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-Aome…Aome despierta, ya está atardeciendo debería llevarte a casa- escuché a Inuyasha susurrar cerca de mi.

-Mmmm- me quejé ocultando mi rostro en algo suave, hasta donde recordaba me había quedado dormida en la hamaca.

-Te cargaré si es necesario, anda levántate- dijo con un tono más severo.

-No me quiero mover- dije con la voz ronca y los ojos cerrados.

-No seas vaca, muévete, no quiero que tu madre se preocupe- abrí mis ojos viendo como Inuyasha se encontraba parado de brazos cruzados a mi lado. Me encontraba dentro de la casa, en la cama específicamente.

Después de que Inuyasha me contara su historia me sentí muy abrumada por lo que decidí tomar una siesta mientras el trabajaba preparando unos pescados para la venta. Probablemente me había cargado hasta la cama mientras dormía.

-Vamos- dijo agachándose hasta quedar a mi nivel quitando los cabellos que estaban desordenados sobre mi rostro. Ante tu gesto no pude más que sonrojarme –Enserio no quiero que tu madre se preocupe o me odie-

-Mi madre jamás te odiaría- dije viéndolo a los ojos.

-Es mejor evitarlo, anda muévete niña tonta- estuve a punto de reprocharle pero al ver la sonrisa en su rostro me abstuve de hacerlo. Inuyasha estaba mucho más relajado que antes. Me estiré sobre la cama notando como él me veía por el rabillo del ojo con un leve sonrojo.

-¿Qué?- pregunté sentándome sobre la cama. De inmediato se cruzó de brazos prosiguiendo a salir de la casa.

-Vamos antes de que anochezca- en parte me sentí alagada pero por otra un tanto apenada.

Salí a su encuentro, él me esperaba recostado de uno de los arboles aun cruzado de brazos. En silencio caminé hasta quedar para junto a él. Sin decir nada comenzamos a caminar por el camino que ya estaba definido sobre la tierra. Por el rabillo del ojo noté como ahora sus manos bailaban a ambos lados de su torso, no pude evitar la piquiña que de pronto sentí en mis manos queriendo tomar una de las suyas. Respiré profundo tomando valor, casi cerrando los ojos acerqué mi mano a la suya sorprendiéndome al ver como la recibí con gusto.

La mano de Inuyasha era mucho más grande que la mía, era caliente. Podía sentir los relieves de las cicatrices en su piel. Era un poco áspera pero nunca me había sentido tan bien tomando la mano de alguien.

Así caminamos sin decir nada hasta llegar a la orilla en donde estaba el bote pero esta vez fue diferente a las anteriores. Mientras caminábamos podía sentir como en la unión de nuestras manos recorría algo…energía…no lo sé, no podía explicarlo. Como siempre me ayudo a subirme en el bote pero de nuevo algo era diferente.

-Ven- me dijo estando parado frente al timón. Yo caminé hasta donde se me había indicado. Inuyasha se puso detrás de mi sacando el bote de la orilla –Hacia el este- dijo muy cerca de mi oreja lo cual hizo que se me pusiera la piel de gallina.

Recobrando la compostura giré el timón hasta direccionarnos en la ruta que debíamos tomar. El se paro a un lado viendo cada uno de mis movimientos.

-Me pones nerviosa- dije mordiéndome el labio.

-¿Por qué?- preguntó saliendo de su trance.

-Porque estas viendo todo lo que hago- él solo se rió -¿Qué tiene de gracioso?- pregunté sin entender.

-Tu siempre me andas viendo y yo no me quejó- aquello me hizo sonrojar como nunca antes en mi vida. No sabía que decir. Este nuevo, o bueno verdadero, Inuyasha me ponía al borde de la razón. Nos quedamos en silencio un rato más -¿En que piensas?- preguntó de pronto. Yo lo miré.

-En que este nuevo, o verdadero tu, me sorprende- él asintió sonriendo.

-Lamentablemente te llevo ventaja- yo lo miré confundida –Ya se quien eres o por lo menos tengo una idea, tu no sabes prácticamente nada de mi-

-Se lo necesario- respondí subiendo una ceja. Creído el muchacho…

-¿Estás segura?- preguntó esta vez más serio. Yo me le quedé mirando.

