Disclaimer: Los personajes no me pertenecen a mí, sino a la genial Jane Austen y a sus descendientes.
Segundas Oportunidades
Capítulo 10: Cuando todo se desmorona
Lizzie remetió su pelo mojado en el gorrito de lana que llevaba. Acababa de salir de un largo entrenamiento en la piscina y el frío del exterior parecía haber roto el record de las semanas anteriores. Lo último que quería era enfermarse antes de la semana siguiente, ya que si uno faltaba a una sola prueba en el semestre, tenía que dar una recuperativa (1) después del examen final, y todos los alumnos de años anteriores coincidían que esa prueba era mucho más difícil que cualquier otra. Una gota de lluvia le golpeó la nariz, obligándola a caminar más rápido.
—Demonios, ¡justo lo que me faltaba! —Masculló entre dientes mientras enfilaba a su residencia. Había quedado en juntarse esa tarde con Thomas para repasar para la prueba del día siguiente, y la verdad se estaba empezando a arrepentir de ello, pero no podía echarse atrás después de prometerle a su amigo que le ayudaría. Logró entrar a la residencia antes de que empezara a llover más fuerte. —¡Hola, señora Leed! —Saludó al ama de llaves que, como siempre, estaba en su escritorio a la entrada de la residencia.
—Buenas tardes, Lizzie. ¿Te atrapó la lluvia? —Le preguntó la mujer, mirando con desaprobación los bajos de los pantalones de Lizzie, que estaban completamente empapados. Lizzie se limitó a sonreírle como una niña pillada en falta.
—Un poco, pero no se preocupe, me cambiaré enseguida —contestó Lizzie, subiendo las escaleras hasta su dormitorio. Tomó una muda de ropa seca de su clóset y entró al pequeño baño que compartía con Rhiannon. Unos minutos después salió de ahí secándose el pelo con una toalla, que tiró descuidadamente sobre su cama, antes de sentarse en su escritorio a buscar sus libros. Estaba en eso cuando Rhiannon entró a la pieza, seguida por Green.
—Lizzie, tienes visita —anunció, riendo. Green entró tras ella y se sentó sobre una de las camas —. No quiero molestarlos, voy a sacar mis cosas y me voy —agregó Rhiannon, tomando unos libros de su escritorio y desapareciendo por la puerta. Lizzie sonrió y sacó los apuntes de su bolsón.
—¿Empezamos? —Preguntó, sentándose en el suelo de su pieza. Green la imitó, tratando de ver los apuntes que Lizzie tenía en su regazo. Caroline le había enviado un mensaje unas horas atrás diciéndole la hora a la que había citado a Darcy a la residencia de Lizzie, tendría que ser extremadamente cuidadoso con sus acciones, porque de ellas dependía que su plan funcionara. Ojalá Darcy siguiera siendo tan puntual como en los viejos tiempos del internado.
—¿Qué es lo más importante? ¿Lo que tengo que saber sí o sí para la prueba? —Preguntó Green, señalando las dos páginas de apuntes que había traído. —Creo que mis apuntes no están muy completos —agregó, haciendo reír a la muchacha, sus apuntes eran un par de líneas aderezadas con algunas flechas y subrayados. Lizzie suspiró y empezó a explicarle todo lo que el profesor había dicho en clases.
-o-
Darcy acababa de abrir uno de sus libros para ponerse a estudiar, cuando tu teléfono empezó a sonar con la alarma de mensaje. Gavin, que estaba sobre su cama con un grueso tomo de Anatomía entre las manos, le dirigió una mirada de odio. En las últimas semanas Darcy había aprendido que a su compañero no le gustaban los ruidos extraños cuando estaba estudiando.
—Lo siento —murmuró, con una sonrisa de disculpas. Gavin se limitó a arrugar la frente y volver la mirada a su libro.
"Por qué no vienes a verme esta tarde? Como a las seis y media." Decía el mensaje que le había enviado Lizzie. Darcy se apresuró en contestarle que no tenía problemas en ir a verla, y volvió a sus estudios. Tenía un bonito examen de "Historia del Derecho" la semana siguiente, y el profesor había decidido que entrarían todos los textos que habían leído desde el comienzo de las clases.
"Será casi como el examen final, aunque no tiene el mismo peso en su nota final (2)", había dicho el profesor, provocando una ola de suspiros y maldiciones susurradas entre sus alumnos. Incluso Susan, la responsable y organizada genio, había bufado de frustración al oír eso. Y por eso, Darcy estaba estudiando como nunca había estudiado en su vida. Después de tantas horas de estudio, lo mejor que podía hacer era ir a ver a Lizzie por un rato.
