Capítulo 10: Nuevas y viejas amistades


Saint Seiya ni sus personajes me pertenecen son de propiedad exclusiva de Masami Kurumada.

Hola hace mucho que no me pasaba por aquí con un nuevo capítulo. He estado algo ocupada por ciertos problemas personales, pero de ahora en más me estaré pasando por aquí una vez por semana con un nuevo capítulo.

Quiero terminar todos los multichapters que tengo pendientes antes de comenzar cualquier otro trabajo, pero como me es poco el tiempo, iré de historia en historia, primero acabaré una y después seguiré con la otra. Comenzaré con esta. Dejaré en claro desde ahora que serán 14 capítulos en total. Hoy actualizaré un lunes, pero por lo general lo haré los miércoles. Solo les pido algo de paciencia, intentaré ajustar mi tiempo lo mejor que pueda.

Cualquier comentario mientras sea constructivo será bienvenido.

Espero les guste el capítulo, saludos.


Milo nuevamente lo había dejado solo, ¿Es qué no podía aunque sea pasar un día entero con él?, había recibido una llamada de esa amiga suya y salió prácticamente corriendo dejándolo a él de lado, se supone que las vacaciones eran para disfrutarlas, pero con Milo en esa actitud no sabía si preocuparse o dejar que hiciera lo que quisiera.

Eran cerca de las cinco de la tarde cuando Milo dejó a Aioria en el acuario, el quinto custodio terminó saliendo del recinto más por aburrimiento y enojo que por otra cosa. Si Milo no quería pasar tiempo con él se las apañaría solo, después de todo Honolulu es uno de los lugares más bellos del planeta, ya encontraría algo que hacer.

El Sol todavía estaba lo suficientemente alto para causar algo de fatiga en el griego, a pesar de su excelente condición física. Aioria decidió caminar por la playa de Waikiki, a pesar de la cantidad de gente que visitaba en esos momentos la costa de la playa a Aioria no le importaba, el sonido de las olas, el olor a sal proveniente del mar lograron calmar la molestia que tenía contra el escorpión. El oleaje de la zona era bastante fuerte a su consideración, las mareas llegaba hacer bastantes altas, no cualquiera se aventuraría en olas de tal magnitud, quizás por eso Hawái era conocido como uno de los mejores lugares en el globo para hacer surf. Aioria con paso tranquilo llegó hasta una zona un poco más escondida y alejada de la playa de Waikiki, el lugar era tranquilo, al estar rodeado de vegetación no se escuchaba el bullicio de las personas que pudieran pasar por ahí, con una sonrisa en el rostro el leonino se aproximó a la encantadora ribera. Por algunos minutos se quedó viendo el mar, la superficie resplandecía como muchos diamantes producto del reflejo de los rayos solares, más su meditación fue interrumpida por el sonido de voces acercándose hacia la playa donde él estaba, un grupo de jóvenes de una edad similar a la de él venían con tablas de surf, dos hombres y tres mujeres componían el grupo, una de las mujeres en especial llamó la atención de Aioria, creía haberla visto con anterioridad. La muchacha menuda de cabello negro y piel tostada también se le quedó viendo, a la chica se le formó una sonrisa en el rostro, lo había reconocido. Él solo parpadeó intentando recordar, tampoco eran tantas las personas que había conocido durante esa semana.

—Aioria —la chica lo llamó, esa voz si la recordaba, la chica de la boutique.

—Alice… —el pronunció su nombre aún con algo de duda. Jamás espero volver a encontrársela, ella le había caído bien, en especial por haber podido dejar de lado el intento de seducción de Milo, no muchas chicas ignoraban al escorpión.

—Es extraño encontrarte aquí.

—Solo paseaba y llegue hasta este lugar.

—¿Conoces a este sujeto Alice? —un chico alto de cabello negro como el de Alice, de ojos marrones claros habló.

—Hermano no seas grosero.

El hermano de la chica miró de arriba abajo a Aioria como sopesando su peligrosidad, el afectado solo tenía una sonrisa tensa en su rostro, no quería causar conflictos, aunque si llegaban a provocarlo…

—¿Eres extranjero?

