acuerdo? —pide luego.

—¡Por supuesto que sí, Isse-san! —responde Mittelt, asintiendo con las mismas energías y totalmente segura de sus decisiones.

—Entendemos que éste es un lugar que consideras sagrado y el cual te pertenece, Isse-san, por lo que aceptamos y prometemos llevar a cabo cualquier cosa que nos pidas, sin excepciones —responde Kalawarner, de la misma manera que Mittelt. A Raynare no le había gustado para nada el tono con lo que lo dijo y menos la frase "cualquier cosa que nos pidas".

—Me parece perfecto. Bien, primero que nada, en esta casa habrá algunas obligaciones repartidas para todos. Lo más importante: el orden y la pulcritud en esta casa son primordiales, no quiero que dejen basura en ningún lugar, si ensucian algo deben limpiarlo, y cualquier cosa que ocupen les pediré que lo dejen luego en su correspondiente lugar al terminar de ocuparlo, ¿estoy siendo lo suficientemente claro? —pregunta él, seriamente.

Los dos ángeles caídos asintieron inmediatamente y con seguridad ante esa pregunta, por lo que Issei prosigue con la anunciación de sus leyes de convivencia.

—La basura debe sacarse sí o sí todos los días por la mañana. Si por algún motivo no se la puede sacar, se la dejará en otro contenedor ubicado en el patio trasero de la casa hasta que toque nuevamente el momento de retirarla al otro día. Todas ustedes van a tener que hacerlo: Raynare, Asia, Mittelt y Kalawarner, tendrán un día a la semana en el que les tocará llevar a cabo esa labor, los demás días me corresponderán a mí, ¿de acuerdo? —explica el joven de cabello negro, finalizando con aquella pregunta tan crucial.

En ese momento, Raynare estira un poco sus brazos, como para querer llamar la atención de Issei, quien inmediatamente la observa, algo desorientado.

—Pero Isse, no es necesario que tengas tres días para que sólo tú estés haciendo todo aquí, no me parece justo aun cuando ésta es tu casa, por eso te quiero pedir que, por favor, me permitas ayudarte, al menos en un día más para mí, no será ningún problema, te lo prometo —dice la azabache mientras le dedicaba una cariñosa sonrisa a su amorcito. Al ver esa expresión tan tierna y aquel noble comentario de su chica, el corazón de Issei palpita de alegría y no puede esconder una expresión que acompañaba ese sentimiento, para después acariciar con gentileza las suaves mejillas de su chica.

—Raynare, eres tan linda, tan preciosa… —le dice él, mirándola directamente a los ojos, haciéndola sonrojar y que sus bellos ojos púrpura emitieran un especial brillo de amor —No te podría pedir nada que tú no puedas hacer, ni mucho menos obligártelo… pero si de verdad quieres hacerlo y estás segura de ello pues no me interpondré —comenta luego.

—N-N-No te preocupes, Isse, no será ninguna molestia para mí, d-de verdad, después de todo esto lo hago también… c-como una forma de agradecerte el que me hayas salvado… y-y que ahora pases tiempo conmigo… y-y-y m-me… me mimes —expresó la linda chica ángel, jugando con sus dedos, tremendamente ruborizada y nerviosa, pero aun así viéndose demasiado tierna.

El joven azabache esboza una gran y sincera sonrisa, y no puede evitar abrazar fugazmente, pero con mucho cariño, a aquel bello ángel que se robó su corazón.

—Muy bien, entonces se hará como gustes, te permitiré llevar a cabo ese deseo —le responde él mientras acercaba lentamente su rostro al de la pelinegra, quien con sus mejillas rojas y una pequeña sonrisa hace que su nariz toque la del muchacho, ambos se dieron amor de esa manera. No podía vérsele, pero Raynare estaba feliz de hacer eso —Oh, y… te lo agradezco mucho, Raynare, sé que ya lo he dicho antes pero… eres tan linda —expresó luego.

—N-No, y-yo… yo te lo agradezco, Isse, yo… siempre, toda la vida, te lo agradeceré. Y-Y t-tú… t-u también eres tan lindo —dice la pelinegra, sintiéndose derrotada ante un suave abrazo y los roces cálidos de los labios de su amado.

—E-E-Ejem… —Mittelt carraspea su voz, nerviosa y avergonzada por estar presenciando esa escena de amor recurrente entre los dos jóvenes enamorados, quienes olvidaron otra vez que estaban acompañados. No hace falta decir que, además, tanto Kalawarner como la inocente Asia se morían de la vergüenza.