-Eso creo- susurré volviendo mi atención hacia el mar.

Al cabo de unos quince minutos estábamos aparcando en el muelle de mi casa. Sin problemas él amarró el bote al muelle, yo apagué el motor para después salir con su ayuda. Estábamos allí parados, uno frente al otro pero sin nada que decir.

-¿Nos vemos mañana?- pregunté mordiéndome el labio.

-A primera hora- respondió guiñendo el ojo –Buenas noches- dijo dándome un beso en la mejilla al tiempo que me abrazaba. Dejándome lo abracé de vuelta –Gracias por la segunda oportunidad- susurró dejándome ir. En lugar de decir algo le di un beso en la mejilla para después subir corriendo sintiendo mi corazón a mil por hora.

Al entrar por la puerta al patio me encontré con los inquilinos comiendo. A decir verdad no tenía hambre así que decidí irme directo a mi habitación. Vi a mi madre en su oficina por donde me paseé para avisarle que había llegado, mis abuelos debían estar preparándose para dormir y Souta pues en algún lugar debía andar.

Caminé pensando de nuevo en todo lo que Inuyasha me había dicho rectificando que quería estar con él aunque fuese unos cuantos años mayor que yo, así fuese solo como amigos quería que estuviese en mi vida. Entré a mi habitación que estaba en penumbras, sin dudarlo encendí la luz teniendo un ataque al corazón al ver a Kouga recostado de la ventana.

-¿Qué haces aquí? Casi me das un ataque al corazón- dije llevando una de mis manos a mi pecho. El me miró sin decir nada, de pronto se creó un ambiente muy incomodo en el aire.

-Estabas con él- dijo luego de una pausa -¿Por qué?-

-Eso no te importa…- dije lentamente.

-Claro que me importa, tu me importas y no me gusta que andes con ese tipo- dijo acercándose a mi.

-Kouga no estoy de humor para esto de acuerdo, aun no supero lo que paso el día de tu graduación, que te vaya bien en San Francisco- dije abriendo la puerta mientras me hacia a un lado cruzándome de brazos sin poder verlo.

-Aome…sobre eso…- en su voz podía escuchar el dolor y la pena que sentía.

-No quiero escucharlo Kouga…- le corté sintiéndome mal de nuevo.

-Pero Aome, yo te amo- de inmediato subí la mirada, él cerró la puerta viéndome a los ojos –Yo te amo…nunca fue mi intención herirte o hacerte sentir incomoda…la cuestión es que te quiero tanto que no se que hacer- sus orbes cristalinas me veían atentamente.

-Kouga yo…yo te amo pero como un amigo, como mi hermano mayor, nos criamos juntos siempre te veré de esa manera…- Kouga se encontraba muy cerca, tal vez demasiado.

-Aome…dame una oportunidad…- suplicó tomando mis manos que estaban escondidas. Yo lo miré a los ojos, podía sentir su respiración en mi rostro –Déjame demostrarte que puedo quererte como nunca nadie lo hará- una de sus manos viajó hasta mi mejilla.

De pronto me paralicé, no sabía que hacer, él simplemente me veía inclinándose lentamente esperando a que yo reaccionara pero mi cuerpo no se movía aunque mi mente corriera a mil por hora. Sabía lo que planeaba hacer, pero por alguna razón no lograba detenerlo. Solo quería que Inuyasha apareciera y lo alejara de mi como la otra vez, pero eso no sucedió.

Fue entonces cuando lo sentí. Sus labios sobre los míos era suaves y tibios a penas abrazando los míos. Era una sensación extraña, no estaba segura si me gustaba o no. No sabía que hacer estaba atrapada entre la pared y el cuerpo de Kouga. Cerré mis ojos inconscientemente intentando descifrar que era lo que sentía. Ambas manos de Kouga acunaban mi rostro pegándome a la pared, mis manos reposaban en su pecho por lo que podía sentir su corazón latiendo desembocado. Allí estaba mi primer beso con mi mejor amigo, el problema es que no sentí absolutamente nada. El comenzó a masajear mis labios con los suyos pero fue entonces cuando logré reaccionar empujándolo levemente con mis manos. El se detuvo despegándose de mi viéndome a los ojos.