—Griego —respondió el leonino con cautela, no sabía que esperarse de ese chico.

—Estas muy lejos de casa extranjero.

Aioria se encogió de hombros sin darle mayor importancia. —Eso que importa, solo estoy aquí.

—Eres muy gracioso ¿no?

—Hermano déjalo ya, no te está haciendo nada.

—Alice…

—Déjalo ya Joshua —proclamó ya más molesta la chica, su hermano podía ser tan pesado cuando se lo proponía.

El aludido bufó hastiado, conocía esos gestos de hosquedad, Aioros solía hacer lo mismo cuando inicio su relación con Shaka, eran celos y sobreprotección de hermanos. Sin poder evitarlo Aioria soltó a reír, descolocando a los presentes, en especial a los dos hermanos.

—¿Se puede saber por qué te ríes? —preguntó bruscamente Joshua a Aioria.

El griego serenándose miró a los dos involucrados y volvió a sonreír.

—Lo siento, solo que me recordaron a mi hermano, él tiene la misma actitud que tú tienes con ella. Ambos deben ser muy unidos.

—Eso no es… —el hermano de Alice se veía un poco apenado por verse descubierto.

—Deberías verlo cuando son los festivales, anda a la siga mía, no me deja un paz un segundo —acotó Alice avergonzando aún más a su hermano.

—¡Alice!

—¿Qué?, si es verdad, en serio creo que necesitas algo más que hacer que andar alejando a cada persona que se me acerca.

Las otras tres personas del grupo de amigos que habían estado observando todo el contacto se colocaron a reír, para ellos su amigo siempre sobreprotegería a su pequeña hermana, no importa la edad que tuvieran.

—Lamentamos la actitud de Joshua, él siempre ha sido así con su pequeña hermana —se acercó una chica de cabello castaño, piel nacarada y ojos de color miel—. No nos han presentado —mencionó la chica viendo de arriba abajo a Aioria, la cual finalmente le sonrió cautivadoramente—, yo soy Elisa, pero tú puedes llamarme Eli.

—Deja al pobre Elisa, apenas vienes conociéndole y ya quieres ligártelo.

—No molestes, Aarón, el chico es guapo, si no tiene compromiso alguno no sería ningún problema.

El mencionado era un joven de contextura delgada, pero músculos definidos, su tez era más bien bronceada por el incesante contacto de los rayos solares que caían en la isla, poseía una cabellera de color castaño ceniza levemente larga que le llegaba hasta los hombros, la cual contrastaba con sus brillante ojos de color celeste.

Aioria se ruborizó por la insinuación de la muchacha llamada Elisa, también miraba al chico que la había increpado, al lado de estos dos había una chica más, de porte elegante, con el cabello negro, piel bastante blanca y unos ojos de color zafiro, por alguna razón le recordó a Camus.

—Tan niños como siempre ustedes dos, es que no ven que están avergonzando a nuestro invitado —sermoneó la chica que le recordó a Camus.

Ambos regañados bajaron la cabeza.

—Gracias Claire —habló Alice mirando algo apesadumbrada a Aioria por el comportamiento de sus amigos.

—Estás causando demasiado revuelo extranjero —acotó divertido Joshua viendo el espectáculo.

—Descuida, es como estar en casa —manifestó el griego, de verdad era muy similar a estar en el Santuario, las peleas y discusiones, el trato entre amigos, los regaños de más de alguno, incluso el bajar la cabeza por el sermón le recordó al antiguo maestro y al patriarca.

—Debes ser todo un problemático entonces.

—Para nada, ese papel se lo lleva uno de mis amigos, pero como yo siempre estoy acompañándolo termino metido en problemas.

—Bueno para eso están las amistades —declaró sonriendo por primera vez a Aioria el hermano de Alice.

—Sí, aunque espero que el tonto de mi amigo no termine matándome en el acto.

Alice miró a Aioria, ella recordaba haberla visto con otra persona más.

—¿Estás solo aquí Aioria?

—Sí, el idiota de Milo volvió a dejarme solo —respondió enfurruñado el griego.