—S-Sentimos el… el estar interrumpiéndolos otra vez, Isse-san, Raynare… p-pero consideramos necesario el que… bueno, que reiteremos nuestros agradecimientos por ayudarnos. Además, quería tocar un pequeño tema importante con respecto a nosotras dos. Tanto nuestra compañera Raynare como Asia saben bien que… hemos hecho varias cosas reprobables en el pasado, espero… mejor dicho esperamos que también nos puedan perdonar por ello, ya que ambas nos sentimos culpables, más aún con esta gran oportunidad que nos brinda Isse-sama —dice Kalawarner, con tristeza en su voz y en su rostro al igual que Mittelt.

En ese momento, Raynare y Asia observan con mucha pena a los dos ángeles caídos femeninos frente a ella e Issei. El muchacho nota luego que su novia se muestra afligida por las palabras de Kalawarner, y asumió que era porque le recordaron, de una manera indirecta y sin quererlo, que ella también cometió actos repudiables en el pasado, por lo que decidió tomar la palabra nuevamente.

—No tienen por qué seguir preocupándose de esas cosas, ya les expresé lo que pienso con respecto a ustedes, me bastó con ver que desean estar unidas y sus ansias de protegerse la una a la otra… así que sí, las perdonamos —dice el pelinegro, aliviando el pesar de las chicas ángeles, aunque inmediatamente después de eso ambas notan como el muchacho, tiernamente, toma con firmeza las delicadas manos de Raynare, y ella lo mira, sorprendida aunque sin dejar de sentirse apenada —Ambas ya saben que conozco el hecho de que Raynare, mi linda novia, es un ángel caído, así como ustedes, por lo tanto no haría falta ni que decirlo, lo remarco porque, cuando tuvimos nuestra cita y poco tiempo después, hemos hablado acerca de nosotros. Ella me dijo que ha hecho cosas reprobables antes, pero fue porque no tenía otra opción, no conocía otra vida aparte de esa, debía hacerlo a pesar de que no le gustara para nada… y yo la entendí y la perdoné. Ustedes no son tan distintas a ella, cometieron errores en contra de su voluntad, pero supieron darse cuenta, además son buenas personas en el fondo, así que pienso tratarlas de igual manera —explicó luego, con una pequeña sonrisa sincera que fue captada por las dos aludidas, lo que las alegra bastante.

Raynare, por su parte, ya no lucía más consternada, todo lo contrario, estaba tremendamente feliz por las hermosas palabras que pronunció su querido novio, dedicándoselas a ella también, por lo que ahora la chica lo abrazaba con fuerza y mucho cariño.

—¿Todo está bien, Raynare? —le pregunta Issei, riendo internamente al darse cuenta del repentino y tierno cambio de humor de su novia.

—M-Más que bien… m-mi amor —responde la aludida, nerviosa y con sus mejillas enrojecidas al tartamudear esas palabras tan esperadas por ella, tan esperadas por ambos, dejando atónitas a la ex monja y las otras dos chicas de alas negras —Y-Yo… no estaba segura s-si… si tú me habías perdonado por lo que hice antes de que nos conociéramos… ¡N-No me malentiendas, por favor! El amor que siento por ti es más fuerte que cualquier otra cosa, te amo más que a nada en este mundo, Isse, mi Isse, mi amor… lo único que me afligía en el fondo era no conocer bien la respuesta a esa pregunta, nada más —expresa ella, luego baja la mirada, avergonzada y empezando a lagrimear —P-Por favor te imploro que me perdones si es que pensaste que no valoré tus sentimientos al mostrarme así de insegura, te juro que yo jamás… —.

—Sssssshhhhh —el azabache repentinamente la silencia de una manera suave y gentil, al mismo tiempo que la besaba en la frente varias veces, en su mejilla derecha y en su nariz, calmando la amargura de la muchacha —Sé perfectamente de tus sentimientos hacia mí, mi amor, lo noto en tus ojos, como brillan cada vez que me miras, tu tono de voz cuando me hablas, tus reacciones cuando nos tocamos y o besamos… por todo eso y más estoy completamente seguro de que me amas con locura, así como yo te amo a ti —.

Después de pronunciar esas dulces palabras, el pelinegro suavemente toma de la cintura a Raynare, y la pobre chica, aprisionada y perdida en la cautivante mirada de su novio, deja que él haga de las suyas nuevamente al depositar sus labios en los de ella para así poder besarla con más pasión, en otro beso que demostrara la fuerte unión amorosa que ambos tienen entre sí.