—¿Quieres una galleta? —La voz de Gavin interrumpió sus pensamientos y se encontró con el joven tendiéndole una caja de galletas de jengibre que le había enviado su madre. —Hace bien comer algo de azúcar en los descansos de estudio —agregó, sacando una galleta de la caja e indicándole a Darcy que lo imitara.
— ¿Ya terminaste de estudiar? —Preguntó Darcy, aceptando la oferta de galletas que le estaba haciendo su compañero.
—No exactamente, pero ya no puedo estudiar nada más por hoy —respondió Gavin, apartándose un mechón de pelo de la cara —. Y si voy a ser un ocioso, me niego a ser un ocioso solitario — agregó, tomando otra galleta de la caja.
—Buena idea —acotó Darcy, revisando su reloj. Eran más de las seis, y había quedado en ir a ver a Lizzie a las seis y media. Murmuró una disculpa y tomó su chaqueta del colgador de detrás de la puerta, antes de salir apresuradamente.
La señora Jordan estaba en la entrada, ocupada en uno de sus tejidos interminables. Darcy murmuró una despedida, que la mujer contestó con un asentimiento de la cabeza. El joven salió al frío exterior, donde estaba lloviendo suavemente. Darcy arrugó la frente ante eso y se acomodó la capucha sobre el pelo mientras caminaba hacia la residencia de Lizzie.
-o-
Lizzie y Green ya llevaban un buen tiempo estudiando para la prueba, y parecía que aún les faltaba un buen rato para terminar. Sin embargo, Green estaba entendiendo todo y eso era la razón para haberse juntado a estudiar, por lo que Lizzie estaba muy satisfecha consigo misma.
—¿No te parece que hagamos una pausa? Hemos estudiado por… —dijo el joven, mirando su reloj de reojo —, casi dos horas.
—Tienes razón, deberíamos parar —le dio la razón Lizzie, cerrando su cuaderno y dejándolo a un lado —. No es saludable estudiar tanto.
Lizzie sacó una tableta de chocolate de uno de los cajones de su escritorio y abrió el envoltorio, tendiéndosela a Green con una sonrisa. El joven rompió una esquina, sonriéndole a su vez y acercándose a ella. Lizzie se removió, un poco inquieta por la mirada del joven.
—¿Qué pasa, Thomas? —Dijo, pero el joven puso una mano en su cintura. —¿Qué estás…? —No alcanzó a terminar de protestar porque Thomas apretó sus labios sobre los de ella.
-o-
Después de saludar a la señora Leed, Darcy subió hacia la pieza de Lizzie. Al igual que la mayoría de los novios, amigos y familiares de las demás residentes, solía ir bastante seguido y las mujeres que regían el lugar lo conocían bastante bien. Se detuvo frente a la puerta de Lizzie, que estaba entreabierta y la empujó.
Nada lo hubiera preparado para la escena que se encontró al abrir la puerta de la pieza de su novia: Green estaba inclinado sobre ella, con las manos en la cintura de la chica y besándola. Darcy se quedó helado al ver eso, nunca se hubiera imaginado que Lizzie sería capaz de hacerle algo así. Pero ahí estaba, besando a alguien que ella sabía que él no soportaba. Cuando Green sintió que la puerta se abría, levantó la cabeza para encontrarse con Darcy, mirándolos furiosamente. Lizzie también lo vio, y se quedó quieta, sin saber qué decir.
—¿Qué se supone que estás haciendo? —Exclamó Darcy, lleno de rabia. Lizzie nunca lo había visto tan enojado, ni siquiera después de que ella le dijera que lo odiaba. —Ahórrate las explicaciones, Lizzie, creo que vi lo suficiente —agregó amargamente al ver que la chica trataba de explicarse.
Green se paró, con una sonrisita insolente, que le sentó muy mal a Darcy, mientras Lizzie seguía sin decir nada. Se quedó sentada en el suelo, mirando a Darcy con esos ojos oscuros que él tanto había querido. Green lo miró, sin dejar esa sonrisa burlona. Sin poder contenerse, Darcy le pegó un puñetazo al joven que tenía al frente, tirándolo al suelo. El chico volvió a pararse, golpeándolo de vuelta con toda la fuerza que fue capaz de juntar, pero Darcy le devolvió el golpe con aún más fuerza, haciendo que él se golpeara con el borde de la cama.
—¡Deja que te explique! —Gritó Lizzie, que por fin había logrado recuperar el habla, mientras Darcy se daba media vuelta y salía de la habitación. Lizzie lo siguió, frustrada. Había tantas cosas que quería decirle pero no sabía cómo empezar. Él no parecía estar dispuesto a escucharla. Darcy se detuvo al final del pasillo, observándola con odio contenido.