—Te ves bastante molesto.

—Como no, si el muy…, perdón, el tonto me ha dejado solo todo el viaje.

—Estás hablando de tu amigo con el que fuiste a la boutique ¿cierto? —Alice recordaba vagamente a un griego de melena oscura y azulada, de similar porte de Aioria, lo que más le había quedado en la cabeza de ese día habían sido los infructuosos intentos del chico por seducirla.

—Si el mismo —suspiró el leonino—. Se fue con una amiga que reencontró y me dejó tirado.

—¿No tienes nada que hacer ahora?

—No, ¿por…?

—Quédate con nosotros entonces —ofreció la chica.

—Yo… —Aioria miró al resto, la chica llamada Elisa le sonreía, el tal Aarón le asintió con la cabeza, y los otros dos no hicieron ningún gesto de rechazo. Si no se quedaba lo más seguro es que regresaría al hotel y se encerraría a pensar en su enfado con Milo, y luego quedaría melancólico por la distancia con Shaka.

—Bueno si ninguno se queja, me quedaré.

—Entre todo este jaleo olvidamos que venimos a surfear —Joshua miró a Aioria con una sonrisa retadora—, veamos lo que puedes hacer en el agua griego.

El aludido miró las tablas que traían antes de hablar.

—Nunca he surfeado, no tengo ni la más mínima idea de cómo hacerlo.

—¿Te atreves? —volvió a hablar el hermano de Alice.

—Hermano, déjalo, las olas son muy peligrosas aquí.

Aioria no pensaba dejarse avasallar por alguien como él, peores palizas había soportado durante los entrenamientos para ser caballero, el golpe con unas cuantas olas no le harían el mayor daño.

—Cuando quieras.

—Aioria no, es peligr…

El griego no a dejó continuar. —No te preocupes, no saldré herido, a peores cosas me he enfrentado, si me golpeo no tendrá mayor relevancia.

—Bien forastero, así se habla —vitoreó Aarón al escuchar la respuesta de Aioria.

—Bien —Alice suspiró resignada, los hombres no podían evitar competir entre ellos—, al menos déjame enseñarte lo básico, para que no te partas la cabeza.

—Eres muy sutil a la hora de decir las cosas ¿verdad?

Alice miró de mala manera a Aioria, quien se agazapó algunos pasos hacia atrás por el escalofrío que sintió.

—No soy yo el idiota que se quiere tirar de lleno sobre las olas para aporrearse y quebrarse algunos huesos.

—Sí, será mejor que me enseñes algo antes de meterme al agua —pronunció el griego con una expresión nerviosa, haciendo reír al resto de los presentes.

~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~

Había recibido una llamada mientras estaban en el acuario, no podía evitar contestarle, ni siquiera pudo negarse a su petición de encontrarse nuevamente. Sabía que Aioria se enfadaría con él por dejarlo solo, pero ella se marchaba en unos días de la isla, es por eso que quería pasar a su lado el mayor tiempo que pudiera. Todavía recordaba lo extraña que fue esa primera noche que la encontró en el bar, jamás pensó volver a encontrársela, ni que ella lo recordará, después de todo eran muy niños la última vez que se habían visto.

El show ya había comenzado, él se había alejado temporalmente de Aioria, necesitaba pensar un poco, muchas ideas pasaban por su mente, y ninguna de ellas le agradaba. No quería recaer en un ciclo de tristeza y melancolía por culpa de pensar en Camus y su relación fallida.

El lugar en el que estaba situado el patio exterior era sumamente hermoso, la vista al océano era muy privilegiada al estar tan cercano, el patio estaba construido sobre una plataforma que daba directamente a la playa. Los alrededores del patio eran abarrotados por hileras de antorchas que marcaban los límites del bar y la pista de baile. Mesas dispersas albergando a grupos de personas celebrando y riendo, había un escenario central en donde los bailarines presentaban su tradicional baile, mientras un animador estaba a la espera de seguir animando el show. El espectáculo no llamó la atención de Milo, este tenía otros planes en mente, después de haberse separado de Aioria se dio a la tarea de buscar un sitio desde donde poder observar el lugar con mayor detalle, su mirada se posó de inmediato sobre una barra en la esquina oeste del patio, y para su consuelo no eran demasiadas las personas instaladas en los asientos alrededor, sería bueno quedarse unos momentos ahí y pedir algo de beber, para así poder despejar un poco su atormentada mente.