-No puedo Kouga…- susurré moviendo mi rostro hacia un lado. El respiró profundo.

-¿Es por él cierto?- preguntó alejándose de mi.

-No…no lo sé- respondí, sabía que era por Inuyasha pero no quería hacerlo más difícil para él. Ambos nos quedamos en silencio.

-Aome necesito que escojas…- aquello me tomó por sorpresa por lo que lo vi con el ceño fruncido.

-¿A qué te refieres?- pregunté asustada.

-El o yo- seguí viéndolo.

-¡Kouga…estas loco tu eres mi mejor amigo, a demás te vas a San Francisco el viernes!- dije entrando en pánico.

-Imagina que no me fuese el viernes ¿A quién escogerías?- seguía insistiendo sacándome de quicio.

-Kouga, ya te lo dije eres mi mejor amigo…Inuyasha… es distinto- me crucé de brazos.

-¿Por qué es distinto?- preguntó muy agitado.

-¡No lo se Kouga simplemente lo es!- exclamé reventando tomándolo por sorpresa.

-No entiendo Aome…-

-Yo tampoco lo entiendo Kouga pero es así, no puedo verte ni sentirte de otra manera eso es todo lo que se. Ahora por favor vete, que te vaya bien en San Francisco- en mi garganta comenzó a formarse un nudo, de pronto sentí muchísimas ganas de llorar.

-Aome…-

-Vete por favor- susurré sin verlo ahogando las lagrimas que estaban por salir.

-Te amo…- dijo saliendo de mi habitación.

-Yo también Kouga- dije cerrando la puerta de mi habitación.

Me recosté de la puerta para después deslizarme hasta llegar al suelo en donde me volví un ovillo. Pronto me encontré llorando. Entre sollozos me arrastré hasta la ventana viendo que Inuyasha no estaba. De inmediato me apagué la luz para luego desplomarme sobre mi cama mojando las sábanas y las almohadas con mis lagrimas.


Desperté temprano lista para la escuela aunque no estaba muy animada que digamos. Mis ojos estaban un tanto hinchados al despertarme, unas ojeras purpuras rodeaban a cada uno por lo que tuve que abusar del maquillaje para taparlas.

Bajé encontrando que en la cocina ya Inuyasha había dejado el pescado lo cual me pareció curioso puesto que anoche habíamos quedado en vernos en la mañana…tal vez tuvo algo que hacer. No quise darle mucha vuelta ya que aun me sentía abrumada por lo sucedido la noche anterior.

Fue difícil disimular mi estado de animo con mis amigas, por suerte el dia de la graduación estaba cerca por lo que teníamos que hacer unos ensayos del acto en el auditorio lo que las mantuvo ocupadas. Al salir de clases fui al muelle ya que mi madre necesitaba que recogiera unas cosas de uno de los proveedores. Busqué a Inuyasha pero no había rastro alguno de él.

Regresé a la posada decidiendo que necesitaba despejar mi mente tanto de Inuyasha como de Kouga por lo que me puse a trabajar sin descanso alguno logrando por primera vez en semanas olvidarme de todo. El tiempo pasó volando, de un momento a otro se hizo de noche. Cansada tomé una ducha para después echarme en mi cama. Fue en ese momento cuando todos mis problemas regresaron a mi y por primera vez comencé a preocuparme de lo que había sucedido anoche.

Había estado en shock por así decirlo pero en ese momento cayó sobre mi lo que realmente había pasado. Mi primer beso no fue lo que esperaba, ni remotamente cercano, mucho menos la persona. Inuyasha había desaparecido el día entero sin razón alguna o eso creía yo…¿Nos habría visto a Kouga y a mi besándonos? Comencé a tener un ataque de pánico, no podría ser posible ¿Por qué no lo detuvo? ¿Pensaría que quería estar con Kouga?