Como era obvio, Mittelt y Kalawarner, así como la ex sacerdotisa Asia, no sabían en donde meterse de la vergüenza que les provocaba ver esa escena demasiado melosa que se daba entre los tortolos como por tercera o cuarta vez consecutiva en esa noche. Para su suerte, ambos se detuvieron a unos segundos después de sus arrumacos.

—Bueno, entonces ya está decidido, Kalawarner y Mittelt se quedarán en esta casa por el tiempo que se considere necesario, han aceptado también mis condiciones así que está todo en regla. En el primer piso hay una habitación para una sola persona, de momento eso es todo lo que puedo darles, en varios días mandaré a reformar un poco la estructura de la casa, especialmente las habitaciones, para que puedan sentirse más cómodas. Asia también tendrá su propia habitación, si ella considera que necesita un poco más de espacio pues le concederé ese deseo —

—I-Isse-san… —Asia se mostraba atónita y ligeramente ruborizada, luego sus ojos empezaron a notarse vidriosos por las ganas de llorar de la jovencita —G-Gra-Gracias… Muchas gracias. P-Perdón si… si no he dicho nada en todo este tiempo, yo… a veces tengo un poco de temor para poder hablar, pero quiero que sepas que realmente estoy contenta por las decisiones que tomaste para con las tres, eres una muy buena persona, Isse-san, rezaré por ti ahora y siempre, gracias de nuevo —agradece la jovencita de larga cabellera dorada, con una pequeña pero especial sonrisa, juntando sus manos como si orara además de inclinarse levemente.

—Prometemos que algún día pagaremos esta gran deuda que tenemos contigo, Isse-sama, no lo olvidaremos —comenta Mittelt, observando al muchacho y luego a Kala, la cual le devuelve una expresión de alegría en sus labios.

—No hay de qué —fue lo que respondió el pelinegro, contento y satisfecho —Ahora bien, dejémonos de tantas charlas y comencemos a movilizarnos, se está haciendo tarde y hay que descansar. Síganme, les voy a mostrar los dormitorios que ocuparán ahora… —dice luego, levantándose junto con Raynare, aquel ángel caído se aferraba a su brazo con firmeza, no quería separarse de su amorcito después de todo el cariño que le demostró.

Tanto Asia como los dos ángeles restantes Kalawarner y Mittelt se levantaron luego, pero inmediatamente después de hacerlo todos se quedan estáticos al escuchar que la puerta principal de la casa fue golpeada tres veces. Todas las chicas presentes observaron a Issei, y él muestra una cara de sorpresa y luego seriedad.

—"Detecto auras demoniacas al otro lado de la entrada, Isse, pero no son de cualquier demonio… Parecen ser los demonios de la academia" —reveló el lagarto alado en la mente del pelinegro.

—"Sí lo he notado, gracias igual por el aviso, Ddraig. Aun así… ¿Qué rayos estarán queriendo a estas horas Rias y los demás…? Ah carajo, seguro quieren hablar conmigo por lo sucedido en esa iglesia hace un par de horas" —pregunta y se contesta a sí mismo el muchacho, con un tono agotado y ligeramente molesto.

—"Era de esperarse, creo… que causamos un gran alboroto, muchas personas se habrán dado cuenta de ello, y estos demonios se encargaron de limpiar tu desastre y callar bocas. Quizás vienen para que los felicites" —comenta el dragón rojo.

—"Yo no soy el jefe de nadie, aunque recalque las cosas importantes que se deben hacer"—piensa Issei a modo de respuesta —"Bien, tendré que hablar con ellos, les debo ésta y también una disculpa" —.

—¿Puedo acompañarte, m-mi amor? —pregunta de un momento a otro la linda de Raynare, aun temblando por empezar a llamar de esa manera a su querido novio.

—Claro que sí, amor —responde el pelinegro, casi noqueando a su chica por decirle esa bonita palabra de nuevo. Ambos fueron entonces hacia la puerta, bajo la atenta y expectante mirada de las otras tres chicas en la sala.

Al abrir la puerta, efectivamente Issei se encontró con los demonios del clan Gremory, y como era de esperarse, al verlos, Raynare se puso tensa y exhibió un rostro de desagrado ante sus presencias. Obviamente eso fue notado por todos los jóvenes demonios.

—¡I-Isse! ¡Ho-Hola! —saluda Rias, atreviéndose a hablar primero, nerviosa mientras era observada por la mirada aparentemente fría del pelinegro, más con la chica que ahora era la novia del muchacho, quien por supuesto lucía muy seria.