Pasó un largo rato entre los sorbos del vaso de ron que había pedido y la etérea presencia de las llamas que tenían toda su atención en esos momentos, Milo era la viva imagen del desconsuelo y el despecho, eso no agradaba para nada al escorpión que no hacía más que recriminarse su auto flagelante actitud al recordar a Camus en esos momentos, ¿Por qué demonios no podía sacárselo de la cabeza?, habiendo tanta mujer hermosa y hombres apuestos, sus pensamientos estaba puestos en dos fríos zafiros que en muchas ocasiones lo miraban con reproche.

—La melancolía no le quedan a tu rostro.

Una dulce y femenina voz obtuvieron la atención del heleno, una chica de cabello castaño claro, contextura delgada y de tamaño mediano con piel nacarada, y unos profundos ojos grises lo miraban con intriga. Milo solo recordaba a una persona con esa misma tonalidad de ojos, una pequeña niña que ya hacía en lo más hondo de sus recuerdos, ¿sería posible que el destino fuera tan caprichoso?

—¿Serena? —el griego no estaba del todo seguro, pues las personas cambian mucho con el pasar de los años, especialmente cuando crecen.

—Entonces mi deducción es correcta, no estaba segura si eras tú Milo.

Milo no podía creer las coincidencias que obraban los dioses, entre su desdicha encontraba parte de su pasado más distante, aquel que creyó perdido, lo único que lo conectaba con su familia, esa isla y la única amiga que tuvo durante su infancia ahí.

—Es extraño verte después de tantos años Serena.

La chica le sonrió, a ella también le parecía extraño, ella a pesar de ser oriunda de la isla de Oahu hace muchos años que ya no vivía ahí, desde hace un tiempo había dejado el lugar para continuar con sus estudios en la capital del país.

—Más raro me parece que tú estés aquí, pensé que te habías marchado cuando ocurrió el accidente de tus padres. Nunca más volví a verte.

Milo suspiró pesaroso, cuando se marchó no pudo despedirse de ella, se tuvo que ir dejándola sin una pista de su paradero, eso es lo que más había lamentado de todo.

—Me hubiera podido decirte algo más antes de irme, pero no se me permitió.

—Bueno da igual, eso es parte del pasado —Serena trató de animar a Milo, ella estaba contenta de poder volverlo a ver, en cambio él parecía muy desdichado—. Me preguntaba más bien ¿Qué haces tú en Honolulu?

—De vacaciones tratando de olvidar mis problemas de casa.

Ella hizo una mueca ante la expresión del heleno.

—Te ves demasiado desdichado, sabes que eso nunca me agradó en ti, siempre aprecie mucho más la eterna sonrisa que portabas.

—Muchas cosas han cambiado Serena, además ya no somos niños.

—Es verdad —acotó la chica—, pero a pesar de tu semblante pesaroso, sigues siendo tan encantador como siempre.

—¿Estás tratando de seducirme? —preguntó Milo.

—Para nada galán —habló ella haciéndose la desentendida, mientras sonreía abiertamente.

Milo se carcajeó, ella seguía con su sentido del humor de cuando eran pequeños. Una calidez se apoderó de su corazón y la alegría del pasado regreso a su mente, esa isla verdaderamente traía buenos recuerdos a su vida, recuerdos capaces de curar el dolor de su alma.

—No has cambiado nada, al menos en tu actitud, sigues siendo la misma extrovertida y ocurrente que recordaba.

—Tú en cambio pareces un muerto en vida querido Milo.

—No es para tanto.

Serena hizo una mueca y acercó su rostro al de Milo, apegó su frente a la de él y lo miró directamente a los ojos, segundos después se separó negando con la cabeza.