Me levanté de la cama ignorando el cansancio que sentía asomándome por la ventana reafirmando mi ataque de pánico al ver que Inuyasha, como la noche anterior, no estaba allí. Comencé a caminar en círculos por toda la habitación pensando en una manera de saber que pasaba con Inuyasha.

Luego de darle muchas vueltas al asunto decidí esperar al día siguiente, si no aparecía lo esperaría al día después en el muelle.


Al mañana siguiente fue otro acto de desaparición por parte de Inuyasha, sin embargo esta vez no llevó el pedido de la mañana. Decidí preguntarle a mi madre al respecto cuando regresara de la escuela.

El día se me hizo eterno, no podía concentrarme en nada por suerte no vimos nada importante en clases sin embargo durante el receso me tropecé varias veces, me perdía en las conversaciones de mis amigas al punto que comenzaron a ignorarme ya que les dije que era cansancio. Por dentro estaba extremadamente ansiosa, en unas cuantas ocasiones me encontré clavándome las uñas en la palma de la mano, un habito que ocurría cuando estaba nerviosa, preocupada o ansiosa.

Por mera curiosidad al salir de clases fui al muelle preguntándole a unas cuantas personas si habían visto a Inuyasha sin embargo no había rastro de él en ningún lado.

De regreso en la posada mi madre estaba sumamente ocupada pues se había roto una tubería así que decidí no molestarla si no hasta más tarde.

Más de una vez me asomé por la puerta del patio trasero o por mi ventana pero el bote de Inuyasha no se materializaba lo cual ya me estaba preocupando. Ese día a diferencia del anterior no pude trabajar, se me caía algo, tropezaba o cosas por el estilo.

-Aome…hija vamos a dar un paseo- escuché a mi abuela al tiempo que sentía su mano en mi hombro. Estaba trabajando en el jardín obviamente dañando todo. Respiré profundo quitándome los guantes amarillos llenos de tierra, los dejé junto a la pequeña pala y el saco de tierra –Te notó…dispersa- dijo ella haciendo que quisiera golpear mi cabeza contra el piso, no quería hablar al respecto.

-Es solo la escuela- por primera vez una mentira me sonó creíble.

-Puede ser eso en parte pero estoy segura que hay algo más- lentamente caminaba a mi lado con sus manos escondidas en su espalda viendo al cielo. Yo la miré mordiéndome el labio -¿Quién es el problema, Kouga o Inuyasha?- su pregunta hizo que abriera los ojos como huevos fritos.

-¿A-a que te refieres?- pregunté mirando de nuevo al frente.

-Seré vieja pero aun puedo veo. Algo pasó con Kouga e Inuyasha-

-¿Cómo sabes?- la pregunta salió de mis labios antes de que pudiese detenerme. Mi abuela sonrió.

-Porque te conozco como la palma de mi mano, sé que algo anda mal por tu manera de comportarte, no es normal que te eches al olvido en una roca muerta de frio…- en ese momento me sentía tan estúpida por lo que había echo –Ahora dime por favor- yo la miré para después respirar profundo.

-El día de la graduación…Kouga tomó unos tragos demás, intentó sobrepasarse conmigo pero Inuyasha lo detuvo…- por el rabillo del ojo veía que la expresión de mi abuela era neutra –Después de eso Inuyasha comenzó a evitarme porque…porque no quería encariñarse conmigo ya que tuvo una relación tormentosa en el pasado….no quería que volviera a suceder pero yo no sabía eso. El día del incidente Kouga se apareció en la escuela, tuvimos una discusión en donde dije cosas horribles porque no quería ni verlo. Estaba molesta y herida así que nadé para descargarme pero me perdí…- respiré profundo de nuevo –Ahí fue cuando Inuyasha apareció de nuevo, le pedí que no me dejara a lo que el aceptó pero entonces anoche…- no estaba segura si contarle lo que había sucedido pero ya había comenzado, a demás sabía que mi abuela no diría nada –Cuando llegué de pasear con Inuyasha, Kouga me esperaba en mi habitación…él…él me besó pero no me gusto, me dijo que me amaba y que escogiera entre él o Inuyasha pero…pero el es mi amigo, mi hermano no logró verlo de otra manera y pues Inuyasha…es distinto, no se porque me atrae tanto-

-¿Y cual es el problema ahora?- preguntó sabiendo que había algo más.