—Rias —saluda el aludido a la pelirroja —Chicos —luego a Kiba, Akeno y Koneko —¿Puedo preguntar… qué les trae por aquí? —pregunta finalmente.

—Estábamos a punto de prepararnos para ir a dormir… —comenta Raynare, sin dejar su enojo de lado.

—L-Lamentamos el estar molestándote a estas horas, Isse… p-pero creo que éste es el único momento que tenemos para aclarar algunas cosas sobre lo que pasó allí en esa iglesia hace un par de horas, esperamos que lo puedas entender —responde Rias, aun temblando por no querer incomodar a su aliado más poderoso.

—"Como siempre, mi compañero dando en el clavo, ¿eh?" —comenta con gracia el dragón en la mente del pelinegro, pero él no le presta mucha atención.

—Sospechaba que vendrían a mí con esos planteamientos —comenta en voz alta el joven, con aquella expresión seria y concentrada que era digna de respeto.

Drásticamente se dio un momento de silencio sepulcral entre los demonios y los dos ángeles, el cual pareció ser eterno.

—U-Uuummm… n-no quiero sonar descortés, Isse, pero… ¿podemos entrar? Creo que charlaríamos mejor adentro que aquí fuera —pidió la pelirroja.

—Adelante —responde inmediatamente el pelinegro, haciéndose a un lado para que todos los recién llegados pasen. Raynare le estaba por reclamar el por qué de aquella acción, pero sólo bastó una tranquila mirada de parte de Issei que le indicó que todo iba a estar bien, que ninguno de los integrantes del clan demoniaco haría algo malo en su casa, y la chica de cabello azabache lo entendió rápidamente.

Después de eso ambos tórtolos entran al final, siguiendo a los demás y cerrando la puerta tras de sí.

O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O

—M-Maldición… —maldijo en voz baja el líder rebelde de Grigori, agachado, palpando con sus dedos el suelo. Parecía ser que había algo allí que lo perturbó de sobremanera, y eso fue notado por una figura masculina detrás suyo.

—¿Qué es lo que ha encontrado que lo tiene así, Kokabiel-sama? —pregunta un muchacho a sus espaldas, viéndolo con seriedad. El extraño iba ataviado con prendas oscuras de mucha clase, como un traje, pantalones y zapatos de punta negros, unos guantes del mismo color y una máscara que cubría parte de su rostro, de la nariz para abajo.

—La pista de algo espantoso, algo… que no tendría que estar vivo… algo que fácilmente podría ser el fin de la existencia de todas las razas como la conocemos —responde el cadre, mirando ahora l horizonte con desdén.

—¿… Tan poderosa es esa cosa o ser del que está hablando? —pregunta el ninja, sin creer las palabras de aquel hombre de alas negras.

—No te imaginas cuánto… —contesta Kokabiel nuevamente, para luego ir levantándose lentamente —¿Cómo es posible que un ser tan monstruoso e implacable siga vivo? ¡No tendría por qué estarlo! Su asquerosa alma fue debilitada, separada de su cuerpo y sellada en esas mierdas llamadas Sacred Gears… Los ínfimos restos de esta energía que quedaron aquí corresponden al dragón carmesí, Ddraig, el dragón celestial de la dominación. Todo indica que su cuerpo está restaurado… que él ahora es un ser físico, tangible. Es un maldito hijo de perra con un poder que va más allá de todo, creo que la tendremos complicada de ahora en más, ¡maldita sea! Esos asqueroso demonios hicieron un buen trabajo aquí limpiándolo todo —exclama luego, muy furioso, por la suerte que estaba teniendo.

—Le diré sinceramente, Kokabiel-sama, que no creo mucho en esas historias de dragones, y si los hay pues no les temo, mi trabajo es acabar con los objetivos de mi cliente, sean monstruos, fantasmas, dragones o lo que sean, todo cae y caerá ante la hoja de mi katana, no tenga dudas de ello —dijo el tipo enmascarado, desenvainando su arma cuerpo a cuerpo y exhibiéndola fugazmente, para luego volver a guardarla.

Kokabiel no dijo nada, solo mira al cielo con la misma expresión amenazante de antes, y luego de unos cuantos segundos se da la vuelta para encarar al enmascarado.

—Entonces no me quedará de otra que confiarte este trabajo a ti, Kenzu —dice el cadre seriamente.

—Usted ordene y yo cumpliré —responde el ninja llamado Kenzu, inclinándose.