—Mientes Milo, tus ojos siempre han sido muy expresivos y nunca han mentido, te sientes desolado, eso es fácil de ver, quizás una ruptura amorosa o algo así.

—¿Cómo demonios haces eso? De pequeños siempre adivinabas todos mis pensamientos.

—¿Quién sabe?, siempre he tenido esa facultad y contigo siempre se me facilitó el trabajo —Serena miró a Milo con cariño, hace tanto tiempo que no lo había visto, realmente lo había extrañado—. Aunque eso no es importante, tú me vas a acompañar el resto de la noche, hay mucho que contar para colocarnos al día, no te podrás escapar nunca más de mí ahora que te he vuelto a encontrar.

—Pero Serena…

—Nada, ahora vienes conmigo.

—No es un poco precipitado —habló Milo pensando en Aioria, además de seguro que la chica no llegó sola.

—¿Y las personas que te acompañan?, no creo que hayas llegado sola por tu cuenta.

—Mis amigas pueden esperar, ahora solo me importas tú —contestó ella vehementemente.

Sin más que discutir ella terminó acaparando la atención de Milo por el resto de la noche, quien al final de todo agradecía al cielo ese momento de bálsamo y libertad de todo lo que era, podía disfrutar anécdotas del pasado sin pensar en el dolor de la perdida, y mucho más, pudo dejar de lado a Camus por algunas horas.

—Hasta que llegas Milo.

—Lamento la demora, pero estaba con mi amigo y…

—No tienes por qué darme explicaciones Milo, se supone que tu viniste con él a pasar las vacaciones y yo estoy acaparando todo tu tiempo —acotó apenada la chica.

—Él entenderá, después me disculparé con él, además tú te quedarás poco tiempo, debes volver por tus estudios a la capital.

—Mmm, eso se puede ver.

Milo arqueó una ceja, cuando ella hacía esas expresiones de "podríamos ver", es porque algo se traía entre manos.

—¿Qué piensas hacer?

—Las clases no comenzaran tan pronto, puedo quedarme una semana más.

—¿Tratando de evadir tus obligaciones jovencita? —picó Milo.

—Para nada, solo intento disfrutar de mi tiempo libre, griego charlatán.

—Tonta… ¿Para qué me llamaste con tanta urgencia?

—¿Recuerdas a mi madre?

Milo asintió, recordaba a la perfección a la madre de su amiga, no en vano pasó muchas tardes en su casa durante su infancia.

—Le hablé de ti. Tiene ganas de verte. Por eso te pedí que vinieras.

—Vaya, eso es raro.

—¿Lo crees? —Serena lo miró amablemente—. Bueno ella te recuerda con cariño, tiene bastantes cosas guardadas de nuestra infancia que me gustaría que veas.

—Sería interesante ver todas esas cosas nuevamente, hace mucho que creí perdido esa parte de mi pasado —mencionó de manera mustia. Poco recordaba de su vida cuando era niño, todas sus memorias habían sido reemplazadas por los días que había pasado en el Santuario, lo poco que le quedaba de sus padres eran las vivencias que tenía en esa isla, el lugar más importante para él y que alguna vez quiso compartir con Camus.

—Vámonos entonces, mi madre nos está esperando, preparó una rica comida para ambos.

—Ahora entiendo el apuro, a ti no hay nadie que te diga que no.

—No alegues y solo sígueme —Serena tomó del brazo a Milo y comenzó a jalarlo, este solo se dejó llevar, su amiga no había cambiado, siempre manteniendo esa actitud espontánea y algo mandona, realmente disfrutaría el poco tiempo que tendría con ella a su lado.

~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~

—¿Cómo demonios lo hace?, Es apenas un novato y monta las olas como si fuera un profesional —Joshua estaba muy desconcertado con el avance de Aioria, el caballero de leo apenas entrar al agua pudo encontrar la manera más eficiente de mantener el equilibrio sobre la tabla y en las olas. En un comienzo el griego de cabellos castaños consideró de que podría ser algo complicado, pero más difíciles habían sido los entrenamientos que había tenido a las orillas de los riscos sin protección alguna, donde tenía que mantener un equilibrio y peso constantes para no caer en el vació y matarse. También tomando en cuenta su estatus como caballero dorado, su tarea se veía muy facilitada.