—¿Para qué? —Le espetó, claramente enfadado. Lizzie se quedó helada ante el desprecio que se escuchaba en la voz del joven. —Tengo ojos, vi muy claramente lo que tenía que ver. No necesito que me digas nada… No quiero volver a hablar contigo, Lizzie. No quiero volver a saber de ti.
—Darcy… —murmuró ella con un hilo de voz. Sus enormes ojos oscuros estaban muy abiertos y la mirada de tristeza en ellos hizo que Darcy dudara un momento acerca de si estaba haciendo lo correcto. La imagen de Lizzie y Green besándose volvió a asaltarlo y la rabia volvió a él. Con la mejor mirada de desdén que pudo poner, se dio media vuelta y bajó las escaleras a grandes zancadas.
Lizzie se quedó como petrificada en el pasillo, aún sentía la mirada desdeñosa de Darcy sobre ella. Nunca, ni siquiera cuando los dos se llevaban como el perro y el gato, la había mirado así. Cuando logró moverse de nuevo, se dirigió a su pieza. Green estaba ahí, mojándose la cara en el baño. Tenía un feo corte sobre le mejilla, y uno de sus ojos empezaba a ponerse morado.
—¿Qué demonios le pasó a tu noviecito? —Dijo, con sorna, a ver entrar a Lizzie a la pieza. —No debería haberse alterado de esa forma, solo fue un besito… —agregó, sarcástico, al ver que la chica estaba a punto de estallar en llanto.
Al escuchar la ironía en el tono del joven, la personalidad de Lizzie volvió de golpe. Con los ojos echando chispas, levantó la cabeza orgullosamente. Nadie se metía con Darcy y salía bien parado. Sin decir una palabra, levantó la mano y lo golpeó con fuerza en la cara. El joven se tambaleó, más por la sorpresa que por la fuerza de Lizzie, y le dirigió una mirada burlona.
—¿Crees que puedes hacerme daño? Eres sólo una chica… —dijo, sonriendo como si hubiera logrado algo —, ¿y sabes qué más? Yo gané —agregó, tomando sus cosas del suelo y saliendo de la pieza con una sonrisa malévola —. Nos vemos mañana, querida.
Él salió de la pieza, cerrando la puerta tras de sí, dejando a una Lizzie muy enfadada tras de él. Al escuchar el portazo que dio el joven, Lizzie exclamó una sarta de insultos, que cualquier persona habría considerado impropias de una señorita, y lanzó el primer libro que encontró sobre su escritorio contra la puerta. Tras escuchar el golpe seco del libro contra la puerta, la chica se desmoronó en el suelo.
Rhiannon golpeó la puerta con suavidad y asomó su cabeza por la puerta. Había escuchado ruidos y había visto como Darcy salía de la residencia muy alterado. Imaginándose lo que podía haber pasado, había subido las escaleras a toda velocidad, cruzándose con Thomas Green en las escaleras. Le había llamado la atención que el joven lucía un corte en la ceja y un ojo medio morado, lo que sólo la había preocupado más.
—Lizzie, ¿estás bien? —Murmuró, al ver que Lizzie estaba llorando. —¿No quieres hablar de esto? —Añadió, acercándose a su amiga y rodeándola con un brazo. Lizzie negó con la cabeza, llorando en silencio.
—No, no quiero hablar ahora —murmuró, secándose las lágrimas a manotazos y parándose bruscamente —No voy a bajar a comer… no tengo hambre, Rhi —agregó, intentando aparentar algo de calma.
—Está bien —susurró Rhiannon, viendo que su amiga quería estar sola.
(1) En donde estudio, si faltas a una prueba tienes que presentar un certificado médico y los profesores te dan la posibilidad de hacer una prueba recuperativa al final del semestre. Por cierto, no es muy buena idea hacerla, ya que los profesores se descargan en esas pruebas.
(2) En la universidad las notas suelen ser ponderadas. Por ejemplo, el examen final de un ramo vale el 40% de tu nota final, mientras que el promedio de los controles valen un 20%.
*Muselina corre de las lectoras y se esconde tras un árbol*. No me odien, queridas, así se supone que tiene que ser la historia. Pero ya verán lo que tengo preparado para los próximos, y espero sinceramente que no me odien mucho por hacerle esto a Lizzie y a Darcy.
Gracias a todos los que leen la historia, y a quienes la agregaron a sus alertas y favoritos.
¡Hasta el próximo capítulo!
Muselina