—Voy a necesitar que investigues todo esto, cómo y por qué carajos desaparecieron varios de mis subordinados, ya sean Zelt, Raynare, Mittelt y Kalawarner. Sospecho fuertemente que habrá sido el maldito del Sekiryuutei, un tal Hyodou Issei, el responsable de esto. Vigílalo, ve qué es lo que hace, hacia donde va, con quien habla, todo eso nos servirá para tener poder sobre él cuando llegue el inevitable momento de enfrentarnos. Pero que no se entere de que lo observas —decretó el ángel caído.

—Como ordene, Kokabiel-sama —responde Kenzu de manera automática, como si fuera un robot y sin moverse.

—Primero que nada te otorgaré un poco de información, luego te encargarás del resto. No vuelvas a mí si no tienes pruebas claras, así no perdemos el tiempo y definimos bien los pasos a seguir —dijo luego el hombre de alas negras.

—Entendido —contesta nuevamente el ninja.

Después de eso, ambos se quedaron un rato más en la zona para seguir registrando el lugar, pero no encontraron nada más, reforzando la idea de Kokabiel sobre el buen trabajo que hicieron los demonios de Kuoh para no dejar ninguna pista de lo sucedido allí. Al finalizar, el ángel caído y el asesino a sueldo se retiran fugazmente de la iglesia.

O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O

La tensión podía palparse a flor de piel, había mucha incomodidad en el ambiente, tanto de parte de los demonios de Gremory como los ángeles caídos, una ex sacerdotisa, un dragón y un néphilim.

Issei, como era de esperarse, estaba parado y contemplando a todo el mundo, Asia y Raynare estaban junto a Mittelt y Kalawarner en un sofá, mientras que Rias y sus sirvientes estaban todos juntos en el otro sofá.

—Bien —habló repentinamente el azabache, cruzado de brazos y harto del silencio y la presión en el lugar, por lo que decide cortar el aire con su voz —Has dicho que han venido aquí para hablar sobre lo que sucedió allí en la iglesia, sospecho que tienen preguntas acerca de lo ocurrido y lo que vino después, ¿no es así? —pregunta luego, observando fijamente a la pelirroja, la cual se pone nerviosa.

—S-Sí, e-eeemmm… N-No quiero incomodar con lo que vaya a decirte, Isse, pero… verás, nosotros hemos trabajado en conjunto con Sona y sus sirvientes para poder terminar de limpiar el lugar. A-Agradecemos que te hayas encargado de los problemas que hubieron allí, pero… e-eeemmmm… también tuvimos algunos inconvenientes, y el encargarse de silenciar a la policía y la gente fue y va a ser algo complicado, hay que mantener en secreto todo esto —expresó la pelirroja. Tanto ella como Akeno, como Kiba y como Koneko lucían incómodos a la vez que disconformes, obviamente notaron la presencia de dos ángeles caídos más, y tuvieron la enorme sospecha de que estaban allí debido al pelinegro, por lo que no querían actuar mal.

—Lo sé —dijo tajantemente el muchacho, muy seriamente y haciendo temblar más a la pelirroja, quien no sabía para donde mirar así como sus siervos —Por eso les agradezco todo lo que han hecho por mí, por nosotros, no hay duda de que les debo una —.

Los cuatro demonios quedaron descolocados ante aquel comentario efectuado por Issei, y más aun con la sincera sonrisa que les dedicó. Akeno, quien obviamente no dijo nada en todo este tiempo, se mostró obnubilada con esa expresión y cuando el muchacho posó sus ojos sobre los de ella, la pobre joven se sonrojó y escondió rápidamente su rostro.

—Hubieron bastantes enemigos allí, los cuales obviamente opusieron resistencia… pero no fue nada que no pueda controlar, además con la ayuda de Ddraig todo se hizo más fácil —

Acto seguido una nube roja se arremolina en la sala, un poco lejos de los presentes, la cual trajo consigo la presencia del gran dragón rojo, ahora en tamaño familiar.

Hola, no hay de qué —saluda y expresa el lagarto alado, acostándose en el suelo y empezando a dormitar.

Al único al que le pareció gracioso la aparición de Ddraig y su consecuente comentario fue a Issei, los demás seguían tensos.