—Realmente no puedo creer que sea la primera vez que surfea —Aarón, el otro chico del grupo que llegó con Alice estaba tan anonadado como el hermano de la joven.

—Es un excelente surfista —exclamó asombrada para sorpresa de todos la chica de nombre Claire a quien a Aioria le recordaba a Camus.

—Debió impresionarte bastante, como para que tú digas un cumplido

—No solo es guapo, sino que un excelente surfista —pronunció Elisa quien miraba interesada a Aioria. Alice observaba con el rostro serio hacia el mar, a pesar del talento demostrado por el griego seguía preocupada por su seguridad.

—Puede ser un buen novato, pero eso no quita que sea peligroso, no conoce como es el mar en este lugar.

—No seas tan purista Alice, el chico es bueno —comentó Aarón algo despreocupado.

—Aarón, tu sabes que es peligroso.

—No creo que esta sea la ocasión Alice —apoyó Joshua a su amigo.

—Hermano, ¿tú también…?

—Solo presta atención a sus movimientos, aunque no me agrade admitirlo, el desgraciado tiene talento.

—¿Por qué te preocupas por él, si apenas lo conoces? —cuestionó Claire, mientras la miraba calculadoramente.

—Solo me cae bien…

—¿Solo eso?

—Claire deja a mi hermana.

—Solo pregunto Joshua, ella nunca se había interesado por nadie. Es solo curiosidad.

—Ella no tiene nada con él ¿verdad?

—¡Claro que no!, si apenas lo he visto hoy.

—¿Segura?

—¡Claire!, deja a mi hermana, ella no está interesada.

—Si claro…, Joshua.

—Ya empezaron de nuevo ustedes dos —proclamó Aarón rodando los ojos.

—¿Por qué la pelea? —una nueva voz se oyó, Aioria venía llegando con la respiración agitada y los cabellos revueltos. Para consternación de Alice, Joshua miraba algo cortante al pobre Aioria que no tenía idea de lo que sucedía.

—¿Te parece linda mi hermana? —el tono de Joshua fue directo, Aioria se descolocó por el tono y la pregunta.

—¿A qué viene esa pregunta tan repentina?

—Solo contesta griego.

Aioria no sabía que responder, no quería molestar ni ofender a nadie, pero no estaba seguro de que hacer. Decantó por decir solo la verdad de lo que creía.

—Ella es una chica dulce y linda.

—Entonces si te gusta —no fue una pregunta, sino una afirmación.

—¿Gustarme?, es una excelente chica, me gustaría ser su amigo, pero nada más —aclaró Aioria entendiendo por donde iba el tema. Miró a Alice para hacerle entender aún más sus palabras—. No es que no seas una chica guapa, es solo que ya tengo a alguien en mi vida, que amo más que nadie.

—Es una pena, que estés ocupado. Todos los chicos lindos y amables como tu tienen a alguien—Aioria se sonrojo por la declaración de Elisa, no estaba del todo acostumbrado a los halagos tan directos como ese, por lo general era él quien los dedicaba.

—Déjalo Elisa —dijo Alice, avergonzada de su hermano y sus amigos por su actitud—. Perdónalos Aioria, son unos verdaderos idiotas, y mi hermano es un maldito celoso.

—No hay problema, peores cosas he pasado —contestó el griego con una sonrisa. Para él eso no era nada, sus amigos y hermano situaciones más vergonzosas le habían hecho pasar.

—De todas formas, esa no es una manera apropiada de comportarse.

—No te preocupes, eso solo su manera de ser, además tu hermano solo se interesa por ti.

—Sí, lo sé, pero suelen avergonzarme tanto…

—Todavía estamos aquí, por si no se han dado cuenta —reclamó Joshua molesto viendo a su hermana.

—Si hermanito, estoy consciente de ello —el tono burlón de su hermana lo hizo bufar, pero no hizo mayor comentario, no quería entrar en discusiones con ella, pues sabía que saldría perdiendo.