-Inuyasha me está evadiendo de nuevo…esta mañana ni siquiera vino a entregar el pedido- mi abuela simplemente asintiendo –Creo que tal vez vio a Kouga besándome y que no hice nada al respecto…- mi abuela me miró entonces curiosa por primera vez desde que habíamos comenzado a caminar –No sabía que hacer, me paralicé…solo quería que Inuyasha llegara como la vez anterior y me lo quitara de encima…-

-¿Estás molesta con él por eso?- preguntó haciéndome pensar…¿Estaba molesta con Inuyasha por no haber aparecido en caso de que nos hubiese visto? Si.

-Si, un poco…- mi abuela volvió a asentir.

-Bueno hija…así es el amor, es un viaje en montaña rusa como dicen hoy en día. Pero tu tienes una ventaja- yo la miré frunciendo el ceño –Tu eres agua, en tus ojos está, por ello puedes amoldarte a cualquier situación y seguir adelante. Kouga estará mal por un tiempo pero ya mañana se va a los Estados Unidos así que no te preocupes él sanara, tu también y en un tiempo las cosas volverán a la normalidad- realmente esperaba que fuese así –Con respecto a Inuyasha…él me recuerda mucho a tu padre- aquello me sorprendió, Inuyasha no era nada parecido a mi padre –No pongas esa cara, tu lo conociste cuando ya era tu padre, yo lo conocí antes-

-Si pero…Inuyasha no se me parece en lo absoluto a mi padre- mi abuela negó con la cabeza.

-Se parece más de lo que tu crees ¿El ya te dijo quien era realmente?- yo me paré en seco –Tomaré eso como un no-

-No…digo si…si me dijo pero… ¿Cómo lo sabes?- la miré muy confundida.

-Tu abuelo y yo siempre supimos quien era, siempre estamos al tanto de las noticias de Japón- por un momento olvidé lo publica que era o había sido la vida de Inuyasha. Sin decir nada me mordí el labio –En eso se parecen tu padre e Inuyasha, ambos tenían un pasado como todos nosotros solo que ellos pertenecen a un rango social más exigente de lo que pudiésemos imaginar. Deberías hablar con tu madre, en caso de que planees entablar una relación con el muchacho, estoy segura que ella podrá aconsejarte-

-Dudo mucho que quiera estar conmigo…me está evadiendo- dije resignada.

-Hija…muchas veces no sabemos como afrontar los problemas, el chico ha tenido una vida tormentosa, sobretodo después del accidente que tuvieron. Su forma de lidiar con los problemas es evadiéndolos pero tu no eres así…enséñale…búscalo, explícale y habla con él- sus manos tomaron las mías entonces –Tu sabes que hacer- lentamente me dio un beso en las manos para después desaparecer del jardín.

Yo me quedé allí parada viendo las enredaderas que se trepaban por las columnas de acero. Sin darme cuenta me había sentado en la tierra viendo al suelo fijamente pensando en lo que haría. Me sentía mejor acerca de Kouga, lo que decía mi abuela era cierto, el tiempo sanaría sus heridas y todo volvería a la normalidad. Con Inuyasha pues…tenía que buscarlo…Ya era muy tarde para tomar un bote o lancha e ir a la isla en donde vivía, era el único lugar en donde sabía que lo podría encontrar, siempre y cuando no se hubiese ido…la simple idea hizo que me pudiera nerviosa. No quería que se fuera, por lo menos sin explicarle, si después de que escuchara mi versión de la historia decidía irse o evadirme de todas maneras…eso ya era otra cosa.

Esa noche no pude dormir estaba muy nerviosa. Decidí faltar a la escuela total no importaba mucho ya que estábamos casi por terminar, dos semanas y estaría graduada.


Anormalmente el día amaneció nublado, según las noticias era una tormenta que e aproximaba. Bendito sea el calentamiento global.

Disimulé haberme ido a la escuela pero me escabullí hacia el muelle en donde estaba Mika, uno de los rentadores de botes.