—Retomando lo que les decía, los enemigos no fueron la gran cosa, y si se lo estaban preguntando… Sí, ellas dos estaban custodiando la entrada —dice el azabache, señalando a Mittelt y a Kalawarner. Los demonios se sorprendieron en demasía, y Rias ya estaba por preguntar y reclamar cuando el muchacho al frente se le adelantó —No interesa por qué carajos están aquí, eso lo vamos a hablar en la academia con Sona y demás, lo que tienen que saber es que pasaran la noche en esta casa por mi decisión —y tras haber dicho eso nadie más tuvo intenciones de reclamar nada. Raynare vio como su querido novio tenía a rajatabla a los demonios, y eso le gustó mucho —Aparecieron otros ángeles caídos, los asesinamos, luego entré al interior y se me apareció un tipo loco y asqueroso llamado Freed Zelzen, no me interesa si fue o era un sacerdote o lo que sea, el tema es que lo asesiné decapitándolo. Luego me dirigí a la parte baja de la iglesia, descubrí allí a muchos sectarios haciendo cosas raras, claramente malas, así que decidí ejecutarlos a todos, sin dejar a nadie vivo. Eso es lo que pasó —finalizó él.

Los demonios integrantes del clan Gremory lucían atónitos. Si bien presenciaron varias veces la ferocidad en batalla del pelinegro, les seguía sorprendiendo ese hecho, aunque se los contara o ellos mismos lo contemplaran muchas veces.

—Escuchen, sé que Ddraig y yo hemos hecho destrozos en varias ocasiones en pos de proteger el orden en la ciudad, y también sé que ustedes, en dichas ocasiones, se tuvieron que ocupar de esos destrozos, por eso les reitero tanto mis disculpas como mis agradecimientos, y les prometo que haré algo para compensárselos… cuando sea el momento indicado, por supuesto. Por ahora eso es lo único que les puedo decir, mañana hablaremos más a fondo cuando nos reunamos con Sona y sus siervos, ¿de acuerdo? ¿está claro, Rias? —explica y pregunta Issei, calmado pero serio.

—S-Sí, sí, está claro, muy claro —asiente la aludida, con nerviosismo repentino, habiendo salido del estupor que le generó ver esa pequeña nueva faceta del muchacho —B-Bueno, eeeehh… creo que será mejor entonces que nos retiremos. Lamentamos esta molestia, Isse —dice luego, levantándose y siendo imitada por sus siervos —Y… eeeemmm… gracias —agradece al final, con una pequeña sonrisa y una fugaz reverencia. Los demás la imitan nuevamente.

—A ustedes —comenta Issei al respecto —Les acompaño hasta la puerta —dice luego, yendo detrás de ellos, otorgando el paso por la entrada para que pudieran salir.

Akeno es la última que va saliendo, pero antes de poner un pie afuera, ella se gira hacia Issei, con su mirada cabizbaja la cual va elevándose hasta encontrarse con los ojos del pelinegro.

—I-Isse… ¿p-podemos… hablar mañana? En la academia —pregunta la chica, levemente incómoda, con un ligero sonrojo y expresándose en un susurro.

—Cierto, teníamos que hablar, casi lo olvido —comenta él —Claro, si no es problema para ti… —responde luego, con normalidad.

—No, no será problema —comenta la azabache, con una imperceptible sonrisa que el joven delante de ella pudo captar —Adiós —saluda en seco luego, para finalmente retirarse.

—¿Qué… era lo que quería ese demonio, amor? —pregunta Raynare, abrazándolo repentinamente a su chico por detrás. Parecía querer esconder sus celos con amor, pero el pelinegro pudo sentirlo, más estando tan cerca de su novia, lo que le hace un poco de gracia.

—¿Por qué lo preguntas? ¿Estás celosa? —interroga el pelinegro, mirando de reojo a su chica con una sonrisa pícara.

—¿¡E-Eh?! ¡Y-Yo jamás podría estar celosa! ¡M-Menos de ti, mi novio! ¿Cómo puedes pensar eso, Isse? —responde ella, ligeramente ruborizada, exaltada y haciendo pucheros de molestia por aquellas preguntas.

—Me alegro, porque yo jamás estaría con otra chica, tú eres la única para mí —comenta Issei al momento que, repentinamente, toma de la cintura y las piernas a Raynare para después levantarla y cargarla en sus brazos. Por supuesto ella se asustó, y se preparó para reclamarle, pero el muchacho siguió hablando —No te preocupes, Akeno sólo quiere hablar de cosas sin importancia conmigo, quizás sea algo relacionado a lo que pasó en la iglesia. Como sabrás, trabajo junto a Rias y su séquito en estos temas, seguro es eso—le explica luego, con normalidad —Vamos con Asia y tus compañeras, tenemos que ayudarles a que se acomoden para que pasen la noche aquí —finaliza.