—Contigo en verdad no se puede.

—Igual te quiero hermanito.

Aioria veía la escena con una risa contenida, se estaba pasando un buen momento, a pesar de que Milo lo había dejado abandonado, el encontrarse con la chica de la boutique había sido un golpe de suerte, el conocer a otras personas en ese lugar le quitarían el mal humor y le permitirían disfrutar muchos más de su viaje.

~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~

Milo veía con atención la gran casa blanca que se alzaba sobre su cabeza, muchos recuerdos que creía perdidos le venían a la cabeza, hacía muchos años que no iba a ese barrio, cuando era pequeño solía pasar variadas tardes con su amiga en ese lugar. En especial aquellos días en la que sus padres todavía estaban con vida.

Serena lo jalaba del brazo instándole a entrar, Mantenía cierta renuencia a ingresar, pero no tenía nada que temer, después de todo eso lo que había estado buscando, un vínculo con su pasado para poder enfrentar su tormentoso presente.

—No seas tímido Milo, mi madre no muerde.

—No es timidez Serena, es solo que…es complicado volver a encontrarme con mi pasado.

—Has pasado por muchas cosas desde que dejamos de vernos ¿cierto?

—Más de las que te podrías imaginar

—Me gustaría poder haber estado contigo en esos momentos.

—No toda mi vida fue mala Serena, mi abuela me cuidó con cariño mientras estuvo en este mundo.

—De todas formas hubiera sido bueno saber de ti.

—Ahora sabes de mí, y no tengo pensando alejarme demasiado, aun cuando tenga que volver a Grecia en algún momento.

—Entonces no nos quedemos más tiempo en la entrada, mi madre te espera.

—¿Tan buena impresión tiene de mí que quiere verme?

—Tonto, ella te recuerda con cariño es por eso que quiere verte.

Cuando entraron a la casona blanca a Milo le invadió una sensación de nostalgia, hacía mucho tiempo que no pisaba esas antiguas tablas que cubrían el suelo de la vivienda. Observó con atención el sitio, cada cosa estaba en su lugar, nada había cambiado, era tal y como lo recordaba, los sillones de tapicería antigua, las paredes de terciado barnizado, los cuadros con fotografías y el eterno florero sobre la mesa del comedor.

—Nada ha cambiado.

—No, mamá es demasiado tradicionalista, le gusta su hogar tal y como está. He intentado hacer que cambie un poco la decoración, pero es muy cabezota.

—Yo no soy cabezota jovencita —una mujer de edad madura de unos cincuenta y tres años, de cabellos castaños oscuros y mirada de color verde apareció por el umbral que daba a la cocina—. En cambio tú eres una irrespetuosa.

—¡Mamá!, ¡no digas eso!

—No grites niña —la mujer posó sus ojos sobre Milo quien la veía con mucho interés—. Has crecido bastante muchacho, si te viera en la calle no te reconocería.

—Señora Mariam, hace mucho que no la veía —contestó alegre Milo

—Te perdiste por muchos años, te has puesto muy guapo en ese tiempo —la mujer se acercó a Milo y le tomó una de sus mejillas estirándosela.

—Gracias señora —hablo Milo sobándose la cara cuando la mujer lo soltó, había olvidado aquel gesto que tenía con él.

—No lo atormentes de esa manera mamá, o no querrá regresar.

—No alegues muchacha, mejor pasemos a comer, una comida casera le hace falta a ambos.

—No es necesario señora Mariam, yo…

—No aceptaré un no por respuesta, y es para ambos, ahora vayan a lavarse las manos y los espero en la mesa.

Ambos sonrieron, en especial Milo, todo ese ambiente le traía gratos recuerdos, aquel lugar lo sentía como un hogar, aquello que perdió siendo tan pequeño. Quizás no sería tan malo quedarse en la isla, después de todo estaban en tiempos de paz y sus obligaciones casi habían mermado, el tener una vida tranquila era algo que no había pensado con mucha frecuencia, pero que no sonaba para nada mal.