-¡Buenos días Mika!- dije acercándome a él, era un hombre ya mayor de unos cincuenta años, de barriga grande, piel quemada y bigotes blancos.

-Muy buenos días señorita Aome- dijo sonriente -¿En que puedo ayudarle?-

-Necesito un bote- él arrugó la cara.

-No me parece buena idea, hay una tormenta aproximándose, debería llegar a eso del medio día- dijo cruzándose de brazos.

-Estaré de vuelta para entonces, de verdad debo hacer una diligencia, no tardaré mucho- lo miré con los ojos cristalizados poniendo mi cara de niña buena.

-Vale pero espero que hayas hablado con tu madre, no quiero problemas con ella- yo asentí frenéticamente.

-No se preocupe- no le había dicho nada a mi madre, a nadie realmente pero no era necesario.

Mika me prestó una lancha de color naranja, pequeña para una persona, perfecta para mi. Rápidamente entre en la lancha y me marché. De día era más fácil ubicarme así que sabía a donde debía dirigirme. Las nubes comenzaban a hacerse más oscuras a medida que se multiplicaban. Cuando logré divisar la isla me relajé sabiendo que había tomado el camino correcto. Pronto llegué a la orilla pero no había rastro de bote de Inuyasha haciendo que se me cayera el corazón al suelo.

Lentamente aparqué en la orilla encallando en la arena, solté la pequeña ancla para que la lancha se quedara en su lugar, el mar comenzaba a bambolearse más de lo normal. Con la esperanza de encontrarlo en su casa me adentré en la selva siguiendo el camino ya definido sobre la tierra. Respiré profundo al divisar la pequeña casa.

Caminé con cautela intentando escuchar algo pero todo estaba en absoluto silencio. Al llegar a la puerta tuve miedo, miedo de que al abrirla mis esperanzas de verlo desaparecieran. Tragué duro entrando en la casa sintiendo un puñetazo en el estómago al ver que estaba vacía, más vacía que antes. Con los ojos aguados fui hasta el armario que estaba en una esquina abriendo las puertas sintiendo una puñalada en el pecho. Vacío. Salí a la parte de atrás, tal vez estaba lavando su ropa pero no. En los troncos de las palmeras guindaban las cuerdas sin ropa sobre ellas. Regresé dentro de la casa dejando mis cosas sobre la cama, a lo mejor si regresaba y veía que estaban allí sabría que lo había venido a buscar.

En el cielo resonó entonces un estridente trueno sin embargo yo ni me moví. Negada a que no estuviese allí comencé a caminar por la selva yendo a los lugares a los que el me había llevado, fallando en encontrarlo en cada lugar.

Estaba por regresarme cuando comenzó a llover, las gotas de lluvia eran gruesas, golpeaban mi débil cuerpo como martillos caídos del cielo. Mis propios ojos comenzaron a llover ante la tristeza que comenzó a formarse en mi interior.

La lluvia era tan espesa que a penas y podía ver a un metro de distancia por lo que me enfoqué en ver en donde pisaba, sin embargo mis lágrimas me nublaban la vista haciendo que me cayera más de una vez en el barro. Quería quedarme allí en el suelo pero debía regresar, no podía asustar de nuevo a mi familia. Empapada, llena de barro, con frío y débil regresé a casa de Inuyasha. No se como lo hice ya que no tenía la menor idea de hacia donde estaba caminando. Los relámpagos y truenos acompañaban el sonido de la lluvia sobre las hojas de las plantas.

Logré divisar la pequeña casa que no sabía como seguía en pies ya que la lluvia era inclemente. Recordando que había dejado mis cosas allí decidí entrar, a demás de que sería imposible regresarme en aquel momento con toda esa lluvia. Abrí la puerta trasera entonces mojando todo al entrar, por primera vez desde que me regresé subí la mirada encontrándome con un par de ojos dorados.

Inuyasha estaba empapado, respiraba agitado, en sus manos estaban mis cosas, un suéter y mi mochila. Me veía fijamente, podía notar la rabia, la preocupación y el dolor en sus ojos.