—B-Bueno… —le responde la linda de Raynare, escondiendo su rostro sonrojado y nervioso. Parecía que su enojo se fue, pero internamente seguía un poco preocupada, no quería que su chico fuera asaltado por otra mujer, aunque al final terminó pensando que sólo estaba siendo paranoica, así que lo dejó.

Así, Issei llevó a cuestas a Raynare, luego guiaron a Asia, Mittelt y Kalawarner a sus respectivas nuevas habitaciones, quedándose oficialmente en la casa a partir de esa noche.

O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O

A la mañana siguiente, Issei sale temprano de la casa rumbo a la academia, por supuesto, no sin antes dejar su hogar fuertemente protegido ante cualquier siniestro. Allí quedaron descansando plácidamente una ex sacerdotisa y tres ángeles caídos.

—Raynare habrá quedado muy exhausta por lo de anoche, si terminamos bastante tarde. Se veía tan linda cuando dormía… —comenta el pelinegro, con cierto tono humorístico, recordando a su noviecita en el proceso.

Seguramente, chico enamorado —comenta Ddraig, apareciendo como si fuera un muñequito en el hombro derecho de Issei —Aunque no entienda mucho del amor humano igual te escucharé, después de todo somos compañeros, y debemos apoyarnos en todo momento —agrega luego.

—Exacto —recalca el muchacho, sonriendo —Ahora bien, volviendo a lo que nos compete, debo ir a la academia para concertar una reunión de emergencia, seguramente Rias le habrá contado a Sona sobre los dos ángeles caídos extra que ahora tengo en mi casa, y Sona querrá saber el por qué de ello. Normalmente no les diría un carajo, pero soy humilde, así que lo haré. Debo pensar luego qué haré con Asia y las otras dos tortolas —.

¿No las harás entrar a la academia al igual que tu novia? —pregunta el dragón, algo pensativo.

—No lo sé… ¿crees que sea factible? —pregunta el pelinegro a su vez.

No lo sé, yo sólo arrojé una idea —responde inmediatamente el dragón, encogiéndose de hombros —Supongo que sería una suerte de solución temporal, la más fácil al menos —agrega luego.

—Mmmmm… podrías tener razón, aunque no estoy seguro si será más o menos peligroso si lo hacemos así —comenta Issei, con una mano en el mentón.

Bueno, aunque sea piensa en esa opción, la puedes tomar temporalmente y luego veremos qué haremos —le dice el dragoncito, observándolo.

—Lo pensaré en el camino, gracias — le contesta el pelinegro, haciéndole una señal de aprobación con su mano derecha.

Ambos continuaron en el camino hacia la academia Kuoh, bastante tranquilo al parecer… aunque no fuera tan así.

—Con que ahí estás, mi estimado Hyodou Issei, el portador del dragón rojo —.

Aquellas palabras fueron pronunciadas por el asesino a sueldo Kenzu, quien estaba apoyado sobre el barandal de un edificio a varias calles lejos del azabache. El hombre tenía las mismas vestimentas oscuras, y afilaba la mirada para así poder observar a su objetivo.

—Con el rastro de energía que me proporcionó Kokabiel-sama más una foto con descripciones tuyas, pude encontrarte. Fue bastante fácil —decía él mientras emitía una corta risa egoísta —Pareces ser un tipo formidable, creo que entablar un enfrentamiento contigo sería algo muy interesante y divertido. De momento me limitaré a contemplar cada movimiento que haces, mi estimado Isse, pero si llego a considerarlo necesario pues… desenvainaré mi espada y le llevaré tu cabeza a mi cliente, tenlo por seguro —finalizó, mostrando una mirada afilada, segura y muy amenazante.

Isse… —llama repentinamente el dragón.

—Dime que sentiste lo mismo que yo, Ddraig —le responde el aludido, pidiéndole aquello.

Un aura sedienta de sangre, implacable… enfocada en nosotros, ¿estoy equivocado? —contesta el lagarto alado.

—Para nada —responde Issei seriamente.

No sé tú, pero yo no pienso tomarme esto a la ligera. Sea quien sea no solo está fuera de nuestro radio de visión sino también puede percibirse como un ser formidable. Al menos por ahora, hay que estar muy expectantes —comenta el dragón, en las mismas que el pelinegro

—Sí, anticiparnos a lo que sea que quiera hacer ese o esa desgraciado o desgraciada que nos tiene en la mira. Tú ocúpate de mirar a mis espaldas, yo me encargo del frente. Ya estamos a poco de llegar a la academia —pide nuevamente el muchacho, apresurando ligeramente el paso, tratando de no verse alterado.