-¿Qué haces aquí?- preguntó sin emoción alguna lo cual me hirió aun más. Parpadeé varias veces ya que mis ojos amenazaban con comenzar a llorar de nuevo –Responde- ¿Por qué estaba tan molesto?

-V-vine a buscarte- dije con dificultad al tener que alzar la voz ya que la lluvia resonando sobre el techo hacia difícil que nos escucháramos.

-¿Para qué?- preguntó dejando mis cosas sobre la cama de un manotón sin dejar de verme en ningún momento.

-¿Cómo que para qué, dices que quieres estar conmigo y después te desapareces?- el labio inferior me temblaba por aguantar las ganas de llorar.

-Si, eso fue antes de que entregaras sin problemas al idiota de Kouga, realmente pensé que eras diferente Aome- podía ver el dolor en sus ojos, como si lo hubiese traicionado de la peor manera.

-¡Kouga fue el que me besó yo no lo besé!- exclamé rompiendo en llanto -¡El se me lanzó encima yo no me entregué a nadie!-

-¡Pues yo te vi muy tranquila sin intentar quitártelo de encima!- me exclamó esta vez a mi.

-¡No sabía que hacer Inuyasha! ¡No podía hacer ruido porque mi familia estaba allí, congelé y no supe que hacer! ¡Solo quería que llegarás y me lo quitaras de encima! ¡Pero al parecer disfrutaste viendo como Kouga me besaba así que no debe importarte mucho que digamos!- mis lágrimas no paraban de rodar.

-¡Claro no sabías que hacer! ¡Ahora la culpa es mía! ¡Si hay algo que he querido quitarme de mi mente es la imagen de ustedes dos juntos!- Inuyasha estaba molesto, llevaba sus manos a su cabeza llevando su cabello hacia atrás -¡Estuve a punto de entrar a partirle la cara a ese niño bonito de una buena vez pero como vi que tu estabas muy tranquila decidí no hacerlo! Todo me quedó claro-

-¿Claro? ¿¡Como demonios te va a quedar claro, no prestaste atención nunca a lo que te dije!? ¡Qué parte de que quiero estar contigo no entendiste!- inconscientemente me había acercado unos cuantos pasos hacia él, sin embargo el retrocedió negando con la cabeza saliendo de la casa -¡No me dejes hablando sola!- exclamé siguiéndole los talones. Vi como Inuyasha caminaba de un lado a otro bajo la lluvia -¡Deja de huir de tus problemas, así nunca vas a solucionar nada!-

-¡No me digas lo que tengo que hacer!- me reprochó girándose a verme.

-¡Pues si te lo digo!- exclamé más molesta aun -¡Huir no es la solución, evadir no te hará feliz! ¡Lamento todo lo que te haya pasado antes de que vinieras aquí, pero huir no es la solución, al igual que ahora simplemente no quieres escuchar!-

Inuyasha corrió hasta mi entonces viéndome fijamente a los ojos, sus brazos aprisionaron mi cintura pegándome a su cuerpo, sin decir nada pegó sus labios a los míos bruscamente masajeándolos con hambre. Cuando caí en cuenta de lo que estaba sucediendo llevé mis manos a su cuello queriendo acercarlo más devolviéndole el beso con la misma pasión que él profesaba. Al principio Inuyasha era tosco, mordiendo mi labio inferior en varias ocasiones. Yo era un poco torpe siguiendo el paso de sus besos. Pero entonces pareció tranquilizarse. Una de sus manos viajó hasta mi nuca agarrando un puñal de mi cabello mientras su otra mano me acercaba imposiblemente más a su cuerpo.

Ambos estábamos mojados, podía sentir la lluvia martillándonos, rodando por nuestros rostros, la brisa soplando sin embargo nuestros cuerpos estaban calientes y todo lo demás parecía ajeno a nuestro mundo. Dentro de mi cuerpo las mariposas revoloteaban haciendome sentir que vibraba. Pasamos de la necesidad a la pasión y de la pasión al…¿Amor? No sabía que era aquello, un calor en mi pecho que se extendía por todas mis venas, haciéndome sentir la persona más feliz de este mundo.

No se cuanto tiempo duró ese beso, ese maravilloso primer beso con Inuyasha pero al separarnos ambos nos encontrábamos agitados viéndonos a los ojos, nuestras frentes conectadas. La lluvia seguía cayendo pero en menos cantidad, ya era una garúa.

-Lo siento…- susurró acunando mi rostro entre sus manos –Yo… me puse celoso, pensé que no me querías…me dejé llevar-

-Shhh- dije besándolo de nuevo adorando lo suaves que eran sus labios. El regreso el gesto con gusto –Inuyasha…ya te dije que quiero estar contigo…con nadie más- susurré contra sus labios a lo que él respondió abrazándome con fuerza –No vuelvas a desaparecer así…no sin decirme porque lo haces por lo menos- él simplemente asintió. Quería hablar más sobre afrontar sus problemas pero entonces sus labios encontraron los míos de nuevo.

-Hace mucho tiempo que no me sentía así…- susurró contra mis labios esta vez.

-¿Cómo?- pregunté quitando el cabello que se había pegado su rostro.

-Vivo- noté una leve sonrisa en sus labios que hizo que mil mariposas revolotearan en mi estómago.

-Puedo decir lo mismo, solo que nunca me había sentido así- agregué apenada, sonrojándome. Sentí como sus pulgares acariciaban mis pómulos.

-Me encanta cuando te sonrojas…- susurró suplantando sus dedos por sus labios. Yo me mordí el mío ante sus acciones –Y esto me encanta más- aclaró atrapando mi labio inferior entre sus dientes haciendo que mi corazón se disparara.

-Dejó de llover- susurré inconscientemente, a decir verdad ni e había dado cuenta de aquello. El sol de la tarde nos iluminaba por entre las hojas de los árboles que aun goteaban las gotas de lluvia. Inuyasha miró hacia arriba dejando expuesto su cuello que me atreví a besar.

-Haces eso una vez más y no se que será de ti- dijo en tono juguetón, muy sexy lo cual me puso nerviosa –Te dejaría atrapada en esta isla-

-Pues lo lamento pero debo regresar a mi hogar- respondí igual de relajada olvidando todos los problemas y angustias que hace minutos sentía.

-Quédate conmigo…- susurró viéndome a los ojos. Era una propuesta tentadora pero no podía angustiar a mi familia, sin embargo se me encendió el bombillo.

-Ve al muelle en la noche- dije dándole un beso rápido para después entrar a la casa, tomar mis cosas y volver a salir –A eso de las diez que ya todos duermen- El me miró curioso pero asintió –Ahora…debo irme o se van a preocupar. Nos vemos más tarde…no olvides lo que te dije-

-¿Qué?- preguntó siguiéndome mientras regresaba a la orilla.

-Que solo quiero estar contigo- respondí besándolo de nuevo, era delicioso, la sensación más hermosa que había sentido en mi vida. El devolvió el gesto con el mismo fervor que yo –Nos vemos en la noche-

-Allí estaré- dijo Inuyasha tomando mi mano antes de que me montara en la lancha que estaba empapada por dentro –Cuídate- dijo para después dejarme ir.

Me monté en la lancha ignorando que estuviese mojada ya que yo estaba en las mismas condiciones. El bote de Inuyasha se encontraba a mi lado así que retrocedí sin problemas. El cielo ahora estaba despejado, sin una sola nube. Me sentí feliz, muy distinta a como estaba cuando iba a la isla.


¡Hola Hola! ¿Cómo están? Se que es viernes peeeero me voy de viaje el domingo así que no podré actualizar ese día. Me voy por una semana por lo que no podré actualizar el domingo que viene sin embargo intentare actualizar a más tardar el martes siguiente.

Regresando al cap ¡¿Qué les pareció?! ¡Por fin se besaron! jajaja no quería irme y dejarlas sin un beso por tanto tiempo. Espero que les haya gustado. Gracias por su apoyo a todas, sus follows, sus favorites, sus reviews, gracias por inspirarme a seguir escribiendo.

¡Hablamos en una semana, espero escuchar de ustedes pronto! xoxo V