Como ordenes, compañero —acata de manera inmediata el dragón rojo.

—Raynare y las demás estarán bien, la barrera que ponemos siempre es casi impenetrable, haría falta una fuerza titánica para poder sobrepasarla, un asalto continuo y sostenido con un poder similar al de un dios durante varias horas —comenta luego Issei.

Sin dudas, uno de nuestros grandes orgullos —dijo Ddraig al respecto, con una sonrisa y un sentimiento que acompañaba ese comentario.

—Sí, pero por ahora apresurémonos —.

Entendido —.

Dicho y hecho, nephilim y dragón se dirigieron con rapidez hacia su destino, llegando en poco tiempo a la susodicha academia.

—¡Oh, Isse-senpai! —exclama Murayama, viendo llegar ciertamente presuroso al muchacho —¡Buen día, Isse-senpai! —saluda luego junto a su compañera y amiga Katase, quien al percatarse se adelanta también para saludar al susodicho.

—Buen día, Murayama. Buen día, Katase —devuelve Issei el saludo a cada una por separado.

—¿Te encuentras bien? Luces agitado —pregunta la chica de cabello castaño, intrigada y algo preocupada.

—Sí, ahora que lo noto eso es cierto —comenta la del cabello rosado.

—Estoy bien, chicas, no pasa nada —responde el azabache, algo serio y haciendo movimientos con la mano para hacer como si no importara.

—¿Y Raynare-chan? ¿Qué pasó con ella? —pregunta ahora Murayama.

—¿Ella había venido ayer? —cuestiona también Katase.

—Raynare no podrá asistir hoy a clases, se quedó descansando, anoche me estuvo ayudando mucho ya que vinieron unas cuantas personas que se quedaran a vivir por un tiempo en mi casa, así que estuvimos acomodando un par de habitaciones para ellos —responde y explica el joven.

—Ooooh así que es lo que pasó —comenta ligeramente sorprendida la pelirosa.

—Bueno, esperamos que pueda venir pronto, nos gustaría poder hablar un poco más con ella, si no es molestia, claro —dijo la castaña.

—Estoy seguro que no será molestia para ella —expresó Issei con una sonrisa —Bien, si me disculpan debo continuar, tengo que atender unos asuntos importantes, hablaremos mejor en otro momento. Hasta luego —.

El pelinegro se despide cortés pero fugazmente de las dos estudiantes, quienes le saludan de igual manera.

—"Bueno, a ver, tengo que ir entonces donde Rias, hablar con ella, luego llamar a los demás, tanto a sus sirvientes como a los de Sona, organizar esa reunión, explicar lo de la estancia de Kalawarner, de Mittelt y Asia, pensar sobre lo que me dijo Ddraig…" —.

Issei iba muy concentrado en lo que tenía que hacer, tanto así que, en un momento, descuidó completamente la atención en su camino, lo que provocó que se llevara por delante a alguien sin siquiera poder verle la cara. Tanto Issei como aquella persona cayeron estrepitosamente al suelo, lamentablemente el pelinegro por encima.

—Ugh… —se quejó en un susurro el muchacho —"Rayos, ¿sobre quien habré caído? Espero no haberle lastimado" —pensó luego, deseando no haber hecho mal. Más temprano que tarde se da cuenta de que estaba encima de una chica, y que además de eso…

—I-I-Iss-ssee… —tartamudea dicha joven, con un tono de voz que el azabache conocía muy bien.

Él inmediatamente abre los ojos, pero lentamente se va alejando para ver sobre quien estaba, para terminar descubriendo que no era nada más y nada menos que Akeno, la cual observaba a Issei con una mirada preocupada y sus mejillas muy ruborizadas por estar tan cerca de él.

Akeno, viéndose derrotada y completamente a merced de Issei, no sabe para donde mirar, sus ojos fugazmente se posan en los del muchacho para luego rápidamente cambiar de objetivo.

—Eh… Hola, Akeno —saluda Issei, sin tener algo mejor que decir, mientras contemplaba, aun en su lugar, el rostro enrojecida de aquella pobre muchacha, más sus ojos, los cuales parecían temblar por los nervios.

Continuará…

Muchas gracias a todos por leer, nos estaremos viendo en otra continuación.

Hasta luego y suerte!